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¿Don’t tread on me?: El dilema de las armas en Estados Unidos

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Desde el siglo pasado, la sociedad estadounidense puso sobre la mesa una discusión más que interesante: el uso de las armas. Este país, entre tantas cosas, se ha caracterizado por ser el lugar indicado en donde conseguir un arma es más fácil que acceder al odontólogo. El verdadero american dream para los conservadores de todo el mundo.

Estas premisas vuelven a salir a la luz a partir de lo sucedido en la masacre de Uvalde, Texas, el pasado 24 de mayo. Nuevamente, las armas utilizadas para dañar a los inocentes, en manos de agresores con una historia de vida que fue dejada de lado por los círculos sociales y por el mismo sistema. La pérdida de más de 20 vidas, entre ellas, la mayoría de niños, volvió a teñir de sangre a la tenencia de armas en Estados Unidos. Voces a favor y en contra, en una sociedad donde la portación de una pistola es más corriente que en algún otro país.

¿Guns, Freedom and God? 

La historia de Estados Unidos con las armas está signada por un fuerte proceso independentista de carácter virulento. En 1776 se declara la independencia de Estados Unidos por sobre la hegemonía británica en la zona. Los primeros años de la joven nación estadounidense tuvo como protagonista a fuertes combates en la guerra de independencia y el intento de construcción de una nación autónoma y soberana. Lógicamente, Gran Bretaña, madre de la patria de Estados Unidos, no pensaba dar el brazo a torcer, y es, con absoluta claridad, uno de los determinantes para el apogeo de la utilización de las armas en la actualidad estadounidense. 

Para la construcción del propio estado de los Estados Unidos, era necesario, como en todos los actuales modelos republicanos y democráticos de la actualidad, la necesidad de tener un corpus de leyes que pueda ser mediador de las relaciones sociales internas del país. Esta ley magna, conocida como la Carta de Derechos estadounidense (Bill of rights) contiene una enmienda fundamental para entender el proceso de construcción de consenso a la hora de portar armas: la Segunda Enmienda. Esta permite, hasta el día de hoy que los defensores de la tenencia de armas sigan manteniendo sus discursos. Dicha enmienda protege al pueblo de Estados Unidos de poseer y portar armas. 

La Segunda Enmienda dice lo siguiente: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. 

Esta traducción es tomada de los Archivos Nacionales de Estados Unidos. Esa enmienda fue propuesta en 1789 y finalmente aprobada en 1791. 

Ahora bien… ¿Hay una explicación para semejante institucionalización de la portación de armas? Claro que la hay, y básicamente se explica en la amenaza constante de las potencias europeas. Desde que la independencia de Estados Unidos se transformó en un hecho, la necesidad de Gran Bretaña de volver a contar con las colonias norteamericanas era imperante. Ante esto y los consecuentes roces armados en distintas zonas de la región atlántica de Estados Unidos, incluyendo a comerciantes, llevó a los actuales próceres estadounidenses a pensar en la posibilidad de la defensa como parte del aparato institucional. Armar a toda su población a través de la Segunda Enmienda fue básicamente una estrategia interna y externa. En la primera premisa se entiende la necesidad de tener un ejército robustecido ante cualquier avance de fuerzas extranjeras, más allá que los mismos sean tropas no profesionales. Por otro lado, a nivel externo, fue un llamado de atención para Reino Unido. Esto se explica en la necesidad de construir una imagen de un pueblo fuerte, resistente y con capacidad de dar batalla a un gigante mundial como lo era la corona británica por esos años. De hecho, esa constante sensación de invasión y conflagración fue argumentada con los sucesos ocurridos en la Guerra Anglo – estadounidense entre 1812 y 1815.

Entendiendo este derrotero histórico, es simple ver que la Segunda Enmienda tiene un fundamento meramente contextual. El hecho de una nación en defensa de su territorio dista mucho de la actualidad de Estados Unidos, la gran potencia mundial desde el siglo XX y con un prontuario enorme en cuanto al “mal uso” de las armas respecta.

