CON SELLO PROPIO

Con las manos en la masa

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El aroma a pan caliente domina el ambiente. Dentro de la fábrica, es un constante ir y venir de bandejas de masas directo a hornos a punto. En una de las salas, acondicionadas a frío, se erigen tortas ornamentadas con precisión y detalle. Es aquí donde se elabora y cocina el pan para las cuatro sucursales de Tahona… que pronto serán cinco

Omar Acosta ríe cuando cuenta que en cada una de las últimas crisis de la Argentina, no hizo más que expandirse, como filosofía para sostener el negocio funcionando. Se queja de que hace dos años las ventas vienen en baja, pero asegura que se jugó “la última ficha” para abrir lo que será la estrella de la empresa familiar que ya cumplió tres décadas en Misiones: será una panadería céntrica que incluirá una cafetería, fiambrería, vinoteca, delicatessens y tendrá un amplio salón para comer un bocado rápido. 

¿Por qué invertir en tiempos de crisis y con caída en las ventas?

“Me comí los ahorros. Y es… o me achico o me agrando. Pero achicarse significa depresión. Despedir al empleado  y ¿de dónde saco la plata para despedir gente? Además, el comprador dice que si está cerrando, ¿qué estará haciendo con la mercadería? En 2001 hice otra panadería. En 2007 lo mismo. Me complico y a la familia también, pero así entiendo el negocio”, responde Acosta en una entrevista con Economis.

“Me jugué todas las fichas acá. Me faltó vender (ríe)… Enterrado en deudas, vendí un terreno. Pero no tengo otra salida. Hace dos años las ventas vienen bajando, estamos atrasados un 20 por ciento en ventas, enero un poco más por el calor. Venimos golpeados primero por las asimetrías con Paraguay, que fueron largas. Después con la crisis que se inició en 2018”, enumera.

Sin embargo, con la nueva panadería que abrirá sus puertas a mediados de este mes, redoblará la apuesta: sumará cinco o seis personas por turno a las 65 que ya tiene empleadas. 

Tahona debe su nombre a la amistad. Es un término de origen árabe que puede referirse a un tablón de madera especial y cruda para elaborar pan, un molino para hacer harina. Pero para Acosta, es mucho más profundo. Pero fue un amigo de la vida el que le dio el nombre para la panadería.

Acosta emigró desde Paysandú, en Uruguay, a mediados de los 70. Llegó a Buenos Aires, en modo vacaciones con apenas 18 años, pero pronto decidió quedarse. Consiguió trabajo en una panadería donde conoció todo sobre la masa. “No sabía ni lo que era la harina”, admite. Pero a los tres meses ya quedó a cargo del negocio del “Gallego”, quien le abrió las puertas. Ya comenzaba a dominar el arte del pan. 

Fue así como, tiempo después, consiguió trabajo en Calsa, una fábrica de levadura y escuela de panadería. La empresa tenía un “camión panadero” con el que comenzó a recorrer el país para promocionar las máquinas y los productos. Así llegó a Oberá, en los primeros años de la década de los 80. 

Después de recorrer Misiones, un panadero de Oberá le ofreció quedarse como socio. Y se quedó un tiempo hasta que un amigo que se había quedado en Buenos Aires y al que conoció en Calsa, lo llamó para trabajar nuevamente juntos. Sin embargo, Misiones ya estaba marcada en el destino. 

En lugar de trabajar en Buenos Aires, Omar le aseguró a su amigo que Misiones era tierra virgen para las “panaderías modernas” y la variedad de productos. Su amigo entendió y apoyó el desembarco en Posadas. Acosta no tenía un peso, confiesa. Fue su amigo el que financió el comienzo y hasta le cedió las máquinas de una panadería que cerró en una Casa Tía en el comienzo de la hiperinflación de Raúl Alfonsín.

Tahona tuvo éxito rápidamente. Al principio, Omar amasaba y su esposa Gladys -también uruguaya- atendía. Pero a los pocos días fue contratado el primer empleado. Para darse a conocer, inventaron una novedosa estrategia: uno de los primeros integrantes del equipo se subía a los colectivos y ofrecía los productos para que la gente los probara. A la semana ya eran más. 

