En esta oportunidad, la feria tuvo como escenario el Parque Paraguayo, un emblemático paseo de la capital de Misiones que asoma como un balcón al río Paraná, en las inmediaciones del anfiteatro Manuel Antonio Ramírez.
Allí, 38 establecimientos yerbateros, entre empresas, cooperativas y emprendedores, pusieron a disposición de los visitantes más de 50 marcas de yerba mate y en presentaciones para todos los gustos: yerba mate tradicional con palo y despalada; yerba saborizada, compuesta o con hierbas; yerba mate agroecológica, orgánica, biodinámica o elaboradas bajo el sistema barbacuá; como así también las líneas elaboradas para tereré (mate frío).
En el trailer institucional del INYM, en tanto, se sucedieron las degustaciones de mate cocido frío y mate cocido tipo frozen que sirvieron para aplacar el calor que se prolongó durante toda la jornada.
Con entrada libre y gratuita, el público disfrutó del patio matero y pudo conocer más sobre la actividad yerbatera y el mate con la sommelier Angelina Fediuk. La música estuvo presente con la actuación en vivo de la Banda de la Policía de Misiones, la Orquesta Folclórica de la Municipalidad de Posadas y el cierre del grupo Tunami, brindando un repertorio que hizo bailar a los asistentes.
MATEAR 2025, declarada de Interés Provincial por la Cámara de Representantes de Misiones, contó con el respaldo de la Municipalidad de Posadas y en el mismo espacio se desarrolló la Feria Provincial de Turismo organizada por el Ministerio de Turismo de la Provincia, lo cual se constituyó en un combo perfecto de atracciones para las familias que acudieron a compartir la jornada matera.
La feria también fue organizada como un homenaje previo al Día Nacional del Mate que se celebra todos los 30 de noviembre.
Yerba para todos los paladares
La comitiva yerbatera de MATEAR contó con una amplia gama destinada a satisfacer todas las preferencias. Estuvieron la Cooperativa de Productores de Jardín América (con la marca Flor de Jardín y otros productos), la Agrícola Kilómetro 16 de Oberá (Yerba Progreso), Cooperativa Caficla (con la marca Orembaé), Productores de Yerba Mate de Santo Pipó (con Piporé), Cooperativa Yerbatera Andresito (con la marca Andresito), Cooperativa Agrícola Limitada de Ruiz de Montoya (con Tucanguá), Cooperativa Agrícola Colonia Liebig (con Playadito) y la Cooperativa Agrícola Río Paraná (con la marca Titrayjú).
También, las empresas y emprendedores con sus marcas: Instituto Pascual Gentilini de San José (con Don Bosco), la familia Pawluk (con Sol y Lluvia), Aky, Cachamai, Principios, La Obereña, Lapacho Rosa, CBSé -Mateando, Flia. Semeniuk, Kraus, Mateandote-Encanto, Federal, Selva Colorada, Indumar, Zapeca, Amate toda la Vida Hierbas (Yerbella, Caricias de Mate, Don Julián, Mate y Playa), Romance, Zapecá, Indumar, Jesper, Vezná, Mate Rojo, Primicia, Susurro Nativo, Atiguá, Rosamonte, Saltos del Moconá y Secadero.
Además, la Casa del Mate Rumbo a Moconá, A toda hora, Biscochipa, y demás emprendedores de artesanías, gastronomía, y accesorios relacionados al mundo matero.
El mate es mucho más que una infusión. Es un gesto de amistad, una señal de confianza, un sinónimo de encuentro que se transmite entre generaciones y atraviesa todas las realidades sociales. Además, sus propiedades antioxidantes y energizantes lo convierten en un hábito saludable que acompaña la vida cotidiana de millones de argentinos. Por eso, cada 30 de noviembre, los argentinos hacen honor a la tradición con el Día Nacional del Mate.
La elección de esta fecha no es casual. En diciembre de 2014, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.117, que estableció al 30 de noviembre como el día para homenajear al mate, en conmemoración al nacimiento del caudillo guaraní Andrés Guacurarí y Artigas, “Andresito”, figura clave en la defensa de las Misiones y en la promoción de la producción yerbatera. Sin embargo, el reconocimiento oficial del mate como infusión nacional llegó un año antes, cuando en 2013 el Congreso lo consagró como parte fundamental de la identidad cultural argentina.
