ASERRADEROS

Tormenta perfecta en la madera: exportaciones récord, nula demanda interna y rentabilidad mínima

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El contraste es tan llamativo como incómodo. Mientras el Gobierno nacional exhibe cifras récord de exportación forestal y celebra la apertura de mercados, buena parte de la industria maderera de Misiones atraviesa una de las crisis de rentabilidad más profundas de los últimos años. Las exportaciones crecen, pero las empresas aseguran que venden al costo. Los mercados externos se expanden, pero el mercado interno prácticamente desapareció. Y el dólar estable, que para la macroeconomía funciona como ancla antiinflacionaria, se convirtió para los industriales en un factor de pérdida de competitividad frente a Brasil, Paraguay y Uruguay.

En Misiones los industriales advierten sobre una crisis profunda marcada por la caída del mercado interno, el dólar atrasado, el aumento de los costos energéticos y una rentabilidad cada vez más estrecha.

Mientras el Gobierno nacional celebra el desempeño exportador de la forestoindustria argentina, en los aserraderos de Misiones el clima está lejos del optimismo. Los números oficiales muestran crecimiento. Los empresarios hablan de supervivencia.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca destacó que las exportaciones forestoindustriales crecieron 18% durante 2025 respecto del año anterior. La cadena logró presencia en 70 mercados para productos de madera, 75 para papel y cartón y 44 para taninos.

Los datos del primer trimestre de 2026 también muestran dinamismo. India incrementó sus compras un 350%; Estados Unidos un 56%; Vietnam un 33%; China un 9% y Chile un 2%. A su vez, las exportaciones de madera aserrada crecieron 30% en volumen, las colofonias 17% y las maderas perfiladas 15%.

Sin embargo, detrás de esas cifras aparece una realidad muy distinta en el corazón forestal argentino.

Estamos exportando porque ha desaparecido prácticamente el mercado interno y estamos exportando al costo para mantener nuestras empresas“, resume Guillermo Fachinello, presidente de la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Norte de Corrientes y también de la Confederación Económica de Misiones. La frase sintetiza la paradoja que atraviesa al sector: se exporta más, pero se gana menos.

Exportar para sobrevivir

La expansión de las ventas externas no necesariamente implica mejores resultados económicos. Jerónimo Lagier, referente empresarial del sector, asegura que los números de crecimiento esconden una realidad incómoda.

“No son aumentos con una rentabilidad aceptable. Se exporta porque es el mercado que hoy está demandando. Las operaciones se tienen que cerrar para poder seguir girando la rueda”, explica el ex funcionario de Cambiemos.

La situación se repite en buena parte de los aserraderos medianos y pequeños.

Guillermo Sato sostiene que muchas empresas comenzaron a buscar mercados externos simplemente porque dejaron de encontrar demanda local.

“La exportación ha subido porque empresas que antes no exportaban hoy se están lanzando al mercado internacional. Pero el dólar actual no representa un negocio; representa algo que te salva por el momento mientras buscás cómo sostener la estructura”, afirma.

La ecuación es sencilla. Los precios internacionales se mantienen relativamente estables, mientras los costos locales aumentan en dólares.

Combustible, energía, salarios, logística y cargas sociales avanzan más rápido que el tipo de cambio. “La energía aumentó 26 por ciento el Kw y 10,77 por ciento la potencia contratada”, detalla Sato. 

Lo que subió el combustible en dólares y lo que subió la energía en dólares nos saca competitividad frente a Brasil, Paraguay y ahora Uruguay”, advierte Fachinello.

Un boom exportador concentrado

Los industriales también relativizan el alcance real del crecimiento exportador.

Fachinello sostiene que menos del 27% de las empresas misioneras exportan regularmente y que una parte importante de los embarques está concentrada en grandes jugadores.

“No llegamos al 27% de las empresas que exportan y las exportaciones están concentradas principalmente en dos grandes empresas”, señala.

Esto significa que buena parte de los aserraderos sigue dependiendo del mercado interno, precisamente el segmento que hoy muestra mayor debilidad.

Si existe un consenso absoluto entre los empresarios consultados es que el principal problema ya no está en las exportaciones, sino en la falta de demanda doméstica.

La construcción privada sigue sin recuperar niveles históricos y la paralización de la obra pública nacional eliminó uno de los motores tradicionales del consumo de madera.

