Guillermo Knass

Economista. Magíster en Administración.

La respuesta del candidato a presidente

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La última vez había escrito acá “Que le preguntaría a un candidato a Presidente” sobre cuál debería ser, a mi criterio, la pregunta más importante que se le debe hacer a un candidato a presidente respecto a la economía argentina, considerando que el 2019 es un año electoral. Al respecto había concluido que el principal cuestionamiento que se le debería es ¿cómo va a hacer para que crezca el PBI per cápita?, de manera que no acabemos siendo el país más pobre de la región. A la luz de la teoría económica, en esta ocasión quiero presentarles cuál debería ser una de las respuestas más factibles.
Para comenzar a hablar de ello, es importante resaltar que no es posible hablar de crecimiento económico sin analizar su relación con el ahorro y la inversión. Para explicarlo de una manera sencilla, el aumento del nivel de actividad de una economía (crecimiento económico que se mide a través del PBI) depende de la formación de capital (es decir que se inviertan en nuevas fábricas y maquinarias en el país), para poder hacerlo es necesario ahorrar, a su vez, ese ahorro puede generarse en la economía doméstica (ahorro interno) o puede ser ahorro del resto del mundo (ahorro externo o cuenta corriente) para ser financiada. No caben dudas que la mejor manera para financiar la inversión es con ahorro interno, ya que en el largo plazo  endeudarse con el resto del mundo puede generar grandes desequilibrios macroeconómicos.
Formación Bruta de Capital y Ahorro en Argentina
Veamos cómo está Argentina en cuanto a la Formación Bruta de Capital, un indicador que refleja los desembolsos que se realizaron en una economía, en un año dado, para la incorporación de activos fijos (como adquisiciones de plantas industriales, maquinarias, equipos, construcción de rutas, ferrocarriles, hospitales, entre otros). Si tomamos el año 2017, sólo se destinó en 17,41% del PBI a la formación Bruta de capital. Por sí solo, este número no nos dice mucho, pero como punto de comparación debemos saber que los países de mayores ingresos destinan cerca del 32% de del PIB a la formación Bruta de Capital.
Si además consideramos el Ahorro Bruto Interno, que vendría a ser lo que la gente ahorra de su sueldo, deposita y los bancos prestan a las empresas para la inversión (el cual se calcula como el ingreso nacional menos el consumo), podemos ver que el mismo es apenas del 13,5% del PIB en el año 2017. Por lo tanto no solamente se invierte poco en Argentina para incrementar el capital, sino que además, parte de esta inversión se realiza con dinero del resto del mundo, lo que implica una deuda para el país.

El gráfico anterior nos muestra la evolución de la formación bruta de capital por habitante desde el año 2000 hasta el 2017 para Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Podemos observar que de estos cinco países, Argentina es el segundo con menos formación bruta de capital, después de Paraguay. Además, si observamos la situación de Chile, la economía más estable de la región, prácticamente duplica la formación bruta de capital de Argentina.
En forma de conclusión
Sin dudas que ante la pregunta “¿cómo va a hacer para que crezca el PBI per cápita?” un candidato a presidente debería responder que para que crezca el PBI per cápita es necesario incentivar la inversión con el fin de generar mayor formación de capital productivo en la economía, ya que eso implica mayor capacidad de producción de bienes y servicios, lo que, a su vez, nos lleva a un mayor bienestar para los argentinos. Ahora bien, depende de la capacidad de cada equipo económico y del líder político para encontrar el “cómo hacerlo”.
La “lluvia de inversiones” prometida es más urgente que nunca para salir de la recesión, y es la única salida, pero nada cae del cielo porque si; para que venga no es necesario tener salarios de hambre como quieren hacer creer algunos fundamentalistas; hace falta mostrar que el país es estable en el tiempo, que no te cambia las reglas de juego, que no te inventa impuestos a cada rato y que no devalúa de golpe un 100 % su moneda entre otras cosas.
En Chile la gente en promedio gana bien y mejora con el tiempo, entonces cuando le pregunte a un empresario con que proyecto se animaría a comprar maquinas, abrir otra sucursal etc. ese es el proyecto para seguir. Y repito, no pasa por pagar sueldos bajos o explotar a nadie, pasa por ser competitivos y rentables; y con la máxima presión tributaria de la región esto es simplemente imposible.
Argentina es rico en recursos naturales como el litio, en producción agropecuaria, en producción automotriz etc etc. tratemos solamente de ser mas normales, las palabras “lluvia de inversiones” “revolución de la alegría” suenan muy lindas, pero no hay soluciones mágicas a la Argentina, tampoco hacen falta, solo necesitamos alguien que nos convierta en un país más normal. Así que esa es la respuesta que espero.
 

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¿Qué le preguntaría a un candidato a presidente?

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Ya sabemos, y nos referimos varias veces en esta columna a que el 2018 fue un mal año para la Argentina, en realidad si tomamos todo el periodo de gestión que comenzó el 10 de diciembre de 2015 y culminará el 10 de diciembre del 2019 fue malo, se terminará sin crecimiento de la economía en el mejor de los casos, o lo que es mas probable con crecimiento negativo dado que las expectativas para este año distan de ser optimistas por más cosecha récord que se espere.
Pero el problema se agrava aún más cuando del crecimiento total pasamos al crecimiento per cápita, dado que la población sigue aumentando su número y si la economía no crece mínimamente a la par de la población (cosa que no ocurre ) seremos cada vez más pobres.
El indicador central para ver esto es el PBI per cápita que es sencillamente El Producto Bruto del País (los bienes y servicios que se fabrican en un año dividido el total de la población).
Para que entiendan todos, tener prosperidad económica significa tener bienes y servicios a disposición, y para tener bienes y servicios debemos producirlos o importarlos, ahora para importarlos debemos tener dólares para pagarlos y estos surgen o del endeudamiento del país (cosa que no puede ser eterna ) o de producir bienes que el mundo compre, nos pague en dólares, y con eso comprar los bienes que no producimos.
O sea el dilema es de sencilla resolución; querés más cosas, entonces producí más cosas. O sea trabaja más; que  a nivel país esto significa que más gente trabaje, que se trabaje más horas o que se haga el trabajo de forma más eficiente lo que significa en un aumento de productividad.
Los datos:
Ya sabemos que nos fue mal pero veamos cómo le fue a la región, siempre es buena la comparación con el resto de sudamérica por la sencilla razón de que ahí se terminan las excusas de que nos pegó el viento de frente. Si a un país le fue bien mientras a nosotros nos fue mal, es porque algo (o varias cosas) hicimos mal y punto. Para eso tomé las estimaciones preliminares del PBI per cápita de los cinco países sudamericanos y la media mundial:

La lectura es la siguiente: cada argentino produce bienes y servicios por un valor de 13.861,38 dólares “en promedio”. Lo mismo aplica para los demás países con sus datos según la tabla.
Como vemos ya somos terceros cómodos en el ranking de producción per cápita del cono sur, habiendo sido el país con mayores ingresos de la región y uno de los mayores del mundo hace 70 años.
Ahora bien, veamos como se viene comportando este indicador a lo largo de los años;

Resumidamente, lo que nos muestra el gráfico es que durante la década del 90 fuimos el país más rico de la región, también muestra que era un país caro e inviable en el tiempo, por eso la brutal caída que se ve en el 2002. También podemos destacar que en la famosa crisis subprime del 2009 todos los países cayeron, y esto se nota con lo cual vemos que el mundo nos pegó de frente, pero no así los últimos tres años, cuando vemos que todos los países considerados y el mundo crecieron, menos Argentina.  Y cada vez nos acercamos más a Brasil que está abajo y se nos alejan Chile y Uruguay que están arriba.
Un ejercicio:
Si parto del 2015 bajo el supuesto de que el PBI per cápita era igual a 100 dólares para cada país analizado, y de ahí cada uno siguió con su crecimiento hoy estaríamos así:

Esto quiere decir que, salvo Paraguay, por la fuerte crisis que tuvieron en 2016 ( pero en el 2017 y 2018 vienen con crecimiento continuo) Argentina tuvo el peor desempeño económico per cápita de la región, incluso muy por debajo de la media mundial. Todo indica que este año Argentina sigue cayendo y el resto sigue creciendo con lo cual cada vez tendemos a ser el país más pobre de la región:
Conclusión:
Lo interesante de medir algo per cápita es que parte del supuesto de que la torta ya está repartida en partes iguales (algo así como que si somos cuatro para comer una pizza de ocho porciones, per cápita comimos dos cada uno a pesar de que en la realidad alguno haya comido cuatro y otro nada) que digo con esto: que acá nos estamos quedando pobres en promedio por lo que no es un problema de reparto dado que para repartir primero hay que tener, y nosotros tenemos cada vez menos. Entonces no necesito preguntarle al candidato a Presidente cómo va a desarmar las Leliq o cuando viene el próximo stand by del FMI, necesito saber como va a hacer para que crezca el PBI per cápita para que no terminemos siendo los más pobres de la región.
 

