El Renacido

Tantas veces me mataron…

Tantas veces me morí…

Joselo Schuap muestra las cicatrices como si fuera una herida de guerra. “Esta es de escopeta”, dice al señalar su mano marcada por infinidad de pinchazos de aguja durante los 26 días que estuvo en un coma inducido afectado severamente por el coronavirus. En la otra mano, la derecha, tiene una secuela de la batalla que es al mismo tiempo llaga y aliciente: es la mano con la que toca la guitarra.

Este reportaje comenzó a escribirse en marzo de 2020. Apenas unos días antes de que la pandemia se adueñara de la realidad. Recién asumido, Joselo Schuap estaba lleno de entusiasmo por las cosas que quería hacer como ministro de Cultura. El primero de Misiones. El coronavirus aplastó ese entusiasmo, pero algunas de las medidas anticipadas en aquella entrevista trunca, fueron claves para contener a los trabajadores de la cultura durante los meses más duros de las restricciones sanitarias. Una de ellas era crear un registro de hacedores culturales, mediante el que se pudo volcar recursos a los que estaban sin trabajar y servirá ahora para un club de descuentos en distintos rubros que se pondrá en marcha en breve. 

Schuap visitó Economis unas horas después de anunciar junto al gobernador Oscar Herrera Ahuad el primer programa de fomento a la industria cultural misionera. Serán diez millones de pesos para proyectos individuales o grupales, con un monto de hasta cien mil pesos. Es uno de los primeros grandes pasos que se propuso al frente de la cartera cultural. 

“Fue lo que nos propusimos con Oscar Herrera Ahuad a la hora de crear un ministerio de Cultura: ese paso siguiente que dé respuestas desde el Estado a una comunidad cultural, de trabajadores de la cultura. Quisiera creer que hicimos ese pequeño aporte de instalar ese concepto de trabajadores de la cultura”, explica.

El ministro insiste en que además de los recursos, lo importante es que la gestión sea federal. “Porque si tenían la suerte de tener el teléfono de algún funcionario, si vivían en Posadas o cerca, donde ocurren las cosas de la capital, podían tener algún beneficio. Y eso no es bueno para el crecimiento, especialmente para aquellos que en el interior están haciendo un trabajo enorme, con mucho sacrificio y no saben cómo hacer para llegar para recibir algún tipo de ayuda, es para alguien que vive en San Antonio, San Vicente, 9 de Julio, Pozo Azul”.

Nuevamente, el registro de los trabajadores culturales fue clave para la contención. “Para saber quiénes somos, dónde estamos, qué hacemos y desde ahí diseñar. Aprendí mucho en un año, a los golpes, porque la pandemia fue muy dura, cuando todos estábamos haciendo un montón de cosas y de golpe se corta todo, ahí aparece realmente la necesidad, lo cruel de tantas familias pasando momentos extremos, yo lo vi en directo porque no paré de viajar, a pesar del temor de contagiarse. Pero la Provincia es enorme y son miles los trabajadores de la cultura. Entonces es imposible solucionar todos los problemas, así que hay que pensar cosas que abarquen a la mayor cantidad de personas y despersonalizar el trato, para que ahí realmente sea federal y democrático. Que el ministerio no sea Joselo, Lucila, o Griselda. No importa quien esté, las reglas son simples y esto año a año se va construyendo. A eso queremos ir… que yo me haya enfermado y mi equipo siga adelante, creo que fue una prueba de fuego.

Todo tan virtual que hasta pudo monitorear los detalles finales del primer festival del Chamamé que se transmitió al mundo vía streaming. El encuentro musical de Iguazú llegó para quedarse. “El puntapié inicial se dio con gente que representó muy bien al género. Cuando esto continúe, las puertas que se abrirán van a ser cada vez más grandes”. 

“Como dijo el Chango Spasiuk, es como una tercera pata chamamecera. La primera es el Festival de Corrientes, la segunda es en Mburucuyá, también en Corrientes donde se hace el festival del Chamamé auténtico, donde no se ejecuta la batería, en donde los artistas deben ser tradicionales, según el legado de Salvador Miqueri, Carlos Jensen, todas las familias y los músicos cercanos de Mburucuyá. Iguazú nace y podría ser lo creativo, lo innovador del chamamé, especialmente desde un Chango ganador del premio Gardel con un disco de grabado con gente de Noruega que es realmente maravilloso, extraño para el tradicionalista, pero puede ser como lo fue Astor Piazzola en su momento… a lo mejor lo que suene dentro de 20 o 30 años, sin perder las raíces de la tierra”, analiza.

¿Vino para quedarse el festival de Iguazú?

