La Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) y Cargill Argentina anuncian una nueva etapa de Sistemas Productivos Sostenibles, un proyecto orientado a medir, comprender y mejorar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas en la Argentina. Esta fase articula la experiencia técnica y la red territorial de CREA con la capacidad de escala de Cargill, con el objetivo de generar información, aprendizajes y herramientas que contribuyan a una producción más eficiente y responsable.
El proyecto integra un enfoque basado en datos, evidencia científica y trabajo en territorio, con el objetivo de generar información confiable y comparable que contribuya a la toma de mejores decisiones a nivel productivo, empresarial y del agro argentino.
En un contexto en el que la agricultura enfrenta el desafío de sostener su competitividad en el largo plazo, esta alianza propone abordar de manera integrada las dimensiones económica, ambiental y social de la sostenibilidad, promoviendo una producción más eficiente, responsable y resiliente.
“El desarrollo de sistemas productivos sostenibles requiere articulación, evidencia y compromiso en el territorio. Esta alianza con CREA nos permite avanzar en ese camino, fortaleciendo la generación de información y promoviendo mejoras concretas en el sistema agroindustrial”, señaló Fernando Cozzi, Country Representative de Cargill Argentina.
Por su parte, Fernando de Nevares, empresario agropecuario y presidente de CREA, afirmó: “Este proyecto refleja el valor del trabajo colaborativo y de la toma de decisiones basada en datos para generar conocimiento aplicado. Buscamos aportar herramientas concretas que ayuden a los empresarios a mejorar su desempeño y sostener la competitividad del sector en el tiempo. La clave es compartir para mejorar, integrar datos para decidir mejor y hacerlo con una mirada sistémica: entender cómo impactan las decisiones no de manera aislada, sino sobre el sistema productivo completo”.
Un enfoque integral en tres etapas
El proyecto se desarrollará en tres etapas complementarias. En una primera instancia, se diseñará y validará un sistema integral de indicadores de sostenibilidad y se construirán las bases de datos necesarias para establecer una línea de base robusta. En una segunda etapa, se avanzará en el análisis e interpretación de resultados, identificando brechas y oportunidades de mejora. Finalmente, una tercera etapa llevará estos aprendizajes al territorio mediante ensayos y casos demostrativos que permitan evaluar el impacto de distintas prácticas productivas.
El alcance territorial incluirá regiones productivas del Gran Chaco y la Región Pampeana, con potencial expansión en función de la disponibilidad de información y la participación de empresas.
Impacto esperado
Entre los principales resultados del proyecto se incluyen el desarrollo de un sistema integral de indicadores de sostenibilidad, la generación de una línea de base del estado actual de los sistemas agrícolas, la construcción de marcos de referencia para la toma de decisiones y la implementación de casos demostrativos en campo.
Asimismo, la iniciativa busca fortalecer el posicionamiento de ambas organizaciones como socios estratégicos en la generación de información transparente y de valor público, contribuyendo al desarrollo de una agricultura más sostenible, competitiva y responsable.
En 2025 ocurrió algo sin precedentes en la historia de la energía. Casi nadie lo cubrió. Y sin embargo, cambia quién va a dominar la economía del siglo que viene.
Empecemos por el número.
542,7 GW
Nueva capacidad eléctrica que China añadió a su red en un solo año: 2025.
Para entender qué significa esa cifra hay que compararla con algo. La capacidad eléctrica total instalada de Estados Unidos — toda la que fue construida en más de un siglo de historia industrial, desde las primeras centrales de carbón hasta los parques solares más modernos — es de aproximadamente 1.200 GW. China añadió casi la mitad de eso en doce meses.
Pero el número que realmente detiene es este: en 2025, China instaló más capacidad eólica en un año que la que Estados Unidos acumuló en toda su historia.
No es un error de tipeo. No es una exageración. Es un dato verificado por Wood Mackenzie, la Administración Nacional de Energía de China y múltiples organismos internacionales de seguimiento energético.
Ahora la pregunta que importa: ¿cómo llegó China a esto?
La respuesta corta es: con una velocidad que nadie en Occidente tomó en serio hasta que ya era tarde.
