La robótica humanoide dejó de ser una promesa de ciencia ficción y comenzó a materializarse como un fenómeno industrial con impacto económico, laboral y geopolítico. China avanza con rapidez en el desarrollo de robots con inteligencia artificial avanzada y todo indica que el primer “compañero de trabajo” humanoide a escala global llegará desde ese país, apoyado en una cadena productiva integrada, costos competitivos y una estrategia tecnológica de largo plazo.
Durante décadas, los robots humanoides formaron parte del imaginario colectivo a través del cine. Películas como Yo, Robot mostraban máquinas compartiendo espacios laborales con personas, ejecutando tareas complejas y tomando decisiones. Ese futuro, que parecía lejano, hoy empieza a adquirir forma concreta en fábricas, laboratorios y centros de exhibición de China.
La revista Wired destacó recientemente el nivel de avance alcanzado por el país asiático en la carrera por los humanoides, robots portadores de inteligencia artificial avanzada que ya no se presentan como prototipos aislados, sino como parte de un ecosistema industrial en plena expansión.
Un espectáculo tecnológico que anticipa un cambio estructural
La escena se volvió visible en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, realizada en Shanghái. Allí, decenas de robots humanoides caminaron, bailaron, boxearon, cargaron cajas y recorrieron los stands ante miles de visitantes. Algunos se recostaban en los rincones mientras recargaban baterías; otros ejecutaban acrobacias con una coordinación que sorprendió incluso a especialistas.
Más allá del impacto visual, el mensaje de fondo es claro: China está construyendo la infraestructura tecnológica necesaria para liderar la próxima gran transformación industrial. No se trata solo de exhibiciones, sino de una demostración de capacidad productiva, integración tecnológica y velocidad de desarrollo.
Sin embargo, el estado actual de la tecnología todavía presenta limitaciones relevantes. Muchos humanoides dependen de operadores humanos que, mediante controles remotos, indican hacia dónde caminar, cuándo saludar o cómo ejecutar determinadas acciones. La autonomía plena sigue siendo un desafío pendiente.
Además, gran parte de los modelos carece de manos verdaderamente funcionales. En muchos casos, los brazos terminan en puños metálicos aptos para cargar cajas, pero no para manipular objetos delicados. Paradójicamente, para los robots actuales resulta más sencillo realizar una voltereta hacia atrás que levantar una moneda del suelo.
Aun así, el avance es sostenido y la dirección estratégica no ofrece dudas.
Proyecciones globales y la ventaja estructural de China
Las estimaciones a mediano y largo plazo anticipan un crecimiento explosivo del sector. Para 2035, los fabricantes podrían enviar al mercado más de 10 millones de robots humanoides por año. Hacia 2050, la cifra total podría alcanzar los 1.000 millones de unidades activas en todo el mundo.
Según estas proyecciones, casi un tercio de esos robots estaría en China, superando con amplitud a Estados Unidos y Europa. Este liderazgo no se explica únicamente por la innovación en software o diseño, sino por un entramado productivo difícil de replicar.
China cuenta con una cadena de suministro altamente integrada que permite fabricar sensores, motores, baterías, engranajes y computadoras dentro de un mismo ecosistema industrial. Esta estructura reduce costos, acorta tiempos de desarrollo y acelera los ciclos de iteración tecnológica.
El resultado es un diferencial competitivo contundente: robots cada vez más ágiles, más estables y considerablemente más baratos que sus equivalentes occidentales. La capacidad de fallar, corregir, rediseñar y volver a producir en cuestión de meses se convirtió en una ventaja estratégica clave.
Unitree y el salto hacia la adopción masiva
Dentro de este proceso, una de las compañías que encabezan la transformación es Unitree, con sede en Hangzhou. Mientras los humanoides desarrollados en Estados Unidos todavía enfrentan dificultades para ejecutar movimientos complejos, los modelos de Unitree pueden realizar patadas de kung-fu y acrobacias con notable precisión.
No obstante, el verdadero diferencial de la firma no está únicamente en la destreza física, sino en el precio. Sus robots cuestan apenas una fracción de lo que valen los modelos occidentales, lo que abre la puerta a una adopción mucho más rápida en fábricas, depósitos, obras de construcción y centros de investigación.
Este abaratamiento responde, una vez más, a la integración total de la cadena productiva y a ciclos de desarrollo extremadamente cortos, que permiten lanzar nuevas versiones en plazos reducidos y ajustar rápidamente los diseños en función del uso real.
El desafío cognitivo: del movimiento a la comprensión del mundo
Más allá del hardware, el verdadero salto tecnológico es cognitivo. El objetivo de fondo es desarrollar robots capaces de interpretar órdenes complejas, adaptarse a entornos desconocidos y actuar con autonomía.
En Beijing, la Academia de Inteligencia Artificial trabaja en el entrenamiento de modelos diseñados para traducir el lenguaje humano en acciones físicas. Decenas de operadores controlan brazos robóticos para enseñarles tareas cotidianas como preparar comida, servir bebidas, manipular objetos y ordenar espacios. Cada movimiento se transforma en datos que alimentan sistemas de aprendizaje automático.
El horizonte es ambicioso: lograr que un robot pueda ingresar a una habitación desconocida y ejecutar una tarea a partir de una simple instrucción verbal. Ese punto marcaría un quiebre histórico, comparable con el “momento ChatGPT” en el campo de la robótica.
Automatización, empleo y poder tecnológico
La expansión de los humanoides reconfigura el debate sobre el futuro del trabajo. En una primera etapa, estos robots se orientarán a tareas repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes. Sin embargo, su avance sobre sectores como logística, comercio, hotelería y servicios personales aparece como un escenario cada vez más plausible.
En paralelo, la robótica humanoide se consolida como un vector de poder geopolítico. Cada avance tecnológico refuerza la posición estratégica de China en la disputa global por la innovación, la producción industrial y la supremacía tecnológica.
No se trata solo de máquinas, sino de influencia sobre los procesos productivos del futuro y de la capacidad de definir estándares, costos y ritmos de adopción a escala global.
Un futuro que ya comenzó
Aunque la presencia humana sigue siendo central incluso en los entornos más automatizados, la tendencia resulta inequívoca. Los humanoides aún tropiezan, fallan y dependen de supervisión, pero avanzan a una velocidad que ya no permite pensar este proceso como lejano.
La transición de lo experimental a lo cotidiano podría darse más rápido de lo esperado. Y cuando ese momento llegue, todo indica que el primer compañero de trabajo robot no hablará inglés, sino mandarín.