A continuación reproducimos las tapas de los principales diarios del país. Los datos oficiales del INDEC ponen a la inflación del 2018 entre la más alta de los últimos 30 años. Con un 47,6 por ciento se supero todas las expectativas, aunque diciembre cerró a la baja en relación a los meses anteriores.
Hoy es el primer encuentro entre Macri y Bolsonaro, aún con poco para hablar en concreto la mirada se pondrá en la economía de ambos países y la relación del bloque con la Venezuela de Maduro.
El brexit ingles es la noticia del mundo, Theresa May tambalea por los resultados de la votación del parlamento de ayer. Hoy definen si avanzan con su remoción del Gobierno.
Desde el año 1924 no se veía una negativa tan contundente del Parlamento contra una iniciativa del gobierno en Inglaterra. 432 legisladores rechazaron el acuerdo con la UE firmado en Bruselas para el Brexit propuesto por Theresa May contra 202 votos a favor. La Primera Ministra tiene 3 días para presentar una alternativa o se enfrentará a consecuencias muy peligrosas como podría ser la salida abrupta de la Unión Europea que dejaría al Reino Unido en una situación de mucha fragilidad frente al mundo, Escocia e Irlanda del Norte, quienes quieren a su vez salirse del Reino Unido y seguir en la Unión Europea.
432 legisladores votaron en contra del acuerdo Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea) de Theresa May con la Unión Europea firmado en Bruselas en noviembre del 2018. Por partidos, 196 conservadores, tres laboristas y tres independientes han respaldado a May y 248 laboristas, 118 ‘tories’, 35 diputados del Partido Nacionalista Escocés (SNP), once liberal demócratas, diez legisladores del Partido Unionista Democrático (DUP), cuatro parlamentarios galeses, un ‘verde’ y cinco independientes han dicho ‘no’.
El líder opositor Jeremy Corbyn anunció que no se veía una negativa tan abrumadora desde 1924 cuando asumió el primer líder del partido laborista de la historia, Ramsay Mcdonald y tuvo una serie de rechazos en la Cámara de los lores, el mayor de ellos por 166 votos. El de hoy lo superó con 230 votos en contra del gobierno de May y Corbyn pidió una votación de NO confianza para la premier y pidiendo elecciones generales para que asuma el gobierno laborista poniendo en peligro su mandato, el de los conservadores, más específicamente de los Tories. Este proceso que inició el laborista comienza con lo que se llama “moción de censura” e implica lo siguiente: Si la moción de censura fuera aprobada, podría conformarse un Gobierno alternativo del Partido Conservador, lo que obligaría a May a dimitir. De no ser así, el actual Gobierno tendría un plazo de 14 días para ganarse la confianza del Parlamento. En el caso de que no lo consiguiera, habría elecciones anticipadas.
“Necesitamos una elección general ahora para romper el punto muerto del Brexit. Y un nuevo gobierno que puede obtener un acuerdo con Brexit que realmente se ofrece a los trabajadores”, dice el dirigente en su carta para la votación de esta iniciativa.
La moción se votará mañana (16/01) a las 18 hs del Reino Unido.
En cuanto a la ardua votación de hoy (15/01), la apelación a la democracia que repitió constantemente Theresa May no sirvió para cambiar la decisión de los miembros del Parlamento de la Cámara de los Comunes de los cuales la mitad de su propio partido (que son proeuropeos) votó en contra. La premier británica trató a esta votación como la más importante de la historia y pidió a los legisladores que acaten el pedido del pueblo en el referéndum del 2016, mencionando a la democracia como el valor más importante a seguir.
“Esta noche tenemos una clara elección entre la certidumbre y la inseguridad, entre la unidad y la división”, dijo May en su última intervención en el Parlamento, minutos antes de la votación. “Esta noche podemos elegir entre cumplir la promesa o romper el compromiso con el pueblo británico y quebrar la fe en la democracia”.
El punto de más fricción del acuerdo entre los parlamentarios trata de la situación de Irlanda Del Norte, país que quiere desligarse del Reino Unido y seguir en la Unión Europea. El acuerdo que firmó May en Bruselas se comprometía a que ambas partes lleguen a una cláusula de “salvaguarda” (llamada backstop en inglés) para garantizar que la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte, permanezca libre de aduanas u otras barreras. Mantiene al Reino Unido en un acuerdo aduanal con la UE y se extenderá hasta que se sustituya por nuevos acuerdos comerciales permanentes. Ambas partes dicen que esperan tener un nuevo acuerdo para finales del 2020 para que la salvaguarda nunca sea necesaria.
“Sé que algunos diputados querrían, idealmente, una salida unilateral del mecanismo (para Irlanda del Norte)”, admitió la primera minis tra, que sin embargo alertó de que Bruselas “no aceptaría algo así”. “Ellos temen que una disposición como esa permitiría que el Reino Unido abandonara la salvaguarda en cualquier momento, sin establecer ninguna otra medida para evitar una frontera dura entre Irlanda del Norte e Irlanda”, aseguró.
