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La demanda brasileña: ¿de villana a héroe en 2021?

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Desde hace más de treinta años, Brasil es el principal demandante de nuestras exportaciones. Además, hace 25 años que es el primer origen de nuestras importaciones. Partiendo de estos datos, ya se advierte la centralidad del país vecino para nuestra economía: un quinto de nuestro comercio internacional de bienes se explica por este país. En la misma dirección, por razones geográficas y culturales, Brasil es el país que más turistas envía a Argentina. En este marco, y a modo de ejemplo, sólo en 2 de los últimos 35 años la Argentina pudo crecer mientras la actividad brasileña caía, lo que refleja la fuerte correlación entre ambas economías. Entender cómo viene afectando la economía brasileña a la dinámica local y sus perspectivas para 2021 nos ayudará a precisar el curso que seguirá nuestro país en los próximos meses. 

El principal mercado sudamericano está estancado y sufriendo de turbulencias político-económicas desde 2014. Lo que comenzó como una desaceleración de la producción, se profundizó con caídas en 2015 y 2016. A fines de ese año la presidenta Dilma Rousseff fue destituida (impeachment) y reemplazada por su vicepresidente, que no tuvo elevados niveles de aceptación y sólo logró una tibia recuperación de la economía.  

Luego del primer año de gestión de Jair Bolsonaro, el 2020 parecía ser el año en que la economía brasileña finalmente superaría el pico de actividad alcanzando en 2014. Sin embargo, el Coronavirus golpeó con fuerza a la primera economía del Mercosur y la recuperación quedó trunca. Al momento, este país tuvo más de 45.000 casos y 1.000 muertes por COVID por millón de habitantes, ubicándose entre los países más afectados por la pandemia a nivel global. Como resultado, el PBI se contrajo más de 4% el año pasado, quedando casi 7% por debajo de los niveles de 2014. 

Este complejo panorama en materia sanitaria, política y económica también impactó en el mercado cambiario: durante el año pasado, el Real brasileño se depreció 30%, pasando de 4,0 BRL/USD al cierre de 2019 a poco más de 5,3 BRL/USD a fines del año pasado. Considerando la acotada inflación de esta economía, la mejora de la competitividad externa de su producción de bienes y servicios, o sea su abaratamiento en dólares, fue relevante. De esta forma, a pesar de que Argentina mantuvo en 2020 una competitividad multilateral en torno a su promedio histórico, el tipo de cambio real bilateral con Brasil se ubicó 20% por debajo de su media, sumando un problema extra a la caída de la demanda a la hora de exportar. 

Producto de la recesión y la depreciación brasileña, las exportaciones argentinas a este destino cayeron 25% entre 2014 y 2019. En la misma línea, la producción industrial argentina se contrajo 13% entre ambos años, resultado, entre otros factores, de los problemas de la primera economía sudamericana. Considerando que las ventas a este destino suelen ser bienes industriales, favorecidos por el esquema de cero aranceles que fija el Mercosur y las complementariedades entre ambas estructuras productivas, se entiende la relación entre ambos números. Más preocupante todavía, luego de un 2020 pandémico, la caída de las exportaciones ascendió a 44,5% entre 2014 y 2020 y el derrumbe de la industria acumuló 19,5% en igual período. 

¿Qué esperar para 2021? 

Durante este año, el gobierno brasileño pondrá fin a muchas de las herramientas que se diseñaron para expandir la economía en respuesta a la crisis que provocó la pandemia. Sin embargo, se espera que su actividad tenga una importante recuperación: la mediana de proyecciones del Consenso de Mercado que elabora el Banco Central de Brasil arroja un alza del 3,5% del PBI, mientras que el FMI proyecta una suba de 3,6%. Así, aunque no se espera que el nivel de actividad recupere los niveles de 2014 hasta 2023, sí habría una recuperación de buena parte del terreno cedido en 2020, que nuestro país debería aprovechar.  

Mejor aún, la industria brasileña experimentaría una expansión de 4,2%, pudiendo incrementar la demanda de nuestras exportaciones manufactureras. Algunos de los productos argentinos que podrían beneficiarse son pick-ups, utilitarios, autos, autopartes, plásticos, colectivos y motores. Todos estos tienen un fuerte vínculo con el complejo automotriz, que genera un importante volumen de empleo privado registrado, puestos de trabajo que se ubican entre los de mayor calidad. Por este motivo, es una buena noticia que este sector tenga una perspectiva aún mejor que el nivel general de la economía vecina: según las estimaciones locales, las ventas automotrices brasileñas crecerían cerca de 15% en 2021, lo que representa un avance muy considerable, aunque mantendría la venta de vehículos un 15% por debajo de los valores de 2019.  

Ahora bien, la mejora de la demanda, de las “cantidades”, no será la única: también se espera una apreciación cambiaria, es decir, una mejora vinculada a la parte nominal de la economía. Luego de un 2020 de fuerte depreciación, el Real brasileño se fortalecería significativamente este año, e incluso es probable que perfore 5 BRL/USD, ayudado por el ingreso de capitales que está provocando el exceso de liquidez global. Como resultado, nuestra producción se abarataría medida en la Reales, tornándose más competitiva. De esta manera, una parte no menor de los envíos que se perdieron el año pasado por nuestro encarecimiento en relación con la producción brasileña podrían recuperarse este año. 

En síntesis, después de muchos años, las noticias que llegan de nuestro principal socio comercial son alentadoras. Este año se conjugarían una mejora de nuestros precios de exportación (alza de commodities agrícolas), una recuperación de la demanda externa y nuestra producción se abarataría en relación con la brasileña. De esta manera, nuestro país podría apuntalar su tan alicaída como necesaria generación genuina de dólares en 2021. No obstante, y tal como venimos sosteniendo, al viento de cola externo hay que acompañarlo con buenas políticas económicas -y esperar que la segunda ola de Coronavirus nos encuentre con la mayor cantidad de población vacunada posible-. 

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Brasil: “Solo Dios me sacará del cargo”, dice Bolsonaro ante pedidos de juicio político por caos de Manaos

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Cinco partidos de la oposición presentaron esta noche un pedido de juicio político contra el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, por considerar que cometió una serie de delitos de gestión que resultó en el caos humanitario de la ciudad de Manaos, en crisis por la falta e oxígeno para sus pacientes en los hospitales, mientra el mandatario sostuvo hoy que “solo Dios” lo sacará del cargo.

El Partido de los Trabajadores, el Partido Democrático Laborista, el Partido Comunista do Brasil, el Partido Socialista Brasileño y Red, reclamaron también el cese del receso parlamentario para poder discutir la nueva crisis surgida con el caos del oxígeno para los pacientes de coronavirus en Manaos, capital de Amazonas.

Ya se contabilizan más de 60 pedidos de juicio político contra el ultraderechista Bolsonaro, quien hoy deslindó responsabilidadaes en el suceso de Manaos diciendo que el gobierno federal había hecho “su parte”.

“El presidente -dice el nuevo pedido de juicio político- debe ser política y criminalmente responsabilizado por dejar sin oxígeno a Amazonas, por sabotear investigaciones y campañas de vacunación, por desincentivar el uso de barbijos e incentivar el uso de remedios sin eficacia, por difundir desinformación, además de violar el pacto constitucional entre con estados y municipios”.

El presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, dijo que un juicio político podrá analizarse “en el futuro” aunque convocó a su par del Senado, Davi Alcolumbre, para abrir una comisión de crisis sobre Manaos.

El 1 de febrero el Congreso debe tener nuevas autoridades y es posible quela base parlameentaria que apoya a Bolsonaro se quede con la jefatura de las dos cámaras.

“Solo Dios me sacará del cargo”, afirmó hoy Bolsonaro en respuesta a los pedidos de juicio político por su actuación en la pandemia, por lo que fue calificado de “genocida” por el gobernador de San Pablo, su exaliado Joao Doria.

“Quieren imponer un infierno en mi vida, no valen nada los pedidos de juicio político. Ninguno es por corrupción. Solo Dios me sacará del cargo, no existe nada concreto para mi, inventan fake news para sacarme”, dijo Bolsonaro a al canal TV Band.

Tras la crisis humanitaria en Manaos por falta de oxígeno para los pacientes de Covid-19, Bolsonaro dijo que mandó a su ministro de Salud, general Eduardo Pazuello, a proveer insumos.

Bolsonaro dijo que no puede ser culpado de nada porque el Supremo Tribunal Federal (STF) resolvió que el Poder Ejecutivo no podía objetar las cuarentenas y decisiones de estados y municipios.

“El Supremo me mandó a tomar cerveza a la playa, me dijo que no me metiera. Pero no atendí a lo que dijo la corte y fui a proponer el tratamiento precoz a Manaos, que estaba abandonada”, afirmó Bolsonaro.

El mandatario ultraderechista culpó de la situación de Manaos a no haber utilizado lo que él llama “tratamiento precoz”, es decir, que los médicos proporcionen hidroxicloroquina, un antipalúdico, a los enfermos.

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La decisión local

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El agobiante enero encuentra a la Argentina ocupada en contener la expansión de los contagios ante la condescendencia de una parte de la sociedad que parece vivir en una realidad paralela y hacer de cuenta que el coronavirus es apenas una “gripezinha”. Esa parte de la sociedad, desprecia la cuarentena como mecanismo de prevención sin advertir que esa herramienta ha sido fundamental para no hacer colapsar al sistema sanitario, con lo que internados y muertos serían muchos más. 

Basta mirar a Brasil, con 200 mil muertes y el ninguneo de Jair Bolsonaro para quien “la vida sigue”, los 300 mil casos reportados en Estados Unidos o Londres, donde el alcalde reconoció que está “a días del colapso sanitario”. 

Ese agotamiento del sistema no llegó a la Argentina, pero ante cualquier descuido, puede pasar. En estos días se nota el impacto del relajamiento previo a las fiestas de fin de año. Los reencuentros, las salidas con amigos y las fiestas clandestinas se evidencian en los reportes diarios del sistema sanitario. Eso obligó a aplicar nuevas restricciones que buscarán reducir la circulación del virus. Las clínicas privadas están casi al límite en sus espacios reservados para pacientes Covid y están ampliando el número de camas. 

De todos modos, la saturación del sistema no es por el momento tema de preocupación. 

En los hospitales públicos hay 162 camas en terapia intensiva, a las que se suman 114 en el sector privado de toda la provincia. El último reporte de Salud muestra solo 29 internados por coronavirus. La saturación, con accidentados y otras enfermedades, era hasta este sábado 60,3 por ciento. 

Pero hay otro elemento a tener en cuenta, sobre todo por aquellos a los que les gusta obviar los protocolos de protección. Desde el inicio de la pandemia llamó la atención la cantidad de muertos en Misiones para la, relativamente, baja tasa de contagio.

Con el incremento de los casos observado en las últimas semanas las proporciones se fueron “acomodando”, pero los datos son implacables: en el mundo por cada 100 infecciones hay dos muertos. Misiones lleva 1.948  casos y 37 fallecidos (el 1.9%). En lo que va de 2021 llevamos un muerto por día, y las internaciones casi se duplicaron. Los informes también revelan que de cada 10 internaciones, entre 4 y 5 terminan de la peor manera. La matemática no falla: por cada mil contagios, habrá 20 personas muertas. La pregunta es: ¿necesitaremos que muera alguien cercano para tomar conciencia? 

La vacuna llegó y ya se inmunizó a 3.677 agentes de salud y el próximo paso es empezar con los docentes y otros trabajadores esenciales. Con más de 107 mil dosis, Argentina es el país de Latinoamérica que más personas vacunó. Pero eso no equivale al fin de la pandemia.  

La necesidad de parar la pelota se hizo evidente a mediados de diciembre. El problema es cómo volver a aplicar restricciones después de casi un año de diversos grados de cuarentena. La realidad de Capital Federal o Gran Buenos Aires no es la misma que la de Posadas y mucho menos que la de Dos de Mayo o Pozo Azul. Por eso, pese a la intención inicial de imponer una especie de toque de queda nocturna para limitar la circulación, el Presidente dejó en manos de los gobernadores las medidas en sus distritos. En Misiones no hubo grandes cambios ya que el gobernador Oscar Herrera Ahuad ya había definido con los alcaldes una serie de medidas para evitar males mayores. Hubo retos por la “flexibilidad” en las fiestas navideñas, que terminaron con fiestas masivas sin ningún tipo de distancia social. Esas fiestas se reflejan en los partes de los últimos días, con los números más altos desde el inicio de la pandemia. 

Pese al fuerte aumento de los casos en las últimas semanas, Misiones todavía está por debajo de los nuevos parámetros fijados por la Nación para restringir actividades. La primera define que se deberán implementar restricciones cuando los casos aumenten un 20 por ciento de una quincena a la otra. La segunda, cuando el número de casos confirmados acumulados de los últimos 14 días por 100 mil habitantes, sea superior a 150.

La cuarentena administrada ha dado sus resultados: pasó casi un año entero para superar la barrera de los cien contagios diarios. 

En paralelo, la actividad económica que no se detuvo nunca, revela resultados sorprendentes sobre la dinámica del consumo sin el acoso de Brasil o Paraguay. Salvo el turismo en la ciudad de Puerto Iguazú, diseñada para recibir al visitante global y agonizante en su ausencia, el resto de las actividades económicas cerró un 2020 inédito. 

En cambio, la yerba mate cierra un año positivo. Según los datos de noviembre, la caída del mercado interno es de solo 3,07, contra un desplome en otros consumos, mientras que en el mercado externo se cerrará un año con saldo a favor y un crecimiento de las exportaciones del 4,48. El té también disfruta de un buen momento en el mercado externo y ambas economías se beneficiarán con la eliminación de las retenciones. El sector forestal no fue alcanzado por esa medida, pero vive un boom de demanda interna y externa que era a todas luces inesperado. 

Los números de la Agencia Tributaria Misiones son elocuentes: la recaudación propia aumentó 80,96 por ciento, muy por encima de la inflación y de la recaudación nacional, que cerró el año con un incremento del 32,1%. El comercio tuvo un cierre de año irrepetible, aún con precios al ritmo de una inflación de otros tiempos. Las fronteras cerradas por la pandemia -hasta el 31 de enero pero seguramente por más tiempo- han sido un enorme beneficio colateral que confirmó en la práctica lo que Misiones viene planteando desde hace tiempo: la necesidad de condiciones especiales para fortalecer la economía. Esa bandera, lejos de arriarse por el veto presidencial, está más vigente que nunca y se esperan señales positivas desde la Nación. Buena parte del sector empresarial respalda el Proyecto Misiones y espera que el Gobierno nacional tome nota de los resultados de 2020. 

Con ese escenario Misiones entra en el año electoral. La evaluación de medio tiempo de la gestión encuentra a una economía sólida y a la provincia entre los distritos que mejor pudo manejar la pandemia. Son activos muy altos para la Renovación, que siempre apuesta por la gestión como mejor estandarte político.

Por eso mismo la oposición apura negociaciones para definir estrategias y encarar las legislativas. Cambiemos ya puso en marcha mesas de negociaciones con el radicalismo y el puertismo. El viernes hubo un encuentro en Oberá con el anfitrión Horacio Loreiro, Jorge Ratier Berrondo, Ricardo Andersen, el eldoradense Héctor Falsone, Gastón Caballero, Juan Ahumada, Ariel Salguero y el diputado nacional Alfredo Schiavoni. La idea es ensayar fórmulas para la conformación de las listas. De todos modos, los nombres del radicalismo salen de la Convención. Se anotan Ariel Pianesi y Martín Arjol para las provinciales. El veterano Luis Pastori tiene garantizado su puesto en la lista nacional. 

En la alianza admiten como un problema a resolver hacer campaña con la memoria todavía caliente del gobierno de Mauricio Macri, quien dejó el poder con inflación y pobreza récord y un endeudamiento crónico con el Fondo Monetario Internacional. La economía fue un fiasco y es una piedra pesada de arrastrar. Serán los candidatos nacionales los encargados de intentar hacer olvidar ese fracaso. Los locales se enfocarán en los temas misioneros. 

En el peronismo se preparan además para renovar autoridades con un ojo puesto en no dejarse avasallar ante el avance de La Cámpora, la agrupación que se hace fuerte con la entronización de Máximo Kirchner en el PJ bonaerense. “La consigna es siempre en unidad como pide el Presidente. El PJ trabaja en una gran convocatoria interna con todos los sectores que quieren ser parte de esta nueva etapa y como marcan los lineamientos nacionales”, señalaron desde el partido. 

“Pero sin PJ no hay Frente de Todos. Y como partido somos los convocantes de esta nueva etapa. Vamos a acompañar la políticas que sean serias y viables que traigan beneficios a los misioneros”, agregaron. Las dudas están puestas en los referentes nacionales con pie en Misiones. Los intereses no son los mismos. 

La Argentina irá a las urnas en un momento atípico. La oposición tiene como única bandera rechazar todas las medidas que ha tomado el Gobierno en medio de la pandemia, desde la cuarentena hasta la extensión de la asistencia económica. Lo curioso es que el mundo está tomando decisiones mucho más drásticas que en Argentina para intentar frenar el coronavirus. Londres aplicó una cuarentena estricta. Otros países se cerraron y los que eran ejemplo de “libertad”, tuvieron que volver sobre sus pasos. 

La excepcionalidad de Estados Unidos también se derrumbó como el poder de Donald Trump. La toma del Capitolio por parte de sus fanáticos puso contra las cuerdas la democracia ejemplo. La exacerbación de la grieta tiene esas consecuencias. Habrá que estar alertas en la región para que no se tome el ejemplo. Jair Bolsonaro, el amigo fiel, advirtió que Brasil vivirá en 2022, cuando buscará su reelección, un conflicto “peor” del que se registra en Estados Unidos en caso de que no se acepte su propuesta de modificar el sistema de urnas electrónicas, que funciona desde 1996 sin ninguna denuncia de fraude.

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Bolsonaro advierte que Brasil puede sufrir un conflicto peor que el de Estados Unidos

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El presidente Jair Bolsonaro advirtió hoy que Brasil vivirá en 2022, cuando buscará su reelección, un conflicto “peor” del que se registra en Estados Unidos en caso de que no se acepte su propuesta de modificar el sistema de urnas electrónicas, que funciona desde 1996 sin ninguna denuncia de fraude.

Bolsonaro hizo el comentario aludiendo a la invasión del Congreso de Estados Unidos protagonizada ayer por partidarios de su amigo el presidente saliente Donald Trump para denunciar un fraude del que no hay pruebas en los comicios de noviembre pasado y evitar la certificación del triunfo del demócrata Joe Biden.

“Si no tenemos el voto impreso en 2022, tendremos peores problemas que Estados Unidos”, afirmó Bolsonaro al hablar con seguidores en la puerta del Palacio de la Alvorada, la residencia presidencial.

Aliado de Trump, del que se considera amigo, Bolsonaro también se quejó de que las compañías de medios privadas Twitter y Facebook bloquearon las publicaciones del mandatario estadounidense.

“En Estados Unidos se ha bloqueado a Trump, el presidente tiene las redes bloqueadas”, afirmó.

Bolsonaro insiste en denunciar falta de transparencia en las urnas electrónicas que lo eligieron sin denuncias de fraude en 2018, una bandera de la ultraderecha brasileña y que ahora gana espacios para discutir el resultado en 2022, cuando el mandatario podrá presentarse a la reelección.

Horas antes, Bolsonaro había ratificado su alianza con Trump y repitió que hubo “fraude” en las elecciones ganadas por Biden.

Al mismo tiempo, el líder opositor y exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva advirtió que el actual Gobierno brasileño tiene mafias parapoliciales para repetir escenas como la invasión del Capitolio en Washington.

La violenta irrupción de ayer de partidarios de Trump en el Capitolio repercutió en Brasil, con Bolsonaro encolumnado detrás de la agenda de Trump y poniendo dudas no tan solo en la transparencia de la elección de Estados Unidos, sino de cara a su reelección en 2022.

El expresidente Lula, del Partido de los Trabajadores, alertó que el ataque al Congreso estadounidense “para Brasil es un alerta sobre lo que puede ocurrir, incluso peor, aquí, si no es contenido el autoritarismo de Bolsonaro y sus parapoliciales, si siguen siendo toleradas las violaciones a la libertad y a los derechos”.

Luego de viajar a Cuba, adonde se trasladó para participar de un documental del director estadounidense Oliver Stone, Lula alertó: “La invasión al Capitolio revela crudamente lo que ocurre cuando se intenta sustituir la política y el respeto al voto por la mentira y por el odio, incluso en un país que gusta presentarse como campeón de la democracia”.

Todo el arco político brasileño, incluido el expresidente Fernando Henrique Cardoso, condenaron el ataque, menos Bolsonaro, que habló con militantes de ultraderecha en la puerta del Palacio de la Alvorada, la residencia presidencial.

“Yo seguí todo, saben que estoy vinculado a Trump y saben cuál es mi respuesta. Mucha denuncia de fraude. Yo creo que sí, hubo fraude descarado”, dijo Bolsonaro.

Brasil fue el último país del Grupo de las 20 naciones más ricas (G20) en reconocer a Biden como presidente electo de Estados Unidos.

El ultraderechista brasileño dijo que en las elecciones de 2018 en las que fue electo hubo fraude en su contra, aunque no presentó pruebas.

El bolsonarismo contó en 2018 con el apoyo de Steve Bannon, exasesor de Trump, que creó el foro conservador que dirige el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, el más allegado a la familia Trump.

En Brasil, el Supremo Tribunal Federal (STF) neutralizó en julio a grupos ultraderechistas que por canales de YouTube y centrales de fake news pedían el cierre del Congreso y la corte suprema, abriendo una causa contra sus líderes por antidemocráticos.

Los principales referentes o se han ido fuera del país o están con arresto domiciliario, casi abandonados por Bolsonaro, quien al inicio de la pandemia apareció en actos que pedían el cierre del Congreso y una intervención militar para derrocar al STF.

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“Brasil está quebrado, no puedo hacer nada”, dice Bolsonaro

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El Gobierno, entre otros beneficios, no renovó los subsidios dados a las empresas para hacerse cargo de parte de los salarios a cambio de mantener empleos. Desde que Bolsonaro asumió, 1,3 millones de familias cayeron en la miseria en Brasil.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afirmó este martes que Brasil está “quebrado” y que no puede hacer nada para salir de la crisis generada por la pandemia, en medio de cuestionamientos sobre el cese de las ayudas especiales otorgadas a 68 millones de personas y el aumento de los datos de familias en la miseria.

“Brasil está quebrado, no puedo hacer nada”, afirmó Bolsonaro al dialogar con militantes de la ultraderecha y activistas evangélicos en la puerta del Palacio de la Alvorada, la residencia presidencial.

Bolsonaro dijo que su objetivo era cambiar en 2020 las categorías del impuesto a las ganancias y que la pandemia del coronavirus se lo impidió, además de culpar a la prensa.

“Yo quería cambiar las categorías del impuesto a las ganancias, vino el virus, potenciado por estos medios de comunicación que tenemos. Esta prensa sin carácter. Es un trabajo incesante de intentar desgastar para sacarnos de aquí (del Gobierno) y atender intereses que no pueden revelar”, dijo el mandatario.

El Gobierno decidió no renovar los subsidios dados a las empresas para hacerse cargo de parte de los salarios a cambio de mantener empleos y el auxilio de emergencia de 120 dólares mensuales que había aprobado el Congreso, que en el tercer trimestre del año redujo a niveles de 1980 los índices de pobreza.

El fin del auxilio de emergencia en diciembre más la crisis económica que elevó el índice del desempleo al 14,3 por ciento en el fin de 2020 también tiene su correlato en la cantidad de familias en situación de miseria, según el Ministerio de la Ciudadanía.

El número de familias que piden ayuda del estado no para de crecer desde 2016, época de la megacrisis económica política en la cual fue destituida la presidenta Dilma Rousseff y asumió el vicepresidente Michel Temer, hasta que en 2019 lo hizo Bolsonaro.

En octubre de 2020, 39,9 millones de personas se encontraban en la miseria en Brasil, teniendo en cuenta a los que viven con hasta 89 reales mensuales (16 dólares) por cada integrante de la familia.

Desde que Bolsonaro asumió, 1,3 millones de familias cayeron en la miseria, según datos del Ministerio de la Ciudadanía.

En febrero de 2016, las familias en situación de miseria eran de 11.898.567 y en octubre de 2020 pasaron a ser 14.058.673.

El presidente Bolsonaro hizo las declaraciones, también, en medio de su apuesta para que el “Centrao”, grupos de partidos tradicionales de la derecha, gane la elección para presidir la Cámara de Diputados con Arthur Lira, del Partido Progresista (PP).

Su rival es Baleia Rossi, del Movimiento de la Democracia Brasileña, un aliado del expresidente Michel Temer que agrupó a toda la oposición a Bolsonaro, incluido al Partido de los Trabajadores y otras fuerzas de izquierda como el laborismo de Ciro Gomes.

El PT apareció dividido en la toma de posición y aclaró que no será aliado de la agenda económica de la derecha aunque si vence, podrá tener peso en las decisiones del Legislativo apoyando a Rossi.

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