Tenemos toda la capacidad para producir, pero no hay demanda“, resume Abel Gauto Fechtner. Guillermo Sato coincide.

“Hubo pequeñas reacciones del mercado interno en marzo y abril. Pensamos que podía ser una normalidad, pero solo fueron pequeños destellos”, explica.

El fenómeno alcanza incluso a productos industrializados con mayor valor agregado.

Marcela Berezozki, de Placas y Maderas, asegura que la caída del consumo es visible en toda la cadena.

La industria maderera en Misiones está atravesando uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Hay muchos productos que están reemplazando a la madera y eso complica aún más las ventas”, señala.

La empresaria cita como ejemplo el avance de materiales sintéticos sobre segmentos históricamente dominados por la madera.

“El machimbre de pino fue reemplazado en muchos casos por machimbres de PVC”, explica.

Qué reclama la industria maderera

Los pedidos ya no apuntan al crecimiento, sino a la supervivencia.

Presión fiscal Reducción de impuestos y flexibilización de embargos.
Energía Medidas para abaratar el costo eléctrico industrial.
Construcción Incentivos a la obra privada y al crédito hipotecario.
Logística Mejoras vinculadas al puerto de Eldorado.
Transporte Reformas en la ley de cabotaje para reducir costos.
Biomasa Incentivos para generar energía a partir de residuos forestales.
Exportación Agilización de reintegros y recuperos impositivos.

A la falta de demanda se suma una nueva preocupación: el costo energético. Durante las últimas semanas, las industrias enfrentaron aumentos de entre 18% y 26% en sus facturas eléctricas, además de modificaciones en los esquemas de potencia contratada.

Nos han cambiado las categorías y hemos tenido casi un 19% de aumento en los grandes consumidores“, afirma Fachinello en respuesta a la decisión del Gobierno nacional de liberar tarifas y quitar definitivamente todos los subsidios. 

Lagier agrega que el problema no es coyuntural. “Estamos enfrentando una situación estructural. En otros lugares se cobra potencia consumida y acá se cobra potencia contratada. Eso encarece significativamente los costos industriales”.

El dirigente considera que resulta indispensable avanzar en incentivos para la generación mediante biomasa y energía solar.

Las consecuencias ya comienzan a sentirse. Fachinello recuerda que recientemente cerró una de las mayores fábricas de pallets de la provincia.

“La empresa dejó más de 150 trabajadores sin empleo directo y afectó a toda la cadena logística asociada”, señala.

Otras compañías redujeron turnos, suspendieron líneas de producción o disminuyeron horas de trabajo.

Muchas empresas están operando al 50% o 55% de su capacidad industrial“, advierte Sato.

Aunque el empleo todavía se sostiene en buena parte de la cadena, los empresarios reconocen que cada vez cuesta más mantener las estructuras.

“Sostener es difícil. Hoy estamos luchando por sobrevivir”, resume Berezozki.

Enrique Bongers, presidente de la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap), coincide con el diagnóstico general del sector, pero advierte que la situación actual combina varios factores que están erosionando la competitividad de la industria de manera simultánea.

“El primer semestre arrancó muy complicado y acentuó el difícil momento que ya veníamos atravesando desde fines del año pasado”, señala. “Los aumentos de logística por el combustible, los incrementos en energía y potencia contratada profundizaron aún más la crisis”.

Según Bongers, durante los primeros meses del año la demanda interna se ubicó en niveles extremadamente bajos y recién en las últimas semanas comenzaron a observarse algunos movimientos puntuales.

“Los corralones empezaron a hacer algunos pedidos porque se estaban quedando sin determinadas medidas de madera y necesitaban reponer stock. Pero eso no significa una recuperación. Se está comercializando a márgenes cero, simplemente para sostener la actividad”, explica.

El dirigente remarca que la industria sigue operando con elevados niveles de capacidad ociosa y que la mejora observada en algunos indicadores de exportación no necesariamente se traduce en una mejora económica para los aserraderos.

“Los aserraderos que exportan están trabajando con precios de medios a bajos porque el mercado internacional está teniendo precios medios a bajos. Muchas veces se trabaja a contribución marginal”, sostiene.

A su entender, el problema es especialmente grave para los establecimientos pequeños que no cuentan con bosques propios ni integración vertical.

