Cuando la IA responde: cómo los streamings científicos buscan llevar la investigación real al aula
La inteligencia artificial está modificando la manera en que los estudiantes acceden a la información, pero también abre una pregunta sobre el rol de la escuela: qué significa enseñar cuando obtener una respuesta es cada vez más rápido, mientras comprender cómo se construye el conocimiento continúa requiriendo investigación, análisis y pensamiento crítico.
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Ese será uno de los ejes del 9° Congreso Internacional de Flipped Learning, que bajo el lema “Pensamiento profundo: el desafío de enseñar cuando la IA responde” incorporará un bloque dedicado a la comunicación de las ciencias en las aulas. La propuesta apunta a explorar herramientas capaces de acercar investigaciones y experiencias científicas concretas a estudiantes que, de otro modo, difícilmente podrían acceder a esos escenarios.
Entre esas herramientas aparecen los streamings científicos, transmisiones audiovisuales que permiten seguir en vivo o posteriormente expediciones, experimentos y trabajos de investigación. Su potencial educativo no reside únicamente en mostrar imágenes inéditas, sino en transformar esas experiencias en materia prima para formular preguntas, analizar evidencias, anticipar resultados y discutir cómo se produce conocimiento.
El conversatorio contará con la participación de los doctores Nadia Cerino y Matías Motta, vinculados a experiencias de comunicación científica realizadas durante 2025. Cerino participó de una expedición al Cañón Submarino de Mar del Plata, mientras que Motta integró una campaña paleontológica en Río Negro. Ambos casos permiten observar cómo una investigación desarrollada en territorios de difícil acceso puede convertirse, mediante herramientas digitales, en una experiencia educativa de alcance mucho mayor.
En el caso de Cerino, la expedición al Cañón Submarino de Mar del Plata permitió explorar una zona poco estudiada del mar argentino. El trabajo reunió a más de 30 investigadores e investigadoras del Conicet y del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA), con la colaboración del Schmidt Ocean Institute. Durante la campaña se utilizó un vehículo operado remotamente capaz de registrar imágenes en ultra alta definición y recolectar muestras a unos 4.000 metros de profundidad.
La transmisión de esa investigación tuvo además una respuesta significativa del público: más de 90.000 personas siguieron el trabajo científico en tiempo real, según los datos aportados por la organización del encuentro. La experiencia mostró que una expedición científica puede convertirse también en una instancia de divulgación capaz de acercar investigaciones complejas a audiencias que no forman parte de la comunidad científica.
El segundo caso se relaciona con la paleontología. Matías Motta participó de la denominada “Expedición Cretácica I”, desarrollada en Río Negro, donde un equipo de investigadores trabajó sobre fósiles y restos de dinosaurios. La experiencia de transmitir el trabajo desde una cantera permitió trasladar al público parte del proceso de investigación y mostrar que detrás de un hallazgo existe una metodología que incluye observación, búsqueda, registro y análisis.
El valor pedagógico de este tipo de propuestas aparece precisamente en lo que ocurre después de la transmisión. Un docente puede utilizar una expedición submarina para trabajar biodiversidad, geología o adaptación de especies, o recurrir a una excavación paleontológica para abordar evolución, métodos de investigación y cambios ambientales. La experiencia deja de ser solamente audiovisual cuando se convierte en un problema sobre el cual los estudiantes deben construir hipótesis y buscar evidencias.
En ese punto, la discusión sobre inteligencia artificial adquiere otra dimensión. Si una herramienta puede generar una respuesta en segundos, una parte del trabajo educativo consiste en enseñar a determinar si esa respuesta es correcta, qué fuentes la respaldan, qué evidencia falta y qué preguntas deberían formularse para avanzar. El acceso a información deja de ser el único objetivo y gana peso la capacidad de evaluarla.
El conversatorio será moderado por la bióloga misionera Lucrecia Villarquide, vinculada a la comunicación de las ciencias y a experiencias desarrolladas en Educarlab. Su participación aportará una mirada relacionada con la enseñanza y la divulgación científica en un contexto en el que las tecnologías digitales modifican tanto las formas de acceder al conocimiento como las maneras de comunicarlo.
La discusión que propone el Congreso no plantea entonces una oposición entre ciencia, educación e inteligencia artificial. El desafío consiste en definir qué herramientas permiten que la tecnología amplíe el acceso al conocimiento sin reemplazar los procesos que hacen posible comprenderlo. En ese escenario, llevar una investigación real al aula puede ofrecer algo que una respuesta automática no garantiza: la posibilidad de observar cómo nacen las preguntas, cómo se construyen las evidencias y por qué algunas respuestas requieren años de trabajo científico.
