Guillermo Knass

Economista. Magíster en Administración.

¡Nos Pusimos Metas demasiado Optimistas!

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Hace algunos días, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, reconoció que el organismo hizo un mal diagnóstico sobre la economía argentina, sobre todo respecto al crecimiento de la economía y la inflación. En tal sentido, reconoció que la crisis  resultó ser más profunda de lo que esperaban. Veamos cuánto se equivocaron: 

  2016 2017 2018
Inflación
  • Pronóstico
26,4% 20,5% 16,7%
  • Realidad
40,3% 24,8% 47,6%
  • Error
13,9% 4,3% 30,9%
PIB (crecimiento)
  • Pronóstico
-0,74% 2,7% 2,5%
  • Realidad
-2,08% 2,7% -2,5%
  • Error
1,34% 0 5%

Elaboración propia en base a datos del FMI e INDEC.

El cuadro anterior nos muestra los datos pronosticados por el FMI en comparación a lo ocurrido en la economía. Se consideraron los años 2016, 2017 2018. En todos los casos, se subestimó la inflación, incluso para el 2018 le erraron por más de 30 puntos porcentuales y, a su vez sobreestimaron el crecimiento de la economía (reflejado en el PIB). EN tal sentido, para el año 2018 el Fondo nos dijo que la economía iba a crecer e íbamos a estar mejor, pero la economía cayó un 2,5% respecto al 2017.

Pero… No es la primera vez que el FMI se equivoca

El los pronósticos durante la crisis del 2001 también se equivocaron. En ese entonces, fueron mucho más pesimistas con Argentina. Los pronósticos decían que habría una hiperinflación (más del 1000% anual) y que la economía argentina no se podría recuperar rápidamente de semejante debacle económica. Sin embargo, nos fue mejor de lo que esperaban y la señora Anne Krueger, directora del organismo en ese, tuvo que salir a reconocer su error.

Sin embargo, el mal diagnóstico del FMI hizo que la recuperación argentina sea más lenta, ya que las expectativas juegan un rol importante en la economía (si la gente cree que la economía va a estar mal, van a tomar decisiones en ese sentido, por lo que invertirán menos y la economía tardará más en recuperarse). Por eso, en ese momento, fue muy acertada la decisión del equipo económico, que en algún sentido decidió dejar de lado las recomendaciones del FMI y tomar medidas económicas tendientes a mejorar la calidad de vida de los argentinos y a reactivar la economía.

¿Por qué es un problema que el Fondo Monetario Internacional se equivoque?

El FMI no es un observador independiente que mira la economía del país desde lejos, sino que es un actor principal de la política económica que tiene mucha influencia. Cuando comete errores, no alcanza con una disculpa. 

Además, cuando nos presta plata, lo hace poniendo ciertas condiciones donde les piden a las autoridades del país que implementen políticas económicas, las famosas “recetas del Fondo”. Generalmente, dicho paquete de medidas económicas tienen el propósito de balancear las cuentas del Estado y reducir el déficit fiscal. Esto implica que se tengan que tomar muchas medidas de ajuste (tal y cómo está pasando ahora en Argentina). 

Entonces, ¿Qué pasa si el FMI se equivoca?… Las medidas a implementar pueden ser las equivocadas, por lo que en lugar de ayudar al país a salir de la crisis, puede agravar la misma.

Conclusión:

Como la historia lo demuestra, el Fondo Monetario Internacional es muy propenso a equivocarse y eso es muy peligroso para nuestra economía. Tal vez, por esa razón, cada vez que los escuchamos nombrar, directamente lo asociamos a la palabra “crisis”.

En cuanto a la economía, debemos reconocer que Argentina generalmente es desordenada y que el déficit fiscal es un problema de nuestra economía (siempre el Estado gasta más de lo que recauda, entonces se endeuda, genera inflación y vamos de crisis en crisis). Por lo tanto, no es mala la recomendación del Fondo en cuanto a ordenar la economía. Sin embargo, la solución no está en seguir siempre recetas de ajustes y prudencia ortodoxas (pensamiento económico liberal dominante y con la cual se identifica el FMI) para encausar la economía. 

Cómo lo decía Frenkel, un gran economista argentino, muchas veces necesitamos políticos que velen por lo más conveniente para Argentina y que nuestros representantes se les planten al Fondo Monetario Internacional con nuevas ideas económicas, que beneficien a la población en lugar de hacerla sufrir con recortes y aumentando la desigualdad.

