Día: 22 agosto, 2026

Crédito récord: la ganadería lleva su deuda bancaria al máximo en 20 años

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La ganadería argentina atraviesa un ciclo de fuerte expansión del financiamiento bancario. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado a partir de información del Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda de las empresas dedicadas a la cría bovina alcanzaron en junio los US$1.562 millones, el nivel más elevado de los últimos 20 años cuando se mide la deuda en dólares.

Según se desprende de los datos publicados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda provenientes de préstamos contraídos por empresas ganaderas alcanzan -medidos en dólares- su nivel máximo de los últimos 20 años.

Según se desprende de los datos publicados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda provenientes de préstamos contraídos por empresas ganaderas alcanzan -medidos en dólares- su nivel máximo de los últimos 20 años, superando incluso los registros alcanzados entre fines de 2017 y comienzos de 2018, cuando se registró otro de los momentos de mayor expansión del crédito bancario.

Esta situación surge al analizar la evolución de los pasivos contraídos por las empresas ganaderas con entidades financieras, a partir de los saldos pendientes por actividad económica publicados por el BCRA al cierre del segundo trimestre del año.

Como primer punto a destacar, desde comienzos de 2024 hasta la actualidad se observa un crecimiento prácticamente ininterrumpido de los saldos adeudados por las empresas del sector. Según la estadística publicada al 30 de junio de este año, los préstamos bancarios otorgados a empresas ganaderas —específicamente aquellas dedicadas a la cría de ganado bovino, excepto cabañas— ascienden a un total de USD 1.562 millones. Esto representa una expansión del 38% durante los primeros seis meses del año y del 47% respecto de los saldos registrados doce meses atrás.

A priori, los números absolutos muestran que, desde comienzos de 2024, los saldos de deuda contraídos por las empresas del sector se han más que triplicado, al pasar de menos de USD 500 millones a los actuales USD 1.562 millones. No obstante, es válido aclarar que, puesto que los saldos se expresan en dólares a efectos de homogeneizar la comparación, la variación de los montos mencionados puede reflejar tanto cambios en el volumen de crédito como movimientos en el tipo de cambio y en la composición monetaria de dichos préstamos.

A su vez, otro aspecto a destacar es el fuerte crecimiento observado en la proporción de préstamos nominados en moneda extranjera. Actualmente, el 43% de los saldos adeudados corresponde a este tipo de operaciones, frente al 30% registrado un año atrás, el 22% en junio de 2024 y menos del 10% durante los dos años previos.

Si bien la estabilidad cambiaria registrada durante el último año, junto con el menor costo nominal de las financiaciones en dólares, favorecieron las condiciones para la toma de este tipo de préstamos, también se observa una ventaja muy clara al comparar las tasas reales de las financiaciones nominadas en dólares y en pesos.

Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 53% anual para los préstamos en pesos. Si bien es cierto que la historia reciente nos remite a tasas de hasta tres dígitos, especialmente durante el último tramo de 2023, previo al cambio de gobierno, la realidad es que, por entonces, la inflación en pesos llegaba a duplicar ese costo, por lo que el costo real del dinero resultaba negativo.

Hoy, con una inflación promedio fluctuando en torno al 33% anual, la diferencia simple es efectivamente 20 puntos porcentuales. Un año atrás, aún con una tasa nominal más baja, del 47%, pero con una inflación que todavía fluctuaba en torno al 39% anual, arrojaba una diferencia de apenas 8 puntos porcentuales, brecha que prácticamente se duplicó durante el último año.

En términos reales, considerando la relación entre ambas tasas, el costo financiero se ubica en torno al 15% anual frente al 6% resultante, un año atrás.

Distinto es el caso de las tasas nominadas en moneda extranjera. Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 6% anual para los préstamos en dólares, apenas 2 puntos porcentuales por debajo de lo registrado un año atrás. Sin embargo, al considerar la variación del tipo de cambio, tenemos que la inflación en dólares durante este último periodo fue del 7,5% anual, lo que se traduce en una tasa real negativa, para préstamos contraídos en moneda extranjera.