“Hay que diferenciar al aserradero chico del aserradero mediano que tiene forestación propia. El que tiene plantaciones puede darle un valor marginal a su materia prima y sostener algunas exportaciones. Pero hay aserraderos chicos que directamente no pueden salir a exportar porque no les cierran los números. Si sumás el costo de la madera, la logística y la energía para poner un contenedor FOB Buenos Aires, terminás perdiendo dinero”.

Para Bongers, la competitividad exportadora también está condicionada por el tipo de cambio.

“Nosotros creemos que el dólar está atrasado para la industria. Un dólar de 1.550 o 1.600 pesos nos daría mayor competitividad“, afirma.

Aunque aclara que la discusión no es lineal.

“También es cierto que muchos de los insumos que usamos para exportar están dolarizados. Consumimos polietileno, flejes y otros productos vinculados al dólar. Si el dólar sube, también aumentan esos costos. Pero claramente hoy estamos atrasados para competir”.

Otro de los factores que más preocupa a la entidad es el impacto de la energía sobre la estructura de costos.

Tuvimos un aumento del 18% en energía sin aviso previo. Nosotros vendemos a precios pactados y después nos encontramos con costos que no tenemos forma de trasladar. Así se hace muy difícil planificar”.

Por eso considera que debe existir un tratamiento diferencial para la industria.

Debería haber una tarifa energética diferencial para el sector productivo. Hoy estamos compitiendo con países que tienen costos mucho más bajos que los nuestros”.

A pesar del contexto, Bongers asegura que la prioridad sigue siendo sostener el empleo. “Lo que más priorizamos es la mano de obra. Es nuestro capital más importante. Son años de capacitación y experiencia. Por eso la mayoría de los socios de la cámara están haciendo un enorme esfuerzo para sostener a sus trabajadores”.

Sin embargo, reconoce que el panorama sigue siendo incierto.

“El contexto continúa siendo difícil. Sentimos que todavía no se tocó fondo. La demanda sigue siendo el principal problema y los costos continúan demasiado altos para el sector”.

Desde Amayadap impulsan una agenda concreta de medidas para recuperar competitividad. Entre ellas aparecen el fortalecimiento del Puerto de Eldorado, la reforma de la legislación de marina mercante para potenciar el transporte fluvial, la reducción de la carga impositiva, mejoras en el esquema energético y programas de promoción para viviendas de madera.

“Estamos convencidos de que el transporte por la hidrovía puede bajar significativamente los costos logísticos. Paraguay lo utiliza intensamente y obtiene ventajas competitivas. Nosotros también deberíamos aprovechar esa herramienta”, sostiene.

La entidad también promueve mecanismos para reactivar la demanda interna.

“Presentamos propuestas para fortalecer la construcción de viviendas de madera y viviendas mixtas financiadas con créditos hipotecarios. Si logramos reactivar ese mercado, los aserraderos más chicos podrán enfocarse en abastecer la demanda local mientras los grandes continúan exportando”.

Para Bongers, el futuro inmediato de la actividad dependerá menos de los mercados internacionales y más de la capacidad de corregir problemas estructurales.

“Hoy los tres grandes temas que están afectando a la industria son la logística, la energía y la carga impositiva. Si no trabajamos sobre esos costos, cada vez será más difícil competir”.

Otro dato que genera preocupación surge del censo forestoindustrial que realiza la Secretaría de Agricultura.

Según Lagier, los primeros resultados muestran una fuerte divergencia regional.

“Misiones y Entre Ríos aparecen prácticamente estancadas en cantidad de industrias, mientras Corrientes pasó de unas 150 a cerca de 300 plantas”, señala.

Para los industriales, el dato refleja diferencias vinculadas a costos energéticos, incentivos fiscales y condiciones de inversión.

El diagnóstico empresarial ya no gira alrededor del crecimiento. La prioridad pasó a ser sostener las empresas abiertas.

Las demandas incluyen reducción de la presión fiscal, alivio en materia energética, incentivos para la construcción, créditos hipotecarios accesibles, mejoras logísticas vinculadas al puerto de Eldorado, reformas al sistema de cabotaje y una mayor velocidad en los reintegros de exportación.

Pero detrás de esos reclamos aparece una preocupación más profunda.

