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El ruido de fábrica del siglo XXI se llama notificación

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Esta vez vamos a comenzar distinto. Porque esta (y otras columnas del mismo tipo) parten de la experiencia personal de quien las escribe. Y quien escribe se distrae fácil y pierde rápidamente el foco con las notificaciones del celular. Me motiva y a la vez interpela profundamente nuestra relación con la tecnología, los efectos que tiene sobre nosotros y, por breves momentos, tener autoconciencia de cómo afecta mis acciones diarias. 

Desde que comencé a publicar estas columnas regresé al ejercicio de “voy a sentarme a escribir”, pero como nunca antes me costó tanto encontrar el foco y el “flujo” para que los artículos no tenga que escribirlos por partes, con interrupciones o circular en un constante “¿en qué estaba?” cuando vuelvo a sentarme y mirar el cursor que titila incansablemente sobre la página en blanco. 

El ping del mensaje de WhatsApp. La vibración del correo nuevo. El globito rojo que apareció en el ícono de la app. El “alguien comentó tu publicación”. El “tu pedido fue despachado”. El “recordatorio: reunión en 15 minutos”.

Cada uno de esos estímulos interrumpe algo. Y lo interrumpe aunque no lo atiendas. Porque el solo hecho de notar que llegó — de desviar la vista, de preguntarte si es importante, de decidir ignorarlo — ya rompió el hilo de lo que estabas haciendo.

Eso se llama cambio de contexto. Y tiene un costo que casi ninguna empresa mide. 

Según investigaciones de la Universidad de California, Irvine, recuperar el nivel de concentración previo a una interrupción toma en promedio 23 minutos. No 23 segundos. 23 minutos. Y el mismo estudio encontró que después de 20 minutos de interrupciones repetidas, los trabajadores reportan aumentos significativos de estrés, frustración y sensación de sobrecarga. No es cansancio acumulado. Es el costo fisiológico de un sistema que exige atención constante.

En el siglo XIX, las fábricas eran ruidosas. Los obreros trabajaban en ambientes donde el ruido era parte del paisaje con máquinas, motores y herramientas. Ese ruido no solo afectaba la concentración: dañaba la salud. Tomó décadas de regulación, de estudios, de presión sindical, para que el ruido laboral fuera reconocido como un problema que el empleador tenía que resolver.

El ruido de hoy es invisible. No daña el oído. Daña la atención.

Y a diferencia del ruido de fábrica, este lo elegimos nosotros mismos. O creemos haberlo elegido.

Más de un tercio de los trabajadores se siente abrumado por la cantidad de notificaciones que recibe durante la jornada laboral, según el Índice de Anatomía del Trabajo de Asana. El 42% dedica más tiempo a los correos electrónicos que hace un año. El 52% realiza más tareas en paralelo durante las reuniones virtuales que hace un año. No son personas más ocupadas. Son personas más fragmentadas.

Pensá en cómo era trabajar antes del smartphone. No necesariamente mejor, había otros problemas. Pero había algo que hoy resulta casi un lujo: bloques de tiempo donde nadie podía interrumpirte si no estaba físicamente en el mismo lugar. La distancia física era una barrera natural al ruido.

Hoy esa barrera no existe. El trabajo llegó al dormitorio, al comedor, a la mesa de las vacaciones. Y las notificaciones llegaron con él. No como una invasión externa, sino como una consecuencia lógica de herramientas que diseñamos para estar siempre conectados sin preguntarnos qué perdíamos al conectarnos siempre.

Lo que perdemos es el trabajo profundo.

El trabajo profundo, ese estado de concentración sostenida donde se produce lo más valioso, donde se resuelven los problemas difíciles, donde aparecen las ideas que no aparecen en las reuniones, requiere tiempo sin interrupciones. No minutos. Horas. Bloques de tiempo donde el cerebro pueda profundizar en lugar de saltar entre estímulos.

El 70% de los trabajadores remotos o híbridos afirma que el trabajo enfocado es más fácil desde casa que en la oficina, según datos de Gallup y múltiples estudios de 2024-2025. La razón principal: menos interrupciones no planificadas. La oficina, que se suponía el espacio ideal para la concentración colectiva, se convirtió en el entorno más hostil para el foco individual. La notificación al menos se puede silenciar. Al colega que aparece en el escritorio, no.

El problema tiene una dimensión económica que pocas organizaciones calculan.

Si un trabajador recibe entre 80 y 120 notificaciones por día — estimación conservadora para alguien con correo, WhatsApp de trabajo y otras plataformas activas — y cada interrupción cuesta en promedio algunos minutos de reenfoque aunque no se atienda, el volumen de tiempo productivo perdido por organización es enorme. No en teoría. En horas reales que nadie está produciendo nada de valor mientras recupera el hilo de lo que estaba haciendo.

