AGROECOLOGIA

Huertos alimentan, educan y mejoran ambiente urbano en Brasil

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Escribe Mario Osava de IPS Noticias – Son solo 392 metros cuadrados, es decir 0,04 hectáreas, de huertos en un barrio céntrico de Río de Janeiro, pero produjeron 1133 kilos de hortalizas entre abril y noviembre de este año y ya constituyen un aula para visitas y cursos sobre producción agroecológica en Brasil.

Se trata de un proyecto de la Acción de la Ciudadanía contra el Hambre, la Miseria y por la Vida, una asociación civil que hizo perenne la mayor campaña contra el hambre que hubo en Brasil, iniciada en 1993 por Herbert de Souza, el sociólogo y activista conocido como Betinho, fallecido en 1997.

Es una de las numerosas iniciativas de agricultura urbana que se multiplican en muchas ciudades del país. En el municipio de Río de Janeiro, la alcaldía tiene su propio programa de Huertos Cariocas, que ya cuenta con 56 unidades en comunidades pobres y escuelas.

Varios de los 400 miembros de la Red Favela Sostenible también se dedican a la producción agrícola urbana, a veces vinculada a la preservación y recuperación de los bosques remanentes en los cerros de Río de Janeiro, que tiene una población de 6,2 millones, que suben a 12 millones al englobar su región metropolitana. Del total de habitantes, 22 % vive en las favelas, los barrios pobres y hacinados.

Un ejemplo es el de Ana Santos, quien coordina el Centro de Integración de la Sierra de Misericordia (CEM), en la zona norte de la ciudad, donde se siembra mediante un sistema agroforestal, que combina árboles y hortalizas debajo, y se enseña agroecología.

En ese aprendizaje participan incluso los 45 niños de la Escuela Popular de Agroecología, que acoge a estudiantes de la enseñanza formal en horarios extraescolares.

Santos cuenta a IPS que también integra la Red Carioca de Agricultura Urbana, un movimiento de agricultores, consumidores, técnicos y activistas del tema, vinculado al derecho a la ciudad.

En Río de Janeiro cerca de 1500 personas se dedicaban a la agricultura urbana en 2019, estimó la local Empresa  de Asistencia Técnica y Extensión Rural. Su producción alcanzaba 30 toneladas anuales. Esas cifras probablemente aumentaron en desde la la pandemia de covid-19, que estimuló ese tipo de actividad.

El huerto urbano de bancales rectangulares, dedicado al cultivo de hortalizas que abastecen la Cocina Solidaria de la Acción de la Ciudadanía, que elabora y distribuye 100 comidas diarias en envases individuales a la población que vive en la calle, desempleados y otras personas amenazadas de hambre en Río de Janeiro. Imagen: Mario Osava / IPS

Acción contra el hambre

El proyecto de la Acción de la Ciudadanía se destaca por incluirse dentro de una organización nacional que, en sus 30 años de actividad, cumplidos en abril de 2023, distribuyó más de 55 000 toneladas de alimentos a 26,4 millones de personas. Cuenta con una red de más de 3000 comités locales para recolección y distribución de alimentos.

Brasil tiene 5570 municipios y una población de 203 millones de habitantes. Esa iniciativa comenzó durante la pandemia, pero ganó empuje organizado y planificado en este año de 2023.

En los patios de la Acción en el barrio de Gamboa se cultivan dos huertos, con fines productivos y pedagógicos.

El huerto de bancales circulares, entre los dos galpones que componen la sede de la Acción de la Ciudadanía sirve mejor a la enseñanza.

“La forma circular permite una mirada de la diversidad de vegetales en su conjunto, facilita reunir los visitantes para el diálogo”, explicó a IPS la agrónoma Joana Duboc,  coordinadora del área de Agroecología de la institución.

En otro huerto, de bancales rectangulares, está instalado en un patio lateral y sus cultivos principalmente proveen hortalizas a la Cocina Solidaria, otra iniciativa inaugurada en 2021 con equipos modernos y personal capacitado, que ofrece comidas diarias, listas y envasadas, a 100 personas que viven en las calles o en situación vulnerable en Río de Janeiro.

Una visión amplia del huerto en forma de “mandala”, en círculos, con hortalizas y plantas medicinales, en el patio central de la sede en Río de Janeiro de la Acción de la Ciudadanía contra el Hambre, la Miseria y por la Vida, que distribuyó 55 000 toneladas de alimentos en Brasil en sus 30 años de existencia. Imagen: Mario Osava / IPS

La cocina cuenta con 18 trabajadores. El huerto provee una cantidad variable de hortalizas, “a veces 40 kilos a la semana, otras 20, depende de la estacionalidad de cada producto”, dijo a IPS la nutricionista Evelin Rocha que cuida que las comidas sean “saludables, nutritivas y sabrosas”.

“Nuestro mayor desafío ya no es producir comidas, sino obtener indicadores sociales de los posibles beneficiados, quienes son, cuantos, donde vive la población vulnerable, en que condiciones, si trabajan. Necesitamos datos, herramientas para mejorar la eficacia de la acción”, acotó Licia Marca, coordinadora de la Cocina Solidaria, que ya distribuyó 640 000 comidas en 88 áreas diferentes de la ciudad.

Una parte de la producción de los huertos se destina a los colaboradores de la Acción, adicional a la de la propia cocina.

Caroline dos Santos de Paula en el Huerto Carioca que ella dirige en el Morro de São Carlos, una favela cercana al centro de Río de Janeiro. Es una de los 56 huertos que mantiene la alcaldía en comunidades pobres y escuelas de la ciudad. Imagen: Mario Osava / IPS

Cursos de agroecología

“Los huertos son pedagógicos y experimentales. Mostramos en la práctica que es posible producir una tonelada de alimentos en una pequeña área”, destacó Duboc mientras apuntaba la siembra de tomates, lechugas, coles y otras hortalizas y plantas medicinales, además de la pequeña plantación de banana y acerola (Malpighia emarginata), además de otras frutas propias de Brasil, como la jabuticaba (Plinia cauliflora).

Ella también conduce el curso de agroecología “Traspatios en acción”, de 40 horas en tres meses. Los alumnos son 70 en total, 30 presenciales, de Río de Janeiro, y 70 dispersos por todo el país, que siguen las clases virtualmente.

“La agricultura urbana puede atender mucha gente y reducir la inseguridad alimentaria. Además es nuestro reencuentro con la naturaleza. La ciudad ya fue un ambiente natural, ahora se trata de rescatarlo, incluso para crear un ambiente más agradable y mitigar la crisis climática en la ciudades”, observó la agrónoma.

Caroline dos Santos de Paula es una de las tres personas que cuidan directamente los huertos de la Acción de la Ciudadanía de lunes a viernes.

El huerto urbano del que Caroline de Paula es la «gerente integradora» también produce plantas ornamentales, que se vende en las ferias y las tiendas comerciales de los alrededores y pueden ser adquiridas por los vecinos de la favela situada en el centro de Río de Janeiro. Imagen: Mario Osava / IPS

Favelas con huertos y bosques

Pero en los fines de semana trabaja en un Huerto Carioca de la alcaldía, en el Morro de São Carlos, una favela del Estacio, céntrico barrio de la ciudad.

De Paula no sabe precisar cuanta es la extensión del terreno pendiente del cerro, con áreas llanas donde cultiva hortalizas, fruteras, plantas ornamentales y medicinales. Hay áreas aún por cultivar, ocupada por gramíneas o árboles.

Faltan recursos, como equipos y dinero para pagar trabajadores eventuales, y especialmente mano de obra. Los nueve hortelanos con que cuenta son insuficientes porque ellos ganan solo una beca de 500 reales (100 dólares) mensuales y tienen que buscar ingresos adicionales para sobrevivir, explicó de Paula.

Ella, como “agente integradora”, es decir dirigente y capacitadora, gana el doble, 200 dólares. Como se trata de una beca y no de un empleo formal, aceptó trabajar en la Acción de la Ciudadanía, donde gana mucho más y tiene los derechos laborales asegurados.