Fachinello lanza una advertencia que resume el estado de ánimo de gran parte del empresariado. “Nos extraña mucho la pasividad que estamos teniendo en esta agresión y destrucción de la industria nacional“.

Y agrega: “Estamos adormecidos. Tenemos que darnos cuenta de la destrucción de la industria nacional y del parate que tenemos. Si no tomamos medidas ahora, los problemas serán mucho más graves.”

La forestoindustria argentina vive así una situación inédita. Exporta más que nunca, conquista nuevos mercados y amplía su presencia internacional. Pero puertas adentro, buena parte de las empresas trabaja con márgenes mínimos, capacidad ociosa creciente y un mercado interno que sigue sin reaccionar.

La paradoja es evidente: el sector vende más madera al mundo, pero cada vez encuentra menos rentabilidad para producirla.

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La obsolescencia tecnológica ahoga sin pausa a los aserraderos del NEA

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Por Aldo Grasso, Asora. Para comprender la crisis de sustentabilidad que atraviesa el subsector maderero PYME en la actualidad, es imperativo analizar la evolución de su matriz tecnológica desde la década de los 80. En aquel entonces, la aparición de los primeros raleos de pino de bajo diámetro obligó a una industria acostumbrada a la madera nativa ‒con sus pesados carros y grandes sierras sin fin‒ a buscar soluciones en la tecnología brasileña de marcas como Schiffer, Langer o Danbros.

Si bien ese parque industrial fue apropiado para su momento, hay un punto de inflexión crítico a mediados de los 90: mientras el mundo avanzaba hacia el aserrado de alta producción, la industria argentina optó por priorizar la inversión en remanufactura (Finger Joint, molduras y blanks) atraída por los mercados de exportación. Esta decisión, aunque generó valor agregado, dejó una cuenta pendiente en la primera transformación que hoy, treinta años después, se traduce en una brecha de eficiencia difícil de sostener ante la competencia regional.

Del aserrío convencional al Chipper Canter: la revolución que no llegó a las PYMES locales

El hito que marcó la diferencia a nivel global ocurrió en la feria Ligna de Hannover en 1993, cuando se presentaron los primeros aserraderos compactos perfiladores. Esta tecnología, basada en el Chipper Canter o perfilador, permite transformar un rollizo cilíndrico en un canto prismático de forma automatizada y continua, optimizando el rendimiento volumétrico mediante escaneo 3D (láser y rayos X) y software de optimización en tiempo real.

A diferencia de nuestras plantas, que mayoritariamente conservan sierras sin fin con clasificación mecánica y visual, los sistemas de flujo continuo integran el descortezado, el perfilado y las sierras múltiples en una sola línea de alta velocidad. Marcas líderes como Westardite o Linck nunca llegaron a establecerse con fuerza en el país, lo que impidió que el núcleo mayoritario de las PYMES se subiera al “tren de la modernidad”, perdiendo la oportunidad de alcanzar los estándares de homogeneidad dimensional y confiabilidad mecánica que exige el mercado actual.

Los devastadores números de la brecha entre Argentina y sus vecinos

Cuando se realiza un análisis comparativo o benchmark sobre la adopción de tecnologías como la optimización en tiempo real y la automatización integral, los resultados para Argentina son preocupantes frente a sus vecinos directos. Mientras que Chile presenta un nivel de adopción “muy alto” y Brasil y Uruguay se sitúan en un nivel “medio”, Argentina permanece en un nivel “bajo” en casi todos los indicadores de modernización.

Esta disparidad tecnológica tiene un impacto directo y brutal en los indicadores de eficiencia: mientras un aserradero local aún ronda rendimientos del 37% al 38%, las plantas tecnificadas de la región alcanzan entre el 55% y el 65%. Del mismo modo, la productividad por hora-hombre en los países vecinos triplica los valores locales, sumado a una mayor disponibilidad operativa que permite trabajar en múltiples turnos con menores paradas técnicas. No se trata solo de un problema de máquinas; es una pérdida sistémica de competitividad frente a países que procesan el mismo recurso forestal con estándares de calidad y costos significativamente superiores.

