ENTREVISTAS

Iván Espósito, CEO de Suzano Argentina: “El sector forestal argentino tiene enorme potencial, pero necesita previsibilidad”

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La industria forestal no se piensa en meses ni en balances trimestrales. Se mide en ciclos largos, en bosques que tardan años en madurar y en inversiones que sólo encuentran sentido cuando existe previsibilidad. En ese terreno, la mirada de Suzano sobre la Argentina combina entusiasmo y prudencia.

La compañía brasileña, uno de los mayores productores mundiales de celulosa y papel, emplea a más de 40 mil personas en el mundo, pero apenas unas cien en Argentina. La diferencia no responde a falta de interés, sino a una lógica de expansión que exige tiempo, escala y reglas claras.

“Argentina volvió a posicionarse como un mercado estratégico. La ven mejor desde afuera y hay mucho entusiasmo con el equilibrio macroeconómico y con la posibilidad de una economía más ordenada. Pero en industrias como la forestal, donde una inversión empieza a mostrar retorno en ocho o diez años, la previsibilidad no es un detalle: es la condición principal”, explicó Iván Espósito, CEO de Suzano Argentina, en diálogo con Economis.

La firma acaba de consolidar su operación local bajo una nueva identidad: la histórica Stenfar pasó a llamarse Suzano Argentina, en una decisión que busca integrar plenamente la filial al esquema global de la multinacional y ampliar su presencia en el mercado local.

La entrevista con Iván Espósito se realizó apenas horas después del anuncio del megaproyecto de Arpulp en Ituzaingó, una inversión proyectada en 2.000 millones de dólares que prevé la construcción de la planta de fibra larga de pino más grande del mundo, con capacidad estimada en 800 mil toneladas anuales y tecnología de última generación. Para el CEO de Suzano, el anuncio excede a una sola empresa y representa una señal estratégica para todo el país. “Para Argentina es sumamente positivo el anuncio de la pastera en Corrientes”, afirmó. A su juicio, proyectos de esa escala fortalecen la competitividad regional, muestran la verdadera capacidad de desarrollo del sector forestal y consolidan al NEA como plataforma exportadora.

El proyecto cuenta con respaldo del fondo Pegasus para estructurar el financiamiento internacional y, según explicó Alejandra Aranda, CEO de Arpulp, en 2026 se realizará un estudio ambiental bajo estándares internacionales de máxima exigencia; en 2027 avanzará la ingeniería básica y de detalle, mientras que la construcción está prevista entre 2028 y 2030. “El mercado se abrió, hay reacomodamiento y más oferta. Eso obliga a ser más eficientes y bajar los costos de operación”, resume Espósito, convencido de que la escala y la competitividad serán decisivas en la nueva etapa de la industria forestal.

El negocio forestal exige una lógica distinta a la de otros sectores industriales. No se trata sólo de montar una planta: primero hay que esperar que crezcan los árboles.

“La forestación demanda entre seis y siete años como mínimo en nuestra región. Después viene la inversión industrial, la transformación y recién ahí aparece el retorno. Estamos hablando de proyectos con horizonte de diez años. Por eso el largo plazo importa tanto”, señala Espósito.

Suzano opera bajo una política de producción cien por ciento renovable y en Brasil invierte miles de millones de dólares en toda su cadena forestal e industrial. Allí, además, encuentra algo que considera central: previsibilidad.

“Brasil tiene algo que para este tipo de decisiones vale muchísimo: previsibilidad. Más allá de Lula, más allá del modelo económico, más allá de las disputas políticas, existe estabilidad. El modelo político está descontado. Eso permite proyectar”, resume.

La comparación no es menor. Para una empresa acostumbrada a inversiones de gran escala, la diferencia entre un entorno previsible y otro sujeto a cambios pendulares puede definir una decisión.

El RIGI como herramienta clave

En ese escenario, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aparece como una herramienta observada con atención por el sector.

“El RIGI es clave para el largo plazo y para procesos de modernización. Ayuda a construir condiciones más razonables para inversiones de capital intensivo. El problema es que no todas las inversiones son gigantescas. También existen proyectos intermedios, de 50, 70 u 80 millones de dólares, que siguen necesitando financiamiento y reglas claras”, advierte.

