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Presupuesto 2027: cambios de reglas, discrecionalidad y el impacto en derechos fundamentales

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El Presupuesto 2027 propone gastar algo más en términos reales que este año, pero esa recuperación convive con una transformación más profunda del Estado nacional: menos recursos que antes del ajuste iniciado en 2024, menor presencia directa en la obra pública y cambios normativos que alcanzan algunas de las principales políticas sociales.

La Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) puso la lupa sobre esos movimientos en su primer análisis del proyecto enviado al Congreso. El punto de partida ayuda a dimensionar la discusión: tomando las propias proyecciones macroeconómicas del Gobierno -29% de inflación para 2026 y 18% para 2027-, el gasto total aumentaría 3,9% real el próximo año. Sin embargo, todavía quedaría 26,5% por debajo de 2023.

La foto, además, cambia considerablemente según dónde se mire.

Los servicios sociales tendrían una mejora real de 6,1% respecto de 2026, aunque continuarían 16% por debajo de 2023. Dentro de ese universo, Salud aparece con una suba del 16% interanual; Seguridad Social, del 5%; y Educación y Cultura, del orden del 6%. En el otro extremo, Vivienda y Urbanismo conserva una caída del 99% frente a 2023 y Agua Potable y Alcantarillado, del 93%. Los servicios económicos, atravesados entre otros factores por la reducción de subsidios e infraestructura, quedarían 68% debajo de aquel año.

Es decir, 2027 aparece en el proyecto como un año de recuperación parcial, pero no de regreso a los niveles previos al ajuste.

La AUH, sin actualización automática

Uno de los cambios más sensibles no pasa estrictamente por cuánto dinero se asigna, sino por cómo se actualizarían en adelante algunas de las principales transferencias sociales.

El artículo 17 propone derogar la movilidad de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y de las Asignaciones Familiares establecida por la Ley 27.160. El proyecto no incorpora, en reemplazo, otra fórmula automática, parámetros de actualización ni una periodicidad mínima. De aprobarse en esos términos, los futuros incrementos volverían a quedar sujetos a decisiones del Poder Ejecutivo.

La diferencia entre ambos mecanismos no es menor. ACIJ calculó que las transferencias que cuentan con actualización automática -AUH, Asignaciones Familiares y Plan 1000 Días- recuperaron 31,9% desde 2023, mientras las prestaciones no indexadas sufrieron una pérdida real del 50,5%.

La Prestación Alimentar ofrece un ejemplo concreto. Permaneció 23 meses sin aumentos y recién volvió a actualizarse en mayo de este año. En abril, antes de ese incremento, cubría apenas 19,5% de una Canasta Básica Alimentaria para adulto equivalente, contra 63,5% de cobertura de la AUH.

Para ACIJ, ese antecedente muestra el riesgo que supone abandonar una regla automática: no implica necesariamente que la AUH vaya a dejar de aumentar, pero sí que desaparece el mecanismo que obliga a preservar periódicamente su valor frente a la inflación.

Discapacidad: cambios en prestaciones

Otro de los capítulos que concentra las observaciones de la organización es el de discapacidad.

Los artículos 39 y 41 modifican el funcionamiento del Nomenclador del Sistema de Prestaciones Básicas de Atención Integral. En lugar de un arancel homogéneo, cada organismo obligado podría determinar los valores en su relación con los prestadores.

ACIJ advierte que ese esquema puede abrir diferencias de acceso: una cobertura que pague aranceles menores podría disponer de una oferta más reducida de prestadores o servicios. La organización considera que la modificación entra en conflicto con el principio de no regresividad y con derechos reconocidos por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

También cambia el esquema de pensiones. El proyecto elimina la Pensión No Contributiva por Discapacidad para Protección Social, creada por la Ley de Emergencia en Discapacidad y compatible con el trabajo, mientras mantiene la Pensión No Contributiva por Invalidez Laboral, cuyos requisitos de acceso son más restrictivos.

En términos presupuestarios hay dos movimientos diferentes. La pensión por invalidez laboral recuperaría 8,5% real frente a 2026, aunque permanecería 26,5% debajo de 2023. En cambio, Incluir Salud, que brinda cobertura sanitaria a beneficiarios de estas prestaciones, sufriría una reducción de 13,9% respecto de este año y de 19% frente a 2023.

