El desgastado límite entre un futuro soñado y el transhumanismo criminal
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Este martes, 18 de septiembre de 2023, se abrieron las inscripciones para participar de los experimentos en humanos por parte de la empresa de biotecnología “Neuralink” perteneciente al multimillonario Sudafricano Elon Musk. Esta empresa fue creada en el año 2016 y su principal objetivo, según aseguran, es ayudar a que las personas con “ELA” (esclerosis lateral amiotrófica) puedan controlar prótesis robóticas usando su propia mente.
Un ejemplo popular de esta enfermedad fue un físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico, hablamos de Stephen Hawking, a quien con apenas 21 años se le diagnosticó esta enfermedad. Sin dudas hablamos de un propósito en extremo noble, considerando los estragos que la ELA le puede significar a la vida de las personas afectadas. Con esta idea, Neuralink consiguió recaudar no menos de 280.000 millones de dólares de inversores interesados en apuntalar la audaz iniciativa de los científicos.
Pero, no por motivos casuales, se encuentran hoy entre el fuego cruzado de los medios de comunicación y una enorme polémica sustentada por denuncias realizadas por exempleados de dicha corporación. La idea que subyace el objetivo meramente médico de los implantes craneales en humanos, tiene mas que ver con el control y manejo “psíquico” de componentes tecnológicos, como lo sería un Smartphone o un automóvil inteligente. Es decir, la idea de Musk, es llegar a un futuro en el que la interacción con las redes sociales o internet en general, avance a un siguiente nivel.
Hasta aquí, no hay problemas significativos en materia de controversias o peligros para la salud. Pero ¿Por qué la polémica?
Quienes se posicionan en contra de la propuesta de Neuralink, argumentan cómo este tipo de implantes puede afectar de diversas maneras a sus “Usuarios”, o bien portadores. Y es que el Comité de Médicos para una Medicina Responsable, una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington, ha denunciado al magnate ante la Comisión de Bolsa y Valores de EE UU (SEC) por la muerte agónica de doce primates por culpa de estos implantes.
En diciembre del año pasado, Reuters (Agencia de Noticias) denunció que la empresa estaba bajo investigación federal acusada de presuntas violaciones del bienestar de los animales. En concreto, de unas 1.500 ovejas, cerdos y monos, después de que una veintena de trabajadores y ex trabajadores acusaran a Neuralink de acelerar las investigaciones, produciendo “sufrimiento y muertes innecesarias”.
Dichas denuncias intentan frenar esta oleada de microchips cerebrales, preocupando por razones obvias a quienes quieran presentarse voluntarios para los ensayos en humanos. La brecha entre pacientes y Usuarios intenta difuminarse, con el argumento de un progreso tecnológico, mostrándonos lo morboso del mundo detrás de esas bellas palabras enunciadas por un CEO de empresas tan reconocidas y aplaudidas por el mundo; “Imagínense si Stephen Hawking hubiese tenido esto” presumía Musk en las redes sociales.
En un contexto mundial signado por la extrema pobreza y desigualdad, el cambio climático y la crisis energética, la escasez de recursos y el “pico del petróleo”, se promete un futuro en el que los problemas sen tan fáciles de olvidar como lo es tener una idea de un momento a otro.
Quizás, los métodos de evasión de los que requiere la sociedad para apaciguar la enorme tristeza que le ocasiona la vida cotidiana y repetitiva de la sociedad moderna, son hoy demasiado incómodos de llevar en el bolsillo. Donde antes “Juan” llegaba exhausto del trabajo, queriendo sentarse un momento y ver algunas novedades en Facebook o algo de entretenimiento en TikTok, ya no le será “tan complicado como eso”.
En el momento en el que Juan se sienta agotado, triste o frustrado, la solución se activaría de manera instantánea, dotando a Juan de la maravillosa capacidad de consolar su frustración tan solo en unos milisegundos de retardo, liberando en Juan la cantidad necesaria de dopamina par que se sienta bien de nuevo y pueda seguir siendo un operario funcional de la fábrica de autos eléctricos y “ecológicos” en la que trabaja.
O quizás, esto sirva para que las personas tetrapléjicas puedan tener una vida “funcional” ¿No? Donde Luis dejaría la silla de ruedas para poder, al fin, ser parte de SpaceX y cumplir su sueño de ser astronauta, o quizás no, quizás Luis termine teniendo que trabajar explotando los yacimientos petrolíferos mediante Fracking para poder generar el combustible que permita a un barco de carga traer componentes electrónicos desde el otro extremo del planeta, para poder construir autos a base de Litio, (también extraído de una explotación minera, posterior al desplazamiento de comunidades indígenas milenarias), para que finalmente “Sussane” pueda pegar una calcomanía de “Reducir, Reutilizar, Reciclar” en el parabrisas de su Tesla. Vivimos el siglo XXI, donde a la mayoría le toca vivir el siglo XX y a otros pocos el siglo XXII.
El futuro es la cúspide de una pirámide de eras pasadas sosteniendo este fantástico orden en un mismo instante presente. El futuro esta al alcance de quien pueda pagarlo, el futuro está justo detrás de el monitor de tu PC, detrás de tu celular, detrás de las muy bien producidas propagandas de televisión.
Hoy resulta que darle like a Greenpeace en Instagram, eso sí que es ser sustentable, eso sí es cuidar el planeta. Conducir un auto que “aún” funcione a gasolina, es del siglo pasado, mejor cómprate un eléctrico. Montar un caballo o una bicicleta, plantar un árbol, comerse un trébol ¡POR DIOS! ¡QUE RETRÓGRADA! ¿No?
