Mandorla abrió en Posadas: otra receta para el negocio del pan
Una medialuna puede ser mucho más que una medialuna cuando hay que resignarla por una restricción alimentaria. Daro Pérez conoció esa frustración: necesitaba cambiar su alimentación, pero las alternativas que encontraba no le devolvían el gusto de entrar a una panadería y elegir algo rico. De esa búsqueda nació un negocio que comenzó en Oberá y ahora desembarcó en el centro de Posadas con un nuevo nombre: Mandorla.
La propuesta parte de un desafío concreto: volver a hacer facturas, medialunas y panes con ingredientes distintos, sin perder aquello que invita a comprarlos. El sabor importa, pero también la textura y la apariencia. En una vidriera de panadería, la primera tentación entra por los ojos.

Pérez comenzó a trabajar las recetas junto con su pareja y su hermana, ambas dedicadas a la pastelería y la repostería. Así tomó forma La Panea, el emprendimiento obereño que dio origen al proyecto. El repertorio fue creciendo: pan de molde, panes de semillas, ciabattas, miñones y otras preparaciones clásicas, reformuladas para ampliar las opciones de quienes buscan modificar su alimentación.
La harina de almendras es el corazón de Mandorla. Según explicó el emprendedor, representa cerca del 80% de los insumos utilizados y se combina con harina de arroz. La propuesta incluye preparaciones que prescinden de ingredientes como lácteos, azúcar o sal, según la receta.
El otro rasgo que busca distinguir al negocio es la frescura. Frente a la oferta de productos envasados que suele encontrarse en las dietéticas, Mandorla apuesta por la elaboración del día y por recuperar la experiencia cotidiana de comprar en una panadería.
Pero llevar esa idea a una vidriera exige resolver una ecuación menos visible: los costos. La harina de almendras tiene un peso decisivo en el presupuesto y Pérez buscó proveedores directos en molinos argentinos para reducir el gasto en materia prima. Según sostiene, ese vínculo permitió bajar costos y trabajar sobre uno de los obstáculos del segmento: el precio final.

La intención es que estas alternativas puedan entrar en la compra habitual. Para el emprendimiento, ampliar el público depende tanto de conseguir una buena receta como de ofrecer un valor que permita volver.
La elaboración también tiene sus exigencias. Pérez explicó que las características de las masas que utilizan dificultan el trabajo con amasadoras convencionales, por lo que el proceso se realiza de manera manual. Esa elección demanda tiempo y un equipo que sostenga la producción diaria.
La apertura se financió con ahorros propios y el personal de cocina y atención es de Posadas. En un contexto económico difícil, el emprendedor
señaló que incorporar trabajadores formalmente representa un esfuerzo importante. Aun así, decidió avanzar y dar oportunidades a personas que habían quedado fuera del mercado laboral.
El desembarco en la capital incluyó, además, una decisión de marca. Pérez, licenciado en marketing y publicidad, optó por dejar el nombre La Panea para la experiencia de Oberá y abrir en Posadas como Mandorla, para evitar confusiones con comercios locales de nombres similares. La nueva identidad remite directamente al ingrediente central: mandorla significa almendra en italiano.
Pérez ve posibilidades de crecimiento en un consumo que, según observa, gana espacio entre quienes buscan cambiar sus hábitos alimentarios. La apuesta ya tiene una primera prueba en marcha: hacerse un lugar en el centro de Posadas, donde el negocio deberá conquistar clientes con productos que inviten a regresar.
Mandorla está por la calle Colón, casi Entre Ríos y atiende de 8 a 12 y de 16.30 a 20.30. Allí, una necesidad personal se convirtió en una propuesta comercial: encontrar otra forma de hacer pan y lograr que conserve su poder de tentación.
