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En COP30 fracasa la misión indígena: reconciliar humanidad y naturaleza

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Por Mario Osava / Inter Press Service – La exuberancia de la Amazonia y la masiva participación indígena no fueron suficientes para reconciliar la humanidad con la naturaleza en la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la convención climática mundial en la ciudad de Belém, en el norte amazónico de Brasil.

No se logró aprobar como era lo esperado una hoja de ruta para la reducción de los combustibles fósiles. Las 29 resoluciones de la COP30 ni siquiera mencionan ese factor clave de la crisis climática, responsable de cerca de 68 % de los gases del efecto invernadero, según las Naciones Unidas.

Hubo decisiones positivas, como triplicar el financiamiento de la adaptación al cambio climático hasta 2035, indicadores para monitorear esa adaptación, la creación futura de un mecanismo institucional para promover una transición climática justa y medidas como un acelerador global de implementación para apoyar los países en el cumplimiento de sus metas.

Pero “soñábamos con muchos resultados más”, admitió la ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, aplaudida durante varios minutos en su discurso de clausura el sábado 22, en que reconoció que la cumbre tuvo «avances modestos».

Un “paso relevante” fue reconocer la importancia de los pueblos indígenas y tradicionales en la lucha climática, destacó.

“Pero la COP termina sin que los gobiernos del mundo, que tanto insisten en defender que este es un proceso liderado por las Partes de la Convención, dieran muestra de falta de ambición e incluso, interés, por el llamado a la acción urgente”, señaló la “Declaración de los Pueblos Indígenas de la Amazonia en respuesta a los resultados de la COP30”.

La ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, Marina Silva, emocionada en la plenaria conclusiva de la COP30, el 22 de noviembre, cuando admitió «avances modestos» en la cumbre y la necesidad de seguir en la lucha climática. Imagen: Ueslei Marcelino / COP30

La demanda de protagonismo

“La respuesta somos nosotros” es la consigna con que las nueve afiliadas a la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) concluyen el balance de la conferencia que tuvo lugar en Belém, del 10 al 22 de noviembre, prorrogada por un día en un intento frustrado de ampliar los consensos.

La Coica articula asociaciones de los ocho países que comparten el bioma amazónico, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Suriname y Venezuela, además del territorio de la Guayana Francesa. Afirma representar 511 pueblos indígenas, entre ellos 66 Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial (Piaci).

El balance empieza por saludar el reconocimiento de los derechos territoriales de los indígenas en el documento más político de la COP30, pero lamenta su insuficiencia en asegurar la protección, incluso por la ausencia del tema en “la parte operativa” de las resoluciones.

También saluda el Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, en inglés), una iniciativa brasileña que ya captó 6700 millones de dólares en aportes gubernamentales, por destinar 20 % de las utilidades a los pueblos indígenas.

Pero considera esa remuneración “desproporcionadamente pequeña frente al papel que cumplimos en la protección de los bosques”. Además, quieren a sus tierras “libres de petróleo, gas, minería y monocultivos, especialmente los territorios Piaci”.

Avances insatisfactorios identifican los indígenas amazónicos en varios temas discutidos en la COP30. En el financiamiento climático reclaman acceso directo, tanto para mitigación como la adaptación a los cambios.

Es que reclaman un protagonismo imposible en el mundo como está institucionalizado actualmente. Querían, por ejemplo, la copresidencia de la COP30, además de la participación propia y directa en las negociaciones.

Indígenas brasileñas celebran la demarcación de cuatro territorios indígenas por parte del gobierno, en el marco de la COP30. Otras áreas fueron identificadas como indígenas en el proceso de demarcación, luego de algunos años de derechos indígenas bloqueados por un gobierno de extrema derecha. Imagen: Ueslei Marcelino / COP30

Participación, no solo presencia

Las nueve organizaciones amazónicas agradecieron los gobiernos de Brasil, Colombia y Panamá por incluir indígenas en sus delegaciones oficiales en la COP30.