Lo vamos a sostener, como podamos, de la mejor manera. Nació muy bien, los comentarios de la producción fueron muy buenos.  Tiene mucho para crecer, la comunidad de Puerto Iguazú lo va a tomar como propio con el tiempo, porque nace para darle a Iguazú, un evento más. La segunda edición, va a ser la que marque el crecimiento de esta idea. La frontera dice mucho, en una época donde no podés cruzar porque la frontera está cerrada, la música igual cruzó. Cruzó de otra manera, de una manera virtual, estuvieron músicos del Paraguay y de Brasil. Quedó una deuda pendiente con los artistas locales de Iguazú, reconozco que tenemos que ver de qué manera podemos mejorar para la segunda edición. También sería lindo que los artistas locales de Iguazú vayan construyendo su propuesta para llegar a destino de la mejor forma. Tenemos para crecer en todo sentido. Tenemos que entender que teníamos que elegir a los artistas misioneros que mejor nos representen, también cumplir la ley nacional de cupo femenino. Los Nuñez, fueron los que ganaron el premio Gardel como grupo de chamamé, el Chango es el artista que nos representa en muchas partes del mundo (y ganó el Gardel al mejor album de chamamé con Hielo Azul, Tierra Roja), Antonio Tarragó Ros, correntino, pero considerado un misionero más, los de Imaguaré, yo creo que fue muy acertado el inicio de esto, pero me gustaría en que las siguientes ediciones la familia misionera esté más representada.

¿Qué significa para la cultura el plan de fomento?

Para mí es algo histórico. Es la primera vez que podemos hablar de un instrumento provincial con un dinero interesante que ya no es un paliativo, porque no es un dinero que apunta a salir de esta situación de pandemia, sino que ya puede servir del desarrollo industrial. A las pocas horas de presentarlo, ya hay 60 proyectos en el sistema. Lo cual me parece exitoso, porque recién es el primer día y vamos hasta fin de mes. Estamos hablando de 10 millones de pesos, como un monto fundacional, experimental que pretendemos que se pueda sostener en el tiempo, que quede como uno de los pilares que no se van a mover más, que quede como un derecho adquirido de los trabajadores de la cultura. Y quiénes deciden el destino de ese fondo son los que conocen al artista en su pueblo, no el ministro o la ministra, o el funcionario en Posadas, desde un frío escritorio lejos de la realidad eligiendo a sus amigos. Ojalá que muchos de los que ganen sean desconocidos, yo conozco a muchos, pero hay una enorme cantidad que no conozco y me gustaría conocer.

Dijiste una frase que me parece que marca un cambio… La industria cultural… Hasta ahora en Misiones el que trabajaba en cultura era el chamamecero, el que hacía música, el trovador como vos… pero no había una industria. Estás cambiando un concepto, o introduciendo un concepto nuevo.

Esto viene entrelazado con el cine. Ellos son la punta de lanza. Misiones está en el podio del ranking nacional de producciones cinematográficas detrás de Buenos Aires y Córdoba. Estábamos terceros, cuartos, quintos. Estamos segundos en este año de pandemia en producción de películas. Ese protocolo que conseguimos, junto con el ministerio de Gobierno, junto con Salud y Trabajo, fue maravilloso para poder rodar en Misiones en esta época. Le elevamos al Gobernador, junto a Turismo e Industria, un estudio donde hablamos de industrias culturales. De hecho, queremos cambiar la I del IAAVIM (Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones) para que también signifique industria. ¿Cómo funciona el cine en la provincia? Tracciona muchos recursos, en donde el Estado provincial pone solo el 15% del costo total de una película, que está entre 25 millones de pesos, que creemos que va a aumentar por la inflación y el ajuste, llegará alrededor de 50 millones. Los productores de la industria del cine, cuentan con un valor agregado que es enorme, que es el valor humano, desde aquellos que comenzaron con el Oberá en Cortos, hasta llegar al IAAVIM. Luchando para que subsista, crezca y se profesionalice, hoy en una segunda gestión de Mario Gimenez, estamos hablando del sueño de llegar a 20 películas por año en Misiones. Para el año que viene, estamos hablando de cientos de millones de pesos. Hay un montón de productores importantes de acá, que hacen que productoras de Buenos Aires se asocien con productoras locales. El rodaje es atractivo por el paisaje, por el apoyo de Turismo en los hoteles y el alojamiento y el pensamiento de que esto es una industria, por parte del ministerio de Industria de la provincia. Estamos por firmar un convenio con el parque industrial para instalar a futuro lo que le falta a la cadena de producción de cine de Misiones que es la edición. El día que tengamos acá la tecnología de punta para hacer color, para hacer masterización final, toda la plata va a quedar en nuestra tierra. A mí me apasiona porque es un rubro que es muy efectivo en la captación de recursos externos. Cuando va al pueblo, deja toda la plata ahí, en el hotel, el taxista, el colectivero, la radio local que va a difundir, los actores, las actrices. También vamos a capacitar a actores con el Instituto del Teatro para que se trabaje en conjunto, sumar capacitación, los casting, todo lo que involucra la producción del cine. A los músicos también, los derechos de autor. La locación, es un tema que involucra a todos. 