En diciembre de 2020, el presidente Xi Jinping anunció que China alcanzaría 1.200 GW de capacidad instalada eólica y solar para 2030. Era una meta ambiciosa. Los analistas occidentales la miraron con escepticismo. Los chinos la cumplieron en julio de 2024 — seis años antes de lo previsto. Al cierre de 2025, la capacidad combinada ya superaba los 1.840 GW, y por primera vez en la historia del país, las energías eólica y solar superaron al carbón y al gas en la mezcla eléctrica nacional.
La energía solar y eólica representó en 2025 el 22% de la generación eléctrica total de China, según la Administración Nacional de Energía. El doble que en 2020. En el primer semestre de 2025, la generación solar creció un 43% interanual. La eólica, un 16%. Y el uso de combustibles fósiles para generación eléctrica cayó un 2% en ese mismo período. No fue un trimestre. Fue el inicio de una tendencia que los modelos energéticos globales todavía están ajustando.
La pregunta más difícil no es cómo lo hizo. Es por qué el resto del mundo no lo vio venir.
La explicación más honesta es que Occidente miraba el pasado. Seguía evaluando a China por lo que había sido — una economía que copiaba, que subsidiaba, que competía por precio. El relato de que China solo manufacturaba barato y sin innovar era cómodo y conveniente. También estaba desactualizado.
Porque lo que pasó en energía eólica no fue solo una cuestión de volumen. Fue un salto cualitativo que el mundo no terminó de procesar.
Ocho de los diez mayores fabricantes mundiales de turbinas eólicas son chinos, según datos de Wood Mackenzie. Las empresas como Goldwind, Envision y Windey no compiten solo por precio: están desarrollando turbinas de más de 10 megavatios — las más grandes del mundo — que reducen drásticamente el costo por proyecto. En 2025, los fabricantes chinos capturaron el 95% de la nueva capacidad eólica instalada en Oriente Medio y África. Goldwind firmó un contrato de 3,1 GW en Arabia Saudita — uno de los mayores de la historia del sector — para abastecer dos parques en el desierto.
El argumento de que China compra cuota de mercado con subsidios ya no alcanza para explicar esto. Un país que diseña, fabrica e instala las turbinas más grandes del mundo no está replicando: está liderando.
Y está exportando ese liderazgo.
Aquí es donde el tema deja de ser energético y se vuelve geopolítico.
Durante décadas, el poder global se midió en barriles de petróleo. Los países que controlaban el petróleo controlaban las economías que dependían de él. Las guerras del siglo XX y del XXI tienen, en su raíz, esa lógica.
La transición energética cambia las reglas. Si el mundo se mueve hacia la electricidad renovable, el poder ya no estará en quien tenga el pozo. Estará en quien fabrique los paneles, las turbinas, las baterías y las redes que transportan esa energía. Y en esa carrera, China ya tomó una ventaja que se mide en décadas, no en años.
Los pedidos internacionales de turbinas chinas crecieron un 66% interanual en 2025 y triplicaron los niveles de 2023, según Wood Mackenzie. África y Oriente Medio son los mercados de mayor expansión. Pero también Europa empieza a mirar hacia las turbinas chinas — no por ideología sino por precio: en un contexto donde la rentabilidad de los proyectos eólicos está bajo presión, las turbinas más baratas del mundo tienen un atractivo difícil de ignorar.
Y ahí está la paradoja que ningún gobierno occidental terminó de resolver: necesitan la tecnología china para cumplir sus propias metas climáticas, pero no quieren depender de ella por razones geopolíticas. El resultado son aranceles que encarecen la energía limpia, regulaciones que frenan la transición y debates que mezclan seguridad nacional con cambio climático sin resolver ninguno de los dos.
Hay un detalle técnico que los analistas mencionan como la próxima frontera y que vale la pena nombrar.
China genera tanta energía renovable que ya tiene un problema nuevo: no puede usarla toda. El viento sopla y el sol brilla en momentos en que la demanda no alcanza para absorber la generación. La solución que el país está implementando — a escala, como todo lo demás — es el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo: usar el exceso de electricidad para bombear agua hacia embalses elevados y soltarla cuando haga falta. China tiene más proyectos de este tipo en construcción que todos los demás países del mundo juntos.
En paralelo, su capacidad de almacenamiento en baterías creció un 75% en 2025 respecto al año anterior.
No está resolviendo el problema del exceso de energía. Está construyendo la infraestructura para dominar también el almacenamiento, la siguiente gran industria de la transición energética.
En 1973, el embargo petrolero árabe dejó a Occidente sin combustible en cuestión de semanas y mostró, con una claridad que todavía duele, cuánto poder tiene quien controla la energía que otros necesitan.