En este contexto, mientras que dos años atrás la inflación en pesos licuaba gran parte del costo financiero de la deuda contraída en moneda nacional, hoy este costo real aumentó significativamente. En tanto, la mayor estabilidad del tipo de cambio frente a la variación del resto de los precios nominados en moneda nacional genera una inflación en dólares superior al costo de contraer financiación nominada en moneda extranjera. De este modo, la ecuación se invierte y la tasa real en dólares se torna ligeramente negativa, (-1,6% anual).

Claro está que, a medida que nos acerquemos al período electoral, estas alternativas de financiación vuelven a tornarse más riesgosas ante eventuales movimientos del tipo de cambio, en un contexto en el que la incertidumbre política tiende a crecer, más allá de la contención que genera la estabilidad de las variables macroeconómicas.

No obstante, más allá del costo real que naturalmente debe tener el dinero en un contexto en el que las tasas pagadas por tomar financiación vuelven a ser positivas para cualquier actividad productiva, lo que el productor ganadero no debería dejar de contrastar es qué rendimiento genera efectivamente esa financiación dentro de su actividad.

En este sentido, el valor del ternero —por tomar la categoría de hacienda más representativa de la cría— creció durante el último año un 68% en términos nominales, frente a un costo de tomar dinero que, en promedio, se ubicó en el 53% anual. Si bien esta comparación no implica por sí misma que toda inversión financiada resulte rentable, sí refleja una relación de precios que, en principio, mejora el atractivo de apalancar determinadas decisiones productivas.

Esta relación favorable, que se viene registrando de manera prácticamente ininterrumpida durante los últimos tres años, genera un contexto potencialmente favorable para la inversión en producción.

Sin embargo, todavía existe un amplio margen para seguir afianzando el financiamiento del sector. La ganadería tiene ciclos productivos largos y una fuerte inmovilización de capital en hacienda. Por eso, no alcanza con que exista crédito: el plazo debe ser compatible con el ciclo biológico y comercial de la actividad.

Esto será determinante para transformar las actuales condiciones favorables de la actividad en mayor inversión, crecimiento y oferta ganadera

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Casi cinco de cada diez interacciones avalan o relativizan el cumpleaños con simbología nazi en Oberá

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Un estudio de auditoría y monitoreo del ecosistema digital sobre la causa judicial por el cumpleaños con simbología nazi realizado en Oberá reveló una radiografía inquietante: casi cinco de cada diez interacciones analizadas expresaron apoyo, defensa o algún tipo de relativización del episodio.

El relevamiento, elaborado por MRVT Consultora, procesó 2.300 comentarios publicados en Facebook e Instagram en posteos periodísticos de medios de Misiones, de otras provincias y de alcance nacional.

El resultado expone una conversación profundamente segmentada, en la que la neutralidad perdió terreno frente a dos bloques activos: uno dispuesto a condenar el uso de símbolos asociados con el nazismo y otro, considerablemente más numeroso, empeñado en minimizarlo, justificarlo o desplazar la responsabilidad hacia quienes denunciaron el hecho.

Según la estimación de la consultora, la cantidad de publicaciones y cuentas involucradas habría proyectado la noticia hacia un universo superior al millón de impactos en redes sociales. La magnitud del alcance convirtió al episodio en algo más que una controversia local: abrió una discusión pública sobre los límites de la libertad de expresión, la memoria histórica, la responsabilidad de los adultos y la naturalización de discursos extremistas.

El dato más grave es categórico: el 44,5% de los mensajes -1.024 intervenciones- quedó comprendido dentro de las categorías de apoyo, defensa o relativización. La condena explícita alcanzó apenas el 28,5%.

La proporción no permite una lectura indulgente. Por cada dos mensajes de rechazo aparecieron aproximadamente tres que buscaron justificar, minimizar o restar gravedad a la utilización de simbología nazi.

Tras la consolidación de los datos, MRVT Consultora distribuyó los 2.300 mensajes analizados en tres grandes categorías:

  • Apoyo, defensa o relativización: 44,5%, equivalente a 1.024 mensajes.
  • Rechazo, condena y crítica ética: 28,5%, con 655 mensajes.
  • Neutralidad o ruido digital: 27%, correspondiente a 621 mensajes.

