En un contexto de expansión internacional del consumo de yerba mate, dos emprendedores argentinos decidieron transformar ese fenómeno cultural en un proyecto de negocios con proyección global. Se trata de Álvaro (36) y Valentín Sampedro (32), hermanos marplatenses que a fines de 2021 lanzaron YACÍ, una bebida natural a base de yerba mate orgánica producida en Misiones, la principal provincia yerbatera del mundo.
La iniciativa surgió a partir de una lectura temprana de una tendencia global: durante sus años de formación en Europa -Álvaro cursó un máster en Negocios en Madrid y Milán, y Valentín un máster en Innovación y Emprendedurismo en Londres- observaron cómo el mate comenzaba a instalarse en el exterior como una bebida natural, energizante y asociada al alto rendimiento deportivo, impulsada por la visibilidad internacional de figuras como Lionel Messi.
A partir de ese diagnóstico, regresaron a la Argentina para desarrollar una propuesta que trasladara el valor cultural, funcional y simbólico del mate a un formato listo para consumir, orientado a los mercados urbanos y globales.
El nombre de la marca no es casual. YACÍ remite a la diosa Luna de la mitología guaraní, quien, según la leyenda, regaló la planta de Caá -la yerba mate- al pueblo guaraní como símbolo de amistad y hermandad. Esa narrativa cultural se articula con una estrategia productiva basada en la calidad de origen.
La bebida se elabora a partir de yerba mate orgánica (Ilex paraguariensis) proveniente de productores de Misiones, que no utilizan agroquímicos y trabajan bajo criterios de sustentabilidad. A eso se suma un envase de aluminio de 354 centímetros cúbicos, ciento por ciento reciclable, alineado con los estándares ambientales que hoy demandan los mercados premium.
Tras casi un año de desarrollo, la empresa lanzó tres variedades que conectan la yerba mate con perfiles regionales de sabor:
Iguazú, con limón y jengibre;
Pampa, con menta y hierbas;
Patagonia, con frutos rojos.
Un modelo de alianzas para escalar
Para convertir el proyecto en una operación industrial y comercial, los hermanos Sampedro estructuraron un esquema de alianzas con empresas de trayectoria. Entre los socios estratégicos figuran Cabrales S.A., que aporta su red logística y comercial, y Laboratorios Gihon, que se encarga de la producción, el desarrollo y el control de calidad.
“Diseñamos un esquema de inversión directa e indirecta con la participación de empresarios con experiencia industrial y comercial. El vínculo se consolidó luego de presentar nuestro plan de negocios”, explican los fundadores.
La producción y el envasado se realizan en Mar del Plata, donde también funcionan el laboratorio y el centro de distribución. A partir de ese esquema, YACÍ logró ingresar en cadenas y plataformas de alcance nacional como Cencosud, Coto, Axion, Mercado Libre, PedidosYa y Rappi, lo que permitió una rápida expansión en el mercado argentino.
Actualmente la empresa cuenta con 30 empleados y proyecta para 2026 superar 1,5 millones de unidades producidas, como paso previo a su desembarco en mercados de América Latina y Estados Unidos.
El proyecto se apoya sobre un activo clave: la fortaleza estructural de la cadena yerbatera argentina y, en particular, de Misiones. Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el país produce más de 275.000 toneladas anuales para el mercado interno y exporta alrededor de 40.000 toneladas, lo que lo convierte en el primer productor mundial y el segundo exportador, detrás de Brasil.
En el mercado internacional ya existen bebidas a base de mate, como Materva en Estados Unidos o Club Mate en Europa, pero ninguna se produce en Argentina con yerba mate de origen misionero. Incluso intentos de grandes multinacionales, como la bebida Nativa de Coca Cola en 2003, fracasaron por no lograr instalar la categoría.
Para los fundadores de YACÍ, ese vacío representa una oportunidad estratégica. “El mate tiene atributos únicos que todavía no están plenamente aprovechados en el mundo. Así como el café y el té se convirtieron en bebidas globales, creemos que la yerba mate -emblema de nuestra cultura y de la producción misionera- tiene todo para ocupar ese lugar”, afirman.En un escenario global que prioriza lo natural, lo funcional y lo sustentable, la yerba mate de Misiones emerge no solo como una tradición regional, sino como un activo estratégico de la agroindustria argentina. Y proyectos como YACÍ buscan convertir ese capital productivo y cultural en una plataforma de valor para competir en las góndolas del mundo.