La mirada empresarial no pasa únicamente por los beneficios fiscales, sino por la posibilidad de sostener un marco de confianza.

“A la Argentina la veo con mucho entusiasmo desde afuera. Si se consolidan algunas reformas y esa estabilidad se sostiene en el tiempo, el país se vuelve mucho más atractivo”, insiste.

Tissue, packaging y exportación: dónde está el futuro

Mientras el papel tradicional para impresión pierde espacio en todo el mundo, la reconversión del sector apunta hacia dos grandes motores: el tissue y el packaging.

El tissue -papel higiénico, servilletas, toallas descartables y productos de consumo masivo- aparece como uno de los segmentos más dinámicos a nivel global.

“Tissue es un fenómeno para explorar. Es una categoría que crece mucho y no descartamos evaluar inversiones en Argentina”, adelanta Espósito.

También el packaging gana protagonismo, impulsado por el comercio electrónico, la logística y la necesidad de envases más eficientes para exportación.

Todo lo vinculado al packaging tiene muchísimo futuro. En un país con potencial exportador fuerte, como Argentina, especialmente en agroindustria, alimentos y frutas, mejorar embalajes también mejora competitividad”, sostiene.

Para Suzano, allí aparece una oportunidad concreta para la región y particularmente para el NEA.

En una provincia como Misiones, donde la base forestal forma parte de la estructura productiva, el diagnóstico tiene una lectura directa: hay mucho espacio para crecer.

“El sector forestal argentino tiene enorme potencial. No hubo grandes proyectos en los últimos años y todavía existe una brecha enorme de escala. Suzano en Brasil tiene cinco veces más capacidad que muchos jugadores locales”, explica.

La apuesta, sostiene, debe mirar menos al mercado interno y más a la exportación.

“Hay que enfocarse en exportación. El negocio forestal necesita escala y competitividad internacional. Tissue, packaging, reconversión industrial y una mirada exportadora son parte de ese camino”.

En esa visión, el papel no es una industria del pasado, sino una industria que cambia de forma.

“La industria del papel tiene futuro. Lo que cambia son los usos. La innovación está ahí: nuevos productos, nuevos procesos, mayor eficiencia y una lógica más sustentable”.

Con una estructura aún pequeña en el país, Suzano no plantea una expansión acelerada, sino una construcción gradual. “Tenemos más de 40 mil empleados en el mundo y cerca de cien en Argentina. Es un camino que toma tiempo. La estrategia hoy es consolidar presencia, ganar eficiencia, acercarnos más al cliente y construir una operación más robusta para el largo plazo”.

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“No queremos ser un corredor, queremos ser parte del desarrollo regional”

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Con una mirada al desarrollo regional por fuera de las capitales del Mercosur, Luis Augusto “Guto” Silva, secretario de Ciudades del estado brasileño de Paraná dio una charla en Posadas. “Es muy fácil planificar sin gente; lo difícil es planificar con personas, con sus angustias y miedos”, argumentó.

En una entrevista con Economis, el especialista brindó su enfoque sobre planificación territorial y advirtió sobre uno de los principales obstáculos para el desarrollo regional: la falta de continuidad política y la carencia de arraigos entre lo que se planifica y las realidades sociales del lugar y su entorno. En otras palabras, no se puede pensar a Posadas sin su vínculo con Encarnación y las principales ciudades del sur de Brasil.

Silva vino a Misiones como invitado de la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD), donde presentó una charla centrada en el “planeamiento de territorio en red”, un modelo que busca romper con la falta de coherencia política que afecta a las democracias latinoamericanas y que, según su visión, condena a muchas ciudades al estancamiento. “Pensar en la próxima elección hace que no haya un plan a largo plazo”, afirmó, al describir una dinámica que, según indicó, interrumpe proyectos y diluye estrategias.

Aclaró que con los actuales cambios en la tecnología y ciencia los planes a largo plazo no deben ser rígidos, sino que deben ser revisados y actualizados en el corto plazo, pero con metas a largo plazo.

El fracaso del planeamiento “vertical”

Para Silva, el principal obstáculo del desarrollo regional es el péndulo político: la tendencia a refundar las gestiones cada cuatro o seis años, descartando proyectos valiosos por falta de visión estratégica. “Muchos proyectos buenos se quedan en el camino por falta de una gestión focal”, advirtió el secretario, señalando que el planeamiento tradicional, diseñado por tecnócratas en oficinas centrales como Curitiba o Posadas, suele fracasar por su desconexión con la realidad territorial.

