Blog

Menos ingresos, menos consumo y más deuda: la economía real en problemas

Compartí esta noticia !

Tal como publicó esta semana Economis en esta nota, los datos del mercado laboral de Posadas muestran una transformación que va mucho más allá de una simple variación en la cantidad de personas ocupadas. Los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondientes al primer trimestre de 2026 revelan un deterioro simultáneo de la calidad del empleo, los ingresos y la capacidad de los hogares para sostener sus gastos. El dato más preocupante es que se está produciendo un desplazamiento acelerado desde el empleo asalariado hacia el cuentapropismo y, fundamentalmente, desde la formalidad hacia la informalidad.

Entre 2024 y 2026, la participación del cuentapropismo dentro de los ocupados de Posadas pasó del 24% al 29%, mientras que el trabajo asalariado retrocedió del 71% al 66%. En otras palabras, cada vez hay una mayor proporción de personas que trabaja por cuenta propia y una menor proporción que lo hace como asalariada. Este proceso no necesariamente implica que todo el cuentapropismo sea precario —aunque también crece en esa dirección—, pero cuando se lo observa junto con la evolución de la informalidad, el diagnóstico se vuelve mucho más claro.

La informalidad laboral alcanzó al 53% de los ocupados en el primer trimestre de 2026, frente al 43% registrado apenas un año antes. Es decir, en solo doce meses, la proporción de trabajadores informales aumentó 10 puntos porcentuales. El fenómeno no se explica solamente porque hayan desaparecido empleos formales: los ocupados formales se redujeron 12,9%, equivalente a unas 12.104 personas, mientras que los informales aumentaron 30,0%, incorporando unas 21.603 personas.

Esta combinación es especialmente significativa. El mercado laboral no solamente está perdiendo empleo formal, sino que una parte importante de quienes ingresan o permanecen ocupados lo hace bajo modalidades informales. En otras palabras, el mercado de trabajo está funcionando como una válvula de escape frente a la pérdida de capacidad para generar empleo de mayor calidad.

Esto puede estar asociado a varios factores que se retroalimentan. Por un lado, una menor demanda de trabajo formal por parte de empresas y comercios, en un contexto en el que muchas actividades enfrentan dificultades para sostener sus niveles de ventas y rentabilidad. Por otro, la necesidad de los propios trabajadores de generar rápidamente algún ingreso, aun cuando sea a través de actividades por cuenta propia, changas, trabajos ocasionales o empleos sin registración. Cuando el empleo asalariado formal no crece al ritmo de la necesidad de ingresos, el cuentapropismo y la informalidad se convierten en mecanismos de absorción.

El problema es que esta salida tiene un costo económico y social elevado: a mayor informalidad, menores ingresos y mayor vulnerabilidad. La evolución de los ingresos confirma que el deterioro no se limita a la composición del empleo. Al primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de los trabajadores formales de Posadas cayó 8,7% real interanual, mientras que el de los informales retrocedió 2,5%. El dato puede parecer paradójico: los ingresos formales cayeron más que los informales. Sin embargo, esto no significa que la informalidad haya dejado de ser desventajosa. Por el contrario, la brecha continúa siendo muy importante. En promedio, un trabajador formal de Posadas percibe ingresos equivalentes a 2,1 veces los de un trabajador informal.

La diferencia es fundamental porque el empleo formal no solamente supone un ingreso monetario mayor. También implica acceso a cobertura de salud, aportes jubilatorios, licencias, protección frente al despido y, en muchos casos, mayor estabilidad. Por eso, cuando una economía reemplaza empleo formal por ocupaciones informales, la pérdida no puede medirse únicamente en pesos: también se deteriora la red de protección que acompaña al trabajador y a su hogar.

La situación del mercado laboral termina trasladándose directamente a los hogares. Y allí aparecen algunos de los indicadores más preocupantes. El 20% de los hogares de Posadas declara que, en el primer trimestre del año, debió utilizar ahorros para poder cubrir los gastos del hogar, mientras que el 46% debió realizar compras básicas en cuotas con tarjeta de crédito ante la falta de liquidez.

Estos datos muestran un cambio importante en la forma en que las familias enfrentan la pérdida de poder adquisitivo. Cuando los ingresos corrientes dejan de alcanzar, aparecen inicialmente mecanismos de ajuste: reducir consumos, postergar compras, cambiar marcas o eliminar gastos considerados prescindibles. Pero cuando ese margen se agota, surgen mecanismos de financiamiento: primero los ahorros y luego el crédito.

