De Misiones a las góndolas: la apuesta a Carrefour, La Anónima y nuevos mercados

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Llegar a una góndola puede parecer el final del recorrido. Para Federico Fachinello es exactamente lo contrario: es apenas el comienzo.

El ministro de Industria de Misiones habla de fábricas, pero rápidamente la conversación deriva hacia supermercados, distribuidores, rutas, contenedores, puertos, certificaciones, tiendas online y compradores. En su diagnóstico, una parte importante de la industria provincial atravesó durante los últimos años una primera frontera: aprendió a producir mejor, incorporó tecnología, mejoró envases, avanzó con registros y, en algunos sectores, comenzó a sumar diseño y profesionales.

El problema aparece después. Hay que vender. Y, sobre todo, hay que vender afuera de Misiones.

“La comercialización es como la pata más débil”, sintetiza Fachinello.

La distancia de los grandes centros de consumo, los costos logísticos, la energía, el estado de las rutas, la escala y las debilidades de gestión forman una suerte de peaje invisible que una empresa misionera debe pagar antes de competir en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o un mercado internacional.

Por eso, detrás de una noticia aparentemente sencilla -productos elaborados en Misiones que consiguieron ingresar a Carrefour- hay una política que el Ministerio intenta convertir en método: preparar a las empresas, resolver previamente la logística, sentarlas frente a compradores y acompañarlas después del primer pedido.

Una cosa es conseguir una góndola. Otra, mucho más difícil, es quedarse en ella.

La llegada de productos misioneros a Carrefour es uno de los resultados más visibles de esa estrategia. Mamayuca y Regional Alfajores ya consiguieron ingresar a la cadena y otros productos están en distintas instancias de negociación.

El mecanismo tiene una particularidad. Carrefour trabaja con acuerdos regionales, lo que permite avanzar por zonas antes de intentar una expansión mayor.

“Vos cerrás con Carrefour, pero cerrás por zona”, explica Fachinello.

La estrategia inmediata apunta al NEA y contempla también acciones comerciales y degustaciones. “No es solamente llegar a la góndola. Después es: ¿cómo te conocen? Esa parte también es un pasito”, advierte.

La experiencia empieza además a mostrar cuáles son los productos capaces de despertar interés rápidamente. Fachinello menciona yerba mate, chips de mandioca, alfajores y derivados de la caña de azúcar.

Pero la verdadera prueba será la recompra.

Un supermercado puede aceptar una partida después de una ronda comercial, una gestión institucional o una negociación con el proveedor. El segundo pedido ya depende del consumidor.

Y allí comienza otro desafío: convertir un producto regional en una marca capaz de disputar mercados mucho más grandes.

La Anónima: una puerta potencial hacia 183 sucursales

La estrategia sumó en las últimas horas otro capítulo. El viernes Fachinello mantuvo una reunión con representantes de La Anónima, acompañado por la subsecretaria de Industria, Micaela Gacek, y Sebastián Najle. El objetivo fue comenzar a construir una agenda comercial para incorporar progresivamente productos misioneros a la cadena.

La conversación adquiere una dimensión particular porque La Anónima desembarcó recientemente en Posadas, pero su escala excede ampliamente el mercado provincial: cuenta con 183 sucursales distribuidas en el país.

Para una pyme misionera, ingresar como proveedor y eventualmente conseguir escala dentro de esa red significaría algo bastante más profundo que ocupar un espacio en una góndola posadeña: supondría empezar a convertir un vínculo comercial local en una plataforma de expansión nacional.

Fachinello salió conforme de la primera reunión. “Buena onda la gerencia, marcamos agenda de trabajo para ir sumando productos misioneros”, resumió después del encuentro.

La discusión conecta directamente con lo que había planteado en la entrevista con Economis. El objetivo no consiste simplemente en conseguir un lugar para las marcas provinciales dentro de supermercados instalados en Misiones. La apuesta mayor es utilizar esos vínculos como puerta de entrada hacia las redes comerciales de las grandes cadenas.