El modelo propuesto por el funcionario brasileño sustituye la jerarquía de “arriba hacia abajo” por un territorio en red. Esta metodología implica que la planificación no puede ser solo potestad del intendente o el concejal, sino que debe integrar a los actores locales. “Es muy fácil planificar sin gente; lo difícil es planificar con personas, con sus angustias y miedos”, analizó Silva. Explicó que los procesos técnicos muchas veces omiten conflictos, demandas y limitaciones concretas de las comunidades.

En ese sentido, describió la experiencia del estado de Paraná, donde se trabajó con los 399 municipios para construir una planificación más descentralizada. El objetivo fue evitar esquemas “de arriba hacia abajo” que, según advirtió, “están bonitos en el papel, pero no caminan”.

Uno de los enfoques centrales en su mirada sobre la planificación se centra en no solo hacer grandes planes, sino pensar objetivos en el corto plazo. Estos logros permiten validar la confianza de los actores del plan y permiten avanzar escalonadamente hacia un desarrollo integral.

Maringá: el espejo donde mirar el largo plazo

Como evidencia de éxito, Silva citó el caso de Maringá, ciudad brasileña de escala similar a Posadas (aproximadamente 450.000 habitantes), que ha sido elegida como la mejor ciudad para vivir en Brasil durante cuatro años consecutivos. La clave, según el funcionario, radica en un Consejo de Desarrollo que funciona de forma independiente al signo político del alcalde de turno.

No importa quién es el intendente. Todos los años se firma el plan y se camina junto a él. Hay una agenda permanente hace 25 años donde los problemas se ponen sobre la mesa y se resuelven entre lo público y lo privado“, explicó.

La propuesta de Silva interpela directamente la coyuntura argentina, donde el debate actual oscila hacia una preeminencia del sector privado en la obra pública y la planificación. Ante esto, el secretario fue tajante: “El privado no puede planificar solo“.

En contraste, propone la “institucionalidad”, esto es la creación de “pequeños pactos” y relaciones de confianza es lo que permite que una red territorial gane fuerza y sobreviva a las crisis. Para él los consejos de desarrollo deben conformarse con representantes del sector público, el sector privado, la academia y la comunidad. Allí cada sector debe presentar sus problemáticas y en un debate abierto deben encontrarse las soluciones posibles y desarrollar los proyectos para lograrlos.

Silva argumenta que el sector privado, por su naturaleza, no prioriza los intereses colectivos ni el desarrollo humano por sobre la rentabilidad. El sector público debe actuar como el “director técnico” de un equipo (haciendo una analogía con el fútbol infantil) para evitar que todos los actores corran tras la pelota de forma desordenada.

En su visión, la planificación debe surgir de un equilibrio entre actores, donde cada sector asuma su rol dentro de un esquema coordinado. La construcción de consensos aparece como condición para sostener políticas en el tiempo.

“Hay que salir de la política solo como político. Si se queda concentrado en el concejal o el intendente, no va a ningún lugar”, planteó.

Bajo este enfoque, la planificación no se limita a la ciudad como unidad aislada, sino que incorpora su vínculo con el entorno rural, la producción, la industria y el sistema educativo. La clave, según explicó, es identificar problemas concretos y construir agendas compartidas: “Problema bueno es problema en la mesa”, sintetizó.

Este enfoque también apunta a reducir la volatilidad política. El ejemplo que citó fue el de ciudades brasileñas con planes de largo plazo que trascienden gestiones, donde los distintos gobiernos continúan una misma hoja de ruta.

Talento, inversión y desarrollo local

Uno de los ejes más sensibles que planteó Silva fue la pérdida de capital humano. Según indicó, la migración de jóvenes formados hacia grandes centros urbanos o el exterior debilita el desarrollo regional. Silva advirtió que si el territorio no“vibra” -es decir, si no ofrece condiciones culturales, educativas y de vida atractivas-, la inversión pública en educación termina siendo un subsidio para países centrales. “Cada vez que un joven formado en Posadas se va a trabajar a Estados Unidos, es una derrota nacional”, sentenció.

No queremos perder más talento. Cuando eso ocurre es una derrota”, advirtió. En ese marco, vinculó la planificación territorial con la capacidad de generar condiciones para retener y atraer recursos humanos calificados. Recordó que la formación de recursos humanos significa una gran inversión desde el Estado.

Además, subrayó que el desarrollo económico no puede depender exclusivamente de una “vocación natural” del territorio, como la agroindustria, sino que debe abrirse a nuevas actividades mediante innovación y articulación entre sectores.

Integración entre Misiones, sur de Brasil y Paraguay

Silva puso énfasis en el potencial de integración regional entre el norte argentino, el sur de Brasil y Paraguay. Señaló que, pese a la distancia con los centros políticos nacionales, existe una cercanía cultural y económica que podría ser aprovechada.

“Hay mucha vida afuera de ese sistema centralizado”, afirmó, en referencia a las grandes capitales del Mercosur. En esa línea, cuestionó la lógica de “corredores” logísticos que solo conectan puntos, sin generar desarrollo local: “No queremos ser un corredor, queremos ser parte del desarrollo”, afirmó, instando a fortalecer los puntos de convergencia en las áreas agroindustrial y forestal que son comunes al Estado de Paraná y a Misiones.

El desafío, según lo expuesto, no pasa solo por diseñar planes, sino por construir acuerdos sostenibles que integren intereses diversos y generen resultados concretos. La evolución de estos modelos dependerá de la capacidad de los territorios para articular actores y sostener agendas más allá de los cambios de gobierno.

La implementación de estos consejos de desarrollo en el NEA dependerá de la capacidad de los actores locales (universidades, cámaras empresariales y gobiernos) para ceder cuotas de protagonismo en pos de una agenda común. La variable clave a observar será la voluntad política de institucionalizar estos espacios para que no queden reducidos a foros de debate sin ejecución real.

La pregunta que queda flotando es si el modelo de Maringá es exportable a una Argentina que hoy debate el repliegue del Estado en la planificación territorial.

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Gustavo Quatrin, CEO de Playadito sobre el precio de la yerba: “Ni antes éramos ángeles ni ahora somos demonios”

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En la reunión de la mesa yerbatera realizada el 23 de abril en el Ministerio del Agro de Misiones, Gustavo Andrés Quatrin -gerente de la Cooperativa Agrícola de Colonia Liebig, con su marca Playadito- no pasó desapercibido: es quien conduce la asociación con el rigor de una empresa que hoy lidera el mercado interno con 56,7 millones de kilos vendidos en 2025.

Tras la reunión habló con Economis y marcó un punto de inflexión en el tono del debate. “Somos conscientes de los bajos precios que hoy tiene la producción”, reconoció. “Sabemos que los precios están lejos de lo que hoy desearían los productores y no solo desean, sino que necesitan”.

Sin embargo, al mismo tiempo, defendió la posición de la industria que tiene otros problemas, asociados a los costos y la rentabilidad, “Podemos tener las mejores normativas, pero si no tenemos consumo, no podemos transformar absolutamente nada”, afirmó, en una definición que corre el foco desde la regulación hacia la dinámica del mercado.

Tras más de una década de precios altos, el sector enfrenta ahora un escenario inverso: mayor producción, aumento de stocks y presión a la baja en los valores de la hoja verde. El gerente explicó que el problema central es la sobreoferta acumulada tras años de expansión productiva. “Hay un potencial de producción que supera la demanda en un momento determinado y eso lleva a la situación de precios actual”, sostuvo.

Incluso con un aumento del 37% en las exportaciones, el sistema no logró absorber el excedente. “Los stocks no bajaron, sino que subieron ligeramente”, detalló. Esa afirmación desarma una de las expectativas del sector: que el crecimiento externo pudiera compensar la presión interna por los precios.

En ese contexto, el precio se convierte en la variable de ajuste. Y la explicación que ofrece Quatrin es directa: “Cualquier número superior a cero es mejor que no vender”. Esa dinámica, que antes jugaba a favor del productor -cuando retenía stock esperando mejores precios- ahora opera en sentido inverso.

El cambio coincide con el nuevo esquema del Gobierno nacional desde diciembre de 2023, que modificó las reglas del negocio yerbatero. Sin intervención directa en precios, el mercado quedó expuesto a su propia dinámica. El resultado: una competencia más agresiva y una pérdida de referencia para toda la cadena.

Una cadena tensionada desde adentro

El posicionamiento de Quatrin tiene un peso específico: proviene de una cooperativa que no solo lidera ventas, sino que articula con productores y secaderos desde hace más de 20 años. Por eso, su advertencia evita confrontaciones y apunta a sostener el entramado.

Lo peor que nos puede pasar es pelearnos entre productores y secaderos industriales”, señaló, en un intento por desactivar tensiones en un momento crítico. Los propios productores le reconocen que son la empresa que mejor paga por la yerba canchada a un precio de 1160 pesos el kilo, cuando las demás están pagando por debajo de los 900 pesos.

Sin embargo, también dejó en claro los límites de la industria para recomponer precios. Recordó que la empresa aplicó una baja del 20% cuando sus despachos cayeron “casi a la mitad” en abril de 2024, y que desde entonces no logró recuperar ese nivel de precios, aunque lidera el mercado.

Esa señal impacta en toda la cadena productiva. Si la empresa con mayor espalda financiera y volumen no logra trasladar mejoras, el resto del sector queda condicionado. En especial los productores primarios, que dependen directamente del precio de la hoja.

Aun así, anunció un movimiento reciente: “Hemos hecho un aumento de un 5% para la materia prima y acortamos en 30 días los plazos de pago”. Es un gesto que busca recomponer parcialmente el ingreso del productor, pero también funciona como test para medir la reacción del mercado.

Consumo estancado y exportaciones insuficientes

Otro eje central de su análisis fue el comportamiento del consumo. Quatrin lo definió como estructuralmente limitado: “La demanda es inelástica”. Es decir, aunque bajen los precios, el volumen consumido no crece de manera significativa.

En paralelo, el ingreso de productos importados con mayor precio en góndola agrega una distorsión adicional. No compiten directamente en formato, pero sí en percepción de valor, tensionando la lógica del mercado local.

El gerente, además, relativizó el impacto del mercado externo. “El crecimiento de las exportaciones no supera el 2% del total en cantidad (del volumen comercializado por su empresa”, explicó, pese a que la cooperativa exporta a más de 20 países.

Incluso en mercados grandes, como China, el desafío es cultural. “Lograr que el mundo incorpore una infusión nueva es una tarea compleja, de altísimo costo”, sostuvo. Explicó que desde la cooperativa están trabajando en ese mercado hace 10 años y aun así el volumen comercializado en el 2025 fue de 60 mil kilos y es solamente hoja, porque se exporta para infusionar con formato de tés.

Además, Quatrin fue claro al explicar que el aumento de exportaciones se explica en gran medida por la caída de los precios locales, que volvió competitiva a la yerba argentina en el exterior. Sin embargo, ese impulso no alcanza para absorber el excedente: los stocks que han acumulado las empresas no bajaron y eso sigue condicionando los valores.

Esa combinación -consumo interno estable y exportaciones limitadas- refuerza la presión sobre los precios locales y deja a la cadena sin una válvula de escape inmediata.

Quatrin deja entrever un cambio más profundo: el sector yerbatero atraviesa una transición donde las herramientas tradicionales ya no alcanzan y el mercado aún no encuentra equilibrio.

El gerente lo resumió con una frase que busca ordenar el debate sin personalizar responsabilidades: “Éramos los mismos cuando los precios eran espectaculares. Ni antes éramos ángeles ni ahora somos demonios”.

Esa lectura introduce una variable incómoda: el problema no responde a decisiones aisladas, sino a ciclos productivos y expectativas acumuladas.

Hacia adelante, la expectativa es moderada. “Esperemos que hayamos tocado los pisos de precio”, expresó. Pero la definición no es categórica. Dependerá de cómo evolucione la reposición, el nivel de stocks y la capacidad del mercado para absorber la producción.

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El “Mundial de la Yerba Mate” busca redefinir la industria en un negocio con estándares globales

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Del 5 al 7 de junio, Buenos Aires será sede del primer “Mundial de la Yerba Mate”, un certamen que propone reposicionar al principal producto agroindustrial de Misiones dentro de una lógica global de calidad, evaluación técnica y diferenciación. El evento, presentado en el Senado y con proyección internacional, introduce una pregunta de fondo para la cadena yerbatera: ¿puede la yerba dejar de ser solo una tradición cultural para convertirse en una industria con estándares comparables al vino o el café?