Cincuenta años después, el mundo está en medio de otra transición energética. Y el país que está construyendo la infraestructura de esa transición más rápido, más barato y a mayor escala que cualquier otro no es Estados Unidos. No es Europa. No es ninguna de las democracias que lideran los discursos climáticos en las cumbres internacionales.
En una provincia donde históricamente la riqueza se midió por lo que se extraía del monte -madera, yerba, té, tabaco o biodiversidad convertida en recurso-, está sucediendo una transformación silenciosa. Tardará años en verse, pero que comienza a transformarse en un legado a perpetuidad. En lugar de cortar monte, de expandir la frontera agraria, hay quienes vieron el negocio en reforestar, en cuidar, en replantar monte caído. Y el negocio está funcionando: consiguió inversiones por siete millones de dólares.
La firma detrás de esta transformación es Nideport, que encontró en Misiones el laboratorio perfecto para desarrollar créditos de carbono de alta integridad. Hace seis meses, el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, desarrollado por la empresa Nideport, obtuvo la certificación internacional de Verra bajo los estándares VCS (Verified Carbon Standard) y CCB Gold Label (Climate, Community & Biodiversity – Nivel Oro), el máximo nivel de reconocimiento global por su impacto en clima, comunidad y biodiversidad.
La certificación de 138.000 créditos de carbono (VCUs) posiciona a Vida Nativa como uno de los proyectos de restauración de selvas tropicales más grandes del mundo y el primero de bosque nativo en Argentina en alcanzar este nivel de validación. La certificación abarca dos años, 2021 y 2022, sobre la retención de emisiones en la selva misionera.
Verra -la misma entidad que certifica los bonos de carbono del programa jurisdiccional de Misiones– garantiza que estos créditos poseen trazabilidad, adicionalidad y permanencia verificable, lo que les otorga credibilidad y competitividad en los mercados internacionales.
Juan Núñez -junto a su socio Tomás Gutiérrez– es uno de los empresarios detrás de uno de los proyectos más singulares de la nueva economía verde argentina: transformar la recuperación de bosque nativo degradado en un activo rentable, escalable y financieramente sostenible.
“No podíamos depender de la filantropía. Salvar la selva tenía que ser rentable, porque si no, nunca iba a escalar”, resume, con una frase que funciona como manifiesto de época. “Entendíamos que la filantropía para nosotros no era el camino y que también para que eso sea escalable necesitamos que tuviera rentabilidad. Como cualquier negocio”.
No habla desde el ambientalismo tradicional. Es abogado, viene del mundo de la tecnología y la seguridad, con formación en Israel y trayectoria lejos del universo forestal. Pero encontró en la crisis climática una certeza brutal: el sistema natural del planeta ya no logra regenerarse solo.
“Los umbrales biológicos ya están prácticamente cruzados. El mundo ya no se regenera naturalmente”, dice. “La economía global depende mucho de lo que sucede con los bosques, con la producción incluso hídrica de los ríos y demás, tienen origen en los bosques”.
Juan Núñez y Tomás Gutierrez son los socios fundadores de Nideport, que certificó bonos de carbono en Misiones.
Y allí nació la pregunta fundacional: si toda la economía global depende de los bosques -del agua, del clima, de los suelos, de la biodiversidad-, ¿por qué restaurarlos no podía ser también un gran negocio?
La respuesta apareció en el mercado de créditos de carbono.
Ese sistema, consolidado tras el Protocolo de Kioto y luego reforzado por el Acuerdo de París, permite que empresas que emiten dióxido de carbono compensen su huella comprando créditos generados por proyectos que capturan o evitan emisiones.
Pero no todos los créditos son iguales.
Nideport eligió trabajar en el segmento más exigente y más valorizado: créditos asociados a restauración real de naturaleza, con impacto medible en biodiversidad, trazabilidad tecnológica y licencia social validada con comunidades locales.
“Hoy el mercado está orientado a créditos que restauran la naturaleza. Eso es lo que hacemos nosotros”, explica. “Es un tipo de producto barra servicio ideado para hacer un negocio detrás de restaurar el planeta”.
La compañía emite créditos certificados bajo estándares internacionales de máxima exigencia, entre ellos Verra, principal referencia global del mercado voluntario de carbono, además de la distinción CCB Gold -la máxima calificación por impacto positivo en clima, biodiversidad y comunidades- y una calificación A de Sylvera, que la ubica entre los proyectos IFM de mayor integridad y desempeño del mercado .