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La moneda única no está fácil

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Durante la reciente visita de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil a nuestro país se realizó un insólito anuncio de creación de una moneda única entre los dos países. Veamos de qué se trata:

¿De dónde surge la idea y para qué?

Lo primero que tenemos que tener en claro es para qué queremos una moneda única con Brasil, porque cambiar de moneda por cambiar lo hicimos muchas veces (Peso, Peso ley, Peso argentino, Austral, otra vez Peso, etc.) La idea es que algo mejore si cambiamos el billete, entonces veamos el caso de la zona del Euro para saber cuál sería la ventaja de tener una moneda única:

Robert Mundell y sus Áreas monetarias óptimas:

Este economista, premio nobel en la materia en 1999 (pueden conocer mejor a este economista si se lo preguntan al Sr. Google), es conocido como el padre del Euro, a partir de un paper publicado en la American Economic Review en 1961.

Entre los postulados de Mundell, el principal era:

 

  • Críticas a los tipos de cambio flexibles:

 

A pesar de haber trabajado mucho tiempo con Milton Friedman (padre de la escuela monetarista e inspirador de los Chicago-boy’s, la corriente principal entre los economistas del Gobierno argentino actual) disentía con este con respecto a la utilidad de la flotación del tipo de cambio:

Consideraba que como las crisis económicas son globales, y una devaluación no salvaba a un país individualmente (devaluar para exportar más e importar menos no tenía éxito en crisis generalizadas).

Según Mundell, el efecto de una devaluación se diluía rápidamente por la inflación que generaban las expectativas atadas a la variación del tipo de cambio ej.: si el dólar sube un 20 % voy a subir mi mercadería un 20 por ciento o más, porque los costos se incrementarán en ese porcentaje o más. Demostró que  una devaluación mejora la balanza comercial pero esto se  ve neutralizado por la salida de capitales con lo cual el país no está mejor después de devaluar (cualquier parecido con la Argentina actual es mera coincidencia).

Además si lo que se desea es crear zonas de intercambio comercial más ágiles y fluidas, como es la intención de la Comunidad Económica Europea o el Mercosur, necesariamente los tipos de cambio deben ser fijos para evitar lo que hoy se conoce como “Guerra de Monedas” o inducir a devaluaciones para mejorar el saldo comercial de un país. Con lo cual sin un tipo de cambio fijo, que es conveniente que derive en moneda única para evitar tentaciones devaluacionistas, no se llega a consolidar un área de libre comercio lo suficientemente sólida y beneficiosa para todos sus integrantes.

 

  • Si existen desequilibrios dentro del área común, estos deberían corregirse ajustando salarios y castigando baja competitividad con bajos salarios, y no devaluando la moneda como subsidio al precio de las exportaciones.

 

De esta manera la competencia es genuina y tiende a mejorar la productividad de toda la zona bajo las mismas reglas. (Si quiero tener mejores salarios debo producir más y mejor bajo el mismo tipo de cambio). Esta condición se debe dar en un área con libre movilidad de factores (significa que trabajadores y capitales se desplazan libremente en busca de mejores salarios y beneficios, y esta movilidad equilibra las asimetrías entre los países de la zona.

 

Conclusión: Para que un bloque económico tenga éxito deben tener todos sus países miembros tipos de cambio fijos que tiendan hacia una moneda única, y libre movilidad de factores dentro del bloque para generar mayor competitividad. Esto llevará a que el bloque de países sea estable, sólido económicamente y beneficioso para todos sus miembros.

La aplicación de las ideas de Mundell las podemos observar con la creación de la Eurozona, veamos que tuvieron que hacer:

De acuerdo hito fundacional del Euro (el tratado de Maastricht de 1992); Si los países querían adoptar una moneda única, primero debían cumplir con ciertas condiciones de “convergencia” (léase coincidencia) macroeconómica, para que les sea posible adoptar la moneda sin mayores consecuencias para sus economías.

Las principales convergencias pasaban por :

 

  • Inflación: la tasa de inflación del país no debe ser superior en más de 1,5 % a la media de los tres estados miembros de la UE con menor inflación
  • El país debe haber mantenido un tipo de cambio estable sin haber devaluado por iniciativa propia.
  • El país no debe tener un déficit público  superior al 3% de su PBI
  • El país no debe tener una deuda pública superior al 60 % de su PBI
  • El tipo de interés nominal no puede ser superior en un 2% a  la media de los tres estados con menor inflación

 

Comencemos por casa

Para que nuestras expectativas no sean “demasiado optimistas”, y de modo de no alargar demasiado la lectura, sólo observemos cómo está Argentina frente a la primer condición.