Una parte de la producción se vende a restaurantes o en un mercado hortícola. “Los vecinos de la comunidad se benefician al comprar productos orgánicas, sin agroquímicos, más baratas que en las tiendas o ferias. Un kilo de banano orgánico lo vendemos a seis reales (1,2 dólares) el kilo, mientras cuesta casi el triple en el comercio normal”, apuntó de Paula.

Ana Santos, del CEM y de la Red Favela Sostenible, también trata de difundir los principios de la agroecología y fomentar iniciativas productivas, pero asumió una misión con un sesgo más ambiental.

Busca proteger y reforestar la parte alta de la Sierra da Misericordia, donde se instaló la Tierra Prometida, una pequeña comunidad rural-urbana de la zona norte de Río de Janeiro, donde viven unas 180 familias.

Son cerca de seis hectáreas en que su movimiento va plantando árboles, nativos del Bosque Atlántico de Brasil y exóticos, en general frutales, a la vez que se cultivan hortalizas a su sombra.

La producción de semillas y abono por compostaje es otra actividad, para distribución entre los agricultores urbanos.

“Con apoyo del gobierno y una política de soberanía alimentaria, para producción en circuitos cortos, local, que ahorra transporte, se podría producir muchos alimentos en la ciudad. Y en Río de Janeiro se puede tener “un bosque en cada favela”, sostuvo Santos.

Mario Osava  corresponsal de IPS desde 1978 y encargado de la corresponsalía en Brasil desde 1980
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“Más allá del impacto ambiental, también es importante la sustentabilidad económica y pensar en el contexto social”

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AAS – Domaine Bousquet 25 años de agricultura orgánica certificada

Aunque su familia ya se dedicaba a la vitivinicultura, el camino profesional de Anne Bousquet empezó en una rama distinta: la de la economía. En 2005, sin embargo, comenzó a ponerse en marcha un mecanismo que, casi sin que se diera cuenta, la terminaría sumergiendo en la pasión familiar: su padre ya había fundado Domaine Bousquet en Argentina y necesitaba ayuda. 

“Con mi marido, Labid Al Ameri, nos estábamos mudando de Boston a Bruselas. Me acababan de ascender en la compañía en la que trabajaba a cargo del análisis y proyecciones para la industria europea de envases de papel y Labid trabajaba en finanzas con la posibilidad de traslado”, recuerda Anne. “En ese momento, mi padre estaba a punto de tener la primera cosecha comercial de Domaine Bousquet y convocó primero a Labid para que lo ayude a venderla. Era un desafió, nunca había vendido una botella, pero como nos sentíamos parte del proyecto como familia, decidimos invertir parte de nuestros ahorros personales en el primer container de Domaine Bousquet y almacenarlo en una bodega en Amberes, Bélgica”. 

La movida tuvo tanto éxito que Labid se entusiasmó y terminó incorporándose a Domaine Bousquet como Director Comercial. Y tres años después, Anne decidió seguir sus pasos: con Eva, su hija, cumpliendo su primer año, se mudó a Tupungato, Mendoza. 

“Fue un shock, yo no hablaba español. Y una nueva vida que se convirtió en nuestra pasión. Dos años más tarde mi padre se retiró, conservó 40 hectáreas y nos vendió la superficie restante junto con la bodega. Con Labid y mi hermano Guillaume, que vive en Burdeos y es encargado de parte de las ventas europeas de Domaine Bousquet, somos socios.  

-¿Cómo fue trabajar en Gualtallary en aquel entonces, cuando aún no era el terroir super codiciado que es hoy?

-Cuando la bodega comenzó fue difícil. Gualtallary era un territorio virgen: extensiones semi-desiertas, sin plantaciones, sin agua, sin electricidad y al que solo se podía acceder por medio de un único camino de tierra. 

Los lugareños descartaban el área por considerarla demasiado fría para el cultivo de uvas. Mi padre, en cambio, sintió que había encontrado la perfecta combinación entre su patria francesa (con baja acidez y clima cálido) y el Nuevo Mundo (soleado, con elevada acidez natural y un gran potencial para vinos relativamente frutales). 

Tupungato era apenas un pueblo. La industria del vino ha transformado la economía de Tupungato y nosotros estuvimos allí primero: es uno de los logros que más me enorgullecen. Decidimos acompañar el crecimiento y desenvolvimiento de esa comunidad que es nuestra comunidad. Actualmente el 80% de nuestros empleados son tupungatinos.

