El gas como energía de transición

Escribe Eduardo Saldivia

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En Canadá se está trabajando desde hace tiempo en las posibilidades de explotación de un yacimiento petrolero en altamar, sobre el océano Atlántico. Y aunque el ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de ese país ya aprobó el proyecto en 2022, las controversias sobre la explotación no convencional continúan.

De la mano de la empresa Equinor, se estima que en el proyecto conocido -por su ubicación- como Bay du Nord, representa un negocio de 12.000 millones de dólares y duraría treinta años.

Mientras tanto, Antonio Guterres -Secretario General de las Naciones Unidas- consideró abiertamente que, en un contexto de Crisis Ambiental, invertir en nuevos yacimientos petroleros es una locura económica y moral.

Desde la empresa a cargo de la explotación se comprometieron a llegar al 2050 con un barril de crudo que tenga completamente compensadas las emisiones de gases de efecto invernadero que fueron necesarias para su producción, lo que se conoce como “carbono neutralidad”.

En Argentina sucede algo similar, y también está vinculada la empresa noruega Equinor, en asociación con YPF. A 300 Kms mar adentro desde las costas de Mar del Plata, en la denominada Cuenca Marítima Norte se encuentra lo que algunos llaman “el Vaca Muerta del mar”, haciendo alusión al yacimiento que Chevron junto a YPF está explotando en Neuquén. En el mar argentino, la consultora B&B Comex, estima un negocio por 20.000 millones de dólares.

Inicialmente se aprobó la exploración sísmica de la plataforma, para sondear el lugar adecuado para la extracción, una técnica que afecta seriamente la biodiversidad marina. Y actualmente se espera que en octubre llegue el barco Valaris DS 17 desde Brasil, para que en diciembre pueda comenzar los trabajos de extracción. 

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Aquí las voces en contra fueron por parte de los bonaerenses que entienden que, ademas del impacto ambiental que tendrá esto, son conscientes de lo que podría significar para las playas y su ecosistema cualquier posible derrame de petróleo.

Aunque el proyecto cuenta con los inversores extranjeros y con la aprobación gubernamental, firmado por el propio ministro de Ambiente Cabandié, no logra convencer a los ciudadanos que se resisten a este proyecto y se niegan a darle lo que conocemos como licencia social. 

Desde YPF, conscientes de lo serio que es tener a la gente en contra, en lugar de profundizar una explicación clara de sus argumentos o redirigir sus inversiones a energías renovables, encomendaron en 2022 a la consultora Eonia que desarrolle una estrategia agresiva contra cualquier argumento ambientalista. 

Así lo expusieron los activistas de XR Argentina, donde la politóloga Flavia Broffoni publicó recientemente el manual interno de YPF: Exploración offshore con licencia social. Donde puede leerse como -desde la teoría de los consensos- planificaron influir sobre la opinión pública recurriendo a lobbistas organizados.

El debate de fondo es si podemos considerar al gas como una energía de transición, y deberíamos aprovechar el negocio de los hidrocarburos para financiar nuestra transición hacia un desarrollo sostenible, o seguiremos cayendo en la tentación de hacer negocios para unos pocos y mantenernos atrapados en depender del combustible fósil.

Un claro ejemplo de esta polémica es el gasoducto que cruza el país de oeste a este para que Argentina pueda exportar su gas a países afectados por la crisis energética que generó la guerra entre Rusia y Ucrania, y mientras tanto, Misiones sigue esperando tener gas para su matriz de crecimiento. ¿La nación va a seguir haciendo negocios a costa de postergar a su propio pueblo?

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Este debate llegó a la juventud y durante la última semana pudimos ver posiciones encontradas en lo referido al tema. La organización argentina Jóvenes por el clima, a través de sus referentes como Bruno Rodriguez, se manifiestan a favor de explotar el gas, y se muestran esperanzados de que esto permita resolver cuestiones como la pobreza o el desempleo, con una visión desarrollista. 

Mientras que por otro lado, la semana pasada, la principal impulsora del movimiento juvenil ambientalista a nivel internacional, la sueca Greta Thunberg, consultada por la periodista Tais Gadea Lara, manifestó estar en sintonía con lo planteado por Guterres en el caso de Bay du Nord, afirmando que el gas es una falsa solución, que solo demora la reducción de emisiones y nos mantiene atrapados en la dependencia de los hidrocarburos.

En conclusión, podemos ver que el precio de continuar por este camino es muy alto y va en contra de nuestras ambiciones y metas frente al cambio climático. Nuestro futuro no está en el petróleo o el gas, sino en el hidrógeno verde, las hidroeléctricas de bolsillo, la energía solar, la geotérmica y sus pozos canadienses, la biomasa o incluso en la energía eólica con tan buenos resultados en ciudades como Oberá.

El petróleo verde es un oximorón y todo lo que está bajo el suelo debe quedarse allí.

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