Un fantasma suelto en Davos

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La cumbre del Foro Económico Mundial asistió a un evento inusitado. Allí, el presidente argentino, fue el responsable de protagonizar un blooper diplomático de dimensiones escandalosas, obviamente, tapadas por la propia urgencia en la que vive nuestro bello pero azotado país.

Javier Milei llegó a Davos y fue recibido como un rockstar. A su alrededor, periodistas y fotógrafos se alborotaban para poder estar cerca del mandatario. Las expectativas estaban por las nubes, y no los culpo, su figura como presidente es algo que no se ve con frecuencia en Argentina. Su presencia, su irreverencia, su relación amor – odio con las “falacias” y su eterno pleito con la izquierda, eran parte de lo esperado. Claro, esto siempre pensado en un nivel propio de un jefe de Estado y con los argumentos como bandera. 

Paralelamente, el Foro ya había dejado algunas sorpresas. Gaza entró en agenda, cuando todos los flashes se iban con Ucrania y su guerra, la cual parece cada vez más difícil que supere a Rusia. 

Además, la tecnología, robótica e inteligencia artificial fueron eje del debate, por misiva china. Comenzaron a dictaminar un pergamino por el cual los hombres sean siempre los que dominen a las máquinas, y no a la inversa. Algo distópico pero necesario. Asimismo, aunque más predecible, estuvo presente la agenda climática y el futuro inmediato de la sociedad global en términos económicos. Pero había lugar para una sorpresa más.

Volvemos al show de Milei. El presidente se presentó, tembloroso y sin parar de leer, con un discurso que pareciera ser propio de un personaje de Peter Capusotto. El presidente argentino, lejos de hablar del compromiso nacional con la integración internacional, la agenda de política exterior o el abordaje integral de las crisis económicas de países con una inflación endémica como la nuestra, se propuso a propalar un speach escrito por un tuitero promedio. 

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En los tibios minutos del comienzo, según medios internacionales, la vorágine que se sentía por Milei, se fue disipando, para acabar con insulsos aplausos aislados. En el medio, una sarta de aversiones ideológicas que distan en demasía del mensaje de un líder de Estado comprometido. Milei fue capaz, en su exposición TED, de volver a traer a un viejo fantasma a Davos: sí, habló de socialismo y comunismo. Un mundo multipolar pero donde la economía de capital ya no es un eje de discusión, salvo por algunos pocos países, no amerita semejante espacio, pero él lo creó. Habló de la amenaza occidental por el comunismo, como si demócratas y republicanos en Estados Unidos, siquiera piensen que eso puede ser parte de la realidad. Disparó a sangre fría contra el feminismo, como si fuera el gran enemigo de la construcción nacional y la cura de la aplastante economía que padecemos hoy en día y valoró al empresariado como si de un mesías se tratase. 

Para contextualizar, el comunismo se terminó en 1991 con la ruptura de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. De hecho, culpar al socialismo por los males actuales de Occidente está bastante fuera de eje, pero lo más preocupante es que lo hizo en carácter de jefe de Estado frente a pares y multimillonarios de alto nivel. 

Milei parece que se retrotrajo unos 40 años, mínimamente en la historia, cuando el fantasma soviético si era un gran problema para Occidente, los retazos de ese modelo hoy no representan mayor inconveniente, sobre todo si entendemos que China abandonó el modelo de economía colectiva en la década de los 70’s. 

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Ahora, cabe leer entrelíneas lo que hizo Milei. No es solamente que él cree eso, sino que lo dijo dirigido a un grupo grande de personas. Su electorado y gran parte de los outsiders y militantes de las redes sociales son asiduos consumidores de ese tipo de falacias deshistorizadas, y eso sí es algo de impacto global. 

Por ende, el discurso del presidente argentino no fue solo una “declaración de principios” o un “bochorno internacional”, sino que fue un posicionamiento y un “cazabobos” para las redes sociales. 

Así como había latinos militando a Trump, vecinos de El Salvador amando lo que hace Bukele con los presos o clase media alta o clase alta añorando un gobierno como el que instalaron los Castro en Cuba, Milei intenta que los conspiranoicos de las redes sociales le den su respaldo internacional. ¿Funcionará? Ejemplos sobran, aunque la prensa no le jugó muy a favor a Milei.

Mientras Milei juega a tener discusiones de calibre universitarias con los ricos del mundo, Argentina no para de ser pisoteada. 

Su Ley Ómnibus y el DNU están modificando la vida de los argentinos todos los días, pese a su no tratamiento aún, las cosas no paran de aumentar, y el empobrecimiento está a la orden del día. Un régimen político que parece desgastado, soporta, agazapado en una esquina, para evitar el KO de un presidente, que mientras coquetea en redes sociales con el infame Elon Musk, sus propios votantes no llegan a fin de mes. 

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