El primer bloque abarca posiciones diversas, aunque vinculadas por un denominador común: la ausencia de una condena inequívoca. Incluye desde expresiones de apología o adhesión explícita hasta argumentos que reducen lo ocurrido a una cuestión estética, una provocación, una broma o una decisión amparada por el carácter privado de la celebración.

También incorpora los comentarios que trasladaron el eje hacia un supuesto exceso de la Justicia o hacia una presunta persecución de las organizaciones denunciantes.

El segundo bloque reunió las condenas basadas en la defensa de la memoria histórica, los valores democráticos y la responsabilidad institucional. Allí se concentraron los cuestionamientos a la utilización festiva de símbolos vinculados con una ideología responsable del Holocausto, la persecución racial, los campos de exterminio y millones de muertes.

El 27% restante fue clasificado como neutral o ruido digital. Se trata de comentarios genéricos, observaciones pasivas, discusiones laterales o mensajes sin una posición claramente identificable. Su participación disminuyó a medida que la conversación ganó intensidad y se volvió más polarizada.

La banalización como mecanismo de defensa

El fenómeno detectado no se limita a la existencia de adhesiones abiertamente extremistas. Su dimensión más peligrosa radica en la banalización: el intento de convertir la utilización de simbología nazi en una elección temática inocua, una ocurrencia familiar o una expresión que no debería ser sometida a cuestionamientos públicos.

Esa operación discursiva busca quitar al símbolo su contenido histórico. La estética aparece separada de la doctrina que representa; la celebración, aislada de sus consecuencias; y la crítica, presentada como un ataque a la libertad individual.

No es una confusión menor. Es el mecanismo mediante el cual los símbolos del horror son despojados de su significado hasta convertirse en una imagen más dentro del consumo cultural.

El estudio identificó tres estructuras argumentales recurrentes dentro del bloque de apoyo, defensa o relativización.

1. Deslegitimar a las instituciones

La primera estrategia consistió en atacar a la Justicia, a los organismos denunciantes y a las organizaciones relacionadas con la defensa de los derechos humanos.

En lugar de discutir el significado del episodio, numerosos usuarios presentaron la intervención judicial como un acto de censura, una persecución ideológica o un intento de disciplinamiento político.

La maniobra desplaza el centro de la discusión. Cuando el contenido resulta difícil de defender, se desacredita a quien lo denuncia. El problema deja de ser la utilización de simbología nazi y pasa a ser la actuación de la Justicia.

La inversión es funcional a la relativización: quienes usaron los símbolos quedan presentados como víctimas, mientras que quienes señalan su gravedad son convertidos en perseguidores.

2. Vaciar los símbolos de su carga criminal

La segunda táctica fue el reduccionismo semántico, sostenido mediante argumentos pseudohistóricos destinados a separar la esvástica de su apropiación por el régimen nazi.

Algunos comentarios apelaron a significados culturales anteriores o a usos del símbolo en otras civilizaciones para afirmar que su exhibición no necesariamente implica una referencia al nazismo.

La tercera estructura argumental fue la denominada por MRVT como la “trinchera del ámbito privado”.

Bajo esa premisa, una vivienda, una reunión familiar o un cumpleaños funcionarían como espacios ajenos a la intervención estatal y a cualquier responsabilidad social. El argumento sostiene que, por tratarse de un evento privado, los adultos tendrían libertad absoluta para decidir su contenido.

La privacidad, sin embargo, no borra las consecuencias de una conducta ni transforma el hogar en un territorio independiente de la ley. Mucho menos cuando existen imágenes que circularon públicamente, símbolos de odio y menores expuestos a la representación festiva de una ideología totalitaria y exterminadora.

Las condenas quedaron en minoría

El bloque de rechazo representó el 28,5% de la conversación, con 655 mensajes. Allí se concentraron las condenas firmes basadas en la defensa de la memoria histórica, los valores democráticos y la responsabilidad institucional.

Aunque fue considerablemente menor que el segmento de apoyo o relativización, esta categoría registró un crecimiento sostenido durante el desarrollo del debate. 

El comportamiento de los usuarios mostró patrones de segmentación definidos.