En la primera visita de su amigo, ya se vendían 50 kilos de chipas por día y la panadería era de lo más conocida. Su amigo, generoso, ofreció venderle todo el paquete accionario en 50 cuotas que fueron canceladas en apenas un año. “¿Te animás a seguir solo? Pagame mil dólares por mes y es tuyo. Me quedé helado. Pero al año le pagué todo”, recuerda sobre Oscar Balaguer, socio de la vida que todavía perdura. 

Empezaba así, en 1989, la consolidación de una marca que ya tiene tres décadas. Toda la familia se sumó al emprendimiento y siguen cada uno con distintas funciones: su esposa Gladys se hizo maestra pastelera, Natalia y  Daiana son parte de la gerencia y también de destacan en la repostería. Ezequiel es el único que eligió su propio camino y se dedica al periodismo, aunque supo ser cadete de la panadería. 

Omar Acosta asegura que está muy conforme con el plantel de personal con el que cuenta. Pero advierte con preocupación que no encuentra la pasión que supo tener él mismo en sus primeros años. 

“Yo trabajaba 20 horas por día. Amasaba, cocinaba, venía a las 4 y me iba a la 1 de la mañana”. Aunque ya no amasa, hoy no es que ha cambiado mucho. “Hay que manejar este bicho”, reflexiona. 

La pasión es parte del éxito y una de las claves para sortear las crisis. Consuelo de tontos, el mal momento es igual en todos lados. Misiones, sostiene, ha sabido superar el sabor amargo con iniciativas como el Ahora Pan, programa que permite bajar a la mitad el costo de un insumo básico como la energía a cambio de sostener accesible el precio del pan de mesa.

Aunque no le gusta la política, Acosta siempre tuvo un compromiso social a flor de piel. “El pan es algo tan sagrado… tiene que estar en los hogares”, afirma.

Por eso no sorprende que haya impulsado una reunión con el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo para que las tarjetas alimentarias sirvan para la compra de pan. 

“El Ahora Pan fue un logro muy importante. Misiones la única provincia que lo tiene y sostuvo. En Rosario anduvo tres meses y lo sacaron. No es la solución, pero es una gran ayuda, con un 50 por ciento de descuento en la luz, que es un insumo muy importante, como el gas, pero el gas es privado. En Misiones vivimos una asimetría grande, de cinco a uno con Buenos Aires y gran parte del país”, reclama. 

Pero Acosta no es muy afecto a las quejas. Por el contrario, celebra las metas alcanzadas y aunque ya no amasa, salvo en vacaciones, no perdió la mano ni los secretos para un buen pan. “La nueva panadería es la última ficha, pero vamos a andar bien. Si esto mejora”, asegura mientras ríe con los clientes que como cada mañana, entran atraídos por el aroma de un buen pan recién horneado.

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Un emblema que recupera brillo

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Lucía tenía 25 años cuando entró por primera vez al emblemático hotel City. Un poco desvencijado después de casi cinco décadas en el corazón de Posadas, pero frente a la plaza principal de la capital misionera y con un potencial de clientes enorme en una provincia con constante crecimiento del turismo. Ese fue el motivo por el que su padre Carlos Caravante, dueño de Pastas Alfonsina, se animó a comprar el hotel que puso en venta Miguel Schmalko: la ubicación estratégica.

Lucía no tenía conocimientos de hotelería, pero muchas ganas de trabajar. Lo primero fue limpiar y poner a punto las habitaciones para después enjuagar la imagen externa y en redes sociales. Hoy ya se siente una hotelera más y en el ambiente es reconocida por haber recuperado la actividad en un hotel que de a poco iba perdiendo espacio con competidores de más estrellas. 

“No habíamos ni pasado por el hotel, no éramos hoteleros. Yo trabajaba con mi viejo en la fábrica de pastas. Cuando compró, me lo ofreció y acá estamos”, dice la joven de 29 años que hoy se mueve como una experta en mercadeo y ofertas turísticas. 

¿Por qué comprar un hotel en crisis y sin tener conocimientos del negocio?

Mi viejo fue el que vio la oportunidad. Está frente a la plaza 9 de Julio. Y sabe que esto es comida para los hijos para siempre. Si no quieren laburar nadie, se pueden alquilar las habitaciones, pero la plaza siempre va a estar ahí. Era una oportunidad. 

Para los primeros pasos en la administración del hotel, Lucía contó con la ayuda de una amiga. Su padre, aunque siempre está presente, dejó hacer. 

“Estaba muy venido abajo. Había camas de madera, cero mantenimiento, algunas habitaciones con televisión, otras no. Cero pintura, humedad”, detalla la joven que hoy no se imagina en otro rubro.

El City tiene dos torres. La que da a la calle está siendo puesta a nueva. La de atrás todavía debe esperar. “Estructuralmente son muy distintas. La segunda torre se hizo por la demanda que tenía en su momento el hotel, pero sin plan. Son departamentos en semipiso. En total son 95 habitaciones, el bar y salas de reuniones”, explica Lucía.

Aunque los trabajos todavía no terminaron, las habitaciones lucen renovadas, modernas y con todos los servicios de un hotel de tránsito. Y, el que camina por la plaza eterna, ya puede apreciar la nueva marquesina que muestra que algo ha cambiado en el viejo hotel

“Se ha recuperado mucho de público, el viajante va a desaparecer con la tecnología, va a venir menos. Por eso estamos buscando captar otro cliente, más empresas, más corporativo, obras sociales. Los espectáculos y el turismo de eventos son un público al que apuntamos. Muchos me cuentan que están volviendo y se sorprenden con la mejora”, señala Lucía, quien agrega, orgullosa, que todas las remodelaciones se hicieron sin tomar créditos o endeudarse. 

La joven ya se siente una hotelera. “Ahora estoy empezando a unirme a los colegas. Antes no se podía porque éramos menos diez y no podíamos descuidar el trabajo interno. Hicimos todo de adentro para afuera. Si hacía la marquesina cuando empecé… el que entraba iba a decir “tanto show para una pieza de dos pesos”, no daba. Ahora si me tienen más presente”, explica. 

Lucía prefiere cultivar el perfil bajo, pero los resultados de su trabajo ya están a la vista. El diseño fresco de las habitaciones y la mejora en el servicio del hotel con 17 empleados, elevaron la nota de Booking de 3 a 7.9. “Cuesta, pero se aprende con lo bueno y lo malo”, ríe. 

La inversión realizada tiene el doble mérito: sin deuda y en medio de una feroz caída de la actividad, sobre todo desde 2018. Aunque todavía no se advierte una recuperación, Lucía revela que desde la aplicación del impuesto a la compra de divisas extranjeras, la ocupación mejoró un poco. “Nos favoreció algo. Hay más gente. Pero yo apunto a grupos, jubilados, congresos, eventos. Si trabajamos nosotros, trabaja la gastronomía, el taxista. Posadas me parece muy linda, aunque se apunta todo a Cataratas. Pero en cuanto a la situación, es difícil para todos. Hay que ajustarse cuando hay que ajustarse y no gastar de más. Jugar con redes u ofertas”, enumera. 

Con la nueva cara surge el interrogante. ¿Subir o no de estrellas? “O es subir de estrella, que no estamos convencidos o hacer un hotel boutique”, sentencia Lucía.

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El helado misionero está de fiesta: Duomo Helados cumplió 29 años

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Durante el mes de enero del corriente año, la empresa misionera líder en la elaboración y venta de helados cumplió 29 años ofreciendo productos y servicios de excelencia, no solo a los misioneros sino también a toda la región.

La historia comenzó en los inicios de última década del siglo pasado más exactamente en enero del año 1991, cuando Carlos Lancioni inauguró la primera heladería en Posadas – sobre la Av. Uruguay, con el nombre “Capri” – para cumplir su sueño de deleitar a los posadeños con una receta de helados única, originaria de maestros heladeros Italianos, quienes desde una heladería en Alemania trasmitieron todos sus conocimientos a Lancioni, lugar donde Lancioni vivió, trabajó y adquirió experiencia, justamente, en la elaboración de estos deliciosos helados.

Con el tiempo, la Heladería Capri se convirtió en Duomo Helados pero, independientemente del nombre, los helados de Lancioni marcaron siempre una gran diferencia y conquistaron a los fanáticos del helado, quienes supieron apreciar su excelente calidad y muy buena relación con su precio.

Hoy, 29 años después de aquella primera heladería, Duomo cuenta con 64 sucursales distribuidas entre las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos. La cadena de heladerías Duomo está compuesta por locales propios y franquiciados lo que también la distingue en materia de crecimiento ya que es la única empresa de la provincia que ofrece franquicia de su marca.

Posee su fábrica en Posadas, en la cual realiza la elaboración de los sabores que se encuentran en los salones de venta, con materias primas naturales y de primera calidad, con procesos de monitoreo permanentes y cumpliendo estrictamente con los parámetros exigidos por el Código Alimentario Argentino y de acuerdo a los Procedimientos Operativos Estandarizados de Saneamiento (POES) y a las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM).

Además de los salones de venta, cálidamente ambientados para recibir a sus clientes y consumidores, Duomo Helados ofrece el servicio de Food Truck de Helados, para acercar sus deliciosos sabores a los asistentes a distintos eventos tanto en Posadas como en el interior de nuestra provincia. Cuenta con 36 sabores y la reciente incorporación de una línea de postres que incluye bombón helado, palito bombón, bombón escoces y palitos de agua.

Durante todos estos años, Duomo ha impulsado al crecimiento con esfuerzo y dedicación pero especialmente enfocados en su capital humano a través de la profesionalización de áreas y la capacitación permanente. La empresa apuesta a crecer junto a su gente, bajo los valores de la responsabilidad, la confianza, la comunicación sincera y oportuna, y la ética y credibilidad en la conducción de los negocios. Duomo Helados es reconocida, sin duda, como una empresa sólida y ejemplar y sus helados, como la mejor opción de la región.

Para festejar su vigésimo noveno aniversario la empresa sortea a través de sus redes sociales 29 kg de helado. Para participar hay que ingresar a las redes sociales de la empresa. Desde el 31 de enero al 4 de febrero estarán recibiendo la participación de todos.

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Es de Posadas, se fue a trabajar a la city londinense y ahora escribió un libro sobre la vida y el éxito

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Juan Pablo Dallmann es bien misionero, aunque no lo parece ni por asomo. De padre músico -falleció hace poco- y madre docente nacida en Santo Pipó, apenas terminó la secundaria en la Comercial Mixta Estados Unidos del Brasil, quiso salir a conocer el mundo y vaya que lo logró.

Hizo de todo. Primero vivió en los Estados Unidos, donde aprendió a dominar el inglés, que iba a ser la lengua que dominaría su vida laboral. Después se fue a Chile donde se recibió de ingeniero comercial e hizo un posgrado en finanzas.

“Siempre fui muy emprendedor, ya en la secundaria tenía emprendimientos, como un lavadero de autos, o venta de comida”, explica en una entrevista con Economis, durante una de las visitas anuales que hace a Posadas.

Dallmann usa sombrero para cubrirse del potente sol misionero, de esos que sólo se ponen los extranjeros y en sus manos tiene un libro que acaba de publicar: “Transforma tu vida, de manera sencilla”. Su obra se presenta como “Una fórmula sencilla para la felicidad y el éxito”. Justamente, en la vida de Dallmann, equilibrar lo laboral y lo personal se transformó en el principal objetivo de su vida. 

Justamente el, que logró insertarse en la city londinense, uno de los ámbitos laborales más competitivos del mundo, donde se exigen 20 horas de trabajo 6 días a la semana y el domingo se “descansa”, bajando a 12 horas.

“En este libro quiero volcar todo lo que aprendí en estos años y compartirlo con muchos que hoy por algo no se pueden realizar en la vida, y me refiero a gente a la que le va bien económicamente pero no está feliz o gente a la que le parece que no ha desarrollado todo su potencial”, explica.

Dallmann tuvo la posibilidad de desarrollar su potencial en Londres, a donde se fue a vivir a los 25 años. Tras recibirse en Chile, trabajó unos años en el sector financiero y le iba muy bien, hasta que decidió probar suerte en una de las ciudades más cosmopolitas y exigentes del mundo. 

Al principio puso un restaurante -ya había tenido ese tipo de comercio en otros lugares- pero después volcó todas sus energías en entrar a trabajar a la banca de inversión de Londres. Algo así como el Wall Street del Viejo Continente, donde se necesitan muchos pergaminos para obtener un puesto.

“A la city londinense podés entrar si portas apellido o si venis de una universidad tipo London School of Economics, Oxford o Cambridge y en cualquier caso, tenés que probar tu valía en la cancha, después”, explica, para detallar lo exigente de ese ámbito laboral.

Dallmann logró entrar “por el costado” a través de un amigo que le consiguió una prueba en el HSBC. Allí trabajó durante años en los “deals” más importantes, esos que se ven en las películas y donde una empresa enorme, se “come” a otra más grande. Acuerdos multimillonarios en los que formó parte, armando planes de negocios o realizando presentaciones para convencer a potenciales inversores de que apuesten millones y billones.

“Participamos en la potencial privatización del aeropuerto de Atenas, por ahí te tenías que tomar un avión y llevar una presentación, dejarla y volver en el acto”, recuerda, para ilustrar una jornada laboral “normal”. 

“En la banca de inversión trabajas 20 horas los días de semana y quizás los sábados y domingos bajás a 12 horas, pero todos lo hacen y a nadie se le ocurre trabajar menos horas”, argumenta.

Después de años en el HSBC, Dallmann pasó a otro banco importante, el Royal Bank of Scotland, uno de los más grandes del mundo, que estaba en plena etapa de reestructuración. 

Trabajó en un equipo que armó la Gerencia General para reformar toda la estructura del gran banco y convertirlo en uno más chico, ágil y capaz de resistir a la debacle que sobrevino en el mundo financiero tras la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Un hecho que puso patas para arriba a Wall Street, la city londinense y los grandes centros financieros mundiales y, sobre todo, a la gente que allí trabajaba.

Pero los nuevos desafíos de Dallmann -quien tuvo dos hijas con Steph, una británica- pasan por conectarse más con lo espiritual y lograr un balance entre el mundo financiero y el personal. Por eso, ahora está abocado a dar charlas y presentar su libro.

Además, tiene una consultora financiera para ayudar a fondos de inversión a apostar a activos o negocios sustentables, que  en muy poco tiempo ha sido nominada a galardones por el trabajo realizado, incluyendo el podcast Impact Leaders.

“Creo que hay que vivir la vida con una actitud como si uno estuviera de vacaciones, cada lugar tiene su encanto y depende de la forma en que lo miremos, cuando vengo a Posadas, encuentro cosas maravillosas, ayer estaba tomando una cerveza en Beerlin, en El Brete y un señor vino con su conservadorita, sacó sus sillas, se abrió una gaseosa y se puso a disfrutar de la noche junto a su pareja y su hijo,  de eso se trata, de hacer lo mejor con lo que tenemos”, explicó.

Dallmann siempre está intentando ayudar a la zona y está armando varios proyectos de inversión, incluyendo desarrollos inmobiliarios. Pero antes de irse, deja un mensaje. “Acción”, dice. “Hay que ponerse en acción”.

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Creatividad misionera que trasciende fronteras

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Comenzaron a codearse con los grandes de la publicidad y el diseño. El año pasado fueron protagonistas de Pixelation, uno de los principales encuentros de la comunicación corporativa. Un poco antes, en Brasil, formaron parte del Mercado de Industrias Creativas (MicBR), donde compartieron visiones con los principales creativos del sur de América. Y la creatividad fluye en una sencilla oficina en el centro de Posadas.

Varios libros, diseños, chiches de la publicidad. Algunas computadoras, una sala de reuniones y al fondo, el santuario fotográfico donde nació todo. Allí Roberto Pozzi montó un estudio donde posaron modelos desnudas y se fotografiaron productos publicitarios. Los hijos crecieron en ese ambiente creativo, entre diseños, computadoras y cámaras fotográficas. Diego y Daiana no tardaron en sumarse al trabajo para darle vida a Pozzistudio, hoy una de las principales agencias de publicidad y comunicación del Nordeste. ¿Cuál es el secreto de esta agencia con quince años en el mercado? Pensar a la comunicación de manera integral y no sólo como una pieza publicitaria.

El cliente se encuentra con un menú de opciones que contempla cada arista, desde el contexto, la competencia y el sentido de lo que se quiere vender. Recién después se piensa en la publicidad que se verá en la calle. 

