yerba

Fue a China a vender yerba y se sorprendió por los productos premium que ya usan la infusión

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En 2025 Misiones exportó 188 mil kilos de yerba mate a China, una cifra que refleja el interés creciente del gigante asiático por el producto misionero y un salto considerable respecto de los 144 mil kilos del año anterior. Pero detrás de esos números hay historias que muestran cómo la yerba empieza a ganar terreno más allá del mate tradicional. Una de ellas es la del productor José Luis Lorenzo, propietario de As de Bastos, de Dos de Mayo, quien viajó a Shanghai con la intención de abrir nuevos mercados y regresó con la certeza de que el futuro del mate también se juega en los laboratorios de innovación.

Lorenzo viajó con un objetivo concreto: explorar oportunidades para desarrollar bebidas listas para consumir a base de yerba mate. Sabía que en los países sin tradición matera el sabor amargo podía resultar una barrera cultural. La estrategia era introducir el producto con versiones más dulces o combinadas con otros ingredientes. Sin embargo, lo que encontró lo sorprendió: “Vine para desarrollar este tipo de bebidas y me encontré con algo mucho más avanzado. Lo que yo quería traer ya estaba evolucionado”, relató.

En los shoppings y cafeterías de Shanghai, descubrió franquicias que venden bebidas frías de yerba mate con distintos sabores. “Hay una con café, que es la más popular porque el café ya está instalado acá. Otra tiene ananá, y también hay combinaciones con leche. Probé todas, y sinceramente son tremendas”, contó. También lo sorprendió la presentación: vasos con hielo triturado, cápsulas que permiten preparar el producto en casa con agua fría y un nivel de diseño y tecnología que habla de una industria en expansión.

“Están mucho más desarrollados, con modelos de franquicias no solo para la yerba, sino también para el té. Ya tienen locales en aeropuertos, centros comerciales, lugares de alto tránsito. Incluso una tienda bajo el edificio donde funciona TikTok, que es una de las más rentables”, detalló.

La experiencia, dice, le “hizo un click” en la cabeza. “Todo lo que está haciendo China me está marcando el rumbo. Voy a procesarlo y después ver cómo acompañar este crecimiento, porque puede ser muy importante para todo el sector yerbatero. China tiene 1.200 millones de habitantes; nosotros somos apenas un 2 o 3% de eso. Es un mercado enorme.”

As de Bastos hoy exporta por vía terrestre, aunque Lorenzo confía en que la apertura del vuelo directo Shanghai–Buenos Aires prevista para diciembre facilite los contactos comerciales y la logística. “También estamos buscando proveedores de tecnología que no tenemos todavía en Argentina. Recomiendo venir, China sorprende”, aseguró desde su gira que continuará hasta fines de mes.

Lo que comenzó como una misión comercial terminó siendo una revelación: la yerba mate transformada en bebida premium, integrada a un nuevo universo de consumo global. Y un productor misionero que, después de mirar hacia Oriente, vuelve convencido de que el futuro del mate no solo se cultiva: también se diseña.

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Un viaje al corazón de Pindó: energía al mundo

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La madera produce una extraña melodía al salir de la cinta y chocar con otras piezas idénticas. La cinta no se detiene. El movimiento dentro de la enorme planta, tampoco. Hay otros ruidos más potentes. La sierra, troncos transformándose. Cientos de operarios concentrados cada uno en su tarea. Algunos parapetados tras los monitores controlando que cada paso se cumpla a la perfección. Es una planta enorme, que alberga a unos 600 trabajadores que hacen de Pindó una potencia que gana presencia en el mundo.

Pese a las toneladas de madera trabajadas hora a hora, Pindó no es una empresa que pueda clasificarse sencillamente como forestal. Desde su génesis, con la fusión de diversas empresas de Puerto Esperanza, allá por 1976, la empresa liderada ahora por los hermanos Rafael y Andrés Scherer, es forestal, pero también yerbatera. Además custodia bosque nativo y casi “por diversión”, comenzó una “pequeña” producción de árboles frutales. Es también modelo de eficiencia energética, con su planta de generación por biomasa, que fue reconocida por la ONU y que le valió la emisión de más de 40 mil certificados de reducción de emisiones que ahora puede negociar en el mercado global. Pindó es todo eso. Y trabaja para completar el ciclo de la economía circular con el aprovechamiento de los últimos residuos de la biomasa forestal, que se vuelven a aprovechar como bioinsumos.