Universidades, más ajuste

La tensión también atraviesa al sistema universitario. El proyecto destina $7,5 billones al programa Desarrollo de la Educación Superior. El Consejo Interuniversitario Nacional había calculado en $11 billones los recursos necesarios para cumplir con la Ley 27.795 de Financiamiento Universitario. La brecha entre ambas cifras es del 32%.

Medidos en términos reales, los fondos previstos para las universidades quedarían 24,9% por debajo de 2023.

El deterioro también aparece en los salarios. Según los datos incorporados por ACIJ, el poder adquisitivo de los docentes universitarios cayó 25% entre 2023 y 2026 y 47% respecto de 2015, sin que el proyecto contemple una recomposición específica para 2027.

Obra pública: de 2.339 proyectos, Nación conserva 199

La infraestructura muestra con particular nitidez el cambio de modelo. De una cartera nacional de 2.339 obras, 1.683 fueron dadas de baja o ingresaron en procesos de rescisión; otras 457 fueron transferidas o se encuentran en proceso de traspaso hacia provincias y municipios. Apenas 199 continúan bajo gestión directa de la Nación.

El achicamiento de la cartera vino acompañado por una caída extraordinaria de la inversión.

A precios constantes de 2027, el gasto de capital vinculado con infraestructura pasó de alrededor de $18,4 billones en 2023 a $5,1 billones en 2024. Bajó luego a $3,9 billones en 2025 y $3,7 billones este año. Para 2027 se proyectan $3,8 billones.

Hay una pequeña mejora en el margen, pero la comparación larga resulta mucho más contundente: el gasto seguiría cerca de 80% por debajo de 2023, con especial impacto en vivienda, agua, saneamiento y transporte.

El proyecto busca cubrir parte de ese espacio con capital privado. El artículo 67 crea para nuevos concesionarios de rutas nacionales un esquema de beneficios que contempla amortización acelerada de inversiones, reintegro o crédito fiscal de IVA y la posibilidad de computar el 100% del impuesto a los débitos y créditos contra otros tributos. Para acceder al régimen, además, las provincias involucradas deberán conceder exenciones en Ingresos Brutos y Sellos.

El giro es relevante: parte del apoyo público a la infraestructura deja de materializarse mediante inversión presupuestaria directa y pasa a hacerlo mediante beneficios tributarios orientados a atraer inversión privada.

Género: programas que desaparecieron del detalle presupuestario

El informe también pone el foco sobre las políticas destinadas a prevenir y atender la violencia de género.

El Programa Acompañar redujo 90% sus recursos en 2024 frente al año anterior y desde 2025 dejó de aparecer como una partida presupuestaria identificable. La Línea 144 siguió un recorrido similar: perdió dos tercios de su presupuesto en 2024 y posteriormente desapareció como partida específica.

El proyecto para 2027 no modifica esa situación. Por tercer año consecutivo, ni Acompañar ni la Línea 144 aparecen con partidas propias, lo que, según ACIJ, dificulta conocer cuánto dinero se destina y ejecuta efectivamente en esas políticas.

La contracción alcanza también a la Educación Sexual Integral. El programa específico disponía del equivalente a $2.052 millones en 2023, medidos a precios de 2027. Para el próximo año aparecen apenas $30 millones: 98,5% menos en términos reales.

El primer relevamiento de ACIJ deja así una fotografía con dos movimientos simultáneos. El Presupuesto 2027 interrumpe parcialmente la caída global del gasto, pero no desarma el ajuste acumulado desde 2023. Y, al mismo tiempo, incorpora modificaciones que van más allá de las planillas: cambia reglas de actualización de transferencias sociales, redefine mecanismos de cobertura en discapacidad y profundiza un esquema de infraestructura con menor intervención directa de la Nación.

El debate que comienza en el Congreso, por eso, no estará concentrado únicamente en cuánto gastará el Estado durante 2027. También pondrá en discusión qué obligaciones conservará, cuáles dejarán de tener actualización automática y qué funciones pasarán a depender en mayor medida de decisiones administrativas, provincias o inversión privada.

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El Gobierno busca eliminar los aumentos automáticos de la AUH y asignaciones familiares

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El Gobierno convirtió la recuperación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en una de las principales banderas sociales de su gestión. En el mensaje que acompañó al proyecto de Presupuesto 2027 presentado al Congreso, destacó que la prestación subió casi 110% en términos reales desde diciembre de 2023 y que, junto con la Prestación Alimentar, cubre más del 95% de las necesidades básicas de alimentación medidas por el Indec.

