Trucos para que tu teléfono sea más lento

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Captar la atención de un individuo es uno de los desafíos más grandes en la “Era de la Dopamina”, donde, aparentemente, lo único capaz de ganarle al ruido es más ruido. Donde yo voy saltando de video en video, escuchando diferentes postulados de personas que no había visto en mi vida y donde cada uno hará todo lo posible por engancharme lo suficiente como para ganarse mi atención. Es entonces cuando me veo obligado a cuestionarme; ¿Quizás un título controversial la capte? ¿O en realidad va más allá?

Comunicar es un arte, sobre todo si desconozco absolutamente a quien le hablo. Pero creo divertido burlarme del sistema de reglas impuestas para quienes comunican: Debe de ser innovador, debe de ser claro, debe de ser llamativo, debe de ser creativo. Aunque hoy ya esos principios son burlados por todos los creadores de contenido, quienes harán lo que fuera por conseguir la mayor cantidad de vistas posibles, o bien de llegar más lejos, pisoteando los argumentos científicos y resignando la sinceridad. Esto lleva a preguntarnos: ¿Qué es comunicar? Y con esa pregunta viene otra; ¿Qué ocurre cuando los seres humanos se comunican? ¿Es solo un frio intercambio de ideas o palabras lo que hace a la conversación?

La era de las redes sociales, trajo consigo una fantástica consigna: “Sos libre de decir lo que quieras”, lo que no te dicen es que si tu objetivo es llegar a más gente debe de ser de una manera y con un contenido específico. Un científico explicando la teoría de cuerdas, sentado en su escritorio, rodeado de libros y hablando de manera monótona a la cámara, no tiene porque interesarle a nadie, limitando el índice de repercusiones de su contenido. Así mismo, como lo es en el claro ejemplo de “Date Un Vlog”, canal de Javier Santaolalla, no es “que comunicar” sino “como” lo que hace la verdadera diferencia, receta la cual, lo llevaría a ser uno de los mayores divulgadores de ciencia de toda América Latina.  

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Mi desafío semana a semana es explicar de manera simple temas extremadamente complejos, porque mi intención de comunicar supera mi intención de “entrar en detalles”. Pero es delicada la línea entre simplificar y desinformar, ya que queriendo decir una cosa puedo decir lo contrario, claro, al mismo tiempo que busco convertir una temática estrictamente científica en un tema de interés. 

La comunicación entre humanos engloba más fenómenos que el del habla y el de la escucha, va desde intercambios de hormonas volátiles hasta la interpretación de gestos y de tonos. La virtualización del “Emisor” de la información, provoca una interpretación obviamente incompleta por parte del receptor, obligando a nuestro cerebro a funcionar en condiciones para las cuales no esta diseñado. Un ejemplo extremo es el invento posmoderno que se hace llamar “Coaching”, el cual se avoca a manipular los gestos, tonos y terminologías en representantes políticos con el fin de garantizar el éxito a la hora de implantar una idea. 

En este sentido, las redes sociales terminan por jugar un papel crucial, debido a su absoluto monopolio de comunicación hoy normalizado. Los algoritmos se terminan por adaptar a nuestro interés, y esto trae como consecuencia que el contenido en general consiga mas vistas en función de a que porcentaje de la población le pueda llegar a interesar. Esto, sumado al “Efecto Hook”, explicado en artículos anteriores, termina por priorizar la repercusión de contenido cómico, o cuyos argumentos no generen controversia ni que quien comunica se cimente sobre una postura concreta, ya que es mal visto. Producto de ello, los creadores de contenido que más repercusión alcanzan son aquellos que se postulan “neutros”, creando una masa de “consumidores” carentes de principios, que prefieren no identificarse con una idea o la otra, paradójicamente volviéndose más versátiles y fáciles de dominar por el sistema.

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Veo crucial que todos entendamos la importancia de discernir apropiadamente aquello que consumimos bajo la influencia de tantas opiniones, por el simple hecho de evitar “efecto manada” y dejarnos guiar por ideologías mal vendidas o por influencers emocionalmente desequilibrados. Apagar las pantallas por unas horas nos ayuda a darnos una verdadera pauta de que es lo que realmente importa, contemplar los efectos del cambio climático, preguntarnos el porqué de las guerras, o bien, quienes somos y que hacemos aquí.

Nos tiende a asustar la idea de salir al mundo real por el simple hecho de que le tememos, se nos ha enseñado a temer al prójimo y sentirnos seguros en la pantalla. El hostil contexto que atraviesa la humanidad el día de hoy, no es sino mas que el fruto del propio miedo y de la enajenación de las personas, que, mas temprano que tarde, terminarían por crear aquello que nos aterra. Esto se da como un subproducto de la enajenación de nuestras mentes, debido a la abstracción exagerada por parte de las redes devenida de los requerimientos de la misma como se mencionó anteriormente, que necesitan exagerarlo todo para poder captar tu atención. Desde gestos hasta imágenes llamativas, se sobre estimula al cerebro con hormonas como lo es la dopamina (hormona de la felicidad), haciendo que seamos “discapacitados emocionales” en la práctica.

Quizás este artículo deba llamarse algo así como “Enajenación en la era de la dopamina”, o “Ruido y más ruido: la decadencia de la comunicación”, pero creo de mayor valor invitar a cuestionar aquello que es normalizado. Creo que una buena manera de enfrentar las reglas impuestas para mantenernos dormidos es, sin duda, aprovecharla en nuestro propio favor. Hacer sátiras de aquello que nos atemoriza, nos deja en claro que es aquello que realmente importa, dotándonos de un peligroso poder; darse cuenta.

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