Nueva era

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No será un domingo cualquiera. La Argentina tendrá hoy pleno de política. En Misiones reasume al frente del Poder Ejecutivo Hugo Passalacqua, un piloto de tormentas fogueado, que ya tuvo una primera gestión entre 2015 y 2019. Pero el telón de fondo se correrá en la Cámara de Diputados. El presidente de la Legislatura Carlos Rovira, propondrá a Oscar Herrera Ahuad como su sucesor en la presidencia del cuerpo parlamentario. Será un cambio de época que se asume con naturalidad y como la fluidez de un proyecto que se inició en 2003. Ese modelo fue ratificado en mayo con la contundencia de las urnas, cuando casi el 70 por ciento de los misioneros eligió a la propuesta de la Renovación.

Rovira dejará un sillón que ocupó desde 2007. El gesto reconoce la propia gestión de Herrera Ahuad, a quien calificó como el mejor gobernador de la Argentina de los últimos cuatro años y que deja una provincia con una economía en alza, empleo récord y orden económico. 

El momento de Misiones contrasta con el espejo de la Nación que nunca logró salir de una meseta gris que terminó en una derrota electoral que quedará grabada a fuego en la historia. 

La insípida gestión de Alberto Fernández será recordada por poco, pero sobre todo por haber alimentado el ascenso de Javier Milei, un outsider que carece de estructura incluso para rellenar los casilleros básicos de lo que será su gobierno al que asumirá arrullado por la casta que prometió exterminar. 

Misiones, en cambio, ha robustecido su modelo político al margen de las trapisondas de los partidos políticos nacionales que se pasaron los últimos años enfrascados en una grieta que bloqueó cualquier posibilidad de crecimiento y generación de acuerdos. 

La fluidez se puede apreciar en una frase que dijo el saliente gobernador cuando le preguntaron de qué se sentía orgulloso en su gestión. “La palabra orgullo no está en mi vocabulario. Quedaron muchas cosas por hacer, pero también hicimos mucho. Con la tranquilidad de que lo que falta, será completado por Hugo, con la gobernabilidad que le daremos desde la Cámara, como me la dieron a mi Rovira y el propio Hugo”, explicó. 

Esa gobernabilidad fue construida ladrillo a ladrillo bajo la conducción de Rovira, quien lejos está de desentenderse. Por el contrario, dedicará tiempo pleno a la conducción política de la Renovación Neo y a diseñar una nueva etapa que va de la mano de ella. 

Esa gobernabilidad será ofrecida al nuevo Gobierno nacional. En el Congreso, el voto del bloque misionerista fue para las autoridades postuladas por la Libertad Avanza, en contraste con la actitud que repetirá en Misiones el interbloque opositor, que propondrá su propio candidato para presidir el cuerpo. 

El misionerismo, de todos modos, marcó que hará una estricta defensa de los intereses provinciales, en momentos en que cada voto contará. El interbloque federal que integraba la Renovación en el Congreso se disolvió y se conformó otro, con Salta, Neuquén y Río Negro, con la bandera del federalismo como identidad. El nombre del nuevo espacio es Innovación Federal, el mismo que llevó la Renovación en la boleta. Podría sumarse un sector del cordobesismo identificado con Juan Schiaretti. 

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En función de esa misma gobernabilidad, no hay sorpresas en el nuevo gabinete de Passalacqua. La columna vertebral se mantiene, en una apelación tácita a la experiencia para gestionar en tiempos que se avecinan difíciles. Es más breve resumir quienes se suman antes que contar los que se quedan: Héctor Ricardo “Kico” Llera en la Jefatura de Gabinete, Federico Fachinello en Industria, Héctor González en Salud y Aldo Steinhorst en Deportes, además de Martín Recamán en Ecología. También asumirá Belén Gregori como directora de la Agencia Tributaria de Misiones, en reemplazo de Rodrigo Vivar. El resto del gabinete sigue intacto, aunque podría haber retoques en los próximos meses, entre nombres y fusiones. Marzo algunos. Mayo otros. 

Passalacqua asumirá nuevamente con un gobierno nacional de signo distinto y sabe que deberá atravesar nuevas tormentas, algunas parecidas a las que soportó durante la gestión de Mauricio Macri, ahora padrino político de Milei. Los puntos de contacto son claros: ajuste, recorte de obras públicas, inflación y recesión. Seguramente desempleo en alza. Desregulación económica. Estanflación, como proyectó, el propio anarcolibertario para, por lo menos, la primera mitad de su mandato.