Eso no aparece en el balance. Pero está ahí.

El 43% de los trabajadores asegura que el estrés laboral aumentó en 2024, y una parte significativa lo atribuye a la dificultad de desconectarse entre el trabajo y la vida personal, según datos del informe WebWork 2025. La notificación no distingue horarios. No sabe que son las diez de la noche. No sabe que estás cenando. Llega igual. Y aunque no la atiendas, ya hizo lo que tenía que hacer: recordarte que el trabajo sigue ahí, esperando.

La solución no es tecnofobia. No es tirar el teléfono por la ventana ni volver a la carta manuscrita. Es reconocer que las herramientas de comunicación que adoptamos sin debate tienen efectos sobre la capacidad de trabajo y el bienestar que tampoco debatimos.

Algunas organizaciones ya lo entendieron. Establecen horas sin reuniones. Desactivan notificaciones en bloques de tiempo. Normalizan no responder correos fuera del horario laboral. No como políticas de bienestar cosmético, sino como decisiones de productividad: si querés que la gente produzca bien, necesitás darle las condiciones para concentrarse.

La fábrica del siglo XIX tardó décadas en reconocer que el ruido era un problema laboral. La oficina del siglo XXI todavía no terminó de reconocer que la notificación lo es.

Pero el daño no espera al reconocimiento, ya está ocurriendo.

Ping…

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Celulares: la quita del arancel no se refleja en los precios y la baja promedio fue de apenas 2,1% en enero

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La eliminación del arancel del 8% a la importación de celulares prometía un fuerte alivio en los precios finales, pero el impacto real en el bolsillo fue limitado, desigual y todavía insuficiente. Según un informe privado, durante enero los valores bajaron en promedio solo 2,1%, muy lejos del recorte esperado, en un mercado atravesado por diferencias por segmento, marca y nivel de stock.

La medición fue realizada por la Fundación Ecosur, vinculada a la Bolsa de Comercio de Córdoba, que relevó la evolución de precios desde principios de enero y detectó un escenario fragmentado: algunas marcas aplicaron bajas significativas, otras casi no modificaron sus listas y varias, incluso, registraron aumentos, pese a la quita del impuesto.

Una baja menor y muy dispar según el segmento

El informe muestra que el descenso promedio del 2,1% esconde comportamientos muy distintos según el tipo de equipo. Los celulares de gama baja fueron los que más ajustaron, con una reducción promedio del 2,6%, mientras que los equipos de gama alta apenas retrocedieron 0,8%.

El dato más llamativo apareció en la gama media, donde los precios subieron 1,3%, una dinámica que contradice la lógica de un mercado que acaba de recibir un alivio impositivo. En términos concretos, de los 320 modelos relevados, solo 92 registraron bajas, 108 aumentaron y 120 se mantuvieron sin cambios, lo que refuerza la idea de un traslado parcial y heterogéneo de la medida.

Diferencias por marca y el peso de la importación

Cuando el análisis se desagrega por marca, las asimetrías se profundizan. Apple encabezó el ranking de bajas: los iPhone mostraron una caída promedio del 6,5%, posicionándose como los principales beneficiados del cambio normativo. Detrás se ubicaron Samsung, con una reducción cercana al 3%, y Motorola, con una baja promedio del 1,6%.

En sentido contrario, Xiaomi fue la marca que más aumentó, con una suba promedio del 4,2% entre principios y fines de enero. Este comportamiento alimentó la percepción de que no todas las empresas reaccionaron de la misma manera frente a la quita del arancel y que la estructura de costos y abastecimiento sigue siendo determinante.

Desde Ecosur explicaron que, en ausencia de otros factores, la eliminación del arancel del 8% debería haber generado una baja cercana al 7% en los precios de los celulares importados. Además, por efecto competencia, ese movimiento tendría que haber arrastrado también a los equipos de fabricación nacional. “Eso no ocurrió”, señalaron los especialistas.

Una de las razones centrales es que el ajuste inicial se concentró en los equipos íntegramente importados, mientras que los celulares de producción nacional todavía no reflejaron plenamente el cambio. No es casual, en ese sentido, que Apple haya liderado las caídas.

Stock, carga tributaria y un efecto retardo

Otro factor clave es el stock de los comercios. Una parte significativa de los celulares que hoy se venden fue importada cuando el arancel aún estaba vigente. En ese contexto, los menores costos de reposición todavía no impactaron en los precios finales. Este fenómeno genera un efecto retardo: las bajas impositivas no se trasladan de inmediato, sino de manera gradual, a medida que se renuevan los inventarios.