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El peligro de la Bolsonarización de la economía

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Con el inicio del nuevo año empezó a correr la mayor incertidumbre para el comercio exterior de nuestro país. Tal como arrojaron los resultados electorales, Jair Bolsonaro se convirtió en el nuevo presidente de Brasil y tal como lo había anunciado, Paulo Guedes va a ser el ministro de Economía. Hasta aquí ninguna sorpresa, pero a los efectos de ser originales (ya que las noticias inundan los diarios con este tema) hablaremos breve sobre la perspectiva y más sobre dónde estamos parados con respecto a Brasil, ya que algunas declaraciones apresuradas dan la sensación de que el gigante del Mercosur nos hace un favor a los hermanos pequeños y parece que esto no es tan así.
 
La frase: “El Mercosur no será una prioridad para Brasil”
El flamante ministro de Economía brasileño lanzó estas declaraciones e hizo correr todo tipo de especulaciones. Para simplificar el tema esto se puede interpretar de dos formas :
1- que Brasil se retire del Mercosur con lo que el arancel cero y los aranceles diferenciados que tienen los países miembros, se quiten, y venderle a Brasil pase a ser más caro por el incremento de los impuestos a las importaciones que aplicaría a sus socios del cono sur.
2- que sin tocar la política arancelaria del Mercosur, Brasil unilateralmente se abra al mundo y baje los aranceles a lo que importa del resto de los países extra-Mercosur.
Si bien Guedes ya aclaró que no quiso menospreciar al Mercosur, vale la pena resaltar que es bastante improbable (aunque no imposible) que Brasil suba los aranceles ya que eso implica romper el Mercosur y entrar en una guerra comercial de la que todos saldríamos perjudicados.
Lecciones del pasado
Los liberales tienen bien presente los efectos de la famosa ley Hawley-Smoot promulgada en 1930 luego de la gran depresión en Estados Unidos. Esa ley,  que implicaba un aumento de derechos de importación de más del 50 por ciento en más de 20.000 bienes, buscaba proteger a los productos agrícolas principalmente de las importaciones y poder recuperar la economía luego de la crisis del 29.
Las consecuencias resumidas: lo que era esperable, los países que se vieron afectados por las medidas proteccionistas de Estados Unidos tomaron represalias y subieron los aranceles a la importación de productos norteamericanos. Se estima que exportaciones e importaciones en Estados Unidos cayeron 60 por ciento y el comercio internacional en general cayó 40 por ciento.
Esto podría traducirse en que de cada 100 productos que se fabricaban en Estados Unidos, para mandar a otros países, luego de las represalias solo se hicieron 40, por ende, hubo menos empleo, compras, inversión y todo lo que signifique crecimiento y prosperidad. Al ser Estados Unidos ya en los 30 el mayor país importador y exportador del mundo, este cerramiento expandió su gran depresión a todo el resto del mundo, salvo al bloque soviético pero eso es otra historia.
Entonces es más probable que en vez de eliminar privilegios a los socios simplemente se abra más al mundo y nos obligue a ser más competitivos.
Esto es hablando en general, ahora en particular a pesar de que integramos el Mercosur y que  existen un montón de anuncios, encuentros oficiales de autoridades de los países miembros, e instituciones (como el Parlasur), cuando vamos a los números, nos encontramos con que en realidad Brasil no necesita hacer mucho esfuerzo para no prestarle atención al Mercosur, observemos:

Lo que en promedio Brasil les compró a los países miembros del Mercosur no representó ni el 8 por ciento de sus compras totales, o sea que, lamento desilusionarlo, pero para Brasil el Mercosur hace rato no es una prioridad.

