BIDEN

Fuerzas especiales de Estados Unidos matan al líder de ISIS en Siria, anunció Biden

Compartí esta noticia !

Este jueves por la mañana, el presidente Joe Biden informó que las Fuerzas Especiales de EE.UU. llevaron a cabo “con éxito” una misión antiterrorista en el noroeste de Siria este miércoles por la noche, lo que resultó en la muerte del líder de ISIS, Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi. Los denominados Cascos Blancos, un grupo de rescatistas que opera en las áreas de Siria controladas por la oposición, indicaron que el operativo dejo 13 muertos, entre ellos varios menores.

Un alto funcionario de la Casa Blanca precisó que el líder del EI se inmoló durante la operación haciendo estallar una bomba que cargaba.

La bomba que detonó Qurashi también ultimó a miembros de su propia familia, incluidas mujeres y niños, agregó.

Los soldados estadounidenses se encuentran sanos y salvos, agregó el presidente, quien anunció que dirigirá un mensaje al país en el transcurso de la mañana.

La operación, en la que también participaron las fuerzas kurdas, se llevó a cabo en la región de Idlib, donde el predecesor de Qurashi, Abu Bakr al-Baghdadi, fue asesinado en una redada similar en 2019.

Qurashi, también conocido como Amir Mohammed Said Abd al-Rahman al-Mawla, reemplazó a Baghdadi después de su muerte en una redada estadounidense en octubre de 2019.

Hubo enfrentamientos que duraron dos horas, añadió el OSDH. “Al menos 13 personas, entre ellas cuatro niños y tres mujeres, murieron en la operación”, precisó el director del OSDH, Rami Abdel Rahman. 

Compartí esta noticia !

Biden nombrará a la “primera mujer negra” para la Corte Suprema de Estados Unidos

Compartí esta noticia !

El presidente estadounidense, Joe Biden, confirmó hoy que nombrará por primera vez en la historia a una mujer negra para la Corte Suprema de Estados Unidos, en reemplazo del juez progresista Stephen Breyer, quien se jubilará en junio del tribunal que tiene la formación más conservadora de los últimos 90 años.

“La persona que nombraré tendrá cualificaciones, una personalidad, una experiencia y una integridad extraordinarias. Y será la primera mujer negra designada para la Corte Suprema”, dijo Biden durante un discurso en la Casa Blanca, retomando una promesa que hizo durante la campaña electoral.

Si bien Biden aclaró que todavía no realizó la elección y que se hará pública “a finales de febrero”, el nombre de la magistrada Ketanji Brown Jackson, de la Corte Federal de Apelaciones de Washington, es uno de los que más suena para el cargo.

De los 115 jueces que la integraron desde su creación, la Corte Suprema solo tuvo cinco mujeres, cuatro blancas y una hispana, y dos hombres negros, entre ellos el actual magistrado Clarence Thomas.

El juez progresista Breyer, de 83 años, de los cuales lleva 28 en la Corte, se jubilará en junio y le permitirá al presidente Biden elegir a su sucesor, informó la agencia de noticias AFP.

“Es un juez ejemplar, justo con las partes, cortés con sus compañeros, prudente en sus razonamientos” y que “trabajó incansablemente para hacer realidad la noción de que el derecho existe para ayudar a las personas”, homenajeó el presidente al juez que deberá ser reemplazo.

Hace poco más de un año, la Corte Suprema pasó a ser la más conservadora de los últimas nueve décadas.

Tras el nombramiento de la jueza Amy Coney Barrett por el entonces presidente Donald Trump, el tribunal tiene seis magistrados conservadores de los nueve totales.

Gracias a este giro a la derecha, la Corte pudo invalidar la vacunación obligatoria en las grandes empresas decretada por Biden y parece encaminada a reconsiderar a mediados de año, en coincidencia con la fecha de salida de Breyer, el derecho al aborto que rige en Estados Unidos desde 1973.

Sobre esta posibilidad, Biden aseguró que defenderá el “derecho constitucional” al aborto que se halla “bajo asedio como nunca antes”.

“Es un derecho que creemos debería ser codificado en ley, y nos comprometemos a defenderlo con todas las herramientas que poseemos”, expresó Biden en un comunicado firmado junto a la vicepresidenta, Kamala Harris.

Compartí esta noticia !

Malas noticias para Biden

Compartí esta noticia !