El nudo gordiano: obsolescencia estructural y el camino a la sustentabilidad

El problema central que enfrentan los aserraderos del NEA es una obsolescencia de carácter estructural que pone en jaque la sustentabilidad misma de la empresa maderera argentina. El sector compite hoy en un mercado global donde la eficiencia no es opcional. La propuesta es tan clara como desafiante: para avanzar, se requiere reconocer que el modelo basado en sierras sin fin y bajo nivel de automatización ha llegado a su límite operativo. Para el corto y mediano plazo, el futuro depende de cerrar esta brecha de rendimiento y productividad mediante la incorporación de robótica y sistemas de escaneo, permitiendo que las PYMES alcancen los niveles de eficiencia de sus competidores internacionales.

En un contexto de país con la economía parada, sin créditos para la actividad productiva y sin política industrial, el riesgo se transforma en agonía. Más aún cuando en el horizonte de la forestoindustria se recorta otro problema: su ineficiente integración vertical.

Ante tamaño panorama, ¿hay salida? La clave para desatar este nudo asfixiante está, en gran parte, en la resiliencia de la industria nacional. Es decir, en esa capacidad de las PyMEs para estirar el tiempo mientras se buscan soluciones y se espera un cambio de contexto. De no mediar una reconversión tecnológica profunda, el riesgo de quedar fuera de los estándares de calidad global es inminente. El tiempo sigue corriendo…

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El aserradero ASECOR de Virasoro paga salarios con vales y expone el deterioro del sector

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Un aserradero ubicado en Gobernador Virasoro comenzó a pagar parte de los salarios con vales, en un contexto de atraso en los haberes y caída del consumo interno que ya había sido advertido por referentes del sector. La situación, que surge del testimonio directo de trabajadores de la firma ASECOR, introduce un dato incómodo para la política productiva regional: cuando una actividad estratégica como la forestoindustria recurre a mecanismos informales de pago, la discusión deja de ser sectorial y pasa a ser estructural.

El hecho ocurre en una provincia que, junto a Misiones, concentra buena parte del complejo maderero del país. Y aparece en un momento donde el discurso público todavía apuesta a la expansión industrial basada en recursos forestales. La pregunta se vuelve inevitable: ¿se trata de un caso puntual de crisis empresaria o de una señal temprana de un ajuste más profundo en la cadena?

Un síntoma que desborda lo laboral

La situación en ASECOR se conoció a partir de testimonios difundidos por el portal Corrientes Hoy de trabajadores, quienes aseguran que “hace meses” no perciben sus salarios en efectivo y que, ante la falta de alternativas, aceptan vales para adquirir mercadería. La práctica no solo implica un deterioro directo del ingreso, sino que también tensiona los marcos regulatorios laborales vigentes.

El dato no es menor: el pago en vales remite a esquemas que históricamente fueron cuestionados por desnaturalizar la relación laboral formal. En términos concretos, limita la capacidad de los trabajadores para decidir sobre su consumo, reduce liquidez en economías locales y desdibuja la trazabilidad del salario.

El contexto empresarial tampoco es ajeno. Según se indicó, la firma tendría entre sus socios a una referente del sector maderero que recientemente había advertido sobre la crisis derivada de la caída del consumo interno. Esa lectura sectorial ahora encuentra una expresión concreta en el territorio.

Marco productivo: una cadena estratégica bajo presión

La industria maderera en la región se apoya en un esquema integrado que va desde la producción forestal hasta la industrialización y exportación. Sin embargo, el eslabón industrial —especialmente los aserraderos— suele ser el más expuesto a variaciones en la demanda y a los costos operativos.

Cuando el consumo interno se retrae, el impacto se traslada rápidamente a la actividad de transformación. En ese escenario, las empresas con menor espalda financiera enfrentan tensiones de liquidez que terminan trasladándose a la variable más sensible: el salario.

El caso de ASECOR se inscribe en esa lógica. No aparece como una decisión aislada, sino como la consecuencia de un desequilibrio económico que todavía no encuentra mecanismos de compensación. Y que, además, convive con un escenario donde otras provincias impulsan inversiones forestales de gran escala, buscando posicionar al sector como motor exportador.

Correlación de fuerzas: entre la crisis empresarial y la respuesta estatal

El episodio deja expuesta una zona gris en la articulación entre el sector privado y el Estado. Por un lado, la forestoindustria continúa siendo presentada como un eje de desarrollo regional. Por otro, emergen situaciones que cuestionan la sostenibilidad de ese modelo en el corto plazo.

En términos de poder, el caso coloca en tensión a varios actores: Empresas del sector, que advierten sobre la caída del consumo y la necesidad de sostener la actividad. Trabajadores, que quedan atrapados en esquemas informales para sostener ingresos. Estado, que enfrenta el desafío de garantizar condiciones laborales sin desarticular la producción.

La aparición de pagos en vales no solo afecta a los empleados involucrados. También introduce ruido en el conjunto de la cadena, porque puede anticipar conflictos laborales, inspecciones o incluso intervenciones regulatorias si la situación escala.

Además, impacta indirectamente en la economía regional: menos ingreso líquido implica menor circulación de dinero en comercios locales, lo que retroalimenta la caída del consumo que originó el problema.

Un escenario abierto: señales a monitorear

El caso ASECOR no define por sí solo el rumbo del sector maderero, pero sí funciona como indicador temprano. Sobre todo en un contexto donde la política económica nacional apuesta a la generación de divisas a través de complejos productivos como el forestal.

En las próximas semanas habrá variables clave a observar: Si la situación se replica en otras empresas del sector. Si aparecen respuestas institucionales para regularizar los pagos. Si el mercado interno muestra señales de recuperación o profundiza su retracción.

También quedará bajo análisis la capacidad del sistema productivo para absorber shocks de demanda sin trasladarlos directamente al empleo. Porque, en definitiva, el equilibrio entre competitividad y condiciones laborales sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la agenda industrial.

Por ahora, el episodio en Virasoro pone en evidencia que, detrás de los grandes anuncios de inversión, la realidad cotidiana de algunas empresas empieza a mostrar fisuras que todavía no encuentran respuesta clara.

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Con una inversión de US$250 millones, inaugurarán planta forestal en Corrientes

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Empresas belgas anunciaron a la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo que antes de fin de año inaugurará la primera etapa del que será el complejo forestoindustrial más “moderno de América Latina”; en la localidad correntina de Gobernador Virasoro, con una inversión total por US$250 millones.

“Argentina está ante una oportunidad histórica y Corrientes ubica a nuestro país otra vez en el tablero de la forestoindustria a nivel mundial”, destacó el secretario de Industria y Desarrollo Productivo, José Ignacio de Mendiguren.

El funcionario destacó que Gobernador Virasoro, recibe inversiones “de empresas de 8 países, como Austria, Bélgica, Estados Unidos, República Checa, Taiwán, en proyectos con alto valor agregado y perfil exportador”, lo y ello ubica a la localidad “en la avanzada de lo que (el ministro de Economía y candidato de Unión por la Patria) Sergio Massa plantea como futuro para la Argentina”.

La empresa forestoindustrial Acon Timber, perteneciente al grupo inversor austriaco Timber y a la firma belga Forestcape, ya desembolsó más de US$ 100 millones en el marco de una inversión total de US$ 250 millones para la construcción de la primera etapa de su complejo forestoindustrial que será “el más grande del país y el más moderno de América Latina”, según indicó la secretaría en un comunicado.

El proyecto, que se encuentra en etapas finales de construcción, posee 20 hectáreas de área industrial total y 60.000 metros cuadrados de área cubierta, en los que procesará un total de 650.000 metros cúbicos de rollos al año provenientes de productores locales.

Precisaron que se generarán más de 280 puestos de trabajo permanentes altamente calificados, cerca de 600 empleos indirectos y que exportará el 100% de su producción a más de 70 países del mundo.

El proceso productivo de la planta se basa en el principio de “cero desperdicio”: los rollos son procesados y transformados en madera aserrada mientras que sus subproductos (cortezas, aserrín, astillas, virutas) son convertidos en pellets que se exportarán como biocombustible para calderas domiciliarias del sur de Europa.

La corteza también es aprovechada como combustible de las calderas que generan el vapor en el proceso de secado.

Con la puesta en marcha de la primera etapa del complejo, la planta producirá anualmente 330.000 metros cúbicos de madera aserrada y 135.000 toneladas de pellets.

En una segunda etapa, la firma prevé duplicar la capacidad productiva y se estima que para 2025 tendrá un volumen exportable de 1.000 contenedores mensuales.