El público masculino representó el 64% del total de las intervenciones. Su participación fue más frontal en los hilos de mayor fricción y, dentro de ese segmento, el 82% de los mensajes sostuvo posiciones de aval, justificación o relativización.

El público femenino concentró el 36% de la conversación, pero presentó un comportamiento sustancialmente diferente: el 75% de sus intervenciones condenó el episodio.

Los perfiles femeninos priorizaron argumentos relacionados con la ética institucional, la educación, la memoria histórica y la protección de valores durante la infancia.

La mayor intensidad del debate se concentró entre los adultos de 30 a 55 años. Ese segmento protagonizó los intercambios más hostiles y los hilos con mayor cantidad de respuestas.

Los mayores de 60 años registraron los índices más altos de condena categórica. La memoria generacional y una mayor cercanía con los testimonios históricos sobre la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto podrían influir en ese comportamiento, aunque el informe no establece por sí solo una relación causal.

Entre los jóvenes se observó una dispersión mayor. Allí convivieron condenas, indiferencia, desconocimiento histórico y comentarios asociados con la cultura de la provocación digital.

Esa fragmentación plantea otro problema: cuando los símbolos nazis son utilizados como memes, disfraces o elementos decorativos, su carga histórica puede quedar diluida entre la ironía, el entretenimiento y la búsqueda de repercusión.

El desconocimiento no vuelve inocente al fenómeno. Lo hace más permeable a la manipulación.

El riesgo de una minoría amplificada

MRVT Consultora advirtió que el caso revela una conversación pública altamente susceptible a la intervención de nichos ideológicos capaces de coordinar o sincronizar mensajes.

La reiteración de argumentos similares en distintas publicaciones puede amplificar posiciones que fuera de las plataformas serían minoritarias. La dinámica de las redes premia la confrontación, aumenta la visibilidad de los comentarios extremos y genera una percepción distorsionada del consenso social.

Las plataformas no crean por sí solas el extremismo. Pero pueden ofrecerle velocidad, alcance y apariencia de legitimidad.

El procedimiento es progresivo: primero, la aberración se presenta como provocación; después, la provocación se transforma en controversia; finalmente, la controversia convierte el símbolo en una opinión más dentro del paisaje cotidiano.

La repetición erosiona los límites. Lo que inicialmente provoca rechazo comienza a ser discutido, luego relativizado y, por último, normalizado.

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Interbarge propone bajar hasta US$1.000 por contenedor el costo logístico del NEA con una red de puertos

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La competitividad de la forestoindustria del NEA puede jugarse tanto dentro de un aserradero como sobre el río. Para Diego Azqueta, CEO de Interbarge, la región ya tiene producción, mercados y capacidad industrial para crecer, pero necesita resolver el eslabón que conecta las chacras y las plantas con los puertos de salida. Su propuesta apunta a desarrollar una red fluvial que permita consolidar cargas cerca de los centros productivos y llevarlas directamente hacia destinos internacionales, reduciendo el costo logístico y evitando pasos administrativos innecesarios por Buenos Aires.

Azqueta presentó esta visión durante el encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA). La empresa que conduce opera desde hace dos décadas en la hidrovía y cuenta, según explicó, con 240 barcazas y 14 remolcadores, principalmente afectados al movimiento de cargas paraguayas, brasileñas y bolivianas. Ahora busca ampliar esa experiencia hacia las cargas de Misiones y Corrientes.

El punto de partida de su planteo es modificar la lógica actual del transporte. Para el empresario, cada productor debería poder consolidar un contenedor en su propia planta o en un centro cercano y trasladarlo hasta un puerto de la región, donde pueda iniciar el circuito hacia su destino final. Posadas, Ituzaingó, Corrientes y otros puertos próximos a las zonas productivas formarían parte de ese esquema.

La diferencia no es solamente geográfica. También es económica. Azqueta estimó que, para productores de Eldorado, el ahorro potencial derivado del tramo fluvial podría alcanzar los US$1.000 por contenedor. En Corrientes, donde el costo terrestre hasta los puertos es menor, el beneficio sería más acotado. El dato permite dimensionar cuánto pesa la distancia en la estructura de costos de las empresas del NEA.

El problema aparece cuando esa carga debe pasar por Buenos Aires. Cada desvío incorpora transporte, manipulación y procesos administrativos y aduaneros que, según el empresario, podrían evitarse si existiera una operatoria fluvial integrada desde los puertos regionales. “No tienen por qué seguir pagando el costo logístico que significa llegar a Buenos Aires con la carga consolidada”, planteó.

El cabotaje como cuello de botella

Para Interbarge, la principal restricción actual no es la disponibilidad de producción sino el marco regulatorio. Azqueta definió a la actual ley de cabotaje como un “corset” que limita las alternativas disponibles para operar con embarcaciones, tripulaciones y condiciones que permitan construir una oferta competitiva.

La consecuencia es directa: con las reglas actuales, el transporte fluvial pierde parte de la ventaja que debería tener frente al camión. Según sus estimaciones, operar bajo el esquema vigente puede llevar el costo del transporte fluvial al doble, erosionando buena parte del ahorro potencial que ofrece el río.

“Hay que cambiar la forma de pensar esto”, sostuvo. La compañía propone comenzar gradualmente, pero con una planificación que contemple el desarrollo conjunto de los distintos puertos. La lógica es que una mayor cantidad de cargas permita aumentar la frecuencia, mejorar la utilización de las embarcaciones y reducir progresivamente los costos.

Azqueta puso como referencia una escala de 600 contenedores semanales para que el sistema alcance una dimensión capaz de sostener una operación eficiente. En una primera etapa, los volúmenes podrían ser menores, pero el objetivo es construir una red que permita combinar cargas y destinos.

La estrategia también requiere embarcaciones adaptadas a las características del río. Interbarge trabaja en el diseño de unidades que puedan operar eficientemente en el Alto Paraná, desde la zona de Ciudad del Este e Iguazú hasta la confluencia con el río Paraguay, y continuar luego por el Paraná medio y el Río de la Plata.

El objetivo final es ampliar las alternativas. Buenos Aires, La Plata o Montevideo podrían convertirse en puntos de conexión con los mercados internacionales, pero sin que toda la carga deba concentrarse necesariamente en Buenos Aires antes de comenzar su recorrido marítimo.

Posadas, dentro de una red regional

Azqueta fue enfático respecto del papel del puerto de Posadas. Frente a una consulta sobre las limitaciones actuales de la terminal, aclaró que Interbarge considera al puerto misionero como una pieza relevante de la futura red logística.

La visión de la empresa es que el Alto Paraná debería contar con una cantidad mucho mayor de puertos operativos. Como referencia, señaló que del lado paraguayo existen varios puntos de carga en una zona donde del lado argentino todavía hay una infraestructura portuaria mucho más limitada.

“Creemos que el Puerto de Posadas va a ser muy importante para el sistema”, sostuvo. En su planteo, la terminal misionera no aparece como una alternativa aislada, sino como uno de los nodos de un esquema que debería incorporar también a Ituzaingó, Corrientes y otros futuros puntos de embarque.

Esa integración es clave porque la eficiencia no depende exclusivamente de un puerto. Un sistema con múltiples puntos de carga permitiría acercar el contenedor al productor, combinar volúmenes y ofrecer diferentes alternativas de salida según el destino y las condiciones de cada momento.

El desafío es bajar costos, no solo mover cargas

La discusión sobre la hidrovía suele concentrarse en la disponibilidad de embarcaciones o en la infraestructura portuaria. Azqueta amplió el análisis hacia toda la estructura de costos. Financiamiento, combustible, impuestos, tripulaciones y regulaciones terminan determinando cuánto paga finalmente el productor.

El empresario sostuvo que una operación competitiva requiere inversiones, pero también condiciones financieras razonables. A eso se suman los costos laborales y la necesidad de contar con suficientes tripulaciones para garantizar la continuidad del servicio. “Es un problema completo de todo el sistema”, explicó.

La estructura tributaria también incide. Ingresos Brutos, impuestos vinculados al transporte, combustibles y otros costos se trasladan finalmente al precio del flete. Por eso, para Interbarge, cualquier reforma del cabotaje debería analizarse junto con el resto de las variables que determinan la competitividad.