Santi Carneri, El País. En Paraguay, cuna de la yerba mate, encontrarla silvestre se ha vuelto casi imposible. Entre monocultivos de soja, estancias ganaderas y la pérdida acelerada del bosque nativo, una comunidad guaraní lucha por preservar el ka’aite —la yerba auténtica, en guaraní— que desde hace siglos es parte esencial de su identidad.
La mejor yerba mate del mundo nació, sin proponérselo, de una historia de amor: el amor de un hombre hacia su esposa, de un pueblo hacia sus tradiciones y de una comunidad hacia un bosque cada vez más pequeño, cercado por enormes campos de soja y pastizales para el ganado. Para los guaraníes, el ka’a, es la planta madre. Sagrada. Hoy, consumirla es, a la vez, un placer y un acto de resistencia.
Victoria, esposa de Ernesto Vera.Mayeli Villalba
Son casi las cuatro de la madrugada cuando Ernesto Vera, un anciano de la aldea Tekoha Y’apy —Territorio del Manantial— sale de su casa en una fresca mañana de octubre. El aire huele a lluvia y a hojas de menta y salvia. Su silueta pequeña, envuelta en un abrigo demasiado grande, se mueve en silencio sobre tierra roja y ramas tan húmedas que no crujen bajo sus sandalias. Ernesto es el tamoi, el guía espiritual de la comunidad. Entra a la cabaña de madera anexa a la casa de ladrillo comunal, una estructura amplia con techo de chapa, enciende un fuego y calienta agua en una vieja cazuela. Coloca la yerba molida verde y oscura en una calabaza esculpida, agrega el agua y sorbe el mate con una tacuara, un fino junco de madera. Ningún día comienza sin mate. Cuando le ofrece la bebida a Victoria, su esposa, son casi las seis de la mañana y el cielo ya se está aclarando. A su alrededor, hijas, nietos y pájaros les acompañan.
El Ogaguasu es el espacio donde se realizan las ceremonias espirituales, en el patio de la casa de Ernesto Vera.Mayeli Villalba
Desde hace un milenio, los guaraníes realizan ceremonias similares en estas tierras tropicales. Aunque el mundo conozca la yerba gracias al exilio sudamericano de las dictaduras de los años 70, o más recientemente, por las figuras como Messi o el papa Francisco, proviene de los pueblos guaraníes que habitaron y habitan la selva paranaense, cuyos vestigios están hoy repartidos entre Argentina, Paraguay y Brasil. Es parte del mito fundacional de su cultura, donde todas las plantas son sagradas. Y la yerba mate ocupa un lugar especial: purifica, fortalece, conecta con la tierra. Su uso más antiguo consistía simplemente en masticar las hojas y beber agua del río, con eso basta para sentir sus propiedades medicinales y estimulantes.
Pero hace unos veinte años, en la misma casa comunal, Victoria decidió dejar de tomar mate. Decía que sufría acidez cada vez que lo consumía. Ernesto se sorprendió: la yerba mate siempre había sido parte fundamental de sus vidas. Pero sus palabras le hicieron recordar algo: hacía décadas que ya no consumían el ka’aite, la yerba auténtica, silvestre, sino yerba industrial comprada en paquetes de la tienda. La auténtica planta del bosque había desaparecido detrás de los monocultivos y del avance de las estancias ganaderas. La vida diaria y la pobreza habían empujado a su comunidad a aceptar las versiones comerciales, producidas por empresas que controlan tierras, precios y procesos con agroquímicos y maquinaria.
Preocupado, Ernesto pasó horas rezando a Tupã, la mayor deidad de los guaraníes, y meditando junto al fuego. Y entonces surgió una idea tan simple como arriesgada: cruzaría las estancias, los alambres de pinchos y los campos de soja para buscar la yerba mate original. Le traería a Victoria hojas tiernas, como las que tomaban antes de que llegaran los blancos.
Una gran extensión del territorio Y’apy está dispuesto como reserva natural.Mayeli Villalba
Tekoha Y’apy da cobijo y buena vida a 1.800 agricultores que preservan unas 850 hectáreas de bosque nativo, de donde extraen sus medicinas y algo de caza menor. Sin embargo, a su alrededor, unas pocas familias controlan cientos de miles de hectáreas casi completamente deforestadas. Apenas uno o dos árboles se alzan tímidos en medio de las explanadas sin fin de soja verde o pastos y vacas donde alguna vez hubo hasta yaguaretés (jaguares).
