Banco Central

El Banco Central, raro jefe de campaña del oficialismo

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Para quien analizaba la economía con las anteojeras de los últimos doce años, resultaba inexplicable que el gobierno en el arranque del año insistiera con una pauta salarial del 18 % para 2017. Esa propuesta tenía una lógica, en las antípodas de la visión oficial vigente entre 2003 y 2015, que ya fue analizada en este espacio. Aun con estas señales, muchos analistas seguían pensando que el gobierno habría de sacrificar sus metas de inflación en aras de un mayor crecimiento, por tratarse de un año electoral. Sin embargo, las últimas dos semanas han aportado suficientes pruebas respecto del valor que le asigna el oficialismo a la desinflación de la economía: primero el Banco Central subió las tasas de interés y después ratificó el techo de 17 % para la meta del año. Esto pese a que el aumento del costo del dinero tiene impacto negativo sobre la trayectoria del nivel de actividad, aunque sería transitorio si la inflación comienza a bajar en forma rápida en mayo, después de un abril en torno a 2 %. Así, el Banco Central parece adquirir el atípico rol de jefe de campaña del oficialismo para las cruciales legislativas de octubre.

El endurecimiento de la política monetaria arrancó en la segunda semana de marzo y, desde entonces, el Banco Central ha retirado de circulación nada menos que 162 mil millones de pesos, haciendo que ahora la base monetaria pase a expandirse a un ritmo de sólo 22,5 % interanual, congruente con el objetivo de inflación del año. A propósito, en conferencia de prensa, el presidente del Banco Central subrayó que para poner en caja la suba de precios del total de la canasta, que incluye tarifas, se necesita que la “inflación núcleo” no supere el 14,4 % interanual en diciembre. Esta medida de inflación, que excluye precios de servicios públicos y de productos estacionales, acumula un estimado de 6,6 % entre enero y abril, por lo que debería promediar 0,9 % mensual entre mayo y diciembre. Lo ambicioso del objetivo explica el escepticismo reinante, aunque lo más relevante para medir el éxito o el fracaso de esta política será la cercanía o no de la inflación al andarivel del 1 % mensual a lo largo del segundo semestre, más allá del número que acumule en todo el año.

En principio, la inflación podría bajar un escalón en abril, para un guarismo más cercano al 2 % (versus el 2,4 % de marzo, medición INDEC) y hacerlo otro tanto, para algo en torno a 1,5 %, en mayo. Es por eso que puede esperarse que el Banco Central comience en 45 días a bajar las tasas de interés. Pero el ritmo al que esto suceda depende de la evolución de los índices de junio en adelante.

Respecto del tipo de cambio, y visto desde el lado de las empresas exportadoras, se entiende la preocupación por la competitividad, ya que el precio del dólar de estos días es prácticamente igual al de un año atrás, mientras los costos internos pueden haber subido entre el 28 y el 30 %, si es que lo hicieron en línea con la inflación minorista.

Considerando la relación del peso no sólo contra el dólar sino contra la canasta de monedas, se tiene que el tipo de cambio real multilateral hoy es apenas 14 % más competitivo que el de noviembre de 2015 (antes de la salida del cepo).

Justificado en el objetivo de llevar las reservas de los actuales 50 mil millones de dólares a una cifra del orden de 75 mil millones, el Banco Central dió un giro en su política cambiaria, anticipando que habrá de intervenir más frecuentemente en el mercado local, comprando divisas. Así, estaría buscando fijar un piso para la apreciación del peso, aunque con un poder de fuego limitado: cada vez que adquiera dólares deberá emitir Lebacs para absorber pesos, y la deuda del Central ya supera los 800 mil millones de pesos, pagando intereses de 24 % anual promedio. El “déficit cuasi-fiscal” complica el uso de este instrumento.

De allí que, junto con estos anuncios, se necesita acelerar y profundizar la búsqueda de competitividad sistémica, caso de la estructura tributaria y la logística.

Como se ve hasta aquí, la agenda económica luce demasiado singular para un año electoral. Más si se tiene en cuenta que, aunque el PIB esté creciendo 0,7 % contra el cuarto trimestre, todavía estaría cayendo 1,4 % contra enero-marzo de 2016. ¿Está el oficialismo cavando su propia fosa?. Hay que ver otros indicadores, para que el cuadro sea completo:

‐ Si bien este ciclo de salida de la recesión es el más lento contando desde 1985, es uno de los más dinámicos en creación de empleo privado (a partir del piso de mediados de 2016). Es posible que esto ocurra por la expectativa empresarial de una recuperación que esta vez no habrá de abortar a fin de año, como sí pasó en 2011; 2013 y 2015.

‐ Pese a la estadística de ventas de Supermercados (caída de 5,6 % interanual en marzo), indicadores que toman todos los canales habrían pasado a terreno positivo en marzo y continuado en abril, reflejando el avance de los comercios mayoristas y los de proximidad, que a su vez se explica por la búsqueda de precio por parte de las familias. Esa renovada demanda se sustenta en el comportamiento del empleo, el impacto de planes sociales y jubilaciones, y también en la mejora en el margen de los salarios reales.

Los datos apuntados no permiten todavía dimensionar cuanto habrá de aportar de positivo la economía a la campaña del oficialismo. Pero tampoco le estará restando, como podría inferirse de una lectura sesgada por la experiencia de los doce años anteriores.

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Sturzenegger admitió que estimó mal la baja de la inflación pero insistió en que será de entre 12 y 17%

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El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, reapareció esta tarde en medio de las críticas que generó la suba de tasas de interés que decidió la semana pasada y que pueden impactar negativamente en la actividad económica en momentos en que la reactivación y los brotes verdes no se sienten “en la calle”.

Sturzenegger eligió el escenario. El propio Banco Central. Con la excusa de presentar el Informe Monetario (un reporte mensual que normalmente se distribuye via mail sin necesidad de presentaciones), el titular del BCRA ofreció una conferencia de prensa en la que obviamente, el tema principal, fue el endurecimiento de la política monetaria.

El funcionario admitió que sobreestimó el proceso de desaceleración de la inflación, al cual en la jerga técnica del Central denominan “desinflación”.

En ese sentido, admitió que la inflación “no estaba bajando” en aquellos rubros que no son regulados.

“En febrero dijimos que íbamos a enfrentar tres meses con números más altos por la suba de precios regulados, quizá no lo esperábamos tanto en los estacionales”, señaló, reconociendo lo que en tenis llamarían un error no forzado.

No es poco lo que dijo y admitió. Para un banquero central, anticiparse a la evolución de los ciclos económicos es crucial. Para eso tienen equipos de economistas, matemáticos y hasta físicos analizando cada variable económica y dato que les pueda servir para decidir tomar una u otra dirección. Además, típicamente, un banquero central tiende a ser conservador en la toma de decisiones, a pisar sobre seguro.

Sturzenegger calculó mal y dio por sentado un proceso de baja de la inflación sostenido que por ahora no es, al menos, lo suficientemente consistente como el y su equipo esperaban.

Para subir la apuesta, el titular del BCRA aseguró que la meta de inflación que fijó la autoridad monetaria de entre el 12% y el 17% a principios de año es “cumplible”. Con esa afirmación sorprendió a mucha gente en el mercado financiero, que preveía un corrimiento de las metas.

Algunos analistas dicen que -para no perder tanta credibilidad-, el BCRA debería pagar un pequeño costo (en términos de credibilidad, también) al mover la meta y no uno mayor, en el caso de que la inflación luego se sitúe por encima.

Sturzenegger también se refirió a las críticas que recibió la gestión de la entidad monetaria por la suba de tasas la semana pasada (y que continuó hoy en la licitación mensual de Lebacs).

“Pensábamos que no íbamos a tener que discutir los beneficios de bajar la inflación pero parece que hay volver a hacerlo”, indicó, desafiante.

También descartó que la suba de tasas de interés tenga algún costo “en términos de actividad” económica.

La semana pasada el directorio del Central subió la tasa de interés de referencia que y quedó en 26,25%. Esta decisión, explicó Sturzenegger, fue debido a que “la inflación núcleo se mantiene, y viene estable desde hace varios meses, así que eso nos convenció de que había que endurecer la política monetaria. Lo veníamos esperando en febrero y marzo y como no bajaba la núcleo subimos la tasa”.

Bicicleta financiera

La suba de tasas de interés afectará la débil recuperación económica, advirtieron desde distintos sectores dirigentes empresarios y economistas. Pero además, fomenta la llamada “bicicleta financiera” ya que ingresan al país capitales especulativos para posicionarse en instrumentos como las Lebacs, con tasas de 26% anual (también subieron en la licitación de hoy). Como el tipo de cambio está estable y tiende a bajar, estos capitales luego dolarizan esa diferencia y se van del país, llevándose divisas.

El resultado es un costo financiero para las arcas del Banco Central que se conoce como déficit cuasifiscal. La entidad monetaria prefiere no informar al detalle cuánto lleva pagado en intereses de Lebacs, pero cálculos privados estiman que la cifra está muy por encima de los 15.000 millones de dólares.

La suba de tasas podrá beneficiar también a los ahorristas, que por estos días reciben uno o dos puntos más por sus colocaciones a plazo fijo (rondan el 20% a 30 días). Por otra parte, se encarecerá el financiamiento de todo tipo de préstamos, incluyendo los créditos al consumo (personales, tarjetas, etc) en un momento donde el propio Gobierno nacional necesita imperiosamente que la gente vuelva a gastar.

Martin Boerr

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El BCRA anunció que va a salir a comprar dólares para incrementar las reservas en u$s25.000 millones

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En medio de críticas por un atraso cambiario que según los directivos del Banco Central (BCRA) no existe y con el dólar en mínimos del año la autoridad monetaria dijo ayer que acelerará la compra de divisas con el objetivo de sumar reservas.

El titular de la autoridad monetaria, Federico Sturzenegger, admitió que esto podrá influir en el mercado cambiario aunque negó que persiga un objetivo de tipo de cambio. El banquero central reafirmó, además, la meta de inflación de entre 12% y 17% para este año a pesar de que analistas, encuestas y hasta el FMI elevaron sus expectativas para este año. El dólar subió 5 centavos.

Sturzenegger anunció que la entidad a su cargo comenzará un proceso de acumulación de reservas hasta alcanzar un mínimo de 15% del PBI. “Nos hemos fijado como meta alcanzar el 15% de reservas sobre el PBI, para acercarnos a lo que sucede en otros países de la región”, señaló el titular de la autoridad monetaria durante una conferencia de prensa. El monto al que se refiere Sturzenegger equivaldría a u$s25.000  millones. Si bien no dio un plazo exacto, el titular del Central dio a entender que esas adquisiciones se realizarían en forma gradual en el próximo año y medio o dos años.

Según el banquero central, la adopción del nuevo objetivo busca equiparar la relación reservas versus PBI del resto de los países de la región, con el objeto de mejorar la nota crediticia del país para acercarlo al “grado de inversión” (las mejores nota de las calificadoras).

Las reservas cerraron en u$s 49.108 millones ayer y, según cálculos gruesos del propio BCRA, equivalen al 10% del PBI. A grandes rasgos, la entidad debería sumar unos u$s 25.000 millones para cumplir su objetivo de reservas.

Respecto de plazos, Sturzenegger aclaró que las compras ya habían empezado (ya compró dos veces dólares del Tesoro durante este mes) y que podría durar más de un año. Sería, más bien “una aceleración” en el ritmo de compra de divisas que ya existe. El novedoso fin de mejorar la calificación crediticia del país no fue muy tenido en cuenta por operadores y analistas, que lo leyeron como ninguna otra cosa que un intento por reforzar a un dólar muy débil que le vale muchas críticas el BCRA.

“Me parece de lo que está tratando de dar la señal de que acá hay un piso en el FX. De todas maneras se estaba viendo, porque el $ 15,20 nunca se perforó en los cierres”, dijo un operador bancario. “Entiendo que van a hacer compras directas al Tesoro y Provincias, no los veo interviniendo en el mercado en forma directa. Salvo alguna sobre reacción, esto apuntala al dólar pero no lo dispara.”

Desde abril del año pasado, el BCRA compró un promedio de u$s 1450 millones por mes al Tesoro y a provincias que colocaron deuda en el exterior.

“El Gobierno se enfrenta a un cuatrilema de objetivos contrapuestos entre sí (inflación, déficit fiscal, crecimiento y tipo de cambio)”, analizó una alerta de la consultora Elypsis. “En este sentido, la nueva política del BCRA alivia los vértices el cuatrilema, favoreciendo el objetivo de tipo de cambio con efectos mínimos sobre el objetivo inflacionario. El costo se refleja en la libre flotación del tipo de cambio que, si bien el BCRA aclaró la voluntad de mantener, creemos que se verá afectado por las intervenciones compradoras que actuarán como soporte para dólar durante los próximos meses”, añadió.

Por último, Sturzenegger reafirmó las metas de inflación para este año de entre 12% y 17% punta a punta, ya que sostuvo que aunque en el primer trimestre del año la inflación se salió del sendero necesario para alcanzar ese nivel, la corrección necesaria es posible.

El dólar saltó

El dólar subió 5 centavos hasta alcanzar los $ 15,55 en las pizarras minoristas, como resultado de un salto de 10 centavos en la plaza mayorista. Los operadores hablaron de la existencia de un piso técnico en $ 15,20 que el dólar mayorista se resiste a atravesar y los dichos de Sturzenegger respecto al plan de compra de divisas pueden ayudar a que ese piso se vuelva infranqueable. El mayorista cerró $ 15,29.

No hay atraso

“Yo no creo que, por ejemplo las compras de argentinos en Chile, tengan que ver con el tipo de cambio”, indicó Sturzenegger durante la rueda de prensa.

“Hagan el siguiente ejercicio: si la ropa cuesta un cuarto en Chile de lo que cuesta aquí ¿Cuánto tendría que ser el tipo de cambio en la Argentina”, intentó graficar, y asignó las diferencias de precios a políticas comerciales e impositivas.

 

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El BCRA subió la tasa de Lebacs 200 puntos básicos al 24,25% anual

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El Banco Central decidió subir la tasa de Lebac al 24,25% anual para el plazo de 28 días, confirmó su presidente, Federico Sturzenegger, en la presentación de política monetaria del mes de abril.

De esta manera, el retorno de las letras en pesos del BCRA aumentó en 200 puntos básicos (equivale a 2%) con relación a la licitación de marzo.

“Hoy cortamos la tasa corta al 24,25 por ciento (anual)”, sostuvo en una conferencia de prensa Sturzenegger.

La semana pasada, el Banco Central elevó su tasa de política monetaria a 26,25%, desde el 24,75% previo, para contener las alzas de los precios minoristas.

“La meta de inflación del 12 al 17 por ciento (para 2017) es cumplible, requiere tomar acciones concordantes y la consideramos totalmente factible”, afirmó Sturzenegger, que agregó que la entidad apunta a elevar sus reservas de divisas al 15% del Producto Bruto Interno (PBI).

 

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Dicen que para bajar la inflación hay que reducir el déficit fiscal

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Por la aceleración de los precios, el Banco Central adoptó una estrategia de contracción monetaria. Esto implica tasas de interés más altas y atraso cambiario lo que retarda la recuperación de la producción. Las críticas no deberían orientarse hacia el Banco Central sino al resto de las áreas que toman decisiones de gasto público no coherentes con la meta de inflación adoptada. Para bajar la inflación se requiere más austeridad e innovación en la gestión del Estado.
La meta de inflación adoptada por el gobierno nacional para el año 2017 se ubica entre el 12% y el 17% anual. Sin embargo, el crecimiento de los precios en el primer trimestre del año fue del 2,1% promedio mensual lo que implica una proyección de inflación anual del orden del 28%. Ante una brecha tan amplia entre la inflación observada y el objetivo planeado, el Banco Central decidió elevar la tasa de interés de referencia.
La estrategia generó encendidas polémicas. Con fundamento, se endilga que esto aletargará la esperada recuperación en la actividad productiva. La explicación es que provoca un encarecimiento del crédito y movimientos especulativos que hacen que el valor del dólar se mantenga relativamente estable, lo que ante una elevada inflación genera atraso cambiario. La mayoría de los sectores productivos se verán afectados negativamente, en especial, los exportadores y las industrias y servicios que compiten con las importaciones.
Para evaluar las posibilidades que el Banco Central tiene de alcanzar la meta inflacionaria resulta pertinente trazar algunos paralelos con el pasado reciente. Según datos del Ministerio de Hacienda se observa que:
  • Entre los años 2009 y 2013 la inflación fue del 23% anual y el déficit fiscal alcanzó en promedio al 3% anual.
  • Entre los años 2014 y 2016 la inflación fue del 36% anual y el déficit fiscal alcanzó en promedio al 6% anual.
  • Para el año 2017 la meta de inflación es de entre el 12% y 17% anual pero en el primer bimestre el déficit fiscal se ubicó por encima del 6% del PBI.
Estos datos sugieren una cierta correlación entre la magnitud del déficit fiscal y la tasa de inflación. Ciertamente que no se trata de una proporcionalidad directa ya que la inflación depende de muchos factores, además del fiscal. Pero los órdenes de magnitud señalan una visible contradicción entre el tamaño y la tendencia del déficit fiscal y el objetivo de que la inflación no supere el 17% anual. En otras palabras, se adoptó una meta de inflación que exige una reducción de gasto público mucho más rápida y profunda que la que se viene aplicando.
Se argumenta que la gradualidad en el ordenamiento de las cuentas públicas busca evitar los costos sociales de un ajuste fiscal más rápido. Sin embargo, posponer decisiones que apunten a dar racionalidad al sector público también genera costos sociales. Ante un gasto público que no baja, el Banco Central se ve forzado a adoptar una estrategia monetaria que –vía encarecimiento del crédito y atraso cambiario– aletarga la recuperación. ¿Es socialmente menos costoso demorar la reactivación de la producción que tomar medidas para reducir el gasto público?
Hay ejemplos en los que la gradualidad, tomada por decisión propia o porque lo obliga la Justicia o la oposición, implica profundizar costos sociales. Son los casos de seguir asignando una enorme masa de recursos a subsidiar las tarifas de los servicios públicos de la región metropolitana. Quienes viven en el interior no acceden a esos subsidios y además soportan las consecuencias de las políticas monetarias contractivas que el exceso de gasto público obliga. En el mismo sentido, hay costos sociales en seguir demorando la reforma del sistema previsional, en no desmantelar estructuras burocráticas heredadas en el sector público nacional cuyas funciones se superponen con las provincias y los municipios, y en seguir manteniendo un sistema tributario altamente distorsivo e inequitativo.
La polémica por la política monetaria contractiva no debería apuntar al Banco Central sino a las decisiones de gasto público que se toman en el resto del sector público. Sin una dinámica más propensa a la austeridad, a la innovación y a la calidad en la gestión del Estado, no solo que no se podrá bajar la inflación, sino que no hay posibilidad de iniciar el ansiado ciclo de crecimiento económico con inclusión social.
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