El planteo tiene una consecuencia política concreta: no alcanza con habilitar un puerto si luego operar desde allí resulta más caro que transportar la mercadería cientos de kilómetros por camión. El objetivo debería ser construir una alternativa logística que sea efectivamente competitiva para las empresas.

Una oportunidad para la forestoindustria del NEA

La propuesta aparece en un momento en que las inversiones forestales de Misiones y Corrientes buscan ampliar su escala y aumentar sus exportaciones. Grandes proyectos industriales ya están modificando la estructura productiva regional, pero el costo para llegar a los mercados externos continúa siendo uno de los principales obstáculos.

Para Azqueta, el río puede convertirse en una herramienta para destrabar ese límite. El transporte fluvial tiene menores costos de mantenimiento y una capacidad de carga significativamente mayor que el transporte terrestre, pero necesita escala y reglas que permitan aprovechar esas ventajas.

La propuesta de Interbarge no plantea que el camión desaparezca. Por el contrario, el objetivo es que cada modalidad cumpla el tramo donde resulta más eficiente: el transporte terrestre para conectar la producción con el puerto y el fluvial para trasladar grandes volúmenes hacia los nodos de exportación.

En esa arquitectura, el puerto deja de ser simplemente una infraestructura y pasa a funcionar como una extensión logística de la industria. Para una empresa forestal ubicada en Misiones o Corrientes, poder consolidar allí la carga y emitir desde ese punto la documentación correspondiente al destino final significaría reducir movimientos, tiempos y costos.

Azqueta resumió el desafío en una premisa empresarial antes que discursiva: Interbarge quiere ganar dinero con el negocio, pero necesita que también gane la región. La ecuación, en su visión, consiste en alcanzar grandes volúmenes, operar con una estructura eficiente y segura y trasladar parte de esa eficiencia al productor.

El mensaje para Misiones y Corrientes es claro. El potencial productivo ya existe y los mercados también. El próximo salto puede depender de que el río deje de ser una frontera logística y pase a convertirse en una vía de salida competitiva hacia Europa, China, Estados Unidos y otros destinos.

La condición, según Interbarge, es modificar las reglas que hoy encarecen esa alternativa. Si el cabotaje logra adaptarse a las necesidades de la producción regional y los puertos comienzan a funcionar como una red, Posadas podría dejar de ser solamente un punto de infraestructura para convertirse en uno de los nodos de una nueva matriz logística del NEA.

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Forestación: Central Puerto proyecta un aserradero de US$ 200 millones y reclama cambios para competir

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En ese escenario, Adrián Salvatore, de Central Puerto, planteó una integración vertical desde las plantaciones hasta la industria y advirtió que logística, regulación y escala condicionan nuevas inversiones forestales. Fue en el marco de la presentación en Posadas de los lineamientos del proyecto para instalar un aserradero en la zona de Santa Rosa, Corrientes. La iniciativa contempla procesar alrededor de 450.000 metros cúbicos de madera por año y abastecerse de unas 30.000 hectáreas de plantaciones.

La propuesta se inscribe en la expansión de Central Puerto hacia nuevos negocios. La compañía, tradicionalmente vinculada al sector energético, incorporó en los últimos años inversiones forestales y mineras y, más recientemente, petroleras. En el caso forestal, Salvatore explicó que la decisión apunta a ir más allá de la tenencia de activos y avanzar en la captura de valor dentro de la cadena productiva.

La empresa incorporó hace aproximadamente tres años unas 180.000 hectáreas forestadas, de las cuales unas 90.000 corresponden a plantaciones de eucalipto y pino. Sobre esa base, la estrategia consiste en desarrollar una industria capaz de procesar parte de esa producción y generar una cadena integrada en la región mesopotámica.

“El diseño nuestro es un aserradero que estaría procesando unas 450.000 metros cúbicos por año”, explicó Salvatore durante el encuentro organizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA). La localización responde, entre otros factores, a la distribución geográfica de las forestaciones y a la necesidad de garantizar el abastecimiento de largo plazo de la planta.

La escala del proyecto también expone una de las discusiones centrales del sector: cómo generar condiciones para que las inversiones forestales puedan alcanzar dimensiones competitivas internacionalmente. Salvatore señaló que el proyecto enfrenta desafíos vinculados con el marco regulatorio y con la posibilidad de acceder a beneficios destinados a grandes inversiones.