Si esta dinámica se consolida, los analistas no descartan que los precios de los celulares de producción local comiencen a corregirse a la baja en los próximos meses. En paralelo, se suma otro elemento al mercado: ARCA subasta más de 300 celulares, una señal que podría influir en la oferta disponible y en las expectativas de precios.

Aunque el arancel fue eliminado, los celulares importados siguen alcanzados por múltiples tributos: IVA, impuesto interno, tasa de estadística, Ingresos Brutos provinciales y tasas municipales. Aun así, la carga de impuestos nacionales se redujo de forma significativa entre principios de 2025 y la actualidad.

Por cada USD 100 de precio internacional, a comienzos de 2025 se pagaban alrededor de USD 74 en impuestos nacionales. Hoy, ese monto ronda los USD 40. En términos relativos, la presión impositiva pasó de representar cerca del 42% del precio final a aproximadamente el 29%, un recorte relevante que, por ahora, no se refleja plenamente en las góndolas.

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La quita de aranceles no alcanza, los celulares cuestan hasta el doble que en el exterior

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La eliminación de los aranceles a la importación de teléfonos celulares, que entra en vigencia este jueves en Argentina, no se traducirá en una baja significativa de precios para los consumidores. Distribuidores del sector aseguran que el impacto de la medida ya estaba incorporado en los valores actuales y advierten que la elevada carga impositiva interna, el tipo de cambio y los costos logísticos continúan sosteniendo una fuerte brecha con los precios internacionales.
Según un relevamiento de Clarín, los celulares en el mercado local siguen costando hasta el doble que en Estados Unidos y más de un 60% más que en Chile, lo que mantiene vigente el incentivo a comprar tecnología en el exterior.

Una medida anticipada por el mercado

La decisión oficial apunta a mejorar la competitividad y reducir distorsiones en el acceso a bienes tecnológicos, pero el efecto inmediato sobre los precios finales es limitado. Desde los principales distribuidores explicaron que el anuncio fue anticipado y que, por ese motivo, no habrá reducciones visibles en las listas vigentes.

Desde MacStation, distribuidor oficial de Apple en el país, afirmaron de manera textual: “La quita de aranceles ya fue contemplada en los precios de lanzamiento del iPhone 17… No resulta necesario aplicar reducciones en esta instancia”.

En el mismo sentido, referentes de Maximstore señalaron que “en algunas categorías nos adelantamos a las bajas porque sabemos que el costo de reposición será menor”, aunque aclararon que el mayor impacto de la medida se observa en las compras corporativas y no en el consumidor individual.

El diagnóstico del sector es consistente: la eliminación del arancel es solo uno de los componentes del precio final y no compensa el peso de los impuestos internos ni los costos estructurales del mercado argentino.

Brecha regional: Argentina sigue entre los países más caros

El contraste de precios con Chile vuelve a dejar en evidencia las diferencias de costo para el consumidor final, especialmente en los segmentos de gama alta y media-alta.

  • iPhone 17 Pro Max (256 GB): en Argentina se comercializa a US$ 2.229 (aproximadamente $3,3 millones), mientras que en Chile cuesta US$ 1.757 (unos $2,6 millones).
  • Samsung Galaxy S25 FE: el precio local alcanza los US$ 1.216 (alrededor de $1.799.999), frente a los US$ 736 del mercado chileno (unos $1.090.612).
  • Motorola Moto G35 5G: en la gama media la diferencia se reduce, con un valor de $399.999 (US$ 270) en Argentina y US$ 256 en Chile.

Estos datos confirman que, incluso sin aranceles, la estructura de costos local mantiene a la Argentina como uno de los mercados más caros de la región para la compra de tecnología.

Impacto limitado y señales para el consumo

La continuidad de la brecha de precios plantea un desafío para la política de competitividad: la quita de aranceles, por sí sola, no alcanza para modificar el comportamiento del consumidor, que sigue encontrando mejores precios fuera del país.
Mientras tanto, el sector comercial ajusta sus estrategias con cautela, priorizando previsibilidad en los costos de reposición y segmentando los beneficios de la medida hacia el canal corporativo.

En ese contexto, la expectativa de una baja generalizada de precios queda, por ahora, postergada, y la discusión vuelve a centrarse en los factores estructurales que encarecen el acceso a bienes tecnológicos en el mercado argentino.