Como vemos en relación a lo que exporta, el Mercosur en su conjunto tampoco es tan importante para Brasil ya que en promedio no representó el 10 por ciento de sus ventas totales al mundo en los últimos tres años. Pero el dato central de las exportaciones no es ese: la balanza comercial de Brasil con el Mercosur arroja un superávit anual promedio (tomando del 2015 al 2018) de 8.500 millones de dólares. Con lo cual si alguien no debe quejarse del Mercosur es Brasil, ya que el superávit de su balanza comercial intramercosur también significa el déficit comercial del resto.
Conclusión:
Para terminar, no debemos dejar de mencionar la relación comercial de nuestro país con Brasil, pero no difiere de la general del Mercosur; Brasil es muy importante para nosotros, pero nosotros somos irrelevantes para Brasil, a esto le debemos sumar que tenemos un déficit comercial permanente con ellos, con lo cual infiero:
No creo que Brasil se aleje del Mercosur, ¿porqué lo haría si es el gran ganador del comercio del cono sur?.
Además siguiendo la enseñanza que nos dejó la ley  Hawley-Smoot, las represalias de los demás países miembros harían que Brasil perdiera un superávit comercial permanente con sus vecinos.
Lo que si va a ocurrir es que Brasil se va a abrir más al mundo y obligarnos a ser más competitivos si queremos seguir vendiéndole algo, lo cual no nos viene del todo mal.
Inclusive esa apertura económica le puede generar fuertes inversiones que llevarán al encarecimiento del Real por la entrada de dólares, con lo cual podríamos incrementar nuestras exportaciones con ese destino con el incremento del valor de la moneda brasileña.
Entonces las declaraciones de Bolsonaro y su ministro me parecen simples exabruptos de los primeros días sin haber mirado mucho los números. Ahora, después de haberlos mirado, habría que pensar si a Argentina, Uruguay y Paraguay les conviene seguir en el Mercosur.

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El 2019 será un gran año para todos (que lindo es dar buenas noticias)

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¿Suena a sarcasmo no? Esa era la idea, porque hablando en serio y observando el panorama nacional e internacional, no hay forma (salvo un milagro) de que el 2019 sea un mejor año económicamente hablando. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, veamos por donde podría pasar el milagro que nos traiga una mejora en el año entrante:
Primero, qué es lo que tiene que mejorar:
El Producto Bruto de la Argentina no crece, hace rato tenemos un estancamiento en nuestra actividad y si no se produce no se crece.

Mientras el mundo viene hace años creciendo a tasas por encima del 3% anual nosotros entramos en un círculo vicioso que hace que si crecemos un año caemos el otro y así volvemos al punto de partida, mientras la población crece y hay cada vez menos para repartir entre más; una simplificación con los datos del gráfico para entender la gravedad de nuestra situación:
Si tomamos a la Argentina y el Mundo como dos países que en el 2011 fabricaban 100 pan dulces cada uno, nos encontramos que en el 2018 mientras el mundo está fabricando 127,47 pan dulces; la Argentina solo está fabricando 99,9 (aplica para los flanes) así nos vamos empobreciendo con respecto al mundo. Si a esto le sumamos que la población crece, la situación se agrava más aún:
El PBI per cápita de nuestro país era de 14.246 dólares en 2012; en 2018 es de tan solo 11.363 dólares y en 2019 se espera que no supere los 9.500 dólares.
¿Ahora, podemos esperar el milagro de la recuperación en el 2019?
Vuelvo a repetir la esperanza es lo último que se pierde y como de pronósticos se trata… todos podemos y ojalá nos equivoquemos, de hecho la recuperación del 2002 y la caída que comenzó en abril de este año fueron muy poco pronosticadas, una para bien y otra para mal, pero ocurrieron fuera de las predicciones de los expertos.
Variables para rezarle en 2019
1 La tasa FED: como esta columna trata de ser más explicativa para gente no formada en finanzas, no ahondaremos en tecnicismos para que se entienda. La tasa de interés de referencia de la Reserva federal de los Estados Unidos es el costo de prestarnos dólares. Si sube, nos sale más caro pedir prestado en los mercados y si baja es más barato. Hace rato el presidente Donald Trump se viene peleando con la FED para que no suba la tasa o la baje, con lo cual nos daría una gran ayuda (no creo que lo haga mirando la Argentina, pero nos viene bien).
Así que en esta lucha, estemos todos a favor de Trump ya que nos van a salir más baratos los dólares que necesitamos.
2 El riesgo país: al momento de escribir este artículo el EMBI (indicador de bonos de los mercados emergentes) publicado por la “JP” Morgan se ubica por encima de los 830 puntos, esto significa que para que nos presten dinero hoy en los mercados debemos pagar 8,3 % más la tasa Fed (que anda en el 2,5%). Le parecerá poco ya que acá andamos con tasas de entre el 60 % y 70 %; pero la diferencia es que estas últimas son en pesos y la FED y el riesgo país son en dólares. Para tener un parámetro, una vez que el riesgo país supera los 1000 puntos o sea 10 % en valor de tasa de interés, se considera que somos incobrables por ende nadie nos va a prestar un dólar. Por los pesos no se preocupen, esos sobran el tema es que cada vez van a valer menos.
Así que la segunda vela, que sea para JP Morgan y nos baje el EMBI aunque sea por un error de la planilla de cálculo.
3 El valor de la soja y el resto de los comodities que exportamos: creo que está claro que necesitamos dólares, la mejor manera de conseguirlos es exportando productos al mundo y mientras más valgan, más dólares traemos. Aquí tenemos un punto positivo a observar; este año sequía mediante, el total de la campaña agrícola (soja, maíz, trigo y el resto de los granos) fue de 111 millones de toneladas. Para el año que viene se espera una campaña récord de 138 millones de toneladas, o sea casi un 25 % más. Así que la tercera vela, a prenderla a la lluvia para que no sea poca y no provoque sequía, pero que tampoco sea mucha como para inundar los campos. Dios es argentino y atiende en Buenos Aires, que es parte de la pampa húmeda así que le tengo fe.
El problema no es solo la cantidad sino el valor, y todas las estimaciones están dando a la baja el precio tanto de la soja, como el trigo y el maíz. Todo puede pasar, pero aun siendo optimistas no existe posibilidad alguna de encontrar nuevamente la soja por encima de los 500 dólares.
4- La recuperación de Brasil: Ya hablamos mucho de la importancia de Brasil para las ventas argentinas aquí: https://economis.com.ar/y-por-brasil-como-andamos/
La recuperación de nuestra industria automotriz y muchas economías regionales dependen de esto, así que otra vela para que a Jair Bolsonaro le vaya bien y no se ofenda porque Macri no fue a su asunción presidencial.
Conclusión
Como vemos todo lo que podría impactar en nuestro crecimiento depende del exterior y son los dólares que necesitamos para pagar nuestro déficit de cuenta corriente y nuestra abultada deuda, o al menos renegociarla a tasas pagables, pero viendo la realidad de hoy, salvo por la recuperación de Brasil, nadie encuentra un motivo muy sólido para ser optimistas.
Entre las variables no fueron mencionadas las elecciones: mucha gente cree que por ser año electoral, va a haber más dinero para fomentar el consumo. Pero lamento dar malas noticias: hoy lo que sobran son pesos y nadie los quiere, además el acuerdo con el FMI no deja margen al populismo de otros años.
En fin…. A prender cuatro velas, y si es medio ateo y no cree que algo extraordinario pueda pasar, las proyecciones normales dan que la economía argentina vuelve a caer en 2019, 0,7% (contra una caída de el 2,6 % del 2018) y la inflación no sería del 47% pero es muy improbable que baje del 35 %.
Como es fin de año y hay que ser optimista me concentré en lo que nos podría hacer mejorar, pero son todos factores externos. También pueden pasar cosas para que nos vaya peor, pero prefiero pensar que los rezos van a tener resultado……
¡FELIZ AÑO NUEVO!!!!!
 
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La noticia que nos gustaría tener en los diarios

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“Extra, extra! La inflación fue del cero por ciento. Obviamente no estamos hablando de la Argentina, pero tampoco es Canadá, Australia o Alemania; estamos hablando de un país latinoamericano, como el nuestro e incluso con históricas desventajas en cuanto a riqueza comparado con la Argentina: estamos hablando de Chile.
Efectivamente, Chile logró una tasa de inflación del 0 % en noviembre de 2018 comparado con el 3,2 % que arrojó el Indec para el mismo mes en este lado de la cordillera. Pero no es casualidad de un mes, si miramos octubre de 2018, mientras que Argentina tuvo la inflación más alta desde 1991, con 5,4 %, en Chile el mismo dato fue de 0,4 %. Si queremos amargarnos más, estimamos que en la Argentina la inflación 2018 va a ser del 47 por ciento, aproximadamente mientras que la de Chile con suerte llegue al 3 %.  O sea, para echar más leña al fuego, podemos decir que la inflación de un mes promedio de la Argentina es más alta que la de todo un año en Chile.
Bueno, pero… deben estar en recesión, ya que la caída de precios está relacionada con la caída de actividad como le pasó a Argentina en 2000. Lejos de la realidad, el indicador mensual de actividad económica de Chile muestra que en octubre su economía creció 4,2 % y 3,2 % en los últimos 12 meses; o sea más crece la actividad económica y más baja la inflación.
Para que se vea con claridad desarmé los datos en dos gráficos comenzando por el año de máxima inflación de Chile registrado en el Banco Mundial.