Mi padre, con toda su experiencia en los viñedos de mi familia en Francia, supo entender y aprovechar la singular importancia del agua. El agua no llega fácilmente a Gualtallary, así que lo primero que hicimos en 1998 fue cavar un pozo de 150 metros. Una decisión fundamental ya que nos permite administrar el riego según la necesidad. La experiencia de tradición vitivinícola francesa, donde el clima es tan diferente al de Mendoza, fue una gran herramienta a la hora de tomar decisiones. 

En el 2023, Domaine Bousquet cumplió un cuarto de siglo de agricultura orgánica certificada. El punto de partida estuvo íntimamente relacionado con las condiciones climáticas y de suelo de Gualtallary, ideales para el cultivo orgánico de vides ya que contribuyen a la sanidad de las uvas. 

“Creo que ni siquiera se tomó la decisión de ser orgánicos, fue algo que entendimos y fue natural, que no se dudó”, explica Anne. “Nunca hemos utilizados productos de síntesis química en nuestros suelos. No lo concebimos como una estrategia comercial, porque en ese momento no había demanda de orgánicos”. 

Actualmente, el compromiso de Domaine Bousquet como empresa va más allá de la agricultura orgánica: es también una bodega regenerativa, biodinámica, sustentable y sostenible. “Lo enumero así porque es una progresión y siempre hay una nueva instancia superadora”, señala Anne. “Más allá́ del impacto ambiental, también es importante la sustentabilidad económica y pensar en el contexto social que rodea a cada organización. Siempre podemos ser más sustentables. No sólo en términos de medioambiente, también en términos socioeconómicos. Y confirmando lo que somos, recibimos la certificación B Corp que significó un gran orgullo y reconocimiento a nuestros 25 años de compromiso a una economía sostenible para las personas y el medioambiente”. 

-¿Qué importancia tienen las certificaciones al momento de elaborar y comercializar vinos orgánicos y sustentables?

-Las certificaciones son muy importantes. Son garantías de procesos, que se cumplen siguiendo normativas de calidad, y el consumidor tiene que saber que, si está certificado, se está haciendo. 

Muchas veces escuchamos, por ejemplo en ferias, que hay bodegas que dicen que son orgánicas porque el clima en Argentina permite trabajar de esta manera, pero eso no habla del trabajo a conciencia. Algo que repito siempre es que estar certificados es la diferencia entre “estar saliendo” y “estar casados”.

-¿De qué manera la vitivinicultura orgánica se refleja en el perfil final de los vinos?

La viticultura orgánica da como resultado vinos de mayor concentración, con mayor expresión de la fruta y del terruño del cual provienen.

En este momento estamos trabajando con prácticas regenerativas, un paso más de la viticultura orgánica. La viticultura regenerativa intenta recuperar e incrementar la salud de los suelos y el resultado es la obtención de más plantas sanas, y por lo tanto, uvas más sanas que producen buena levadura y, en consecuencia, una buena fermentación. Así evitamos la necesidad de realizar correcciones durante la elaboración del vino. Lógicamente, la expresión del vino es sorprendente.

-¿Cuáles son las respuestas que la viticultura orgánica tiene frente al cambio climático?

-La industria del vino  en general no puede quedar ajena a tomar medidas para cuidar el futuro. Cuando uno está trabajando cerca de la tierra, ve desde el origen los problemas que está causando el cambio climático, y cómo repercuten en nuestra materia prima. Y, en consecuencia, en nuestra producción no hay manera de no tomar conciencia de que algo hay que hacer. 

Nuestra respuesta como bodega comprometida es, como dije antes, buscar siempre aplicar para ser más sustentables y sostenibles. Trabajar en la concientización de que cada uno, desde su lugar, puede aportar y poner su granito de arena.

Desde 2021 somos uno de los miembros fundadores de Sustainable Wine Roundtable (SWR), una coalición global formada por diferentes actores de la industria vitivinícola -bodegas, productores, distribuidores, minoristas, industrias auxiliares y comunicación y más- unidos para que el sector sea un líder en sustentabilidad a nivel mundial, y así fortalecer la acción a medida que aumentan los desafíos y consecuencias en torno al cambio climático.