La historia del mate se remonta a los guaraníes, quienes descubrieron las propiedades únicas de las hojas de Ilex paraguariensis y las utilizaron como bebida, elemento ritual e incluso moneda. Más tarde, los conquistadores y los jesuitas adoptaron la planta y expandieron su consumo. Hoy, más del 90% de los hogares argentinos toman mate y el consumo promedio anual supera los 6,4 kilos por habitante, según el INYM. Y aunque su esencia es social, este ritual también abre la puerta a un universo gastronómico que combina tradición, sabores y nuevas tendencias.
Con la expansión del interés por productos de mayor calidad, las panaderías encuentran en el mate una oportunidad para ofrecer elaboraciones que potencien el maridaje con esta infusión. De acuerdo con Taste Tomorrow, el estudio global de tendencias realizado por Puratos, el 85% de los consumidores prefiere sabores tradicionales porque evocan nostalgia y continuidad. Este apego a la tradición convierte a las panaderías en protagonistas de una evolución que combina recetas clásicas con propuestas renovadas: medialunas rellenas con chocolate, pepas reversionadas, galletitas con chips o budines hechos con ingredientes a base de plantas.
“Vemos que el consumidor busca cada vez más calidad y autenticidad, y el momento del mate es uno de los escenarios donde esa demanda se vuelve más evidente. Las panaderías tienen hoy la oportunidad de destacarse con productos que acompañen mejor este ritual tan argentino, ya sea desde lo dulce como desde lo salado”, analiza Sofía Mallaviabarrena, Regional Marketing Manager de Puratos.
Con qué maridar el mate: opciones dulces y saladas
El ritual del mate siempre viene acompañado de algo más. En la mesa familiar, en la oficina o en una juntada improvisada, ciertos sabores ya se convirtieron en inseparables del mate. La pastafrola, los bizcochitos y las medialunas forman un trío infalible que marca las mañanas y las tardes argentinas. Son los esenciales, esos que siempre están, que invitan al encuentro y que hacen del mate una excusa perfecta para compartir un momento con otros.
Además, el mundo del maridaje abre nuevas posibilidades para elevar la experiencia del mate. Los especialistas coinciden en que dos alimentos destacan por su capacidad de armonizar con la yerba: el queso y el chocolate. Para yerbas suaves o medias, se recomienda acompañar con quesos tipo Gruyere, Pategrás o algún queso de cabra suave, incluso combinados con membrillo. En el universo del chocolate, los semiamargos con frutos secos o los clásicos chocolates con leche ofrecen una excelente combinación. Para yerbas más intensas, los maridajes se vuelven más audaces: Roquefort o Provolone con pasas o dátiles, y chocolates con leche combinados con dulce de leche suelen ser elecciones ganadoras. Eso sí: siempre es clave optar por chocolates de buena calidad y sin agregados.
Pero la lista de aliados es larga. Desde criollitos y panes saborizados hasta budines y galletitas caseras, cada elección responde a estilos de yerba, preferencias personales y contextos de consumo. Desde Puratos destacan que tanto en lo dulce como en lo salado, el mercado ofrece cada vez más opciones que potencian la experiencia. Para el “team salado”, aparecen productos como chipá de queso, scons, grisines o bizcochitos saborizados con queso y cebolla. Para quienes eligen lo dulce, el chocolate belga es protagonista: medialunas con relleno de chocolate, alfajores con cobertura amarga, galletitas con chips y budines como el de banana y chocolate.
En todas sus formas, el mate genera un espacio propicio para consumir diferentes productos y explorar nuevas combinaciones. En un mercado donde los hábitos evolucionan y la demanda por calidad crece, las propuestas pensadas para acompañar el mate se consolidan como una oportunidad para que panaderías y pastelerías amplíen su oferta y atiendan a un público cada vez más exigente.
Juan José Szychowski, diputado provincial y ex presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), advierte que la cadena yerbatera atraviesa una de sus crisis más profundas en décadas. Sin regulación nacional y con un derrumbe histórico del precio de la hoja verde, en una entrevista con El Periodista, por Canal 12, el también productor yerbatero plantea un giro estratégico: abandonar la expectativa de volver a fijar valores desde Buenos Aires y concentrarse en los dos ejes que el propio decreto 812 dejó en pie para el INYM: promoción y calidad.
