LA CHACRA

Proyecto Raíces: el INTA impulsa en Misiones la conservación de semillas criollas para fortalecer la soberanía genética

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Mientras el avance de la agricultura industrial y el cambio climático plantean nuevos desafíos para la producción de alimentos, un proyecto impulsado por el INTA busca fortalecer uno de los recursos estratégicos menos visibles del sistema agroalimentario: la diversidad genética de las semillas. En Misiones y Jujuy, más de 1.200 productores participan del Proyecto Raíces, una iniciativa internacional orientada al rescate, conservación y mejoramiento participativo de variedades criollas y nativas, con el objetivo de garantizar que permanezcan en manos de quienes históricamente las preservaron: los agricultores.

La propuesta es financiada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), con recursos de la Unión Europea y Bélgica, y se desarrolla de manera conjunta en Argentina, Bolivia y Brasil. En el país, las acciones se concentran en Misiones y Jujuy, donde equipos técnicos trabajan junto a las familias productoras para conservar el patrimonio genético local y desarrollar variedades mejor adaptadas a las condiciones ambientales actuales.

La genetista del INTA Misiones, Silvina Fariza, explicó que el proyecto no se limita a preservar semillas ancestrales, sino que incorpora un componente de innovación basado en el mejoramiento genético participativo. La particularidad del modelo es que ese proceso no ocurre exclusivamente en laboratorios o estaciones experimentales, sino directamente en las chacras, con los productores como protagonistas de la selección y evaluación de los materiales.

“El principal objetivo es trabajar sobre la conservación y el rescate de semillas nativas y criollas, pero también avanzar en su mejoramiento genético de manera participativa junto con los agricultores”, señaló Fariza durante una entrevista realizada en la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul.

La investigadora destacó que la mejora genética resulta indispensable para responder a escenarios de mayor variabilidad climática, aunque remarcó que ello no implica perder la identidad de las variedades locales.

“Para hablar de mejoramiento necesitamos variabilidad genética. Y si hay algo que caracteriza a Misiones es justamente esa enorme diversidad. Lo importante es trabajar sobre esa base para seleccionar materiales más adaptados a los cambios climáticos, sin perder la esencia de las variedades criollas”, explicó.

Fariza subrayó que conservar no significa inmovilizar el material genético. Por el contrario, las semillas continúan evolucionando junto con las condiciones ambientales y productivas, pero permanecen bajo el manejo de las familias agricultoras.

En ese sentido, sostuvo que uno de los principales aportes del proyecto es fortalecer la autonomía productiva. “Las semillas permanecen en manos de los agricultores, que durante generaciones fueron los verdaderos mejoradores y seleccionadores. De esta manera no dependen de materiales desarrollados para otras regiones o de tener que comprarlos cada campaña”, indicó.

Según explicó la especialista, muchas de las variedades comerciales disponibles en el mercado fueron desarrolladas para ambientes productivos diferentes y bajo paquetes tecnológicos que no siempre responden a la realidad agroecológica de Misiones. En cambio, las semillas criollas conservan una adaptación construida durante décadas en las condiciones específicas de cada territorio.

Silvina Fariza, genetista del INTA Misiones

En la provincia, el Proyecto Raíces trabaja principalmente con maíces y porotos criollos, mientras que en Jujuy las acciones abarcan cultivos tradicionales como quinua, papas andinas, habas y yuca, entre otros. La selección responde tanto a la importancia cultural de cada especie como a su valor estratégico para la seguridad alimentaria de las comunidades rurales.

El programa fue presentado oficialmente en diciembre del año pasado y actualmente atraviesa una etapa de consolidación territorial. Fariza indicó que ya se completó más del 80% del relevamiento de productores y que el equipo técnico finalizó recientemente una recorrida por distintos puntos de Misiones para incorporar nuevas familias al proyecto.