La organización de la conferencia acreditó a más de 900 representantes indígenas de todo el mundo, con acceso a la Zona Azul, donde tuvieron lugar las negociaciones y eventos oficiales, según uno de los lideres brasileños, Kleber Karipuna.

Otros 3500 estuvieron en la llamada Aldea COP30, un campamento instalado para ellos en Belém, y participaron en varias manifestaciones por la demarcación de territorios indígenas y mayor participación en las decisiones.

En una de ellas, indígenas y activistas sociales forzaron la entrada en la Zona Azul, la noche del 11 de noviembre, con actos de violencia contenidos por agentes de seguridad. Protestaban contra su exclusión de las negociaciones.

El trasfondo es la convicción de que el mundo institucional “no reconoce nuestro papel fundamental en la mitigación y adaptación al cambio climático”, como sostiene la declaración de la Coica. “La presencia no es participación plena y efectiva”, constatan los indígenas amazónicos.

“Como titulares de derechos y actores fundamentales de la acción climática necesitamos acceso oportuno a la información, participación directa en los espacios de negociación, reconocimiento de nuestras estructuras propias de gobernanza, y la incorporación generalizada de negociadores indígenas en las delegaciones oficiales”, demandan en su declaración.

Se quejan de que la presidencia brasileña de la COP30 no les aseguró “un diálogo sustantivo y continuo” ni se hizo eco de sus prioridades y propuestas, como había propuesto antes de que comenzase la cumbre el día 10 y que se cerró el sábado 22, un día después de lo pautado para sacar adelante el limitado paquete de acuerdos.

Reunión plenaria conclusiva de la COP30, el 22 de noviembre, en que los indígenas no lograron su objetivo de participar con voz propia dentro de las negociaciones. Imagen: Rafa Neddermeyer / COP30

Más que guardianes

No se trata solo de demarcar los territorios indígenas, reconocidos como los que mejor protegen la naturaleza contra la deforestación, los incendios y otras  formas de destrucción, como la extracción ilegal de madera y minerales.

Durante la COP30 el gobierno brasileño homologó cuatro tierras indígenas (como se llaman los resguardos en Brasil), declaró como indígenas otras diez áreas y avanzó en los pasos iniciales de la demarcación de otras 24 áreas.

Atendió así al reclamo de los pueblos originarios por la aceleración en el proceso de demarcación. Brasil tiene 535 tierras indígenas demarcadas y 289 en distintas etapas del proceso de demarcación, según el Instituto Socioambiental, que tiene una amplia base de datos sobre el tema.

La población indígena, según el censo de 2022, se limita a 1,7 millones de personas, 0,8 % de los 213 millones de habitantes de Brasil.

Esas cifras resultan del genocidio sufrido por la población originaria, tal como ocurrió en todo el mundo, donde suman entre 370 millones y 500 millones distribuidos en 90 países, según las Naciones Unidas.

En América Latina había cerca de 45 millones de indígenas en 2010, correspondiente a solo 8,3 % de la población total. Ese porcentaje alcanza 62,2 % en Bolivia, 41 % en Guatemala, 24 % en Perú y 15,1 % en México, países donde más sobrevivieron al genocidio colonial, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Pese a la ínfima minoría disfrutan de una fuerte legitimidad en las cuestiones ambientales y climáticas, por su convivencia con la naturaleza, generalmente en armonía.

El casi exterminio que sufrieron en muchos países, como Brasil y Estados Unidos, acompañó la destrucción de la naturaleza, en la guerra impuesta por la expansión económica y de la civilización occidental hacia el oeste, en el caso de los dos países.

Pueblos originarios, a los que se sumaron las comunidades tradicionales, y la naturaleza sufrieron el mismo proceso exterminador. “Salvajes” y la selva eran obstáculos al progreso económico.

Un vuelco en esa marcha ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, con la puesta en marcha de la vigencia de los derechos humanos, de la diversidad en todas las dimensiones y del ambientalismo, acentuado luego por la emergencia climática.

Ahora que la humanidad trata de reconciliarse con la naturaleza en rebelión, los indígenas aparecen como los mediadores. La simple presencia en las COP en un papel simbólico o como guardianes de los bosques es insuficiente, quieren participar en las decisiones.

