Día: 29 agosto, 2026

“Anna Restaurante de Campo”, de Chaco, es el ganador de la octava edición del “Prix Baron B – Édition Cuisine”

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“Anna Restaurante de Campo”, el proyecto gastronómico de Alina Ruiz ubicado en la zona rural de Juan José Castelli, Chaco, fue elegido ganador de la 8ª edición del Prix Baron B – Édition Cuisine, el premio que desde 2018 reconoce proyectos gastronómicos integrales de todo el país que se destacan por su excelencia, sustentabilidad y visión transformadora. La final, que se realizó en Faena Art Center, reunió a más de 120 invitados para celebrar la diversidad y riqueza de la gastronomía argentina, y el lanzamiento de la Guía Prix Cuisine.

La propuesta ganadora se distingue por revalorizar técnicas ancestrales del norte argentino y desarrollar una filosofía de kilómetro cero, en la que la tierra y los ciclos productivos determinan qué llega a la mesa. El proyecto nació en Finca Don Miguel, donde desde 2009 la huerta, los corrales, el ganado, el ordeñe, el apiario y el monte nativo conforman un sistema productivo que define la identidad de su cocina.

A esta instancia también llegaron “Crujiente”, de Ushuaia, Tierra del Fuego, encabezado por los cocineros Leandro Giménez y Camila Fernández y “Alcanfor”, de Villa Crespo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dirigido por Julian Galende. Los tres proyectos fueron evaluados por un jurado de excelencia tras las presentaciones de los chefs finalistas. El panel estuvo presidido por Mauro Colagreco e integrado por Gonzalo Aramburu, quien participó por segundo año consecutivo, junto a Dolli Irigoyen y Gabriel Oggero, que se sumaron por primera vez como jueces del certamen.

Un proyecto donde la tierra marca el rumbo

“Anna Restaurante de Campo” nació de una relación íntima con el territorio. Su premisa es simple: cocinar aquello que se produce. El menú no es fijo, sino que está determinado por los ciclos productivos y la estacionalidad de la finca.

La sustentabilidad atraviesa toda la estructura del proyecto. De las 50 hectáreas que conforman la finca, 20 corresponden a monte nativo, cuya conservación permite desarrollar ganadería regenerativa, mantener un apiario de 50 cajones y recolectar frutos autóctonos como algarroba, mistol y chañar. A esto se suman la rotación de cultivos, la ausencia de agrotóxicos, el uso de agua de recolección y el aprovechamiento integral de los alimentos.

La propuesta también recupera una dimensión social y cultural, a partir del trabajo de Alina Ruiz con mujeres y comunidades del Impenetrable en torno a la soberanía alimentaria, la recuperación de recetas ancestrales y la valorización de productos de recolección. En su cocina conviven raíces Qom, criollas e inmigrantes, reinterpretadas a través de técnicas contemporáneas.

Para la final, Alina presentó “Lingote de cabrito, chanfaina y papel de nuestro ordeñe”, maridado con Baron B Extra Brut. El cabrito es criado y faenado en la propia finca; la leche del ordeñe diario se deshidrata para convertirse en un “papel de leche”; y la chanfaina recupera vísceras y sangre en una preparación vinculada a la cocina de las familias productoras. El plato sintetiza así la filosofía del proyecto: producción, memoria, territorio y aprovechamiento integral de las materias primas.

“Desde 2009 tenemos este proyecto. Verlo hoy acá gracias a la elección del jurado y todo este reconocimiento a nosotros, es reconocer también el trabajo de varios años. Buscamos durante mucho tiempo poder visibilizar Anna Restaurante de Campo y el trabajo que venimos realizando, nuestro proyecto no va a ser el mismo luego de este premio” comentó Alina Ruíz y agregó – “Una cosa es llegar a Resistencia donde aterriza el avión, otra es llegar a las puertas del Impenetrable, donde estamos nosotros. Estar acá es visibilizar esa parte de la provincia”. 

Como ganadora, Alina Ruiz recibió un corcho bañado en oro, tallado por el orfebre argentino Juan Carlos Pallarols, un premio económico de $3.000.000 y un viaje a Francia para realizar una pasantía en Mirazur junto a Mauro Colagreco.

Las otras propuestas que llegaron a la final

“Crujiente”, de Leandro Giménez y Camila Fernández, propone una experiencia de cenas a puertas cerradas para 14 comensales, centrada en la identidad fueguina y el vínculo con pequeños productores, pescadores, recolectores e investigadores. Su cocina se adapta a los ciclos naturales y a las condiciones del territorio, con un menú compuesto casi en su totalidad por productos fueguinos. Para la final presentó “Costa y Huerta”, con mejillones del canal, papines chilotes, salicornia encurtida, espuma de papa fermentada y garum de róbalo, maridado con Baron B Extra Brut.

“Alcanfor”, liderado por Julián Galende, construye una propuesta de cocina urbana que toma a Buenos Aires como territorio y punto de encuentro entre distintas culturas, ingredientes y memorias. Su enfoque de sustentabilidad incluye el aprovechamiento integral de las materias primas, la reutilización de excedentes, el compostaje y la reducción del uso de plásticos descartables. En la final presentó cordero grillado con milhojas de repollo, puré de cebolla caramelizada, naranjas quemadas y demi-glace de cordero, maridado con Baron B Brut Nature. 

Los dos proyectos finalistas recibieron un corcho bañado en plata, también realizado por Pallarols, y un premio económico de $1.500.000 cada uno.

Las voces del jurado

Mauro Colagreco, quien preside el jurado desde la primera edición dio la bienvenida y comentó- “El Prix Baron B Edition Cuisine continúa generando interés y ayuda a impulsar gastronomía local, de autor y territorio, muy federalmente, desde Jujuy a Ushuaia. Año tras año veo más la fuerza y el nivel que tiene Argentina en la gastronomía, a pesar de las complejidades del contexto, no se ve en otras partes del mundo la potencia que tiene nuestro país, yo que tengo la oportunidad de viajar y conocer otras culturas, no he visto proyectos como los que descubrimos aquí.”. Y agregó – “Este año, vino con una gran novedad,  el lanzamiento de la Guía, donde están todos los finalistas desde el comienzo del premio, la idea es poder darle visibilidad a todos estos proyectos a lo largo y ancho del país para también impulsar a otros proyectos a participar a futuro.” 

Gonzalo Aramburu, quien participó por segunda ocasión como jurado:  “Participar por segundo año es un orgullo, han llegado grandes proyectos donde pudimos ver la diversidad de Argentina, que se reflejó en los tres finalistas, realmente me conmueve. Me hace reflexionar mucho donde estoy y qué hago hoy día, estar en este premio es realmente una celebración de la gastronomía.” 

Dolli Irigoyen destacó “Es emocionante ver la cantidad de proyectos que tiene este país, no solo estos tres finalistas, sino todos los que hemos evaluado, la diversidad y la calidad que hay. Sin pasión no se llega a ningún lado” y agregó “Cada vez vemos más cómo crece la gastronomía en Argentina, cómo evoluciona. En los últimos años, lo más interesante es la importancia que se le está dando a los productores, el reconocimiento a las diferentes regiones y a la gente que trabaja el campo… que en este premio se pone en evidencia y que hace que se puedan presentar proyectos como estos” 

Gabriel Oggero “Es un honor participar por primera vez del Prix Baron B Édition Cuisine, realmente habían muchos proyectos súper interesantes. Los tres finalistas comparten un montón de cosas que hace años atrás no estaban en la mesa y están hoy representandolo, es increíble, representan la historia, producto y lugar muy fielmente, podes hablar horas con ellos que te van a contar el nombre de cada productor, como usan la materia prima… ese es el enriquecimiento del aprendizaje. Es un orgullo para nuestra gastronomía también que hayan llegado a la final proyectos como Crujiente que ponen en lo alto la riqueza del Mar Argentino.”

Lanzamiento de la Guía Prix Cuisine

La final tuvo además un motivo especial de celebración: Baron B presentó la Guía Prix Cuisine, una guía digital que reúne la historia de las siete ediciones anteriores del premio: sus jurados, finalistas, ganadores, platos, ingredientes y las distintas regiones del país que fueron construyendo, edición tras edición, un mapa cada vez más amplio de la gastronomía argentina.

Concebida como un archivo vivo, la guía se actualizará todos los años para incorporar nuevas historias, cocineros, territorios y propuestas, y preservar así la memoria y evolución del Prix Baron B Édition Cuisine.

Como parte de este lanzamiento, fueron invitados al evento finalistas y ganadores de las siete ediciones anteriores, quienes volvieron a encontrarse para celebrar el recorrido realizado y, junto a los nuevos protagonistas, seguir escribiendo la historia del premio.

En cada edición este premio ha ido creciendo y se ha convertido en el certamen más prestigioso para la gastronomía nacional y el más representativo a nivel federal, habiendo tenido participantes de Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Jujuy, Chubut, Rio Negro, Tierra del Fuego, Misiones, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Santa Cruz, Salta y Santiago del Estero.

Descubrí la Guía en  https://www.guiaprixcuisine.com.ar/ 

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Impulsan la rosella como una alternativa productiva en Misiones

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Misiones busca ampliar su matriz productiva y la rosella aparece como una alternativa con potencial para la agricultura familiar y la elaboración de alimentos con valor agregado. La especie, conocida científicamente como Hibiscus sabdariffa L., produce cálices de color rojo y carnosos que pueden utilizarse en bebidas, infusiones, mermeladas, jarabes y otros productos.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de su Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, trabaja en la caracterización de los materiales utilizados en la provincia y en la generación de información técnica para mejorar su producción. Originaria de África y posteriormente difundida hacia Asia y América, la rosella encuentra en las regiones tropicales y subtropicales condiciones favorables para su desarrollo, entre ellas las del noreste argentino.

El interés productivo está vinculado también con su capacidad de adaptación y con un ciclo que puede integrarse a sistemas diversificados. La planta presenta un crecimiento rápido y puede alcanzar los dos metros de altura bajo condiciones favorables. En Misiones, buena parte de la producción actual se realiza mediante semillas conservadas e intercambiadas entre productores familiares, una práctica que derivó en poblaciones con diferencias en porte, pigmentación, tamaño de los cálices y fecha de floración.

Esa variabilidad es precisamente uno de los aspectos que el INTA busca caracterizar. Conocer el comportamiento de los materiales disponibles permitiría avanzar hacia una producción más homogénea y mejorar la planificación del cultivo, especialmente si la rosella comienza a incorporarse como una alternativa comercial dentro de establecimientos que ya producen otros cultivos.

En términos agronómicos, la planta comienza a florecer, en líneas generales, alrededor del 21 de diciembre, cuando los días empiezan a acortarse. La implantación puede realizarse mediante siembra directa o a través de almácigos y posterior trasplante.

La preparación de la semilla también puede favorecer el establecimiento del cultivo. El INTA recomienda mantenerla en agua durante 24 horas antes de la siembra para acelerar y uniformar la germinación. En los materiales evaluados en Misiones se obtuvieron porcentajes de germinación cercanos al 85%.

Para la implantación se recomienda una distancia de un metro entre hileras y 0,80 metros entre plantas, lo que representa unas 12.500 plantas por hectárea. El cultivo requiere plena exposición solar y tanto la siembra como el trasplante deben realizarse durante la primavera, evitando el período de heladas.

El manejo del suelo es otro de los factores determinantes. Desde el INTA recomiendan realizar previamente un análisis que permita definir las necesidades de fertilización y prestar especial atención al drenaje. El uso de mulch, compost y abonos puede ayudar a conservar la humedad y mejorar las condiciones del suelo, mientras que durante los primeros 50 días resulta fundamental controlar las malezas.

Una producción que busca valor agregado

Las experiencias realizadas en las condiciones productivas de Misiones permitieron obtener entre 1,5 y 2 kilos de cálices frescos por planta. La relación entre producto fresco y seco es significativa: para obtener un kilo de cálices secos se necesitan aproximadamente cinco kilos de producto fresco. Una vez finalizado el proceso de secado, el material debe conservar una humedad inferior al 9%.

Ese proceso abre una segunda dimensión para la actividad: la transformación. El principal producto comercial son los cálices, pero su utilización no se limita a las infusiones. La rosella puede incorporarse a la elaboración de jarabes, mermeladas, jaleas, salsas, concentrados y colorantes naturales.

También puede combinarse con té o yerba mate, aportando sabor y color. Para una provincia cuya matriz agroindustrial tiene precisamente a la yerba mate y al té entre sus principales cadenas, esa posibilidad permite pensar la rosella no solamente como un nuevo cultivo, sino también como un insumo para desarrollar productos diferenciados.

La especie, además, ya está contemplada por el Código Alimentario Argentino, un aspecto relevante para avanzar desde una producción experimental o de pequeña escala hacia alimentos elaborados con destino comercial.

La oportunidad, en ese sentido, no pasa únicamente por sumar hectáreas. El desafío productivo consiste en construir una cadena que conecte semillas y manejo agronómico con secado, acondicionamiento, transformación y comercialización. Para pequeños productores, esa integración puede ser más relevante que el rendimiento aislado por hectárea.

La experiencia del INTA Cerro Azul aporta en ese punto una base técnica para reducir la incertidumbre inicial. La caracterización de los materiales, la definición de prácticas de implantación y manejo y la evaluación de rendimientos permiten transformar una alternativa todavía incipiente en una opción productiva con parámetros concretos.

Para Misiones, diversificar no implica necesariamente reemplazar sus cadenas tradicionales. La rosella puede ocupar un espacio complementario, especialmente si logra integrarse con la agricultura familiar y con industrias capaces de convertir una materia prima de bajo volumen en productos diferenciados. El próximo paso será determinar si esa oportunidad agronómica puede convertirse, de manera sostenida, en una oportunidad económica.

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Replanteando el desarrollo

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Por Gordon Hanson, Dani Rodrik y Rohan Sandhu / F&D FMI – El futuro del desarrollo económico será muy diferente al de su pasado

La economía mundial está entrando en una nueva etapa en la que la seguridad nacional y los objetivos geopolíticos ocupan un papel mucho más importante en las agendas políticas gubernamentales. Incluso dejando de lado el declive del multilateralismo y el aumento de la protección comercial en las economías avanzadas, la industrialización orientada a la exportación ha perdido su brillo como vehículo de confianza para el crecimiento económico y la creación de empleo. El cambio climático sigue siendo una amenaza constante, mientras que la revolución de las energías renovables ofrece tanto esperanza como nuevas posibilidades de cambio estructural.

Adaptarse a estas disrupciones requiere una reconsideración sustancial de las estrategias de crecimiento tanto en países de ingresos bajos como medios. El enfoque debe cambiar de las industrias orientadas a la exportación hacia la gran mayoría de las personas en países de ingresos bajos y medios que trabajan en sectores de servicios tradicionales no comercializados. Mejorar la situación de los vendedores ambulantes, trabajadores de la industria colaborativa, microemprendedores y otros que no han sido tocados por los mercados globales hará más por las economías nacionales en desarrollo que, por ejemplo, montar smartphones. Los responsables políticos harían bien en adaptarse cuanto antes.