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Impuestos a los celulares: qué cambia desde este jueves y por qué esperan una baja de precios

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Desde este jueves 15 de enero, el arancel de importación para teléfonos celulares se reduce a cero en la Argentina. La medida, dispuesta por el Decreto 333/2025, completa un esquema de reducción progresiva iniciado en 2024 y apunta a bajar precios, ampliar la oferta y facilitar el acceso a la tecnología, en un mercado marcado por fuertes distorsiones de precios y una brecha significativa con países vecinos.

El Gobierno nacional oficializó la eliminación total del arancel que gravaba la importación de celulares, una decisión que impacta de lleno en la estructura de costos del sector electrónico y que, según la evaluación oficial, debería trasladarse a los precios finales al consumidor. Hasta ahora, el tributo se había reducido al 9,5%, como parte de una transición que culmina con la alícuota en 0%.

El marco normativo y los objetivos de la medida

La eliminación del arancel se instrumenta a través del Decreto 333/2025, publicado en el Boletín Oficial el 14 de mayo de 2025, que estableció un cronograma de reducción gradual hasta su eliminación total. En los fundamentos de la norma, el Ejecutivo sostuvo que la decisión busca mejorar las condiciones de oferta, reducir los precios de mercado y facilitar el acceso de los consumidores a dispositivos tecnológicos.

Lo expuesto mejorará las condiciones de oferta de los bienes objeto de la medida, reducirá los precios de mercado y facilitará, consecuentemente, el acceso de los consumidores a dichos productos, promoviendo la inclusión digital y el desarrollo tecnológico”, señala el texto del decreto.

Desde el Gobierno estiman que la quita del arancel permitirá mayor competencia entre fabricantes e importadores, con impacto directo sobre los precios, especialmente en los segmentos de gama media y alta, donde la Argentina presenta valores sensiblemente superiores a los de la región.

En ese sentido, el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, destacó públicamente la decisión en la antesala de su entrada en vigencia. “A partir de mañana, los aranceles de importación de celulares pasarán a ser del 0%. Menos impuestos, más competencia y mejores precios para todos”, expresó en sus redes sociales, y agregó: “Dios bendiga a la República Argentina”.

Impacto sectorial y tensiones con la industria fueguina

La medida afecta directamente a la industria electrónica radicada en Tierra del Fuego, históricamente protegida por esquemas arancelarios diferenciales y beneficios fiscales. La eliminación del arancel a los celulares importados reconfigura el escenario competitivo, al reducir la ventaja relativa de los equipos ensamblados localmente frente a los productos terminados provenientes del exterior.

Si bien el Gobierno reconoce el impacto sobre el entramado industrial fueguino, sostiene que la prioridad es abaratar el acceso a la tecnología para un mayor número de consumidores y corregir distorsiones de precios que limitan la inclusión digital. En la visión oficial, la reducción de costos para los usuarios finales y el estímulo a la competencia compensan las tensiones que puedan generarse en el esquema productivo vigente.

Brecha de precios y expectativa de ajuste en el mercado

Uno de los argumentos centrales detrás de la eliminación del arancel es la brecha de precios con países limítrofes, particularmente Paraguay. En modelos de alta gama, la diferencia supera el 100% entre los valores locales y los precios en el exterior, lo que alimentó durante años el denominado “tour de compras” tecnológico.

Una comparación de precios actuales ilustra la magnitud de esa brecha:

  • iPhone 17 Pro (256 GB)
    • Argentina: $2.899.999
    • Paraguay: US$1.190 (aprox. $1.695.750)
    • Brecha: $1.204.249
  • iPhone 17 Pro Max (256 GB)
    • Argentina: $3.399.999
    • Paraguay (modelo 1TB): US$1.930 (aprox. $2.750.250)
    • Nota: en Paraguay se consigue el modelo de 1TB a un precio menor que el de 256 GB en Argentina.
  • iPhone 13 (128 GB)
    • Argentina: $1.199.999
    • Paraguay: US$460 (aprox. $655.500)
    • Brecha: $544.499

Con la eliminación del arancel, el Gobierno apuesta a comprimir estas diferencias, aunque el traslado pleno a precios dependerá de otros factores, como impuestos internos, costos logísticos y márgenes comerciales.

Proyección: más acceso, precios a la baja y reordenamiento del sector

En el corto plazo, el Ejecutivo espera que la quita del arancel se traduzca en bajas graduales de precios y en una mayor variedad de modelos disponibles en el mercado local. A mediano plazo, la medida podría redefinir el equilibrio entre producción local e importaciones, obligando a la industria a revisar su esquema de costos y competitividad.