En particular, marcó una brecha para los proyectos que quedan en una zona intermedia: inversiones demasiado grandes para encuadrar en determinados esquemas orientados a pequeñas empresas, pero que tampoco alcanzan los umbrales establecidos para los proyectos de mayor escala. Según planteó, una inversión forestal de entre US$100 millones y US$200 millones puede resultar significativa para la economía regional, aunque no necesariamente alcance los parámetros de programas diseñados para megaproyectos de otros sectores.

La cuestión no es menor para la forestoindustria. La competencia internacional obliga a comparar no solamente la productividad de las plantas, sino también el costo de llevar la madera hasta los mercados. Para Salvatore, la logística constituye actualmente uno de los principales condicionantes para el desarrollo de nuevas inversiones.

“Si para poner el material arriba de un barco nos cuesta tres, cuatro, cinco o seis veces más que a un competidor nuestro, cualquier proyecto va a tener un límite”, sostuvo. La distancia a los puertos, los costos de transporte y las restricciones vinculadas con la infraestructura terminan trasladándose al precio final y reducen la capacidad de competir en mercados internacionales.

En esa discusión aparece también el cabotaje como una herramienta potencial para reducir costos. El empresario consideró que una mayor oferta logística y una regulación que permita aprovechar las vías navegables podrían modificar sustancialmente la ecuación de los proyectos forestales de la región.

El planteo coincide con una preocupación que atraviesa a las principales empresas del sector: la industria puede alcanzar niveles de eficiencia dentro de las plantas, pero pierde competitividad cuando la producción sale de la tranquera. La distancia entre los centros forestales de Corrientes y Misiones y los puertos de exportación convierte a la logística en una variable estratégica para definir nuevas inversiones.

Pero Salvatore agregó otro componente: la necesidad de que el sector forestal construya una agenda común. A su criterio, muchas de las dificultades que enfrenta la actividad son abordadas actualmente mediante gestiones individuales de empresas o cámaras, cuando podrían requerir una estrategia colectiva.

El empresario tomó como referencia al sector petrolero, al que definió como altamente competitivo pero capaz de coordinar posiciones entre empresas y con el Estado en cuestiones consideradas estratégicas. Para la forestoindustria, planteó avanzar en una dinámica similar, tanto para resolver problemas regulatorios y logísticos como para aprovechar oportunidades comerciales.

La paradoja que señaló resulta especialmente relevante: mientras dentro del mercado argentino persiste la discusión sobre exceso o falta de madera y una demanda interna debilitada, existen oportunidades concretas en mercados internacionales que podrían ampliar la salida para la producción. El desafío consiste en articular información, inversiones, logística y capacidad industrial para convertir esa demanda potencial en operaciones concretas.

La integración vertical que impulsa Central Puerto se ubica precisamente en ese cruce. La disponibilidad de materia prima constituye una ventaja inicial, pero el paso siguiente requiere transformar ese recurso en productos con mayor valor agregado y colocarlos competitivamente en el mundo.

Para Salvatore, la oportunidad existe, pero exige modificar las condiciones que rodean a la producción. La inversión en capacidad industrial debe estar acompañada por infraestructura, energía, transporte, regulación y mecanismos que permitan sostener proyectos de distintas escalas.

En ese sentido, el proyecto de Santa Rosa funciona como un caso testigo de una discusión más amplia. La Argentina dispone de una base forestal capaz de sostener industrias de mayor escala, pero convertir ese potencial en exportaciones y empleo industrial requiere que la competitividad no termine en la puerta del aserradero.

La conclusión del empresario apuntó justamente hacia allí: el próximo salto del sector no dependerá únicamente de plantar más árboles o instalar más capacidad industrial, sino de construir una cadena capaz de operar con costos competitivos y una agenda común. Para una región que busca ampliar su inserción internacional, la discusión dejó de ser solamente cuánto puede producir la forestoindustria y pasó a ser cuánto valor puede retener antes de que esa madera llegue al mercado global.