“Persiste una falta de comprensión entre sistemas de conocimiento indígena y conocimientos tradicionales, conceptos distintos y con implicancias distintas, incluso jurídicas”, advierten las organizaciones indígenas amazónicas.

“Los sistemas de conocimiento indígena incluyen nuestra relación con el territorio, las tierras y las aguas, nuestra gobernanza y espiritualidad, y todo ello resulta en la conservación de nuestros territorios y en nuestra resiliencia, por lo que deben ser reconocidos en su totalidad, no fragmentados ni reducidos a un componente técnico de adaptación”, concluyen.

En la Amazonia, los indígenas hicieron más que conservación, ya que “domesticaron” los bosques en muchos sitios, con fertilización del suelo reflejada en la llamada tierra negra y mayor productividad vegetal, apunta un grupo de investigadores del brasileño Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia en un artículo que revisa varios estudios recientes.

Esos estudios concluyen que la Amazonia tuvo probablemente una población que ascendía a 10 millones de indígenas cuando llegaron los colonizadores, el triple o cuádruplo de la población rural actual. Uno de los investigadores cree que posiblemente alcanzaron 20 millones, basado en las transformaciones que promovieron en el paisaje amazónico.

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La COP30 concluye sin un acuerdo para eliminar gradualmente el uso de los combustibles fósiles

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En la ciudad de Belém, Brasil, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, denominada COP30, concluyó sin que se alcanzara un acuerdo para eliminar gradualmente el uso del carbón, el petróleo y el gas, que son, por un amplio margen, los principales impulsores del cambio climático. Más de 80 países habían apoyado una transición hacia la eliminación del uso de combustibles fósiles, pero países productores de petróleo, entre ellos Rusia, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, bloquearon la propuesta.

El acuerdo alcanzado en la COP30 tampoco incluye nuevos compromisos para frenar la deforestación ni aborda el consumo de carne a nivel mundial, otro factor importante del aumento de la temperatura global. Más de 1.600 cabilderos de la industria de los combustibles fósiles y 300 del sector agroindustrial asistieron a la COP30. Por su parte, el Gobierno de Trump no envió ninguna delegación formal a la cumbre climática después de que Estados Unidos se retirara en enero, por segunda vez, del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

En su lugar, el acuerdo propone una iniciativa voluntaria para acelerar la implementación de los planes climáticos nacionales y fomentar la cooperación internacional para mantener vivo el objetivo del Acuerdo de París de no sobrepasar un aumento promedio de 1,5 grados Celsius. Los países también acordaron un diálogo anual para monitorizar los avances hacia mantener las temperaturas por debajo de ese umbral, que el mundo está en camino de superar pronto.

En la sesión de clausura, el presidente de la COP30, André Correa do Lago, anunció que lideraría dos hojas de ruta voluntarias: una para la transición de los combustibles fósiles de manera justa, ordenada y equitativa, y otra para detener y revertir la deforestación.

Aunque estas hojas de ruta no forman parte del acuerdo formal de la ONU, se invita a todos los países a unirse a ellas. También anunció la primera conferencia sobre el fin de la dependencia del petróleo, gas y carbón, que se celebrará en Colombia en abril del próximo año.

El principal negociador de Panamá, Juan Carlos Monterrey Gómez, dijo que la COP y el sistema de la ONU están fallando a las personas “a una escala histórica” y que los negociadores están defendiendo “las mismas industrias que crearon esta crisis: la industria de los combustibles fósiles y las fuerzas que impulsan la deforestación mundial”.

El comisario europeo de Clima, Cero Emisiones y Crecimiento Limpio, Wopke Hoekstra, dijo que Europa habría querido un acuerdo más ambicioso, pero que al menos iba “en la dirección correcta” porque estaba “dando un paso muy significativo hacia adelante” en términos de financiamiento para la adaptación climática, que beneficiará a las naciones más pobres que sufren los efectos del cambio climático.