El ‘backstop’ es un mecanismo de emergencia ideado para preservar abierta la frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda que los diputados británicos contrarios al actual acuerdo rechazan por considerar que mantiene el anclaje de Reino Unido a la UE por la pertenencia de Irlanda del Norte a este sistema pero la no pertenencia al Reino Unido.
Los posibles desenlaces a partir de esta votación histórica son:
>May tiene 3 días hábiles para presentar un nuevo acuerdo, por lo que probablemente irá a Bruselas para pedir a la Unión Europea más garantías legales en cuanto al backstop o salvaguarda entre las Irlandas.
>Otra posibilidad de May es solicitar al bloque comunitario una prórroga de los plazos para evitar que el 29 de marzo, El Día “D” del Brexit, llegue sin que las partes hayan pactado un divorcio amistoso. Este es el escenario que todos quieren evitar porque tendría un impacto brutal a ambos lados e implicaría una salida abrupta e unilateral del Reino Unido.
>Por último y menos probable (pero no imposible) es apelar a un segundo referéndum. El Tribunal de Justicia de la UE dictaminó en diciembre que Reino Unido tiene derecho a paralizar todo el proceso de forma unilateral, sin consenso previo con sus todavía socios. May ha ratificado este mismo martes que seguirá adelante con el Brexit.
Por Kyle Crichton y Anna Holland – The New York Times – La loca, agónica, desgarradora saga del brexit comenzó hace casi tres años, cuando David Cameron, el primer ministro en ese entonces, convocó un referendo sobre la membresía del Reino Unido a la Unión Europea. Alrededor del mundo se extendió una ola de conmoción después de que en junio de 2016 los británicos desafiaran el pronóstico de los encuestadores al votar por abandonar el bloque.
Desde ese entonces, el Reino Unido y el mundo han recibido una lista de ideas y términos que parece interminable —salvaguarda (backstop), brexit duro, brexit suave, brexit a ciegas, Canadá plus plus (un tratado de libre comercio como el de Canadá, pero más cercano), Noruega plus plus, Estado vasallo, el plan de Chequers (el documento de “la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea”).
No obstante, como cualquier persona que ha prestado por lo menos remota atención sabe, hasta el momento nada está decidido. La única certeza, parece, es que siempre existe una mayoría contra cualquier posible solución y nunca una mayoría en favor de ella. Otra manera de explicarlo es que el Reino Unido se ha separado aún más por las divisiones europeas de lo que estaba antes del referendo que acabaría con ellas de una vez y para siempre.
Para ayudar a las personas poco familiarizadas con el proceso, o incluso a aquellos con un interés pasajero, The New York Times ha recopilado una historia en imágenes de esos gloriosos momentos desde el referendo hasta el voto final capturados por nuestros fotógrafos.
En la imagen inferior, un mitin en Londres en diciembre para impulsar una ruptura total de la Unión Europea. Desde el inicio, el debate sobre la salida del bloque por parte del Reino Unido ha sido largo, repetitivo, emocional y a veces cruel.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Una discusión poco antes del referendo en Glenrothes, Escocia, en 2016. El impulso para dejar la Unión Europea podría al final obligar a los votantes a reevaluar los nexos que vinculan a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Un grupo de personas observa los resultados del referendo en Londres. Alrededor del 60 por ciento de los votantes en la ciudad querían que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea; un evidente recordatorio de cuán diferente es Londres del resto del país.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Cosecha de vegetales cerca de Boston, Inglaterra. Muchos trabajadores agrícolas en ese lugar provienen de Europa del Este y están en el Reino Unido debido a las regulaciones que permiten a los ciudadanos de naciones de la Unión Europea vivir y trabajar en cualquier Estado miembro. Una ansiedad elevada sobre la inmigración definió –y muy probablemente cambió– la decisión de la campaña a favor del brexit.
CreditAndrew Testa para The New York Times
La celebración del cumpleaños de la reina en Castle Point, Essex, una parte de Inglaterra en donde las personas son intensamente inglesas, intensamente conservadoras y están intensamente a favor del brexit. Los ingleses están considerablemente menos dispuestos que sus colegas británicos en Escocia e Irlanda del Norte a verse a sí mismos como un subconjunto de Europa, y muchos sienten que su soberanía e identidad se diluyen en una fracasada Unión Europea y un flujo de extranjeros “sin control”.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Un parque de diversiones en un muelle en Blackpool, Inglaterra. Al tratar de reinventarse como un complejo turístico al lado del mar para la era moderna, la ciudad también espera aprovechar una posible consecuencia de la ruptura del Reino Unido con la Unión Europea: un incremento en el número de británicos que eligen no ir de vacaciones al extranjero.