Fuente Asociación Argentina de Sommeliers (AAS)

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Cocinando a ciegas, ¿Las plantas ven?

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Imagine encontrarse caminando en una vereda, sin tener otro propósito que llegar a su casa y descansar, son las doce y media del mediodía. En un momento dado, todos sus sentidos se estremecen y su cerebro comienza a segregar inmensas cantidades de ghrelina, la hormona del hambre.

Doscientas milésimas de segundo más tarde, se desata una sinapsis entre neuronas y se crea una imagen mental, hay olor a frituras, posiblemente carne. Dicha sinapsis concluye en una respuesta mecánica, volteas a ver y te diriges hacia lo que parece ser una parrilla de la que sale humo, posteriormente compras una hamburguesa y sacias tu necesidad, liberando hormonas de recompensa y satisfacción como la dopamina y la leptina.

Algo similar ocurre en el reino vegetal, después de todo, también necesitan suplir necesidades básicas como la alimentación. Bien sabemos que las plantas, no pueden desenterrarse e ir a cocinarse un estofado, por lo que nos vemos obligados a profundizar la incógnita en busca de la explicación pertinente. Para ello debemos descubrir “Como” y “Que” comen las plantas, si bien no podrían ir a revisar la alacena en busca de ingredientes, podríamos decir que son excelentes cocineras por naturaleza. La fotosíntesis es la fritura, el sol es el fuego y las hojas la parrilla, esto implica que, de una u otra manera, necesitan ir en búsqueda de éstos “Insumos” para sobrevivir.

Pero… ¿Cómo pueden buscar dichos elementos, si no pueden moverse de su sitio? Vera, ya que la movilidad es una herramienta de la que obviamente carecen, se ven obligadas a desarrollar mecanismos que le permitan comprender con inmensa precisión su entorno. La luz solar no es omnipresente, por ende, deben de ir en busca de ella o de lo contrario perecer indefectiblemente. Cada célula que conforma a una planta contiene proteínas dotadas de “Cromóforos” conocidas como fitocromos y criptocromos. Estas proteínas se encargan de reaccionar a una a gran parte del espectro electromagnético, en otras palabras, las plantas no solo pueden ver más colores que el ojo humano, sino que lo hacen con cada célula que conforme la misma.

Por este motivo, son capaces de esquivar obstáculos en busca de la luz, pero su visión está especializada en “detectar” otras plantas aledañas. Para ello, los fitocromos, pueden ver lo que nosotros llamamos “Rojo lejano”, un color parecido al rojo que es invisible al ojo humano. Este color se puede encontrar, paradójicamente, en la clorofila. Por ello, si pudiésemos ver las plantas como verdaderamente son, serían más bien rojizas, opacando el típico verde que todos conocemos. Básicamente, los “ojos” de las plantas, están diseñados para ver la vegetación que la rodea y discernir a que distancia se encuentra de la misma.

A modo de ejemplo; Si la hoja de una planta de plátano se encuentra justo encima del brote de un árbol de naranjas, de manera que la luz del sol solamente esté disponible a una hipotética izquierda, los fitocromos de la izquierda liberarán hormonas que eviten la multiplicación celular y por ende el crecimiento de la corteza. Por otro lado, los fitocromos que no reciban luz debido a estar ubicados en la derecha de la corteza propiciarán la liberación de hormonas del crecimiento. Debido a esta danza de estímulos lumínicos, el brote se inclinará hacia la izquierda, creciendo hacia la luz y permitiendo perpetuar los procesos fotosintéticos y por ende garantizar la supervivencia de la planta.

En las extensiones de monocultivo, la distancia entre plantas es determinada en función de la disponibilidad de superficie cultivable, por lo que jamás se tuvo en cuenta que el desarrollo de los cultivos se ve enormemente afectado por la misma disposición entre plantas de una misma hilera. De manera que la planta ocupa enormes cantidades de energía en desarrollar largos y competitivos tallos que persigan la luz solar, dejando así menos energía para producir los tan anhelados granos que el productor necesita. Obviamente la ciencia no tardaría en encontrar una solución para este “problema técnico”, la cual consistiría en crear semillas modificadas genéticamente para desarrollar una menor cantidad de fitocromos y así evitar el crecimiento “Excesivo” de los cultivos, produciendo mayores cantidades de grano.

