ENTREVISTAS

El giro estratégico de Lory Máquinas, de vender cosechadoras a ofrecer “soluciones” integrales

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Una pyme de Misiones redefine su negocio y apuesta a exportar “soluciones”. El giro estratégico de Lory Máquinas, de vender cosechadoras a ofrecer sistemas integrales. La empresa busca escalar en mercados internacionales con foco en África y Estados Unidos

En un contexto donde la industria nacional busca sostener competitividad y abrir mercados, una empresa metalmecánica de Misiones ensaya un cambio de enfoque que trasciende lo productivo: Lory Máquinas dejó de pensarse como fabricante de equipos para posicionarse como proveedora de soluciones integrales. El giro, explicitado por su gerente, Jorge Lory en una entrevista en LT17 Radio Provincia, no es solo discursivo. Se apoya en experiencias concretas de exportación y en una estrategia de inserción internacional que vuelve a poner en agenda una pregunta estructural: ¿pueden las pymes industriales del interior escalar sin cambiar el modelo de negocio?

El punto de inflexión aparece con claridad en una operación reciente. En 2025, la empresa vendió una máquina a Carolina del Sur, en Estados Unidos, y participó directamente en su montaje y puesta en funcionamiento. Allí, según describió Lory, se produjo un cambio de lectura: el producto dejó de ser una cosechadora para convertirse en una plataforma que integra múltiples funciones —cosecha, poda, fertilización, fumigación— y resuelve problemas operativos en origen.

Ese desplazamiento conceptual, de máquina a solución, redefine la lógica comercial y también el posicionamiento en mercados externos.

De Oberá al mundo: una estrategia que madura con los años

El intento de internacionalización no es nuevo. La empresa tuvo un primer contacto con el mercado africano en el año 2018, cuando colocó una máquina en Kenia. Allí detectó un diferencial estructural: mientras Misiones cuenta con unas 35.000 hectáreas de té, ese país africano supera las 260.000. La escala, sumada a un problema proyectado de escasez de mano de obra, configuró una oportunidad.

Sin embargo, en aquel momento la empresa no tenía capacidad operativa ni tecnológica para sostener esa expansión. El proyecto quedó en pausa.

Hoy el escenario es distinto. Tras años de acumulación de experiencia, capacitación y desarrollo, Lory Máquinas retoma esa agenda con un enfoque más sofisticado: diseñar equipos adaptables, optimizar logística —como el envío de múltiples unidades en un mismo contenedor— y acompañar la implementación en destino.

El dato no es menor. Implica pasar de una lógica de exportación puntual a una estrategia de inserción sostenida, con transferencia de conocimiento incluida.

Capital humano: el cuello de botella de la expansión

El crecimiento proyectado expone, al mismo tiempo, una limitación estructural. La empresa cuenta con entre 15 y 16 trabajadores y ya ocupa la totalidad de su capacidad instalada, en un predio de 2.000 metros cuadrados.

El problema no es solo de infraestructura. Es, sobre todo, de mano de obra calificada.

Lory lo plantea sin rodeos: la principal restricción para escalar no está en la inversión en maquinaria o en la ampliación edilicia, sino en la disponibilidad de trabajadores formados para el sector metalmecánico. La respuesta empresarial apunta a un esquema de vinculación directa con escuelas técnicas, a través de pasantías y formación en planta.

Ese modelo cumple una doble función. Por un lado, abastece de recursos humanos a la empresa. Por otro, genera un circuito de formación práctica que reduce tiempos de adaptación y fortalece capacidades locales.

En términos productivos, la ecuación es clara: sin capital humano, no hay expansión posible, incluso con demanda externa en crecimiento.

Exportaciones y mercados: oportunidades y límites

La empresa ya concretó exportaciones a destinos diversos como Ecuador, Brasil, África y Estados Unidos. En paralelo, registra consultas desde países de la región, especialmente Brasil y Paraguay.

El interés externo se apoya en un diferencial tecnológico específico: la capacidad de integrar múltiples funciones en una sola máquina, reduciendo costos operativos y dependencia de mano de obra. En mercados donde esa variable comienza a escasear, el valor agregado se vuelve decisivo.

Sin embargo, el propio Lory reconoce que, más allá de las consultas, los negocios concretos aún son limitados. La expansión internacional se encuentra en una fase de transición entre la exploración y la consolidación.

En ese punto, la estrategia empresarial se cruza con condiciones macro: tipo de cambio, costos logísticos y financiamiento inciden directamente en la posibilidad de escalar exportaciones desde el interior del país.

Una empresa familiar frente al desafío de escalar

El recorrido de Lory Máquinas también expone una dimensión menos visible, pero clave en la industria argentina: la continuidad generacional. La empresa atraviesa su tercera generación, con un fundador aún activo, un gerente que consolidó el negocio y un hijo ingeniero que incorpora herramientas de diseño y planificación más avanzadas.

Ese cruce de saberes —experiencia, gestión e innovación— permite sostener la competitividad en un sector donde la adaptación tecnológica es permanente.

Pero también plantea un desafío: cómo transformar una estructura familiar en una organización con capacidad de escalar sin perder flexibilidad ni identidad productiva.

Un movimiento en construcción

El giro hacia la venta de soluciones no garantiza resultados inmediatos, pero redefine el horizonte estratégico. La empresa ya no compite solo por precio o por volumen, sino por capacidad de resolver problemas complejos en contextos productivos diversos.

En las próximas etapas, la clave estará en convertir las consultas en contratos, ampliar la capacidad productiva y sostener la formación de mano de obra. También será determinante cómo evoluciona la demanda en mercados como Brasil o África, donde la mecanización aparece como una necesidad creciente.

El movimiento ya empezó. Resta ver si logra consolidarse como un modelo replicable para otras pymes industriales o si queda limitado a casos puntuales en un entorno todavía inestable.

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Viajar en tiempos de guerra: entrevista a Carolina Mazza

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La guerra en Medio Oriente está generando efectos en la economía global que van más allá del precio del petróleo. El deterioro de la percepción de la seguridad encendió las alarmas en el turismo. 

Según las últimas estimaciones del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés), el conflicto está provocando pérdidas que alcanzan los USD 600 millones diarios en concepto de gastos de turistas internacionales. 

Ante este escenario, las agencias de viajes deben barajar alternativas para responder la demanda y se dividen estos días entre reprogramaciones y rutas alternativas. 

En una entrevista con Economis, la empresaria del sector, Carolina Mazza, gerente de Mazza Turismo, analizó que se vive una situación similar a la de la Pandemia por el Coronavirus aunque aclaró que no se habla de cancelaciones sino de reprogramaciones. “La gente no quiere dejar de viajar. Por ahí posterga, pero no suspende”. 

¿Estamos ante un nuevo escenario también para el turismo? 

Sí. Por supuesto. Medio Oriente pasó a ser muy importante con los aeropuertos que tiene, son aeropuertos de conexiones a todo el mundo, entonces sí. Por suerte las aerolíneas flexibilizan, hay opciones de reprogramar los vuelos, hay otros destinos por recorrer, el pasajero aunque no vaya a Abu Dhabi, a Dubai o a Israel, sí toma esas aerolíneas porque son conexiones al resto del mundo. 

Se vive una situación similar a la de la Pandemia

¿La gente lo va a pensar dos veces antes de viajar? 

Va a depender de que todo llegue a una solución y la gente vuelva a estar tranquila, pero si el destino queda con conflictos, eso sí va a cambiar la forma de viajar. La gente está expectante, está viendo qué pasa, y nosotros con un trabajo adicional de reprogramación de vuelos, de reprogramación de destinos. De todas maneras me parece importante destacar que la gente no quiere dejar de viajar. Sí quiere reprogramar su viaje. Acá remarco la importancia de contratar una agencia de viajes que te acompañe en todo momento, buscando alternativas. De hecho nosotros no tenemos ningún pasajero varado y vendemos un montón a todos estos destinos. 

Interesante lo que marcás de la importancia de contratar una agencia porque más allá de que mañana termine la guerra, da la sensación de que son conflictos que se van a repetir… 

Yo creo que en este contexto, lo más importante es ir seguros con una empresa que te dé tranquilidad, que sepa que alguien te va a atender el teléfono y que nosotros tenemos toda la estructura para poder solucionar algún contratiempo. 

¿Observás que la gente tiene miedo de viajar? 

No. La gente quiere viajar. Obviamente hay que buscar otra vía por donde llegar porque estos aeropuertos que hoy estén en la mira del conflicto son aeropuertos muy grandes que conectan a todo el mundo, entonces hay que buscar alternativas. 

La región, una zona estratégica de conexión y distribución de flujo aéreo, que representa el 5% de las llegadas internacionales y el 14% del tráfico de tránsito en todo el mundo, se enfrenta a una parálisis que afecta a todo el ecosistema, desde hoteles y cruceros hasta empresas de alquiler de autos.

Crisis interna y colapso externo 

Las agencias de turismo de la Argentina deben sortear además de los frentes externos, la crisis económica del país con, en muchos casos, un menor poder adquisitivo para viajar. La empresaria aseguró que si bien se siente una merma en la cantidad de clientes que contratan paquetes, a la hora de priorizar lo ven como una inversión en bienestar y salud y no como un gasto.  

De todas maneras, todavía hay muchos ajustes que hacer. Por ejemplo para los pagos en pesos de los viajes al exterior tenemos todavía el recargo del 30 por ciento

¿El turismo siente el contexto económico de la Argentina?

Quizás un poco. Antes viajaba mucha más gente pero de todas maneras los niveles de ventas están muy bien. 

De todas maneras, todavía hay muchos ajustes que hacer. Por ejemplo para los pagos en pesos de los viajes al exterior tenemos todavía el recargo del 30 por ciento. Ya se sacó para hacer el cambio de divisas y eso lo seguimos teniendo. 

Mazza consideró que ante las nuevas realidades globales, las agencias de la provincia y del país deben trabajar junto con los Estados nacional y provincial para fortalecer la actividad. 

Estaría bueno que los gobiernos tanto nacional como provincial busquen la forma de protegernos cuando ocurren estos conflictos como el que tenemos ahora en Medio Oriente, porque dependemos mucho de las compañías aéreas y cuando tenemos un problema, no todas tienen flexibilidad y el pasajero a veces no entiende, entonces ver cómo en conjunto podemos protegernos ante esta situación. Si yo sola voy a hablar con Emirates, probablemente no logre nada, pero si nos uniéramos entre todas las agencias del país y de la provincia tendríamos otros resultados”. 

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Estados Unidos en las puertas de una crisis maderera ¿una oportunidad para Misiones?

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“La madera siempre vino de Canadá” admite un contratista en uno de los tantos suburbios que se construyen al norte de la ciudad de Detroit, en Michigan. “Esto siempre fue así, desde que comencé en este negocio” repite el mismo hombre a las cámaras de CNN que buscan explicar un mercado que claramente muestra su dependencia estructural con el vecino del norte. 

El dato es contundente: Estados Unidos consume más madera de la que produce. En el mercado de softwood lumber (madera blanda utilizada en estructuras, vigas y entramados de viviendas), el país cubre alrededor del 63% de su demanda con producción local, mientras que el resto proviene de importaciones. 

Y ahí es donde aparece Canadá como socio indispensable. Aproximadamente 85% de la madera importada por Estados Unidos proviene de Canadá.  En términos de consumo total, cerca del 32% de toda la madera utilizada en Estados Unidos es canadiense. Cada año ingresan al país alrededor de 26 millones de metros cúbicos de madera importada para cubrir ese déficit estructural. Para Canadá esto se traduce en que el 80% de la madera que produce, la exporta. 

Esto significa que millones de viviendas estadounidenses dependen directa o indirectamente de la madera producida en los bosques de la Columbia Británica, Quebec o Alberta.

El problema es que ese flujo hoy está atravesado por una escalada de tensiones comerciales que parecen no tener punto de retorno. 

Aranceles, disputa histórica y nuevas tensiones

La disputa por la madera blanda entre Estados Unidos y Canadá no es nueva: lleva décadas. Washington acusa a Ottawa de subsidiar su industria forestal mediante el control estatal de los bosques, lo que -según la posición estadounidense- abarata artificialmente la madera canadiense.

En los últimos años la tensión se intensificó y, por supuesto, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, el enfrentamiento escaló a niveles impensados por la constante presión de nuevos aranceles y dejó el escenario en las puertas de una crisis de abastecimiento nunca antes vista. 

Las autoridades estadounidenses elevaron significativamente los derechos antidumping y compensatorios sobre la madera canadiense, que podrían superar el 30-34% en algunos casos

El resultado es un mercado cada vez más volátil.

Los precios de la madera ya alcanzaron máximos de tres años, impulsados por la expectativa de menor oferta y mayores costos de importación. 

Al mismo tiempo, Canadá anunció programas de asistencia para su industria forestal por hasta 1.200 millones de dólares canadienses, con el objetivo de resistir el impacto de los aranceles y diversificar mercados. 

El conflicto no sólo afecta a los productores: también golpea al corazón del mercado inmobiliario estadounidense.

Impacto directo en el sector de la construcción

La vivienda es el principal destino de la madera en Estados Unidos. La mayoría de las casas unifamiliares se construyen con estructuras de madera (wood frame), lo que hace que cualquier alteración en el mercado tenga efectos inmediatos.

Según estimaciones de la National Association of Home Builders, las políticas arancelarias y el encarecimiento de insumos podrían aumentar el costo de construcción de una vivienda nueva entre 9.000 y 10.900 dólares en promedio

Las consecuencias potenciales incluyen: aumento del precio final de las viviendas, reducción de proyectos de construcción, caída en remodelaciones y una feroz presión inflacionaria sobre el sector inmobiliario.

Esto ocurre en un momento en el que Estados Unidos ya enfrenta un déficit estructural de viviendas, por lo que cualquier shock de oferta en los materiales puede profundizar el problema.

El dato clave es que reemplazar completamente la madera importada exigiría construir alrededor de 75 nuevos aserraderos modernos en Estados Unidos, algo inviable en el corto plazo. 

En otras palabras: Estados Unidos necesita si o si proveedores externos.

Canadá y el giro hacia India

Frente a este escenario, Canadá comenzó a acelerar una estrategia de diversificación comercial para reducir su dependencia del mercado estadounidense.

Uno de los destinos en los que el país está poniendo la mirada es India, un mercado con enorme potencial debido a su crecimiento urbano y demográfico. La semana pasada el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, (quien le dijo a Trump “no vamos a rogar”) visitó Nueva Delhi para reunirse con su par Narendra Modri. La firma del acuerdo llamó la atención, pero cuando se conocieron los detalles llegó el verdadero golpe: no se usarán dólares estadounidenses ni bancos de ese país para ninguna de las transacciones. El objetivo principal es “puentear” a Estados Unidos en un acuerdo que asciende a los 50.000 millones de dólares anuales

India enfrenta un déficit creciente de materiales de construcción, y está ampliando el uso de madera en viviendas y edificios de mediana altura. Al mismo tiempo, el país más poblado del mundo tiene un ambicioso plan energético y necesita uranio para sus centrales nucleares. Canadá tiene una de las grandes reservas del mundo de tierras raras. Esto representa una oportunidad estratégica: diversificar exportaciones y disminuir la vulnerabilidad frente a los aranceles estadounidenses.

Si esa estrategia prospera, podría ocurrir un fenómeno paradójico: parte de la madera, minerales y otros recursos canadienses que históricamente iban a Estados Unidos podrían redirigirse a Asia, reduciendo aún más la oferta disponible en el mercado norteamericano.

Y ese vacío podría abrir nuevas oportunidades para otros proveedores.

¿Puede Misiones crecer en el mercado estadounidense?

Misiones posee una de las mayores reservas forestales cultivadas de América Latina, con plantaciones de pino y eucalipto que crecen a ritmos muy superiores a los de los bosques del hemisferio norte.

Para la empresaria forestal misionera Silvina Oliva, con gran experiencia en producción e incluso exportación a Estados Unidos y Canadá, el momento exige una lectura estratégica.

“El mundo se está convirtiendo en un lugar incierto, peligroso y volátil. Sí creo que nosotros como polo foresto-industrial debemos convertir esta crisis en una oportunidad para que nuestra madera sea apreciada y requerida tanto en Canadá como en Estados Unidos”.

La empresaria sostiene que el potencial productivo existe.“Nuestra materia prima crece en tiempo récord al lado del crecimiento en aquellos lares, y hasta estructuralmente podría resultar interesante”.Entre los productos con potencial exportador menciona: tablas cepilladas, tableros encolados, molduras y otros productos industrializados de mayor valor agregado. “Todo eso puede ser de interés y de hecho lo es”, señala.

Silvina Oliva lidera Valerio Oliva Forestal y exportó a Estados Unidos y Canadá.

Pero aprovechar una oportunidad internacional no depende sólo del mercado. Según Oliva, existen obstáculos estructurales que hoy limitan la competitividad de la industria forestal argentina.

“Tenemos ciertas debilidades coyunturales que tenemos que solucionar antes, y lamentablemente no dependen de nosotros: los costos altos debido a impuestos, los costos laborales y los costos logísticos que siguen siendo altísimos”.

En 2025 el complejo forestal representó apenas 0,9% del total de exportaciones del país. Las ventas externas del sector alcanzaron 821 millones de dólares, con un incremento interanual de 10,3%. El 43,1% correspondió a productos celulósicos y papeleros, principalmente pasta química de madera de conífera y papel y cartón. El 37,4% estuvo compuesto por productos del sector maderero, como madera aserrada de pino y madera de coníferas perfilada. 

Como otras economías regionales, el sector maderero-forestal enfrenta un deterioro de su competitividad externa. La baja del dólar mayorista combinada con un fuerte aumento de los costos internos está presionando los márgenes de exportación. Los costos en dólares suben y el tipo de cambio baja, lo que genera un combo de baja rentabilidad. 

A esto se suman desafíos internos del propio sector: necesidad de inversión en modernización, escasa escala exportadora, baja asociatividad entre empresas.

“En términos de calidad, certificaciones, tipo de productos: tenemos capital humano y excelente materia prima. Nos falta tecnología, inversión y aggiornamiento para poder ajustar los costos puertas para adentro”, explica Oliva.

Una ventana de oportunidad…que podría cerrarse rápido

El mercado internacional de la madera es profundamente cíclico. Las oportunidades aparecen y desaparecen con rapidez según cambian los flujos comerciales.

Por eso el interrogante de fondo no es sólo si Estados Unidos profundizará sus problemas de abastecimiento, sino si Misiones está preparada para responder, al menos en parte, a esa gran demanda.

Oliva lo resume con una pregunta que resuena en todo el sector forestal argentino:

“Ahora, ¿qué hacemos con todas las variables que dependen de las voluntades políticas? ¿Perderemos nuevamente una oportunidad más?”…

Si la tensión comercial entre Estados Unidos y Canadá continúa escalando, el mercado global de la madera podría reconfigurarse.

Y en ese escenario la industria forestal misionera podría encontrar una oportunidad histórica… siempre que logre superar sus propias limitaciones estructurales.

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El llamado de la selva

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Emanuel Grassi es Doctor en Ciencias Biológicas y especialista en hongos. Vino a Misiones, con una tésis de estudio que se convirtió en práctica y terminó, como suele suceder, prendado de la tierra roja que no se despega de la piel. Hoy se describe como un apasionado de la selva, del monte, casi como una regresión ancestral, que comparte en charlas con la presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad, Viviana Rovira, a la sazón, su mentora y responsable de haberlo convertido en director ejecutivo de ese ente que pasó de estudiar algunas especies de la flora y fauna a encabezar un proyecto inédito: reforzar la población de yaguaretés en la selva misionera. 

Su historia empieza lejos del monte misionero. En Buenos Aires, cuando era niño, Emanuel ya experimentaba con el mundo natural con la curiosidad irreverente de la infancia.

“De chico siempre me gustó la experimentación con los animales. A veces un poco desde el lado de la maldad, viste… jugaba con sapos en la casa de mis padres”, recuerda entre risas. Pero esa curiosidad pronto encontró una dirección.

Su abuelo era paisajista. Las plantas y el diseño de jardines estaban presentes en la vida familiar. Y luego apareció un mentor inesperado: el botánico Osvaldo Morrone, investigador que había trabajado con orquídeas en Misiones.

Fue él quien lo empujó hacia el mundo de las ciencias biológicas.

Grassi estudió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Pero el destino ya estaba trazado.

El primer viaje a Misiones fue casi casual. Corría el año 2006 y vino con su entonces novia, cuya familia era de Garupá.

“Cuando conocí Misiones fue un flechazo”, recuerda. “Me acuerdo que la abuela me dijo: ‘Mirá que la tierra roja mancha… y se pega’. Y fue tal cual”.

La advertencia terminó siendo una profecía. Durante su doctorado decidió estudiar hongos de la selva misionera. El trabajo académico se convirtió en un puente con la provincia. Y cuando apareció la posibilidad de radicarse definitivamente, no hubo dudas.

La selva ya lo había elegido.

Fotos Sofía Schiavoni.

Hoy Grassi está al frente del IMiBio, un organismo científico que abrió sus puertas hace ocho años para estudiar y proteger la biodiversidad de Misiones. Pero también para algo más ambicioso: poner la ciencia al servicio de las decisiones políticas.

La institución nació con una idea impulsada por Viviana Rovira -presidenta del instituto y su mentora-: construir una ciencia diferente.

“No queríamos repetir el modelo clásico de investigación encerrada en los laboratorios”, explica. “La ciencia tiene que escuchar a la sociedad y estar al servicio de quienes toman decisiones”.

Esa lógica llevó al instituto a involucrarse en proyectos concretos: restauración ambiental, investigación aplicada, monitoreo de especies y asesoramiento científico para políticas públicas.

Pero también implica convivir con una paradoja de nuestro tiempo.

La ciencia dejó de ser el faro en algunos debates. Hoy estamos discutiendo cosas que parecían saldadas hace siglos”, dice. “Pero eso también nos obliga a salir del laboratorio, a explicar, a dialogar”.

El estado de la selva

Cuando se le pregunta por la salud de la selva misionera, Grassi no elige ni el optimismo ingenuo ni el pesimismo alarmista.

Prefiere una definición más precisa: “Está estable, pero es muy sensible”.

La selva paranaense que sobrevive en Misiones es uno de los relictos mejor conservados del Bosque Atlántico, un ecosistema que alguna vez cubrió gran parte de Brasil, Paraguay y Argentina. Pero también es un sistema frágil.

“El gran riesgo es que se rompan los corredores biológicos”, explica. “Si se corta la conectividad entre las poblaciones, empezamos a aislar especies y aparecen problemas genéticos”.

Por eso la palabra clave de la conservación actual es restauración.

Restaurar bosques, restaurar corredores ecológicos y, en algunos casos, restaurar poblaciones animales.

Ese es el corazón de uno de los proyectos más ambiciosos que hoy se discuten en Misiones: reforzar la población de yaguaretés.

El yaguareté -el mayor felino de América- es el símbolo máximo de la selva. Pero su presencia es cada vez más escasa. Se estima que en toda la región sobreviven alrededor de 90 ejemplares, con mayor presencia en el norte misionero.

El plan del IMiBio apunta a fortalecer la población en la Reserva de Biosfera Yabotí, un territorio de más de 250 mil hectáreas donde aún sobreviven condiciones ecológicas adecuadas, en la frontera con Brasil.

La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población.

Grassi plantea una diferencia conceptual importante con la idea más difundida del rewilding: mientras la reintroducción se aplica en territorios donde una especie ya desapareció por completo, en Misiones lo que se proyecta es un refuerzo poblacional, es decir, intervenir en un ambiente donde el yaguareté todavía existe, aunque en números críticos. Para el director del IMiBio, antes de liberar animales hay que resolver las causas que llevaron a la retracción de la especie y garantizar que el hábitat siga siendo funcional. Por eso su mirada pone menos énfasis en el gesto épico de “devolver” fauna y más en una estrategia integral de restauración: recomponer corredores, asegurar presas, sostener el control sobre la caza y preservar la genética local. 

En términos ecológicos, ambos modelos -Iberá y Misiones- forman parte de una misma corriente global de conservación: la restauración de grandes ecosistemas a través de especies clave. El objetivo final es el mismo: devolver al yaguareté su rol como ingeniero ecológico de los ecosistemas, capaz de regular poblaciones de herbívoros y mantener el equilibrio natural del bosque.

En esa lógica, Misiones no busca copiar el modelo de Corrientes, sino diseñar uno propio, ajustado a una selva que aún resiste y cuya prioridad no es volver a empezar desde cero, sino evitar que lo que todavía late termine por apagarse.

“Tenemos un macho residente en la zona desde hace más de diez años. La idea es introducir una hembra para generar un núcleo reproductivo”, explica Grassi.

Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.

“La idea es preservar esa genética y generar un flujo de individuos que pueda conectarse con otras poblaciones, incluso con Brasil”.

En ese mismo espíritu de redescubrimiento de la selva, otro episodio marcó a los investigadores del IMiBio: el regreso inesperado del águila harpía. Durante años se la consideró prácticamente extinta en Misiones, al punto de que casi no existían estudios sobre su presencia porque las probabilidades de encontrarla eran mínimas. Pero fue un colono de la zona de la Reserva de Biosfera Yabotí quien cambió la historia al fotografiar un ejemplar posado en el monte.

A partir de ese primer registro comenzaron a multiplicarse los avistamientos, hasta confirmar incluso la presencia de un juvenil. Para Grassi, ese dato tiene un valor enorme: significa que hubo reproducción reciente en la selva. “Si apareció un juvenil, quiere decir que hace uno o dos años eclosionó un huevo. Eso implica que hay un nido activo en algún lugar del corredor entre Argentina y Brasil”, explica.

En los extremos de su distribución -desde México hasta el norte argentino- la harpía había desaparecido casi por completo. Por eso su presencia en Misiones no es solo una rareza biológica: es una señal de que la selva aún conserva la estructura ecológica necesaria para sostener a uno de los depredadores más poderosos de América. la confirmación de que la especie aún persistía en uno de los extremos de su distribución -donde se la consideraba prácticamente extinta- generó un impacto inmediato en la comunidad científica internacional.

En México, donde la harpía también había desaparecido de los registros recientes, investigadores y organizaciones de conservación lanzaron entonces un programa específico de búsqueda para verificar si aún sobrevivían ejemplares en las selvas del sur del país. Para Grassi, el caso demuestra cómo un hallazgo local puede activar procesos de conservación a escala continental: “Cuando aparece en uno de los extremos de su distribución, automáticamente surge la pregunta de si en otros lugares donde se creía perdida todavía puede estar”. El avistamiento en Misiones no solo devolvió esperanza para la selva paranaense, sino que volvió a encender la búsqueda de uno de los depredadores más imponentes de América.

Sin embargo, la conservación no depende solo de científicos.

La caza furtiva, la presión económica sobre el territorio y la fragmentación del bosque siguen siendo amenazas reales. “Cuando la economía se deteriora, la cacería aumenta”, admite Grassi. “Por eso la conservación también tiene que entender el contexto social”.

En ese escenario, el rol de los guardaparques, las comunidades locales y los productores rurales resulta clave. Y también el de las organizaciones ambientales. “Hay diferencias, claro. Pero el objetivo común es la conservación”, dice.

Educar para coexistir

Padre de dos hijas, Grassi también piensa en el futuro desde una perspectiva personal. La educación ambiental es parte de la vida cotidiana en su casa. “Intento que se pregunten cuál es el impacto de nuestras acciones sobre la biodiversidad”, cuenta. “Que entiendan que la naturaleza no es algo separado de nosotros”.

Para él, la clave no es la convivencia con la naturaleza, sino algo más profundo. “La idea es la coexistencia”.

Cuando se le sugiere que el trabajo que hoy impulsa podría ser histórico -un proyecto que cambie el destino del yaguareté en la selva misionera-, Grassi se revuelve en su asiento, incómodo.

No soy consciente de eso”, responde.

Tal vez porque la ciencia se mueve en tiempos largos, invisibles para el vértigo de la actualidad.

Tal vez por eso, cuando Grassi habla de la selva, parece escuchar algo más que el rumor del monte. Hay en su relato una intuición antigua, casi instintiva, como la que Jack London narró en El llamado de la selva: ese impulso profundo que empujaba a Buck a volver a lo esencial. En Misiones, ese llamado no proviene de la nostalgia, sino del futuro. De una selva que resiste y que, si la ciencia, la política y la sociedad logran escucharlo a tiempo, puede volver a llenarse de vida, de alas enormes en el dosel y del rugido del yaguareté.

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Martínez advierte sobre el deterioro social: “La clase media se va debilitando”

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El obispo de Posadas, monseñor Juan Ramón Martínez, expresó una fuerte preocupación por la situación social y económica del país. Cuestionó que “el ajuste lo están haciendo las clases baja y media”, reclamó mayor diálogo institucional en debates sensibles como la baja de la edad de imputabilidad y planteó una pregunta directa al presidente Javier Milei sobre la dignidad humana.

¿Cómo analiza la Iglesia la situación social que se está viviendo?

—El pensamiento general para nosotros es de una gran preocupación por la situación social en la que está inmersa gran parte de la población argentina. La pobreza nos preocupa mucho porque hoy es una realidad extendida. Vemos gente en cierta marginalidad, pero también percibimos que la clase media se va deteriorando, porque la relación entre los sueldos y los gastos de la vida no es buena. Cada vez las cosas están más caras. Incluso nos sorprenden algunos datos del Indec sobre inflación.

Inclusive a la gente se le agrega el no poder pagar los servicios…

Es una preocupación muy genuina. No es un análisis abstracto ni distante, sino lo que vemos caminando los barrios. Tenemos parroquias, sacerdotes, religiosas y muchos laicos comprometidos en la realidad cotidiana. Lo que vemos es preocupante.

¿Ha aumentado la cantidad de gente que necesita ayuda social de la Iglesia?

Sí. Permanentemente tenemos situaciones complejas con personas muy necesitadas. Algunos comedores ya no tienen las respuestas del Estado que tenían antes y se sostienen gracias a la solidaridad. Hay gente que no llega a fin de mes, pero igual comparte alimentos con vecinos que están peor.

¿Tienen más consideración que los políticos?

Nosotros estamos en la calle, en los barrios, y no lo hacemos previo a una campaña electoral. Hace poco se incendiaron viviendas humildes en un barrio de Posadas y la intervención de la parroquia fue muy importante. No vimos presencia política.

¿El tema social está produciendo que adolescentes cada vez más chicos delinquen o se acerquen a las drogas?

Sí, tanto en la venta como en el consumo.

En provincias limítrofes se observa que jóvenes se van a Brasil a trabajar. ¿Cuál es su opinión?

Van temporalmente porque a veces un sueldo de un mes allá equivale a lo que aquí ganan en un año. Son problemas de Estado que deberían dialogarse entre todos.

Se debate la baja de la edad de imputabilidad. La Iglesia expresó su desacuerdo…

Lamentablemente asistimos a un país donde para tratar esta ley se dialoga con gobernadores, pero no con otros sectores. Nunca fuimos convocados para aportar nuestra mirada. Emitimos un documento el día de San Juan Bosco.

Tal vez hubiera sido interesante un diálogo con la Iglesia…

Sí, deberían haberse convocado representantes de las distintas iglesias.

Redes sociales y dignidad humana

España anunció restricciones al uso de redes sociales para menores. ¿Cómo ve este tema?

No tengo una posición totalmente definida, pero es cierto que la inteligencia artificial y las tecnologías vinieron para quedarse. Debe haber un discernimiento ético. El papa León XIV planteó cómo compatibilizar la inteligencia artificial con la dignidad humana. Allí entran nuestros niños y jóvenes.

“El presidente Milei”

Si pudiera hablar a solas con el presidente Javier Milei, ¿qué le diría?

Le preguntaría qué piensa sobre la infinita dignidad humana que tienen las personas. Le haría una pregunta concreta sobre su valoración de que toda persona es infinitamente digna.

¿Ve futuro para la Argentina?

Futuro siempre hay. Me preocupa que el ajuste no lo está haciendo la casta política sino el pueblo, las clases baja y media.

¿Coincide en que muchos políticos viven otra realidad social?

—Sí.

La democracia tiene deudas pendientes…

No podremos madurar nuestra democracia si la educación no está entre los principales problemas a resolver.

Sin educación y salud como prioridad, ¿el futuro es difícil?

Sin educación y sin salud como temas prioritarios el futuro es muy difícil. En Misiones, debo decirlo, la salud y la educación son prioridad. Pero estamos ligados a contextos nacionales. Tenemos crisis en la yerba, en el té, apertura de importaciones. Se habla de inversión y no viene capital. Se van industrias a Paraguay y nadie analiza suficientemente por qué.

Martínez citó la encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II para sostener que el trabajo tiene prioridad sobre el capital. “El trabajo es el que produce el capital. Cuando se destruye el trabajo o se reemplaza por subsidios permanentes, tampoco se dignifica a la persona”, afirmó.

La “mea culpa” y el legado papal

¿Hay alguna mea culpa que deba hacer la Iglesia?

Sí. Tenemos defectos y debemos acercarnos más a la gente pobre. Hay una gran apertura en la Iglesia.

¿Qué dejó el papa Francisco?

Nos dejó muchísimo. Fue un hombre de Dios coherente con el Evangelio.

¿Qué expectativa tiene con León XIV?

Muchas. Creo que es continuidad de Francisco, con un estilo diferente.

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