El objetivo del desarrollo económico no ha cambiado: una mayor productividad laboral y la oportunidad de obtener un ingreso digno. En el pasado, las estrategias de crecimiento exitosas enfatizaban capacidades fundamentales junto con el cambio estructural (Rodrik 2014). Los fundamentos se centraban en la gobernanza, las instituciones, los mercados integrados y el capital humano. El cambio estructural se logró mediante la industrialización: convertir a los agricultores rurales de subsistencia en obreros urbanos de fábricas. Cuanto más rápida es la industrialización, más rápido será el crecimiento económico resultante. Y cuanto mayor sea la inversión en fundamentos, mayor será la probabilidad de un crecimiento sostenible.

Patrones de empleo

Ese modelo solo ha llegado hasta cierto punto y puede que se desarrolle esencialmente para muchas economías en desarrollo. Consideremos los futuros patrones de empleo en el mundo en desarrollo. Basándonos en la demografía actual, la educación, el comercio y las tendencias de industrialización, podemos hacer algunas proyecciones aproximadas de la composición ocupacional. La Tabla 1 clasifica las ocupaciones en función de los requisitos educativos (colegio/no colegio) y la exposición al comercio internacional (expuesto/protegido) una década después para todas las economías en desarrollo, excluyendo China (que requiere un tratamiento separado dado su avance inicial en la manufactura). Listamos ejemplos de trabajos en cada celda.

Las cifras tienen implicaciones sorprendentes. Primero ten en cuenta que la mayoría de los trabajadores no tendrán estudios universitarios. En segundo lugar, más de tres cuartas partes estarán en ocupaciones que no están directamente expuestas a la economía internacional, ya sea a través del comercio o de la “deshorcabilidad”. Lo más importante es que aproximadamente dos tercios de la fuerza laboral del mundo en desarrollo estará en ocupaciones que no requieren educación universitaria y que no son negociables. Actualmente, estos son trabajos de muy baja productividad, predominantemente informales como la venta ambulante, el trabajo doméstico y de restauración, y la agricultura de subsistencia.

La conclusión ineludible es que los modos estándar de transformación productiva —es decir, la inversión en educación convencional y la industrialización orientada a la exportación— ya no pueden generar grandes cantidades de buenos empleos. Por tanto, estas estrategias no contribuirán mucho a las oportunidades de ingresos para la mayoría de los trabajadores en economías en desarrollo. En cambio, el desafío central del desarrollo económico actual es cómo aumentar la productividad en los empleos no comercializados, principalmente en servicios, que no requieren una educación universitaria estándar. Esa pregunta debería enmarcar todas las discusiones sobre el futuro de la estrategia de desarrollo.

Servicios no comerciales

A principios de este año, lanzamos la Iniciativa de Transformación Económica Global de la Escuela Kennedy de Harvard para ayudar a los responsables políticos a encontrar respuestas a este desafío del desarrollo económico. Nuestra conferencia inicial destacó nuevas investigaciones sobre la importancia de los servicios para el crecimiento económico y, especialmente, evidencias recientes de los académicos Tianyu Fan, Michael Peters, Youdan Zhang y Fabrizio Zilibotti que sugieren que existe un crecimiento significativo de la productividad en muchos servicios no comerciales tradicionalmente considerados estancados. Al mismo tiempo, nuestras discusiones revelaron que muchos líderes de economías en desarrollo siguen firmes en la importancia de la industrialización como vehículo para la diversificación económica, la transición verde, las exportaciones y el crecimiento. Al fin y al cabo, los servicios denotan en gran medida actividades de baja cualificación, baja productividad y supervivencialistas en la mayoría de los países.