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Sarmiento y Colón: la esquina recobrará brillo con un nuevo Duomo

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Hay esquinas que son apenas una intersección de calles y otras que forman parte de la memoria de una ciudad. El cruce entre Sarmiento y Colón pertenece a esta segunda categoría.

Frente al antiguo Hotel Savoy, durante décadas fue uno de esos puntos donde se cruzaban el comercio, la vida cotidiana y las conversaciones de una Posadas que tenía en el microcentro buena parte de su pulso social. Por allí pasaron comercios que todavía sobreviven en el recuerdo de varias generaciones: la Cigarrería Londres, la Tabaquería Alabarda, la Joyería y Relojería París y la tradicional revistería Lezcano.

El edificio, que durante años perteneció a la familia González, fue testigo de aquella época en la que el entorno del Savoy constituía uno de los lugares de encuentro de los posadeños. Después llegaron los cambios comerciales, nuevas centralidades urbanas y un progresivo apagamiento de algunos sectores históricos del centro.

Ahora, la esquina se prepara para comenzar otra historia.

La propiedad fue adquirida por el empresario Omar Closs, quien decidió recuperar el inmueble con una premisa que condicionó todo el proyecto: modernizarlo sin borrar su identidad.

La obra fue rediseñada cuidando especialmente la apariencia original del edificio. No se trató simplemente de aprovechar un terreno estratégico para levantar una construcción nueva, sino de conservar la imagen de una esquina reconocible para los posadeños y, al mismo tiempo, adaptarla a nuevos usos comerciales y residenciales.

El proyecto incorpora locales comerciales en la planta baja y departamentos destinados al alquiler en los niveles superiores. Pero el corazón de la recuperación estará precisamente sobre la esquina.

Allí abrirá, en poco más de un mes, una heladería Duomo, que tendrá una particularidad: no funcionará bajo el modelo de franquicia, sino que será administrada directamente por la propia empresa de Carlos Lancioni.

La elección de Duomo no apareció cuando la obra ya estaba terminada. Por el contrario, estuvo incorporada desde la concepción misma del proyecto.

Fue Closs quien le propuso personalmente a Lancioni instalar la heladería en ese lugar y, a partir de ese acuerdo, buena parte de la intervención del inmueble se realizó pensando específicamente en el futuro local. La arquitectura, la distribución y la recuperación de la planta baja tuvieron en cuenta desde el inicio el funcionamiento de la heladería.

La apuesta excede, por eso, la apertura de un nuevo comercio.

El objetivo es que la actividad gastronómica vuelva a generar movimiento sobre una esquina que durante décadas fue sinónimo de encuentro. Mesas, circulación de personas y actividad durante una franja horaria más extensa pueden producir un efecto que muchas veces las grandes intervenciones urbanísticas no consiguen: devolver peatones a una cuadra.

La llegada de Duomo también se inscribe en el proceso de crecimiento que viene atravesando la empresa misionera.

La firma encabezada por Carlos Lancioni viene ampliando su presencia comercial y recientemente extendió sus operaciones fuera de Misiones, con la apertura de un local en Corrientes capital y en Formosa, donde por primera vez estará la marca. 

La nueva heladería de Sarmiento y Colón tendrá, sin embargo, un componente diferente por su ubicación y por la decisión de gestionarla directamente.

No será un local más dentro de una expansión territorial. Estará instalado en uno de los inmuebles históricos del microcentro posadeño y frente a otro edificio inseparable de la memoria urbana de la capital provincial: el antiguo Hotel Savoy.

Ese diálogo entre ambos edificios puede convertirse también en parte del atractivo de la propuesta.

Porque durante muchos años la esquina tuvo brillo precisamente por lo que ocurría alrededor de ella. El Savoy aportaba huéspedes, reuniones y movimiento; los comercios cercanos completaban un pequeño ecosistema urbano en el que convivían hoteles, tabaquerías, joyerías, revistas, cafés y negocios tradicionales.

El tiempo modificó aquel paisaje. El hotel cerró, algunos comercios desaparecieron y el centro de Posadas fue desplazando parte de su actividad hacia otras zonas. Sin embargo, la recuperación de edificios y la llegada de nuevas propuestas gastronómicas comenzaron a producir un movimiento inverso en algunos puntos del casco histórico.

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