El problema es que esos mecanismos no son infinitos. Los datos de crédito del Banco Central muestran que la mora en Misiones alcanza al 18,7% y afecta a unas 142.000 personas, con un saldo en mora superior a 90 días de aproximadamente $293.000 millones. La situación es particularmente compleja en algunos segmentos del sistema financiero: la mora alcanza al 33,0% entre los clientes de empresas no financieras emisoras de tarjetas de crédito y llega al 50,3% entre quienes acceden a crédito a través de proveedores no financieros. También existe una fuerte diferencia generacional: la mora alcanza al 33,5% entre los jóvenes de hasta 25 años. Y, por género, es mayor entre los varones (19,8%) que entre las mujeres (17,2%).

Esto permite observar una segunda etapa del deterioro. Primero se deterioran los ingresos laborales; después, los hogares utilizan sus ahorros para sostener el consumo; luego recurren al crédito; finalmente, una parte creciente comienza a tener dificultades para pagar ese crédito. No se trata solamente de un problema financiero. La expansión de la mora puede terminar restringiendo el acceso futuro al crédito de las familias, encareciendo el financiamiento y profundizando las dificultades para sostener consumos básicos. En ese sentido, el endeudamiento puede convertirse en un mecanismo que amortigua el impacto de la caída de ingresos en el corto plazo, pero amplifica la vulnerabilidad en el mediano plazo.

Pero todo esto también afecta a la salud. En 2025, el 37% de las personas de Posadas no contaba con cobertura de obra social o prepaga. En 2026, esa proporción trepó al 42,5%. La explicación puede estar vinculada a distintos factores. La pérdida de empleos formales implica, en muchos casos, la pérdida de la cobertura asociada al trabajo registrado. Pero también puede existir otro fenómeno: hogares que, aun conservando determinados ingresos, dejan de pagar una prepaga o reducen gastos vinculados a la cobertura médica porque el presupuesto familiar ya no alcanza.

En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: una mayor cantidad de personas termina dependiendo exclusivamente del sistema público de salud. Esto genera una presión adicional sobre un sistema que ya enfrenta restricciones presupuestarias y de recursos. Por eso, el deterioro del mercado laboral no queda encerrado en las estadísticas de empleo: termina impactando también sobre la demanda de servicios públicos.

Los datos de Posadas permiten identificar un círculo que merece especial atención. Menos empleo formal implica menores ingresos y menor cobertura social. La pérdida de poder adquisitivo obliga a los hogares a reducir consumos y utilizar ahorros. Cuando los ahorros se agotan, aparece el financiamiento con tarjeta y otros mecanismos de crédito. A medida que aumenta el endeudamiento, también crece el riesgo de mora. Al mismo tiempo, la pérdida de cobertura de salud incrementa la presión sobre el sistema público y, en paralelo, quienes necesitan generar ingresos encuentran en el cuentapropismo y la informalidad una alternativa cada vez más extendida.

El problema es que esta dinámica puede volverse autorreforzada. Una economía con menor empleo formal genera menos ingresos estables; hogares con menor capacidad de consumo reducen la demanda; una demanda más débil dificulta la recuperación de determinadas actividades; y empresas y comercios con menor capacidad de generación de ingresos tienen menos incentivos o posibilidades para incorporar trabajadores formalmente.

En este contexto, los esfuerzos que puedan realizar los gobiernos local y provincial para sostener la actividad, acompañar a los sectores más afectados o contener el deterioro social resultan necesariamente insuficientes si el marco macroeconómico nacional continúa operando en sentido contrario. No hay política provincial que pueda compensar indefinidamente una estrategia económica que plancha el consumo, debilita el mercado interno, encarece el crédito y deteriora las condiciones de competitividad de las economías regionales.

El problema de fondo es que, mientras la política económica nacional se concentra en determinadas variables financieras y fiscales, la economía real muestra otra película: comercios que venden menos, empresas que demandan menos trabajo, trabajadores que pasan a la informalidad, familias que consumen sus ahorros y se endeudan para comprar lo básico. Si el objetivo es recuperar el empleo y mejorar las condiciones de vida, resulta imprescindible que la política económica vuelva a mirar esa economía real, porque ninguna estabilización será sostenible si se construye sobre el deterioro de quienes producen, trabajan y consumen.