La manufactura es importante por varias razones (recaídas de productividad y aprendizaje, atracción de inversión, seguridad nacional), pero ya no es la generadora de empleo que fue antes. Se ha vuelto considerablemente más intensivo en capital en la mayoría de los países y sectores. El crecimiento de la productividad en los enclaves industriales no es significativo para el desarrollo económico si no crea también empleos para el resto de la población. Y centrarse en sectores como los semiconductores, el montaje de smartphones o vehículos eléctricos no impulsará por sí solo mucho crecimiento. El enfoque debe estar en generar crecimiento de la productividad en actividades donde la mayoría de los empleos están y permanecerán. Necesitamos una versión actualizada de las políticas industriales que funcionaron bien para fomentar la industrialización, pero esta vez principalmente para los servicios no comercializados.

Esa estrategia tiene dos patas. Uno se centra en el lado de la oferta laboral, en la formación profesional y el desarrollo de la fuerza laboral. La otra se centra en la demanda de mano de obra, en mejorar la productividad de las empresas locales. Estas dos caras deben coordinarse para lograr el máximo impacto en el empleo productivo.

Nuestras proyecciones indican que para la mayoría de los trabajadores en economías en desarrollo, y en el futuro previsible, la transición al mercado laboral será un paso directo de la educación secundaria al mundo laboral. Una transición exitosa implica replantear nuestro enfoque en el desarrollo de la fuerza laboral. La educación secundaria en muchos países hoy en día hace poco para aumentar el poder de ingresos individual. Las clases no están orientadas a las habilidades ocupacionales que buscan los empleadores ni enseñan a la gente las habilidades blandas necesarias para encontrar buenos empleos y avanzar profesionalmente.

Oportunidades de cambio

Sin embargo, abundan las oportunidades de cambio. Muchas economías en desarrollo han hecho recientemente o están considerando hacer obligatoria la educación secundaria superior (para edades de 15 a 18 años). Esto abre una ventana para que la formación profesional y técnica en sistemas educativos reemplace los modelos fallidos del pasado. Existe evidencia creíble de que este tipo de formación puede ser eficaz en una amplia variedad de entornos. La digitalización continua de los datos de educación y empleo, incluso en países de bajos ingresos, permite diseñar, probar e implementar programas que respondan a necesidades específicas del mercado laboral regional de una manera que antes era inimaginable. En países de ingresos altos y algunos de ingresos medios, los programas profesionales y técnicos sub-bachillerato forman a trabajadores para buenos empleos en sanidad, construcción, servicios personales y soporte e infraestructura informática. Si se modifican adecuadamente, estos enfoques son fácilmente aplicables en todo el mundo en desarrollo (Hanson 2026).

En cuanto a la demanda, necesitamos políticas industriales más adecuadas para las empresas más pequeñas que dominan los servicios. Una estrategia busca animar a las grandes empresas a invertir en las capacidades de sus proveedores u otras pequeñas empresas. Por ejemplo, las empresas de plataformas pueden ayudar a empresas minoristas y de servicios de restauración, así como a trabajadores de plataformas que usan sus sistemas con asistencia técnica y de marketing. El gobierno puede impulsar a estas empresas a hacer aún más y puede trabajar con exportadores consolidados, operadores mineros y grandes minoristas para expandir y mejorar productivamente su red de proveedores locales. Muchos grandes empleadores cuentan con programas de formación exclusivos que pueden adaptarse para servir a una gama más amplia de empresas.

Otra estrategia proporcionaría a las micro y pequeñas empresas recursos públicos directos que aumenten la productividad. Muchos gobiernos ya ofrecen estos servicios, que van desde préstamos hasta formación en gestión. Pero estos programas normalmente no están orientados a la productividad y rara vez tienen en cuenta las limitaciones a las que se enfrentan las pequeñas empresas. La evidencia de intervenciones en economías en desarrollo sugiere que una formación gerencial cuidadosamente dirigida, la asistencia en marketing y la provisión de tecnología pueden aumentar la productividad y el empleo en empresas informales más pequeñas (Rodrik y Sandhu 2025).