De los años marcados hay dos que me parece importante resaltar: en el año 1974 la inflación Argentina era de 31%, mientras que la chilena era de 679 % . Once años después, la situación era prácticamente al revés, Argentina 626 % y Chile 42 %.

Siguiendo con los años, podemos resumir que si bien la inflación fue notoriamente inferior a la de los 70s y 80s para ambos países; desde el 92 en Chile nunca volvió a superar el 13 % mientras que en la Argentina este año llegaremos al 47 %.
Como lo hizo:
El caso de la economía Chilena es bastante particular hoy en Latinoamérica, pero en los 70 la situación no eran muy distinta; y por ende su inflación tampoco: Al igual que el resto de los países de este, sur tenía una fuerte dependencia del valor de las materias primas (el cobre en este caso) y cuando estos bajaban, se resentía toda la economía y por ende los recursos fiscales. A esto se sumaba el intento de hacer política anticíclica elevando el gasto público por medio de la emisión monetaria y terminaban en tasas de inflación de tres dígitos (igual que acá).
En el año 75 se produce un cambio de política, se genera un brutal ajuste que hace que un déficit de cuenta corriente de más de 6% del PBI (similar a nuestro país antes de la devaluación de este año) se convierte en superávit en 1976. La inflación bajó considerablemente, pero siempre en torno al 30%, entonces a mediados de 1979 hicieron la solución argentina de los noventa: ataron su moneda al dólar y aquí consiguieron de nuevo una baja considerable.

Pero atar la moneda de un país subdesarrollado a otro desarrollado puede traer más problemas que soluciones y con la apreciación del dólar de principios de los 80, se dieron cuenta que no podían sostener su convertibilidad y soltaron el ancla del dólar.
La inflación volvió a subir junto con la devaluación del peso chileno, pero en los años de máxima, apenas superaba el 20%; y creo que aquí está un hecho clave a resaltar: entrar en la Convertibilidad no es la única manera de bajar la inflación y salir de ella no necesariamente te lleva a un proceso de alta inflación, luego de los ajustes propios del cambio de sistema Chile siguió teniendo una política fiscal austera, y a pesar de que como todo el hemisferio sur sufrió la recesión económica de la década perdida de Latinoamérica, lo hizo sin inflación.
La historia continúa y es muy interesante, podemos sintetizar que a fines de los 80 se le dio mayor autonomía al Banco Central ante nuevas presiones inflacionarias y este volvió a trabajar con metas graduales hasta que hoy pueden anunciar inflación 0 y con crecimiento de la economía.
Lecciones varias
Las académicas: tuvieron inflación con déficit, bajaron el déficit y bajó la inflación (visión monetarista cumplida). Después, sin déficit seguían teniendo alta inflación (visión heterodoxa) y aplicaron otras medidas hasta solucionar el problema.
Probaron todos los instrumentos: metas de inflación, convertibilidad, control de las variables monetarias, cada uno cuando dejaba de servir el anterior, pero nunca cambiaron el objetivo; que era eliminar la inflación.
En Argentina, en cambio como somos muy vivos la hacemos al revés. La bendita conferencia del 28 D, cuando se flexibilizaron las metas de inflación, fue usar el mismo instrumento, pero cambiando el objetivo y así estamos hoy.
Si vas a hacer una mesa, pero algunas maderas son más gruesas o duras y se te está complicando, cambia de martillo y los clavos; pero no te olvides que estás haciendo una mesa. En cambio si con el mismo martillo, como se te complica, decidís hacer una silla porque es más fácil, terminas haciendo un engendro que no te sirve ni para comer ni para sentarte…. pero eso sí; los clavos y maderas que echaste a perder los vas a tener que pagar igual ¿Se entiende?

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