Del consumo cultural al producto evaluado

El eje del certamen no estará puesto en el ritual del mate, sino en la yerba mate como producto en sí mismo. La propuesta implica un cambio conceptual relevante: pasar de una mirada doméstica —centrada en el consumo cotidiano— hacia una lógica de valorización técnica, sensorial y comercial.

“El objetivo es posicionar la yerba mate en un esquema similar al de otros productos como el vino o los destilados”, explicó el sommelier de mate y organizador Martín Gómez en diálogo con Economis. En ese sentido, el evento buscará introducir criterios de evaluación estandarizados, con degustaciones a ciegas y protocolos técnicos desarrollados durante los últimos meses.

A diferencia de una competencia tradicional, los productos no competirán entre sí, sino contra parámetros de calidad predefinidos. Esto permitirá otorgar medallas en función del puntaje alcanzado y, a la vez, brindar devoluciones técnicas a las marcas sobre sus características.

Nuevos formatos y consumo global: la ventana que mira la industria

Uno de los puntos más disruptivos del Mundial será la incorporación de nuevas formas de consumo, más allá del mate cebado. Desde bebidas listas para tomar hasta aplicaciones en gastronomía o productos innovadores, el certamen busca reflejar cómo el mercado internacional percibe a la yerba mate.

El diagnóstico es claro: mientras en Argentina el consumo supera el 90% de penetración en hogares, el margen de crecimiento local es limitado. En cambio, en el exterior la yerba se posiciona como alimento funcional, alineado con tendencias globales vinculadas a la salud, lo natural y lo ancestral.

“En otros países la visión es mucho más funcional, enfocada en los beneficios”, señaló Gómez, al tiempo que remarcó la necesidad de que la industria local amplíe su mirada. “Tenemos que dejar de discutir cuestiones tradicionales y empezar a pensar cómo crecer como industria”, agregó.

Escala internacional y construcción de marca país

El evento no se limitará a Buenos Aires. Según los organizadores, existen gestiones para replicar actividades en simultáneo en distintos países, lo que podría transformar al Mundial en una plataforma global de promoción.

Además, se evalúa la implementación de subsedes dentro de la propia Argentina, lo que ampliaría el alcance territorial y la participación del ecosistema productivo.

Este despliegue no es menor: introduce una dimensión estratégica para la yerba mate como activo exportador y como herramienta de construcción de marca país, en un contexto donde las economías regionales buscan nuevos canales de valorización.

Impacto para Misiones y la cadena yerbatera

Para Misiones, principal provincia productora, el Mundial abre un frente distinto al debate tradicional sobre precios o regulación. La iniciativa apunta a generar valor agregado, diferenciación y posicionamiento, variables clave para mejorar la competitividad del sector.

En términos económicos, la propuesta dialoga con una agenda más amplia: diversificación de mercados, innovación en productos y adaptación a estándares internacionales. En lo político, instala una discusión de fondo sobre el modelo de desarrollo de la cadena yerbatera.

Un experimento en marcha

El Mundial de la Yerba Mate aparece, en este contexto, como una apuesta que combina promoción, innovación y construcción de consenso dentro de la industria. No surge como respuesta directa a una crisis, pero sí como un intento de salir de los límites del mercado tradicional.

La clave estará en su capacidad de generar continuidad: si logra consolidar criterios técnicos y atraer demanda internacional, podría convertirse en una herramienta estructural para el sector. Si no, quedará como una experiencia aislada.

Por ahora, el movimiento ya empezó. Y la discusión, también.

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“Hay que resignar rentabilidad”: el diagnóstico del dueño de Antares sobre la crisis del consumo

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El socio de Antares Posadas y Larronda advierte sobre la fuerte caída del consumo, el impacto de tarifas y la presión fiscal, y plantea que la clave pasa por la eficiencia: “Hay que resignar rentabilidad para sostenerse”. En medio de una seguidilla de cierres de comercios en Posadas y un escenario de enfriamiento económico que se replica en todo el país, el empresario gastronómico Juan Pablo Fantini traza un diagnóstico directo, sin eufemismos: la rentabilidad desapareció y el objetivo dejó de ser crecer.

Hoy el desafío no es vender más, es ser más eficiente”, resume el socio propietario de Antares Posadas y Larronda, dos referencias del polo gastronómico de la Costanera.

Su análisis combina macroeconomía, costos operativos y dinámica empresarial. Y deja una conclusión contundente: el modelo de negocios cambió.

En una entrevista concedida a Open1017, Fantini describe un estado de situación de la economía con tasas altas -que encarecen el dinero- y tensiones comerciales que impactan en los costos. Pero el golpe más fuerte se siente en el plano local.

“Venimos de un período de alta inflación, caída del consumo y enfriamiento de la economía. Y ahora se suma el ajuste de precios relativos”, explica.

En ese esquema, el impacto en el sector gastronómico es particularmente severo, con aumento de tarifas energéticas de hasta 900%, suba generalizada de costos operativos, caída del poder adquisitivo y la imposibilidad de trasladar precios al consumidor.

“El margen se comprimió completamente. Estamos trabajando prácticamente sin rentabilidad, solo para mantenernos”, señala.

El empresario plantea que la lógica tradicional del negocio quedó obsoleta. Durante años, el crecimiento y el traslado de inflación a precios eran mecanismos habituales. Hoy ya no funcionan.

“Antes cualquier aumento se trasladaba a precios. Hoy eso no es posible”, advierte.

En ese nuevo escenario, el foco pasa por la estructura interna, que tiene que enfocarse en optimización de costos, reducción de stock, análisis fino del mix de ventas, priorización de productos más rentables y mejora de la productividad.

Hay que resignar rentabilidad. No hay otra opción”, afirma. Incluso redefine el objetivo empresarial: “Antes uno proyectaba crecer. Hoy el objetivo es mantenerse”.

En este proceso de adaptación, Fantini reconoce un cambio clave: la incorporación de herramientas tecnológicas.

“Hoy no hay comercio que no tenga sistemas de gestión. Y la inteligencia artificial llegó para quedarse”, sostiene.

En su caso, la utilizan para analizar el mix de ventas, calcular puntos de equilibrio, optimizar la carta y reducir costos operativos.

“Nos permitió tomar decisiones más rápidas y bajar costos. Es una herramienta clave en este contexto”, destaca.

Fantini también aporta una mirada interesante sobre el modelo de franquicias, donde Antares es un caso testigo.

Según explica, el problema central es la rigidez, ya que “las decisiones deben aplicarse a toda la red”, lo que deriva en que “los cambios son más lentos” y “no se adaptan fácilmente a realidades locales”.

“El dinamismo que requiere hoy la situación hace que el modelo de franquicias esté más afectado”, afirma.

En contraposición, destaca la flexibilidad de los emprendimientos propios, como La Ronda, que permiten respuestas más rápidas ante el cambio constante.

Con operaciones en Misiones y Corrientes, Fantini introduce un dato clave para el análisis regional: el costo de operar no es el mismo.

“Siento que es mucho más costoso mantener una empresa en Misiones que en Corrientes, principalmente por la carga impositiva”, señala.

Aunque el perfil del consumidor es similar, el diferencial fiscal impacta directamente en la competitividad.

Uno de los puntos más críticos es el costo laboral, que depende de los impuestos nacionales que no han bajado. El 57 por ciento de los costos es laboral. “Es demasiado alto. En este contexto es insostenible”, advierte.

La ecuación se vuelve más compleja cuando se combina con tarifas energéticas disparadas y caída de ingresos. 

“Es muy difícil sostener 32 empleados en este escenario”, reconoce.

De cara al futuro, el empresario evita el optimismo fácil. Su proyección es moderada. “Habrá una recuperación muy lenta, dependiente del poder adquisitivo y atada a la llegada de inversiones”.

“Sin mejora en los ingresos reales de la gente, esto va a seguir complicado”, advierte.

Fantini cierra con una mirada estructural sobre el tejido empresarial, en un contexto donde -según datos que menciona- cerraron miles de pymes en el último año.

“Los que tienen más chances de sostenerse son los que logren optimizar sus costos y su estructura”.

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