Costos ocultos y otros bemoles de eólicas y solares

El dato esencial, que siempre brilla por su ausencia en los muchos medios electrónicos que promocionan -y presionan constantemente- a favor de las imposiciones masivas de las supuestamente “limpias” energías eólica y solar, es el costo real por kWh. Debería ser la base para evaluar las eventuales conveniencias o inconveniencias para optar por esos tipos de generaciones, pero no parece ser así. 

Esa notable omisión evidenciaría ser un deliberado ocultamiento de uno de los principales factores negativos que caracterizan a esas dos tecnologías de generación. 

Vinculado con eso, tampoco se difunden mayores precisiones acerca de los múltiples subsidios y otras facilidades muy acentuadas, con las que de hecho se diluye la incidencia de los costos reales para permitir cierto grado de competitividad a esas generadoras, sin los cuales quedarían totalmente fuera de mercado. 

Pero esa sumatoria de subsidios termina igual afectando negativamente a la economía argentina. Sería muy positivo que esa situación se transparente, aportando claridad y precisión en un tema que más bien se maneja en la nebulosa, o en el secretismo cómplice.

La falta de ese par de datos cruciales para evaluar la factibilidad de esas inversiones, es tapada por masivas y recurrentes alusiones a las supuestas “bondades” de esas energías, las cuales en varios temas son gruesas falsedades, y en otros esconden limitaciones técnicas muy serias e incluso insalvables. 

Lo más preocupante es el hecho muy evidente que detrás y fogoneando las persistentes campañas de imposiciones forzosas de masivas instalaciones de eólicas y solares, se advierten no solo muy fuertes intereses corporativos que buscan jugosas ganancias bajo operaciones de riesgo cero, con las marañas de coberturas de subsidios y otras ventajas prebendarias, una de ellas es la “prioridad para el despacho”, que en castizo simple significa que se debe priorizar el consumo de energía eólica y solar sin importar que existan otras alternativas más económicas. Otra aberración técnica avalada por dos leyes, es excluir del concepto de “renovables” a las generadoras hidroeléctricas de más de 60 MW…claramente para eliminar competencias “molestas” que pueden excluir a eólicas y solares.

Además de eso, las presiones internacionales a favor de eólicas y solares pasan a ser verdaderas anclas al subdesarrollo permanente, por los altos costos que inducen y los serios problemas técnicos de dar preponderancia a energías intermitentes. 

Eólicas y solares dependen del viento y del sol, factores que no controla el ser humano, motivo por el cual tienen súbitos altibajos en el voltaje, e incluso imponderables apagones, eso es la Intermitencia, por lo que esas tecnologías solo aportan Energía Complementaria, nunca la esencial Energía de Base, imprescindible para todo sistema energético interconectado. 

Mientras nos imponen energías intermitentes a los países subdesarrollados, la élite del G7 (núcleo duro del Atlantismo) busca desesperadamente sustitutos al gas y petróleo rusos (Energía de Base); pues las “renovables sesgadas” no los pueden reemplazar, por ser Energías Complementarias, de menor calidad. 

Ese accionar, bajo el manto justificativo del cambio climático (utilizado como buen pretexto para tapar otras prioridades mundiales, como la miseria crónica, el hambre y diversas formas de opresión al ser humano de países o sectores sociales relegados), es parte de las múltiples y constantes presiones, detrás de las cuales se encuentran acciones de neocolonialismo, metodología muy usual por parte de las tres principales potencias neocolonialistas -EEUU, RUGB y Francia- que evidencian operar en ese sentido para mantener o incrementar su poderío, a costa del mundo no integrado a la élite del desarrollo. 

 Ese parece ser el objetivo central del Acuerdo de París, que busca forzar a sus adherentes a invertir masivamente en eólicas y solares, como supuestas “grandes soluciones” -falsamente ecológicas- para cubrir las necesidades energéticas. Para ello opera con la vieja metodología del “palo y la zanahoria”, imponiendo obligaciones y dando créditos o permitiendo el acceso a otras financiaciones, con las condicionalidades de seguir al pie de la letra sus mandatos de favorecer en extremo a eólicas y solares; siempre presentándolas como la panacea energética o poco menos. 

Con el usual doble discurso de los colonialistas, mientras predican las supuestas “bondades” de eólicas y solares, todo el Bloque Atlantista (cuyo núcleo duro lo forman EEUU, Canadá, Unión Europea y Japón) tiene la concreta evidencia de la total inutilidad de eólicas y solares para reemplazar a las generadoras de base, por lo cual ante las carencias de la económica y técnicamente segura provisión del gas y del petróleo rusos, deben salir a buscar alternativas, las cuales son excluyentemente otros proveedores de gas y petróleo, sin descartar volver a consumir carbón (transgrediendo los “mandatos” vinculados al cambio climático), y en casos como Francia y EEUU, acelerar sus planes de construcciones de más usinas nucleares. Y no apelan a aumentar el parque hidroeléctrico, pues no les quedan lugares donde emplazar más presas hidroeléctricas. 

Las potencias del núcleo duro del Bloque Atlantista constatan -una vez más- que los costosos “ventiladores” eólicos y los “espejitos de colores” solares, no pueden suplantar ni a las nucleares canceladas irracionalmente por “los verdes” de Alemania, ni al gas y petróleo; pero a países subordinados al Acuerdo de París, como Argentina, nos imponen -con cierta sutileza bajo fuertes presiones de ONGs ultraecologistas-, la irracionalidad de aceptar esas costosas e intermitentes energías, incluso más allá de su rol de meros complementos. 

Ese es un camino directo a la pobreza energética, por los altos costos (así sean disimulados bajo marañas de subsidios y otros mecanismos), y por la inducción a serios problemas operativos por las limitaciones de la generación distribuida y las intermitencias de las “renovables sesgadas”.

Queda muy en claro que tampoco eólicas y solares producen “energías limpias” (otra gruesa falacia impuesta por el ultraecologismo cavernario), siendo sus múltiples costos ambientales cuidadosamente ocultados por esas ONGs y otros intereses involucrados en la promoción a ultranza de esas energías. Tema desarrollado en varios artículos anteriores. 

Todo lo precedentemente expuesto, no niega el rol de complementos del Sistema Interconectado, ni las soluciones puntuales que pueden aportar en casos de consumos aislados u otros casos similares, en los que se justifica utilizar acumuladores, los que salvan los baches de generación y estabilizan el voltaje; pero en cambio es irracional pretender que eólicas y solares cubran altos porcentajes de la matriz eléctrica nacional, por el triple motivo de sus altos costos reales por kWh, sus intermitencias y limitaciones técnicas, y por no ser energías limpias; pese a lo cual presionan el ultraecologismo y otros factores de poder transnacional, semi ocultos, para imponerlos al como sea. 

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