Paralelamente, comenzó la instalación de más de 17 corredores agroecológicos, considerados uno de los ejes centrales de la iniciativa. Estos espacios buscan generar ambientes favorables para la conservación de la biodiversidad, favoreciendo tanto el mejoramiento genético como la resiliencia de los sistemas productivos frente a eventos climáticos extremos.

“El mejoramiento no puede pensarse aislado del ambiente donde se desarrolla. Por eso uno de los componentes más importantes del proyecto es trabajar dentro de corredores agroecológicos”, explicó la investigadora.

Durante las recorridas también surgieron nuevas demandas por parte de los productores, como la posibilidad de incorporar especies frutales nativas. Sin embargo, Fariza aclaró que ese desafío excede los plazos actuales del programa, ya que se trata de especies perennes cuyos procesos de selección requieren varios años para mostrar resultados.

El trabajo del INTA se complementa además con el fortalecimiento de las tradicionales ferias de intercambio de semillas, espacios que desde hace casi tres décadas funcionan como ámbito de conservación del patrimonio genético y de intercambio de conocimientos entre agricultores.

La investigadora confirmó que el organismo acompaña estas actividades desde mucho antes del inicio del Proyecto Raíces y que este año ya se prepara la 29ª Feria de Intercambio de Semillas, prevista para el próximo 31 de julio en Aristóbulo del Valle.

Como antesala del encuentro, el equipo técnico desarrolla una serie de seminarios virtuales sobre producción, conservación y legislación de semillas, diseñados a partir de las inquietudes planteadas por los propios productores.

Más allá del componente técnico, el Proyecto Raíces representa una estrategia de largo plazo para preservar la biodiversidad agrícola y fortalecer la soberanía genética de las comunidades rurales. En un contexto donde la adaptación al cambio climático adquiere creciente relevancia, conservar la diversidad genética deja de ser únicamente una cuestión patrimonial para transformarse en una herramienta concreta de resiliencia productiva y seguridad alimentaria.

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De un tren sin regreso a una marca propia: la historia de la yerba Familia Zaragoza

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En la industria yerbatera abundan por estos días los números en rojo. Productores que venden por debajo de los costos, molinos que ajustan márgenes y un mercado que atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos años. Sin embargo, entre ese escenario de incertidumbre todavía aparecen historias que recuerdan que la economía también se mueve por decisiones personales, afectos y apuestas que desafían toda lógica.

La de Familia Zaragoza es una de ellas.

No comenzó en un yerbal ni en un secadero. Empezó mucho antes, arriba de un tren que salió desde Buenos Aires rumbo a Misiones.

En 2008, Carla Zaragoza tomó una decisión que, vista desde afuera, parecía una locura. Dejó atrás la seguridad -aunque fuera precaria- de la gran ciudad, tomó a sus dos hijos y viajó hacia un destino donde no tenía trabajo, contactos ni familiares que la esperaran.

Solo tenía una certeza: necesitaba empezar de nuevo. Oberá fue la ciudad que eligió para reconstruir su vida.

“Vinimos de vacaciones invitados por una amiga. A mí me fascinó desde el primer día y a mamá le dio la certeza de que era el lugar donde podíamos crecer”, recuerda Santiago Paz, uno de sus hijos y hoy uno de los impulsores de la marca.

Volvieron a Buenos Aires, acomodaron las cosas que tenían y, pocos meses después, emprendieron el viaje definitivo.

“Mi hermano era un bebé y yo tenía apenas siete años. Oberá nos conquistó por su tranquilidad, por la naturaleza, por los cerros y, sobre todo, por la calidad humana de su gente. Sentimos que ahí podíamos construir otra vida”.

Empezar desde cero

Como ocurre con la historia misma de Misiones y la de miles de familias que migran buscando oportunidades, los primeros años estuvieron lejos de cualquier comodidad. Había que sobrevivir.

Carla hacía artesanías, cosía ropa, recorría ferias y vendía productos de limpieza puerta a puerta. Cada ingreso servía para sostener la casa.