Más dinero para la adaptación climática

El acuerdo final incluye un llamado para que las naciones ricas tripliquen al menos el financiamiento desde los 34.700 millones de euros anuales para 2035, para ayudar a los países vulnerables a adaptarse a un clima extremo cada vez peor. La cuestión era uno de los principales puntos de discordia en la COP30.

“El mundo en desarrollo no puede seguir asumiendo por sí solo el creciente costo de la adaptación”, afirmó un miembro de la delegación colombiana. Para financiar proyectos como el refuerzo de edificios o la modernización de infraestructura frente a las tormentas, los países en desarrollo más afectados por el cambio climático necesitarán alrededor de 310.000 millones de dólares al año para 2035, según un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente.

Algunos países en desarrollo se indignaron por la insistencia en condicionar el aumento del financiamiento para la adaptación con la reducción de los combustibles fósiles, acusando a los países ricos, incluida la UE, de chantajear a los Estados más pobres con esta cuestión.

Richard Muyung, enviado ante el presidente de Tanzania y actual presidente del Grupo Africano de Naciones, afirmó que el continente emite 4 % del total mundial de gases de efecto invernadero y ha hecho poco para contribuir al calentamiento global.

“Es como si estuvieras negociando con nuestras vidas por algo que nunca causamos. Así que decían: ‘Si no aceptas la eliminación gradual, no podemos darles el triple de fondos para adaptación’. Dijimos: ‘No podemos aceptar eso”, contó Muyung, cuyo país tiene importantes reservas de combustibles fósiles que quiere desarrollar con la ayuda de Arabia Saudita.

Primeros logros para los bosques y derechos indígenas

Los bosques, vitales para la estabilidad climática y la biodiversidad, ocuparon un lugar destacado en las negociaciones, mantenidas a las puertas de la mayor selva tropical del mundo, la selva Amazónica, que también es un depósito vital de CO₂.

“Sin bosques, no podemos alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”, dijo un portavoz de la delegación que impulsa la inclusión de una hoja de ruta para detener la deforestación en el acuerdo. Una victoria llegó temprano con la creación del Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que pretende recaudar 125.000 millones de dólares mediante inversiones en bonos para recompensar a países que conservan sus bosques, al tiempo que se pagan intereses a los inversores privados.

De este total, unos 25.000 millones de dólares provendrán de fondos públicos en forma de garantías, diseñadas para aprovechar y atraer 100.000 millones adicionales de capital privado. Brasil, Indonesia y Alemania prometieron 1.000 millones de euros cada uno, mientras que Noruega prometió unos 3.000 millones de euros. También llegaron compromisos de Portugal, Francia, Países Bajos y otros.

Este también es el primer acuerdo COP que menciona a comunidades afrodescendientes. Ocurre poco después de que el presidente Lula firmara 28 decretos que reconocían las tierras quilombo, gestionadas por descendientes de esclavos liberados en todo Brasil.

Conceder derechos sobre la tierra a los pueblos y comunidades indígenas se considera una forma clave de combatir la crisis climática. Las tasas de deforestación tienden a ser mucho más bajas en las tierras ancestrales que gestionan.

Mantener el clima en la agenda

Celebrada una década después del histórico Acuerdo de París, la COP30 también sirvió como un recordatorio contundente de lo lejos que está el mundo de alcanzar sus objetivos. Los científicos proyectan un calentamiento catastrófico, de entre 2,6 ºC y 2,8 ºC para 2100 si no cambian las políticas.

Los planes nacionales de acción climática (conocidos como NDC, que la ONU exigió a los países presentar antes de la COP30) han sido criticados por quedar muy lejos de alcanzar el objetivo acordado en 2015.

Turquía acogerá la cumbre el año que viene y compartirá la responsabilidad de organizarla con Australia, después de que ambos países alcanzaran un compromiso en un largo enfrentamiento sobre dónde se celebraría la COP31.

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El eslabón perdido en las negociaciones climáticas

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Los parlamentarios son un eslabón esencial en la puesta en marcha a nivel nacional y subnacional de las políticas climáticas acordadas en las Conferencias de las Partes (COP). Sin embargo, este vínculo esencial entre los acuerdos globales y las políticas nacionales no está debidamente representado en las negociaciones.