Compartí esta noticia !

Starlink, ARSAT, Marandú y la conectividad rural: el caso Misiones sobre cuánto cuesta llevar Internet a una escuela

Compartí esta noticia !

La decisión del Gobierno nacional de avanzar con Starlink para conectar 6.000 establecimientos educativos rurales abrió una discusión que, presentada únicamente en dólares, parece sencilla: ¿por qué pagar alrededor de 160 dólares mensuales por una conexión si la empresa estatal ARSAT puede ofrecer un servicio por 60 o 70?

La diferencia es suficientemente grande como para encender las alarmas. A simple vista, Starlink costaría entre 2,3 y 2,7 veces más. Y el interrogante se vuelve todavía más relevante porque, después del período inicial contemplado por el programa, el sostenimiento de las conexiones terminará recayendo sobre provincias y municipios.

Pero la experiencia acumulada por Misiones con conectividad satelital obliga a incorporar otra pregunta antes de cerrar la ecuación: ¿se están comparando servicios equivalentes?

Francisco Arizaga, analista universitario en Sistemas de Información, consultor tecnológico independiente y conocedor de la infraestructura digital desarrollada en Misiones, a través de Marandú, sostiene que no. Su planteo no pasa por negar el valor estratégico de ARSAT ni por minimizar la discusión sobre la forma en que Nación estructuró el acuerdo con la compañía de Elon Musk. Al contrario: considera indispensables la transparencia, la competencia y la preservación de las capacidades tecnológicas argentinas.

El punto es otro. Para determinar cuánto cuesta realmente conectar una escuela no alcanza con comparar dos facturas mensuales. Hay que comparar qué recibe esa escuela por ese dinero, cuánto cuesta instalar el servicio, qué infraestructura adicional necesita, cuánto cuesta mantenerla y durante cuánto tiempo permanece efectivamente conectada.

Ahí comienza una discusión mucho más interesante que Starlink versus ARSAT.

El programa nacional prevé incorporar 6.000 kits de conectividad satelital de Starlink. La compañía aportaría equipos, accesorios, logística y los primeros 24 meses de servicio prioritario, mientras que el Fondo del Servicio Universal financiaría instalación, soporte, monitoreo y el tercer año.

La inversión conjunta rondaría los 22 millones de dólares: unos US$10 millones correspondientes al aporte de Starlink y aproximadamente US$12 millones provenientes del Fondo del Servicio Universal.

El interrogante aparece después.

Una vez terminado ese período, provincias y municipios adheridos deberían hacerse cargo de un servicio cuyo valor fue estimado en alrededor de US$160 mensuales por establecimiento.

ARSAT, en cambio, presta actualmente conexiones satelitales a escuelas rurales por aproximadamente US$60 a US$70 mensuales.

Tomando solamente esos números, la conclusión parece contundente.

A US$160 mensuales, sostener las 6.000 conexiones demandaría unos US$960.000 por mes y US$11,52 millones por año.

A US$60, la misma cantidad de conexiones representaría US$360.000 mensuales y US$4,32 millones anuales. Incluso tomando US$70, serían US$5,04 millones por año.

La brecha potencial, por lo tanto, oscila entre US$6,48 millones y US$7,2 millones anuales. Es mucho dinero.

Pero todavía no alcanza para determinar cuál sistema resulta económicamente más conveniente.

El dato que cambia la comparación: qué conexión recibe la escuela

El propio debate nacional introduce una diferencia tecnológica central. Las conexiones que actualmente presta ARSAT en algunos establecimientos rurales operan, según lo consignado en el artículo que disparó la discusión, con velocidades de entre 3 y 5 Mbps.

Arizaga plantea que una conexión satelital LEO (Low Earth Orbit u órbita terrestre baja) puede ofrecer prestaciones muy superiores, particularmente en velocidad y latencia. Y eso modifica radicalmente qué puede hacerse con la conexión.

No es una discusión menor.

Una conexión de pocos megabits puede resolver correo electrónico, mensajería, trámites administrativos y navegación relativamente básica. Pero una escuela conectada hoy necesita potencialmente videoconferencias, plataformas educativas, contenidos audiovisuales, almacenamiento en la nube, sistemas administrativos, aplicaciones interactivas y, cada vez más, herramientas vinculadas con inteligencia artificial.