Tenés tres hitos fuertes, el financiamiento, el festival del chamamé, transformar el hacedor en industria cultural ¿que otra cosa te queda?

Salir de lo paliativo a la producción es lo importante. Ojalá que en el próximo mes varios sectores que están parados sin trabajar, gracias a la mayor cantidad de vacunados en la provincia, puedan volver al trabajo, los eventos sociales en clubes, los casamientos, los cumpleaños, que se vuelva.

¿Para agosto…?

El Gobernador mencionó al mes de agosto como un mes bisagra en relación a los porcentajes de vacunación. Nos queda algo de acá a fin de año, que para nosotros va a ser tan importante como lo de fomento, que es algo que está detenido todavía porque nos está llevando más tiempo de lo que pensábamos, que es la implementación de una tarjeta cultural. Es un pendiente, que lo vamos a presentar de acá a fin de año. En Posadas que es donde tenemos la mayor cantidad de registrados, viene viento en popa con una cooperativa de consumo que le va a permitir comprar al trabajador de cultura alimentos, remedios en farmacias y también le estamos sumando, por eso se está estirando, porque lleva tiempo gestionar, insumos de cada rubro con un alto porcentaje de descuento. Es una manera que encontramos de llegar a todos despersonalizando la gestión, con el fomento y con la tarjeta de descuentos. Después sí, viene el hilado fino donde en cada región se pueden hacer cosas puntuales, cultura en movimiento, los programas como lo tiene la subsecretaría de relaciones institucionales, la creación de nuevos centros culturales como el de Itaembé Guazú, muchas novedades para lo que se viene en Candelaria, el centro cultural Belgraniano.

¿Eso va a ser un museo?

Museo y centro cultural. También queremos descentralizar los institutos provinciales, que siempre están en Posadas. Mi intención es que las cabeceras de los institutos provinciales estén en el interior, porque es fundamental ampliar hacia la provincia. Debe ser federal. Fuimos los misioneros quienes salimos adelante para tener una provincia diferente. Me gustaría que la gente sepa que en otras provincias no hay ciertas cosas, no existe lo que estamos haciendo de fomento cultural, de coberturas de distintos tipos en lo cultural. En otras sí y de ellas tomamos el ejemplo y nos nutrimos de ideas.

¿Cuándo vas a volver a tocar?

Tengo intención de volver a tocar. Primero había decidido que mientras sea funcionario no iba a volver a subirme a un escenario. Obviamente no va a ser profesionalmente, siempre va a tener un costado solidario, en horarios que no influya a mí trabajo. Pero necesito volver a tocar porque me estoy muriendo de ganas. Ahora tengo que luchar con el brazo derecho que no me funciona bien por la secuela del Covid, pero ni bien me cure de esto con kinesiología y con la paciencia de los médicos, voy a volver a tocar y va a ser una serenata para los profesionales de la salud. Ya tengo algunos socios para eso, Andrés González que tuvo un grave accidente (en 2019) y me tocó usar su misma cama en terapia: “Todos me decían, esta es la cama de Andrés, Andrés salió vivo de acá y vos tenés que salir vivo también, creo que esa cama trae suerte”.

No tenés fecha, pero tenés meta…

Hablamos con Andrés, tenemos los mismos dolores de huesos, parecemos esas abuelas que se comentan los dolores, es muy simpático. Yo volví a la vida en ese lugar, una enfermera en una mañana me dijo hoy te vas a sentar en la cama, te voy a traer una silla de ruedas para que hagas tus ejercicios sentados, yo no podía creer porque hacía pocos días que me había despertado del coma y esa enfermera me dio la fuerza para superar. Es muy difícil el paso del respirador a los pulmones, te da miedo, te da terror morirte ahogado. La sensación de que la máquina ya no te está dando el oxígeno y tenés que arreglártelas solo, es muy parecida al bautismo de buceo que tuve en Puerto Pirámide, donde fui a tocar y tuve la oportunidad de hacer buceo. Esa sensación de que estas dentro del agua y que si no aprendes a respirar por ese cañito que te da oxígeno del tubo, te morís, te ahogas. Muchos no pueden porque se necesita mucha concentración, mucha garra.

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