La historia de las negociaciones climáticas y la participación de los parlamentarios y, específicamente, de GLOBE International, se remonta a 1992, cuando en la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro) se adoptó la Convención del Clima. En ese momento, los senadores Al Gore, John Kerry y sus homólogos de Japón, Rusia y la UE crearon GLOBE (Organización Global de Legisladores para un Medio Ambiente Equilibrado) International.

GLOBE proporcionó la primera plataforma para la participación parlamentaria en cuestiones ambientales y de desarrollo sostenible en la Cumbre de la Tierra de Río y, desde entonces, ha seguido siendo la principal organización para que los parlamentarios comprometidos con el medio ambiente participen en el sistema internacional sobre el cambio climático.

Desde la COP26 en 2021, GLOBE ha servido como punto focal para el Grupo Parlamentario Informal de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), reuniendo a las organizaciones y redes parlamentarias del mundo sobre el cambio climático. Sin embargo, los parlamentarios no conforman un grupo formal de interlocución con la Convención. La Convención Climática ha ido estableciendo a lo largo de su existencia diferentes “grupos constituyentes” (constituencies).

Inicialmente, en 1992, fueron reconocidos los grupos más activos de entonces, las ONG empresariales e industriales (BINGO) y las ONG medioambientales (ENGO). Con el tiempo, se han ido formalizando otros grupos tales como los Gobiernos locales y autoridades municipales (LGMA, 1995), las Organizaciones de pueblos indígenas (IPO, 2001), las ONG de investigación e independientes (RINGO, 2003), las ONG sindicales (TUNGO, 2008), Mujeres y género (2011) y las ONG juveniles (YOUNGO, 2011).

La Convención ha introducido recientemente una nueva categoría de “grupos informales” y, dentro de ese formato, estamos trabajando con GLOBE como punto focal del nuevo “grupo informal” de parlamentarios. La formalización como nuevo “grupo constituyente” otorgaría a los parlamentarios una interlocución de alto nivel con el secretariado de la Convención, con las autoridades de las COP, así como una integración directa de la agenda de la negociación con el mundo parlamentario.

Cada párrafo, cada palabra, cada punto y coma que se acuerda en instancias multilaterales de negociación climática, deberá luego, de manera directa o indirecta, traducirse en políticas permanentes de los Estados; allí es donde aparece el rol clave de los parlamentos. Hoy no está debidamente considerado en el contexto de la Convención el vínculo esencial que existe entre la política climática global y la necesaria construcción de marcos regulatorios locales.

Los parlamentarios nacionales y subnacionales no solo traducen en políticas sectoriales los compromisos que los estados nacionales asumen; también deben actuar como contralor de las políticas que se proponen como contribución de nuestros países, tales como las metas de reducción de emisiones o de las políticas de adaptación.

En la cadena de decisiones que permite instrumentar la política climática global en política permanente de los estados, falta el eslabón parlamentario. Desde GLOBE estamos trabajando en la COP30 para llegar a esos consensos con el Secretariado de la Convención de manera tal que permita a los legisladores ser parte formal de la conversación climática global.

Juan Carlos Villalonga

Presidente del Board de GLOBE International

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En la COP30, periodistas indígenas presentan guía de cobertura

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Andreza Baré, una periodista de 45 años del pueblo Baré de Brasil, ha luchado durante más de dos décadas contra el racismo y los estereotipos sobre los pueblos indígenas en su profesión.

Con frecuencia ha ayudado a periodistas no indígenas a entender los temas indígenas, dijo, pero a menudo se ha encontrado reiterando los mismo puntos, a veces a los mismos colegas.

“Era agotador”, dijo en una entrevista con LatAm Journalism Review (LJR). “Era información básica que ya había enviado por mail, como el nombre del pueblo indígena, su idioma, el nombre de sus líderes y su apellido familiar. Y al final publicaban sus historias con errores, como si no les hubiera dado ninguna orientación”.