“El objetivo es claro: queremos que el trabajo de nuestros productores misioneros llegue más lejos. Que una cadena con la trayectoria de La Anónima apueste por sumar productos locales a sus góndolas es un paso fundamental para afianzar el desarrollo de nuestras empresas y abrir nuevas oportunidades de comercialización a nivel nacional”, señaló Fachinello después de la reunión.

Carrefour ofrece una primera experiencia concreta. La Anónima abre ahora otra puerta. Fachinello también menciona gestiones con Día y conversaciones con distribuidores.

En lugar de esperar que los grandes compradores descubran a las empresas misioneras, salir a buscarlos.

Ese cambio también puede observarse en los números.

La segunda Ronda de Negocios Inversa +Mercado reunió a más de 120 empresas, generó más de 1.800 entrevistas comerciales y el 52% de las firmas participantes concretó oportunidades de negocios durante el encuentro.

Fachinello se reunió con los directivos de La Anónima para ampliar la presencia en góndola de los productos misioneros.

Fachinello insiste en una diferencia que parece semántica, pero no lo es: no quiere medir el resultado por la cantidad de rondas organizadas sino por los negocios que sobreviven después de ellas.

“Para la empresa, en este momento, todo lo que es venta suma”, resume.

El diagnóstico que atraviesa toda la conversación es incómodo: Misiones tiene empresas que aprendieron a producir, pero muchas todavía no desarrollaron con la misma intensidad la capacidad de comercializar. La distancia geográfica amplifica esa debilidad.

Una pyme puede fabricar un buen alimento, contar con un packaging atractivo y cumplir los estándares sanitarios. Pero si cuando se sienta frente al comprador no sabe cuánto cuesta entregar una caja en Buenos Aires, el negocio empieza perdiendo.

Por eso, antes de intensificar las rondas hubo que “destrabar la parte logística”.

Se trabajó con distribuidores y operadores para permitir incluso el envío de pequeños volúmenes y resolver la última milla. La intención es que el empresario pueda sentarse frente al supermercado con un precio final y una solución logística concreta, no con la promesa de averiguar después cuánto costará el flete.

En paralelo apareció otra dificultad: empresas que vendían dentro de Misiones, pero todavía necesitaban completar registros o habilitaciones para dar el salto.

El balance del primer semestre del Ministerio muestra que se realizaron visitas técnicas a más de 50 empresas de toda la provincia, con asistencia en procesos, registros, comercialización y financiamiento.

Fachinello define ese trabajo como un acompañamiento prácticamente cuerpo a cuerpo.

“Con la sensibilización sola no alcanza. Con el curso solo no alcanza”, plantea.

Una pyme está atendiendo proveedores, empleados, impuestos, energía, producción, clientes y bancos al mismo tiempo. Pretender que después de una capacitación pueda resolver por sí sola una estrategia comercial, logística o digital suele ser insuficiente.

El Estado, en su mirada, tiene que ayudar a recorrer el tramo que va de la teoría a la implementación.

¿Por qué acelerar ahora? Porque el mercado doméstico ofrece pocas respuestas.

“Todo lo que es mercado interno está muy deprimido”, sostiene Fachinello.

La situación se vuelve particularmente compleja en actividades asociadas a la construcción y la infraestructura, como la forestoindustria.

“Lo forestal, que depende de la obra pública o del desarrollo de infraestructura -escuelas, casas-, está quieto, está parado. Con lo cual, ahí no va a estar tu mercado. Tenés que buscar cómo salir a otro lado. Para eso tenés que prepararte”.

La frase explica buena parte de la estrategia industrial que intenta desplegar.

Si el mercado interno no tracciona, la empresa enfrenta dos caminos: achicarse o buscar nuevos clientes.

Pero exportar tampoco funciona como un interruptor que se enciende cuando cambia el tipo de cambio.

Fachinello ironiza sobre esa expectativa recurrente: sube el dólar y parece que “al otro día todos somos exportadores”.

No funciona así. Una empresa necesita productividad, escala, certificaciones, logística, calidad, financiamiento, capital humano y continuidad comercial.