Un productor de Apóstoles definió la situación del sector como “a la deriva”. ¿Usted también le pondría ese título?
Estamos en una situación realmente muy difícil. El sector yerbatero la está pasando muy mal. La yerba mate es una cadena de valor, y una cadena de valor muy importante para toda la Argentina y la estructura vertical de la economía de Misiones. Cuando a la cadena le va mal, nos va mal a todos. Y cuando un eslabón se rompe, se rompe el funcionamiento de toda la cadena.
¿Cuándo comenzó a romperse ese eslabón?
Con las medidas del Gobierno nacional. Primero el decreto 70/2023 le quitó al INYM la facultad de fijar el precio. Después, el decreto 812 terminó de sacar las funciones de regulación: calendario de cosecha, cupos y manejo de plantaciones. Eso desnaturalizó al INYM. El espíritu de la ley era equilibrar oferta y demanda y garantizar un precio justo. Hoy nada de eso existe.
¿Qué le queda entonces al INYM?
Dos funciones claves: promoción y control de calidad. Y ahí, paradójicamente, puede estar la salida. El decreto dice “dedíquese a la promoción” y “dedíquese a la calidad”. Si uno profundiza en esas dos palabras, encuentra herramientas para reordenar el sistema.
Mientras tanto, el precio que recibe el productor está muy por debajo del costo.
El INYM fijó un costo de 450 pesos por kilo de hoja verde y se está pagando entre 250 y 300. Eso es inviable. Y cuando los productores se caen, se caen también los secaderos, los pequeños y medianos molinos. Hoy hay cheques rebotados, cesación de pagos, plazos larguísimos. La cadena completa está muy mal.
Incluso se habla de productores vendiendo sus chacras…
Sí. Ya pasó en los ‘90, cuando se desreguló la actividad. Hoy vuelve a suceder: están malvendiendo. Una hectárea que valía 5.000 dólares hoy vale 1.500 o 2.000, y en muchos casos no aparece comprador. La devaluación del precio de la yerba y la recesión generaron esta situación.
¿Dónde está la salida? ¿Existe?
Sí, pero no por donde se insistía antes.Insistir en Buenos Aires para que fijen el precio es inútil: la gente votó otra cosa. En las zonas productoras ganó Milei. Parecería que buena parte de la gente dijo “no quiero más intervención del Estado”. Ir ahora a pedir un decreto contrario a lo ya firmado es imposible.
Por eso hay que buscar otra salida: promoción y calidad.
La provincia acaba de enviar una misión comercial a Bombay. ¿Ese es el camino?
Totalmente. El mercado interno está saturado: estamos en el 97% de los hogares. La salida es exportar. Y la India es clave: es el país que más infusiones consume por habitante, incluso más que China. Toman té todo el día, en la calle, en pequeñas tazas, en infusiones que preparan en ollas.
Ahí entra el mate cocido. No debemos pensar en venderle la yerba como la tomamos nosotros, sino en incorporar el mate cocido como nueva infusión. Es un mercado ávido de productos nuevos. Es una oportunidad enorme.
Y Misiones ya trabaja en esto. El molino provincial de Andresito está en fase final de prueba y se prepara para exportar, sobre todo a Siria, que hoy representa el 70% de las exportaciones argentinas.
Dos cambios en el Código Alimentario
¿Qué se puede hacer en materia de calidad?
Dos cosas, ambas modificando el Código Alimentario Argentino (CAA) vía CONAL, sin necesidad de pasar por el Congreso.
Bajar las hierbas en las compuestas del 40% al 10%. Hoy sólo se necesita un 5 o 6% para saborizar. Reducir del 40 al 10% permitiría que entre más yerba verdadera en el paquete y generaría una demanda adicional de alrededor de 30 millones de kilos de canchada.
Bajar el contenido de palo del 35% al 25%. Sería volver al estándar histórico. Eso crearía una demanda adicional de otros 40 millones de kilos y, además, estaría alineado con lo que piden los consumidores: cada vez prefieren yerbas con menos palo.
El sector industrial está totalmente de acuerdo con estas medidas. Las cooperativas también. Hay consenso. Falta unir voluntades y presentarlo formalmente.