Condiciones que agravará los ya alarmantes datos económicos y sociales. El 44 por ciento de la población está debajo de la línea de la pobreza, según el último informe de la Universidad Católica Argentina, pese a que hay récord de empleo registrado. 

Esa será una de las claves del futuro inmediato: ¿Cuánto más aguantará una sociedad que ya está en una extensa agonía desde hace varios años? La necesidad de un cambio era evidente. El reseteo de la política era inevitable. Pero, ¿soportará el votante de éste cambio, sus consecuencias? ¿Lo hará el resto de la sociedad que optó por la otra oferta? El piso electoral propio de Milei es de menos del 30 por ciento. ¿Tendrá firmeza el propio presidente para sostener sus promesas cuando las tormentas se generen? La soledad del poder suele ser despiadada. Mucho más si se carece del sostén de diputados y senadores y del músculo político en las provincias, donde “la casta” de Cambiemos intenta ahora arrogarse una representatividad que no tiene. 

La alianza macrista/radical terminó tercera en octubre, aunque ahora tiene los cargos más relevantes en el gabinete libertario. Se inauguró un nuevo modo “democrático”: ya no hace falta ganar las elecciones para llegar al Gobierno. Basta con apoyar al segundo para trepar a los ministerios. Luis Caputo, autor de la deuda de cien años y de la vuelta al FMI, será el ministro de Economía, la “montonera asesina” Patricia Bullrich, con larga experiencia en alianzas, volverá a ser la ministra de Seguridad y el esposo de Cristina Pérez, el radical Luis Petri, el ministro de Defensa, aunque no sepa distinguir entre “un tanque y un calefón”, como admiten hasta los entusiastas promotores de la LLA. “La casta” no deja lugar para los libertarios en el Gabinete del presidente libertario.

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Ese modus operandi caló fuerte en Cambiemos. En Misiones la oposición anunció que no votará para presidir la Cámara al candidato propuesto por el oficialismo porque “hace 20 años gobiernan los mismos”. ¿Qué será eso del respeto a la voluntad popular? 

Como si el voto de la sociedad fuera apenas un accesorio, insisten en exigir “un cambio profundo en la calidad institucional”, bajar impuestos y cambiar las reglas electorales. 

Los socios de Cambiemos seguirán divididos, aunque, paradójicamente, funcionarán como un interbloque denominado “Juntos”. La UCR tendrá su propio bloque, lo mismo que el macrismo y Pedro Puerta, quien tiene contactos más fluidos con los libertarios porteños y podría influir en el nombramiento de los cargos por ocupar en Misiones. Lo cierto es que después de la escasa cosecha de votos en las elecciones durante el año, los pases de factura bloquearon cualquier posibilidad de acuerdo para que haya una conducción unificada. Saben que se van a oponer. Pero ahora irán detrás de la agenda que imponga Milei. 

El catálogo de Milei expresa libertad absoluta, privatizaciones y achique del Estado, eliminación de subsidios, precios libres para el transporte y el combustible. Apertura de importaciones y alejar al Estado de la injerencia en las exportaciones. Aunque se presenta como lo “nuevo”, lo cierto es que es una propuesta idéntica a otros períodos de la Argentina. José Alfredo Martínez de Hoz tenía doce puntos similares: libertad de precios y eliminación de controles, libre cambio, libertad de comercio exterior, eliminación de impuestos a la exportación, libre importación, libre tasa de interés y reforma financiera, liberación de alquileres y eliminación de controles a la construcción privada, eliminación de tarifas “políticas” a los servicios públicos, eliminación de subsidios, libertad de contracción de salarios, libertad para inversiones extranjeras y para la transferencia de tecnología. Al margen de los delitos de lesa humanidad, el plan económico terminó en fracaso. En 1980 la inflación había llegado al 100%, pero en 1983 ya había superado el 200% anual. La deuda creció 364% pasando de 9.700 millones de dólares en 1976 a 45.100 millones de dólares en 1983, mientras que la pobreza y el desempleo se expandieron como nunca antes.

Menem edulcoró el mensaje pero propuso lo mismo. Macri intentó repetir el ciclo. Los resultados no fueron muy distintos. Lo que distingue a Milei es que llegó prometiendo hacer lo que se dispone a hacer. Los matices llegaron únicamente después de haber perdido la primera vuelta. Pero tiene a su favor que lo hayan votado a pesar de y aunque sus promesas indefectiblemente terminarán afectando intereses de quienes se pensaban del lado correcto de la motosierra.

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