San Cayetano: ante miles de fieles, Martínez advirtió que “una economía donde la gente no está, no sirve”
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Miles de personas volvieron a congregarse este 7 de agosto en Posadas bajo una de las consignas más arraigadas de la religiosidad popular argentina: paz, pan y trabajo. En la celebración de San Cayetano, el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, puso precisamente al trabajo y a la dignidad humana en el centro de un mensaje con fuertes definiciones sociales y económicas.
Ante una multitud de fieles que se acercó para agradecer, cumplir promesas y, sobre todo, pedir empleo y mejores condiciones de vida, Martínez expresó su preocupación por la distancia que puede existir entre los proyectos económicos y la realidad cotidiana de las familias.
“Queremos subrayar que nos genera mucha preocupación que aquellos que tienen responsabilidades de todo tipo en la sociedad por ahí no entiendan la importancia que tiene el trabajo para el pueblo, para la gente, para los ciudadanos”, planteó.
El obispo cuestionó especialmente una mirada de la economía concentrada exclusivamente en los grandes indicadores y en el equilibrio de las variables macroeconómicas, si esos resultados no se traducen en mejoras concretas para la población.
“Cuando se piensa en una Argentina mejor por ahí se piensa en una especie de macroeconomía o de proyectos económicos”, señaló. Y dejó una de las definiciones más contundentes de la celebración: “Proyectos económicos donde se cierren los números, pero donde la gente no está. No nos sirve cuando la gente no está”.
“Si la gente no está mejor, las propuestas no sirven”
El mensaje adquirió un tono particularmente fuerte cuando Martínez vinculó directamente el resultado de cualquier política económica con la situación concreta de las personas.
“No es todo en función de nuestra gente, todo eso no nos sirve para nada”, sostuvo.
Para el obispo, el trabajo no puede ser considerado solamente una variable económica. Es, fundamentalmente, una herramienta de realización personal, integración social y construcción de futuro.
“Porque el trabajo es la forma en que nosotros podemos tener esperanza. Cuando la gente en la cotidianidad consigue un trabajo y se puede realizar, entonces ahí la gente consigue el pan de cada día, consigue poder estar un poco mejor”, explicó.
Y remarcó: “Si la gente no está mejor, las propuestas que nos hacen no nos sirven para nada. Esa es la realidad”.
La definición conectó el tradicional pedido a San Cayetano con una preocupación que atraviesa a numerosas familias: conseguir o conservar un empleo que permita sostener el hogar.
Martínez sintetizó esa dimensión humana con otra frase central de su mensaje: “El trabajo está en el caracú de nuestra dignidad humana”.

Una “esperanza activa”
El obispo también buscó diferenciar la esperanza cristiana de una actitud pasiva frente a los problemas sociales.
El pedido por trabajo, sostuvo, constituye una condición básica para construir una “esperanza activa”, capaz de transformar la realidad mediante el esfuerzo de las propias personas.
“Creemos en la esperanza en Dios como pueblo peregrino en que vamos a encontrarnos con Él, pero también queremos tener una esperanza activa, comprometida, en donde nuestras manos y nuestra vida nos permitan transformar nuestro mundo y nuestro tiempo”, expresó.
De esa manera, Martínez vinculó espiritualidad, dignidad y trabajo: la posibilidad de construir una vida mejor no depende solamente de expectativas futuras, sino también de que existan oportunidades concretas para que cada persona pueda desarrollarse a partir de su propio esfuerzo.
Paz, pan y trabajo
La celebración tuvo como eje los tres pedidos históricamente asociados en la Argentina con San Cayetano.
“En esta tarde y en esta Eucaristía queremos pedir la intercesión de San Cayetano, que interceda ante nuestro Padre Dios para que podamos tener estas cosas que nos hacen tanta falta: la paz, el trabajo y el pan”, expresó Martínez.
El planteo se extendió luego a las intenciones de la misa. Allí apareció nuevamente una referencia explícita a quienes tienen responsabilidades públicas.
La comunidad rezó “por los gobernantes y dirigentes sociales, para que promuevan leyes que favorezcan una economía social con justicia y trabajo digno, de modo que el bienestar alcance a todo nuestro pueblo”.
La frase terminó de darle contenido social a una celebración atravesada por la fe, pero también por las preocupaciones económicas de quienes llegaron hasta San Cayetano.
En un contexto en el que miles de personas acudieron a pedir trabajo, el mensaje del obispo puso el foco precisamente allí: los números de la economía, sostuvo, pierden sentido si detrás de ellos no mejora la vida concreta de la gente.