La sustentabilidad en Nideport, se construye con datos. La empresa desarrolló una plataforma tecnológica propia basada en inteligencia artificial, drones autónomos y monitoreo forestal en tiempo real que permite supervisar grandes extensiones de bosque y detectar amenazas ambientales antes de que se conviertan en daño irreversible.
Cada árbol plantado está georreferenciado. Cada avance del bosque puede medirse y cada riesgo puede anticiparse.
La estructura incluye tecnología LiDAR, fotogrametría, sensores IoT para detección temprana de incendios e intrusiones, cámaras trampa, cámaras en vivo, imágenes satelitales y protocolos de seguridad orientados a prevenir incendios, monitorear deforestación y detectar incluso caza furtiva en zonas críticas .
Además, incorporan blockchain para garantizar transparencia y trazabilidad total de los créditos emitidos, una condición central en un mercado donde la credibilidad define el valor.
Misiones no es el único territorio en el que invierten. En Uruguay están en la etapa de planificación, gestión y análisis de nuevos ecosistemas y proyectan una expansión global con más de 2 millones de hectáreas evaluadas en múltiples países.
El desembarco en Misiones no fue casual. Uno de los founders tenía tierras en la provincia y fue el anzuelo. Luego, ante complicaciones sucesorias, iniciaron la búsqueda de nuevos campos y encontraron una oportunidad única en el norte misionero: superficies de bosque nativo degradado por décadas de tala selectiva.
“Entendiendo que había una gran oportunidad en Misiones por toda la actividad forestal de bosques nativos”, relata.
No se trata de selva virgen, pero tampoco tierra perdida. Territorios donde todavía sobrevive entre el 20% y el 30% de la biomasa original de un bosque prístino.
“Buscamos tierras que compatibilicen con la emisión de crédito de carbono y que impliquen la necesidad de restaurarlas. Ese es el punto”, explica. “En nuestro caso, en el primer campo que estamos desarrollando, la biomasa está más o menos en un 20% de un bosque prístino”.
Su proyecto insignia es Vida Nativa, en San Pedro, frontera con Brasil: una intervención de 22.878,5 hectáreas sobre el Bosque Atlántico misionero, uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados del continente .
Se trata de una ex forestal belga atravesada por cuatro sierras, con una geografía compleja y una biodiversidad que aún resiste: más de 50 especies endémicas y al menos diez especies en peligro de extinción, incluido el yaguareté .
El modelo fue de arrendamiento con opción a compra. “El arrendamiento genera la rentabilidad que tenía por la extracción de madera, pero con muchos menos conflictos y riesgos”, explica Núñez. “Después adquirimos la tierra y ya la preservamos a perpetuidad”.
Plantar no alcanza: restaurar lleva décadas
Hablar de árboles puede sonar simple. No lo es. La restauración ecológica seria no consiste en plantar especies en línea para una foto institucional.
Implica entender el suelo, los doseles, la dinámica, los corredores biológicos y la recuperación funcional del ecosistema.
En Nideport comenzaron con ensayos en 2021. En 2022 iniciaron plantaciones.
Entre 2023 y 2024 ya superaron los 40.000 árboles nativos plantados y mantienen una proyección de 100.000 árboles para 2026.
“Queremos alcanzar los 100 mil árboles por año, pero con rigor científico. Primero hay que entender el suelo y cómo responde el bosque”, explica. “Hoy ya estamos en 30 mil árboles por año”.
La intervención cubre entre 200 y 300 hectáreas por año, dependiendo del nivel de degradación y de la presencia de “bambucias”, esas etapas de transición natural del monte.
Restaurar completamente un bosque puede llevar entre 20 y 60 años. En algunos casos, incluso siglos.
“La selva puede tardar entre 500 y 1000 años en restaurarse sola. Nosotros aceleramos ese proceso”, dice.
Además, el proyecto ya incorporó una estrategia de conservación a 100 años, una definición poco habitual incluso dentro del mercado internacional de carbono .
Lo que empezó como una idea entre amigos durante la pandemia terminó atrayendo a uno de los fondos más relevantes de América Latina.
“Surge de un grupo de amigos. A mí particularmente se me ocurre que no podíamos ir por la filantropía. Ya conocía el mercado de créditos de carbono por otro inicio de negocio y empezamos a plantear esa idea. Nos agarra la pandemia y en lugar de dedicarle tiempo a Netflix decidimos empezar a desarrollar el modelo”, recuerda.
Draper Cygnus -ligado a Tim Draper, histórico inversor de Tesla y SpaceX- tomó participación en la compañía. Hoy posee el 10%.
En total, entre equity y deuda de impacto, Nideport levantó cerca de siete millones de dólares.
Entre los inversores figuran además Koi Ventures, Antom.la, Alma Vest y Embarca, fondos vinculados a innovación climática y capital de impacto .
Ese capital permitió desarrollar tecnología propia, certificar créditos de carbono -una barrera que muchos proyectos nunca logran superar- y comenzar la fase de retorno. Hoy el negocio ya es rentable.
“Sí, es un negocio rentable. Supera el 40% de retorno”, afirma. “Ya somos un proyecto que logró certificar créditos de carbono, algo que muchos desarrolladores nunca llegan a conseguir”.
Pero advierte: no es un negocio rápido. Requiere paciencia, certificación, tiempo y credibilidad.
No hay greenwashing posible cuando se trabaja con estándares internacionales serios.
En tiempos donde la sustentabilidad suele reducirse a discursos corporativos, Núñez insiste en una premisa poco habitual en el mundo financiero: antes que cualquier aprobación política, importa la licencia social.
Antes que cualquier oficina pública. Primero, la comunidad Mbya.
“Lo importante para nosotros es que el cacique y la comunidad nos den su consentimiento con la comunidad. Eso está antes que cualquier político o estructura de gobierno, los dueños ancestrales de la tierra”, afirma.
Y profundiza: “Eso es el modelo principal. Una vez que tenemos la licencia social, que fue lo primero que hicimos antes de tocar cualquier planta o poner un pie en la tierra, logramos esa aprobación”.
La comunidad Tekoa Alecrín fue el primer actor consultado y hoy forma parte estructural del proyecto, junto al trabajo con cooperativas locales, fortalecimiento comunitario, acceso al agua potable, mejoras habitacionales tradicionales, apoyo educativo y empleo local.
“Nos juntamos con la comunidad, con las cooperativas locales, con el intendente de San Pedro que tiene una apertura muy interesante, y con esa base de licencia social ya estamos conformes”, explica.
Después llegaron las cooperativas, el municipio y recién luego el resto del sistema institucional. En el negocio del carbono, sin legitimidad territorial, no hay proyecto posible.
La burocracia argentina y la urgencia del planeta
Misiones avanza en una estructura provincial para créditos de carbono. La Nación también tiene registros y marcos regulatorios.
Pero para Núñez, el problema sigue siendo la velocidad. “Misiones está recién teniendo una estructura bastante sólida”, señala. “La Nación tiene un tratamiento sobre los créditos de carbono y un registro, pero son realmente estructuras muy burocráticas. Llevamos años en conversación”.
Y ahí aparece una tensión profunda entre la urgencia climática y la lentitud estatal.
Mientras el planeta pierde entre 10 y 20 millones de hectáreas de bosque por año, la regulación suele caminar a velocidad de expediente.
“Si tuviésemos un mercado de créditos de carbono regulado como existe en Japón, en Paraguay o en México, estaríamos en la panacea, pero bueno, es la Argentina”, ironiza Núñez.
“La humanidad necesita restaurar 2.500 millones de hectáreas de bosques desaparecidos”, advierte.
La visión corporativa ya está planteada con una meta concreta: restaurar 45 millones de hectáreas hacia 2035 y consolidarse como referente regional en soluciones climáticas basadas en la naturaleza .
Núñez no evita hablar del contexto político ni de la mirada ambiental del Gobierno nacional.
Sabe que el presidente Javier Milei tiene una visión distante respecto del cambio climático y la agenda ambiental, pero asegura que eso no modifica la convicción de la empresa.
“El Presidente tiene su visión sobre el planeta y sobre lo que es el cambio climático, la restauración ambiental; nosotros tenemos la nuestra”, afirma.
Y remata con una definición que resume su postura: “Así como él no lo frena a nadie, nosotros tampoco, y veremos el impacto que tiene cada uno en el tiempo”.
El legado: devolverle algo a la tierra
Hay una frase que atraviesa toda la conversación y que define más que un modelo de negocios.