Paraguay es uno de los países más desiguales en la distribución de la tierra. Aproximadamente un 2% de la población es dueña del 85% de la superficie cultivable, según la FAO. Y ocho de cada diez hectáreas de bosque están dentro de propiedades privadas. La mayoría de ellas pertenecen a terratenientes que operan como señores feudales modernos.
En busca del mate verdadero
Ernesto recordaba bien lo que su abuelo le había enseñado: cómo encontrar el ka’aite bajo los lapachos de flores rosadas y los árboles cubiertos de musgo y helechos gigantes. En su infancia bastaba caminar una hora para llegar al yerbal silvestre. Pero ahora, su comunidad era una isla verde rodeada por el rugido de excavadoras, motos, vacas y alambradas interminables.
El mate es parte intrínseca de la identidad de Paraguay como lo es de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil. Es un gesto cotidiano que une a millones de sudamericanos de toda clase, bandera y condición. La senadora antes de su discurso y la agricultora antes del amanecer, el enfermero durante su guardia y la camionera mientras conduce sola por la Panamericana, el profesor que se quema los labios ante sus estudiantes, todos sorben mate, propio o ajeno, en su casa o en la calle.
Mariano Vera hace el primer tueste de la yerba mate, rama por rama, con las hojas aún verdes.Mayeli Villalba
Y esta herencia ancestral es gracias a los pueblos guaraníes que descubrieron su uso. Es círculo de palabra, compañía, ceremonia y, a veces, refugio. También viajó con migrantes árabes, y por eso hoy Siria y Líbano lo consumen cotidianamente. Mientras tanto, cómo no, en Europa y Estados Unidos se vende como bebida energética procesada, alejada de la tradición. En latas de refresco con gas o mezcladas con otros 20 ingredientes y montones de azúcar.
El mundo demanda cada vez más yerba, y, paradójicamente, los guardianes originarios de la planta luchan por acceder a ella.
A partir de los 2000, además del ganado, a Paraguay llegó la soja. Millones de hectáreas de monocultivo rodearon las últimas selvas. A Ernesto, la búsqueda se le complicó todavía más. El tamoi comenzó a explorar otras comunidades, a preguntar dónde habría una isla de bosque en la que creciera la yerba mate. En sus caminatas había una palabra que se repetía: permiso.
Tenía que pedir permiso a un estanciero, permiso a alguna de las familias o grandes empresas adueñadas de la tierra. Permiso para abrir la puerta de la estancia sin que le disparen, permiso para caminar entre las vacas, permiso para tomar en la mano algunas hojas y ramas. Permiso para cruzar los grandes campos de soja donde una sola persona subida a un tractor con pantalla táctil y aire acondicionado puede cosechar cientos de hectáreas en una tarde o fumigar agrotóxicos alrededor de su comunidad.
Fernando, de la comunidad Y’apy debe conseguir permiso de acceder a los terrenos cerrados.Mayeli Villalba
Aquella situación le recordaba demasiado a lo que sus antepasados habían sufrido durante cientos de años. Los colonizadores españoles observaron el primer consumo de yerba mate en el siglo XVI en lo que hoy es Paraguay y entonces era el Virreinato del Perú. Tan pronto como lo vieron lo prohibieron. En 1610, la Inquisición prohibió usar la planta y en Asunción se impusieron penas de 100 latigazos para los indígenas y 100 pesos de multa para los españoles que consumieran o traficaran yerba, según cuenta el argentino Jerónimo Lagier en el libro La aventura de la yerba mate.
El renacer del ka’aite
Solo 20 años después, los españoles la legalizarían y la convertirían en la base de su expansión económica y territorial en la región, dando lugar a la Provincia Paraquaria, una especie de Estado jesuita que llegó a abarcar parte de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay cuando aún España y Portugal se repartían el territorio americano en tratados. Esta rama de la Iglesia Católica, junto a franciscanos y dominicos, gestionó las relaciones diplomáticas, bélicas y religiosas con casi todos los pueblos guaraníes. Por unos dos siglos impusieron su religión y costumbres a los nativos mientras absorbían sus saberes, su fuerza de trabajo y, no solo su yerba mate, sino su territorio. Sus bosques. Fueron los primeros europeos en hacer monocultivos para exportación desde América del Sur.
Ernesto caminó durante días por estancias privadas, esquivando cercos y guardias armados, hasta que finalmente halló un árbol de mate; sí, un árbol, y no esos arbustitos que se ven en las plantaciones industriales desde tiempos de la Colonización. Estaba cerca de un arroyo, como siempre. Trepó casi dos metros sin dudar, abrazado al tronco, arrancó unas ramas, guardó las hojas en los bolsillos y volvió con el tesoro a casa. Cuando Victoria probó la yerba silvestre, la acidez desapareció. Habían recuperado el sabor verdadero: dulce, amargo, ahumado. Vivo.
Este árbol, que puede llegar a medir hasta 20 metros de alto, es sagrado.Mayeli Villalba
Cansado de pedir permiso, Ernesto tomó una decisión revolucionaria: si el bosque ya no ofrecía ka’aite, entonces la yerba debía volver a crecer dentro de la comunidad.
Comenzó a plantar junto a otras familias. Así nació un proyecto colectivo: recuperar la yerba mate auténtica a través del cultivo comunitario, sin químicos, respetando los tiempos naturales.
Hace diez años, durante un Mitã Karaí, la ceremonia para otorgar nombres espirituales, Ernesto y Victoria conocieron a Norma Ávila, artista y cantante de Asunción con dos décadas de experiencia trabajando para ONGs que apoyan a las comunidades indígenas. Ella quedó fascinada por la música y por el vínculo entre la comunidad y la yerba mate. Al ver la producción acumulada por TekohaY’apy y comunidades vecinas, Victoria propuso ofrecerle que se convirtiera en su puente hacia el mundo exterior. Así nació la marca SEA.
El Tatuape (“Caparazón de armadillo”), hecho de forma artesanal, con componentes naturales del bosque, lo usan para hacer el segundo tueste de la yerba mate.Mayeli Villalba
El proceso de producción es artesanal de principio a fin: sapecado al fuego, secado en el tatuape —un horno gigante construido sin un solo clavo—, tostado lento durante días y molienda manual. La yerba se estaciona un año antes de ser envasada. SEA fue incorporada al Arca del Gusto de la Fundación Slow Food, que reconoce alimentos que deben preservarse por su valor cultural y ambiental. Hoy, Norma viaja presentando la yerba, narrando su historia, explicando quién es el tamoi Ernesto y guiando ceremonias del mate que mezclan canto, memoria y naturaleza.
Mientras SEA viaja por el mundo, en TekohaY’apy cada día comienza igual que siempre: Ernesto enciende el fuego antes del amanecer y toma los primeros sorbos de mate. Victoria revisa la huerta. Otros vigilan el tatuape, donde las ramas de yerba se tuestan lentamente. En uno de los pocos rincones de Paraguay donde aún hace fresco algunas mañanas aunque no sea invierno, el mate conserva su espíritu original: un acto de amor, resistencia y memoria viva.
Este martes 30 de diciembre se conoció el despido de alrededor de 20 trabajadores del Instituto Nacional de la Yerba Mate, en pleno proceso de reordenamiento institucional tras dos años de acefalía y con sus principales funciones regulatorias recortadas por la política económica del Gobierno nacional.
Apenas una semana antes, el Directorio del INYM había aprobado una suba del valor de la estampilla -la tasa que pagan los operadores por cada kilo de yerba- para mejorar la recaudación. Sin embargo, ese incremento del presupuesto no evitó que ahora se avanzara con un ajuste sobre el personal.
“En el marco de la normativa vigente, vamos a trabajar en la modernización del Instituto y también en armonizar esas normas; en un proceso de desburocratización que facilite la actividad de los operadores del sector yerbatero”, explicó el presidente del Directorio, el contador Rodrigo Correa.
En ese sentido, destacó que, al mismo tiempo, se apuntará a desarrollar controles más eficientes, que velen por la calidad del producto en los distintos eslabones de la cadena yerbatera donde tiene competencia el INYM. “Queremos mejorar todo aquello que pueda entorpecer la actividad, pero sin comprometer los estándares de calidad”, remarcó.
Correa fue designado por el Gobierno nacional mediante el Decreto 873/2025, publicado a mediados de diciembre, luego de un largo período sin conducción formal. Su llegada fue leída en el sector como parte del reordenamiento institucional bajo el esquema libertario, que impulsa una fuerte reducción del Estado y la revisión de normas históricas de regulación.