Fundada en 1976 por descendientes de inmigrantes suizos, la compañía está a punto de cumplir medio siglo con una estructura integrada que combina su propio vivero, yerba, energía y gestión ambiental, y un impacto productivo que la posiciona entre las empresas más innovadoras del país.


Pindó nació con el impulso pionero de reforestar con pino, araucaria y yerba mate, y hoy maneja plantaciones propias y de terceros, con una división de I+D que combina genética, eficiencia industrial y economía circular. El cuidado del suelo es clave en todo el proceso.
El vivero, que hace diez años llegó a ser el más grande del mundo en producción de yerba mate, alcanzó un récord de cuatro millones de plantines anuales entre pino y yerba. “Vivimos del campo y del monte, por eso la sustentabilidad no es una estrategia: es una forma de vida”, resume Rafael Scherer, uno de los hermanos al frente de la firma.

La compañía emplea 620 trabajadores en forma directa e indirecta -es el segundo empleador de Puerto Esperanza- y articula con 600 proveedores activos, en una red que abarca desde pequeños productores hasta gigantes forestales como Arauco, a la que le provee chips.
Pindó produce 7000 toneladas anuales de yerba propia, con 739 hectáreas cultivadas, de las cuales 168 son orgánicas. “Hacemos yerba desde 1990, con secadero propio, y mantenemos una relación comercial de más de 25 años con la cooperativa Colonia Liebig,”, detalla Scherer. La cooperativa correntina, con su marca Playadito que es líder en el mercado, hoy le compra más del 90 por ciento de la producción yerbatera.


La empresa diversificó además su matriz agroindustrial con cuatro hectáreas de maracuyá y una de frutos rojos, que generan 110.000 kilos de fruta y 40.000 kilos de pulpa congelada al año. “Incorporamos esta línea porque creemos que el futuro también pasa por los alimentos de origen natural y local, con trazabilidad y valor agregado”, explica.

“Es muy divertido y va muy con la filosofía de la empresa, que es darle valor a los productos de la tierra sin dañar el medio ambiente. Básicamente empezó como un proyecto de de frutas tropicales, de frutas locales, tenemos pitanga, maracuyá, darle valor a eso y después se fueron agregando otras frutas. La idea es que esto crezca y que tengamos un grupo de productores que nos acompañe y que tenga más margen bruto por hectárea de lo que puede hacerlo con un cultivo tradicional. Por ahí la limitante es que los mercados son un poco chicos y entonces no puedes crecer demasiado ni rápido. Pero manejándolo bien, creo que podemos llegar a hacer un lindo proyecto”, detalla Scherer.

El salto energético: de la biomasa al carbono

La creación de Pindó Eco-Energía, en 2016, marcó un antes y un después. La planta transforma los residuos del aserradero y del proceso forestal en energía limpia. “Aprovechamos la biomasa que antes quedaba acumulada y contaminaba”, señala Ana Lucía Ortiz, coordinadora de gestión del cambio.
La compañía genera 3.700 kWh por hora, con una capacidad instalada de 4 megavatios, de los cuales 2 megas se inyectan de manera constante al sistema eléctrico nacional. En nueve años, la planta produjo más de 225.000 megavatios, consolidando un modelo energético autosustentable.

El impacto ambiental fue verificado por la ONU: Pindó obtuvo 43.803 certificados de reducción de emisiones (bonos de carbono) bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el primer proyecto de este tipo en Argentina.


“Cada bono representa una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera -explica Ortiz-. Aspiramos a venderlos a unos 15 dólares por unidad, aunque el valor dependerá de la demanda y del volumen que necesite compensar el comprador. No se trata solo de una cuestión económica, sino de validar internacionalmente una forma de producir energía limpia desde Misiones”.

Con esos bonos, Pindó aspira a sumar una nueva fuente de ingresos vinculada directamente al impacto positivo de su operación. “Es un reconocimiento a nuestro trabajo, pero también una señal para otras empresas argentinas: se puede competir globalmente desde un modelo sustentable”, agrega Ortiz.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

Ese círculo se completa con el biochar, un subproducto obtenido del residuo forestal carbonizado que se reincorpora al suelo como bioinsumo, mejorando su fertilidad y reduciendo la huella ambiental.
El biochar es un carbón vegetal producido a partir de biomasa orgánica, como restos de madera o agrícolas, mediante un proceso termoquímico llamado pirólisis en ausencia de oxígeno. Se utiliza principalmente como enmienda para el suelo, mejorando su fertilidad, capacidad de retener agua y nutrientes, y como un método para secuestrar carbono de la atmósfera. “Nada se pierde: todo vuelve a la tierra”, dice Scherer.

Pindó logró multiplicar por catorce su facturación inicial, manteniendo una gestión integrada que va del árbol al producto final. La empresa trabaja sobre “los mejores suelos de la provincia”, con un rendimiento promedio de 36 metros cúbicos por hectárea, por encima del estándar nacional (25-30 m³/ha).
“Usamos semillas de Australia y, junto al INTA, desarrollamos un híbrido local de alto rendimiento”, explica Scherer. “Logramos un 52 % de aprovechamiento del rollo, lo que significa 155 pies por tonelada (el resto se transforma en chips). Procesamos entre 30 y 35 equipos por día, unos 1.800 rollos por turno de 12 horas”.

En el aserradero, la producción se orienta a mercados globales exigentes -la empresa mantiene presencia en China, Estados Unidos, Canadá, México, India y Vietnam-. “Exportamos madera rústica a China y al sudeste asiático, que luego vuelve a Estados Unidos más barata”, relata el empresario. Además, aunque reconoce que hay una ventana de oportunidades, todavía no sienten el efecto de la suba de aranceles que aplicó Donald Trump a Brasil, un competidor directo. “Es un ciclo global extraño -admite Scherer-, pero hoy los precios internacionales están bajos y la demanda floja. Todavía no sentimos el efecto de los aranceles, aunque el mercado sigue inestable”.

Scherer no elude la situación económica del país al analizar el flujo de producción y asegura que uno de los problemas de la Argentina es que “fluctúa demasiado”.

“Se va a la derecha, a la izquierda, se va a expansión monetaria, después se va a retracción y como empresa es muy difícil manejarse en contextos tan cambiantes. Pero hoy por hoy todo el mundo está así, así que capaz el mundo se estuvo argentinizando. Hoy estamos en todos lados, así”, analiza.

Durante la entrevista con Economis, Scherer menciona en varias oportunidades la filosofía de la empresa. Y no es otra que siempre ir “corriendo las metas”.

“El éxito no se mide en cómo estás ahora. Hoy se podría decir que estamos donde queríamos estar y estamos viendo a dónde queremos estar más adelante”, argumenta. “Uno tiene que ser inconformista. Lo que tenés que disfrutar es el camino y no la meta. La meta es es un punto para pararte y para mirar a dónde vas a seguir yendo, pero no no es que llegaste a algún lado y tienes que estar conforme”.

Reservas, biodiversidad y visión de futuro
Además del complejo industrial, Pindó administra cuatro reservas prioritarias de conservación que protegen ecosistemas nativos en la zona norte de Misiones. Allí se aplican planes de manejo sostenible que combinan regeneración natural y conservación de biodiversidad.

“Las araucarias nos dieron de comer -recuerda Scherer-. Son parte de nuestra historia. Pero el futuro exige eficiencia y adaptación: el romanticismo no alcanza si la industria pide otra cosa.”

Con una estructura diversificada y una fuerte inversión en innovación, Pindó consolidó un modelo productivo donde la eficiencia energética, la reforestación certificada y la investigación científica son parte de un mismo sistema.

“Todo lo que hacemos, lo hacemos al revés -bromea Scherer-. Pero si eso significa probar, aprender y crecer, entonces vale la pena”.

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La paradoja de la yerba: producción en alza, precios en rojo

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El nuevo informe El Pulso del Agro de Coninagro, reveló un escenario dispar para la actividad agropecuaria argentina: nueve de las diecinueve variables medidas siguen en terreno negativo, mientras la yerba mate continúa mostrando un desempeño productivo sólido, aunque con alertas encendidas en el frente de precios.

En Misiones, corazón del cultivo yerbatero, la producción acumula 17 meses consecutivos de crecimiento interanual, un registro histórico que da cuenta de la fortaleza estructural del sector. Sin embargo, según el último Semáforo de las Economías Regionales de Coninagro, la yerba se encuentra en “rojo”: los precios de la materia prima pagados al productor cayeron con fuerza, deteriorando los márgenes y generando preocupación entre los secaderos y cooperativas.

Producción firme, precios en baja

El informe de actividad primaria muestra que la yerba mate mantiene su tendencia positiva en volumen, impulsada por la mejora tecnológica, la expansión de la superficie cultivada y el sostenido consumo interno. No obstante, la rentabilidad del sector se ve afectada por la brecha entre los costos de producción y los valores de referencia, que no acompañan la inflación ni el aumento de insumos.

En agosto, la variación mensual fue negativa, señalando los primeros síntomas de agotamiento tras más de un año de subas continuas. A ello se suma la baja en el precio del kilo de hoja verde, que mantiene al producto en zona crítica dentro del semáforo de Coninagro, donde sólo unas pocas economías regionales muestran rentabilidad positiva.

Un agro dividido entre luces y sombras

El Pulso del Agro advierte que las elevadas tasas de interés de agosto encarecieron el crédito y podrían impactar en la próxima medición. La producción de alimentos y bebidas cayó 2% interanual, la molienda de trigo retrocedió 6,4%, y la venta de vinos bajó 17,2%. En contraste, el maíz creció 17% y el bioetanol 12%, mostrando señales de recuperación puntual.

El área de soja se recortó 7%, lo que implicará una caída del 3% en la producción proyectada. En tanto, la producción de maquinaria agrícola y de biodiésel mostraron descensos de dos dígitos.


La yerba, entre la estabilidad productiva y la alerta económica

El contraste entre el dinamismo productivo y el deterioro del precio exhibe la dualidad que atraviesa hoy la principal economía regional de Misiones. La yerba mate sigue siendo un símbolo de fortaleza en lo productivo, pero enfrenta un escenario de rentabilidad comprometida que pone a prueba la sostenibilidad del modelo cooperativo y familiar que caracteriza al sector.

Pese a ello, la actividad se mantiene como una de las pocas ramas agroindustriales que no perdió volumen ni empleo, lo que refuerza su rol central en el entramado económico del norte argentino.

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Sustratos: la ciencia del suelo que no es suelo

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En la horticultura moderna, el corazón del crecimiento vegetal ya no está necesariamente en la tierra. Los sustratos -esos materiales porosos que reemplazan al suelo tradicional en contenedores, bandejas o macetas- se han convertido en un pilar de la agricultura intensiva y de precisión.

Lorena A. Barbaro, investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul del INTA, dedica su trabajo a comprender esa delgada capa donde germina la productividad y la innovación. En su publicación “Sustratos: principales propiedades a tener en cuenta” (Miscelánea N°109/2023), Barbaro sistematiza con rigor científico las claves de este componente esencial para los cultivos bajo cubierta y los sistemas sin suelo.

Un soporte vital para la raíz

“El sustrato no es simplemente un relleno: debe anclar las raíces, permitir la circulación de oxígeno, retener agua suficiente y, en algunos casos, participar en la nutrición mineral”, explica Barbaro. Cada una de estas funciones depende de un delicado equilibrio entre las fases sólida, líquida y gaseosa que conviven en su interior.

El diseño o la elección de un sustrato —advierte la autora— no puede improvisarse: “Debe responder al tipo de cultivo, al sistema de riego, a la forma del contenedor y a las necesidades nutricionales de cada especie”. No existe un sustrato universal. Cada combinación de materiales es una fórmula única que busca armonizar física, química y biología en beneficio del crecimiento vegetal.

Equilibrios químicos y físicos

El pH, la conductividad eléctrica (CE) y la capacidad de intercambio catiónico (CIC) son las variables que determinan la salud química del medio. “Un pH entre 5,3 y 6,8 es ideal para la mayoría de los cultivos, porque mantiene la máxima disponibilidad de nutrientes”, señala Barbaro. Las desviaciones, tanto hacia la acidez como hacia la alcalinidad, pueden provocar deficiencias o toxicidades visibles en las hojas.

En el plano físico, la distribución del tamaño de las partículas es determinante: las más grandes aportan aireación, las finas retienen agua. El desafío está en lograr una proporción que asegure oxígeno para las raíces sin deshidratar el sistema. Materiales como la perlita expandida o la cascarilla de arroz se utilizan para mejorar la aireación, mientras que la turba de Sphagnum o la fibra de coco aportan retención de agua.

Innovación y sostenibilidad

El estudio de Barbaro no se limita a los aspectos técnicos: también subraya la importancia de la sostenibilidad en la elección de los componentes. La extracción de turbas, por ejemplo, tiene un impacto ambiental creciente, lo que abre el camino a alternativas como el compost de corteza de pino o el biochar, un material rico en carbono obtenido por pirólisis.

“El desafío actual —escribe— es producir sustratos estables, eficientes y de bajo impacto ambiental, aprovechando subproductos locales como residuos forestales, cascarilla de arroz o compost agroindustrial”.

Ciencia aplicada al negocio verde

En un contexto donde la agricultura de precisión, los viveros tecnificados y los sistemas hidropónicos ganan terreno, el conocimiento sobre sustratos se vuelve una ventaja competitiva. La autora lo resume con claridad: “Conocer las propiedades de un sustrato es anticipar el resultado del cultivo”.

Por eso, el INTA Cerro Azul, junto a otras instituciones del país, ofrece servicios de análisis físico y químico para productores y empresas que buscan optimizar sus mezclas. La toma de muestras, su correcto envío y la interpretación de resultados forman parte de una cadena de conocimiento que vincula ciencia, producción y negocio.

En tiempos donde el suelo se reimagina en bandejas y macetas, el sustrato se convierte en una tecnología silenciosa, pero decisiva. Como concluye Bárbaro, “no hay planta de calidad sin un medio de cultivo que acompañe su desarrollo”. Y detrás de cada mezcla exitosa, hay investigación, precisión y una mirada sustentable sobre el futuro del agro.

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Innovación argentina: la yerba Mateando, premiada por su envase 100% reciclable

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La empresa CBSé, junto a Petropack S.A., logró posicionar a la industria yerbatera argentina en el mapa de la innovación sustentable. Su producto Mateando, la más reciente yerba con estacionamiento natural y molienda equilibrada, fue distinguido en los Premios Estrella del Sur del Instituto Argentino del Envase, al obtener el tercer puesto en la votación del público gracias a su envase 100% reciclable y su diseño pionero.

Desarrollado bajo los estándares Eflex, el nuevo envase elimina por completo el papel y permite el reciclado mecánico integral, cumpliendo con los más altos niveles de sustentabilidad. Este avance coloca a CBSé entre las primeras marcas del rubro en contar con un packaging circular, combinando funcionalidad, innovación y compromiso ambiental.

“Con Mateando buscamos ofrecer una yerba de calidad y, al mismo tiempo, un envase que refleje nuestros valores de innovación y compromiso con la sustentabilidad. Creemos que el diseño debe estar al servicio de la experiencia del consumidor”, destacó Sol Orquera, CEO de CBSé.

Sol Orquera es la CEO de Cbesé, dueña de la marca Mateando.

Tecnología láser y sello de diseño argentino

El envase, diseñado por Petropack, incluye una patente de precorte láser, única en América Latina, que facilita la apertura y mejora la experiencia de uso. Esta innovación fue reconocida con el Sello del Buen Diseño Argentino, otorgado por el Ministerio de Producción, distinción que destaca los productos nacionales que integran creatividad, calidad y sustentabilidad.

“El cambio fue estructural: pasamos de un envase laminado con papel, que no era reciclable, a uno de base poliolefínica, que sí lo es. La innovación fue el precorte láser que simplifica el vertido y refuerza la seguridad del envase”, explicó Lautaro Bourdin, director de Petropack.

Para CBSé, el packaging de Mateando no es un simple contenedor: es parte esencial de la identidad de la marca. Su diseño integra innovación, estética y funcionalidad en una sola pieza.

 “Estos reconocimientos confirman que estamos en el camino correcto. Es un orgullo que se valore nuestro trabajo y el de los proveedores que acompañan este proyecto. Debemos seguir construyendo valor desde Argentina hacia el mundo”, afirmó Orquera.

Petropack: innovación y sustentabilidad desde Paraná

Fundada en 1986 y radicada en el Parque Industrial de Paraná, Petropack S.A. es una de las principales desarrolladoras de envases flexibles del país. Su departamento de I+D ha impulsado soluciones tecnológicas como el Easy Server, un envase con apertura controlada, y el microfoaming, proceso que reduce hasta un 30% el uso de plástico al introducir aire en la extrusión.

La empresa también trabaja en cooperación con el INTI, que certificó que sus sachets de leche tienen 36% menos impacto ambiental que los envases tradicionales y son totalmente reciclables, lo que ratifica la coherencia de su estrategia ambiental.

Con la obtención del Sello de Buen Diseño Argentino, Petropack y CBSé quedaron habilitadas para incorporar la distinción en sus envases y avanzar hacia su internacionalización, llevando a otros mercados un desarrollo que combina tecnología, sustentabilidad y orgullo nacional.

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