“Nosotros generamos recursos naturales donde la mayoría de los modelos se basan en extraer recursos naturales”, dice.
Núñez sabe que el capitalismo define las reglas actuales del juego. Y si la única forma de salvar bosques es que salvarlos sea rentable, entonces prefiere jugar ahí.
“Ojalá que los árboles no tuviesen que pagar por ser salvados. Esto lo hablamos mucho internamente. Nosotros no creamos eso ni pusimos eso ahí”, admite.
“De alguna manera nuestro trabajo y nuestro fundamento es devolver a la tierra lo que está quitando la humanidad”, sostiene. “No sé si es una mochila que nos corresponde, pero sí que asumimos”.
Y concluye con una mirada de largo plazo: “Yo creo que las generaciones futuras particularmente no nos lo van a agradecer. Hoy no sé si se siente tanto, pero estamos muy convencidos de lo que hacemos”.
La consultora misionera MRVT ha dado a conocer los resultados de su más reciente estudio sobre la evolución de la opinión pública en la capital provincial. Los datos, recolectados entre agosto de 2025 y abril de 2026, revelan un escenario de fuerte deterioro en la imagen del presidente Javier Milei, marcado por una migración masiva de la confianza inicial hacia un rechazo que ya alcanza niveles críticos. La misma llega al 60 % de rechazo y la neutralidad pasó a ser participación activa en la sociedad.
El hallazgo más relevante del equipo de MRVT Consultora no es solo el aumento de la negatividad, sino la drástica caída en los niveles de indecisión. El segmento de ciudadanos que optaba por la opción “No sabe / No contesta” (NS/NC) -que funcionaba como un termómetro de expectativa o cautela- ha registrado su mínimo histórico en abril, situándose en apenas un 7%. Este dato es fundamental para entender el fenómeno actual: la sociedad posadeña ha salido de la zona de “espera”.
La masa de votantes que anteriormente se mantenía en una postura neutral o expectante ha tomado una decisión definitiva. Esa “toma de bando” no ha sido equitativa; por el contrario, la gran mayoría de quienes han abandonado la indecisión lo han hecho para engrosar las filas del rechazo, cerrando el margen de maniobra para cualquier intento de recuperación de imagen en el corto plazo.
Un cambio de ciclo: la imagen negativa en el 60%
El informe destaca que la percepción positiva del mandatario ha sufrido un desplome sostenido. Mientras que en septiembre de 2025 la imagen de Milei rozaba el 57% en la ciudad, el relevamiento de abril muestra una caída de 24 puntos porcentuales, situándola en un 33%.
En contrapartida, la imagen negativa ha experimentado un crecimiento disruptivo. En tan solo 30 días, la desaprobación personal del presidente saltó del 47% al 60%, rompiendo un techo estadístico para la serie histórica de la consultora. Este salto de 13 puntos en un solo mes indica que el malestar ya no responde a un desgaste gradual, sino a una cristalización de posturas críticas que hoy son mayoritarias en todas las franjas etarias del panel.
El punto de quiebre y el déficit de confianza
El análisis del Diferencial Neto permite identificar que el punto de inflexión definitivo ocurrió en febrero de 2026. En ese mes, el balance de capital político entró por primera vez en terreno negativo (-1), iniciando una trayectoria descendente que hoy posiciona el diferencial en un crítico 27.
Este indicador es la brújula del estudio: mientras que al inicio de la serie el presidente contaba con un superávit de confianza de 26 puntos en Posadas, hoy enfrenta un déficit de casi 30 puntos en la misma muestra de 220 casos. La definición total del electorado, sumada al pico de negatividad, plantea un escenario de alta polarización con una marcada tendencia desfavorable para la figura presidencial.
Informe de Opinión Pública: Evolución de Capital Político (Posadas)
Metodología: Encuesta Panel Mensual (n=220). Periodo: Agosto 2025 – Abril 2026.
1. Ficha Técnica Tipo de estudio: Encuesta Panel (Seguimiento longitudinal sobre muestra fija). Muestra: 220 casos. Universo: Ciudadanos residentes en Posadas, Misiones. Segmentación por Edad: Jóvenes (16-35 años): 80 casos (Representan la base de expectativas iniciales). Adultos (35-55 años): 85 casos (Segmento motor de la economía local). Adultos Mayores (55+ años): 55 casos (Sector sensible a políticas de seguridad social). Segmentación por Género: Muestra equilibrada (51% Mujeres / 49% Varones) para captar la sensibilidad del consumo familiar y perfiles profesionales y estudiantiles.