La velocidad es solamente una variable. La otra es la latencia.

Los ARSAT-1 y ARSAT-2 son satélites geoestacionarios. Orbitan aproximadamente a 36.000 kilómetros sobre la Tierra. Starlink funciona mediante una constelación de satélites de órbita baja -LEO-, mucho más cercanos a la superficie terrestre.

Esa diferencia física reduce considerablemente el tiempo que tarda la información en viajar entre usuario, satélite y red terrestre.

Por eso Arizaga advierte que comparar ambos servicios exclusivamente por precio mensual equivale a comparar dos productos sin mirar sus prestaciones.

Para hacer una evaluación económica rigurosa habría que poner sobre la mesa velocidad efectiva, latencia, volumen de datos disponible, disponibilidad, instalación, mantenimiento, reparaciones, tiempos de reposición y monitoreo.

En telecomunicaciones, como en cualquier infraestructura, precio y costo no necesariamente son lo mismo.

Misiones ya hizo parte de ese experimento

Es precisamente ahí donde la discusión nacional encuentra en Misiones un caso particularmente interesante.

La provincia comenzó a incorporar Starlink después del desembarco oficial del servicio en Argentina en 2024 para resolver un problema muy concreto: establecimientos rurales y puntos remotos a los que llevar infraestructura terrestre podía resultar costoso, lento o directamente inviable en el corto plazo.

La ventaja inicial fue el tiempo.

Una terminal puede ponerse operativa rápidamente siempre que tenga alimentación eléctrica, una instalación adecuada y una visión suficientemente despejada del cielo. Eso reduce considerablemente la obra necesaria para conectar un punto aislado.Y el tiempo también tiene precio.

Si una escuela puede conectarse ahora mediante una terminal satelital o debe esperar meses -o años- hasta que una red terrestre llegue al lugar, la comparación económica debería incorporar el costo de esa espera.

Ese concepto es especialmente relevante para Misiones.

La dispersión de la población rural, la geografía, la vegetación, las distancias y el costo de extender infraestructura hacen que el último tramo de conectividad sea muchas veces el más caro.

La fibra óptica de Marandú continúa siendo la infraestructura deseable cuando existe escala y condiciones para desplegarla. Pero extender kilómetros de red exclusivamente para alcanzar un establecimiento aislado puede alterar completamente la ecuación económica.

Ahí el satélite deja de competir necesariamente contra la fibra. Puede transformarse en el puente hasta que la fibra llegue.

El costo invisible: mantener conectado lo que ya se conectó

Arizaga introduce otra variable que suele desaparecer de las comparaciones: el mantenimiento.

Instalar infraestructura es solamente el comienzo. Las soluciones satelitales geoestacionarias requieren una orientación precisa y una infraestructura correctamente mantenida. En un ambiente como el misionero, tormentas, humedad, vegetación, descargas eléctricas y condiciones climáticas intensas elevan las exigencias operativas.

Las terminales LEO tampoco son invulnerables. Necesitan protección eléctrica, cableado adecuado, soporte, espacio libre de obstáculos y una instalación profesional.

Pero su simplicidad operativa puede disminuir la necesidad de intervenciones técnicas.

Y mandar un técnico a una escuela situada a decenas de kilómetros de un centro urbano cuesta dinero.

Combustible, vehículo, horas de trabajo, equipamiento y tiempo fuera de servicio forman parte del costo real de una conexión, aunque ninguno aparezca en la factura mensual del proveedor.

La experiencia misionera aporta incluso un dato práctico.

Arizaga recuerda que, durante el despliegue provincial, de Marandú dos terminales sufrieron inconvenientes: una asociada a un evento atmosférico y otra a un problema eléctrico durante la instalación. Según relata, Starlink reemplazó los equipos sin costo al tratarse de un proyecto educativo.

No significa que esa política comercial vaya a mantenerse indefinidamente. Pero sirve para mostrar por qué la comparación económica necesita contemplar también garantías, reposiciones y soporte.

ECONOMIS | EL COSTO DE LA CONECTIVIDAD

¿Cuánto costaría sostener 6.000 escuelas conectadas?

Proyección del gasto acumulado si los abonos se mantuvieran constantes en US$160, US$70 y US$60 mensuales por establecimiento.