¿Esto es rápido?
No. Pero es viable y es concreto. Y es ir en línea con lo que el propio Gobierno nacional dice que debe hacer el INYM: promover y cuidar la calidad.
Algunos productores votaron pensando que el libre mercado iba a mejorar el precio. ¿Es posible?
No. El mercado yerbatero es absolutamente inelástico. Si todas las marcas duplican el precio, el consumo no baja. Si regalan la yerba, el consumo no sube. Cada argentino toma lo que toma: ni más ni menos. Y el mercado interno está maduro. Por eso no funciona como la soja, el ganado o los cereales. No se abre el mundo automáticamente cuando baja el precio. Necesita intervención.
También aparece la discusión sobre diversificar las chacras. ¿Puede aliviar la situación?
La diversificación es importante, pero no es una actividad en reemplazo de otra. Primero hay que resolver la yerba mate. Luego sí, pensar en chacras multiproductivas: verduras, cítricos, ganadería. Y, sobre todo, el café.
Las proyecciones climáticas indican que para 2035 más del 50% de las plantaciones de café en Ecuador desaparecerán por el calor. Y las nuevas zonas aptas se desplazarán a latitudes como Misiones, Salta, Tucumán, Australia o Sudáfrica. Es una oportunidad histórica. Pero café no se puede plantar en cualquier lugar: hay que estudiar chacra por chacra.
¿Qué tan importante es que el INYM tenga presidente designado por Nación?
Muy importante. Aunque ya no fije precios, un presidente es clave para coordinar calidad con Senasa, CONAL, Cancillería y para las misiones comerciales. También para informar sobre estructuras de costos y cargas tributarias de Argentina, Brasil y Paraguay.
Porque si nos piden competir, tenemos que competir en igualdad. Paraguay tiene una carga tributaria total del 12%. Nosotros, entre IVA, Ganancias y aportes, superamos el 60%. Así no hay forma.
¿El sector está a la deriva?
Sí. Pero hay una salida posible si la cadena se une detrás de dos objetivos claros: más exportación y mejor calidad. Ese es el camino que queda abierto.
La evolución del precio de la yerba mate durante la Era Milei muestra con claridad una dinámica desigual que terminó golpeando de lleno al productor primario. Los datos elaborados por el contador Cristian Castro permiten reconstruir el proceso: mientras el valor nominal de la hoja verde aumentó apenas un 26 por ciento entre diciembre de 2023 y fines de 2025, el resto de las variables centrales de la economía -el dólar, los combustibles, la inflación acumulada y los bienes durables- crecieron varias veces por encima, generando un deterioro real contundente del ingreso en la chacra.
Esa disparidad explica por qué el productor perdió poder de compra frente a cualquier bien o servicio con el que se lo compare: el dólar oficial subió casi 285 por ciento, el gasoil más de 200 por ciento, el dólar blue 44 por ciento y la inflación acumulada saltó 241 por ciento, contra un aumento del 26,2 por ciento en el precio de la hoja verde.
Al ajustar los valores por inflación, la situación queda aún más expuesta: la hoja verde debería pagarse hoy alrededor de $716 para acompañar la evolución del IPC, pero vale $265. Esa diferencia implica una pérdida real del 63 por ciento.
En el mismo período, el precio al consumidor final -el paquete en góndola- aumentó 112,5 por ciento, pasando de $2.278 en diciembre de 2023 a $4.841 en octubre de 2025, según los datos oficiales del INDEC. Ajustado por inflación, también cae en términos reales, aunque bastante menos: -37,7 por ciento. Esa diferencia entre la pérdida del productor y la pérdida del precio en góndola deja una brecha de 25,3 puntos porcentuales, lo que en la práctica significa que la industria y el comercio ampliaron su margen mientras el productor absorbió casi todo el impacto real del proceso inflacionario y la desregulación.
Las comparaciones que presenta Castro ayudan a dimensionar cómo se licuó el ingreso de la chacra. En diciembre de 2023 se necesitaban 97.971 kilos de hoja verde para comprar una camioneta Hilux 4×4; en noviembre de 2025 se necesitan 304.400 kilos. Para llenar un tanque de 80 litros de gasoil, que en 2023 equivalía a 236 kilos de hoja verde, hoy hacen falta 568 kilos.