No existían horarios. Tampoco fines de semana. Solo trabajo.

Los años pasaron hasta que apareció un golpe inesperado.

A Carla le diagnosticaron una artritis degenerativa. La enfermedad comenzó a limitarle los movimientos y el esfuerzo físico que había sostenido durante tanto tiempo dejó de ser posible.

Fue entonces cuando sus hijos entendieron que era momento de devolverle una parte de todo lo que ella había hecho por ellos.

Un homenaje que terminó convirtiéndose en empresa

La yerba mate no fue el primer emprendimiento de la familia. Tampoco nació como un gran proyecto empresarial.

Surgió como una forma de darle a Carla una actividad que pudiera desarrollar sin exigir físicamente a un cuerpo castigado por la enfermedad.

Santiago trabajaba desde hacía años en una empresa yerbatera y conocía el negocio. Vio una oportunidad.

“Queríamos que tuviera algo propio. Un proyecto que nadie pudiera quitarle”, cuenta.

Así nació Familia Zaragoza.

El nombre nunca estuvo en discusión.

“Hay personas que merecen ser homenajeadas en vida. Gracias a mi madre, Carla Zaragoza”, resumen Santiago y Damián, los fundadores de la marca.

Cada integrante encontró naturalmente su lugar. Carla atiende desde su casa a sus clientes por teléfono. Damián organiza el armado de los paquetes y los despachos desde Oberá. Santiago mantiene el vínculo con productores, coordina el trabajo con el molino y desarrolla la marca, además de comercializar en Puerto Iguazú.

Los tres viven en ciudades distintas, pero el emprendimiento funciona como una sola familia. Porque, en definitiva, eso es.

Elegir lanzar una nueva marca de yerba en 2026 parece ir a contramano del contexto.

La cadena yerbatera atraviesa una crisis de precios, rentabilidad y consumo que golpea a todos los eslabones. Sin embargo, los Zaragoza eligieron mirar el largo plazo.

Hace casi tres años comenzaron a desarrollar el proyecto y recién en enero de este año obtuvieron el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), que les permitió comercializar oficialmente con marca propia.

El crecimiento fue deliberadamente lento.

Hoy venden en Oberá, Puerto Iguazú y Posadas, además de realizar envíos a todo el país mediante pedidos que llegan desde redes sociales y WhatsApp.

No buscan todavía ingresar a supermercados. Prefieren crecer despacio.

“Queremos cuidar la calidad y mantener el trato personal. Aunque el primer contacto sea por redes, del otro lado siempre estamos alguno de nosotros”.

La filosofía del barbacuá

Si el nombre homenajea a la familia, el producto también refleja su historia.

Eligieron elaborar una yerba barbacuá, un sistema tradicional que prácticamente desafía los tiempos industriales. Mientras un secado convencional puede completarse rápidamente mediante calor industrial, el método barbacuá requiere entre diez y dieciocho horas de secado lento utilizando calor de leña.

Después llega otra espera. La yerba reposa entre dieciocho y veinticuatro meses antes de llegar al consumidor. El tiempo termina haciendo su trabajo.

El resultado es una yerba de perfil ahumado, cuerpo intenso, sabor equilibrado y baja acidez.

Pero para Santiago existe una explicación mucho más simple. “Nos enamoró desde el primer mate. Tiene una personalidad única. Pero además sentimos que representa nuestra propia historia. El barbacuá necesita paciencia, dedicación y tiempo. Nuestra familia también se construyó así: paso a paso y a fuego lento”.

La comparación aparece una y otra vez durante la conversación. No parece casual. La historia de los Zaragoza tampoco tuvo atajos.

La materia prima proviene de productores locales y de un molino artesanal con el que trabajan de manera tercerizada. No poseen plantaciones propias por ahora.

“Elegimos este esquema porque nos permite seleccionar cuidadosamente la hoja verde y sostener el estándar de calidad que buscamos”, explica Santiago.

El sueño, sin embargo, ya tiene un próximo capítulo. Tener sus propios yerbales. También proyectan nuevas presentaciones y productos vinculados al universo matero.

Pero siempre bajo una condición. “No queremos crecer a cualquier costo. Si algún día perdemos la esencia, deja de tener sentido”.

En cada paquete de Familia Zaragoza hay hojas secadas lentamente con leña. Hay casi dos años de estacionamiento. Hay productores, molinos y un proceso artesanal que desafía la velocidad de estos tiempos. Pero también hay algo que no figura en ninguna etiqueta. Está la madre que decidió empezar de nuevo cuando todo parecía perdido. Están dos hijos que transformaron ese sacrificio en un proyecto propio. Y está la convicción de que incluso en una actividad golpeada por la crisis todavía existen oportunidades para quienes encuentran una identidad diferente.

Porque, al final, la verdadera materia prima de Familia Zaragoza nunca fue solamente la yerba. Fue la perseverancia.

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Adrián Luna Vázquez: un “LinkedIn” del campo y las ventajas competitivas del trabajo rural registrado

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Los mercados internacionales ya no miran solamente la calidad del producto. También observan cómo fue producido. Con esa premisa, el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) impulsa la Certificación Empresarial en Prácticas Laborales Sostenibles (PLS), una herramienta que busca reconocer a los establecimientos que cumplen la legislación laboral y promueven condiciones de trabajo responsables.

Durante una entrevista en Frontera Jesuita, por FM República, el vicepresidente del RENATRE y secretario de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Adrián Luna Vázquez, explicó que la iniciativa pretende modificar la histórica relación entre el organismo y los productores. “Durante muchos años el productor veía llegar una camioneta del RENATRE y pensaba que venían únicamente a fiscalizar. Nosotros queremos cambiar esa lógica”.

La certificación es voluntaria y sin costo para el productor. El procedimiento comienza con una evaluación técnica realizada por profesionales del RENATRE.

Si detectan incumplimientos, no aplican inmediatamente sanciones. En cambio, elaboran un plan de mejoras y acompañan al establecimiento hasta alcanzar los estándares requeridos.

“Queremos que el productor pueda corregir situaciones antes de entrar en un proceso sancionatorio”, sintetiza Luna. El esquema funciona bajo un criterio de mejora continua y contempla acompañamiento técnico durante todo el proceso.

Un sello que abre mercados

Luna Vázquez explicó que esta certificación también dialoga con las nuevas exigencias internacionales en materia de sostenibilidad. Diversos mercados, especialmente europeos, comienzan a incorporar requisitos vinculados al respeto por los derechos laborales como parte de los estándares comerciales.

“Hoy cumplir con la legislación laboral también agrega valor a la producción”. El dirigente destacó que varias empresas argentinas ya obtuvieron la certificación y otras comenzaron los procesos de renovación.

Otra de las novedades impulsadas por el RENATRE es una plataforma nacional de búsqueda laboral destinada exclusivamente al sector agropecuario.

Allí se registran trabajadores rurales, sus capacitaciones y especialidades, permitiendo que los empleadores encuentren personal calificado para distintas actividades.

“Queremos facilitar el encuentro entre empresas y trabajadores registrados.”

El desafío de las economías regionales

Más allá del aspecto laboral, Luna Vázquez analizó el contexto productivo nacional. Mientras la ganadería atraviesa uno de sus mejores momentos y los granos mantienen precios razonables, advirtió que las economías regionales continúan enfrentando serios problemas de competitividad.

Entre ellas mencionó la yerba mate, la vitivinicultura, las frutas del Alto Valle y otras actividades que dependen de mercados mucho más sensibles. “Las economías regionales son nacionales. Se producen en una región, pero alimentan y generan empleo para todo el país”, reflexionó.

