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¿Recesión en puerta en Estados Unidos? Analistas dicen que sí para 2023

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Analistas consideran que Estados Unidos experimentará una recesión el próximo año, ante el tono más agresivo de la Reserva Federal (FEd) en su intento de controlar la inflación.

Para JPMorgan Chase, la caída que reporta el S&P 500 implica un 85 por ciento de probabilidad de una recesión en medio de temores de un error de política por parte de la Fed. La advertencia de los estrategas se basa en la caída promedio del 26 por ciento del S&P 500 durante las últimas 11 recesiones y surge tras la caída del índice de referencia a un mercado bajista en medio de las preocupaciones sobre el aumento de la inflación y las agresivas alzas en las tasas de interés.

Analistas de Wells Fargo también auguran que a mediados de 2023 la Unión Americana registre una leve recesión, dado el panorama inflacionario actual.

“Estamos cambiando nuestro pronóstico de caso base para el próximo año de un aterrizaje económico suave a una recesión leve a partir de mediados de 2023. Los datos recientes sugieren que la inflación se está arraigando cada vez más en la economía”, añadieron.

Una encuesta reciente del Financial Times e IGM, señala que el 38 por ciento de economistas consultados avizoran una recesión en la primera mitad de 2023, y 30 por ciento prevé que será en la segunda mitad de ese año. Otro 30 por ciento estima que será en 2024.

Bloomberg Economics estima que hay un 80 por ciento de probabilidad de que la mayor economía del mundo caiga en recesión en el primer trimestre de 2024, tras el tono más hawkish de la Fed.

El miércoles, la Fed elevó en 75 puntos base la tasa de interés de los Fondos Federales, situación que no se veía desde noviembre de 1994, luego de que en mayo la inflación llegó a 8.6 por ciento, el mayor nivel visto en 41 años.

Con ello, la tasa de los Fondos Federales se ubicó en el rango del 1.5 al 1.75 por ciento, y el mercado está descontando que la tasa cierre por encima del 3 por ciento este año, situación que podría poner un ‘freno’ a la economía norteamericana el próximo año.

Jack Abblin, CIO de la gestora de activos Cresset, indicó que los líderes empresariales cada vez están más preocupados por una recesión en EU. “La probabilidad de recesión dentro de 24 meses (por parte de la Fed) se disparó a más del 98 por ciento en mayo”.

Daniel Bachman, economista para la consultora Deloitte en Estados Unidos, coincidió que existe la posibilidad de que el tono restrictivo de la Fed derive en una recesión.

Por su parte, Esteban Polidura, director de asesoría para las Américas de Julius Baer, comentó que “aún no se sabe si la Reserva Federal de Estados Unidos logrará diseñar un aterrizaje suave sin causar demasiada destrucción de la demanda”.

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Analistas advierten por una recesión en Estados Unidos

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El banco Goldman Sachs recortó hoy las perspectivas de crecimiento para los Estados Unidos y advirtió hoy por las crecientes probabilidades de una recesión, fenómeno que el presidente Joe Biden no cree que sea “inevitable”.

Los economistas de Goldman Sachs ahora estiman un 30% de probabilidades de recesión para Estados Unidos durante 2023 –en lugar del 15% previo- y un 25% para 2024, en caso de que se evite la contracción en el año previo, lo cual implica un 48% de probabilidad acumulada para ambos años, según indicaron en una nota difundida por la agencia Bloomberg.

“Vemos ahora un mayor riesgo de recesión”, subrayó el grupo de especialistas liderados por Jan Hatzius.

Según indicaron, los principales motivos son “la menor base de crecimiento” junto con la nueva postura monetaria de la Reserva Federal (FED).

La FED aumentó su tasa de interés de referencia 0,25% en marzo y 0,50% el mes pasado, para luego anunciar –el miércoles pasado- una nueva suba de 75 puntos básicos –la mayor desde 1994-, ubicándola en un rango de entre 1,50% y 1,75%.

La suba responde al objetivo de frenar la escalada inflacionaria, que en mayo ascendió al 8,6% anual, la mayor cifra desde diciembre de 1981.

Del mismo modo, el presidente del organismo, Jerome Powell, no descartó para junio un nuevo aumento de 50 o 75 puntos.

En la última reunión monetaria, los funcionarios de la FED proyectaron un aumento hasta el 3,4% para fin de año, lo que implica otros 175 puntos básicos de ajuste durante los meses venideros y estimaron una tasa máxima del 3,8% para 2023.

En su reporte, los economistas de Goldman Sachs se mostraron “preocupados de que la FED se vea motivada a responder a la inflación si los precios de la energía siguen subiendo, incluso si ello lleve a una fuerte desaceleración en la actividad”.

Si bien consideraron que al no existir “grandes desbalances”, una “recesión causada por un ajuste moderado probablemente sea poco profunda”, este tipo de contracciones vio “aumentar la tasa de desempleo en un promedio de 2,5%”.

Asimismo, los analistas, pese a mantener su previsión de crecimiento de 2,8% para el segundo trimestre, recortaron sus estimaciones del tercer trimestre de 2022 al primero de 2023, con crecimientos de 1,75%; 0,75% y 1%, respectivamente, para cada uno de los periodos.

En la misma línea, Elon Musk, fundador y CEO de la automotriz Tesla y de la firma espacial SpaceX, advirtió hoy que “una recesión es inevitable en algún punto”.

“Sobre si habrá una recesión en el corto plazo, es mas posible que haya que lo contrario”, señaló en una entrevista en el Foro Económico de Qatar en Doha.

Del mismo modo, Nouriel Roubini, economista reconocido por anticipar la crisis financiera de 2008, previó una recesión para fines de este año y alertó qué los índices de confianza del consumidor, ventas minoristas y actividad industrial se están desacelerando mientras la inflación sube.

Sin embargo, no es el mismo punto de vista del presidente Joe Biden, quién enfatizó ayer en Delaware que una recesión “no es inevitable”, tras una conversación que mantuvo con el ex secretario del Tesoro, Larry Summers.

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Cumbre de las Américas, choque de visiones

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Uno de los eventos más importantes a nivel geopolítico continental tuvo lugar en Estados Unidos, en el corazón del estado de California. Hablamos de una nueva Cumbre de las Américas, en este caso la edición IX, que se dio en la ciudad de Los Ángeles y que estuvo repleta de polémicas, curiosidades y aspectos a analizar. En ese sentido, la tan ansiada Cumbre dio mucho que hablar en una semana repleta de actividades para los líderes americanos que se dieron cita en el encuentro.

Ausencias y presencias

Las polémicas comenzaron antes de la cumbre que tuvo lugar entre el 6 y el 10 de junio. Joe Biden, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, comenzó a agitar el avispero político latinoamericano desde la lista de invitados. Desde hace varios meses antes del inicio de la cumbre, el demócrata fogoneó la posibilidad, e inclusive en tono de amenaza, del veto de países de suma importancia para la región. Hablamos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Los deseos del Tío Joe fueron órdenes y se hicieron realidad. Finalmente, esta tríada de países latinoamericanos fue excluida de la IX Cumbre de las Américas. Las razones abundan desde Washington. En principio, y según deslizó la mismísima Casa Blanca, la cuestión principal es ideológica y de manejo político. Estados Unidos acusó a estos países de tintes socialistas de ser dictaduras sanguinarias donde no se reconocen Derechos Humanos fundamentales. Desde esta perspectiva, Joe Biden, Kamala Harris y Antony Blinken sentaron una rígida postura que no fue bien recibida desde el centro y sur de América. 

La cuestión ideológica es llamativa, en principio porque Joe Biden abogó por mayor pluralidad y cooperación con los países latinoamericanos en su discurso preelectoral. Y, por otro lado, que es algo que pareciera tener mayor flexibilidad, es la relación Estados Unidos-Cuba. Entre tantos avances y retrocesos, la Cumbre de las Américas del 2022 marcó un claro retroceso en cuanto a relaciones diplomáticas refiere entre estos países. En este apartado, cabe una comparación con lo sucedido en la Cumbre de las Américas de 2015 que se realizó en Panamá. Allí participó Cuba y hubo un encuentro histórico con Estados Unidos tras 50 años, que fue materializado con un apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro, ambos máximos mandatarios en esos años. 

Si nos remitimos a la actualidad, Biden decidió tomar una distancia considerable de la cuestión cooperativa con Cuba, en disidencia con las decisiones tomadas por el expresidente Obama. Y por el lado de Cuba, a Miguel Díaz-Canel no le tembló el pulso para apuntar sagazmente con su discurso contra Washington, acusándolos de tener una acción represiva, de discriminación y de generar una situación rupturista para con la región latinoamericana.

Los otros dos países vetados fueron Venezuela y Nicaragua. Estos países siguieron el mismo camino de Cuba en el marco de las decisiones de Biden de no tenerlos en cuenta para esta novena edición de la Cumbre de las Américas, casi por un efecto rebote, en cuestiones ideológicas. Tanto Venezuela como Nicaragua mantienen, con total controversia y discusiones, ciertos modelos socialistas, cercanos a la experiencia cubana. Más allá de esto, la situación se vuelve más confusa cuando se comprende que Estados Unidos es uno de los más grandes compradores de petróleo a Venezuela, y potenciado aún más por el contexto de la crisis energética global generada por la Guerra en Ucrania. Este año, Biden se refugió en el petróleo de Maduro y allí parece no importar los Derechos Humanos. 

Cierto es que estos países tienen en su haber una gran cantidad de polémicas relacionadas a la falta justamente de los derechos fundamentales del hombre y la mujer. Cuando se habla de Cuba, Venezuela y Nicaragua, generalmente se asocia a problemáticas concernientes con la falta de disidencia política, la persecución, arrestos ilegales e inclusive represiones que llevan a la muerte a personas opositoras al régimen. Biden, al mejor estilo Tío Sam, parece sólo mirar la paja en el ojo ajeno. Estados Unidos es el país con mayor cantidad de invasiones en el extranjero en las últimas décadas, incluyendo delitos de profunda complejidad como el de crimen de guerra. 

Cabe hacer una lectura entrelíneas acerca de la decisión de Joe Biden que es mucho más profunda que un simple desencuentro ideológico, propio de la Guerra Fría. En un contexto macro, es la guerra ruso-ucraniana la que vuelve a tomar importancia. Cuba, Venezuela y Nicaragua son aliados estratégicos regionales de Rusia, y además son países que no han condenado con total seguridad ni con sanciones a las acciones de la patria de Putin sobre el suelo ucraniano. En base a eso, el mensaje es el siguiente: Cuba, Venezuela y Nicaragua son aliados de Putin, por ende, no pueden entrar a Estados Unidos. Y al no participar de la Cumbre de las Américas, se los excluye directa e indirectamente de las decisiones continentales. Ese mensaje no solamente se remite a una cuestión de simpatía o “amistad” de la tríada socialista latina con Putin, sino que denota que Estados Unidos sigue teniendo la suficiente autoridad como para decidir por todo el continente. Hacen honor a su gentilicio interno, los estadounidenses se dicen americanos y durante esta semana han decidido por sobre el resto de los países que integran América.

El día después del veto 

Las reacciones ante la decisión de exclusión que tomó Washington contra los países de Díaz-Canel, Maduro y Ortega fueron diversas, polarizadas e inmediatas. La más fuerte de ellas vino desde un vecino país de Estados Unidos. México hizo un repudio público a través de su presidente Andrés Manuel López Obrador. El mandatario mexicano se rehusó a asistir a la cumbre llevada a cabo en Los Ángeles, pero sin embargo sí participó una delegación en representación de su país. De hecho, el mismo AMLO habló de la participación de la IX Cumbre de las Américas bajo protesta, ante el veto contra Cuba, Nicaragua y Venezuela. La figura del presidente mexicano era clave para Joe Biden, y simbólica y comunicativamente, López Obrador le dio un disgusto. Estados Unidos necesitaba tratar asuntos relacionados a las crisis migratorias que provienen desde Centroamérica, pasan por México y terminan en la enorme frontera común. De hecho, la crisis migratoria continúa agravándose y en el trajín de la cumbre se han visto movilizaciones monumentales de centroamericanos intentando llegar a Estados Unidos, asentarse y tener una mejor vida, entendiendo la mayor posibilidad de movilidad social ascendente que se pueda dar una vez que penetren las fronteras protegidas por “la migra”. 

El repudio no quedó solamente en AMLO y en Norteamérica. A la decisión de no asistir se les sumaron Bolivia y Guatemala, de la mano de sus presidentes: Luis Arce y Alejandro Giammatei. Ambos países se sumaron al boicot contra Estados Unidos. A ellos se les sumaron los 13 países que integran la Comunidad del Caribe (CARICOM). Un revés que no esperaba Joe Biden y que termina significando una derrota en su proceso de integración con Latinoamérica. 

Si uno habla de política internacional, es una clara derrota de Estados Unidos y que genera, en perspectiva globalista, una mayor desconfianza en Biden como el líder de occidente. Esto es importantísimo para Estados Unidos, entendiendo que, en un contexto de guerra en Europa, el cual puede agravarse en cualquier momento, tener una figura rígida en el marco de decisiones en el exterior es clave para Occidente, y la demostración de un boicot generado en su propio continente, no deja bien parado a Washington, e inclusive puede verse vulnerable ante semejante escenario. 

En tanto, hubo países que se presentaron en la cumbre, llevando la bandera del mensaje de unidad y de la disconformidad con la decisión estadounidense. Tal es el caso de Alberto Fernández y Gabriel Boric, quienes han dicho presente, pero han disparado contra la decisión de Biden. Y, por otro lado, hay países que no han discrepado en ningún aspecto con la decisión de vetar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, es el caso de Brasil del siempre polémico Jair Bolsonaro y de Uruguay, bajo la presidencia de Luis Lacalle Pou, quien finalmente no asistió por dar positivo en COVID – 19. 

Argentina in L A 

La delegación argentina llegó a esta IX Cumbre de las Américas con una gran serie de disyuntivas. Por un lado, el hecho de participar, pero no guardarse ninguna crítica por las ausencias forzadas desde Estados Unidos. Alberto Fernández consideró que el hecho de ser anfitrión no le da la capacidad a Washington de excluir a otros países americanos. Asimismo, Argentina ofició de representante de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y aclaró su preocupación en “que impidan que todas las voces del hemisferio dialoguen y sean escuchadas”.

De hecho, si hablamos de representación latina en la bandera celeste y blanca, fue el mismo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quien aclaró que Alberto Fernández fue el señalado para llevar las voces venezolanas a Los Ángeles.

La presencia argentina en la Cumbre de las Américas 2022 se complejiza aún más, comprendiendo una necesidad de características simbólicas para con Estados Unidos. La reestructuración de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional no solamente se entiende por el hecho de llevar adelante un programa económico que agrade a los acreedores (FMI), sino también con cierta cordialidad política y diplomática con el gran país del norte. La presencia de Alberto Fernández mucho tiene que ver con continuar obteniendo los vistos buenos de Joe Biden para mantener cierto crecimiento económico mientras se salde la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Una situación prácticamente de parentesco que se explica nuevamente la importancia del capital social para tener resultados positivos. 

Asimismo, y de manera paralela a estas cuestiones, Argentina busca rubricar una serie de inversiones en distintos rubros del sector productivo nacional para los próximos meses y años que potencien aún más a una economía en reconstrucción. La necesidad de tener aliados poderosos es una estrategia llevada adelante por la política de consenso de Alberto Fernández. En menos de un año, el presidente argentino se ha mostrado cerca de EEUU, Francia, Alemania, Rusia y China. Todos ellos, países que responden a intereses yuxtapuestos, sobre todo en una vieja disputa Occidente – Oriente. 

Otra cuestión a tener en cuenta cuando se analiza la presencia de Alberto Fernández en la IX Cumbre de las Américas, se basa en el posicionamiento de Argentina como un líder regional. Las ausencias de los países socialistas en conjunto con México y Bolivia, sumadas a la reciente imagen que tiene Gabriel Boric en Chile y Xiomara Castro en Honduras, posicionan al gobierno de Fernández como el máximo representante del progresismo en Latinoamérica. Por un lado, esto tiene preponderancia bajo la premisa de que siempre es positivo ser la referencia máxima en un evento diplomático de supina importancia; y por otro, la posibilidad de obtener una mayor visibilidad diplomática que traiga a colación beneficios a futuro para Argentina. 

La tierra colorada tuvo su representante en esta novena edición de la Cumbre de las Américas. El intendente de Posadas, Leonardo Stelatto participó y disertó en el capítulo de los alcaldes. Con presencia en Los Ángeles, el mandatario de la capital provincial, habló de las políticas a corto, mediano y largo plazo llevadas adelante en Posadas desde la perspectiva de la sustentabilidad, la sostenibilidad y el cuidado del ambiente. Estos tópicos fueron de los temas principales de debates entre los jefes de estados americanos, y allí, en el marco de una agenda global, Misiones tuvo su representante. Asimismo, un dato que no es menor, es que “Lalo” Stelatto fue el único intendente argentino en participar en la Cumbre, junto a otros alcaldes o jefes comunales de todo el continente. Posadas fue vista como una Smart City en Los Ángeles. 

Primeros resultados de la Cumbre 

Pasando por encima la imagen internacional que dejó Estados Unidos ante el veto contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, y el boicot generado por una gran cantidad de países americanos contra Joe Biden, hay una serie de acuerdos directos e indirectos de carácter bilateral que se pueden visualizar. 

Centrado en las problemáticas principales, como se nombró previamente, la sustentabilidad, los objetivos climáticos y las energías renovables fueron ejes primordiales de la agenda de la IX Cumbre de las Américas. Lógicamente que la voz cantora principal la tuvieron Estados Unidos y Canadá, aunque con buen presencia argentina y chilena en ese aspecto, y, además, hubo una reunión esperada en este aspecto: Biden – Bolsonaro. Estos líderes se reunieron con el tópico, entre tantos otros, de debatir la problemática del Amazonas, el mal manejo de políticas medioambientales en Brasil y la queja constante de los pueblos originarios del Amazonas por el avasallamiento de sus territorios mediante el accionar extractivo de empresas privadas. Cabe recordar que Bolsonaro había criticado, hace unas semanas, la llegada a Biden al poder y volvió a esbozar el concepto de fraude electoral en los comicios que impidieron la reelección de Donald Trump en Estados Unidos.

La noción del cuidado del ambiente como parte de una política integral americana, guarda mucha relación con lo sucedido casi paralelamente en el viejo continente. Los eurodiputados tomaron una serie de medidas que benefician al cuidado del ambiente en esta semana, e inclusive planteando el debate de restringir el uso de autos a combustión para la próxima década. No es casualidad que los jefes de estados americanos busquen consenso en ese punto de vista. 

En consecuencia, con lo explicado en el principio acerca de la crisis migratoria en el centro y el norte de América, aquí también hizo hincapié Estados Unidos. Más allá de la ausencia de Andrés Manuel López Obrador, la misma delegación estadounidense hizo oficial su intención de un paquete monetario que se inyecte en los países centroamericanos que ofician de génesis de las corrientes migratorias. Según Kamala Harris, la vicepresidenta estadounidense, anunció un compromiso con el sector privado expresado en más de 1,9 mil millones de dólares destinados para la creación de oportunidades económicas en tres países en particular: El Salvador, Honduras y Guatemala. Asimismo, Washington anunció la creación del Cuerpo de Servicios Centroamericano, con una iniciativa del sector público y privado, y con una visión filantrópica de 50 millones de dólares. La vicepresidencia de Estados Unidos también aseguró el compromiso de su gobierno con el sector privado para empoderar económicamente a las mujeres en Centroamérica. Estas medidas buscan generar un efecto positivo al interior de dichos países para evitar oleadas de migrantes que busquen como destino a EEUU.

Cabe aclarar que una gran suma de migrantes que se sumen casi indirectamente al mercado laboral informal estadounidense puede llegar a generar una serie de problemáticas económicas en distintas urbes de EEUU. Entendiendo que, a mayor mano de obra disponible, más trabajos pueden ocuparse, y al haber mayor demanda y menor oferta, los sueldos y las mensualidades pueden decrecer. Esta es una de las preocupaciones principales de los alcaldes y gobernadores estadounidense de las urbes que generalmente son elegidas por los migrantes que huyen de las crisis económicas, sociales y políticas de sus países de origen. 

Asimismo, también se suman temáticas relacionadas a la salud, en un contexto donde continua la pandemia de COVID – 19 y cada tanto se generan nuevas olas en distintos países americanos, y a eso sumarle la alerta epidemiológica de la viruela del mono, presente ya en varios países. De igual manera, cuestiones relacionadas directamente a la desnutrición infantil guardan estrecha relación con la pobreza existente en todos los países del continente americano, en mayor o en menor medida, pero con presencia, a fin de cuentas. 

Otra temática incluida en la IX Cumbre de las Américas es la inseguridad y la delincuencia. Esta llega en un contexto sensible en Estados Unidos, país anfitrión que se encuentra sumergido en una ola de críticas por el increíble número de tiroteos masivos que tienen lugar en suelo estadounidense prácticamente día tras día y con un profundo e histórico debate sobre el acceso a las armas. A eso se le suman los distintos parámetros de inseguridad en toda América, como mafias, pandillas y narcotráfico. Si bien se entiende que estas problemáticas tienen sus cimientos en cuestiones verdaderamente estructurales, los representantes presentes en la cumbre han hecho eco de su preocupación por el creciente número de situaciones relacionadas a la inseguridad en el interior de sus fronteras, cada una con sus propias características. 

Más que una cumbre, un escenario internacional Este concierto denominado IX Cumbre de las Américas desnudó una gran cantidad de variables ideológicas que se dan en el continente americano y las cuales ya se han analizado. Ahora queda pensar en cómo se va a configurar el mapa geopolítico del continente luego de las rispideces y las diferencias generadas en este evento diplomático. Hay que comenzar a pensar en un mayor deterioro de la relación de EEUU con los países socialistas de Latinoamérica, y en ese punto, las implicancias económicas de este enfriamiento diplomático. En consecuencia, cabe preguntarse se repercutirá en el crudo de petróleo venezolano vendido día a día a Estados Unidos, en el bloqueo económico que el país de Biden ejerce sobre Cuba desde 1962 y en el paquete económico que prometió Washington para países centroamericanos como Nicaragua. Asimismo, habrá que comenzar a pensar en que, si los países latinoamericanos fortalecerán la CELAC o una nueva comunidad de integración regional por fuera de los intereses directos de Estados Unidos y Canadá, y si la confianza en la Organización de Estados Americanos será unánime, luego de su fatídica actuación en el golpe de estado en Bolivia en 2019 y su repudio público en la cumbre. Finalmente, habrá que pensar que sucede con los países que han respaldado con efusividad las decisiones tomadas por Washington. Es necesario pensar en Colombia, Uruguay y Brasil y en un potencial mejoramiento de las relaciones bilaterales con Estados Unidos y, casi como anexo, un mayor respaldo económico interior y exterior. El teléfono de la Casa Blanca volvió a sonar y Latinoamérica se expresó.

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Cumbre de las Américas de Los Ángeles: error de cálculo y mala lectura del presente regional

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(Por Francisco Alcácer, enviado especial) El grito rasga el silencio e interrumpe al secretario general de la OEA durante un evento al margen de la Cumbre de las Américas de esta semana en Los Ángeles: “¡Luis Almagro, usted tiene sangre en sus manos! ¡Por usted, hubo un golpe en Bolivia!”.

Almagro exige a los gritos al joven que se retracte y no mienta, ante un asombrado auditorio de estudiantes que se miran, funcionarios nerviosos, policías que se preparan a intervenir y fotógrafos y camarógrafos que buscan el mejor ángulo del escándalo.

Al final, no fue para tanto. El activista socialista estadounidense Walter Smolarek fue sacado por la policía y liberado rápidamente sin cargos, en la calle, dos pisos más abajo. Pero su clamor pareció resonar más allá de ese hotel de Los Ángeles.

Al día siguiente, el presidente Alberto Fernández pedía ante su par estadounidense Joe Biden y los demás líderes americanos una reforma de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la remoción de Almagro por “facilitar” un golpe en Bolivia en 2019.

Ayer, el canciller de México apoyó la propuesta de Fernández en su discurso en la cumbre.

Haber dado tal centralidad a la defensa de la democracia en la primera Cumbre de las Américas desde el golpe de Estado en Bolivia contra el expresidente Evo Morales no parece haber sido el mejor cálculo del Gobierno de Biden.

La anterior administración estadounidense de Donald Trump y Almagro reconocieron en su momento a las autoridades de facto de Bolivia, que hoy están siendo juzgadas.

Tampoco parece haber sido la mejor lectura de Washington del panorama político regional.

La cumbre de Los Ángeles debería haberse celebrado el año pasado, pero se postergó por el coronavirus. Desde la anterior Cumbre de las Américas, en Lima, Perú, en abril de 2018, mucha agua corrió bajo el puente en la región.

Un mes después, Nicolás Maduro fue reelecto en Venezuela. A los pocos días, el líder opositor Juan Guaidó se proclamó presidente venezolano. Trump lo reconoció de inmediato. La OEA declaró ilegítimo el mandato de Maduro.

Ocho meses después de la cumbre de Lima, Andrés Manuel López Obrador se convertía en el primer presidente de izquierda de México de la historia reciente elegido en comicios plenamente democráticos.

Meses más tarde, en octubre de 2019, Morales fue reelecto en Bolivia. La oposición denunció fraude y convocó protestas, y el mandatario renunció presionado por el Ejército y la policía. Fue reemplazado de manera ilegal por Jeanine Áñez.

Días después, Almagro llamó a Áñez “presidenta del Gobierno provisional de Bolivia” tras haber hablado de supuestas irregularidades en los comicios.

Al mes siguiente, Fernández llegó al poder en Argentina. Con su ayuda, Morales se exilió primero en México y después en Argentina y luego regresó a Bolivia.

Su partido socialista ganó las elecciones en 2020 y recobró el poder, de la mano de Luis Arce. Áñez fue condenada ayer a 10 años de cárcel por la forma en que asumió la Presidencia.

Este año, tres gobernantes de izquierda reemplazaron a otros de derecha en Chile, Perú y Honduras: Gabriel Boric, Pedro Castillo y Xiomara Castro.

En Brasil, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva es el favorito para las elecciones de octubre, mientras que en Colombia el exsenador Gustavo Petro puede hacer historia este mes y transformarse en el primer presidente de izquierda del país.

En ese contexto, al Gobierno de Biden le pareció una buena idea excluir de la cumbre de Los Ángeles a Cuba, Nicaragua y Venezuela por antidemocráticos.

Las consecuencias eran previsibles.

López Obrador confirmó que no iba a estar presente el mismo día que empezaba la cumbre, y a su previsto boicot ya se habían sumado Arce, Castro y otros líderes centroamericanos.

Estados Unidos trató de pasar página rápidamente anunciando esta semana con bombos y platillos en Los Ángeles una serie de iniciativas para la región, pero eso no evitó que la polémica acompañara la cumbre hasta el final.

Los discursos en las reuniones de mandatarios dieron a Fernández, Boric, y al canciller mexicano, Marcelo Ebrard, la oportunidad que buscaban de hacer oír a Biden su descontento.

“Ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un derecho de admisión sobre los países miembros del continente”, planteó Fernández.

“La arquitectura, fundamentos y función de la Organización de los Estados Americanos está agotada. (…) Estoy solamente recogiendo lo que he escuchado, más lo que es la posición nuestra también, y nos unimos a ellos”, declaró Ebrard.

El despliegue público de división y recriminaciones fue otro revés diplomático para el Gobierno estadounidense, además de las ausencias.

Biden había diseñado la cumbre a fin de dar un poco más de pelea a las inversiones de China en las Américas y mostrarse diligente en problemáticas continentales de impacto en su país que le suman votos en un año electoral clave, como la inmigración.

China financia grandes proyectos de infraestructura en América Latina y el Caribe, a las puertas de Estados Unidos.

El Gobierno de Biden intentó rivalizar con China con fondos estatales, pero las leyes para ello están bloqueadas en el Congreso por la oposición republicana. Así que trató de reclutar a las grandes corporaciones para hacerse cargo del esfuerzo mientras tanto.

El resultado fue que todas las medidas de ayuda económica a la región anunciadas por Estados Unidos durante la cumbre fueron compromisos de inversiones privadas.

De manera paradójica, el único aporte monetario directo de Estados Unidos para la región anunciado esta semana en Los Ángeles fueron 331 millones de dólares para prevenir la inseguridad alimentaria, un tema que no estuvo en la agenda del encuentro.

La inflación en Estados Unidos, una de las cuestiones que más se le reprocha a Biden, alcanzó su récord interanual en mayo, al ubicarse en el 8,6%, mientras Washington envía armas a Ucrania para que pueda sostener la guerra contra Rusia, que ha disparado los precios de los alimentos.

Mientras los líderes retomaban ayer las plenarias de la cumbre, Biden finalmente hablaba de inflación y medidas para contenerlas, pero no en el encuentro con sus pares americanos, sino en un discurso en el puerto de Los Ángeles, para una audiencia interna.

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El Presidente instó por una América latina sin exclusiones y reclamó la reestructuración de la OEA y el BID

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El presidente Alberto Fernández dijo hoy que América está “frente a la oportunidad de plantearnos el desarrollo de una verdadera Asociación Estratégica Común”, al exponer en la reunión plenaria de apertura de la IX Cumbre de las Américas, que se desarrolla en la ciudad estadounidense de Los Ángeles.

El presidente Alberto Fernández dijo hoy que América está “frente a la oportunidad de plantearnos el desarrollo de una verdadera Asociación Estratégica Común”, al exponer en la reunión plenaria de apertura de la IX Cumbre de las Américas, que se desarrolla en la ciudad estadounidense de Los Ángeles.

“Nos preocupa que América Latina y el Caribe hayan emergido de la pandemia como la región más endeudada del mundo en desarrollo”, dijo el mandatario durante su exposición como presidente pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

En ese sentido, recordó que “el peso promedio de la deuda externa supera el 77 % del producto bruto regional” y lamentó “esta suerte de lotería del nacimiento que hace que quienes nacen en humildes pueblos de nuestra región, vean reducir casi 15 años sus expectativas de vida respecto de quienes nacen en barrios acomodados”.

“¿Por qué padecemos semejantes penurias si nuestra tierra nos ha dotado para producir alimentos y energía como a muy pocas regiones del mundo?”, se preguntó el mandatario y remarcó que la respuesta “se encuentra en el orden global, el mundo central ha fijado reglas financieras evidentemente inequitativas”.

Además, Fernández puntualizó que “hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. El silencio de los ausentes nos interpela. Para que esto no vuelva a suceder, quisiera dejar sentado para el futuro que el hecho de ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un “derecho de admisión” sobre los países miembros del continente”.

En otro pasaje del discurso, el jefe de Estado cuestionó el rol desempeñado por la Organización de Estados Americanos. “Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia”, recordó el Presidente, y agregó: “Se han apropiado de la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo que históricamente estuvo en manos latinoamericanas”.

“En esta Cumbre debemos analizar el presente y proyectar el mañana en pos de una reconstrucción creativa del multilateralismo”, remarcó el presidente.

Para ello, el mandatario planteó que “la OEA, si quiere ser respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada, debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen” y que “la Banca de Desarrollo Regional, sin más demoras, tiene que volver en su gobernanza a América Latina y el Caribe”.

En ese aspecto, el presidente valoró dos ejes de trabajo para el desarrollo equitativo de la región. “Les propongo dos grandes objetivos: organicemos continentalmente la producción de alimentos y proteínas y desarrollemos nuestro enorme potencial energético y de minerales críticos para la transición ecológica”.

En relación a las Islas Malvinas, el mandatario destacó que “seguimos reclamando por las vías diplomáticas los legítimos derechos que nos caben sobre nuestras Islas”.

“Estoy aquí tratando de construir puentes y derribar muros, como presidente de la CELAC quiero invitarlo a participar de nuestra próxima reunión plenaria”, invitó el Presidente a su par estadounidense, Joe Biden.

Para finalizar, Fernández destacó: “Sueño que, en una América fraternalmente unida, nos comprometamos a que todos los seres humanos que habitan nuestro continente tengan derecho al pan, a la tierra, al techo y a un trabajo digno”.

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