Puede sonar increíble, pero si, eso hicimos. Apenas descubrimos que las plantas ven, incluso con mayor sensibilidad, eficiencia y cantidad que los humanos, las volvimos ciegas para satisfacer ambiciosos parámetros de eficiencia productiva. Tan solo imagínese usted, teniendo que buscar de que alimentarse, habiendo nacido sin ojos, en un mar de gente también carente de ellos, en un ambiente hostil y explotado por generaciones y generaciones. No hace falta que le diga que sucedería, porque creo que la única manera de despertar a nuestra codicia material es dándonos cuenta nosotros mismos de nuestras erradas decisiones.

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La agricultura que se viene no sólo es una agricultura sin campesinos, es transhumanista

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La agricultura que se viene, no sólo es una agricultura sin campesinos, es transhumanista. Cuando un ingeniero en informática quiere llevar una solución real al pequeño productor, está ignorando muchos factores, como si realmente el campesino necesita modernas herramientas que le ayuden a eficientisar su producción.

En la práctica, no sólo no se necesitan mejores herramientas para llevar a cabo la producción en el campo, sino que el campesino seguirá siendo inmensamente feliz sin importar esos factores.

Apuntalar la producción agroecologica en el campo, no es una tarea sencilla, pero no podemos seguir creyendo que lo que hace falta es cambiar la forma tradicional de producción de los chacreros autóctonos. La tecnología en general no tiene por qué ser una nueva forma de enfrentar el mundo y sus necesidades, tiene que estar a disposición de las necesidades vigentes al día de hoy, que no es poco.

Cuando se llega al productor de hortalizas, con un moderno sistema de producción en hidroponía, no sólo estamos forzando a reorganizar totalmente la manera en que produce, sino que le damos una solución a un problema que, en la mayoría de los casos, ni siquiera tenía.

Si bien en la chacra donde se producen alimentos, la rentabilidad se ve en disminución a tal punto de provocar un éxodo rural constante, la solución no tiene que ver con evaluar la manera más eficiente de producir. Sino en comunicar a quien ahí reside, que técnicas o tecnologías se dispone para ayudar al mismo a apuntalar su metodología, para que sea éste quien gestione las herramientas disponibles.

Lo más valioso que tiene el dueño de la tierra, es su cosmogonía ancestral, donde fueron sus padres y los padres de sus padres quienes le enseñaron a trabajar su lugar. Forzar esto es transhumanismo, el campesino que no se adapte a estas nuevas metodologías de producción, se verá forzado a abandonar su tierra. Llenando las ciudades de tristes obreros que buscan subsistir en la ciudad por ser un lugar donde el trabajo es “seguro” y se ve reflejado en resultados materiales.

Lo realmente triste e injusto, es que este inadaptado chacrero con tierra bajo las uñas es quien pone la comida en la mesa del ciudadano que cómodo lo señala de retrógrado. Es éste el único vínculo que nos queda con la tierra al día de hoy, donde la ciudad tiene hambre, y el campesino le pasa este mensaje directo a su tierra año tras año.

Suele decirse que nunca sabemos lo que tenemos, hasta que ya no está, así es con la producción de alimentos orgánicos para su consumo. Si bien la agricultura convencional puede crear una flamante lechuga incluso con mejor aspecto que la que es producida de manera orgánica, el verdadero aporte nutricional se está viendo cada vez más afectado e irá disminuyendo.

¿Sabía que por la manera en la que venimos produciendo hace décadas, para adquirir los nutrientes que tenía una manzana de los años 50, hoy necesitamos comer 25? Imagino que no, porque estos datos no suelen ser relevantes para nuestra trastornada sociedad de consumo.