Incluso una tonelada completa de hoja verde perdió poder de compra frente al dólar: pasó de equivaler a 565 dólares en 2023 a apenas 185 dólares en 2025, una caída del 67 por ciento.
Frente al gasoil, la merma también es profunda: de 339 litros por tonelada a 140 litros, lo que significa un retroceso del 58,5 por ciento. Es decir, producir lo mismo permite comprar cada vez menos.
La evolución mensual del precio de la hoja verde muestra otro fenómeno central: tras la desregulación del mercado, el valor quedó prácticamente congelado durante más de un año, estabilizado en torno a los $300, mientras todos los costos productivos y logísticos aumentaban de manera sostenida. Con la desregulación, el productor quedó convertido en la variable de ajuste: aumentó la apropiación de excedentes por parte de la industria y la molienda, crecieron los márgenes comerciales en góndola y se redujo drásticamente el ingreso real del sector primario.
El resultado es un cuadro en el que la yerba mate se atrasó contra todo: contra la inflación, contra el dólar, contra el combustible, contra bienes durables y contra el propio precio que paga el consumidor. La caída real del ingreso del productor no solo es profunda, sino persistente. Es un deterioro que, de continuar, compromete la sustentabilidad económica del sistema productivo yerbatero.
No es solo una foto estadística, sino una tendencia estructural: el valor en góndola siguió creciendo nominalmente, la industria mantuvo o amplió márgenes, y el productor primario quedó absorbido por completo en el ajuste del mercado.
El artículo 17 del decreto reglamentario del Instituto Nacional de la Yerba Mate fue redactado a propósito para no repetir precios de miseria pagados en los 90: “El precio de las materias primas no podrá ser inferior al importe que resulte necesario para desarrollar la actividad productiva, incluyendo las cargas impositivas, laborales y provisionales, incluyendo una rentabilidad razonable”. Con un nuevo decreto, Javier Milei acaba de borrar de un plumazo ese artículo, entre otros, que todavía incluían algún mecanismo de regulación del mercado yerbatero. El Presidente legalizó que se le pague al productor por debajo del costo de producción, como está sucediendo actualmente.
Según el último estudio difundido por el INYM, el costo de producción del kilogramo de hoja verde puesta en secadero, asciende a $423,99, según la matriz de costos aprobada por el Directorio del organismo. Si a ese valor se le suma un 30 por ciento de rentabilidad razonable, el precio de referencia ascendería a $551,19 por kilo de hoja verde.
Los precios reales que se pagan en el mercado están muy por debajo de estos parámetros. En la zona Centro-Sur de Misiones, la hoja verde se paga alrededor de $180 por kilo; en el Norte, cerca de $280; y en el caso de las cooperativas, los valores rondan los $305. Ahora esos valores son legales. El valor cayó 77 por ciento, según los cálculos de la Provincia.
El nuevo decreto presidencial sorprendió en Misiones. Llegó sin aviso y casi sin necesidad. El DNU de diciembre de 2023 ya había sido demoledor. Pero ahora el desguace es total. El INYM quedó apenas con un rol de promoción. Los productores que votaron -nuevamente- a Milei no encuentran explicación ni respuestas cuando reciben las críticas de otros yerbateros.
Incluso en la industria sienten que se está llevando al extremo una situación que no beneficia a nadie en Misiones. El precio bajo sólo conviene a Buenos Aires. La rentabilidad industrial también se resiente con precios planchados, mientras que los costos operativos no paran de subir.
El siempre sonriente Federico Sturzenegger, sin embargo, salió a celebrar el nuevo decreto. Destacó que la producción total de yerba mate creció 29% en 2024, alcanzando un récord histórico, lo que obedece más al fin de la sequía y la mayor producción que a la desregulación -se tarda cuatro años en cosechar una planta-. También apuntó que las exportaciones aumentaron casi 17%, también en niveles récord, pero eso nada tiene que ver con la desregulación, ya que el INYM no regulaba nada en esa área y, de hecho, impulsaba la venta en mercados externos con participación en ferias y promociones.
El ministro desregulador insiste en el precio real de la yerba cayó 44%, lo que -según su lectura- implicó un alivio directo para millones de familias consumidoras. Pero el único precio que “cayó” fue el de la materia prima. En góndolas subió 126,4 por ciento desde diciembre de 2023. En todo caso, aumentó menos que la inflación acumulada desde entonces -241,03%-, según los últimos datos-.