Su mensaje sintetiza la nueva lógica del agro: producir más ya no alcanza. Los mercados también exigen trazabilidad, sustentabilidad y condiciones laborales verificables, transformando la gestión de las personas en un nuevo factor de competitividad.

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Lo que la crisis brasileña de la yerba mate me hace pensar sobre el mercado argentino

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Por Martín Gómez – Leyendo el reciente artículo de Embrapa Florestas sobre la situación del sector yerbatero en Brasil, me surge una hipótesis que quiero poner a prueba con datos. El diagnóstico que hacen los investigadores es contundente: el precio pagado al productor brasileño cayó 26,5% en términos nominales entre 2022 y 2026 (de R$17,00/@ a R$12,50/@), mientras los costos de cosecha, comercialización y transporte subieron 78,3% en un período en que la inflación acumulada en Brasil fue de aproximadamente 39,6%.

El productor brasileño está siendo presionado desde los dos extremos de la ecuación —precio y costo— a un ritmo que casi duplica la inflación general.

Lo que más me llama la atención es la explicación que dan sobre el origen de ese excedente de oferta: descartan explícitamente el término “supersafra”. No es un salto productivo, sino la recuperación de yerbales que venían golpeados por la sequía (tanto en Brasil como en Argentina) sumada a la entrada en producción de plantíos sembrados antes de la pandemia, que recién ahora maduran.

Esto importa porque distingue un excedente coyuntural —que se corrige cuando la demanda lo absorbe— de uno más estructural, vinculado a mayor superficie en producción. Embrapa advierte que esta presión podría sostenerse en los próximos años, aunque también deja entrever que los primeros indicios sugieren que la curva de retorno podría empezar a revertirse.

Mi hipótesis: si Brasil tiene este nivel de presión a la baja en sus propios precios, con un tipo de cambio relativamente estable, podría repetirse un escenario similar al de años anteriores, donde una entrada significativa de yerba canchada o molida brasileña al mercado argentino terminó presionando aún más la situación de los productores locales. Quiero ver qué dicen los datos recientes del sector en Argentina para validar o no esto.

Lo que muestran los datos argentinos

La cadena yerbatera argentina viene reportando, en paralelo, un deterioro sostenido en varios indicadores. Vale la pena ordenarlo cronológicamente para entender cuándo se empezó a agudizar:
 Fines de enero 2026: productores de Misiones amenazan con desabastecimiento, reclamando que el precio de la hoja verde recibido (entre $250 y $300/kilo) está muy por debajo del valor histórico de referencia (equivalente a unos $700 al tipo de cambio actual).
 Marzo 2026: distintas fuentes (Página/12, El Miércoles Digital) reportan acuerdos de precio de referencia ($270-$400) que excluyeron a productores primarios de la negociación, y denuncias de pérdida de calidad asociada a la presión de precios.
 Mayo 2026: el informe de CEPA sobre el primer trimestre del año marca el peor ratio histórico desde 2019 entre lo que recibe el productor y el precio de góndola (11,6% promedio trimestral), con casos puntuales de venta por debajo del costo de producción.
 Coincidiendo con esta ventana temporal, en noviembre de 2025 había entrado en vigencia el Decreto 812/2025, que modificó las facultades del INYM en materia de precios de referencia. La coincidencia temporal entre esa norma y la profundización del deterioro de precios es señalada por varios de los actores consultados en estas notas, aunque no es el único factor en juego ni hay todavía un análisis que aísle su peso relativo frente a otras variables (tipo de cambio, costos, oferta regional).
 Mayo-junio 2026: la nota de Economis sobre los primeros cinco meses del año describe una caída simultánea —poco habitual— en producción, consumo interno (-3% interanual) y comercialización total, con el dato adicional de que, por primera vez, el Ministerio de Desregulación recibió a representantes de la cadena yerbatera para evaluar el impacto del esquema actual.

¿Qué dice esto sobre mi hipótesis de importación brasileña?