Ayudar a nuestros campesinos es esencial, pero no podemos seguir creando soluciones a problemas que no existen, a menos que el objetivo sea simplemente demostrar que se les está ayudando cueste lo que cueste. Sin cultura ancestral no hay reconciliación con la Hermana Tierra y sin campesinos no habrá humanidad que perdure en el modelo actual.

Ser resilientes implica un cambio en la manera de relacionarnos con el mundo y nuestro entorno, estemos donde estemos, buscando apuntalar la salud como un pilar fundamental para la supervivencia de la especie. Esto implica, de mínima, respetar a quien produce las manzanas como le enseñaron los abuelos de sus abuelos. Porque en sus manos está el destino de nuestra frágil especie.

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Se realizó en la Legislatura el encuentro “Agroecología es soberanía, democracia y paz social”

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Fue en el Salón de las Dos Constituciones, donde expusieron la ministra de Agricultura Familiar, Marta Ferreira; el director nacional de Agroecología, Eduardo Cerdá; y el director de la base experimental agroecológica El Ceibalito, Juan Furlán. La bienvenida estuvo a cargo de la diputada provincial Laura Duarte.

Durante la apertura, la legisladora destacó la importancia del trabajo realizado por la Secretaría de Agricultura Familiar, resaltó el rol del presidente de la Cámara, Carlos Rovira, y del presidente del Bloque Renovador, Martín Cesino, al igual que la implementación de la normativa que efectúa la Secretaría de Agricultura Familiar.

También resaltó que “en Misiones hay muchísimos emprendimientos que vienen trabajando fuerte con la agroecología y la certificación”, así como también la participación de escuelas, como el caso del Instituto de Enseñanza Agropecuaria 7 de Garupá.

Habló de nuevas iniciativas legislativas “para fortalecer con la norma toda la actividad que se pueda realizar”, como el programa de “agricultura inteligente bajo cubierta aprobado hace poco”.

“Cuando las leyes se convierten en normas vigentes que circulan desde los programas e iniciativas, significa fortalecimiento para el sector, e inteligencia porque los recursos hay que cuidarlos cada vez más, ya que debemos mucho a la naturaleza”, expresó.

Por su parte, Ferreira afirmó: “los cambios son lentos, sobre todo cuando se trata de paradigmas, aunque quisiéramos que el proceso sea mucho más rápido”.

Puso énfasis en la importancia de “encontrarse para reflexionar y dialogar” y consideró que “contar con una Dirección Nacional de Agroecología es importantísimo”.

Llamó a dar “un paso más cada día, no es algo que se realice de hoy para mañana, somos una sociedad que tenemos que trabajar en conjunto, ya que vivimos con distintos modelos, pero juntos tenemos que comprometernos para ir cambiando”.

“Nos importa la vida, la salud, la porción del planeta que nos toca a cada uno”, expresó, y convocó a “comprometerse con este camino que es uno solo que es la agroecología, es la salud, es la vida, es la alimentación”.

“Cuando hablamos de soberanía alimentaria y agroecológica estamos hablando de lo mismo, y ese es el compromiso de nuestra provincia: queremos alimentarnos de lo que producimos, y para lograr eso necesitamos que todos estemos comprometidos y ojalá que lo que comamos pueda ser cosechado en el patio de casa”, expresó.

“Esa es la bandera que queremos poner en alto en la Casa de las Leyes, donde se construye política”, reseñó, y expresó su “orgullo por la visión que tiene el presidente de la Cámara, Carlos Rovira”.

Con ella coincidió Cerdá, quien manifestó que “no se puede hacer un cambio de un día para el otro” y que hablar de agroecología implica entender que “el suelo es un organismo vivo que hay que alimentar y proteger”.

También se refirió a “las bacterias y hongos que habitan el suelo”, por los cuales “el suelo tiene vida”, y a las diferentes sustancias que se utilizan para controlar las malezas.

Consideró que se necesita “un campo con gente” y resaltó que “Misiones tiene una cantidad importante de agricultores” y que “quizás sea una de las provincias que menor cantidad perdió”.

“Queremos más productores en el campo, porque el suelo hay que cuidarlo”, destacó. “Necesitamos tener otras miradas, en otros lugares lo estamos haciendo y ahora estamos iniciando este proceso en Misiones”, concluyó.

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