Argentina es el segundo país más caro de América Latina para comprar alimentos en supermercados
Una familia tipo necesita u$s557 al mes para llenar el changuito en Argentina: carne y pan, lo más costoso
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Argentina, entre los países más caros de América Latina para comprar alimentos en supermercados. Un informe privado posiciona al país como el segundo más costoso de la región para una familia tipo, con un gasto mensual estimado en u$s557 para cubrir la canasta básica alimentaria. La carne vacuna es el producto que más impacta en el presupuesto, en un contexto de inflación persistente, presión tributaria y distorsiones en el comercio exterior.
Supermercados argentinos, entre los más costosos de la región
Según un relevamiento privado basado en precios al 21 de abril, Argentina se ubica como el segundo país más caro de América Latina para adquirir alimentos y bebidas en supermercados, solo por detrás de Uruguay. El gasto mensual promedio de una familia tipo (dos adultos y dos menores) para cubrir su canasta alimentaria asciende a u$s557, frente a los u$s646 que se requieren en Uruguay y los u$s547 en México.
El análisis fue realizado por la consultora Ecos365, que replicó en cada país una canasta de productos similar a la utilizada por el INDEC para el Gran Buenos Aires, seleccionando hasta cinco marcas por ítem y ponderando los precios promedio. En total, se compararon datos de diez países de América Latina.
En el otro extremo del ranking, Paraguay se posiciona como el país con menores costos, con una canasta básica alimentaria valuada en u$s342 mensuales.
Qué productos elevan el gasto en Argentina
El estudio identifica que los alimentos con mayor peso en la canasta familiar son la carne vacuna, el pan, el pollo y las bebidas. Solo en carne vacuna, una familia tipo destina alrededor de u$s138 por mes, mientras que el pan insume u$s72, el pollo u$s56 y la leche, gaseosas y vinos, cerca de u$s40 cada uno.
También se destacan las verduras frescas, con un costo mensual estimado en u$s93, en una canasta que revela una presión creciente sobre el poder adquisitivo de los hogares, incluso en productos de consumo cotidiano.
Entre inflación, impuestos y distorsiones
Entre los factores que explican el alto costo de la alimentación en Argentina, el informe destaca la estabilidad del tipo de cambio oficial frente a una inflación elevada, la alta carga tributaria sobre los alimentos y las restricciones al comercio exterior, que distorsionan los precios relativos y dificultan la competencia.
En marzo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostró una suba mensual del 3,7%, pero el rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas se incrementó un 5,9%, según datos del INDEC. Las proyecciones para abril anticipan un alza del 2,7% al 3,5%, con la carne como uno de los rubros que más presionó al alza.
Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), en abril el precio promedio de la carne en el mostrador subió un 6,1% mensual, alcanzando los $12.061 por kilo promedio, con subas destacadas en cortes populares como osobuco (9,4%), carnaza (8,1%) y roast beef (7,9%).
Tensiones entre empresas y supermercados
Mientras los precios continúan escalando, las empresas alimenticias enfrentan negociaciones tensas con los supermercados para definir las listas de precios de mayo. Según trascendió, las primeras propuestas de ajuste fueron rechazadas, en el marco del nuevo esquema de política cambiaria acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Este escenario plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los precios en góndola, en un contexto donde las expectativas inflacionarias aún no logran anclarse y la demanda interna sigue resentida por la pérdida de poder de compra.

Presión social y desafíos para la política económica
El alto costo de los alimentos en Argentina no solo afecta el consumo de los hogares, sino que también agrava los indicadores de pobreza e indigencia, al elevar el umbral de ingresos necesarios para acceder a una dieta básica.
En ese marco, la política económica enfrenta el desafío de contener los precios sin generar desabastecimientos ni distorsionar aún más el funcionamiento de los mercados, mientras avanza en una hoja de ruta de desregulación y apertura gradual pactada con organismos internacionales.