Para Sturzenegger, “el caso yerba mate” se convirtió en uno de los principales ejemplos de la política de desregulación aplicada durante la gestión. “La desregulación del sector ha dado sus frutos. Lo que estaba trabado creció, lo que era caro se abarató y lo que era rígido ahora es dinámico”, dijo. Dinámico, como el futuro de la chacra.
La producción amenaza con no iniciar la zafra de verano y escalar la batalla contra la industria, aunque ésta no sea el principal enemigo, sino que está aprovechando un entorno más favorable.
La supervivencia de la economía regional está en riesgo: en las chacras ya se observa la caída de rentabilidad. En la industria sufren por la competencia de nuevas marcas baratas que van ganando terreno ante los bolsillos flacos.
El gobernador Hugo Passalacqua alertó sobre el riesgo de la concentración en la yerba mate y la supervivencia de cerca de 13 mil productores. En la oposición algunos aprovecharon para intentar llevar agua para su molino, como el diputado provincial electo Ramón Amarilla. Diego Hartfield, ajeno al tiempo y a la realidad territorial, se dedicó a explicar el rendimiento de los bonos en la Bolsa.
No hay salida de corto plazo para la crisis de la producción yerbatera. La Provincia busca ampliar mercados para que haya más demanda de materia prima -culminó con éxito una misión comercial a la India, encabezada por el ministro del Agro, Facundo Sartori, junto a varios empresarios-. Mientras tanto, se seguirá gestionando ante la Nación para recuperar el INYM -la esperanza es lo último que se pierde, dicen en el Gobierno.- y fortalecer otras producciones que puedan compensar la caída de rentabilidad. Con el té, el gobernador Hugo Passalacqua inició gestiones para que sea incorporado al acuerdo comercial de la Argentina con Estados Unidos y lograr que se elimine el arancel del 10 por ciento que cobra actualmente el país de Donald Trump. Sin esa traba, la rentabilidad de la industria tealera podría dar un salto competitivo que permita mejorar el precio de la materia prima.
Esos temas serán analizados con el ministro del Interior, Diego Santilli, quien vendrá a Misiones este martes -será la primera provincia que visite-. Santilli viene en busca de respaldos al Presupuesto y otras leyes que quiere imponer Milei. Pero viene con mochilas flacas, con poco para ofrecer en relación con los reclamos de la Provincia.
En la última asamblea de gobernadores del Norte Grande, Passalacqua trazó una línea clara: pidió medidas coordinadas para enfrentar las desigualdades estructurales que afectan a Misiones. El mandatario advirtió que la ausencia de inversión en infraestructura, energía y conectividad limita las posibilidades de crecimiento regional. Además, el bloque respaldó reclamos vinculados a previsión social, fondos nacionales y regalías energéticas.
En el Centro Cultural del Bicentenario, los mandatarios del Norte Grande mantuvieron la 22.ª Asamblea de Gobernadores, un espacio de coordinación política y económica para definir líneas de acción de cara a 2026. Allí, Passalacqua planteó la necesidad de encarar estrategias conjuntas que atiendan las brechas persistentes entre regiones y los condicionantes estructurales que afectan a Misiones.
El gobernador señaló que avanzar en soledad dificulta cualquier política pública: “Hacerlo en soledad es un incordio y hacerlo en conjunto me parece excelente”.
Para graficar las desigualdades, expuso datos que reflejan brechas sociales profundas: “Un misionero por haber nacido en Misiones vive tres años menos que uno que nació en Buenos Aires.”
Passalacqua retomó además el concepto de “injusticia geográfica”, al advertir que los condicionantes históricos que pesaron sobre el norte argentino aún dificultan su competitividad. La carencia de infraestructura es un factor decisivo: “Si no hay inversión ahí, nuestra posibilidad de crecimiento, desarrollo, generar trabajo, empleo, bienestar, felicidad para nuestra gente va a ser muy difícil”.
Entre las brechas que afectan directamente a la economía provincial, el gobernador reiteró dos puntos sensibles: la exclusión de Misiones de la Hidrovía, un corredor crucial para la logística del comercio exterior; la ausencia de gas natural, siendo la única provincia del país sin conexión a redes.