Acá el dato más fino que encontré, del informe CEPA sobre el primer trimestre 2026: las importaciones de yerba cayeron 50% interanual respecto a 2025.

A primera vista, esto contradice la hipótesis de una nueva ola importadora. Pero hay dos matices que la sostienen parcialmente: Primero, ese 50% de caída es relativo a un 2025 que venía con importaciones muy elevadas (+125% versus 2023). El nivel de 2026, aun cayendo, sigue 103,1% por encima de los valores de 2023 — el canal importador está estructuralmente más abierto que antes de 2024, no se cerró. Segundo —y este es el dato que más sostiene mi hipótesis—: dentro de ese volumen menor, la participación de Brasil como origen subió de 70,3% (medido a octubre 2025) a 86,9% en el primer trimestre de 2026, mientras Paraguay retrocedió a 13,1%.

Esto es coherente con lo que plantea el informe de Embrapa: si el productor brasileño tiene más excedente y más presión interna a la baja, se vuelve comparativamente más competitivo como origen exportador hacia mercados vecinos, ganando terreno sobre Paraguay incluso con un volumen total importado menor. 2 Conclusión: validación parcial, y la necesidad de seguir monitoreando

Mi hipótesis inicial —que viene una ola de importación masiva de yerba brasileña que va a presionar fuerte al productor argentino— no se confirma todavía en magnitud (el volumen importado está cayendo, no subiendo), pero sí se confirma en dirección: Brasil está ganando participación relativa como origen de lo que se importa, en un contexto donde su propio sector reporta presión de precios y excedente de oferta. Es una señal a vigilar, no una conclusión cerrada.

Lo que sí queda claro es que ambos países —Brasil y Argentina— están atravesando, en paralelo y con mecanismos no necesariamente idénticos, una fase de fuerte compresión de rentabilidad para el productor primario.

En Argentina coincide temporalmente con cambios en el esquema regulatorio del INYM, pero también con factores de oferta, tipo de cambio y dinámica de consumo interno que conviene seguir desagregando antes de atribuir el fenómeno a una sola causa.

Lo que me parece más productivo, en lugar de quedarme en el diagnóstico, es pensar qué puede hacer la cadena de valor mientras se sigue monitoreando esta tendencia:

Seguimiento que vale la pena sostener en el tiempo:
 Informes mensuales de CEPA / INYM sobre importaciones (volumen y origen Brasil/Paraguay), para ver si la caída de volumen se revierte en los próximos meses.
 Evolución de precios pagados al productor en Brasil (Embrapa, CEPEA) versus Argentina, para detectar si la brecha se achica o se amplía.
 Tipo de cambio real bilateral Argentina-Brasil, variable clave para la competitividad de las importaciones. Líneas de acción posibles desde los actores de la cadena, independientemente de cómo evolucione el contexto regulatorio o cambiario:
 Agregado de valor en origen: avanzar en nuevas presentaciones demás valor (despalada, formatos premium, dosis individuales) que diferencien el producto del commodity a granel y lo saquen de la competencia directa por precio.
 Certificación de origen y calidad: fortalecer denominaciones de origen, sellos de trazabilidad y certificaciones (orgánico, comercio justo, sustentabilidad) que permitan capturar mejores precios en mercados que valoran ese atributo, tanto interno como de exportación.
 Acceso directo a mercados de exportación: el crecimiento exportador reciente (liderazgo global recuperado en 2025, apertura de China) muestra que hay demanda dispuesta a pagar mejor por el producto argentino afuera; achicar la distancia entre el pequeño productor y esos canales de exportación —vía cooperativas u otros esquemas asociativos— podría captar parte de ese valor que hoy queda en eslabones intermedios.
 Reducción de intermediación que no agrega valor: identificar en qué tramos de la cadena el margen se concentra sin una contraprestación clara de valor agregado (logística, financiamiento de plazos extendidos, etc.) y evaluar esquemas de comercialización más directos entre el productor y la industria o el consumidor final.
 Incentivos a la mejora de calidad en origen: dado que la calidad del producto en estado de hoja verde y canchada define buena parte del valor final, sostener o ampliar los programas de asistencia técnica (manejo, secado, estacionamiento) ayuda a que el productor capture una porción mayor del precio final por la vía de la diferenciación, no solo del volumen.