CreditAndrew Testa para The New York Times
El límite entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte corre a lo largo de la cima de la montaña Cuilcagh. La frontera se ha convertido en uno de los principales puntos de estancamiento en las negociaciones del brexit. A muchos les preocupa que volver a colocar una frontera física tendría consecuencias psicológicas y prácticas.
CreditAndrew Testa para The New York Times
El Servicio Nacional de Salud, con su mandato de ofrecer atención médica universal y gratuita, es un pilar de la identidad británica de la posguerra, y la posibilidad de dotarlo de recursos adicionales fue usado como un grito de guerra por las personas que hicieron campaña en contra de Europa.
No obstante, muchos de sus empleados son de la Unión Europea. Miles han renunciado desde la votación del brexit, incluida Tanja Pardela, segunda desde la derecha, que regresó a Alemania después de trabajar como enfermera pediátrica en Londres durante once años.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Para muchos en el Reino Unido, un fuego devastador en la Torre Grenfell en junio de 2017 —el más mortífero en el país en más de un siglo— llegó a simbolizar no solo la negligencia de las autoridades, sino también una creciente desigualdad.
El debate del brexit expuso el profundo resentimiento de los británicos de la clase trabajadora afuera de Londres hacia las élites en la adinerada y cosmopolita capital, pero fueron los restos calcinados del bloque de apartamentos de gran altura los que se convirtieron en un símbolo de esa desigualdad en el corazón de la capital misma.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Pocas de las principales ciudades de Occidente han estado más abiertas a los musulmanes que Londres, pero la votación del brexit y una serie de ataques terroristas han modificado la dinámica de la vida cotidiana para muchos musulmanes tradicionales en la capital británica.
El barrio de Barking y Dagenham, en la imagen, era uno de los pocos en Londres que votó por abandonar la Unión Europea, y lo hizo en una proporción de casi dos a uno. Muchos ciudadanos blancos ahí vieron una votación para el brexit como un voto en contra de la inmigración y el islam.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Un barco alemán de contenedores avanza hacia un puerto británico en diciembre. Muchas compañías están reevaluando sus inversiones a largo plazo en el Reino Unido, por el temor de que el brexit afecte al comercio en la Unión Europea.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Una vista del distrito financiero desde The Shard, uno de los rascacielos que definen el horizonte de Londres. Casi una quinta parte de las transacciones bancarias del mundo pasan por el Reino Unido, y la mayoría se mueven por Londres, pero una gran parte del negocio bancario de la ciudad depende de su inclusión en la Unión Europea.
CreditAdam Ferguson for The New York Times
Pasajeros suben y bajan en la estación Canary Wharf, en el corazón del centro financiero global de Londres. Muchos bancos ya están haciendo planes para mover números significativos de su personal a otros centros financieros dentro de la Unión Europea para asegurarse de que el comercio continúe sin afectaciones después de que el brexit se complete.
CreditAndrew Testa for The New York Times
Bármanes en una fiesta de la semana de la moda en Londres que reunió a personas de veintisiete países. Durante décadas, el Reino Unido —particularmente Londres— ha sido percibido como un caldero de talento creativo, tanto local como extranjero. No queda claro si el Reino Unido podrá mantener esa reputación cuando el brexit entre en efecto.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Londres gastó miles de millones de dólares en una línea de tren de alta capacidad para transportar a más personas a través de la ciudad en expansión y conectar áreas de bajos recursos en las afueras como Thamesmead, en la imagen, con el centro de Londres.
El proyecto, conocido como Crossrail, tenía el objetivo de unir a Londres. Pero ahora podría señalar el fin de una era ambiciosa.
CreditAndrew Testa para The New York Times
El Reino Unido enfrenta muchos problemas además de su pendiente salida de la Unión Europea: divisiones regionales, disparidades económicas, desempleo y terrorismo.
Después de una década sin ataques terroristas por parte de grupos extremistas islámicos, el Reino Unido sufrió cuatro en 2017. En marzo de ese año se organizó una vigilia en la plaza de Trafalgar, en Londres, para las víctimas de uno de los ataques.
CreditSergey Ponomarev para The New York Times
El Reino Unido está aprendiendo a hacer frente a más ataques en los lugares más comunes. Un grupo de personas se reunieron en Mánchester, Inglaterra, en mayo de 2017 después de una explosión en un concierto de Ariana Grande en la ciudad que causó la muerte de veintidós personas, incluidos niños.
CreditAndrew Testa para The New York Times
El poblado de Grimsby, Inglaterra, fue alguna vez sede de la flota más grande de barcos de arrastre en el Reino Unido. Ahora es un centro de intercambio global para la industria del procesamiento de pescado, en donde se destripan, empaquetan y venden al mayoreo pescados de todas partes del mundo.