Abono por escuela 1 año 3 años 5 años 10 años
US$160/mes
Valor atribuido a Starlink
US$11,52 M US$34,56 M US$57,60 M US$115,20 M
US$70/mes
Banda superior del valor atribuido a ARSAT
US$5,04 M US$15,12 M US$25,20 M US$50,40 M
US$60/mes
Banda inferior del valor atribuido a ARSAT
US$4,32 M US$12,96 M US$21,60 M US$43,20 M
LA BRECHA EN 10 AÑOS
US$64,8 M a US$72 M
Es la diferencia acumulada entre pagar US$160 mensuales y un abono de US$70 o US$60 por cada una de las 6.000 conexiones.
Starlink | US$160
US$960.000
por mes para 6.000 escuelas
ARSAT | US$70
US$420.000
por mes para 6.000 escuelas
ARSAT | US$60
US$360.000
por mes para 6.000 escuelas

Nota metodológica: cálculo teórico de Economis sobre 6.000 establecimientos y abonos mensuales constantes. No contempla inflación, variaciones futuras de tarifas, instalación, equipamiento, mantenimiento, reparaciones ni diferencias de velocidad, latencia, capacidad o calidad del servicio. Por lo tanto, compara gasto en abonos y no costo total de propiedad (TCO).

Misiones encontró además otra forma de comprar conectividad

Hay otra diferencia importante entre la discusión nacional y la experiencia provincial.

Según explica Arizaga, Misiones avanzó este año en un convenio con Telespazio, proveedor internacional de servicios vinculados con Starlink, para mejorar las condiciones económicas de la conectividad utilizada por el sistema educativo.

Una de las particularidades es que las terminales no necesariamente deben adquirirse como un activo definitivo: pueden entregarse bajo un esquema de comodato.

Eso modifica nuevamente la ecuación.

Comprar un equipo implica inversión inicial, amortización, reposición y riesgo de obsolescencia. Un esquema de servicio o comodato puede trasladar parte de esos riesgos al proveedor.

Por eso la comparación nacional debería incorporar no solamente el precio del abono, sino también quién es propietario del equipamiento, quién paga cuando se rompe y quién absorbe su obsolescencia tecnológica.

Arizaga encuentra, sin embargo, una debilidad importante en el diseño nacional.

No cuestiona que Nación aproveche 6.000 terminales para conectar escuelas. Cuestiona que las provincias no tengan un papel central en la definición de dónde deben instalarse.

Ese detalle puede determinar buena parte de la eficiencia económica del programa.

Misiones ya desplegó soluciones propias en establecimientos rurales. Si Nación utiliza exclusivamente su mapa histórico de escuelas sin conectividad o con viejas instalaciones de ARSAT, existe el riesgo de enviar equipamiento a lugares donde la provincia ya solucionó el problema. El resultado sería una duplicación de infraestructura.

“Lo que tenés que reclamar a Nación es que te incluyan en la decisión de dónde instalarla”, sintetiza Arizaga.

Para Misiones, recibir terminales del programa nacional permitiría además liberar recursos provinciales: si Nación conecta una escuela que actualmente paga la Provincia, esa conectividad puede trasladarse hacia otro establecimiento todavía sin servicio.

Es una lógica de reasignación de recursos que podría multiplicar el efecto de las mismas inversiones.

Una antena, tres servicios

La experiencia misionera introduce incluso una lógica territorial diferente.

En algunos lugares, explica Arizaga, la conectividad fue pensada alrededor de un núcleo.

Ese núcleo podía ser una escuela, un centro de salud o una dependencia policial. Desde allí podía analizarse cómo extender o compartir infraestructura hacia otros servicios públicos cercanos, evitando la irracionalidad de colocar tres soluciones independientes a pocos metros unas de otras.

La unidad económica deja de ser “una antena por escuela”. Pasa a ser un punto de conectividad por comunidad.

En territorios rurales dispersos, esa lógica puede mejorar sustancialmente el retorno social de cada dólar invertido.

Una conexión deja de financiar solamente educación y puede transformarse en infraestructura para educación, salud, seguridad y administración pública.

Ese es probablemente uno de los aprendizajes más relevantes que Misiones podría aportar al diseño nacional.

ARSAT: el precio de la soberanía y el costo de no invertir

Nada de esto elimina la discusión sobre ARSAT. Argentina construyó durante décadas capacidades satelitales propias. ARSAT-1, lanzado en 2014, y ARSAT-2, en 2015, representan infraestructura, posiciones orbitales, ingeniería, conocimiento y autonomía tecnológica.

Para Arizaga, preservar esa capacidad es estratégico. Pero existe un problema temporal.

La próxima generación, representada por el proyecto ARSAT-SG1, debería ampliar sustancialmente la capacidad mediante un satélite geoestacionario de alto rendimiento en banda Ka. Sin embargo, los plazos mencionados por Arizaga ubican su lanzamiento hacia fines de 2028 y el inicio de servicios comerciales durante 2029.

Y ahí aparece el dilema de política pública.

¿Debe una escuela sin Internet esperar a que Argentina tenga disponible su próxima generación satelital?

Para Arizaga, la respuesta es no.

El desarrollo soberano puede continuar mientras se utilizan soluciones disponibles para resolver necesidades inmediatas. Eso tampoco convierte al modelo de Starlink en inocuo.

Existe un riesgo estratégico evidente cuando una infraestructura pública esencial depende de una compañía privada extranjera.

Arizaga utiliza el caso de Ucrania para ilustrar hasta dónde puede llegar esa dependencia: una red técnicamente extraordinaria sigue siendo una infraestructura administrada por un tercero que conserva capacidad sobre su funcionamiento.

Para una escuela rural argentina la situación es incomparable con un conflicto militar, pero el principio tecnológico permanece. Quien controla la infraestructura posee poder.

Por eso el debate sobre soberanía no desaparece con las constelaciones LEO. Se vuelve más complejo.

El desafío es evitar que resolver rápidamente una brecha de conectividad genere una nueva dependencia estructural.

Y allí aparece uno de los puntos débiles del programa nacional: qué ocurrirá después de los primeros tres años y bajo qué condiciones económicas podrán continuar las escuelas conectadas.

Si toda la infraestructura queda atada a un único proveedor, la capacidad negociadora del Estado puede disminuir justamente cuando termina el período promocional.

Ni Starlink ni ARSAT: competencia

La alternativa que plantea Arizaga es mucho más ambiciosa que elegir una empresa. Propone que Argentina piense una política nacional de conectividad rural basada en distintas tecnologías y distintos proveedores.

Starlink hoy. Amazon Leo a medida que despliegue su constelación. Qianfan/SpaceSail desde China. ARSAT donde resulte competitivo. Fibra óptica siempre que económicamente tenga sentido. Radioenlaces y redes móviles donde sean la solución más eficiente.

El principio económico sería sencillo: el Estado define el servicio que necesita y los proveedores compiten por ofrecerlo.

No se licita una tecnología, sino un resultado. Velocidad mínima, latencia máxima, disponibilidad, volumen de datos, tiempos de reparación, costo total, soporte y condiciones de salida.

Eso permitiría evitar dos extremos: sostener una tecnología solamente porque es nacional aunque exista una alternativa considerablemente más eficiente, o entregar toda la infraestructura pública a una multinacional simplemente porque hoy posee la tecnología más avanzada.

Satélite ahora, fibra después

La propuesta tiene una segunda pata todavía más interesante para Misiones.

Arizaga imagina las constelaciones LEO como una solución de última milla inmediata, no necesariamente permanente.

Nación podría garantizar conectividad satelital a los lugares que hoy están fuera de las redes terrestres. Las provincias, mientras tanto, continuarían expandiendo fibra óptica y otras infraestructuras.

Cuando la fibra llega a una comunidad, la terminal satelital se retira. Y se traslada al siguiente punto desconectado. De esa manera, el satélite no reemplaza la construcción de infraestructura. La acelera.

Compartí esta noticia !

Diversificación productiva: 20 familias tabacaleras incorporan la floricultura en siete municipios

Compartí esta noticia !

La diversificación productiva empieza a tomar nuevas formas en las chacras misioneras. Un total de 20 familias tabacaleras de siete municipios comenzó a incorporar la floricultura como una nueva alternativa productiva, a partir de una estrategia que combina infraestructura, tecnología, capacitación y acompañamiento técnico durante todo el ciclo de producción. La iniciativa es impulsada por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones -a través de la Subsecretaría de Desarrollo y Producción Vegetal– en el marco del Programa de Incorporación de Tecnologías Frutihortícolas para la Diversificación Productiva de Zonas Tabacaleras y cuenta con financiamiento del Fondo Especial del Tabaco (FET). En esta etapa, el programa contempla la incorporación de flores de corte y plantas ornamentales como alternativas para las familias productoras.

Los beneficiarios pertenecen a Colonia Wanda, Dos de Mayo, San Vicente, Pozo Azul, San Pedro, L. N. Alem, Puerto Libertad y Colonia Aurora. En esta primera instancia, realizada en el Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente, recibieron materiales para la instalación de los invernaderos, como plástico para techo y paredes, mulch y media sombra, además de capacitación para el montaje de las estructuras y el manejo inicial de los cultivos.

De acuerdo al titular del Ministerio del Agro, Facundo López Sartori, “la propuesta no se limita a la infraestructura”. Explicó que, una vez instalados los invernaderos, los productores accederán a plantines de crisantemos provistos por Biofábrica Misiones, incorporando material vegetal producido mediante tecnología de cultivo de tejidos, con las ventajas asociadas a la sanidad, uniformidad y calidad genética de los plantines.

Este componente tecnológico forma parte de una línea de trabajo más amplia que Biofábrica Misiones viene desarrollando junto al sector florícola provincial, con la producción y validación de especies ornamentales como crisantemos, gerberas y gipsófilas. En el caso de las gerberas, la institución lleva adelante ensayos en distintos puntos de la provincia para evaluar la adaptación de nuevas variedades y generar información técnica que permita ampliar posteriormente su incorporación al circuito productivo.

Una estrategia que conecta tecnología, producción y mercado

La iniciativa articula además el trabajo de la cartera agraria, la empresa biotecnológica, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y la cooperativa florícola Misioflor, integrando capacidades de asistencia técnica, investigación, producción de material vegetal y vinculación con el mercado. En este esquema, el INTA aporta al proceso de capacitación y acompañamiento técnico para el manejo de los cultivos, mientras que Misioflor vincula esta nueva incorporación de productores con el entramado florícola existente en la provincia y con las estrategias de comercialización.

La articulación busca que la incorporación de una nueva actividad no quede reducida a una entrega inicial, sino que se sostenga durante el proceso productivo y permita a las familias adquirir conocimientos, mejorar la calidad de sus productos y avanzar hacia mercados con mayor potencial. En este sentido, la directora de Floricultura, Mayra Rolhaiser, remarcó que “la oportunidad comercial es concreta. Actualmente, la producción local de flores de corte no alcanza a cubrir toda la demanda del mercado misionero, mientras que las plantas ornamentales cuentan con posibilidades de comercialización hacia centros de consumo de otras provincias, como Buenos Aires, Rosario y Córdoba”.

Analia Mango, directora general de Frutihorticultura, agregó que “a esto se suma una característica que vuelve especialmente atractiva a la floricultura para las chacras familiares: puede desarrollarse en superficies relativamente pequeñas y generar diferentes momentos de ingreso durante el año”. En flores de corte, los primeros resultados productivos pueden aparecer aproximadamente entre los tres y cuatro meses, mientras que las plantas ornamentales requieren ciclos más prolongados.

Una de las productoras que se incorporó al programa destacó justamente la importancia de sumar nuevas actividades a la producción familiar: “en la chacra siempre tenés que diversificar. Es un apoyo que recibimos para reincorporar el trabajo que hacemos nosotros, porque hace muchos años estamos laburando en la chacra. Siempre está bueno tener algo para seguir diversificando la producción”.

Desde San Pedro, otra productora valoró la posibilidad de volver a trabajar con flores y convertir esa experiencia en una nueva alternativa comercial: “ya tengo un poco de experiencia en el tema de las flores, pero en este caso voy a hacer flores de corte. Esto es parte de nuestro propio esfuerzo, ya que viene del fondo del FET, y vuelve a nosotros de una manera productiva”.

De la diversificación a una chacra con más oportunidades

La floricultura constituye una de las dos grandes líneas de trabajo que viene impulsando el Gobierno de Misiones para la diversificación de las zonas tabacaleras, junto con la incorporación de alternativas frutihortícolas. Según destacó Luciana Imbrogno, subsecretaria de Desarrollo y Producción Vegetal “de manera complementaria, el Programa de Incorporación de Tecnologías Frutihortícolas para la Diversificación Productiva de Zonas Tabacaleras contempla nuevas líneas para la producción de pimiento bajo cubierta, maracuyá, banano y tomate, que en conjunto permitirán alcanzar a más de 200 productores de distintas regiones de Misiones”.

En el caso de la floricultura, el desafío es doble: abastecer con producción misionera una demanda que hoy no está completamente cubierta y, al mismo tiempo, generar las condiciones para que las plantas ornamentales producidas en las chacras puedan llegar a mercados de otras provincias. Así, la diversificación deja de ser solamente la incorporación de un nuevo cultivo. Es una estrategia para que la chacra tenga más alternativas, más tecnología y más posibilidades de generar ingresos durante todo el año. Y en Misiones, esa nueva oportunidad empieza a florecer.

Compartí esta noticia !

Liberan un lechuzón negruzco rehabilitado en el parque Ecológico El Puma

Compartí esta noticia !

El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables llevó adelante una nueva liberación de fauna silvestre con el regreso a su hábitat de un lechuzón negruzco que fue rehabilitado en el Parque Ecológico El Puma.

El ejemplar había ingresado al centro de rescate con una lesión en un ala. Luego de varios meses de tratamiento y cuidados a cargo del equipo de veterinarios del parque, logró recuperarse satisfactoriamente y recuperar las condiciones necesarias para volver a la vida silvestre.

Una vez comprobado su estado de salud y su capacidad de vuelo, el ave fue liberada en un ambiente adecuado, dando cierre a un nuevo proceso de rescate, rehabilitación y conservación de la fauna nativa que impulsa el Ministerio de Ecología.

Compartí esta noticia !

El Gobierno proyecta más de US$50.000 millones en exportaciones energéticas y mineras hacia 2030

Compartí esta noticia !

Con un mayor impulso en las exportaciones del sector energético y minero -dos de los tres rubros clave para el ingreso de dólares al país-, la recaudación de divisas podría superar los US$50.000 millones para 2030.

El Gobierno impulsa distintas políticas referidas al crecimiento de los sectores estratégicos para sumar más dólares y reactivar la economía. Con el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y el “Súper RIGI” en tratamiento, la energía y la minería se posicionan por encima del resto y aparecen como los grandes captadores de divisas.

Tal es así que en el último Informe de Política Monetaria (IPOM) del Banco Central (BCRA) se recalcularon las estimaciones de ingreso de dólares respecto al primer período. El documento se publica de manera trimestral y analiza los principales puntos de la economía argentina.

La guerra en Medio Oriente, iniciada a finales de febrero, hizo que los precios del petróleo internacional se dispararan y permitieran proyectar una mayor captación de divisas. Esto se suma a las exportaciones realizadas desde Vaca Muerta y la puesta en marcha de distintos proyectos del RIGI.

El IPOM del segundo trimestre revaluó sus estimaciones y calculó que entre los dos sectores habría un ingreso extra de US$3.000 millones entre 2026 y 2029. 

“El Gobierno se encuentra impulsando una agenda de reformas que abarca múltiples dimensiones económicas (rebajas impositivas, desregulación de mercados, apertura económica, estabilidad jurídica). Estas reformas introducen incentivos que impulsan el potencial que tiene la economía argentina en varios sectores proveedores de divisas tales como la energía, la minería, el agro y los servicios basados en el conocimiento“, señala el documento.

El BCRA estima que pasará de US$13.000 millones en 2025 hasta los US$50.000 millones en 2030. Es decir, el salto sería de más de 290% en cinco años.

Desglosado por años, en 2026 la balanza combinada sería de US$19.000 millones (US$8.000 millones de energía y US$5.000 millones de minería) y saltaría a los US$24.000 millones en 2027 (US$16.000 millones de energía y US$8.000 millones de minería), con la puesta en marcha del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) que adelantaron que comenzará en ese año con las exportaciones de petróleo.

Entrado el 2028, el saldo entre ambos sectores dejaría un total de US$28.000 millones (US$20.000 millones de energía y US$8.000 millones de minería) y llegaría el 2029 con una balanza combinada de US$34.000 millones (US$25.000 millones de energía y US$9.000 millones de minería).

El mayor salto se proyectó para 2030: la autoridad monetaria pronosticó un ingreso de US$51.000 millones, de los cuales US$34.000 millones provendrían de la energía y los otros US$17.000 millones de la minería.

“La administración está corrigiendo décadas de sesgo antiexportador de la política económica y apoyando un proceso de crecimiento liderado por las exportaciones“, concluyó el reporte trimestral.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin