Guillermo Knass

Economista. Magíster en Administración.

No es por ahí… Redrado tiene razón

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El Artículo 3 de la Carta Orgánica del Banco central de la República Argentina dice: el Banco tiene por finalidad promover la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social, entre otras finalidades. Sin embargo, todos pueden apreciar que todo esto no se está cumpliendo.
Para que exista estabilidad monetaria debe haber estabilidad de precios y con una inflación proyectada este año mayor que el año pasado el incumplimiento de la Carta Orgánica es cada vez más evidente.
Desde ese famoso debate de los candidatos Mauricio Macri y Daniel Scioli, el actual Presidente se comprometió con algo de generoso optimismo (por llamarlo de alguna manera) a erradicar la inflación. Para ello, puso lo mejor del “mejor equipo de los últimos 50 años” a manejar el Banco Central, y esto fue lo que ocurrió:
Primero Federico Sturzenegger: su esquema de metas de inflación fracasó rotundamente. Cuando por un lado pretendía bajar la inflación subiendo tasas (enfriando la economía), por otro lado el Gobierno decidió quitar los subsidios que generaron los aumentos de tarifas de la energía (precios clave para la economía) y, además, el déficit fiscal financiado con emisión no iba a permitir  nunca cumplir con esas metas de inflación. No es que no hubiera sido necesario sincerar el costo de la energía en la Argentina, pero aumentar por un lado precios claves para la inflación y pretender que esta baje al mismo tiempo es como vaciar la pileta a baldazos con la canilla abierta; va a quedar como está y lo único que va a aumentar es la factura del agua. La crisis del 2018 y el aumento del dólar le dio el tiro de gracia y pasamos a la era Caputo.

Segundo, Luis Caputo: el ex ministro de Finanzas abandonó formalmente las metas de inflación (si, esa que en el 2018 tenían que dar 10% + – 2 % ) y se dedicó a… Bueno, la verdad no sé cuál fue la idea de Caputo para el Banco Central, si alguien me ayuda, bienvenido. Lo que sí sabemos todos es que tampoco funcionó y entramos en la tercera gestión del Central. Bueno algo que quedó de Caputo es el récord mundial de endeudamiento de la Argentina en el 2016 y 2017 y las tan criticadas tasas del 40 % de Sturzenegger, que se fueron al 60 por ciento.
Tercero, Guido Sandleris: anunció una política de crecimiento cero de los agregados monetarios, más control del dólar entre bandas y todo lo que está pasando en este momento. Como resultado: inflación de febrero fue de 3,8 % y marzo de 4,7 %, o sea como que no se está estabilizando mucho.

Por eso revisando un poco la historia me encuentro con un documento de un ex presidente del Banco Central que hoy es más famoso por sus enredos amorosos con Luciana Salazar, pero que supo pilotear varias crisis financieras y plantarse ante el ejecutivo nacional para cumplir con la Carta Orgánica que juró honrar:
Me refiero a Martín Redrado, presidente del BCRA entre 2004 y 2010; vale la pena extraer algunos conceptos de su experiencia como enseñanza en estos tiempos:
Redrado llamó a su programa “Enfoque de administración de riesgos”. Con la idea de que el Banco Central no profundice la inestabilidad financiera, estuvo basado en cuatro pilares, trataré de hacer una síntesis de dos y dejo el link del documento:
En una primera parte Redrado resalta la importancia de controlar la cantidad de dinero por encima de la tasa de interés, de ahí que en base a estudios de la oferta y demanda de dinero estableció un programa monetario de cumplimiento trimestral, que establecía que la cantidad de dinero creada debía ser igual a la que realmente demande la economía, no la que demande el Gobierno para pagar su déficit. Si el dinero que emite el Banco Central (oferta) es el que requiere la actividad económica (demanda), la tasa se ubica donde tiene que ubicarse para que todo funcione con normalidad, o sea muchísimo más baja que el 60 por ciento promedio actual, que destruye la rentabilidad de cualquier actividad.
Con respecto al tipo de cambio, fijó un régimen de flotación administrada del dólar, algo parecido a lo que quiso hacer Sandleris con su flotación entre bandas: no se trataba de planchar el dólar, la diferencia principal se da en que la intervención del Banco Central comprando o vendiendo divisas, era para evitar cambios bruscos en la cotización que desemboquen en corridas cambiarias como la que estamos viviendo ahora. O sea, dejar subir el dólar si tiene que subir y bajar si tiene que bajar, pero suavemente y mostrando que el Banco tiene el control y el objetivo: que el dólar sea estable y competitivo.
Sin embargo, en esta administración y desde diciembre de 2015 se intervino para mantener el dólar barato y la gente contenta de comprarlo hasta que la crisis del 2018 se lo llevó puesto. Con la última medida anunciada se está diciendo que se va a planchar el dólar cuando llegue a $51,45 independientemente de la inflación que se genere; pero esto puede llevar nuevamente al atraso cambiario, déficit de cuenta corriente y otra crisis.

En la línea azul vemos lo que costaba el dólar en cada período, en la naranja el dólar si hubiera crecido con la inflación, desde el 2016 hasta mediados de 2018 el Banco Central atrasó el dólar y esto explicó la fuga de capitales más grande de la historia.
https://economis.com.ar/ya-se-fugo-mas-de-la-mitad-de-la-deuda-externa-tomada-en-los-ultimos-dos-anos/
Las otras medidas adoptadas están orientadas a la administración del sistema, vale la pena leerlo para el que quiera interiorizarse de la actividad que realiza el banco Central. Aquí el link:
http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/greenstone/cgi-bin/library.cgi?a=d&c=investigacion&d=politica-monetaria-financiera-argentina
Lección:
Señores, no es por ahí….. en la Argentina ya se intentó congelar o atrasar el dólar, también se experimentó de todo con la emisión de dinero y  con la tasa de interés, ¿si probamos con algo más coherente? Martín Redrado reconoció que el éxito de su enfoque de administración de riesgos del Banco Central se encontraba en el hecho de que tenía en cuenta la historia económica junto a la idiosincrasia del ciudadano, quienes en treinta años atravesaron numerosas crisis, entre ellas dos hiperinflaciones y dos afectaciones de depósitos cambiarios. Si no logran ser claros y demostrar que saben lo que hacen, no van a poder estabilizar la economía y… no van muy bien con eso.

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Sol Pérez tiene razón (ups)

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Para distendernos un poco del dólar, vamos a las cosas trascendentes que están ocurriendo en el país, como la pelea  entre la economista Sol Pérez y el farandulero Javier Milei sobre si el Estado debería cobrar impuestos y con eso ayudar a contener a los sectores de mayor vulnerabilidad social. La discusión va subiendo de tono, seguida de los insultos a los que nos tiene acostumbrados el señor del pelo revuelto y las contestaciones de la modelo que se termina levantando de la mesa porque no se banca la ninguneada que le pegaron, bueno, en realidad es más divertido verlo que contarlo así que acá está el video:

 
El tema de fondo es que Sol Perez defendía pagar impuestos para contribuir a aliviar la pobreza y Milei la mandó a leer libros porque, en su opinión, estaba totalmente equivocada ya que la bibliografía dice todo lo contrario a lo que ella expone y que le falta leer para opinar.
Todo esto me hizo acordar a un autor llamado Richard Musgrave, un docente, investigador y autor de libros de Finanzas públicas. Debe ser uno de los más citados en la bibliografía moderna de la Economía del sector público y de su curriculum quiero resaltar un par de actividades:
 Profesor emérito de Harvard.
 Miembro distinguido de la American Economic Association.
O sea estamos hablando de un economista norteamericano y no un loquito suelto, sino alguien que fue docente de una de las universidades más prestigiosas del mundo y un reconocido economista del país capitalista por excelencia.
¿Qué dice Musgrave? Que el Estado tiene tres funciones elementales:
Asignación: Algunos bienes sólo puede proveerlos el Estado, porque por más que sean necesarios y útiles por algún motivo no se los puede cobrar, y si no podemos obtener un precio nadie lo vendería. Todos necesitamos las calles para transitar, pero nadie va a construir una calle para después cobrar por transitar por ella, la escuela primaria gratuita, la policía etc. etc. son claros ejemplos de esto; bienes necesarios y útiles pero que por sus características no puede proveerlos el sector privado. Al que le interesa el tema busque “Bienes Públicos”.
Redistribución: La función por la cual Milei dice que el Estado es un ladrón; y si se trata de eso, cobrar impuestos mayores a los que más tienen para contener a los sectores más vulnerables. El Estado para asistir a la población tiene que comprar cosas y para comprar necesita el dinero de los contribuyentes. Se puede criticar si se hace bien o mal, mucho o poco, pero hay que hacerlo. De eso se trata también en la Argentina y todos los países del mundo… Asistir a los sectores más vulnerables de la sociedad de manera eficiente y justa  es el desafío. Y si se hace mal (dar planes a quien no necesita o pensiones a quienes no tienen invalidez) hay que corregirlo, pero de ninguna manera quitar esa función al Estado ya que la sociedad seria terriblemente cruel.
Estabilización: que se sintetiza en lograr bajar la inflación y lograr un crecimiento sostenido de la economía para que el desempleo sea el menor posible al igual que la pobreza; bueno ya sabemos lo que significa esto y es lo que esperamos gobierno tras gobierno y elecciones tras elecciones.
Existe un consenso mayoritario en pensar como Musgrave (o como Sol Pérez) o tantos otros que están dispuestos a que el Estado nos quite algo razonable para contener a los que menos tienen  a través de las políticas sociales. Se puede ver claramente, en los datos económicos y en la vida cotidiana, la importancia que tiene el Estado proveyendo bienes públicos y tomando medidas para combatir la desigualdad y la pobreza.  
A modo de ejemplo, en el siguiente gráfico se presentan los datos para Argentina (entre el 2000 y el 2017) del Gasto Público Consolidado (esto es el total del gasto público sumando lo que gasta Nación, las provincias y los municipios)  como porcentaje de PIB y el coeficiente de Gini, que es una medida de la desigualdad en los ingresos entre la población, cuanto más cercano a uno es este número, más desigualdad existe en el país y cuanto más cercano a cero indica que hay una menor desigualdad.  En el eje de la izquierda se refleja el gasto público como porcentaje del PBI, mientras que en la derecha podemos observar la evolución del índice de Gini. Podemos ver una clara relación entre ambos, es decir, que a medida que se fue incrementando el Gasto Público, mejoró la redistribución del ingreso entre la población y disminuyó la desigualdad, creando un país más justo y favoreciendo a los que menos tienen.

También debemos resaltar que las funciones del Estado de redistribución y estabilización tienen que cumplirse de manera conjunta, ya que no puede haber la una sin la otra. Es muy difícil combatir la pobreza y las necesidades básicas insatisfechas en un contexto recesivo o inflacionario; de hecho, los países que crecen no lo hacen por abandonar la redistribución, sino por hacerlo de manera eficiente y responsable sin descuidar la estabilidad económica
En síntesis, aunque a veces no estemos totalmente de acuerdo en cómo se administran los recursos del Estado, nadie puede negar la importancia que tiene su intervención en la economía para conseguir una mayor equidad.
Con esto concuerdan numerosos economistas, entre ellos el ya nombrado Musgrave, un profesional reconocido en un país que hace del libre mercado su bandera. Además hay otros autores (premios Nobel incluidos) como Joseph Stiglitz que con sus aportes propios van en el mismo sentido. De hecho salvo lo que escucho de Milei nunca leí a algún académico serio de estos tiempos afirmar que el Estado no tiene que existir o no tiene que redistribuir algo de la renta para equilibrar las desigualdades y lograr la movilidad social.
 
Punto para Sol Pérez: estudió a Musgrave y otros similares más de lo que lo hizo Milei.