Y, sobre todo, necesita competir con precios que no se deciden en Misiones.

“Nosotros no somos marcadores de precio”, remarca Fachinello.

Un importador puede comparar el mismo producto entre Argentina, Brasil, Chile u otro proveedor internacional. No le interesa cuánto cuesta producirlo en Misiones. Tiene un precio de referencia y pregunta si la empresa puede abastecerlo.

Ahí aparece uno de los conceptos que Fachinello repite durante la conversación: mejorar “puertas adentro”.

“Tenemos que hacer un cambio muy fuerte en seguir ganando mercado y mejorar puertas adentro un montón las condiciones de nuestras empresas”.

Pero la productividad fabril no explica todo.

Una empresa misionera carga con costos que no controla: energía, fletes, distancia e infraestructura. Fachinello pone especial énfasis en las rutas.

Una ruta abandonada -como lo están ahora las rutas nacionales- no significa únicamente que el camión tarde más. Significa roturas, neumáticos, mantenimiento, combustible y riesgo. Cada pozo termina incorporándose, de alguna manera, al precio final del producto.

“Todo eso tira para atrás la competitividad. Todo el esfuerzo que pueda hacer la empresa hay que acompañarlo trabajando muy fuerte en esas condiciones”, sostiene.

El Puerto de Posadas: una pieza que tiene que funcionar

En ese mapa aparece inevitablemente el Puerto de Posadas. Para Fachinello, el desafío ya no pasa por demostrar que Misiones puede contar con infraestructura portuaria. La infraestructura existe. El paso siguiente es conseguir frecuencia, volumen, precio competitivo y gestión comercial.

En determinados momentos, transportar una carga desde el norte provincial hasta Posadas y embarcarla terminaba acercándose demasiado al costo de enviarla directamente en camión hacia Buenos Aires. Si, además, la frecuencia del servicio era baja, el empresario elegía la previsibilidad del transporte carretero.

“Tenemos que bajar el número bastante para que sirva. Pero eso va con frecuencia y con carga”, explica.

La Provincia implementó además un Programa de Beneficio Logístico para exportadores. Durante el primer semestre alcanzó a cinco empresas con asistencia para optimización de embalajes, acondicionamiento de productos, selección de vías logísticas y operadores especializados.

Fachinello espera que la nueva etapa del puerto permita profesionalizar especialmente su funcionamiento comercial.

La ecuación es sencilla de describir y difícil de ejecutar: sin carga no hay frecuencia; sin frecuencia no hay precio competitivo; sin precio competitivo las empresas no llevan la carga al puerto.

Hay que romper ese círculo.

La otra pieza que Fachinello considera estratégica es Eldorado. 

Una parte sustancial de la producción exportable se origina en el corredor industrial del norte. Obligar a que toda esa mercadería baje hasta Posadas agrega kilómetros y costos antes incluso de iniciar el viaje hacia el mercado de destino.

Por eso insiste en estudiar la viabilidad de la infraestructura portuaria de Eldorado.

“Entre Puerto Esperanza y Eldorado tenés” una parte central de las exportaciones, señala.

“No es competencia con Posadas. Lo que tenemos que trabajar es todo junto: algo en Eldorado, algo en Posadas”.

Incluso la disponibilidad de contenedores vacíos provenientes de Paraguay puede modificar sustancialmente la ecuación. Llevar un contenedor vacío desde Buenos Aires hasta Misiones para recién entonces cargarlo puede volver inviable una operación antes de que la mercadería abandone la provincia.

La logística, otra vez, deja de ser un asunto accesorio para convertirse en política industrial.

Exportar más, pero también sumar exportadores

Misiones exporta. El problema que señala Fachinello es otro: la cantidad de empresas que efectivamente exportan cambia poco.

“Lideramos las exportaciones, sí. Vos mirás para atrás y tenemos la misma cantidad de empresas”, observa.

Pueden aumentar los dólares exportados o los volúmenes colocados por los grandes jugadores. Eso no necesariamente significa que la base exportadora provincial se esté ensanchando.

