Elon Musk, CEO of Tesla Motors Inc., speaks during a delivery ceremony for Tesla Model S sedan in Beijing, China, 22 April 2014. Tesla Motors Inc. began deliveries of the Model S sedan in China as Chief Executive Officer Elon Musk tested the reluctance of consumers in the worlds largest auto market to buy electric cars. The billionaire chairman hosted an event on Tuesday (22 April 2014) to mark the occasion, according to the Palo Alto, California-based company. The electric-car maker has been taking orders since August and opened an 800-square-meter (8,600 square feet) store in a Beijing shopping mall late last year to showcase its vehicles.

La política según Elon Musk

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Mucho conocemos, aparentemente, del magnate excéntrico mediante su ingenio y el de sus empresas, pero su figura en los espacios políticos es cada vez más grande, cercano a líderes mundiales y con un futuro prominente. 

Musk es dueño de Starlink, SpaceX, Tesla, X (ex Twitter), entre otras empresas. Además, ha sido una persona sumamente gravitante desde lo mediático, con apariciones histriónicas y alguna que otra polémica de por medio. Sin embargo, su explosión en el marco político parece aparecer de la mano de Twitter, su más reciente adquisición. Lo que sucedió allí es que el filántropo sudafricano arraigado en Estados Unidos, pudo materializar un viejo anhelo suyo de la desregulación absoluta del contenido mediático virtual

La llegada de X trajo a colación una serie de reformas. La principal es la no censura de videos de distinta índole, teniendo la capacidad de poder replicar con facilidad cualquier fake news, pornografía o un discurso que busque ser replicado. En esa premisa, que parece inocente, los discursos negacionistas y hasta supremacistas, comenzaron a tener cada vez más relevancia, siendo los nichos idílicos de un sector grande de la población virtual global. Como ejemplo principal de la quita del “cepo” virtual, Elon Musk ordenó el retorno de la cuenta de Donald Trump, la cual había sido baneada por propalación de discursos de odio y con una fuerte relación o asociación a la toma del Capitolio por parte de seguidores del ex presidente en 2021. 

A través de esta sensación de un libertinaje discursivo en la red social X, la figura de Elon Musk explotó en cuanto a aprobación política. Entiéndase política, más no partidaria o ideológica, sino que, como toda acción en la sociedad, lo de Musk tiene un fuerte efecto político. Además, siendo una persona sumamente conocida, su mensaje o sus acciones tienden a diseminarse más rápido. 

Musk se transformó gradualmente en la cara de una suerte de pseudo derecha outsider y con una fuerte banca empresarial. Se transformó en una suerte de paladín de la “libertad de expresión” e inclusive un gran ejemplo de éxito empresarial. 

Lo último es algo cierto, todo lo que toca es oro y a sus empresas les va más que bien, no por nada es una de las personas más ricas del mundo. Sin embargo, el Musk político es más llamativo.

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Musk, querido, el pueblo está contigo 

El rostro de Elon se hizo bandera. No necesariamente una bandera material o real, en manifestaciones (aunque sí ocurrió), sino que tiene más fuerza desde lo simbólico. Vamos por parte, su posicionamiento como “outsider” es más que atractivo, sobre todo para el público que se desvive por X. Un público que utiliza esa red social para esconderse en el anonimato y expulsar todo eso que en persona no podría decir, por el propio peso de sus palabras y por lo condenable de su posición. Negacionismo político, posturas radicalizadas, hasta racismo, forman parte del compendio de esta pseudo derecha virtual. ¿Elon Musk es eso? No, o al menos no así, simplemente que en sus acciones y discursos pudo englobar lo que tanto quieren escuchar y hacer ese sector de la sociedad, quienes fuera de las computadoras se sienten marginados por un sistema que no los prefieren o se esconden tras una máscara, manteniendo una suerte de doble personalidad. 

Tras eso, hay una oleada de pseudo derechistas interesados en la figura de Elon Musk. Digo pseudo, porque generalmente son grupos alejados de la formación política tradicional o intelectual, sino que canalizan las frustraciones del sistema por esa postura, muchas veces heredadas y radicalizadas con los años. Esto va de la mano con la figura empresarial de Musk. Es visto por estos sectores como un ejemplo vivo del triunfo del capitalismo. El magnate cumple la visión del sueño americano, de crecimiento monumental del capital a partir de pequeñas empresas, destinadas a dominar el mundo. Esa visión fomenta aún más la “candidatura virtual” a ser un líder político. ¿Elon Musk es consciente de eso? Puede que lo sea medianamente y saque tajada para sus negocios, no por nada es tan exitoso en lo que hace y bien lo tiene ganado.

El primer ministro Musk 

Argentina y Brasil han tenido un fuerte roce con su figura en las últimas semanas. Por parte de nuestro país, el presidente Javier Milei viajó hasta Estados Unidos para reunirse con él, con el fin de destrabar la llegada de sus servicios empresariales, principalmente el de Starlink. Esto último, de vital importancia para mejorar la conectividad en el país, y donde marcó un hito fue directamente en Misiones con su prematuro arribo, el del internet satelital más rápido del mundo. 

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En el caso de Brasil fue mucho más complejo. Allí fue bandera, literalmente. Una gran protesta bolsonarista que contó con la figura de Jair Bolsonaro, hizo temblar los cimientos de Río de Janeiro. Copacabana, copada por manifestantes, tenía la intención de mostrarle el descontento al gobierno de Lula Da Silva, y en el medio apareció Elon Musk. El disparador fue el siguiente: hace semanas que fiscales brasileños vienen pidiendo que X modere los discursos bolsonaristas por acusarlos de golpistas, y la plataforma, fiel a su estilo, dijo “siga siga”. Ante esto, el aparato judicial brasileño amenazó con cerrar o pedir el cierre, en todo caso, de X (Twitter), y allí explotó la protesta de sectores opositores. La ex red social del pajarito es el sitio donde pueden divulgar sus videos y discursos, al igual que en Telegram, prácticamente sin restricción. Las banderas en Copacabana tenían la cara del magnate con la frase “Muito obrigado Elon Musk”.

Otros ejemplos se dieron en partes del mundo donde pidieron que se den de baja videos de vital sensibilidad, como el ataque a cuchillazos a un sacerdote en Australia. La decisión de la plataforma fue la de ignorar esto y mantenerlo viralizado. Aunque quizás la parte más política del “premier Musk” se vio en las dos grandes guerras que hoy en día tiene el mundo: Ucrania y Gaza. Ambos sitios cuentan con la cooperación de Starlink, brindando internet satelital para los ejércitos ucranianos e israelíes y para los periodistas que trabajan allí.

Esta es la nueva era de referentes mundiales. Aquí, los revolucionarios de fusiles parecen ser cosa del pasado y los empresarios polémicos en redes sociales son la obsesión de los nuevos “rebeldes”. Occidente tiene en claro algo, el capitalismo y la cultura del poder económico ganó por goleada, es por eso que, casi por inercia, hoy en día, un gran exponente político es un empresario multimillonario, y no, no es Donald Trump, es Elon Musk. No habría que asombrarse si algún día lo vemos en filas partidarias, buscando que la política ahora sea su objetivo.

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