Nideport busca escalar desde Misiones el mercado de créditos de carbono de alta integridad
El mercado de carbono no tiene un precio único. Y esa diferencia, que puede multiplicar por diez el valor de un crédito según su calidad, trazabilidad e impacto ambiental, aparece como una de las claves del negocio que Nideport desarrolla desde Misiones.
En el marco del encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), Lucía Larrea explicó que el principal desafío comercial pasa precisamente por lograr que el mercado reconozca el valor diferencial de los créditos de alta integridad frente a una oferta internacional donde conviven activos ambientales de características y precios muy diferentes.
“Principalmente, el desafío es que se valore el crédito de alta calidad. Hay muchísimas empresas internacionales que están realmente buscando este crédito”, señaló Larrea.
La evolución del precio del propio proyecto de Nideport ofrece una medida concreta de ese proceso. Según explicó, cuando la compañía comenzó a desarrollar la iniciativa, sus créditos tenían una valuación cercana a US$4 por unidad. Actualmente, se ubican en un rango de US30 a US45.
“Eso es algo a lo que también el mercado voluntario fue poniéndole precio”, explicó.
La brecha resulta relevante porque muestra una creciente segmentación dentro del mercado global de carbono. Ya no alcanza solamente con acreditar una determinada cantidad de emisiones capturadas o evitadas. Los grandes compradores internacionales comienzan a exigir estándares adicionales relacionados con biodiversidad, impacto social, permanencia del proyecto, monitoreo y trazabilidad.
De Misiones al mercado global
Nideport desarrolla en Misiones Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, un proyecto de conservación y restauración de bosque nativo que comprende unas 22.800 hectáreas y que obtuvo certificaciones internacionales bajo los estándares de Verra, además de la categoría CCB Gold por sus impactos positivos sobre clima, comunidades y biodiversidad.
El proyecto fue certificado con unos 138.000 créditos de carbono —VCUs— y combina conservación forestal, restauración de áreas degradadas, monitoreo de biodiversidad y trabajo con comunidades locales.
Ese conjunto de atributos es el que permite posicionar los créditos en un segmento superior del mercado.
Larrea explicó que esa diferenciación ya está siendo reconocida especialmente por las grandes compañías tecnológicas, uno de los sectores que más activamente busca créditos capaces de demostrar adicionalidad, permanencia y beneficios ambientales verificables.
“Las empresas tecnológicas más grandes están buscando este tipo de crédito”, afirmó.
El desafío aparece, en cambio, en mercados menos desarrollados como el argentino, donde todavía existe un menor conocimiento sobre las diferencias entre los distintos tipos de bonos ambientales.
“Quizás nos cuesta un poco más llegar a mercados como Argentina, donde todavía no llega a estar del todo comprendido qué significa esa integridad en el crédito”, advirtió.
La estrategia de Nideport para ampliar el proyecto está directamente vinculada con la incorporación de tecnología.
Larrea explicó que la experiencia inicial en Misiones permitió comprobar que la tecnología no es solamente una herramienta complementaria, sino una condición para escalar proyectos forestales de gran superficie manteniendo niveles elevados de control y trazabilidad.
“La estrategia para la escalabilidad está totalmente apalancada con la tecnología”, sostuvo.
Nideport utiliza distintas herramientas para monitorear sus áreas de conservación y restauración, entre ellas georreferenciación, drones, imágenes satelitales, inteligencia artificial, sensores, fotogrametría y tecnología LiDAR.
El objetivo es generar información verificable desde el terreno y seguir la evolución del bosque durante períodos prolongados.
“En este primer proyecto nos dimos cuenta de que la tecnología era fundamental para llevar a cabo la tarea en campo y todo lo que tiene que ver también con la trazabilidad de los créditos y de los datos que podemos recopilar”, explicó Larrea.
La combinación entre bosque y tecnología constituye además uno de los principales argumentos comerciales de la empresa: cuanto mayor es la capacidad de demostrar qué sucede sobre el territorio que origina un crédito, mayor es la posibilidad de acceder al segmento premium del mercado internacional.
El valor de los sellos internacionales
Otro elemento decisivo es la certificación.
Larrea destacó particularmente el CCB Gold, la máxima categoría dentro del estándar que evalúa beneficios vinculados con clima, comunidad y biodiversidad.
“Influye totalmente”, respondió ante la consulta sobre el peso que tiene esa certificación en las decisiones de compra de las empresas.
A esa distinción se suma la certificación de Verra, uno de los estándares internacionales de referencia dentro del mercado voluntario de carbono, y la calificación otorgada por Sylvera, firma especializada en evaluar la calidad de proyectos y créditos ambientales.
En el caso del proyecto de Nideport, la calificación obtenida es A.
“Las empresas tecnológicas están buscando todos los sellos de calidad que tienen nuestros créditos: que sean de Verra, que tengan el CCB Gold por impacto de clima, comunidad y biodiversidad, o el rating de Sylvera. En nuestro caso es rating A”, detalló.
La multiplicidad de certificaciones apunta precisamente a reducir uno de los principales riesgos que enfrenta actualmente el negocio mundial de compensaciones: la heterogeneidad en la calidad de los créditos disponibles.
Del mercado voluntario a los mercados regulados
Pero el horizonte de Nideport no termina en las operaciones voluntarias entre empresas.
Larrea señaló que una de las oportunidades de mayor escala podría surgir de la implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París, que establece mecanismos para la cooperación internacional y la transferencia de resultados de mitigación entre países.
Ese fue, precisamente, uno de los ejes discutidos durante el encuentro de AFoA en Posadas.
“Creemos que los Estados y todo lo que estamos hablando en el panel sobre el Artículo 6 del Acuerdo de París nos llevaría a grandes mercados regulados”, sostuvo.
El salto no sería menor. Mientras el mercado voluntario depende fundamentalmente de compromisos corporativos, los mecanismos regulados pueden generar una demanda considerablemente mayor al incorporar metas climáticas nacionales y esquemas internacionales de cumplimiento.
Para Misiones, donde la conservación de la Selva Paranaense convive con una de las principales economías forestales de la Argentina, ese proceso abre una discusión económica que recién comienza: cómo convertir el capital natural y la restauración del bosque en activos capaces de generar ingresos internacionales sin resignar integridad ambiental.
Nideport intenta posicionarse justamente en ese segmento. No competir por el crédito más barato, sino por aquel capaz de demostrar qué carbono captura, durante cuánto tiempo, qué bosque protege y qué beneficios adicionales genera sobre la biodiversidad y las comunidades.
La evolución desde aquellos US4 hasta los 30-45 por crédito actuales, muestra que, al menos en el segmento premium del mercado internacional, esa diferencia ya empezó a tener precio.