En síntesis: hay una hipótesis parcialmente validada sobre la presión brasileña, una crisis de rentabilidad del productor que coincide en el tiempo con varios factores simultáneos, y una agenda de trabajo para la cadena de valor que no depende de cómo se resuelva la discusión regulatoria, sino de seguir construyendo valor agregado en origen.

Martín Gómez, sommelier creador de Mate Perfecto e impulsor del Mundial de la Yerba Mate

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La ganadería mantiene márgenes históricamente altos, pero el desafío pasa por invertir para sostener la rentabilidad

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La ganadería argentina atraviesa uno de los períodos de mayor rentabilidad de los últimos quince años. Sin embargo, el escenario comienza a mostrar señales de moderación que obligan a cambiar el foco: más que maximizar las ganancias coyunturales, el desafío pasa ahora por convertir esos excedentes en inversiones que permitan fortalecer la productividad y reducir la vulnerabilidad frente a un contexto económico y climático más incierto.

Ese es el principal mensaje que surge del último Informe Trimestral de Resultados Económicos Ganaderos elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, sobre la base de los datos de la Coordinación de Análisis Pecuario de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

La actividad ganadera continúa transitando uno de sus mejores momentos, planteando al productor el desafío de capitalizar los beneficios obtenidos mediante mejoras e inversiones que redunden en sistemas de producción más eficientes y estables.

Así lo confirman los resultados presentados en el último Informe Trimestral de Resultados Económicos Ganaderos (Informe N.° 58), elaborado desde junio de 2011 por la Coordinación de Análisis Pecuario, dependiente de la Dirección Nacional de Producción Ganadera de la SAGyP.

Durante este segundo trimestre del año -cerrado con datos a mayo de 2026- los precios de la hacienda mostraron una tendencia a la baja que, sumada al incremento registrado en el mismo período por el nivel general de precios condujo a un retraso de los valores en términos reales que erosionó parte de la evolución alcista registrada durante ellos primeros tres meses del año.

Si bien, a valores constantes, tanto el precio del novillo como el del ternero de invernada se apartaron de los máximos alcanzados a comienzos del año, ambos continúan ubicándose en niveles históricamente elevados, sosteniendo muy buenos resultados económicos para el conjunto de la actividad.

En este contexto, los márgenes de las actividades de cría y ciclo completo también retrocedieron respecto de sus máximos históricos, reflejando el impacto de la desaceleración en los precios de la hacienda y la mayor presión de la estructura de costos. Aun así, continúan ubicándose por encima del promedio de la serie histórica.

En este contexto, los márgenes de las actividades de cría y ciclo completo también retrocedieron respecto de sus máximos históricos, reflejando el impacto de la desaceleración en los precios de la hacienda y la mayor presión de la estructura de costos. Aun así, continúan ubicándose por encima del promedio de la serie histórica.

El margen bruto actual de la cría en la Cuenca del Salado ($310.573/ha) se ubica entre los más altos de los últimos quince años. Comparado con el promedio registrado por este mismo modelo doce meses atrás, el resultado actual es un 25% superior. En tanto, respecto del promedio de la serie 2011-2025, la mejora alcanza el 37%.

En este sentido, dado que los gastos directos se mantuvieron relativamente estables, la dinámica del negocio continúa fuertemente asociada a la evolución de los precios del ternero y de la vaca de descarte, los cuales, aun habiéndose apartado de los máximos registrados a comienzos del año, permanecen en niveles históricamente elevados.