En Gobernador Virasoro también invirtió una firma checa en un vivero forestal con tecnología de avanzada para garantizar la continuidad de la producción de pinos, con una capacidad esperada de 10 a 20 millones de plantines.

También la empresa norteamericana Louisiana Pacific Corporation avanzó en el estudio de factibilidad para instalar la primera planta argentina para producir tableros OSB (Oriented Strand Board) para construir viviendas más versátiles y económicas.

Este último proyecto espera generar 200 empleos directos y 500 indirectos y alcanzar una capacidad de producción anual de 300.000 metros cúbicos.

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La industria forestal de Misiones es una constante generadora de empleo

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La industria maderera sigue creciendo en Misiones y presenta un universo de oportunidades en exportaciones, a nivel nacional e internacional. Desde el el Sindicato de Obreros de la Industria Maderera de Eldorado (SOIME) anticipan la creación de nuevos puestos de trabajo y las inversiones de empresas.

El secretario general del Sindicato de Obreros de la Industria Maderera de Eldorado (SOIME), Domingo Paiva, habló con Economis sobre la actualidad del sector y sostuvo que “es un sector que siempre ve a Misiones como una provincia que tienta a la inversión”.

Contó en ese sentido que cuentan con una empresa que aún no está inaugurada, pero donde ya están trabajando en la capacitación de alrededor de 40 personas en maquinaria de alta tecnología.

Sobre este aserradero ubicado a metros del peaje de Colonia Victoria, Paiva indicó que se trata de la firma ISiSCHU S.R.L. del empresario Martín Stenner, un eldoradense que vive en Buenos Aires y volvió a la provincia para llevar adelante este proyecto en Colonia Victoria. En una primera etapa ese emprendimiento forestal brindará empleo a alrededor de 40 operarios, para la fabricación de machimbres y tirantería. El sindicalista destacó que la empresa tiene un proyecto a mediano plazo de producir Finger, molduras y tableros para exportación, lo que podría elevar el número de operarios a más de 100 en la planta.

Este es un aserradero modelo, con una superficie de cinco hectáreas aproximadamente y 12.500 metros cubiertos. Isischu SRL realizó una inversión de más de 400 millones de pesos, para incorporar tecnología de punta, maquinarias, importadas de Alemania y China. Además de metalurgia local incorporada para la instalación de cintas y mecanismos de transporte de rollos y chipeo.

Paiva dijo que hay “otra empresa de terciados va a proveer trabajo a 200 trabajadores que ya están incorporados a la empresa”. Destacó que esta es una firma familiar muy arraigada en el Alto Paraná, que actualmente cuenta con dos aserraderos y ahora apuestan a llevar adelante una fabrica de terciados.

Esta empresa ya llevó adelante el movimiento de suelo, para la instalación de la futura planta, según Paiva. Quien explicó que están a la espera de la llegada de las maquinas para comenzar con la obra civil.

El gremialista detalló que estos proyectos son de largo plazo, porque las empresas deben prever el abastecimiento de la materia prima. En el caso de la firma que prevé instalar la fabrica de terciados, detalló que tienen plantaciones en todo el Alto Paraná, con árboles de más de 20 años.

Al ser consultado sobre el planteo de Román Queiroz, quien había anunciado que licenciaría al personal por no poder trabajar, debido a las trabas a la importación, Paiva indicó que el empresario maderero logró destrabar el conflicto y podría estar operando al ciento por ciento en septiembre.

Sobre esta situación indicó que “el problema es el faltante de insumos importados, en el caso de Coama, es la falta de resina, para realizar los tableros. Ellos dependen un ciento por ciento de resinas importadas” y ante el freno al acceso a divisas para la compra de insumos, se rompió su cadena de abastecimiento.

Explicó que en Argentina hay solo dos plantas que producen este tipo de resinas, y pueden cubrir solo el 40 por ciento de la demanda, por ello algunas empresas como Coama dependen de las importaciones. Y quienes se abastecen de la resina nacional están reduciendo su producción para no quedarse sin insumos.

Paiva también destacó que a pesar de estos inconvenientes la empresa Coama, sigue apostando a invertir y ha comprado una nueva desbobinadora para aumentar su producción de terciados una vez que regularice su abastecimiento de insumos importados. Cuando comience a operar este nueva maquina la empresa incorporará a más personal destacó el gremialista.

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