Como primera medida deberíamos tener la misma inflación que Brasil, veamos cómo nos va:

Mientras que la inflación de Brasil fue del 64 % acumulado en los últimos 10 años, la de Argentina fue del 318%. Solamente en el 2018 hay más de 40 puntos de diferencia lo cual haría imposible tener la misma moneda.

Veamos un ejemplo sencillo

Si en enero de 2018 un kilo de yerba costaba cien pesos reales en ambos países, a fin de diciembre en Argentina hubiera costado 147,6 y en Brasil 103,75. Entonces compramos más barato en Brasil; si, perfecto. Pero para tener dinero para comprar primero hay que vender algo, y si todo se vuelve más caro en Argentina vamos a ser un país inviable.

Conclusión

Imposible…no se puede….no está fácil mismo….tener inflación es malo, pero tener inflación y no poder devaluar para recuperar la competitividad que te quita la inflación es peor todavía (y no se trata sólo de devaluación, nos quedamos sin Banco Central y sin políticas monetarias), por lo que vamos a vivir en crisis. En fin, primero resolvamos los problemas internos y después empecemos a pensar en la moneda única. No funciona al revés sino pregúntenle a los griegos.

 

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Vacas gordas y vacas flacas

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Así como nos cuenta la historia de José, el gobernador de Egipto, quién debía guardar parte de las cosechas en los tiempos buenos, para que así, el pueblo tenga reservas en los tiempos malos, el famoso economista John M. Keynes, el padre de la Macroeconomía, recomendaba aplicar políticas contracíclicas (un término bastante más científico pero que sigue la misma lógica). Según los preceptos básicos keynesianos, el gasto contracíclico implica que los gobiernos gasten menos en los buenos tiempos (para enfriar la economía y permitir que el gobierno aumente sus ahorros gracias al incremento de la recaudación fiscal debido a que la economía marcha bien) y ampliar el gasto en los tiempos difíciles (para paliar la recesión y acelerar la recuperación económica).

Las políticas contracíclicas son habituales en las economías de los países desarrollados, pero, los países en vías de desarrollo (los que más necesitarían ordenar su economía) suelen hacer todo lo contrario. Según datos del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) alrededor del 75% de los países en desarrollo sigue practicando el derroche del gasto en los buenos tiempos y, por lo tanto, se ven obligados a recortar el gasto en los tiempos difíciles. En este grupo estamos nosotros, Argentina. Para demostrarlo, en el siguiente gráfico se muestra el Producto Bruto Interno (es un indicador de bienestar: cuando sube es porque la economía está creciendo y cuando cae es porque hay una recesión) y el Gasto Público. Ambos indicadores siguen el mismo patrón de evolución. Por lo tanto, el gasto público no sigue políticas contracíclicas, sino que acompaña al ciclo económico, por lo que se dice que las políticas económicas son procíclicas.

¿Es malo que un país incremente los gastos del Gobierno en los tiempos buenos y recorte en tiempos malos? SI. Si los gobiernos siguen políticas procíclicas, generalmente acentúan más la crisis y generan grandes costos sociales, afectando en mayor medida al segmento más vulnerable de la población. Como sucede con la economía de las familias, el Gobierno no puede aumentar el gasto en los tiempos buenos y seguir aumentando en los tiempos malos, ya que no ha ahorrado.

Entonces, ¿por qué los gobiernos toman estas decisiones?

 

  • Razones políticas: Aumentar el gasto público en los tiempos buenos hace que la gente esté momentáneamente mejor y esto ayuda a ganar elecciones, aunque al poco tiempo venga una crisis.
  • Instituciones débiles: Las leyes del país y el sistema de poderes no funciona correctamente, entonces no hay nada que obligue al poder ejecutivo a ahorrar en tiempos buenos.
  • Acceso limitado a los mercados internacionales de crédito en tiempos malos: por lo que pedir prestado dinero para pasar la crisis es sumamente costoso.

 

Conclusión:

Hoy nuevamente las ideas keynesianas están fuertemente cuestionadas y acusadas de ser las culpables de la decadencia Argentina, en realidad lo que hubo es una muy mala interpretación de lo que escribió Keynes ( o una interpretación caprichosa para practicar el tentador populismo ). Ser Keynesiano es ser anticíclico no un expansor irresponsable del gasto público…. Eso no es ser Keynesiano, es ser simplemente estúpido.  

Los últimos datos de los precios de la soja pueden ser alentadores para el año que viene, puede ser que una mala cosecha de EEUU nos ayude a salir del pozo, veremos si aprendimos la lección.

Es necesario que Argentina comience a ahorrar en los tiempos buenos para que, cuando llegue una nueva crisis (que en Argentina las vivimos más o menos cada diez años) se puedan aplicar verdaderas políticas sociales que ayuden a los más vulnerables. Una de las medidas más eficientes sería la implementación de buenos seguros de desempleos y políticas laborales, que alienten a la gente a trabajar en los tiempos buenos y que esos trabajadores tengan la seguridad de que el Estado va a estar ahí si pierden sus fuentes de ingresos.

El camino no es sencillo, pero es necesario comenzar a trabajar a largo plazo y seguir el ejemplo de algunos vecinos que ya lograron superar sus problemas de déficit fiscal y decidieron ahorrar en tiempos buenos. En primer lugar está Chile, al cual le llevó más de 10 años, pero realmente ordenó su economía. Avanzando hacia esa meta se encuentran Brasil y Perú. Sólo necesitamos tomar la decisión, establecer reglas claras y seguirlas.

 

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Ojo con los stop (yo los conozco)

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Lo que parecía a partir del año 2003 como un ingreso al interminable sendero del crecimiento a tasas chinas se vio truncado en el año 2009 con una brutal caída del 5,9 % para recuperarse rápidamente hasta estancarse desde el año 2013 en su famoso ciclo de “stop and go” que nos viene acompañando desde la década del 50.

 
¿Qué es el Stop and go? Como se observa en el gráfico, es donde después de mostrar crecimiento la economía argentina presentaba una caída al año siguiente; últimamente se le llamaba también la maldición de los años pares. Según los autores que estudian este fenómeno argentino ocurre simplificadamente de la siguiente manera:
Sector primario: Argentina es un país productor y exportador de materias primas, con esto no hay problemas porque traen dólares, lo que hoy es la soja antes era el trigo y la carne y una buena cosecha y buenos precios internacionales generan muchos dólares para el país.
Sector industrial: en cambio la industria es pequeña salvo excepciones como la automotriz pero que tienen un mismo denominador: quieren expandirse y para eso necesitan dólares para comprar maquinaria en el exterior, entonces compran los dólares que generó el campo para comprar sus insumos.
Entonces que ocurre: cuando los dólares que compra el sector industrial son mayores a los que produce el sector primario se entra en lo que se conoce como la restricción externa, que es la falta de dólares para seguir comprando en el exterior; ahí se frena la actividad hasta que los dólares del agro vuelven a ser suficientes para reactivar la economía.
El argumento es injusto ya que acusa al desarrollo industrial de las crisis recurrentes que tenemos en el país cuando también debemos tener en cuenta los dólares que se demandan para: ahorro argentino ( poner abajo del colchón ), viajes al exterior, y pago de intereses de deuda entre los principales. Pero aunque no explique todo, una parte de los dólares si se los lleva el desarrollo industrial y cuando faltan se nota el freno en la actividad.
Las explicaciones del stop and go son muchísimas, y muchas encontradas, lo único cierto es que ocurre en la Argentina y cada vez más seguido; se ve en los números y en la situación de la población.
Conclusión: por este circulo vicioso es que entre otras cosa pasamos de ser el primero al tercer país en términos de PBI per cápita de la región y seguimos descendiendo: ver https://economis.com.ar/que-le-preguntaria-a-un-candidato-a-presidente/
El otro stop:
Y quizás el más complicado el sudden stop; “Un sudden stop es una situación donde hay una caída violenta en la entrada de capitales a un país, que lo fuerza a realizar un ajuste interno rápido y de magnitud significativa” (Calvo 2001). Las consecuencias directas de este fenómeno, serán una caída en la inversión, la depreciación de la moneda, la caída de los salarios reales y, por ende, la caída del consumo.  
Los memoriosos de la década del 90 recordarán que todo iba bárbaro hasta que estalló el efecto tequila en el 94, también ahí aparece el FMI poniendo mucha plata para salvar la convertibilidad y cuando todo parecía reordenarse aparece la crisis asiática y luego la crisis rusa que se terminaron llevando puesta poco tiempo después la convertibilidad, la Alianza y por poco todo el país.
Primera lección: y según varios estudios los países con tipo de cambio fijo tienden a crecer menos y son más vulnerables a este fenómeno. Esta lección va para tener en cuenta a los que con cierta razón dicen “con la convertibilidad no teníamos inflación”, es cierto, pero nos expone a cosas complicadas, después no digan que no se advirtió.
Segunda lección: revisando la bibliografía encontramos que para que este fenómeno se revierta EEUU debería inundar de dólares el mundo como lo hizo después de 2009 para salir de la crisis subprime, o que suba el precio de la soja, entre otras cosas que exportamos, para tener un superávit comercial con el resto del mundo y  suplir la falta de capitales externos. Ninguna de las dos cosas tienen mucha probabilidad de ocurrencia (no quiere decir que no pase o que no deseáramos que pase pero las probabilidades reales son bajas).
Mirando los datos oficiales nos encontramos con que según el banco central el año pasado de fugaron 27.230 millones de dólares, esto equivale a más de la mitad del acuerdo con el FMI, del cual ya queda poco para desembolsar, ¿y si este año termina peor?….
Según el autor citado (Guillermo Calvo Argentino y profesor de la Universidad de Columbia) no quedan dudas que Argentina está atravesando un sudden stop, esto implica que la única fuente de dólares que tenemos es el FMI, por lo que si no se logra salir del proceso el ajuste puede ser brutal en términos reales (algo así como que la inflación le vuelva a ganar a los salarios en un 20 %, el año pasado le ganó en un 12 %)
En fin no son ocho, son dos los stop y no los soporto.

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Si otros países lo lograron, ¿Por qué Argentina no puede bajar la inflación?

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INFLACIÓN ¡vaya que los argentinos conocemos del tema! Por generaciones escuchamos esta palabra y lo vivimos a diario, mientras pensamos cómo vamos a hacer para llegar a fin de mes, porque todo sube y el sueldo ya no alcanza. Pareciera ser que, a pesar de que los argentinos somos tan buenos en todo, a este problema de la economía no le podemos encontrar una solución.
Tal es el caso, que somos un objeto de estudio para todo el mundo, ya que nuestra historia se caracteriza por presentar una gran cantidad de episodios inflacionarios e hiperinflacionarios. Como dato, para que vean cuán seria es la cosa, si tomamos en cuenta los últimos 100 años, la tasa de inflación promedio para Argentina es del 105% anual, alcanzando un máximo de 3079% en 1989 (cifras comparables únicamente con la hiperinflación alemana luego de la derrota y destrucción que significó Primera Guerra Mundial).

Todo esto me llevó a preguntarme cómo les va a otros países con la “tan temida” inflación y, para mi sorpresa, no parece ser un problema que les preocupe demasiado al resto del mundo (excepto Venezuela).  También pude descubrir que no siempre fue así, por ejemplo Israel tuvo un fuerte periodo inflacionario durante la década de los ochenta, alcanzando una tasa anual de inflación de 450% en el año 1985. Chile, nuestro vecino trasandino, también padeció este mal durante los años 70, con una inflación promedio de 312% entre 1972 y 1973. Tampoco México, Colombia y Brasil estuvieron exentos de ello. Sin embargo, todos estos países, a excepción de Argentina, lograron superarlo.
¿Cómo lo hicieron? Lo primero que descubrí es que no existe una receta mágica para ello. Algunos países aplicaron medidas más acorde a la teoría económica ortodoxa y otros medidas más heterodoxas y para que lo pueda ver por usted mismo, en el siguiente cuadro se presenta una síntesis de las medidas aplicadas por algunos de estos países para bajar la inflación:

En definitiva, de la experiencia de estos países, podemos aprender que:

  1. No existe una fórmula para bajar la inflación, todo depende de las características de cada país.
  2. No es algo que se pueda lograr de un día para otro: a estos países les tomó, en promedio, diez años controlar la inflación.
  3. Se necesita un consenso de la sociedad y un compromiso a largo plazo.
  4. La credibilidad es un factor determinante (en eso no somos muy buenos).
  5. Es importante mantener un orden fiscal, con reglas que equilibren el presupuesto del Estado a mediano plazo.
  6. Se necesita un Banco Central independiente, que establezca metas creíbles.

En conclusión, necesitamos dirigentes políticos comprometidos con el país, que trabajen en conjunto planificando políticas económicas de largo plazo. Es hora de priorizar el bienestar de todos los argentinos, dejando de lado las ambiciones personales. Los argentinos, justamente no nos caracterizamos por ser altruistas, sino más bien somos famosos por la “gran viveza criolla”, pero si queremos resultados diferentes, debemos comenzar a pensar diferente y a actuar diferente. El crecimiento económico primeramente exige el compromiso de la clase política, los primeros y gran responsables de los problemas que tiene Argentina hoy. Pero también de todos nosotros, es hora de pensar en Argentina en serio y dejar de ponernos la camiseta sólo cuando juega la selección.

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