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¿”Cambiamos” o “No Cambiamos” de gobierno?

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Como es de público conocimiento, en el mes de octubre se realizarán las elecciones presidenciales en Argentina y hasta el momento, el panorama político no resulta claro, sobre todo porque el país atraviesa una crisis económica importante, con recesión y altas tasas de inflación. El gobierno de Mauricio Macri sigue sosteniendo que el mal momento económico es consecuencia de la “pesada herencia” recibida del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner; mientras que del otro lado de la vereda, atribuyen los problemas de la economía a la incapacidad de resolver problemas por parte del equipo económico del presente gobierno y a las malas decisiones políticas que se han tomado. Por la “ancha avenida del medio” tratan de acomodarse múltiples candidatos, echando culpas a un lado y al otro, buscando posicionarse como la alternativa a la grieta. La verdad, es que no existe un panorama claro de lo que podría suceder en las urnas en octubre, pero si algo sabemos es, que la economía es importante.
En el signo XX surge una teoría conocida como el “Voto Económico”, cuya veracidad se ha podido contrastar en varios países, que señala que los votantes premian al partido de gobierno de turno por los buenos tiempos económicos y lo castigan por los malos. Si bien es cierto que el análisis del desempeño de un gobierno debería abarcar muchas más variables, veamos que nos dicen los números de la economía para el caso de Argentina. Para ello vamos a analizar, a modo de ejemplo, la tasa de crecimiento del PIB per cápita (Se trata de una medida de bienestar, que muestra el producto bruto interno, por persona, en una economía).

Fuente: Banco Mundial

El gráfico anterior muestra el PIB per cápita, más precisamente la variación porcentual anual de dicha variable. La misma nos dice si la economía creció o no respecto al año anterior, teniendo en cuenta la cantidad de población (es decir que, si la economía creció en términos per cápita, entonces la economía creció más que la población y hay más bienes y servicios disponibles por habitante). Los círculos rojos muestran los años electorales, de modo que podamos analizar si existe una correlación entre la caída de la economía y la pérdida de las elecciones por parte de los partidos oficialistas.
 Comencemos por el año 1989: si bien, el gobierno al gobierno de Alfonsín hoy se lo reconoce por la consolidación de la democracia con todas las dificultades que eso implicó; y también tuvo el contexto externo más desfavorable del periodo post dictadura , se puede apreciar que ese año el PBI per cápita había caído un 8,5%, además del gran problema de la hiperinflación, y la UCR (partido oficialista) pierde las elecciones ante el candidato del Partido Justicialista, Carlos Menem.
 1995: resulta ser un año particular, ya que si bien el PBI per cápita cae un 4,06% respecto al año anterior, el presidente de ese entonces, Carlos Menem, consigue la reelección. Sin embargo, no hay que olvidar que un año antes se sucede la “Crisis del Tequila”, por lo que el contexto internacional en ese año fue muy complicado, el que vivió y votó en el 95 recordará que por “éxito económico”  la gente veía la derrota de la inflación por encima de la caída de la actividad y el récord de desempleo .
 1999: el plan económico del gobierno de Menem y la convertibilidad comienzan a fallar, la economía cae 4,46% respecto a 1998 (el cual también había sido un mal año) y en las elecciones presidenciales el Partido Justicialista, que representaba al oficialismo pierde, cediendo el puesto a Fernando De la Rúa, representante de la Alianza, el cual no acabaría su gobierno y terminaría renunciando el 20 de diciembre de 2001, fecha que marca una de las crisis económica y social más profundas que ha enfrentado el  país. En su lugar, asume la presidencia interina (luego de 5 presidentes en una semana) Eduardo Dualde.
 2003: Llega a la presidencia Nestor Kirchner, luego de que Carlos Menem se bajara del “ballotage”, pero si lo comparamos con el año 1999, gana el Partido Justicialista, dejando al partido oficialista de las elecciones anteriores (el cual se había conformado como una alianza entre la UCR y Frente País Solidario) fuera de carrera.
 2007: Con una economía en crecimiento, gana el partido oficialista, representado por Cristina Fernández de Kirchner.
 2011: El PBI per cápita creció un 4,9% respecto del 2010: Cristina Fernández de Kirchner es reelecta con el 54% de los votos.
 2014: con un PBI per cápita que cae en un 3,51%, sin mencionar el problema inflacionario, el partido oficialista, representado en ese momento por Daniel Scioli, pierde las elecciones ante Cambiemos, y asume la presidencia Mauricio Macri.
A partir de las observaciones anteriores, podemos ver que, excepto en el año 1995 ( donde éxito económico se consideraba también baja inflación ), desde 1989 en adelante, cada vez que la economía anduvo mal, el partido correspondiente al gobierno de turno ha perdido las elecciones, como si se tratara de una especie de un voto castigo por la situación económica no favorable. Entonces, si siguiéramos este modelo, se puede decir que el presidente Mauricio Macri tiene pocas posibilidades de aspirar a una reelección en 2019, a menos que en los próximos meses consiga encontrar un camino favorable para la economía.
Aclaración y conclusión:
No es objetivo de esta columna hacer proyecciones electorales sinó reflejar una realidad de la Argentina democrática en base a los datos y los votos, cada candidato sabrá lo que hacer; pero dado el contexto a Macri solo le queda apelar a la estrategia de Menem que una vez dijo: “Estamos mal pero vamos bien” que cierto o no logro quebrar la correlación entre crisis e intención de voto. Claro que al  menos en el 95 podía decir que no había inflación.