El mandatario también expresó la voluntad de acompañar acuerdos legislativos vinculados al Presupuesto Nacional 2026, siempre que se incorporen necesidades centrales del bloque.
No quiere decir eso que se bloquee el tratamiento legislativo de los proyectos del Gobierno nacional. Pero se exige alguna reciprocidad que por ahora no aparece. Santilli deberá hacer algún esfuerzo para convencer. No hay visión federal ni un intento de acercamiento real del Presidente con los gobernadores. De hecho, parece haber una desconexión entre la agenda presidencial y las demandas reales de la Argentina, que exhibe una pérdida inédita de empleo y empresas aún más grande que durante la pandemia. La comparación entre noviembre de 2023 y agosto de 2025 muestra una disminución en la cantidad de empleadores con trabajadores registrados, pasando de 512.357 a 493.193. Esto implica una contracción de 19.164 empresas, es decir, casi 30 (28,25) empresas por día, reflejando una tendencia negativa en el tejido empresarial durante el período.
En el mismo período, la cantidad de trabajadores/as registrados/as en unidades productivas se redujo un 2,81%, lo que representa una pérdida de 276.624 puestos de trabajo, al pasar de 9.857.173 en noviembre de 2023 a 9.580.549 en agosto de 2025, representando más de 432 (432,23) trabajadores/as registrados/as menos por día desde la asunción del gobierno de Javier Milei.
No parece haber modelo económico pensado para la recuperación de esos empleos ni del poder adquisitivo. Con un valor equivalente a 225 dólares, el Salario Mínimo, Vital y Móvil de Argentina se hundió por debajo de países vecinos con economías mucho más pequeñas, como Paraguay (411 dólares) y Bolivia (395 dólares), y quedó lejos de los niveles que exhiben Costa Rica (729 dólares), Uruguay (593 dólares), Chile (567 dólares) o Ecuador (470 dólares).
El retroceso del salario mínimo argentino se profundizó durante los últimos dos años en un contexto de inflación persistente, caída del consumo y pérdida acelerada del poder adquisitivo. El SMVM no solo es el más bajo de Latinoamérica, sino que además ya se ubica por debajo del nivel registrado en 2001, previo a la salida de la Convertibilidad.
Apenas hay un plan financiero, atado a los humores de Donald Trump y el FMI. Ni siquiera los bancos de Estados Unidos parecen estar dispuestos a confiar en el plan: se bajaron del salvataje de 20 mil millones de dólares porque no encontraron “garantías” de poder cobrar la deuda. Se trata de uno de los acuerdos de salvataje que habían festejado desde el Ejecutivo y formaba parte de las medidas anunciadas por el secretario del Tesoro de Donald Trump, Scott Bessent. El ministro de Economía, Luis Caputo, solo atinó a relativizar la necesidad de auxilio, contradiciendo lo que celebraba hasta hace unas pocas semanas, cuando se evitó el colapso económico, justo antes de las elecciones.
La frustrada ayuda no parece poner en riesgo la continuidad del ministro, uno de los sobrevivientes en el Gabinete que ya tiene a dos nuevos nombres: Alberto Presti, ex jefe del Ejército, será el primer militar en ocupar el ministerio de Defensa desde la recuperación de la democracia. La designación es toda una declaración política del presidente Javier Milei, que quiere poner fin a la “demonización” de las fuerzas armadas. La alusión no es inocente. El flamante ministro es hijo del genocida Carlos Roque Presti, muerto impune pero imputado por estar a cargo del Regimiento 7 de La Plata (centros clandestinos La Cacha, Arana y Comisaría 5ta). El coronel estaba acusado por 44 crímenes de lesa humanidad.
La otra designación es la de Alejandra Monteoliva, la segunda de Patricia Bullrich en Seguridad -la ex ministra irá al Senado-. La flamante titular de la cartera de seguridad está dedicada al rubro desde 1995. Fue consultora en seguridad en Honduras y El Salvador, donde trabajó en el “exitoso Modelo Bukele”. Es discípula del general Oscar Naranjo, quien incorporó en Colombia técnicas antiterroristas y antinarcóticos de la DEA y el FBI y fue uno de los que logró cazar a Pablo Escobar. Toda una declaración.