En base a esto, modificar una enmienda de semejante preponderancia pareciera ser una tarea prácticamente imposible. Aquí cabe recordar que hay un gran sector de la población de Estados Unidos que apoya a ultranza la posesión y comercialización de las armas. Sin embargo, hay otra cuestión por demás importante: el costo político. Suponiendo que el gobierno de Joe Biden decida tomar cartas en el asunto y llevar adelante la sola idea de una reforma constitucional con el fin de revocar o cambiar esta enmienda, no solo sería histórico o revolucionario, sino que abriría el panorama a una situación de descontento generalizado tan evidente en la ciudadanía más conservadora y recalcitrante de Estados Unidos, que inclusive podría abrir el panorama a una radicalización de estos grupos. El costo político de trastocar una de las leyes fundamentales del génesis estadounidense podría significar una mayor oposición armada, e inclusive la posibilidad de ejercer golpes de Estado con total liviandad. La rudeza del ala más dura de los republicanos podría manifestarse y poner en riesgo el afianzamiento del Estado de Derecho de Estados Unidos. 

Palabras más, palabras menos… El intento de sofocar las oleadas de matanzas y masacres en Estados Unidos a través de una prohibición o cambios en la Segunda Enmienda, sólo podría generar una reacción aún más violenta. De hecho, uno de los argumentos expuestos por los “pro-guns” es que el hecho de tener una ciudadanía armada podría servir para tener en constante amenaza a la clase dirigente en que no transformen al Estado de Derecho en una tiranía. Don’t tread on me

¿Quiénes defienden el uso de las armas?

La política estadounidense es, casi por definición e historia, un sistema bipartidista. En este sentido, hay dos grandes partidos políticos que priman por sobre el resto: demócratas y republicanos. Estos últimos son generalmente los más asociados, desde la opinión popular como desde la defensa pública, como los más allegados al uso de las armas como así también a su comercialización. Sin embargo, y más allá de sobradas pruebas que demuestran el affaire de los republicanos con revólveres, pistolas y rifles, cierto es que no todo se puede remitir meramente a la cuestión partidaria.

Hay situaciones que ameritan una perspectiva mucho más sociológica. El sur de Estados Unidos es una región la cual, luego de la Guerra de Secesión (1861 – 1865) se comenzó a construir, desde el imaginario social, un prototipo de persona con características denotadas y, principalmente, una postura de defensa absoluta de la portación de armas. Más allá de los prototipos creados sobre los rednecks, hay una explicación para comprender el deliberado uso de armas, como se dijo previamente. En principio, el sur de los Estados Unidos luchó por un modelo de producción agraria, contra un modelo de producción industrial del norte durante la Guerra de Secesión. Ante la derrota del sur, Washington supo comenzar a unificar su estrategia de modo de acumulación del capital. Sin embargo, en el sur, casi por costumbre, se heredaron una serie de comportamientos: uno de ellos fue el de mantener un fuerte arraigo a la producción en los campos en contraste con las urbes cosmopolitas industriales. Este es un fenómeno interesante, ya que la protección de los campos lleva al auto – sustento de seguridad de los propietarios, quienes, mediante la utilización de armas de fuego, cuidaron y siguen cuidando sus campos hasta el día de hoy. Solo basta con ver la típica imagen de las películas “yankees”, donde se aprecia a un anciano con una escopeta en una silla mecedora. Cabe recalcar que esta imagen no es completamente homogénea y, claramente, no toda la población sureña es así, sino una pequeña parte, aunque peligrosa.

Ahora bien, la utilización de las armas para defender sus campos es una explicación hasta casi obvia. En este apartado hay que leer entrelíneas, y de esa forma cabe ver que la formación de la idiosincrasia del sureño estadounidense mucho tiene que ver con romper toda semejanza con el norte. La portación de armas, entre otros aspectos, son formas de rebelarse históricamente al dominio del norte industrial, cosmopolita y europeísta. Así también, son varias las aristas que se conjugan aquí, como ser los extremistas religiosos, el racismo confeso (por ejemplo, el KKK) y la exaltación de la cultura regional. Esos parámetros ampliamente polémicos conforman a un colectivo imaginario que es uno de los más grandes defensores de la portación de armas, casualmente avalados por la propia constitución estadounidense. 

Lógicamente que, en este gran grupo de adherentes, hay facciones anarcocapitalistas, conspiranoicos, grupos cuasi paramilitares, mafias y organizaciones criminales, y personas que han sido atravesadas por procesos de asimilación y de consumo del “ser” ultranacionalista estadounidense, que enarbola la bandera de la utilización, posesión y comercialización de las armas. Asimismo, el paulatino crecimiento de los niveles de inseguridad en las grandes urbes en conjunción con el precario accionar de la policía local y estatal en Estados Unidos, llevó a que la propia ciudadanía tome cartas en el asunto sobre cómo defenderse a sí mismo y a su propiedad. Detroit es el claro ejemplo del crecimiento industrial casi porcentualmente con el crecimiento de la inseguridad.

Para mayor complejidad, se suma un agregado más, y es el de las nuevas tecnologías de la comunicación. Las redes sociales han sido y siguen siendo grandes plataformas de formadores de opiniones, en los cuales pululan los discursos racistas, supremacistas, golpistas, anti cientificistas y xenófobos, entre otros. Se transformó en un sitio ideal en donde los adeptos a estas nefastas ideas encuentran a sus pares, y ven potenciados sus discursos al creer en la magnificación de los mismos. De esta forma, la formación de generaciones jóvenes se ven claramente seducidas por estas ideas puestas en una plataforma de consumo inmediato y virtual.

Asimismo, Estados Unidos presenta una situación que suele repetirse también en Latinoamérica. El bullying pareciera ser una problemática transversal a los modelos occidentales, en los cuales el acoso de una persona o un grupo sobre un perjudicado, termina provocando una herida enorme. En gran parte de las masacres que se han visto en Estados Unidos durante las últimas décadas, se puede apreciar a un agresor que pasó por un círculo de familia y escolar que han sido complicados o no lo suficientemente contenedores para con esas personas, como así también una sociedad cómplice que replica estas prácticas, sin poder generar un consenso para evitarlas con total solvencia desde las decisiones políticas. Es, lastimosamente, una constante cuando uno habla de matanzas o tiroteos. Claro está, que estas personas pueden llevar a cabo con total liviandad los semejantes actos que cometen debido a una legislación que los ampara y con una sociedad que fogonea la portación de armas, inclusive con un reciente ex presidente, tal como lo es Donald Trump.

Es menester también tener en cuenta a un grupo que institucionalizó y aglomeró a los fanáticos de las armas en Estados Unidos. En este sentido, la Asociación Nacional del Rifle es un espacio fundamental para los defensores de la portación de armas. El mismo fue fundado en 1871 y es el lugar en donde los discursos se transforman en acción, en donde, colectivamente, se defienden los ideales más conservadores del Estados Unidos profundo. Las decisiones que se tomen en esta comunidad son fundamentales para entender la problemática de la portación de armas en Estados Unidos. 

Estados Unidos y el culto al revolver 

Ante el inmenso grupo de personas que abogan por el uso de las armas, la proliferación de matanzas, masacres y tiroteos públicos ha sido moneda corriente, como ya lo hemos comentado previamente. Cifras de hasta el año 2018, tomadas por encuestadoras privadas dan un total de 120 armas por cada 100 habitantes de Estados Unidos, un número verdaderamente sorprendente. Según datos recabados por Gun Violence Archive, desde el año 2019, en Estados Unidos hubo más atentados y tiroteos públicos que días, con cifras realmente escalofriantes. Sin ir mas lejos, según esta asociación sin fines de lucro, el año pasado hubo 692 episodios violentos en donde las armas fueron el protagonista principal. Siguiendo con los datos, en 2020 hubo más de 45 mil víctimas por armas de fuego según el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. 

Estos datos solamente revelan el flagelo de un país entero ante la propagación de una verdadera cultura de las armas. Las diferencias sociales, políticas, económicas, culturales y étnicas, pareciera ser que quedan en segundo plano cuando se trata de este tipo de crímenes que, claramente, conmueven al total de la sociedad. Más allá de esto, solamente hay 8 Estados que tienen estrictas regulaciones a las armas de guerra y asalto: Nueva York, Nueva Jersey, Washington DC, California, Massachusetts, Maryland, Connecticut y Hawái. El resto de los Estados que conforman al gran imperio del norte simplemente se apegan a las leyes establecidas desde nación, e incluso hay Estados con menores regulaciones que el resto: Minnesota y Virginia. 

Las armas en el resto del mundo 

Indudablemente que para poder afirmar que la posesión de armas como una práctica legal y accesible en Estados Unidos es uno de los motivos por el cual tienen lugar más atentados, cabe realizar una comparativa con el resto del mundo y sus realidades. 

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, 53 personas murieron por día con ataques que incluyen a las armas de por medio, y  pareciera ser un número verdaderamente alto. El mismo dato está cruzado con el total de que 79% de los homicidios en general en Estados Unidos están asociados a la utilización de armas. Ante esto, cabe ver de manera comparativa con el resto del mundo. Por ejemplo, en Canadá, el 37% de las muertes fueron por armas de fuego, siempre tomando al 2020 como el año de análisis, en tanto que en Australia fue del 13% y Gran Bretaña del 4%. Estas cifras están fuertemente atadas a la explicación de una legislación que apoya (o no) a la proliferación de las armas en el común de las calles. 

Uno podría pensar que estos números simplemente explican la actualidad de Estados Unidos. Sin embargo, en un país de amplia complejidad como se explicó en clave histórica, un punto a tener en cuenta es el dato que revela Adam Lankford, un profesor asociado de justicia criminal en la Universidad de Alabama, quien reveló que entre 1966 y 2012 hubo 90 tiroteos masivos en Estados Unidos. Lógicamente, ese número se incrementó de manera exponencial como se expuso previamente, sin embargo, esos tiroteos y matanzas en EE.UU. forman parte de un total de 292 en todo el mundo con el mismo lapso de tiempo. Es decir, que, en 46 años, la cantidad de tiroteos solamente en Estados Unidos representó al total del 31% de los tiroteos globales. Una cifra indudablemente alarmante. 

Por otro lado, Estados Unidos es, por “goleada” el país del G7 con más cantidad de tiroteos, y asimismo es el país que representa un 57% más de atentados en sus escuelas que en el resto de las naciones industrializadas. Estos son datos tomados de diversos medios de comunicación con asiento en el país hoy presidido por Joe Biden. 

En el caso de Argentina, la compra de armas de manera legal es algo regulado firmemente por el Estado. La tenencia de armas está sujeta a poder transportarla descargada y separada de sus municiones, como así también para fines lícitos como la caza o el tiro deportivo. Previamente hay que contar con la credencial de Legítimo Usuario de Armas de Fuego y con un registro completo del arma en cuestión. En este apartado cabe recordar que, en el mercado negro y sobre todo en los sectores más desfavorecidos la compra y venta de armas no goza de estas regulaciones, ya que se encuentran fuera del sistema. Esto también es una constante que se repite en América Latina, donde Argentina si bien presenta día tras día casos de violencia relacionados a la utilización de armas en grandes urbes como CABA, Gran Buenos Aires y Rosario, es incomparable a los datos de otros países de la región, como Brasil, en donde el 72% de los homicidios se deben a la utilización de armas de fuego, y, yendo más lejos, el brutal caso de El Salvador, en donde el 91% de los homicidios son por armas de fuego. En este sentido, las desigualdades sociales son las explicaciones centrales que dichas problemáticas, sin contar con el accionar de las pandillas en el caso salvadoreño. 

Más armas que rosas

Estados Unidos, una de las capitales históricas del rock n’ roll definitivamente tiene más armas que rosas, parafraseando a la emblemática banda de hard rock, Guns n’ Roses. El panorama de este país pareciera no poder torcerse con una simple medida del Senado, ni tampoco podría cambiar radicalmente con una imposición rígida. Así como se construyó durante décadas e incluso siglos, esa cultura a las armas, costará mucho tiempo poder desarticularla. Si bien, la progresía a nivel mundial pudo poner de manifiesto esta situación, lo cierto es que, dentro de las propias fronteras de Estados Unidos, los demócratas cuestionan y lamentan los tiroteos y sus víctimas, pero engrosan su presupuesto nacional en defensa y en capacidad armamentística. Los estadounidenses lloran por las víctimas de los tiroteos en las escuelas, pero paralelamente bombardean escuelas en Medio Oriente. Estados Unidos y sus representantes demócratas buscan repensar estrategias como el alza de la edad para adquirir un arma (de 18 a 21 años) pero mientras tanto financia la defensa total de países que les sirven de aliados geopolíticos en diversas regiones del mundo. Nuevamente, el problema pareciera no ser meramente las armas, sino los intereses detrás de las mismas. Mientras los debates siguen, la problemática estructural se agranda aún más, y lo más lamentable de todo, son los inocentes quienes siguen pagando.

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Lula critica a Biden por financiar armas para Ucrania mientras falta leche de fórmula en Estados Unidos

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El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, favorito en las encuestas para vencer las elecciones presidenciales del 2 de octubre, fustigó en las últimas horas al mandatario estadounidense, Joe Biden, por financiar el armamento de Ucrania para la guerra con Rusia mientras enfrenta en su país una crisis de desabastecimiento de leche de fórmula para lactantes.

“¿Cómo puede la primera potencia económica mundial decir que no tiene ni leche para los niños justo después de que el presidente Biden anunciara 40.000 millones de dólares para comprar armas destinadas a la guerra de Ucrania?”, preguntó Lula.

El líder del Partido de los Trabajadores (PT) volvió a cuestionar la posición de Estados Unidos frente a la guerra de Rusia contra Ucrania luego de haberlo hecho ante la revista Time el mes pasado, cuando atribuyó a la expansión de la OTAN y al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, responsabilidad igual que a Moscú en el conflicto.

El candidato del PT hizo esta declaración en un discurso el martes por la noche en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, durante el lanzamiento del libro “Querido Lula”, una recopilación de las cartas que el pueblo brasileño le envió mientras estuvo 580 días preso por una condena de corrupción que luego fue anulada por manipulación de pruebas, armado de causas y lawfare.

“Estoy percibiendo que más que nunca Brasil necesita de nosotros”, afirmó el expresidente, quien citó el caso de las familias que viven en las grandes ciudades buscando huesos entre los residuos para poder alimentarse.

“Los banqueros piden reuniones y voy a tener que tener muchas reuniones con empresarios y banqueros. Pero ellos nunca me preguntan sobre el pueblo en las calles, sobre el hambre, el desempleo, nunca preguntan sobre eso, quieren saber sobre el techo del gasto público, el pago de la deuda pública, todo para tener asegurada sus ganancias”, dijo en el acto.

Lula afirmó que en esta elección contra Jair Bolsonaro se enfrenta a “gente de lo peor” vinculada al asesinato de la concejal negra socialista Marielle Franco en marzo de 2018 en Río Janeiro, crimen por el cual están detenidos parapoliciales.

“Estamos luchando contra gente de lo peor, contra los asesinos de Marielle Franco, los parapoliciales, las personas que no tienen miedo de matar inocentes”, dijo al citar también el caso del trabajador Genivaldo dos Santos, asesinado por policías que lo torturaron en una cámara de gas en Sergipe la semana pasada.

Lula afirmó que su objetivo es elevar el nivel de inversión y de acceso a todos los niveles de la educación.

“La ignorancia no genera estadistas, genera a un Bolsonaro”, dijo Lula, quien pidió a la militancia caminar el país para ganar el voto de quienes siempre se opusieron al PT.

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El nuevo presupuesto de Biden incluirá subas en impuestos a los más ricos

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El gobierno de los Estados Unidos presentó su proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal 2023, que comenzará en octubre próximo, y que incluirá, además de un mayor gasto en defensa, una mayor carga impositiva para las corporaciones y personas de grandes ingresos.

El presupuesto, con un gasto pautado de US$ 5,8 billones será enviado hoy al Congreso por la administración del presidente Joe Biden y sirve como un mensaje sobre cómo el Gobierno pretende que sea la orientación del mismo ya que, generalmente, el Congreso estadounidense deja de lado los proyectos presidenciales y sigue adelante con sus propias iniciativas, especialmente cuando la mayoría demócrata es muy estrecha como es el caso en el Senado.

El incremento en los impuestos, de acuerdo con el proyecto, sería el más grande de la historia en dólares, lo cual, junto con la finalización de los programas de asistencia de la pandemia de Coronavirus, permitirá reducir el déficit fiscal estadounidense, hoy ubicado en máximos, de acuerdo con la agencia Bloomberg.

Además, el presupuesto incluirá US$ 813.000 millones de gasto de defensa, con la mayoría de dichos fondos (US$ 773.000 millones) dirigidos al Pentágono, en una medida que la Casa Blanca considera como una de las “más grandes inversiones en seguridad de la historia”.

En tanto, el Departamento de Estado recibirá un presupuesto 18% mayor al actual, incrementando los montos destinados al Banco Mundial, además de la asistencia a Ucrania.

Por su parte, se propuso destinar US$ 200 millones para la sustitución de importaciones en la industria solar, US$ 11.000 millones a gastos vinculados con la seguridad climática internacional, US$ 33.200 millones para la policía y un aumento de 24% hacia la ciberseguridad federal.

El total de las erogaciones implicarán un incremento de 5,7% respecto al presupuesto para el año fiscal en curso, firmado por Biden a principios de este mes.

“Vamos a reducir los déficits de (el ex presidente Donald) Trump y volver al orden en el ámbito fiscal”, manifestó Biden ayer en la Casa Blanca al presentar el proyecto, el cual, para el mandatario, “incluye una inversión prudente y permitirá el crecimiento económico junto a una economía equitativa asegurando que las corporaciones y los más pudientes paguen lo que les corresponde”.

En ese sentido, Biden buscará un equilibrio entre los votos clave de los senadores demócratas moderados que manifestaron su preocupación por el nivel de gasto y la inflación como Joe Manchin de Virginia Occidental, y el sector más progresista.

El presupuesto prevé un crecimiento de 3,8% para este año y una inflación de 4,7% (2,3% para 2023), aunque dichas previsiones fueron realizadas en noviembre, previo al impacto de la invasión rusa en Ucrania.

En tanto, los aumentos de impuestos hacia los hogares de mayores ingresos y las corporaciones permitirían reunir más de US$ 2,5 billones durante la próxima década.

También se añadirá un impuesto con un mínimo de 20% a las ganancias presuntas, es decir a partir del valor de los activos, a los hogares con ingresos superiores a los US$ 100 millones.

Del mismo modo, se incluye un incremento de 21% a 28% en la tasa hacia las sociedades, revirtiendo parcialmente la reducción de Trump en 2017, una iniciativa ya rechazada en el último año en el Congreso.

“Un bombero y una maestra pagan más que el doble de porcentaje de impuesto que un billonario, y eso no es justo”, remarcó Biden.

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Venezuela, Estados Unidos y un giro que puede cambiar mucho más que la relación bilateral

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La reunión que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mantuvo hace una semana en Caracas con funcionarios de Estados Unidos representó un giro insospechado hasta pocos días antes en la relación entre los dos países, cuyas consecuencias podrían modificar mucho más que el vínculo bilateral, según la opinión de varios expertos.

El deshielo fue provocado por necesidades concurrentes: Washington precisa reemplazar el petróleo que dejará de comprarle a Rusia, y Caracas, el acceso a los mercados internacionales que, a partir de las sanciones que le impusieron Estados Unidos y sus aliados, tenía casi exclusivamente a través de Moscú.

Para Venezuela, el impensado acercamiento implica varias oportunidades, pero también desafíos cruciales.

La primera novedad es que, por primera vez en tres años, “parece evidente” que el Palacio de Miraflores y la Casa Blanca “no desean delegar la relación y quieren gestionarla directamente”, afirmó el politólogo venezolano Michael Penfold en Twitter.

Otra singularidad es que, al menos en el comienzo, el diálogo tuvo un perfil mucho más político que formalmente diplomático.

Por Venezuela participaron Maduro; su esposa, la diputada Cilia Flores, y el presidente de la Asamblea Nacional (AN, parlamento) y habitual líder de los equipos negociadores del Gobierno, Jorge Rodríguez. Son las tres personas que concentran el mayor poder dentro del oficialismo.

A su vez, la delegación estadounidense estuvo encabezada por el director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y principal asesor del presidente Joe Biden para América Latina, Juan González, a quien acompañaron el delegado presidencial para Asuntos de Rehenes, Roger Carstens, y el embajador en Venezuela -pero radicado en Colombia desde mediados de 2019, debido a la ruptura de relaciones diplomáticas-, James Story.

En cambio, estuvieron ausentes los cancilleres venezolano Félix Plascencia y el estadounidense Antony Blinken.

Sin demora, el martes fueron excarcelados dos de los diez ciudadanos estadounidenses que estaban presos en Venezuela, una antigua preocupación de Washington, ratificada el lunes por la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, al confirmar la reunión.

Esa decisión refleja la urgencia de Caracas, que hasta ahora recurría principalmente a Rusia -su petrolera estatal Rosneft y diversos bancos con acceso al sistema internacional de transacciones Swift, del que Moscú acaba de ser excluido- para exportar crudo e importar diversos bienes e insumos pese a las sanciones de Estados Unidos y sus aliados, según el economista y exdiputado venezolano José Guerra.

“Rusia se había convertido en el principal proveedor de divisas en efectivo para la economía de Venezuela, lo que evidentemente queda interrumpido bajo la circunstancia actual”, agregó el también economista venezolano Asdrúbal Oliveros.

Por ese motivo, los funcionarios estadounidenses se mostraron dispuestos a considerar la posibilidad de permitir, al menos temporalmente, que Venezuela vuelva a utilizar el Swift, dijeron fuentes diplomáticas a Télam.

El repentino acercamiento entre Washington y Caracas le ofrece a Maduro varias perspectivas alentadoras.

Por un lado, implica un reconocimiento de su legitimidad como gobernante, cuestionada desde hace poco más de tres años por la mayoría de la oposición venezolana y buena parte de la comunidad internacional, por considerar que su actual mandato surgió de elecciones irregulares.

Estados Unidos fue hasta ahora el principal sostén externo del gobierno paralelo designado en enero de 2019 por la AN -entonces con mayoría opositora-, encabezado por Juan Guaidó, y, aunque con menos énfasis, siguió siéndolo desde comienzos de 2021, cuando venció el mandato del anterior parlamento y Biden sucedió a Donald Trump en la Casa Blanca.

Por otra parte, representa una oportunidad acaso irrepetible para sofocar la más prolongada y más grave crisis económica y humanitaria de la historia de Venezuela, que desde hace más de cuatro años está sumida en la hiperinflación y el desabastecimiento de medicamentos, insumos industriales y alimentos, algo moderado en el último bienio merced a la dolarización de hecho de la economía.

Si Venezuela reanuda las exportaciones de petróleo a Estados Unidos, por lo pronto se beneficiará de los altos precios que el crudo alcanzó en los últimos días -por encima de 110 dólares el barril actualmente y con pronósticos de superar pronto los 140 dólares- por las limitaciones de Rusia, uno de los mayores vendedores mundiales, para colocar su producción.

Si además Washington dejara sin efecto las sanciones que le impuso, Caracas podría venderle directamente el petróleo e ingresar todo el producto de esas exportaciones, sin los considerables descuentos que hoy debe pagar a la compleja red de intermediarios que utiliza para exportar eludiendo esas penalidades, según el diario estadounidense The New York Times.

El sustantivo mejoramiento de los ingresos por las exportaciones de petróleo y un eventual retiro de las sanciones, o al menos una disminución importante de ellas, le permitiría también a Venezuela recuperar autonomía para abastecerse, tratándose de una economía que tradicionalmente importaba entre 60% y 70% de lo que consumía, según diversos economistas.

Al mismo tiempo, el deshielo, si avanza -Psaki dijo el miércoles que aún no estaba previsto un nuevo contacto-, pondrá al Gobierno venezolano ante desafíos ineludibles, tanto internos como de política exterior.

En materia local, tal vez lo fuerce a garantizar elecciones presidenciales irreprochables en 2024 -si no, además, a adelantarlas- y a mejorar rápidamente la situación de los opositores presos (241, según el último balance de la ONG especializada Foro Penal, publicado el lunes pasado) y de aquellos que están requeridos por la Justicia o fueron condenados en juicios sospechados de parcialidad.

El lunes, al confirmar que había recibido a los delegados de Estados Unidos, Maduro anunció “un reformateo del proceso de diálogo nacional”, más “amplio e inclusivo”.

El sector de oposición encabezado por Guaidó dijo el miércoles que estaba dispuesto a reanudar las negociaciones que se celebraban el año pasado en México y fueron interrumpidas por el oficialismo cuando el empresario colombiano Álex Saab fue extraditado a Estados Unidos, donde está preso a la espera de ser juzgado.

“¿Quién dijo que vamos para México? ¿De dónde sacan eso?”, replicó inmediatamente el número dos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) gobernante, Diosdado Cabello, y subrayó que “México cumplió una etapa”.

El caso de Saab -de quien el oficialismo dijo que era agente diplomático del Gobierno venezolano solo una vez que fuera detenido en Cabo Verde, desde donde fue extraditado a Estados Unidos- no fue mencionado en la conversación del sábado pasado en el Palacio de Miraflores, aseguró una fuente diplomática estadounidense a esta agencia.

En el ámbito internacional, si Venezuela comienza a entenderse con Estados Unidos, probablemente deba revisar su posicionamiento en relación con Rusia, que hoy es uno de sus principales aliados políticos, estratégicos y económicos.

Hasta ahora, Caracas no condenó la invasión a Ucrania sino que, por el contrario, manifestó su adhesión a Rusia en el conflicto. Lo había dicho Maduro antes de recibir a los enviados de Biden y lo ratificó el jueves la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, tras reunirse en Turquía con el canciller ruso, Serguei Lavrov.

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Estados Unidos insiste en que Rusia invadirá Ucrania y dice que ya desplegó el 70% de las tropas necesarias

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Rusia intensificó aprestos para una invasión de Ucrania y desplegó el 70% de las fuerzas que necesitaría, afirmaron hoy funcionarios estadounidenses pese a las desmentidas rusas y, ahora, a la opinión del propio Gobierno ucraniano.

En declaraciones a periodistas, los funcionarios, que pidieron no ser identificados, dijeron que Moscú ya ha concentrado 110.000 soldados en las fronteras con Ucrania y podría tener capacidad suficiente para lanzar una ofensiva en 15 días.

Los funcionarios reiteraron lo que ya dijeron en público otras autoridades de Estados Unidos en semanas recientes: que la inteligencia del país norteamericano aún no tiene certeza de si el presidente ruso, Vladimir Putin, está decidido a pasar a la ofensiva.

Los funcionarios destacaron que ciertos indicios apuntan a que la invasión sería inminente y que una solución diplomática es imposible, informó la agencia de noticias AFP.

Sin embargo, la propia Presidencia ucraniana consideró hoy que las posibilidades de alcanzar una “solución diplomática” a la crisis con Rusia son “considerablemente superiores” a las de una “escalada” militar.

Además, en un comunicado, agregó que considera que, aunque se mantiene la concentración de tropas rusas en la frontera iniciada en el segundo trimestre del año pasado, su objetivo no es una invasión, sino “provocar presión psicológica masiva”.

No obstante, Ucrania y sus aliados occidentales deben “prepararse para todos los escenarios posibles y lo estamos haciendo al 100%”, agregó la nota.

Estados Unidos afirma desde hace semanas que Rusia quiere invadir Ucrania, aunque ha sido criticado por no mostrar pruebas de ello ni explicar por qué motivo querría Putin dar ese arriesgado paso, más allá de la enemistad que mantiene con el Gobierno ucraniano.

Rusia se anexionó la península ucraniana de Crimea en 2014 luego de que el entonces Gobierno ucraniano afín a Moscú fuera derrocado por una ola de protestas y reemplazado por uno nuevo nacionalista de derecha, fuertemente antirruso y prooccidental.

Crimea es un territorio clave para Rusia, porque allí se encuentra anclada su flota del mar Negro y porque su control asegura a Moscú una salida al mar Mediterráneo, algo considerado vital para la seguridad rusa desde la época de los zares.

Funcionarios estadounidenses ya dijeron que Rusia invadiría rápidamente a su vecino, aunque tendría muchos problemas para sostener una ocupación del país y enfrentar una posible insurgencia.

Al ir creciendo la tensión por las acusaciones estadounidenses, Rusia negó tener planes para invadir a Ucrania, pero aprovechó la ocasión para exigir por escrito a Estados Unidos garantías de que la exrepública soviética no ingresará en la OTAN, como desea Kiev.

Putin dijo que eso abriría la puerta al despliegue en Ucrania de misiles que podrían llegar a Moscú en cinco minutos, y ha exigido también una retirada de fuerzas de la OTAN de los países de Europa del Este a los que la alianza atlántica se extendió desde 1997.

Estados Unidos rechazó todas esas exigencias.

Putin había dicho que un eventual rechazo de esas exigencias obligaría a Rusia a tomar medidas “técnico-militares”, pero no dio detalles.

Los funcionarios estadounidenses que hoy hablaron con periodistas dijeron que, hace dos semanas, un total de 60 batallones del ejército ruso se posicionaron al norte, este y sur de Ucrania, particularmente en la península de Crimea.

Pero el viernes pasado ya había 80 batallones, y 14 más estaban en camino desde otras partes de Rusia, agregaron.

Cada batallón ruso tiene entre 750 y 1.000 soldados.

Una importante fuerza naval rusa también está posicionada en el mar Negro, equipada con cinco buques de asalto anfibio que podrían usarse para desembarcar tropas en la costa sur de Ucrania, señalaron.

Ayer, los diarios The New York Times y The Washington Post dijeron que funcionarios advirtieron que una invasión rus a gran escala podría resultar en la veloz captura de Kiev, la capital de Ucrania, y provocar hasta 50.000 muertos.

Los diarios destacaron que los funcionarios no explicaron cómo se habían hecho esos cálculos.

El presidente Joe Biden dispuso enviar tropas estadounidenses a Polonia para proteger a los miembros de la OTAN, mientras los diplomáticos trabajan arduamente para tratar de persuadir a Rusia de que retire sus tropas de la frontera con Ucrania.

El primer contingente de soldados estadounidenses llegó el sábado.

El presidente francés, Emmanuel Macron, se reunirá mañana en Moscú con Putin y el martes en Kiev con su par ucraniano, Volodimir Zelensky, para discutir la crisis.

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