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Un buen año para el tabaco (y para Misiones)

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El miércoles 27 del mes pasado se terminó de acordar el precio que recibirán los productores misioneros por el tabaco burley y el criollo misionero cosechado en el 2019.
Contexto:
Antes de analizar el precio acordado me parece oportuno resaltar algunas características de la producción tabacalera en Misiones:
Importancia: Según el Censo Nacional Agropecuario 2008 existen en Misiones 26.552 explotaciones agropecuarias. También en Misiones hay más de 16.000 productores inscriptos en el registro para entregar tabaco, existen casos donde hay más de un productor por explotación o algunas otras circunstancias, pero podremos concluir que cerca del 50 por ciento de las explotaciones misioneras producen tabaco, con lo que es una actividad muy importante de la economía regional desde el punto de vista de la cantidad de  productores que involucra.
Comercio exterior: Las exportaciones totales de la provincia entre enero y septiembre de 2018 fueron de U$s 359.748.635,34, de las cuales el tabaco representó el 15%, alcanzando una cifra de Uss 54.646.578,00.
Al respecto dice el Ipec: “Para el período Enero-Septiembre del 2018, el principal producto primario exportado fue el tabaco sin elaborar en hojas (representando el 92,7% de los productos primarios)”.
fuente: https://ipecmisiones.org/wp-content/uploads/2018/11/IPEC-Misiones-Exportaciones-de-Misiones-Enero-Septiembre-2018.pdf
Recursos extra coparticipación: solamente en el 2018 Misiones recibió en concepto de Fondo especial del tabaco más de 2700 millones de pesos de los cuales el 80 % van de manera directa al productor en concepto de precio y el 20 % restante en planes de diversificación, o mejoramiento de la calidad de vida. Ya es conocido que el actual sistema de coparticipación federal no favorece a nuestra provincia al ser  la que menores recursos per cápita recibe en el NEA, entre otras injusticias que son de difícil resolución en lo inmediato. Según la comisión federal de impuestos, Misiones recibió por recursos coparticipables 32.331 millones de pesos durante el 2018; con lo que el fondo especial del tabaco representaría más de un 8 % de recursos adicionales provenientes de Nación que vendrían a compensar esta baja posición en la coparticipación general.
El mercado del tabaco en Misiones:
En general, los precios de los productos primarios, como por ejemplo los de la soja o el trigo, se fijan en los mercados internacionales con bastante transparencia. Se toma información de todo el mundo, si hay mucha oferta el precio baja y si hay mucha demanda el precio sube. Esto se puede ver reflejado en las cotizaciones, por ejemplo, en la Bolsa de Valores de Rosario, que viene condicionada por el mercado internacional que principalmente refleja las cotizaciones del mercado de Chicago. Esto se puede dar porque se cumplen los principios de la competencia perfecta, como ser la atomización, lo cual significa que hay tantos compradores y vendedores que ninguno puede ejercer influencia significativa en el precio, por lo que se dice son precio-aceptantes y los beneficios tienden a ser normales.
Ahora bien, el caso del tabaco es diferente. Como ya dijimos, en la provincia de Misiones existen (este año al menos) más de 16000 productores tabacaleros en Misiones que producirían 32.000.000 de kilos de tabaco. Esa sería la oferta. Mientras que por  el lado de la demanda existen 6 empresas compradoras de tabaco en la provincia. Como consecuencia de ello, y debido al gran poder de mercado que tiene las 6 empresas que conforman la demanda, se produce una “falla de mercado”, lo que, en la teoría económica, justifica la intervención del Estado para corregirla.