Buscamos una mejor comunicación para una mejor rentabilidad”, explica Daiana. “Trabajamos para sumar valores a las ventas y desde ahí, que sean mejores”, sentencia Diego, el mayor del clan. 

Ambos coinciden en que hoy el cliente es más exigente porque entiende que necesita una mejor comunicación, aunque al mismo tiempo, hay mucha “reacción” ante la necesidad, en lugar de una planificación. 

“Quizás el último año se entendió. Hemos mejorado. Pero que el cliente llegue con el objetivo que busca es responsabilidad nuestra también”, explica Diego. 

El año que se fue marcó un crecimiento exponencial para la agencia. “Fue un año bisagra. Crecimos en conocimiento, experiencia”, señala Daiana. 

Y el reconocimiento profesional también trajo nuevos desafíos para la agencia que encabezan Roberto Pozzi, Diego y Daiana -sus hijos-, Silvana Diedrich y Lely Brito. Sugirieron al Fondo de Crédito de Misiones lanzar una línea de crédito exclusiva para el márketing profesional, en un plan que incluye a diseñadores misioneros y que está al servicio de otras empresas que puedan requerir sus trabajos. 

También fueron seleccionados como productores culturales por el Mercado de Industrias Creativas Argentinas (MICA), que es el encuentro más importante de la Argentina. Y, la cumbre, haber sido conferencistas de Pixelation, un encuentro internacional de diseño que se realiza anualmente, donde convergen hacedores destacados del diseño y la industria creativa, con eje en el diseño gráfico, pero donde conviven la publicidad, la animación, el diseño industrial, de indumentaria y editorial, así como la realización audiovisual, la música y la fotografía.

Daiana y Diego sostienen que no quieren ser una agencia de “avisos”, sino aportar valor a la cadena. La economía creativa es una cadena que tiene más de 30 millones de empleo en el mundo y genera un movimiento económico de más de USD 2000 billones.

“La economía creativa es un punto alto en el PBI mundial y hay buen material en el país”, sintetiza Daiana.

Para ser líderes, se deben repensar permanentemente rediseños y nuevas estrategias, agrega él

“Mejorar la imagen de las empresas no es solo un trabajo visual, sino de consultoría, que parte de la identidad de la compañía para, por último, pensar en el producto”, explica Daiana . 

“Hay que encontrar el qué del cliente. El modelo de negocio, las fortalezas y debilidades. El perfil”, completa Diego. 

El estudio Pozzi hoy permite vivir a toda la familia y a cada uno de los socios. Sin embargo, advierten que la competencia es fuerte y aunque el crecimiento siempre es una aspiración, para garantizar calidad, a veces rechazan pedidos o, ante la necesidad, toman “socios por proyecto”.

El proceso creativo se da en grupo y la inspiración es apenas una parte. Todos piensan, todos aportan, pero de una manera metódica en la que nada queda librado al azar. 

¿Hay competencia solapada de los influencers?

Con los influencers hay un buen mercado para trabajar. ahí. Pero pronto quedarán solo los que logren conectar con el usuario y tenga empatía

“La gente va aprendiendo. El consumidor aprende”, completa Daiana.

La diferencia radica en el concepto. Pensar la comunicación como un todo y definir los atributos del producto y el cliente. La exposición es el punto final del proceso, casi al revés que los influencers de moda. 

“Llegar a formar parte del libro de Mica es porque estamos haciendo las cosas bien. En el camino adecuado”, reflexiona Diego. “Buscamos pocos proyectos bien trabajados y que haya una maduración de la idea antes de entregar el producto”, apunta Daiana. 

Los premios y distinciones fueron de Pozzistudio en 2019 

– Festival Internacional de la Publicidad Independiente —- FEPI 

– Sello de Buen Diseño Argentino  —- 

– Reconocimiento como socio destacado de la Asociación Misionera de Marketing  

– Distinción a Diego Pozzi por iniciativa emprendedora de la Confederación Económica de Misiones en el premio Joven Empresario —-

– Disertación en Pixelations – presentaciones especiales —-

-Disertación en el Panel “El Negocio de la Imagen” en Mercado de Industrias Creativas Argentina MICA

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