El recorte llega en el momento más crítico de la cadena yerbatera en décadas. Los precios de la hoja verde no cubren los costos de producción, las cooperativas están endeudadas, los secaderos trabajan con márgenes mínimos y la estructura productiva se encuentra cada vez más concentrada. En ese escenario, el INYM ya no tiene las herramientas que históricamente permitían equilibrar el mercado: perdió capacidad de control, fiscalización y regulación, dejando a miles de pequeños productores expuestos a un mercado liberado.
En ese marco, una de las primeras decisiones relevantes del nuevo Directorio fue actualizar el valor de la estampilla a 32,12 pesos por kilo, lo que representó una suba cercana al 28 por ciento. La justificación oficial fue que el valor estaba congelado desde 2023 y que los costos operativos del Instituto se habían incrementado de manera significativa.
El ajuste del INYM, parte de una política nacional
Lo ocurrido en el organismo yerbatero no es un hecho aislado. Forma parte de una política de ajuste más amplia sobre el Estado nacional. Según datos oficiales, entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025 la dotación de personal del sector público nacional se redujo en 60.494 puestos de trabajo.
La mayor parte del recorte se concentró en la administración centralizada y descentralizada, que explicó 35.127 de los empleos perdidos. A esto se suman 18.122 bajas en empresas y sociedades del Estado, mientras que el personal militar y de seguridad registró una reducción más moderada, de 7.245 puestos.
La serie mensual muestra que el ajuste fue continuo y creciente: en enero de 2024 ya se habían perdido más de 7.000 puestos; a mitad de ese año superaban los 24.000; a fines de 2024 rondaban los 37.000 y durante 2025 el proceso se profundizó hasta superar los 60.000 despidos acumulados. El propio ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, difundió públicamente estos números como parte del programa de reducción del Estado.
Las exportaciones de yerba mate cerrarán 2025 con un volumen récord y salvarán el año en una cadena cuyos eslabones atraviesan tiempos turbulentos. El volumen acumulado es récord: 53.593.805 kilos, 29,85 por ciento más que el año pasado, sin contar diciembre, que ya sumó nuevos destinos, como República Checa. El volumen exportado ya supera holgadamente los 43,8 millones de kilos que se habían exportado durante los doce meses del 2024.
Sin embargo, en noviembre las exportaciones también pisaron los frenos, con 4.968.512 de kilos, casi dos millones de kilos menos que en octubre y apenas por encima del mismo mes del año pasado.
En contraste, en noviembre se enviaron al mercado interno 17.860.938 kilos, el volumen más bajo del año y 18,65 por ciento menos que en octubre. La salida de molino fue 19,32 por ciento menor al mismo mes del año pasado. De todos modos, el volumen acumulado sigue estando por encima de los primeros once meses del año pasado -3,73- y el año seguramente terminará apenas por encima del 2024.
El movimiento de yerba mate a salida de molino es el indicador más cercano al comportamiento de la yerba mate en góndola, ya que incluye tanto el volumen que se envía a los centros de distribución de las firmas yerbateras como las compras efectuadas por los mayoristas, hipermercados y supermercados.
En paralelo, la cosecha llegó a los 868.220.538 kilos, menos que el pico de 2024, pero más que en 2022 y 2023, 2019 y 2020, con la excepción de 2021.
La cosecha bajó en todas las regiones, salvo en la zona noroeste, mientras que en Corrientes se mantuvo idéntica a la de los primeros once meses del año pasado.
Durante 2025, Misiones vivió el mayor despliegue de crédito productivo de su historia reciente. En un contexto nacional de tasas en alza, restricción monetaria y retracción del financiamiento privado, la Provincia logró sostener un esquema propio de líneas bonificadas que permitió movilizar más de $41.500 millones hacia la economía real, incluyendo la banca comercial tradicional -con tasas subsidiadas-, el Fondo de Crédito y el Consejo Federal de Inversiones.
Ese volumen no solo superó con holgura los $20.769 millones liquidados en 2024, sino que confirmó que el financiamiento se convirtió en el principal amortiguador del ajuste nacional sobre el tejido productivo misionero.
El salto estuvo impulsado casi por completo por el Banco Macro, que pasó de colocar $11.669 millones en 2024 a $34.050 millones en 2025, concentrando el 98% del crédito bancario provincial.
El Banco Nación, en contraste, prácticamente se retiró del sistema, con apenas $734 millones y 17 operaciones en todo el año. De este modo, Misiones marcó una fuerte intervención económico, como pilar del sector industrial y al mismo tiempo, del consumo, a través de los programas Ahora -extendidos hasta marzo por el gobernador Hugo Passalacqua – que generaron ventas por más de 100 mil millones de pesos durante 2025.
