Según el Gobierno, la pobreza se redujo al 31,7% en el primer trimestre del año
Caída de la pobreza vs. estrés económico: el 50% de los hogares aún no cubre gastos básicos. Capital Humano reporta baja histórica, pero la UCA alerta sobre deterioro persistente
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El Gobierno afirma que la pobreza bajó al 31,7% en el primer trimestre, pero persiste el estrés económico en más del 50% de los hogares. Capital Humano atribuye la mejora al equilibrio macroeconómico y a las transferencias directas, aunque mediciones alternativas alertan sobre la persistencia del deterioro social
El Ministerio de Capital Humano informó que, según estimaciones del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (CNCPS), la pobreza en Argentina cayó al 31,7% en el primer trimestre de 2025, mientras que la indigencia se redujo al 7,3%. El dato representa una baja significativa respecto al mismo período del año anterior, cuando la pobreza proyectada se ubicaba en torno al 54,8%.
Los resultados fueron construidos a partir del Informe de Distribución del Ingreso del INDEC, en base a una metodología propia desarrollada por el CNCPS, organismo dependiente de Capital Humano, que desde hace un año elabora reportes de pobreza de frecuencia trimestral.
El Gobierno atribuye la baja de la pobreza a la política económica y social
Desde la cartera que conduce Sandra Pettovello, destacan que la reducción de la pobreza interanual en 23,1 puntos porcentuales responde a dos factores clave: el freno en la inflación logrado mediante el ajuste fiscal y monetario, y el refuerzo de transferencias directas y focalizadas a sectores vulnerables.
“Las políticas económicas ayudaron a equilibrar la macroeconomía y poner freno a la inflación, mientras que las transferencias sociales se realizaron de manera directa y transparente”, señaló el comunicado oficial difundido por Capital Humano.
Según la misma fuente, la indigencia pasó del 20,2% en el primer trimestre de 2024 al 7,3% en el mismo período de 2025, una baja interanual de 12,9 puntos.
Sin embargo, las mediciones alternativas matizan el optimismo oficial. El último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA advierte que el estrés económico alcanzó al 50% de los hogares en 2024, el nivel más alto desde la pandemia. Esta variable mide la capacidad real o percibida de los hogares para cubrir gastos básicos y sostener niveles de consumo y ahorro.
“El sentido común del ‘no me alcanza’ muestra una visión más realista de la pobreza, por más que sea un factor subjetivo”, señaló Agustín Salvia, coordinador del Observatorio, al presentar el informe “Estrés económico: cambios y continuidades de la evolución histórica (2010–2024)”.
A contramano del informe de Capital Humano, el estudio de la UCA no detecta un pico de pobreza en 2023 ni una caída abrupta en 2024, sino una evolución ascendente y sostenida entre 2022 y 2024. Según las cifras del INDEC, la pobreza fue del 52,9% en el primer trimestre de 2024 y se redujo al 38,1% en el segundo trimestre, último dato oficial disponible.
¿Qué mide el estrés económico?
El concepto de estrés económico amplía la mirada tradicional de la pobreza al considerar la suficiencia de ingresos del hogar para cubrir consumos mensuales, sostener patrones de consumo y generar ahorro. Es decir, incluso hogares por encima de la línea oficial de pobreza pueden experimentar precariedad material o vulnerabilidad persistente.
Este enfoque aporta una perspectiva más dinámica y multidimensional sobre las condiciones de vida, especialmente en contextos de inflación alta y ajuste fiscal, donde el ingreso puede no reflejar el deterioro del poder adquisitivo real.
La fuerte baja en los indicadores de pobreza informados por Capital Humano se presenta como un respaldo a las políticas económicas del gobierno libertario, pero las percepciones sociales y los indicadores alternativos exigen cautela. Si bien las transferencias directas y el freno de la inflación ofrecen alivio en algunos sectores, la persistencia del estrés económico en más de la mitad de los hogares revela una fragilidad estructural que aún no fue resuelta.
El desafío será consolidar una reducción sostenible y genuina de la pobreza, que no dependa exclusivamente de transferencias focalizadas ni de mejoras puntuales en la macroeconomía, sino que se traduzca en empleo, ingresos estables y mejora en la calidad de vida.