Por eso, 68 periodistas de comunidades indígenas de todo Brasil se reunieron en 2022 para crear una red llamada Abrinjor (Articulación Brasileña de Periodistas Indígenas) y comenzaron el proceso de redactar un manual para reporteros e investigadores que escriben sobre pueblos indígenas.

Según Luciene Kaxinawá, de 29 años, coordinadora de Abrinjor, el grupo incluye miembros de 46 comunidades de los seis territorios biológicos o biomas de Brasil: Amazonía, Caatinga, Bosque Atlántico, Cerrado, Pampa y Pantanal. Aproximadamente el 60 por ciento de los miembros son mujeres.

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Miembros de Abrinjor (Articulación Brasileña de Periodistas Indígenas) se reunieron presencialmente por primera vez en abril de 2025 en Brasilia. (Foto: Cortesía Abrinjor)

El manual — llamado Poranga Marandúa, que significa “Buenas noticias” en el idioma baré — busca orientar a cualquier periodista sobre cómo hablar ética y respetuosamente con y sobre los pueblos indígenas. Fue presentado de manera preliminar este jueves 13 de noviembre durante la Conferencia Anual de las Partes de las Naciones Unidas, conocida como COP30, celebrada en la ciudad de Belém, en el norte de Brasil.

El propósito del evento es orientar a los periodistas que cubren la COP30 sobre cómo tratar a los pueblos indígenas, respetar su tiempo y las jerarquías dentro de sus comunidades y poblaciones, dijo Kaxinawá en una entrevista con LJR.

“Decidimos hacer este pre-lanzamiento en Belém para abordar algunos de los términos que se tratarán en el manual, como los términos ‘indio’, ‘tribu’, ‘selva’”, explicó Kaxinawá.

Ubicada en la selva amazónica, la conferencia ofrece un entorno estratégico para destacar cómo abordar el cambio climático y la importancia de diversificar las voces no solo en los temas amazónicos, sino también en los temas indígenas en todo Brasil, dijo Kaxinawá.

“Siempre hemos tenido carreras muy solitarias, trayectorias muy solitarias”, explicó Luan Tremembé, de 23 años, también coordinador de Abrinjor y periodista desde los 15, en entrevista con LJR. “Así que logramos reunir a estos periodistas indígenas y llegamos a la conclusión de que la prensa, los medios y hasta los espacios que ocupábamos en los medios tradicionales no saben cómo cubrir, hablar con o incluso a quién contactar cuando tienen historias relacionadas con temas indígenas”.

Un borrador preliminar del manual, revisado por LJR, contiene más de 80 páginas y se enfoca no en hablar sobre los pueblos indígenas, sino junto a ellos y desde su perspectiva.

“Originalmente fue creado solo como una guía, pero empezó a crecer más y más, y ahora es un documento completo”, dijo Kaxinawá.

Las secciones incluyen: la historia del movimiento indígena en Brasil; los conceptos y diferencias entre comunicación indígena y periodismo indígena; la historia de esta práctica en el país; conceptos desactualizados, con ejemplos de términos coloniales obsoletos; expresiones y narrativas, y un glosario con términos y expresiones que orientan una comunicación y un periodismo respetuosos, precisos y descolonizados.

“También hay una cuestión de respeto por su tiempo y por los líderes indígenas, porque entendemos que son líderes y también nuestras fuentes”, dijo Kaxinawá. “Hay una forma específica de llegar y de acercarse”.

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Luciene Kaxinawá, coordinadora de Abrinjor, presenta durante la primera reunión presencial del grupo, realizada en abril de 2025 en Brasilia. (Foto: Cortesía Abrinjor)

Abrinjor también incluye a muchos periodistas indígenas que son investigadores y cursan maestrías o doctorados en el ámbito académico. Como ocurre con las organizaciones de noticias tradicionales, el mundo académico puede ser un entorno desafiante para los pueblos indígenas, dijo Baré.

“Siempre me han visto como una persona exótica”, dijo Baré, “alguien que aporta una perspectiva completamente diferente a los temas de periodismo y comunicación”.