Mapa del crédito 2025 (banca + herramientas públicas)
Total bancos: $34.784.783.348,30
Fondo de Créditos: $4.568.164.524 (257)
CFI: $2.151.790.000 (36)
Entidad
2024
2025
Operaciones
Banco Macro
$11.669.841.000,00
$34.050.783.348,30
1.949
Banco Nación
$9.099.800.000,00
$734.000.000,00
17
Total general
$20.769.641.000,00
$34.784.783.348,30
495
Flujo total 2025 (incluye Fondo de Créditos + CFI): $41.504.737.872,30
Líneas con mayor actividad en 2025 (vigencias)
Línea
Monto
Operaciones
Vigencia
Descuento de cheques – Yerbateros
$12.584.020.464,65
1.140
Hasta 31/12/25
Descuento de cheques – Tealeros
$456.607.702,27
331
Hasta 31/05/26
Corto plazo
$19.212.335.782,38
—
Hasta 31/12/25
Largo plazo
$6.532.360.399,00
—
Finalizó 30/06/25
Clave: casi todas las líneas vencen el 31/12/25. Única excepción: tealeros hasta 31/05/26.
Más allá de los montos, el perfil del crédito es revelador. La mayor parte de los fondos no se destinó a inversiones estructurales sino a sostener el capital de trabajo, especialmente en los sectores primarios y comerciales.
Las líneas de corto plazo concentraron más de $19.212 millones, mientras que los préstamos de largo plazo totalizaron $6.532 millones, con una fuerte concentración antes de su vencimiento en junio.
Pero la verdadera columna vertebral del sistema fue el descuento de cheques, particularmente en el complejo yerbatero. Solo esa herramienta movilizó $12.584 millones y 1.140 operaciones, convirtiéndose en la principal fuente de liquidez para miles de productores e industrias medianas, detalló el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán.
El calendario financiero del año muestra hasta qué punto la economía misionera quedó atada al crédito. En marzo, la suma de corto y largo plazo superó los $3.400 millones, el mayor nivel del año, impulsado por un salto del 93% en los préstamos de inversión. Fue una verdadera carrera contra el reloj antes de que cerraran las líneas de largo plazo.
En junio, el corto plazo marcó su récord con $1.785 millones, cuando ya se habían extinguido casi todas las líneas de inversión y comenzaban a sentirse las primeras subas fuertes de tasas. A partir de julio, el sistema entró en una fase de enfriamiento acelerado, que llevó al crédito a su piso en noviembre, con apenas $330 millones liquidados.
El último trimestre dejó una postal aún más clara de la tensión financiera en la economía regional. La yerba mate concentró su mayor volumen entre septiembre y octubre, con un salto extraordinario del 29.511% en una sola semana a fines de septiembre. Sin embargo, desde mediados de noviembre la línea prácticamente se agotó, anticipando el cierre de su vigencia.
El té, en cambio, mostró el fenómeno inverso. Aprovechando que su línea sigue vigente hasta mayo de 2026, diciembre fue el mes de mayor dinamismo: en la semana del 8 al 12 se alcanzó un récord de $182 millones y 117 créditos, marcando un ingreso pleno a su ciclo financiero de zafra.
Las líneas de inversión también dejaron huella, aunque de forma transitoria. Se financiaron colectivos por $2.700 millones, equipamiento vial por $960 millones, bienes de capital por más de $1.040 millones, inversión tecnológica por $750 millones y construcción y ampliación de plantas por casi $400 millones.
Sin embargo, la mayoría de esas líneas cerró entre junio y diciembre, lo que explica por qué la inversión productiva prácticamente desapareció en la segunda mitad del año.
Todo este entramado deja una conclusión ineludible. Misiones es hoy la única provincia del país que sostuvo en simultáneo un sistema integral de crédito bonificado: corto plazo, largo plazo, inversión, descuento de cheques sectorial y financiamiento para infraestructura productiva. Ese andamiaje permitió atravesar el ajuste nacional sin colapso productivo.
Casi todas esas líneas vencen el 31 de diciembre de 2025. La única excepción es el sector tealero, que conserva su herramienta hasta mayo de 2026. Por ahora, no hay confirmación oficial de prórrogas.
En una economía regional intensiva en capital de trabajo, el esfuerzo de la Provincia es una definición macroeconómica. El récord de 2025 demuestra que el crédito sostuvo la actividad.