Responsable: MRVT Consultora.
2. Desglose Estratégico de Indicadores A. Imagen Positiva (El Piso se desploma) Inició con un apoyo sólido del 56%, traccionado principalmente por el segmento joven (16-35). Sin embargo, la caída sostenida mes a mes hasta llegar al 33% en abril muestra una pérdida de confianza transversal que ya afecta a todas las franjas etarias del panel. B. Imagen Negativa (El Techo hoy del 60%) El salto disruptivo de marzo (47%) a abril (60%) sugiere que el rechazo ha dejado de ser “moderado”. Este aumento de 13 puntos coincide con el mayor malestar detectado en el segmento de 35-55 años, quienes perciben con mayor fuerza el impacto económico. C. NS/NC – Indecisión (Mínimo Histórico) Este indicador es la clave del panel. En agosto tuvimos un 10% de indecisos, pero en abril el dato se desplomó al 7%. Interpretación: El panel se ha definido. Ya no hay lugar para la duda o la postura neutral. Quienes antes “no sabían” ahora se han volcado masivamente a la imagen negativa. D. Diferencial Neto (Deterioro Estructural) La pérdida de 53 puntos de diferencial (de +26 a -27) es el indicador más alarmante para cualquier análisis de gestión. El “punto de quiebre” fue Febrero, donde el diferencial entró en terreno negativo y la desaprobación se volvió irreversible para este panel.
3. Análisis Mes a Mes: La Evolución del Humor Social Agosto – Octubre (La Esperanza): Alta participación definida. Los indecisos suben al 17% en octubre, marcando el primer síntoma de cautela ante las medidas políticas. Noviembre – Enero (La Erosión): La imagen positiva baja del 52% al 44%. El diferencial cae de +17 a +4. El capital político se consume mes a mes. Febrero (El Cruce): Mes crítico. Por primera vez la Negativa (42%) supera a la Positiva (41%). El segmento de Adultos Mayores empieza a mostrar el rechazo más marcado. Abril (El Descalabro): El panel llega a su máxima definición. Con solo un 7% de NS/NC, el 60% de los encuestados califica la imagen como negativa. Es el escenario de mayor polarización y rechazo de toda la serie.
Irán afirmó este sábado que Estados Unidos debe elegir entre la vía diplomática o la confrontación, tras haber presentado una nueva propuesta para poner fin de forma permanente al conflicto entre ambos países, que el presidente estadounidense, Donald Trump, consideró “insatisfactoria”.
“Ahora la pelota está en el campo de Estados Unidos, que debe elegir entre el camino de la diplomacia o la continuidad de una estrategia basada en la confrontación”, declaró el viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, durante una reunión en Teherán con varios embajadores extranjeros, en la que expuso los detalles de la iniciativa, según informó la agencia iraní Mehr.
Gharibabadi explicó que la propuesta fue entregada a Pakistán, país que actúa como mediador en las negociaciones de paz con Washington, y sostuvo que Teherán mantiene su apuesta por una solución diplomática, aunque está preparado para responder ante cualquier nueva agresión de Estados Unidos o de su aliado, Israel.
“La República Islámica de Irán, con el objetivo de garantizar sus intereses y seguridad nacional, está preparada para ambas vías”, subrayó el diplomático iraní, quien no obstante expresó la desconfianza de Teherán hacia Washington y cuestionó la sinceridad estadounidense en el proceso negociador.
Las declaraciones se producen en un momento de estancamiento de las conversaciones, después de que Trump afirmara que la última propuesta iraní no cumplía con las expectativas de su Administración. Según medios estadounidenses, Teherán habría ofrecido el fin definitivo de la guerra y la reapertura del estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento del cerco impuesto por Estados Unidos sobre puertos y buques iraníes, dejando la negociación sobre su programa nuclear para una fase posterior.
Irán y Estados Unidos mantuvieron reuniones de alto nivel en Islamabad los pasados 11 y 12 de abril, sin lograr un acuerdo para poner fin al conflicto iniciado el 28 de febrero. Actualmente, las hostilidades permanecen suspendidas bajo una tregua prorrogada para facilitar el diálogo, aunque sin avances concretos hasta el momento.