Aprendizaje y experimentación

De estas nuevas políticas surgen varios mensajes clave, ya sea centrados en trabajadores o empresas. Primero, los empleos productivos son la clave para el desarrollo económico, y cuantos más haya, mejor. La tecnología, la innovación, las exportaciones e incluso el propio crecimiento son insuficientes si benefician solo a un segmento reducido de la fuerza laboral. En segundo lugar, el éxito en el ámbito del desarrollo dependerá en gran medida del destino de los servicios no comercializados. Estas actividades están dominadas por empresas más pequeñas, pero generan la mayor parte del empleo. Sin un aumento sustancial en su productividad, el desarrollo se estancará.

El éxito depende de una cultura de aprendizaje y experimentación. Los gobiernos no pueden elegir ganadores; No saben de antemano qué funcionará. Esta incertidumbre debe tenerse en cuenta en los programas gubernamentales. Los enfoques colaborativos e iterativos, abiertos a revisión y centrados en eliminar restricciones mediante el apoyo público, deben sustituir los programas de arriba abajo por subvenciones fiscales y parámetros fijos del programa.

Se dice que los generales siempre se preparan para luchar en la última guerra. Los profesionales del desarrollo deben evitar ese error y aceptar los nuevos enfoques que requieren las circunstancias cambiadas.

GORDON HANSON es el profesor Peter Wertheim de Política Urbana en la Universidad de Harvard y asociado de investigación en la Oficina Nacional de Investigación Económica.

DANI RODRIK es la Profesora Ford Foundation de Economía Política Internacional en la Harvard Kennedy School.

ROHAN SANDHU es el director fundador de la iniciativa Reimagining the Economy en la Harvard Kennedy School.

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Alimentos y bebidas subieron 0,9% en la cuarta semana de agosto

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Los precios de alimentos y bebidas registraron una suba de 0,9% durante la cuarta semana de agosto, según el relevamiento de la consultora Analytica. Con este resultado, el aumento acumulado en el promedio de las últimas cuatro semanas alcanzó el 1,7%, mientras que la estimación para el nivel general de precios del mes se mantiene en 1,7%.

El dato muestra una desaceleración respecto de los incrementos más elevados observados en algunos rubros específicos, aunque la dinámica continúa siendo heterogénea. La evolución de los alimentos resulta especialmente relevante para los hogares porque se trata de un componente de consumo frecuente y con impacto directo sobre el presupuesto mensual.

La dispersión regional también fue significativa. Durante la cuarta semana de agosto, el mayor incremento se registró en el NOA, con una variación de 1,2%, mientras que Patagonia presentó la menor suba, de apenas 0,3%. La diferencia muestra que la evolución de los precios no es uniforme entre regiones y que la dinámica del nivel general puede esconder comportamientos diferentes según el territorio.

En el promedio de las últimas cuatro semanas, las verduras encabezaron los aumentos, con una variación de 5,6%. Las frutas también se ubicaron por encima del promedio general de alimentos y bebidas, con una suba de 2,6%. Ambos segmentos explican buena parte de la presión que todavía persiste dentro de la canasta alimentaria.

En el otro extremo, otros alimentos registraron un incremento de 0,9%, mientras que carnes y derivados aumentaron 0,7% en el período de cuatro semanas. El comportamiento de estos últimos productos contribuyó a moderar la dinámica del conjunto, aunque no alcanza para compensar completamente la incidencia de frutas y verduras.

La proyección de Analytica ubica en 1,7% la inflación mensual de agosto. El dato definitivo dependerá de la evolución de los precios en los últimos días del mes, pero el relevamiento permite anticipar una dinámica relativamente contenida en el nivel general, con diferencias marcadas entre categorías y regiones.

Para los consumidores, el principal desafío continúa siendo la composición de la inflación: aun cuando el promedio general se mantenga acotado, los aumentos concentrados en alimentos de consumo cotidiano pueden generar una percepción de mayor presión sobre el ingreso disponible. La evolución de verduras, frutas y otros productos frescos será, por eso, uno de los focos a seguir durante las próximas semanas.

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