Señaló que los periodistas y los investigadores académicos de hoy influirán en la próxima generación, sean o no indígenas. “Es muy importante que personas como yo tengamos presencia en la educación superior”, dijo.

Para Baré, las nuevas generaciones de periodistas indígenas deben tener visibilidad en los medios y en los espacios de aprendizaje, de lo contrario, el esfuerzo de crear un manual podría ser en vano.

“Ahí es donde se están formando los nuevos reporteros”, dijo, “así que ahí es donde tenemos que estar”.

El lanzamiento del manual completo está agendado para febrero de 2026 y estará disponible en portugués en el sitio web de Abrinjor. La articulación busca voluntarios para ayudar a traducir el manual al inglés y al español.

Este artículo fue traducido con la ayuda de IA y revisado por Jorge Valencia.

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El Puesto Uruzú en Urugua-í recibió el máximo reconocimiento en el Premio Bienal SCA–CPAU

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La arquitectura misionera volvió a destacarse en el plano nacional: la intervención del Puesto Uruzú, ubicada en el Parque Provincial Urugua-í, obtuvo el Primer Premio en la subcategoría A5: Paisajismo del Premio Bienal SCA–CPAU de Arquitectura Argentina, organizado por la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU).

Esta edición de la Bienal registró un récord de 249 trabajos presentados, reflejo de la diversidad de propuestas arquitectónicas en todo el país. El jurado, integrado por destacadas figuras de la disciplina y una jurada internacional invitada, seleccionó el proyecto misionero por su sensibilidad territorial, su integración con el monte nativo y su enfoque contemporáneo sobre la relación entre diseño y ambiente.

Una obra que dialoga con la selva y redefine el uso público del parque

El Puesto Uruzú forma parte de una intervención integral realizada en el área de uso público del Parque Provincial Urugua-í, una de las reservas naturales más importantes de Misiones. Allí, la arquitectura se concibió como una herramienta para mejorar la experiencia del visitante sin alterar la dinámica propia del ecosistema.

El proyecto incorpora un manto de piedra basáltica que organiza los recorridos y conecta estructuras preexistentes con nuevas construcciones de bajo impacto. Los dispositivos de avistamiento, ejecutados en madera de reforestación (pino taeda), permiten observar la biodiversidad de la selva paranaense utilizando técnicas constructivas conocidas por los pobladores de la zona. En los puntos que requieren mayor resistencia —como el portal-mirador o los sectores expuestos a crecidas del arroyo Uruzú— se empleó hormigón armado.

La intervención apuesta a la reversibilidad, la mimetización con el entorno y la consolidación de huellas existentes, permitiendo que la obra se funda progresivamente con el monte y se convierta en parte de su paisaje cultural y natural.

Actualmente, el parque se encuentra en apertura parcial de sus instalaciones, de miércoles a domingo, en un modo exploratorio o piloto, lo que permite evaluar el uso progresivo de los nuevos espacios y el comportamiento del flujo de visitantes en esta etapa inicial.

Un proyecto misionero con mirada interdisciplinaria

La obra fue diseñada por los arquitectos Marcela Gadea y Matías Taborda, junto a un amplio equipo de colaboradores en arquitectura, ingeniería, sustentabilidad y biodiversidad. El proyecto fue promovido por el Ministerio de Turismo de Misiones, con la participación técnica del Ministerio de Ecología y el equipo de la Subsecretaría de Gestión Estratégica.

Construida entre 2023 y 2024, la intervención consolida un modelo de infraestructura de bajo impacto que acompaña los objetivos de conservación del parque, al tiempo que mejora la experiencia del visitante científico y del público general.

Un reconocimiento que posiciona a Misiones

El premio otorgado al Puesto Uruzú destaca el compromiso provincial con el diseño responsable en áreas naturales protegidas. Y reafirma el valor del Parque Provincial Urugua-í como uno de los grandes pulmones verdes del Bosque Atlántico en la Argentina.

Misiones suma así un nuevo reconocimiento nacional que pone en valor la calidad profesional de sus equipos. Y su enfoque innovador para integrar turismo, conservación y arquitectura contemporánea.

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