En lo que respecta al ciclo completo, la tendencia es similar. No obstante, a diferencia de la cría, los márgenes brutos -según destacan en el informe- registraron un ajuste cercano al 15% respecto del trimestre anterior, como consecuencia de una mayor presión de los costos directos y de la estabilización en los valores de la hacienda terminada.

Tomando como referencia el modelo de producción desarrollado para el centro-sur de Córdoba, el margen bruto actual asciende a $305.636/ha. Si bien, tras este ajuste, el resultado se aleja aún más del máximo histórico alcanzado en noviembre pasado ($402.098/ha), continúa siendo un 42% superior al promedio histórico de la serie y un 27% mayor que el registrado un año atrás.

Este año, al igual que durante el otoño pasado, las temperaturas moderadas y las buenas precipitaciones generaron condiciones muy favorables para las recrías pastoriles. Esto, sumado al elevado nivel de precios que continúa mostrando la hacienda, contribuyó a sostener la demanda por invernada.

Es por ello que, en planteos de invernada, donde la rentabilidad depende en gran medida de la relación de compra y venta de la hacienda, la presión sobre los márgenes resulta mayor. Durante el último trimestre, esta situación se tradujo en una contracción cercana al 30% de los márgenes brutos.

Actualmente, la relación compra/venta continúa en niveles estructuralmente elevados, ubicándose entre 1,4 y 1,5 terneros por novillo, cuando un año atrás esa misma relación oscilaba entre 1,2 y 1,3, en línea con su promedio histórico.

Si bien esta evolución erosiona parte de la ventaja que ofrece la relación de compra frente al grano, el engorde a corral e incluso los planteos integrados de recría y terminación a grano continúan presentando resultados positivos y superiores al promedio de la serie.

Asimismo, las simulaciones incluidas en el informe muestran que, a medida que aumenta la intensidad del engorde, se incrementa la escala de producción o se incorpora maíz propio al planteo, los resultados económicos mejoran significativamente.

A la luz de las estimaciones actuales, puede afirmarse que durante esta campaña la disponibilidad de grano no representa una limitante. Por el contrario, con una proyección de cosecha récord de maíz cercana a los 70 millones de toneladas, la oferta del insumo se encuentra asegurada. Además, a los valores actuales, la conversión de grano en carne continúa siendo altamente atractiva, aunque será necesario monitorear el impacto que la reciente reducción de los derechos de exportación pueda generar sobre los precios futuros.

Actualmente, por cada kilo de novillito vendido se pueden adquirir cerca de 19 kilos de maíz. Un año atrás esa relación era de aproximadamente 15 kilos, mientras que el promedio histórico se ubica en torno a los 12 kilos de grano por kilo de novillito terminado.

Sin embargo, hacia adelante estas relaciones podrían modificarse. El escenario climático que, desde el otoño pasado, viene favoreciendo tanto a la cría como a la recría pastoril podría revertirse si se confirman los pronósticos estacionales previstos a partir de la próxima primavera, intensificándose hacia el verano y el otoño siguientes.

De acuerdo con las últimas actualizaciones de los principales centros internacionales de monitoreo climático, a partir de la primavera podrían registrarse precipitaciones superiores a lo normal en gran parte del territorio nacional debido a la ocurrencia del fenómeno El Niño, evento que -según se advierte- podría convertirse en uno de los más intensos registrados hasta el momento.

Es por ello que, frente a un escenario condicionado por factores que escapan al control del productor, la clave pasa por la anticipación y la planificación.

En este contexto, aplicar los buenos resultados actuales a inversiones en infraestructura, limpieza de canales y sistemas de drenaje, confección de reservas forrajeras y previsión de recursos financieros para afrontar eventuales incrementos de costos derivados de eventos climáticos extremos permitirá reducir el riesgo de una descapitalización forzada de la hacienda y contribuirá a sostener sistemas productivos más estables y resilientes en el tiempo.

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