Con ingenio y trabajo se puede: Arrancó con un kiosco prestado y hoy abrió su sexta chipería en pleno centro posadeño

En época de incertidumbre económica nada mejor que contar una buena noticia. Un caso de éxito, como se dice en la jerga del periodismo económico a un negocio que arrancó de cero y hoy crece, a pesar de las circunstancias adversas que atraviesa el país.
La chipería “Benicio” abrió recientemente su sexto local en la calle Bolívar entre Colón y San Lorenzo, punto neurálgico del centro posadeño. Al lado de la tradicional casa de cambios Mazza Hermanos ya se pueden degustar chipas y facturas, con frecuencia, recién salidas del horno.
Se trata del sexto local de Benicio, un emprendimiento “made in Misiones” que le dió una vuelta de tuerca al negocio de vender chipas y facturas.
La clave es estar en las paradas de colectivo o en los lugares de gran concentración de transeúntes para vender “al paso” y en pequeñas cantidades dos productos principales: chipá y facturas. La oferta de Benicio se complementa con panchos y jugos picolé. La otra característica son los buenos precios. Los 100 gramos de chipa (copetín) sale 20 pesos, la chipa grande 12 pesos (unidad), facturas $8 y jugos $25.
Alguien sale o entra al colegio o al trabajo y va a tomar el colectivo y compra en pequeñas cantidades y, si es posible, cuando aún los productos están recién horneados.
Es por eso que cualquiera que tome colectivos y se mueva por el centro conoce a la característica casa de chipas y los que solo se mueven en automóvil, probablemente no la sintieron nombrar jamás. Los otros cinco puntos de venta están en Ayacucho casi San Lorenzo (al lado de Emsa), la estación de transferencia (Unam), el Hiperercado Libertad, Félix de Azara casi Córdoba y el restante sobre la calle Junín.
Todo comenzó hace diez años
Economis se contactó con el fundador de Benicio, un posadeño que trabajó en Buenos Aires vendiendo yerba y regresó a la provincia hace diez años. Cultor del bajo perfil, nos contó su historia pero pidió que no lo mencionáramos.
Este posadeño, necesitado de una actividad para sustentarse al regresar a su provincia, empezó atendiendo un maxi kiosko cerca de donde hoy está la Terminal de Transferencia de Unam.
El negocio era propiedad de Martín Oria, reconocido comerciante y titular de AMBHRA, quien le terminó cediendo el comercio, como forma de ayudarlo a arrancar de cero y como premio su dedicación y responsabilidad. “Es gente muy trabajadora y de muy bajo perfil, es una alegría saber que les está yendo bien”, comentó Oria a Economis.
Un día el vendedor de chipa que abastecía desde siempre a todos los que tomaban el colectivo por esa zona se fue y los transeúntes empezaron a pedir el producto en el maxi kiosko. El protagonista de esta historia, primero los trajo de una panadería hasta que la venta creció tanto que decidió contratar a un panadero para hornearlas ahí mismo.
El producto calentito, el olor que desprende y el caminante que va o viene de su casa con hambre y ganas de comer algo rico, tentado también por los buenos precios, hizo el resto.
Después vinieron las aperturas de los siguientes locales, siempre con la misma fórmula. Pocos productos, frescos y a valores accesibles en lugares muy transitados.
Benicio abrió su sexto local, pero sobre todo, demostró que con esfuerzo e ingenio se puede. Una buena noticia, sin dudas, en tiempos de incertidumbre para la economía del país. El mensaje es que, a pesare de todo, se puede.


 
 

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