“Logramos que los que están exportando sigan exportando más. Ahora, que se sumen las pequeñas y medianas que pueden dar el salto, eso tenemos que trabajarlo mucho”.

El balance del Ministerio muestra que la estrategia de inteligencia comercial alcanzó a 15 empresas yerbateras, dos tealeras y diez forestales, con elaboración de estudios de mercado y perfiles de compradores potenciales.

En total, 27 empresas de tres cadenas centrales de la economía misionera.

Además, fue presentado el proyecto de creación de una Agencia de Exportación de Misiones, concebida como una herramienta para incrementar y diversificar las ventas externas y acompañar la internacionalización de las empresas provinciales.

El objetivo de fondo es que exportar deje de ser patrimonio casi exclusivo de las compañías grandes. Pero tampoco alcanza con sumar toneladas.

Fachinello introduce otra discusión: importa qué se exporta y a qué precio.

La yerba mate ofrece un ejemplo evidente.

Una empresa puede exportar grandes cantidades a granel. Otra puede colocar menos kilos, pero hacerlo en paquetes terminados, con marca, diseño y posicionamiento propio. El valor obtenido por tonelada cambia sustancialmente.

“No digo que no haya que vender a dos; hay que vender más de dos. Ahora, también tenemos que lograr que se venda mucho más con paquete”, grafica.

El desafío es subir escalones en la cadena: producción, industrialización, envase, marca, distribución y consumidor final.

Esa lógica atraviesa a la yerba, el té, la madera, la mandioca, la caña de azúcar y buena parte de las economías regionales.

El acuerdo Mercosur-Unión Europea aparece en la conversación como una oportunidad, aunque Fachinello evita imaginar que la firma de un tratado abrirá automáticamente las puertas.

Europa compra. Pero también exige.

Trazabilidad, certificaciones ambientales, estándares productivos, transformación digital y documentación pueden convertirse en barreras tan relevantes como un arancel.

El Ministerio presentó tres proyectos para acceder a fondos del paquete de cooperación relacionado con el acuerdo Mercosur-Unión Europea, con foco precisamente en certificación, trazabilidad, transformación digital y apertura de mercados.

Misiones, considera Fachinello, tiene atributos ambientales que pueden capitalizarse, especialmente en forestoindustria, té y alimentos. Pero existen tareas pendientes. En yerba mate, por ejemplo, menciona las exigencias vinculadas a procesos productivos y secaderos libres de humo. Los mercados de productos orgánicos o diferenciados pueden pagar valores superiores, pero exigen adecuaciones de instalaciones y procesos. “Va a ser una oportunidad por lo que están haciendo”, afirma sobre las empresas que avanzan en esa dirección.

La paradoja de la caña

El azúcar mascabo ofrece otra fotografía de los problemas productivos. Durante años hubo dificultades de precio. Ahora que aparece demanda, falta materia prima.

“¿Qué te falta? Caña. Falta caña. Es una cosa muy loca: sobraba en un momento, no valía nada. Con razón dejaron de plantar”, describe Fachinello.

El Ministerio trabaja en industrialización, desarrollo de nuevos productos y generación de espacios de promoción y comercialización para la cadena de la caña de azúcar. Paralelamente, acompaña a más de 20 apicultores, cooperativas y asociaciones en habilitaciones y registros de productos.

La escena de la caña resume un problema habitual de las economías regionales: cuando durante demasiado tiempo el precio desalienta la producción, recuperar después la oferta no ocurre de un día para otro.

Fachinello tampoco esquiva otro problema estructural: la informalidad.

En determinadas actividades y zonas de Misiones, sostiene, alcanza niveles extremadamente elevados. Y el problema no se resuelve exclusivamente aumentando controles porque detrás existe una ecuación económica.

La industria provincial enfrenta particularidades que, según el ministro, deberían incorporarse a cualquier discusión sobre competitividad federal: la condición fronteriza, la estructura de minifundios y las desventajas energéticas y logísticas, entre ellas la ausencia de gas natural.