Por Lisa Lerer
. Los demócratas enfrentan un dilema: ¿distanciarse del presidente Joe Biden o unirse para apoyar su agenda?
Esta semana hubo elecciones en algunos lugares de Estados Unidos y los resultados han inquietado a muchos en el Partido Demócrata: los republicanos ganaron la gubernatura en el estado de Virginia, donde Biden se impuso el año pasado en la elección presidencial con 10 por ciento de ventaja. En Nueva Jersey, un estado que Biden ganó con una diferencia de 16 por ciento, la contienda también estuvo muy ajustada.
¿A qué se debe el descontento con el Partido Demócrata?
La congresista demócrata por Virginia, Abigail Spanberger, dijo que en la elección de 2020 los votantes dieron un mandato limitado a Biden: detener a Donald Trump y lograr que la vida estadounidense retornara a la normalidad. “Nadie lo eligió para ser Franklin Delano Roosevelt, lo eligieron para que fuera normal y pusiera fin al caos”, indicó.
Pero el mandatario ha impulsado una ambiciosa agenda en materia de infraestructura, impuestos, política social y medioambiente que no ha logrado sumar el respaldo del Congreso. La ciudadanía también está muy descontenta con su desempeño. Solo un presidente estadounidense en la historia de los sondeos modernos ha tenido tasas de aprobación más bajas que las que Joe Biden tiene ahora: Donald Trump.
Los votantes se sienten frustrados por la escasez de mercancías, el manejo de la pandemia y algunos temas que los estadounidenses más conservadores perciben como un ataque a sus libertades: los derechos trans, los mandatos de vacunación y uso de mascarillas y la enseñanza de temas raciales en las escuelas.
Ahora la tarea para los demócratas será definir su estrategia de cara a las elecciones de medio término en 2022, pues si no logran fortalecer sus números en el Congreso quedarían imposibilitados para aprobar los proyectos legislativos más significativos del resto del mandato de Biden.

La amenazante tormenta eléctrica no podía ser más atronadora para los demócratas.

Pocos en el partido tenían grandes expectativas de que su era en Washington durara más allá de las elecciones de mitad de período al año siguiente. Pero el resurgimiento republicano el martes en Virginia, un estado que el presidente Joe Biden ganó por diez puntos porcentuales el año pasado, y la sorprendente fuerza en una Nueva Jersey sólidamente azul ofrecen una vívida advertencia de la tormenta que se avecina cuando los demócratas miran cautelosamente al horizonte.

Durante cinco años, el partido lograba victorias con récord de participación, impulsadas por votantes enardecidos que buscaban echar del poder a un presidente que veían como incompetente, divisivo o algo peor. Los resultados del martes mostraron las limitaciones de dicha resistencia política cuando el objeto de la resistencia ya no se encuentra en el poder, el fracaso de los demócratas para cumplir con las mayores promesas de campaña y la indignación aún latente por una pandemia que transformó las escuelas en algunos de los campos de batalla políticos más divisivos del país.

En Virginia, el nominado demócrata a gobernador, Terry McAuliffe fue derrotado con relativa facilidad por Glenn Youngkin, un ejecutivo de capital privado y novato político.

En Nueva Jersey, el gobernador Phil Murphy, demócrata, enfrentó una contienda sorprendentemente cerrada luego de que se esperara que llegara fácilmente a la victoria. En Mineápolis los votantes rechazaron una medida propuesta por los progresistas en las boletas que habría reemplazado al Departamento de Policía con un departamento de seguridad pública.

Tal vez lo más sorprendente fueron los aplastantes reveses que los demócratas sufrieron en dos estados muy suburbanos, Virginia y Nueva Jersey, señal de una reacción conservadora ante las cambiantes actitudes a la raza y la identidad que defiende el partido mientras los republicanos buscan incesantemente convertir las escuelas en el próximo frente de batalla en las guerras culturales de Estados Unidos.

Para los demócratas, los resultados en el día más importante de votación del país antes de las elecciones de medo término del año entrando causaron alarma ante la posibilidad de que la ola de energía anti-Trump que los llevó a la Casa Blanca se haya convertido en apatía entre una base de votantes cansada de protestar y que en gran parte ha vuelto a tomar desayunos relajados. O, lo que sería más peligroso desde el punto de vista político, que la motivación del partido haya sido reemplazada con una percepción de insatisfacción ante la situación de un país que, a pesar de todas las promesas electorales de Biden, sigue sin volver a una sensación de normalidad precovid.

En los próximos días, desde esos distritos péndulo suburbanos hasta la Colina del Capitolio se sentirán el nerviosismo y los reproches de los demócratas a causa de la derrota del partido en Virginia —la batalla estelar en las elecciones fuera de año— cuando el mapa de medio término se extienda hasta zonas que antes eran consideradas seguras para los demócratas.

Incluso antes de que la elección se definió a favor de Youngkin, los estrategas demócratas habían pedido al partido que analizara si el mejor plan de acción era seguir enfocándose en Donald Trump, sobre todo luego de una elección en la que Biden prometió a sus seguidores que ya no tendrían que preocuparse por el drama constante de la gestión anterior.

“Los demócratas necesitan reflexionar seriamente sobre cómo elegimos interactuar con la narrativa de Trump”, dijo Dan Sena, estratega demócrata que ayudó al partido a ganar la Cámara de Representantes en 2018. “Esta fue una elección en la que los demócratas no apelaron a sus logros ni en Virginia ni a nivel nacional. De cara al 2020 vamos a tener que cuestionar con firmeza si es la estrategia correcta”.

Las elecciones en años no electorales nunca han sido predictores infalibles del éxito a futuro. E incluso antes de que la contienda en Virginia se dificultó a fines de agosto, el entorno nacional parecía desfavorable para los demócratas, que podían perder escaños en la redistribución de distritos y enfrentaban la tendencia histórica en la que el partido del presidente pierde escaños durante su primer mandato.

Pero en un estado en el que las elecciones tienden a estar entretejidas con la política nacional debido a su proximidad con Washington, es difícil separar la derrota de McAuliffe del empeoramiento en la percepción de la gestión de Biden. En la semana previa al día de la elección, los probables votantes desaprobaban el desempeño de Biden en 53 a 46 por ciento, según una encuesta Washington Post-Schar School. Cuarenta y cuatro por ciento de los votantes del estado desaprobaban fuertemente la actuación del presidente, en comparación con solo 21 por ciento que lo aprobaban enfáticamente.

Lo que es más preocupante para los demócratas es que ahora hay mayorías significativas que consideran que el país va en la dirección equivocada.

Los republicanos argumentan que los demócratas y la campaña de McAuliffe no lograron atender el trasfondo de esa sensación de decadencia: el aumento en los precios de comestibles y gasolina causado por la inflación; la frustración persistente con las escuelas; los desafíos a la cadena de suministro y la delincuencia.

“Al mirar hacia el horizonte del año entrante, ves que viene la ola roja”, dijo Corry Bliss, un estratega republicano que trabaja para varios candidatos al congreso, quien añadió que a los demócratas en Washington no “luchan por las cosas que a la gente común le importa”.

Ante un péndulo político que pareció inclinarse de vuelta a la derecha, los republicanos se jactaron de que su partido había dado con un manual de estrategia que sus candidatos podrían replicar en las contiendas electorales de medio término.

Los demócratas argumentan que la historia no estaba a favor de McAuliffe. El candidato del partido que no ocupa la Casa Blanca ha ganado la mansión del gobernador de Virginia en diez de las últimas 11 elecciones. La única excepción: McAuliffe, quien se sobrepuso a ese patrón al ganar su primer mandato en 2013. Incluso en aquel entonces, los republicanos ganaron las elecciones intermedias un año después y tomaron el control del Congreso.

En las contiendas de 2014, muchos de los demócratas más vulnerables se alejaron del presidente Barack Obama, con la esperanza de salvar sus escaños al alejarse de su agenda. Hay pocas expectativas de que esa dinámica se repita durante el próximo año, ya que en general los demócratas del Congreso reconocen que la suerte del partido está ligada al hombre en la cima.

Sin embargo, una de las fuerzas más poderosas de la política sigue siendo la autopreservación, por lo que los estrategas se muestran pesimistas ante la posibilidad de que el partido se una en torno a un enfoque de centro, pues los demócratas que participarán en contiendas reñidas de medio término están cada vez más inquietos.

Los demócratas moderados argumentaron que la derrota era una señal de que el Congreso debe aprobar inmediatamente el proyecto de infraestructura del partido, independientemente de lo que pase con la versión reducida de la agenda legislativa de Biden. La izquierda culpó al fracaso del partido para impulsar una agenda más amplia, incluida la revocación del obstruccionismo para aprobar algunas prioridades de los liberales, como los proyectos de ley que protegen el derecho al voto. Y los estrategas políticos temen que el partido no está logrando comunicar de manera adecuada lo que los demócratas ya han hecho en favor de un país azotado por la covid y por qué no han conseguido cumplir en temas que son importantes para su base.

“Francamente estoy preocupada”, dijo Adrianne Shropshire, directora ejecutiva de BlackPAC, un supercomité de acción política que recauda fondos y busca animar a los votantes negros. Shropshire dijo que los votantes de color estaban decepcionados por la incapacidad de los demócratas para lograr que se aprueben leyes en torno a los derechos de votación y la justicia penal. “La gente no quiere que se les manipule sobre lo que no está sucediendo y el motivo por el que no sucede, que se les diga que todo es maravilloso”.

Pero aunque McAuliffe pidió a la Casa Blanca y a la presidenta del Congreso Nancy Pelosi que impulsaran la ley de infraestructura, su enfoque fue mucho menos agresivo en otro tema: las escuelas.

Al enfocarse en los “derechos parentales” —una frase todoterreno que se ha usado para expresar la indignación de los conservadores por los requisitos de usar mascarilla, de vacunación, los derechos trans y el modo en que se enseña la historia del racismo— los republicanos han hallado un asunto que animó a sus votantes y unió a la base política de Trump en torno a una molestia más amplia por el manejo de las escuelas durante la pandemia.

Aunque Youngkin no ofreció gran cosa para atender los problemas de origen que enfrenta la educación y que han empeorado debido al coronavirus, las escuelas se convirtieron en un campo de batalla crucial durante la campaña y, según las encuestas, estuvieron casi a la altura de la economía como el tema más importante para los posibles votantes en la última semana de la contienda.

Al prometer en casi todos los encuentros de campaña que prohibiría la teoría crítica de la raza, un concepto académico avanzado que no se enseña en las escuelas de Virginia, Youngkin resucitó las tácticas republicanas provocadoras centradas en la raza en un estado que alguna vez fue la capital de la Confederación.

McAuliffe desestimó dichos argumentos y prometió invertir más de 2000 millones de dólares anuales en las escuelas de Virginia. Algunos demócratas dicen que dicho enfoque fue insuficiente dado que los medios conservadores amplificaban todos los días afirmaciones falsas sobre la instrucción en el aula sobre la raza, así como las frustraciones persistentes más amplias entre los padres sobre la escolarización durante la pandemia.

En lugar de lidiar con esos problemas espinosos, los demócratas recurren a su motivador más efectivo: Trump.

La campaña de McAuliffe sostenía que, incluso fuera del cargo, el expresidente seguía siendo el arma más poderosa que tenían los demócratas en una carrera que se esperaba que se definiría en favor del partido capaz de motivar mejor a su base. Youngkin, un hombre de negocios ataviado con un chaleco de lana, se convirtió en “Trump en pantalones caquis”, como lo llamaba McAuliffe, y su apoyo a cuestiones de Trump como la “integridad electoral” se convirtió en la pieza central del discurso demócrata.

Cuando Biden llegó a Virginia a un mitin de campaña una semana antes del día de la elección, se enfocó en atacar a Trump y apenas mencionó su propia agenda. La llamativa escena de un presidente que dedicaba su púlpito contra el hombre que derrotó solo sirvió para subrayar que los demócratas ofrecían un pobre mensaje positivo a los votantes.

“Esta ha sido una campaña negativa de miedo enfocada en Trump y creo que lo que destaca es que la importancia de esto va en declive”, dijo Tré Easton, asesor sénior de Battle Born Collective, un grupo progresista de defensa. “No puedes asustar a la gente para que acuda a las urnas. Tienes que dar a la gente una razón para votar”.

Compartí esta noticia !

Reuniones claves en tiempos de crisis

Compartí esta noticia !

La vuelta a la presencialidad del G-20

La reunión de líderes de las 20 economías más grandes del mundo en Roma este fin de semana estará dominada por las discusiones sobre los objetivos climáticos que probablemente marquen la pauta para la cumbre COP26 que sigue. 

  • Primero lo primero. El G-20 está compuesto por 19 países más la Unión Europea. Los estados miembros son: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, el Reino Unido y Estados Unidos.
  • Quienes no van: Xi Jinping y Vladimir Putin. Participaran de forma virtual. (shockeados?)

Al foro central también asistirán presidentes de países invitados, representantes de organizaciones internacionales y regionales y como ya es tradición, se aguarda la participación de los ministros de Economía y Finanzas.

  • Que buscará Argentina: una posible reunión bilateral con Biden cambiaría el panorama, aun no está confirmada. La delegación argentina buscará consolidar los respaldos internacionales cosechados en el último año y medio para la renegociación del préstamo con el FMI e intentará lograr que de frutos la presión internacional sobre el Directorio (Board) del organismo para eliminar los sobrecargos, que le costarían a la Argentina más de u$s 10.000 millones en un acuerdo a 10 años. Se busca “repensar una nueva arquitectura financiera internacional“, el rol de los bancos de desarrollo y los canjes de deuda por acciones climáticas.

Sobre este tema en particular te recomiendo el artículo que escribiré para el Washington Post en Español, sale el lunes así que prendete a mi Twitter.

Habiendo dejado 2 líneas de autobombo, procedo. (inserte meme de proceda aqui)

Dado que Xi Jinping y Vladimir Putin no irán, veamos qué buscará Estados Unidos: los principales temas de agenda incluirán los altos precios de la energía, los problemas de la cadena de suministro y una tasa impositiva mínima global.

No será fácil para Biden, quien necesita reparar la credibilidad de Estados Unidos luego de la desordenada retirada militar de Afganistán y una ruptura con el aliado transatlántico París por el acuerdo del submarino nuclear AUKUS (Australia, Reino Unido y Estados Unidos) que echó a pique un billón de dólares. Sobre ese tema te conté todo en esta edición.

La Casa Blanca no dio muchos detalles, solo hay dos reuniones confirmadas. Con Macron, para calmar las aguas por el acuerdo AUKUS y con Mario Draghi, el PM italiano por ser el anfitrión del evento y se espera que se hable de posibles inversiones estadounidenses en Italia para contrarrestar la avanzada china.

Biden, como quien para en la ruta camino a la costa atlántica para comerse un asado, apenas aterrizó en Roma ya nos regaló una de las fotos más icónicas del año:

El G20 como antesala de la COP26

Aunque casi 200 países estarán representados en la reunión COP26 convocada por la ONU en Glasgow que comienza el lunes, los miembros del G20 representan más del 80% del PIB mundial y un nivel similar de emisiones de carbono.

La reducción de la actividad industrial como respuesta a la crisis sanitaria hizo que las emisiones de CO2 del G20 relacionadas con la energía disminuyeran un 6% el año pasado. 

Pero la dependencia a los combustibles fósiles de los países más ricos continúa. Son China, Estados Unidos e India quienes representan –con un 61% en total sobre los miembros– un mayor impulso en el crecimiento del consumo de carbón. Según los cálculos de Climate Transparency, su uso ha repuntado casi un 5% en 2021.

Es por eso que las discusiones en la antesala de la COP26 van a ser acaloradas, cómo estación de subte porteña esta semana.

Sobre la mesa hay un argumento sólido para compromisos “netos cero” cómo recortar el uso de carbón en el sector energético, firmar el compromiso de metano, reducir el subsidio al combustible y aumentar los objetivos climáticos nacionales, también conocidos como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional.

  • Mi breve opinión personal sobre este foro: el G-20 2021 parece encarnar algo más amplio sobre nuestro momento contemporáneo. 

El bloque se reunió por primera vez a finales del siglo pasado a la sombra de la crisis financiera asiática. Una década más tarde, fue una cumbre del G-20 que ayudó a movilizar la respuesta global a la crisis financiera de 2008, generando compromisos de más de un billón de dólares en gasto público para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo.

Como foro que incluía tanto a las potencias tradicionales de Occidente del siglo XX como a los gigantes emergentes del mundo en desarrollo, se erigió como el bloque definitorio del orden posterior a la Guerra Fría. Sus reuniones se convirtieron en el principal evento del calendario geopolítico anual.

Esa imagen es menos clara ahora. Las diferencias dentro del bloque y su incapacidad para asumir la apariencia de una agenda colectiva ambiciosa refleja un cambio más profundo en la política internacional. El G-20 fue muy lento en su respuesta a la pandemia, a pesar de que sus países se han asegurado la gran mayoría del suministro de vacunas del mundo. Las diferencias políticas entre países ahora ahogan los intereses económicos compartidos, y los miembros del bloque están preparados para defender sus propios intereses en Roma. 

  • Lo que espero que suceda: las naciones desarrolladas están subiendo la apuesta y apuntan a finalizar un ambicioso plan de acción climática. Al otro lado de la división están India, China, Brasil, Australia, Indonesia y Arabia Saudita, países donde la agenda de crecimiento podría verse profundamente afectada por estas decisiones.

Las naciones en desarrollo en la agrupación del G20 señalaron que esta visión quita el foco de los compromisos existentes en el Acuerdo de París y de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para limitar el calentamiento global por debajo de los 2ºC (preferiblemente hasta 1,5°C) en comparación con los niveles pre industriales.

El “Compromiso de Metano” firmado hace poco por Estados Unidos y la Unión Europea también reavivó diversas disputas de varias naciones del G20. 

Existe una presión cada vez mayor para que todas las naciones en particular las de grandes emisiones como China, India, Rusia y Brasil se adhieran al Compromiso de Metano, cuyo objetivo es reducir las emisiones de gas en un 30% para 2030. 

Esto afectaría tanto a la ganadería como a la agricultura en estas naciones y eso no les cae nada bien en una coyuntura de recuperación económica post pandémica. Otra área clave de debate es el llamado a la descarbonización del sector energético para 2030.

El rol que tome EEUU será clave. Porque últimamente en lugar de intentar construir un mundo inclusivo como se lo propuso durante la campaña 2020, Biden ha estado obligando a los países a elegir un bando entre Estados Unidos y China, algo que la mayoría de los países (incluso viejos aliados europeos) se han negado a hacer. Y esto se va a ver explícitamente en esta reunión.

El consenso que Washington busca sobre una visión clara frente al cambio climático, está roto. Cabe tan solo recordar la disputa que estalló entre Jair Bolsonaro y Emmanuel Macron en 2019, cuando la selva amazónica estaba en llamas y Macron acusó a Bolsonaro de “ecocidio”: al permitir que madereros, ganaderos, agricultores y mineros exploten el bosque más grande del mundo, argumentó Macron, Bolsonaro estaba cometiendo un crimen contra el planeta. Bolsonaro criticó a su par francés y lo acusó de tratar a Brasil como si fuera “una colonia o una tierra de nadie”. 

Compartí esta noticia !

China y Rusia: el eje que pone nervioso a Washington tras la caída de Afganistán

Compartí esta noticia !

Las principales incógnitas que surgieron a partir de la caída de Kabul en manos del movimiento talibán fueron qué deparará el futuro para la región Asia-Pacifico; las consecuencias para la imagen de Estados Unidos frente a sus aliados; que va a pasar con los refugiados y si realmente es viable un gobierno talibán -con todo lo que ello implica- en pleno siglo XXI.

Para analizar este contexto, consulté al periodista y analista internacional Lucio Garriga Olmo y me dijo lo siguiente.

Durante estos días la administración Biden intentó justificar su apresurada salida al afirmar que la estadía en Afganistán se debió al combate antiterrorista contra Al Qaeda luego del atentado de 2001 y no a la construcción de “una democracia unificada y centralizada”. Esta campaña discursiva encuentra varios flancos débiles.

El primero de ellos sería preguntarse por qué, si efectivamente fue así, no se retiraron en 2011 luego del asesinato del ideólogo de dicho ataque y máximo líder de AQ, Osama Bin Laden, y de la importante desarticulación nacional que la organización terrorista sufría por entonces. 

El segundo es que ingresó en Afganistán por la amenaza de seguridad nacional que representaba la alianza entre los talibanes y AQ, ¿Y ahora? ¿La llegada al poder de los talibanes no representa una amenaza de seguridad nacional? ¿Acaso Washington escucha los cantos de sirenas de los líderes y portavoces terroristas que prometen respetar los derechos de las minorías y no permitir ataques a países vecinos? 

Aunque algunos líderes mundiales piden tiempo para evaluar sus acciones futuras, la primera experiencia del Emirato Islámico de Afganistán, las acciones emprendidas durante estos meses en territorio ya conquistado y la liberación de los presos del Estado Islámico y AQ en las distintas prisiones tomadas no permiten esperar cambios significativos, dice Lucio.

De cara al futuro, Biden anticipó que, si llegara a ser necesario, EEUU desplegará una fuerza antiterrorista focalizada y especializada que le permita “actuar rápida y decisivamente” para acabar con las amenazas. Probablemente lo necesite porque según su secretario de Defensa, Lloyd Austin, un grupo extremista podría representar una amenaza de este tipo en los próximos dos años“.

Después de estas reflexiones, no pude evitar preguntarme lo siguiente…

¿Qué va a pasar con los países vecinos de Afganistán?

Por un lado, hay muchas implicaciones, tanto para Irán como para Pakistán, un país absolutamente clave a la hora de solucionar cualquier situación en el contexto afgano. Incluso para Rusia, que puede tener la creencia de que esta es la revancha por el fracaso que sufrieron precisamente en 1989. Por otro lado, seguro China también ve con buenos ojos el que haya expulsado del país a su gran adversario geopolítico, Estados Unidos.

Pensemos que Moscú insiste en que sus intereses actuales en Afganistán se limitan a garantizar la seguridad de las fronteras de sus aliados en Asia Central, pero sus intenciones últimas no están tan claras y esto preocupa bastante a Washington. A los gringos no les cabe la incertidumbre, menos en un momento de debilidad.

Pese a que el Kremlin declaró a los talibanes como “terroristas” en 2003, Rusia ha organizado en los últimos años rondas de conversaciones con ese grupo y otras fuerzas de oposición, sin incluir a miembros del gobierno afgano.

Los dirigentes de Afganistán, ahora en el exilio, sólo han sido invitados a una conferencia internacional celebrada en Moscú en marzo de este año, en la que también participaron representantes de la llamada “troika ampliada”: Estados Unidos, China, Rusia y Pakistán.

Pero lo que MÁS preocupa en Washington estos días es realmente qué incidencia  puede tener China para seguir expandiendo su abanico de influencia en la región.

China y Afganistán, ¿un solo corazón?

En los últimos años, Beijing ha entrado con cautela en la política afgana y ha estado probando suerte en la diplomacia de la reconciliación. También ha mostrado cierto interés en desarrollar los importantes recursos minerales de Afganistán, incluso en una mina de cobre de propiedad china al sureste de Kabul (acaso pensaste que solo EEUU tiene intereses en los recursos naturales? Inocente palomita).

“Los talibanes esperan la participación de China en la reconstrucción y el desarrollo de Afganistán” dijo Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, esta semana. Ya desde hace años Pekín había estudiado la opción de extender el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) hasta Afganistán, con la construcción de autopistas (de Kabul a Peshawar), trenes (a Kandahar) y oleoductos.

Y por supuesto, la idea de extender el Corredor Económico China-Pakistán, uno de los primeros proyectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en Afganistán es bien recibida, pero en Pakistán ni te cuento.

Una sólida asociación con Pakistán, que tiene una influencia considerable con los talibanes, mejora las perspectivas de China en Afganistán. Sin embargo, esta evaluación positiva está sujeta a la paz y la estabilidad en Afganistán y a las garantías creíbles de los talibanes sobre su desvinculación de los movimientos islamistas en la inquieta región china de Xinjiang (si te interesa leer que sucede en esa región, te recomiendo esta lectura). Sin embargo, Pekín tiene esperanzas y no sorprende que haya sido uno de los primeros en ofrecer una bienvenida condicional a la toma del poder por los talibanes en Kabul.

¿El error estratégico de EEUU?

Durante 20 años, Washington ha luchado y en su mayoría no ha logrado reducir el nivel general de “terrorismo global” y crear un clima político más “saludable” (desde la mirada occidental) en el mundo musulmán.  Podríamos decir que en el nivel más fundamental, Estados Unidos ha logrado su objetivo estratégico: ha evitado ataques catastróficos en suelo estadounidense -motivo inicial por el cual decidió invadir Afganistán y posteriormente Irak- principalmente volviéndose extremadamente hábil para destruir las “células terroristas” a través del manejo estratégico de información.

Estados Unidos ha pagado un precio demasiado alto por este “éxito”. Sin embargo, ese precio ha caído con el tiempo a medida que Washington ha desarrollado lo que, en conjunto, es un mejor enfoque antiterrorista según este informe del Departamento de Estado. Después de llevar a cabo compromisos militares insosteniblemente costosos en Afganistán e Irak, Estados Unidos no alcanzó al retirarse del Medio Oriente en general demasiado rápido y permitió que resurgieran viejas amenazas. 

Pero desde alrededor de 2014, Washington se ha decidido por un modelo de retirada del campo de batalla y apostó por inversiones particularmente en fuerzas de operaciones especiales y poder aéreo, para apoyar a las fuerzas locales que llevan adelante la mayor parte de los combates. Cuando se combina con herramientas no militares como la cooperación de inteligencia, los esfuerzos para hacer cumplir la ley y la ayuda económica, este enfoque brinda una protección razonablemente buena a un precio razonable. Esto falló en Kabul, un poco te conté sobre esto en el anterior newsletter, sino te dejo este articulo -con traducción automática- al respecto.

¿Alguien quiere pensar en India?

Una de las justificaciones de Biden para poner fin a la intervención militar en Afganistán es la importancia de hacer frente a los nuevos desafíos de una China en ascenso en la región del Indo-Pacífico. Para India, que ve a China como una amenaza mayor que Pakistán, el enfoque de la administración Biden en equilibrar a China es ciertamente bienvenido. 

La convergencia entre los intereses indios y estadounidenses en el Indo-Pacífico creció rápidamente en el último año de la administración Trump y ha continuado en los primeros meses del mandato de Biden. Los ambiciosos planes de la administración Biden para el Diálogo de Seguridad Cuadrilátero -una asociación estratégica conjunta con Australia, India y Japón conocida como el “QUAD”- de la cual hablé en profundidad en este newsletter, han colocado a Nueva Delhi en el primer lugar de la lista de prioridades estratégicas de Washington.

Para empeorar las cosas para la India, está el nuevo papel de Rusia en la región. Nueva Delhi no ha mostrado demasiado entusiasmo por la creciente asociación estratégica de Moscú con Beijing en los últimos años. Esa asociación está adquiriendo ahora una nueva dimensión con la inclinación rusa hacia Pakistán y los talibanes.

Durante los últimos años, Moscú ha enfatizado repetidamente la importancia de involucrar a los talibanes, mientras que Nueva Delhi redobló su apoyo al gobierno electo en Kabul. Moscú también ha mantenido a la India fuera del llamado proceso de la troika. Creada en 2019, la troika para negociar la paz en Afganistán incluía a Estados Unidos, Rusia y China, si querés ver que opina este grupo, te dejo esta declaración del Departamento de Estado de EEUU. (Cabe destacar que ya hicieron un llamado urgente a reunirse, así que pronto tendremos novedades).

Pakistán fue incluido en una troika ampliada este año. Moscú defendió la decisión de mantener fuera a Nueva Delhi argumentando que esta última tenía poca influencia con los talibanes y, por lo tanto, no podría contribuir al proceso de paz. Rusia, al igual que China, ha mantenido abierta su embajada en Kabul desde que colapsó el gobierno de Ghani y está lista para iniciar conversaciones con los talibanes.

El exitoso acercamiento de Rusia a los talibanes en medio del distanciamiento deliberado de India del grupo solo ampliará la brecha en asuntos regionales entre Nueva Delhi y Moscú. Las fisuras entre los dos se han ampliado en los últimos años, sobre todo debido a los crecientes vínculos de la India con Estados Unidos en el contexto de un conflicto cada vez más agudo entre Estados Unidos y Rusia.

(Realmente los aliados estadounidenses están pasándola peor que los médicos en la pandemia).

Repasando, los últimos acontecimientos en Afganistán podrían intensificar las contradicciones entre China y la India, consolidar las relaciones entre India y Estados Unidos y producir una mayor distancia entre India y Rusia, acelerando el ritmo de transformación de las relaciones de las grandes potencias de la India que ya estaba en marcha.

¿Y los refugiados afganos? 

Le pregunté a Lucio y esto fue lo que me dijo.

La toma del poder talibán traerá aparejada la expansión de problemas a los que la comunidad internacional aún hoy no les encuentra soluciones. Por un lado, el aumento de los flujos migratorios hacia los países vecinos, como Irán y Pakistán, y centros de poder occidentales, como Europa, en momentos en los que los discursos de odio y xenofobia crecen considerablemente por todo el continente”.

Ciertamente, según la oficina de la ONU para los refugiados (ACNUR), desde principios de año cerca de 400.000 personas -de las cuales casi el 80% son mujeres y niños- se han visto obligadas a huir de sus hogares y se sumaron al triste número de 2,9 millones de desplazados internos. Ante los pronósticos que anticipan un aumento en el corto y mediano plazo, la comunidad internacional deberá coordinar políticas para atender estas demandas con dos condimentos extras: sus recientes y rotundos fracasos y la pandemia de Covid-19.

Además, Europa se encuentra en un momento de transición política importante, donde está a punto de perder a su líder, Angela Merkel, a quien le dedicamos esta edición del newsletter que te invito a volver a leer. Esto genera un nivel de incertidumbre muy grande, abre varias incógnitas aún sin respuestas.

Algunas voces europeas se han pronunciado en contra de la retirada apresurada de Afganistán y esto generó rispideces en Washington. 

Consulté a Lucio al respecto y me expresó lo siguiente: “¿Qué pasó con “América is back”? se preguntó esta semana el presidente del comité de Defensa del parlamento británico, Tobias Ellwood. La salida desorganizada de Estados Unidos pone en entredicho su política exterior porque abandonó a un aliado ante el fuego terrorista mientras miles de personas le pedían ayuda. En este punto se asemeja más al aislacionismo y nacionalismo trumpista que al multilateralismo prometido. “Espero que “America First” no se haya convertido en “America alone (América solo)”, dijo el presidente del comité de Asuntos Exteriores del parlamento inglés, Tom Tugendhat. 

Muchos países vecinos como Pakistán, India y Turquía son los mayores receptores de refugiados afganos, albergando casi 3 millones de personas.

En el ámbito latinoamericano, Argentina sacó un comunicado conjunto con varios países -incluido Estados Unidos- compartiendo la preocupación por la posible violacion de derechos humanos hacia niñas y mujeres en territorio afgano. 

Por otro lado, Chile, México y Costa Rica se sumaron a la iniciativa internacional de recibir a los refugiados afganos. 

Coincido con el colega analista cuando dice que “ la mala salida de Afganistán llevará, por un lado, a los aliados de Estados Unidos a replantearse sus lazos y sus vínculos al evidenciar que, en última instancia, Washington parece dispuesto a dejar caer a las personas de sus aviones con tal de dejar atrás, como dijo Biden, un asunto que no es de “interés de seguridad nacional””.

Pero… 

¿Cómo se pueden financiar los talibanes si no son reconocidos como un gobierno legítimo?

Droga. Esa es la respuesta según Lucio. “Según la ONU, Afganistán controla el 85% del opio mundial con exportaciones valuadas entre 1.000 y 3.5000 millones de dólares. Además, en 2010 el país se convirtió en el mayor productor mundial de hachís y desde el 2015 produce metanfetaminas. A pesar de que los talibanes han dicho que no se dedicarán a su comercio (lo que iría en contra de su propia historia) los impuestos generados sobre los productores y comerciantes le significaron, según la ONU, ingresos por 640 millones de dólares en 2020”.

Y si, otra no les queda. Pensa que el banco central de Afganistán tenía 9.400 millones de dólares en activos de reserva en abril, según el Fondo Monetario Internacional. Eso equivale a aproximadamente un tercio de la producción económica anual del país.

Estados Unidos no necesitaba ninguna nueva autoridad para congelar las reservas, porque los talibanes ya están sancionados bajo una orden ejecutiva aprobada después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Mejor prevenir que curar, como dije, a los yankees no les cabe la incertidumbre.

Más allá de las reservas, Estados Unidos también envía aproximadamente 3.000 millones de dólares al año en apoyo al ejército afgano, o aproximadamente el 15% del PBI del país. La financiación solo se puede gastar si el Secretario de Defensa certifica al Congreso que las fuerzas afganas están controladas por un gobierno civil y representativo que está comprometido con la protección de los derechos humanos y los derechos de las mujeres.

Entonces, todo el dinero se encuentra congelado en Nueva York. Los talibanes tendrán que vender droga o abrirse una cuenta en OnlyFans para financiar su nuevo régimen básicamente, cual problemas millennials.

Con esa bella imagen ya en tu mente, me retiro. Si te interesa profundizar un poquito más, ayer escribí este artículo al respecto siendo un poco más optimista respecto al futuro de las relaciones de EEUU con sus aliados.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin