En política económica, el gobierno redobla la apuesta

Después de un marzo de alta conflictividad, el arranque del segundo trimestre insinúa un cambio de aire, más allá del paro dispuesto para el pasado 6 de abril. En el microclima de los sectores que consideran al gobierno su enemigo, lo ocurrido en los momentos más tensos de las últimas semanas puede haber sido visto como el preludio de cambios profundos en lo político y en lo económico. Sin embargo, la amplísima red de contención social existente en el país, el desgaste de algunos de los conflictos más emblemáticos (docentes en Provincia de Buenos Aires), el despertar de una “mayoría silenciosa” del sábado 1ro de abril, junto con indicadores positivos del primer trimestre en términos de nivel de actividad y empleos, están configurando un cuadro de situación en el que el gobierno encuentra incentivos para redoblar la apuesta en términos de la política económica, a juzgar por las últimas señales.

Aunque la inflación no da respiro como para comenzar a bajar las tasas de interés, la recuperación de la economía está ocurriendo a un ritmo crucero de 2 % anual (desestacionalizado), que es el verificado por el INDEC para el cuarto trimestre de 2016 y el que surge de los datos preliminares del período enero-marzo de 2017.

El empleo acompaña esta tendencia: en enero se cumplieron siete meses de saldo positivo en la creación de puestos de trabajo, y febrero sería el octavo. En esta dimensión, la recaudación de aportes y contribuciones patronales de marzo, que subió nada menos que 10 puntos porcentuales por encima de la inflación anual, anticipa la mejora del poder adquisitivo de los salarios de cara al segundo trimestre.

Lo interesante es que esto ocurre pese a que el Banco Central sigue ocupado en bajar la inflación. La brecha entre las expectativas del mercado y el límite superior fijado por la autoridad monetaria para este año se ha ampliado a más de 4 puntos (21,2 % versus 17 %), diferencia alimentada por los malos datos de inflación de febrero (2,5 % según el INDEC), que se moderan sólo parcialmente en marzo y abril.

De hecho, el Banco Central ha endurecido la política monetaria desde mediados de marzo. En el primer trimestre, la emisión de base monetaria de 131 mil millones de pesos fue absorbida a través de la colocación de Lebacs y Pases por 128 mil millones. La liquidez se revirtió a partir de entonces y ahora los bancos volverán a competir con las tasas de interés para captar plazos fijos.

Por lo que se sabe, no hay objeciones del presidente Macri a la política monetaria, pese a que, por los “usos y costumbres” del país, sería contraindicada en un año electoral.

Como ya se ha subrayado en artículos anteriores, desde el punto de vista político este aval se facilita por el hecho que la reactivación está ocurriendo de todos modos. Una prueba es el incremento de la venta de cero kilómetro, de 41,8 % interanual en el primer trimestre y también el aumento de 15,6 % de los despachos de cemento en marzo. Cuando se compara esta recuperación con el recorrido que hizo el nivel de actividad en 2015, después de la recesión de 2014 (muy similar a la de 2016), se advierten diferencias en los indicadores de confianza, mayor potencia en el impulso fiscal, un despegue más firme en determinados sectores (la venta de maquinaria agrícola sube al 42,5 % interanual) y también el “derrame” ( por el momento pequeño) de una fracción de los activos reconocidos en el Sinceramiento Fiscal, que totalizaron 117 mil millones de dólares. Este último factor se refleja en un incremento de 53,8 % interanual de las escrituras en CABA.

Aunque por el momento se prescinde del impulso crediticio, a mediano plazo éste será clave. De allí la importancia que la inflación comience a bajar desde mayo, para que pueda flexibilizarse la política monetaria. La palanca fiscal está ahora a pleno, con un gasto primario que sube 38,5 % interanual, muy dinámico en partidas sociales y obra pública. Pero ese empuje tendrá menos fuerza en el segundo semestre, dada la meta de déficit primario de 4,2 % del PIB en 2017.

Mientras tanto, otras medidas, “políticamente incorrectas” ya están en marcha. Es el caso de la quita de impuestos de importación para las computadoras. Se considera que, una vez pagados los costos iniciales por los empleos asociados al ensamblaje de estos productos, los beneficios a obtener por el acceso a tecnología de punta, el menor costo para los consumidores y la derivación de esos ahorros a la demanda de otro tipo de bienes y servicios locales (con su efecto multiplicador), habrán de redundar en un progresivo apoyo de la población. Si este test resultara positivo, no hay que descartar que el gobierno intente avanzar en otros frentes, como el de los teléfonos celulares. La notable diferencia de precios, de 2174 dólares en Argentina a 868 dólares en Estados Unidos para un determinado modelo de Iphone, seguramente habrá de estar disparando cálculos de costo/beneficio, análogos a los que se hicieron con las computadoras.

De todos modos, los pasos para abrir la economía seguirán siendo dosificados, ya que esta política no se aplica en el mejor de los contextos, dado el bajo precio del dólar y la elevada carga tributaria que enfrentan los productores locales. Por eso también hay espacio para propuestas como la efectuada al sector textil, dónde la mayor exigencia de competencia para las empresas es parcialmente compensada con la baja de impuestos al trabajo, transformando en crédito fiscal IVA una fracción de las contribuciones patronales.

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