Sin embargo, el articulado de la iniciativa propone eliminar la norma que obliga a actualizar automáticamente ese beneficio y el resto de las asignaciones familiares en base a la inflación de dos meses previos.

En los tres proyectos de presupuesto libertarios se habían incluido cláusulas para derogar la movilidad de las asignaciones. En 2025, no se aprobó la hoja de ruta; en 2026, la oposición rechazó eliminar esa disposición y para el año que viene volvió a incluirse. Sin embargo, en Capital Humano dijeron que hay un compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de mantener la cobertura de las asignaciones en el orden de un 95% de Canasta Básica Alimentaria (CBA). Está en la página 94 del staff report del organismo multilateral.

El polémico cambio diseñado por el Ministerio de Economía apareció en el artículo 17, uno de los más breves del proyecto enviado al Congreso. Allí se dispuso la derogación de los artículos 1°, 3° y 4° de la Ley 27.160, sancionada en 2015 para establecer la movilidad de las asignaciones familiares y universales. El artículo 1° es el corazón del régimen vigente: determina que las prestaciones contempladas en la Ley 24.714 —con excepción de la asignación por maternidad— son móviles. También establece que el ajuste debe aplicarse tanto sobre los montos de los beneficios como sobre los límites y rangos de ingresos familiares utilizados para determinar quiénes pueden cobrarlos.

Ese esquema comprende no solo la AUH y la Asignación por Embarazo (AUE), sino también las asignaciones por hijo, hijo con discapacidad, prenatal, nacimiento, adopción, matrimonio y ayuda escolar, entre otras prestaciones contributivas y no contributivas.

La Ley 27.160 vincula esos aumentos con la movilidad previsional. A partir de la reforma dispuesta en 2024 por el Ejecutivo, los haberes jubilatorios y las asignaciones se actualizan mensualmente de acuerdo con la evolución del índice de precios al consumidor que publica el Indec.

Los otros dos artículos que el proyecto propone derogar ponen el cálculo en manos de la Anses y establecieron la primera aplicación del régimen, que se produjo en marzo de 2016. Aunque esa última disposición ya agotó sus efectos, su eliminación se suma a la derogación de la obligación legal de aplicar la movilidad.

El Presupuesto no incorpora una fórmula alternativa, una periodicidad mínima ni otro parámetro obligatorio para actualizar los beneficios. Por lo tanto, si el artículo se sanciona sin modificaciones, las prestaciones continuarían existiendo, pero sus aumentos dejarían de estar garantizados por el mecanismo automático actual y dependerían de las decisiones que adopte el Poder Ejecutivo.

Las planillas presupuestarias contemplan $14,35 billones para el conjunto de las asignaciones familiares durante 2027. Se trata de un aumento nominal de 22,9% frente a los $11,68 billones estimados para 2026. Sin embargo, ese crédito agregado no permite conocer qué aumentos recibiría cada prestación ni cómo se distribuirían a lo largo del año si desaparece la regla vigente.

Dentro de ese total, el subprograma Asignación Universal para Protección Social, que reúne a la AUH, la AUE y la ayuda escolar correspondiente a sus beneficiarios, dispone de $9,18 billones. Para las asignaciones de trabajadores activos se prevén $3,69 billones; para las de jubilados y pensionados, $1,30 billones, y para las del sector público nacional, otros $185.502 millones.

El Presupuesto proyecta atender a 4.143.930 beneficiarios de la AUH durante 2027, apenas 10.520 más que en 2026. También contempla 90.724 beneficiarios de la AUE y 3.321.397 pagos de ayuda escolar vinculados con la asignación universal.

En su presentación, el Ministerio de Economía informó que la AUH y la AUE alcanzaron en agosto los $150.848 mensuales. Según el cálculo oficial, representó una mejora real del 109,8% frente a diciembre de 2023 y benefició a más de 4,2 millones de niños.

El Gobierno también destacó que la Prestación Alimentar llegó a $72.250 para las familias con un hijo, $113.299 para aquellas con dos y $149.425 para los hogares con tres o más. En conjunto, sostuvo, la AUH, la AUE y la ayuda alimentaria permiten cubrir más del 95% de la canasta básica alimentaria, frente a menos del 55% al inicio de la gestión.

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La pobreza infantil cayó al nivel más bajo desde 2018, pero UNICEF alerta por un posible rebote en 2026

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La pobreza infantil en Argentina registró durante 2025 una de las mejoras más significativas de los últimos años. Según el informe “Pobreza monetaria y privaciones vinculadas a derechos en niñas y niños”, elaborado por UNICEF Argentina con datos oficiales, el índice de pobreza entre niñas, niños y adolescentes descendió al 42,3% en el segundo semestre del año pasado, alcanzando el nivel más bajo desde 2018. Sin embargo, detrás de esa mejora estadística persisten señales de fragilidad estructural que llevan al organismo internacional a advertir sobre un posible aumento durante el primer semestre de 2026.

La reducción implica que alrededor de 5,1 millones de menores de edad viven en hogares pobres, frente a los 6,3 millones registrados un año antes. La indigencia infantil también mostró una mejora y cayó al 9,4%, desde el 12,3% observado en el segundo semestre de 2024. En términos absolutos, cerca de 1,1 millones de niñas, niños y adolescentes continúan viviendo en hogares cuyos ingresos no alcanzan siquiera para cubrir una canasta alimentaria básica.

El dato representa una recuperación relevante luego del fuerte deterioro social que atravesó el país durante 2024, aunque UNICEF advierte que la tendencia positiva aún no está consolidada. Las proyecciones para el primer semestre de 2026 muestran que la pobreza infantil podría volver a crecer hasta niveles cercanos al 44,4%, mientras que la indigencia escalaría al 10,8%, impulsada por la evolución de los ingresos familiares, el comportamiento de las canastas básicas, la dinámica del empleo y el alcance de las transferencias sociales.

La lectura económica detrás de los números es compleja. Aunque la desaceleración inflacionaria y cierta recomposición de ingresos permitieron reducir los niveles de pobreza monetaria, la estructura social continúa exhibiendo profundas desigualdades que condicionan las posibilidades de una recuperación sostenida.

El informe muestra que la pobreza infantil sigue siendo considerablemente más elevada que la pobreza general de la población. Mientras el índice nacional se ubicó en 28,2% durante el segundo semestre de 2025, entre niñas, niños y adolescentes alcanzó el 42,3%. La misma diferencia aparece en la indigencia: 6,3% para la población total frente a 9,4% entre los menores de edad.

Para UNICEF, esta sobrerrepresentación de la infancia dentro de los indicadores sociales refleja una vulnerabilidad estructural que no puede explicarse únicamente por los ciclos económicos. Los hogares con niños tienen mayores necesidades de consumo, educación, alimentación y cuidado, lo que amplifica el impacto de cualquier deterioro en los ingresos familiares.

Las brechas más profundas aparecen al analizar las características de los hogares. La pobreza infantil alcanza al 68% cuando los adultos de referencia poseen bajos niveles educativos y trepa al 74,8% en hogares donde el principal sostén económico se encuentra desocupado. Asimismo, los hogares monoparentales encabezados por mujeres registran niveles de pobreza del 52,8%, una diferencia que evidencia la persistencia de desigualdades vinculadas a la distribución de ingresos y las tareas de cuidado.

El mercado laboral emerge como uno de los factores decisivos. UNICEF señala que la informalidad continúa siendo uno de los principales determinantes de la pobreza infantil. Incluso en contextos de recuperación económica, los hogares con inserciones laborales precarias mantienen niveles de vulnerabilidad significativamente superiores a aquellos vinculados al empleo formal. El fenómeno confirma que tener trabajo ya no constituye una garantía suficiente para salir de la pobreza.

Otro dato que expone la fragilidad de los hogares argentinos es que tres de cada cuatro familias con niñas, niños y adolescentes recurrieron durante 2025 a algún mecanismo extraordinario para sostener sus gastos cotidianos. Endeudamiento, compras fiadas, asistencia de terceros, utilización de ahorros o venta de bienes personales forman parte de estrategias cada vez más extendidas para compensar ingresos insuficientes.

Sin embargo, la pobreza monetaria no es el único problema. El informe revela que el 42,8% de las niñas, niños y adolescentes experimenta al menos una privación vinculada a derechos básicos, incluyendo vivienda, acceso al agua potable, saneamiento, educación, protección social o condiciones adecuadas de hábitat. A diferencia de la pobreza por ingresos, estas carencias muestran una tendencia prácticamente estancada desde 2020, reflejando déficits estructurales que no se corrigen automáticamente con mejoras coyunturales de la economía.

El estudio también pone en evidencia el papel central que cumplen las políticas de transferencia de ingresos. Sin instrumentos como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Prestación Alimentar, la indigencia infantil sería aproximadamente seis puntos porcentuales más elevada. Para UNICEF, estos programas constituyen una barrera fundamental para evitar que millones de niños caigan en situaciones de pobreza extrema, aunque resultan insuficientes para resolver por sí solos el problema de la pobreza estructural.

La advertencia cobra aún más relevancia ante el escenario fiscal proyectado para 2026. Según otro informe elaborado por el organismo, el presupuesto nacional destinado a niñez y adolescencia podría registrar una caída real del 16% respecto de 2025 si no se modifican las partidas actualmente vigentes. Aunque el gasto en salud muestra cierta expansión impulsada por vacunas y medicamentos, las áreas de protección social, educación, nutrición y primera infancia enfrentan restricciones presupuestarias que podrían limitar la capacidad de sostener la mejora observada durante el último año.

La conclusión de UNICEF es contundente: Argentina logró reducir la pobreza infantil a niveles que no se observaban desde hace casi una década, pero la recuperación continúa siendo vulnerable. La evolución del empleo, los ingresos reales y la continuidad de las políticas de protección social serán determinantes para evitar que la mejora estadística de 2025 se convierta apenas en una pausa dentro de una problemática que sigue afectando a más de cuatro de cada diez niñas, niños y adolescentes del país.

Pobreza 2026 UNICEF by CristianMilciades

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ANSES oficializó subas de 2,58% y un bono de $70.000: mejora el ingreso mínimo

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El Boletín Oficial de la República Argentina publicó este viernes disposiciones clave de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) y del Poder Ejecutivo. Las medidas impactan en el esquema de asignaciones familiares, los haberes jubilatorios y pensiones, y establecen un bono extraordinario para quienes perciben ingresos previsionales mínimos.

ANSES oficializa un incremento del 2,58% en los límites de ingresos y en los montos de las asignaciones familiares a partir de junio de 2026. La Resolución 146/2026 dispone que el ajuste alcanza a trabajadores en relación de dependencia de los sectores público y privado, monotributistas, beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), pensiones no contributivas y la Asignación por Embarazo para Protección Social.

La actualización se basa en la movilidad establecida por el Índice de Precios al Consumidor Nacional (INDEC), garantizando que las prestaciones mantengan su valor real frente a la inflación. El incremento se aplicará sobre los valores vigentes y afecta tanto a los límites de ingresos familiares como a los montos de las asignaciones. Los cuadros con los nuevos rangos y montos estarán disponibles en los anexos oficiales publicados por ANSES.

La resolución establece que cuando un integrante del grupo familiar perciba ingresos superiores a $2.970.968, todo el grupo quedará excluido del cobro de asignaciones, aunque la suma total no supere el tope general. Además, se indica que la Asignación por Ayuda Escolar Anual solo se actualizará por movilidad una vez al año y que, en caso de decimales, los montos serán redondeados al número entero siguiente.

Nuevos valores mínimos y máximos en jubilaciones y pensiones

La Resolución 139/2026 de ANSES actualiza los valores de las prestaciones previsionales a partir de junio. El haber mínimo garantizado se fija en $403.317,99 para los jubilados y pensionados, mientras que el haber máximo asciende a $2.713.948,17. La base imponible mínima para aportes queda en $135.837,40 y la máxima en $4.414.652,38.

La normativa también establece los nuevos montos para la Prestación Básica Universal (PBU), que será de $184.499,57, y para la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), que asciende a $322.654,39. Estas cifras surgen de la aplicación de la fórmula de movilidad mensual basada en el INDEC. Además, se actualizan los índices para calcular las remuneraciones de quienes soliciten su prestación después del 1° de junio de 2026.

La resolución faculta a la Dirección General de Diseño de Procesos y Normas de ANSES para dictar las normas necesarias para su implementación. Los detalles y cuadros completos pueden consultarse en los anexos oficiales publicados junto con la disposición en el Boletín Oficial.

Bono extraordinario previsional para haberes mínimos

El Decreto 399/2026 del Poder Ejecutivo establece un bono extraordinario previsional de hasta $70.000 a abonarse durante junio de 2026. El beneficio alcanza a titulares de prestaciones contributivas y no contributivas a cargo de ANSES, incluidas jubilaciones, pensiones, la PUAM y pensiones graciables.

El bono será de$70.000 para quienes perciban el haber mínimo. Para quienes cobren un monto superior, el adicional será el necesario para alcanzar el total del haber mínimo más el bono. El pago se realizará a cada titular, sin importar la cantidad de copartícipes en el caso de pensiones, y no estará sujeto a descuentos ni computable para otros conceptos, según lo establece el decreto.

El decreto establece que el bono extraordinario previsional será abonado exclusivamente durante el mes de junio de 2026 a los titulares de las prestaciones detalladas, siempre que el beneficio se encuentre vigente al momento de la liquidación. La ANSES queda facultada para dictar normas aclaratorias y complementarias para implementar el bono.

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La UCA advierte que más del 50% de los niños es pobre

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Un nuevo informe de la Universidad Católica Argentina volvió a poner en tensión el frente social del Gobierno: en 2025, el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes vive en situación de pobreza y el 10,7% en indigencia, mientras que el 28,8% enfrenta inseguridad alimentaria. El dato, difundido a partir de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), introduce una advertencia política de fondo: la mejora registrada en los últimos dos años no alcanza para revertir un deterioro estructural que se arrastra desde hace más de una década.

El punto crítico no es solo el nivel de pobreza, sino su persistencia. La pregunta que se abre es si el actual esquema económico puede sostener la reducción reciente o si se trata de un alivio transitorio en un escenario aún frágil.

Un problema estructural que resiste a los ciclos económicos

El estudio muestra que la pobreza infantil mantiene una tendencia ascendente en el largo plazo, con picos en momentos de crisis y descensos en períodos de recuperación. En 2010 afectaba al 45,2% de los menores; tras una breve mejora en 2011-2012, inició un deterioro casi continuo que alcanzó su máximo en 2023 con 62,9%.

La baja observada en 2024 y 2025 representa un alivio relativo, pero no modifica la estructura del problema. La indigencia siguió una trayectoria similar: tras escalar hasta 17,7% en 2024, descendió a 10,7% en 2025, acercándose a niveles de años previos, aunque sin consolidar una tendencia estable.

En términos institucionales, el informe remarca que las políticas de transferencia de ingresos —como la asistencia alimentaria o asignaciones— cumplen un rol de contención, pero no logran cubrir la totalidad de los hogares en situación de vulnerabilidad.

Alimentación, salud y hábitat: las capas del deterioro

El dato más sensible aparece en la alimentación. Casi tres de cada diez niños no acceden de manera regular a alimentos, y un 13,2% sufre inseguridad alimentaria severa. En paralelo, la asistencia alimentaria alcanzó al 64,8% de la población infantil, el nivel más alto registrado.

La cobertura de la Asignación Universal por Hijo (AUH) llegó al 42,5%, con una caída de 3,3 puntos porcentuales respecto de 2024. Según el informe, estos programas llegan mayoritariamente a los sectores más necesitados, pero dejan fuera a parte de la población pobre.

El deterioro también se extiende a otros indicadores. El 19,8% de los niños dejó de asistir a controles médicos o odontológicos por motivos económicos. En vivienda, el 18,1% reside en condiciones precarias y el 20,9% en hacinamiento, mientras que el 42% no tiene acceso adecuado a servicios de saneamiento.

Presión sobre la agenda social y económica

El informe introduce presión sobre la política social del Gobierno en un contexto donde el eje está puesto en el orden fiscal y la estabilización macroeconómica. La persistencia de estos indicadores obliga a equilibrar el ajuste con mecanismos de contención social.

Al mismo tiempo, el dato de pobreza infantil tiene impacto directo en la agenda legislativa y en el debate público. Expone límites en la efectividad de las transferencias actuales y reabre la discusión sobre empleo, ingresos y cobertura del sistema.

En términos de correlación de fuerzas, los sectores vinculados a políticas sociales y asistencia ganan centralidad en el debate, mientras que el Gobierno enfrenta el desafío de sostener su programa económico sin agravar indicadores sensibles.

Entre la estabilización y la deuda social

El informe de la UCA no cierra el diagnóstico, lo tensiona. La mejora reciente convive con niveles de pobreza superiores a los de hace más de una década, lo que sugiere un problema estructural aún no resuelto.

Hacia adelante, la evolución dependerá de variables clave: el mercado laboral, la capacidad de recuperación del ingreso y la cobertura de políticas sociales. También será relevante observar si la reducción de la pobreza logra consolidarse o si vuelve a fluctuar con el ciclo económico.

En ese equilibrio, la infancia aparece como el indicador más sensible de la consistencia —o los límites— del modelo económico en curso.

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