De allí surge el planteo a Nación para generar instrumentos diferenciales.

“Dame algo. Un voucher de logística para las empresas que están llevando a Buenos Aires, dame algo. Tenés que bajarme algo porque si no acá la informalidad sigue siendo alta y no va a cambiar porque es muy difícil”, reclama.

¿Y qué respuesta encuentra en Nación?

La respuesta de Fachinello marca una diferencia política clara. “Sabíamos que era un Gobierno que no iba a apostar a la industria, que la industria no era su prioridad. Creo que lo demuestra en todas las acciones y también cuando tiene que hablar lo dicen muy abiertamente”.

La Provincia, contrapone, considera a la industria una herramienta para generar empleo de mayor calidad y oportunidades de desarrollo. “Gran mayoría de las medidas que tomamos como para acompañar son provinciales”, afirma.

Su cuestionamiento apunta más a la ausencia de una política industrial nacional como prioridad estratégica que a la inexistencia de interlocución.

De la universidad a la fábrica

Fachinello quiere que los futuros profesionales conozcan las industrias antes de graduarse. “Salen de la carrera y algunos no conocen un molino o un secadero”, plantea.

Por eso el esquema incluye recorridos y experiencias en empresas de mayor escala, dentro y fuera de Misiones. Ver un almacén inteligente, una línea automatizada o un sistema industrial avanzado permite comprender en pocas horas aquello que dentro del aula puede permanecer abstracto.

El ministro lo observa también como una cuestión cultural.Si universidad e industria permanecen separadas, las empresas reclaman profesionales que no encuentran y los profesionales terminan desarrollando sus carreras lejos del sistema productivo.

La competitividad, entonces, también se construye formando gente.

El e-commerce también es política industrial

La transformación comercial no termina en los supermercados.

Fachinello pone otro ejemplo que parece pequeño, pero explica una dificultad enorme para una pyme del interior. Una empresa participa de una feria en Buenos Aires. Cientos de personas conocen y prueban su producto. La exposición funciona. Pero cuando esas personas regresan a sus casas descubren que no tienen dónde volver a comprarlo.

La venta termina junto con la feria.

“No es la idea”, dice. La solución es construir canales digitales capaces de convertir aquel contacto ocasional en un cliente recurrente.

El Ministerio desarrolló un programa de aceleración en comercio electrónico y marketing digital. Hubo alrededor de 60 postulaciones, fueron seleccionadas ocho empresas para el proceso de aceleración y se avanzó en el diseño y construcción de sus tiendas online. Paralelamente, otras diez pymes recibieron acompañamiento para desarrollar estrategias de posicionamiento de marcas y productos en mercados nacionales.

Pero montar una tienda virtual tampoco resuelve todo. Hay que fotografiar productos, actualizar precios, administrar inventarios, organizar despachos y responder al consumidor.

“Una Tiendanube, si le ponés media pila, no te cuesta tanta plata y lo podés hacer rápido. Pero también tenés que trabajar en manejar el stock”, ejemplifica Fachinello.

La internacionalización tiene también una lógica regional.

Antes de pensar exclusivamente en destinos situados a miles de kilómetros, Misiones tiene mercados literalmente enfrente.

El Ministerio trabaja con cámaras empresariales paraguayas y participa de ferias y rondas en Brasil. El balance semestral registra una agenda conjunta con la Cámara de Comercio e Industria de Itapúa, además de vinculaciones comerciales con Alemania, India, Emiratos Árabes Unidos, Medio Oriente y Estados Unidos.

También se proyecta para 2027 la primera ronda inversa internacional del sector forestal junto con entidades empresarias de la actividad.

Fachinello considera que hay que simplificar especialmente el comercio de cercanía.

Las fronteras que cultural y económicamente funcionan como espacios profundamente integrados siguen teniendo procedimientos administrativos pensados para operaciones mucho más complejas.

“Tenemos que tratar de solucionar, por lo menos, lo que es más cerca acá”, plantea.

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