¿Cuál es la falla?
Al igual que describimos aquí con la yerba https://economis.com.ar/cuando-el-mercado-cuando-el-estado-a-proposito-del-precio-de-la-yerba-mate/ cuando son pocos los compradores y muchos los vendedores y con desigual poder de negociación ( los productores tiene mas urgencia por vender el tabaco ya que es su salario ) esa desigualdad puede terminar tirando el precio a la baja y el productor no recibiendo un precio justo en comparación a si vendiera en un mercado donde también sean muchos y pequeños los compradores y compitan entre sí.
De ahí que el gobierno provincial realiza un arbitraje que no implica imponer un precio, sino ayudar a que la negociación entre productores y empresas termine en un precio justo.
Como se puede saber si la intervención estatal es la correcta:
Al haber una falla del mercado cada uno tiene su punto de vista, como en todo, alguno que vende quiere más y alguno que compra quiere pagar menos, si hubiera competencia perfecta estaría más claro, pero no es así.  
Los productores consiguieron un aumento del precio del tabaco del 59,5 % en comparación al 2018, esto claramente supera a la inflación que fue del 47 % y ni que hablar de los salarios que subieron en promedio un 29,7 %. Con lo cual el ingreso del productor tabacalero tuvo una fuerte mejoría en su poder de compra.
Por otro lado, también se puede ver que las empresas salieron beneficiadas ya que recuperaron algo de competitividad (considerando que estas empresas venden todo el tabaco en el mercado internacional) al pagar un aumento menor a la devaluación del peso frente al dólar, inclusive neto de las tan criticadas retenciones que volvieron a poner a las economías regionales.
Existe una falla, el Estado interviene, se consigue una solución justa: ganaron los productores y ganaron las empresas. No siempre es mala la intervención del Estado en el mercado, la clave está en hacerlo tratando de que todos ganen para que haya más mercado.

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El dólar sube, los precios suben; el dólar baja, los precios bajan (ah no pará…….)

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El dólar despierta pasiones en los argentinos, quienes siempre estamos pendientes de cuánto vale, si sube o si baja. Sin dudas una gran paradoja para un país tan antinorteamericano pero que a la hora de ahorrar siempre lo hace en dólares. Lo cierto es que los famosos papelitos verdes nos tuvieron bastante entretenidos durante el mes de febrero, con momentos donde su valor bajó considerablemente a tal punto que el Banco Central tuvo que salir a comprar dólares para estabilizar su valor, luego a los dos o tres días subió nuevamente, con picos que se acercaron al record histórico.
Todos estos movimientos nos lleva a preguntarnos ¿es bueno que el dólar baje? Analicemos un poco esto:
Durante los picos de la crisis cambiaria del año pasado el dólar llegó a superar los 42 pesos, teniendo en todo el año 2018 una devaluación redondeada del 100 %. Obviamente, como era de esperarse esto aceleró tremendamente la inflación que según las metas del banco Central no debería haber superado el 15 %, aunque a principios del 2018 con todo el optimismo que se veía en la economía nadie esperaba que fuera de menos del 22 %. Para no perderse: del 22% esperado por el mercado ( no podemos tomar la meta del Banco Central porque solo era eso, una meta y de muy difícil cumplimiento, todos lo sabían ). Finalmente la inflación del 2018 fue del 47 % y se puede decir que la mayor parte entre la diferencia entre la inflación esperada (expectativas) y la que realmente se dió fue a causa de la fuerte devaluación del peso frente al dólar (o la subida del dólar).
¿Por qué ocurre?….. ya nos hemos referido varias veces a ello: resumidamente los bienes que se comercializan en el mercado internacional aumentan su precio con la devaluación (en dólares salen lo mismo, pero en pesos son muchos más caros). Si bien muchos de esos bienes se producen en el país, como por ejemplo el trigo y el maíz, cotizan en Dólares y si este aumenta, aumenta también su precio. El combustible también está en dólares y a partir de ahí todo aumenta.
El tema es que, buenas noticias internacionales mediante, durante el mes de enero y los primeros de febrero de 2019, tanto el riesgo país como el valor del dólar habían comenzado a bajar notoriamente al punto tal de que obligaron al Banco Central a intervenir, ya no vendiendo dólares para que no se dispare como vimos el año pasado; sino a comprar para que no se siga desplomando.
Entonces, cuando se podrían esperar buenas noticias por parte del INDEC porque si el dólar bajó los precios deberían empezar a ceder, nos desayunamos que la inflación de enero fue de un alarmante 2,9% y se espera que febrero sea aún mayor. Pero… ¿por qué? ¿No sería lógico que si los precios suben cuando el dólar sube, también bajen cuando el dólar baja?
Ante todo recordemos que la devaluación anduvo en torno al 100 % y los precios al 47 % con lo que todavía queda pass trought (como se conoce el pase a precios de la devaluación). Segundo: El dólar subió exageradamente en los últimos meses del 2018, tal como lo vemos en el gráfico que se presenta a continuación.
Después, lo más complejo, los precios en Argentina son resistentes a la baja una vez que subieron, salvo una simbólica y efímera bajada del precio de combustible, nadie remarca para abajo, porque las expectativas indican que esto puede cambiar en cualquier momento, y como no hay confianza no bajo los precios.
 
Según estimaciones propias un dólar de equilibrio hoy estaría en torno a los $ 37,5, dependiendo de cómo avance la inflación y el riesgo país principalmente. Pero así como fue perjudicial que suba tanto porque disparo la inflación y afectó tremendamente a los salarios, ya que si convertimos los salarios a dólares, hoy la gente gana mucho menos que a principios de 2018. Pero que baje tanto el dólar tampoco es una buena noticia:
Primero: los precios no van a bajar, es más, en el gráfico puede observarse que por más que el dólar esté atrasado, como entre el 2014 y 2015, la inflación nunca detuvo su tendencia.
Segundo: pasado el prejuicio que genera la devaluación en los salarios, la Argentina recuperó algo de competitividad que se traduce principalmente en condiciones necesarias para volver a crecer; la mejora de la balanza comercial como consecuencia de la caída de las importaciones, por un lado, pero también como incremento de las exportaciones de las economías regionales y el turismo.
Por lo tanto, podemos decir en términos generales que con una economía que necesita crecer y, para ello es de vital importancia ser competitivos, no son tan buenas noticias que el dólar baje. No dejen que se caiga el dólar con fines electorales, la inflación no va a bajar…. Ya quedó demostrado con el dato de enero, y el de febrero va a ser peor.
Además, el dólar barato en la Argentina trae capitales golondrina y luego se fuga, dejando una deuda enorme como paso entre el 2016 y 2017. Y lo único bueno que nos dejó el 2018 que fue la mejora de la balanza comercial y la recuperación de la competitividad se va a perder por la estupidez de querer mostrar que tienen el dólar controlado.

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