Para los consumidores, el objetivo explícito es claro: celulares más baratos y mayor acceso a tecnología, en un contexto donde el precio de los dispositivos se convirtió en una barrera relevante para la conectividad y la inclusión digital.

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Celular en el aula: el 54% de los chicos admite distraerse con su uso en horario escolar

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El debate sobre el uso del celular en el aula volvió a ocupar el centro de la escena educativa. Varios colegios de Misiones -tanto de gestión pública como privada- adoptaron en los últimos meses una medida clara: prohibir el uso de teléfonos móviles durante las clases, salvo con fines pedagógicos y bajo la autorización del docente. La decisión, respaldada por el Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones (SPEPM), apunta a priorizar los objetivos formativos y restablecer un clima de aprendizaje basado en la atención, el diálogo y la participación activa.

El celular puede ser una herramienta valiosa, siempre y cuando su uso esté orientado al aprendizaje y se realice de forma responsable”, sostiene el SPEPM en su pronunciamiento, donde enfatiza que la escuela es, antes que nada, un espacio de comunicación educativa. El organismo advierte que el uso indiscriminado de los dispositivos se ha convertido en un factor de distracción que “afecta la concentración y el rendimiento académico de los estudiantes”, y subraya la necesidad del acompañamiento familiar para consolidar hábitos saludables de estudio y convivencia escolar.

Distracción récord y aprendizaje en riesgo

Los datos recientes del informe “Celular en la escuela: uso, distracción y aprendizajes” del Observatorio de Argentinos por la Educación son contundentes: el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años declaró distraerse con el celular durante las clases, y otro 46% se distrae por el uso que hacen sus compañeros. Ambos porcentajes son los más altos entre los 80 países evaluados por la prueba PISAcelular aula.

Argentina también encabeza la lista regional en otro indicador preocupante: más de un tercio de los estudiantes (37,6%) nunca desactiva las notificaciones de redes sociales durante la clase, lo que los mantiene en un estado de atención fragmentada y exposición constante a estímulos externos. “Los países con mayores restricciones al uso del celular en la escuela tienden a registrar menores niveles de distracción”, concluye el estudio, que detectó una relación negativa entre la frecuencia del uso del dispositivo y el desempeño en Matemáticacelular aula.

En contraste, países como Japón, Corea del Sur y Macao (China), donde los celulares están limitados o directamente prohibidos en los establecimientos, exhiben los mejores rendimientos académicos y los índices más bajos de distracción.

Educar en la era digital, no renunciar al control

El informe, elaborado por las investigadoras Andrea Paula Goldin (CONICET – UTDT), María Sol Alzú y Leyre Sáenz Guillén, sostiene que el desafío no es excluir la tecnología del aula, sino regular su uso de modo que fortalezca la enseñanza. Goldin advierte que las pantallas activan mecanismos cerebrales que orientan la atención hacia estímulos cambiantes y ruidosos, lo que dificulta la concentración sostenida y puede aumentar la ansiedad y el aislamiento social de los adolescentescelular aula.

La evidencia respalda la posición de las instituciones que optan por restringir el uso libre del celular. El dato empírico muestra que el tiempo de exposición a las pantallas durante las clases está directamente asociado con una disminución del rendimiento. Pero el problema no es tecnológico, sino cultural: “el celular se volvió una extensión del cuerpo adolescente, un símbolo de identidad y pertenencia”, explica el informe, lo que hace más difícil establecer límites dentro del entorno escolar.

El SPEPM plantea que “la educación es una acción de comunicar”, y que los vínculos entre docentes y estudiantes deben priorizar el encuentro presencial, la escucha y la construcción colectiva del conocimiento. Por ello, apoya las decisiones institucionales que, con acuerdo de toda la comunidad educativa, delimitan el uso del celular únicamente a actividades con propósito didáctico y supervisadas.

El consenso con las familias es clave. En un contexto donde el 91% de los adolescentes argentinos posee un teléfono con acceso a internet, la responsabilidad del uso no puede recaer solo en la escuela. “El acompañamiento familiar es determinante para fortalecer la relación entre la escuela y el hogar”, remarca el organismo provincial.

Las aulas del siglo XXI no pueden ni deben renunciar a la tecnología, pero tampoco deben someterse a su lógica de inmediatez y dispersión. Los datos son claros: más control y menos distracción implican más aprendizaje. La prohibición del uso libre del celular no es un retroceso, sino una condición necesaria para recuperar la atención, la convivencia y el sentido pedagógico del espacio educativo.

La verdadera innovación educativa no pasa por tener más pantallas, sino por enseñar a usarlas con criterio, propósito y moderación. En ese equilibrio se juega buena parte del futuro de la educación argentina.

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