No obstante, el 70 por ciento de los residentes de Grimsby votaron por abandonar la Unión Europea, al elegir la nostalgia de una industria agonizante por encima de otra que está prosperando.
Durante algunas semanas en julio, la atención del país se volcó hacia los deportes, cuando Inglaterra llegó a las semifinales de la Copa del Mundo por primera vez en décadas.
Un periódico exhortó al Partido Conservador a no discutir por un día. “¿No saben que se está jugando un partido de fútbol?”, preguntó en su primera plana.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Aunque el gobierno británico ha buscado tranquilizar a los inmigrantes europeos indicando que no tendrán que irse de inmediato, nadie sabe a ciencia cierta qué estatus de residencia tendrán cuando el Reino Unido abandone el bloque. Más abuso racial y crímenes de odio han sido reportados en todo el Reino Unido desde el referendo, dirigidos no solo a inmigrantes de naciones de la Unión Europea sino también a personas negras, musulmanas y asiáticas provenientes de otros lugares.
En la imagen inferior, una misa polaca en una iglesia católica en Boston, Inglaterra. La comunidad siente “incertidumbre, un poco de miedo sobre la situación”, dijo el reverendo Stanislaw Kowalski.
CreditAndrew Testa para The New York Times
En la imagen inferior, un retrato de la ex primera ministra Margaret Thatcher, que alguna vez defendió el mercado común europeo pero hacia el final de su carrera se convirtió en una escéptica de la zona euro, en una bodega en Romford, Inglaterra.
El largo y prolongado proceso ha frustrado a muchos en Romford.
CreditAndrew Testa para The New York Times
En la imagen inferior, una fiesta para recaudar fondos en Craignure, Escocia.
En Escocia, el 62 por ciento de los votantes eligieron permanecer en la Unión Europea, con lo que posicionaron a Escocia más a favor de Europa que incluso Londres. El resultado cristalizó un sentimiento largamente percibido entre los escoceses de que un gobierno conservador de derecha en Londres no los representa y fomentó llamados a un nuevo referendo de independencia.
CreditAndrew Testa para The New York Times
Un trabajador portuario en Brixham, el puerto pesquero más grande de Inglaterra. Muchos ahí desean que el Reino Unido recupere el control de las aguas a poco más de 300 kilómetros de la costa —áreas para pesca que ahora son administradas por Bruselas y están saturadas de embarcaciones europeas—.
Ya sea que sus quejas involucren pescados, inmigrantes o reglas entrometidas, muchos británicos resienten lo que ellos ven como una interferencia de parte de instituciones y burócratas europeos.
La salida del Reino Unido de la Unión Europea, más conocido como el Brexit (abreviatura de Britain y exit), tuvo su punto de partida hace poco más de dos años -el 23 de junio de 2016 con exactitud- cuando el resultado del referéndum resultó favorable a la salida del país por 52% a 48%.
En aquel entonces, la respuesta positiva al Brexit resultó sorprendente debido a que en los sondeos previos existía una pequeña ventaja en contra. Incluso el propio primer ministro de ese momento, David Cameron, se había manifestado a favor de la permanencia.
Las consecuencias económicas desde entonces fueron importantes para la economía británica y se prevé que también tengan un impacto significativo en los principales socios comerciales del Reino Unido una vez finalizado el proceso de salida.
El resultado negativo parecía evidente ya que el 60 por ciento de la economía británica depende del comercio exterior y la Unión Europea es el principal socio comercial del Reino Unido, seguido de Estados Unidos y China. Además, el Reino Unido también es uno de miembros que más recursos dan a la UE.
De acuerdo con el Centro para la Reforma Europea (CER), el costo de la decisión del Brexit para la economía inglesa fue de 2,1% del PBI.[1]
Gráfico: El costo del Brexit luego del referéndum
Fuente: CER
En un reciente informe, el FMI pronostica los efectos económicos negativos sobre la UE como consecuencia del Brexit. Se estima que el PIB de los restantes 27 países de la UE caería 1,5% en un período entre 5 y 10 años si no se llegara a un acuerdo comercial. En el caso de haber acuerdo la caída sería menor, de 0,8% del PBI.
En el escenario más pesimista, uno de los principales socios comerciales del Reino Unido como Irlanda sufriría un retroceso en su PIB de hasta un 4%. Bélgica y Holanda, quienes también poseen una importante relación comercial y dependencia económica, contraerían su PBI un 1%.
El proceso de negociación del Brexit tendría su cierre el 29 de marzo del 2019. Desde hace un año, la Primer Ministro Theresa May y la UE llevan negociando los términos de la salida del Reino Unido, con dos puntos como principales escollos: el pago del “divorcio” por parte del país británico -44,33 millones de euros- y las relaciones comerciales con el resto de países comunitarios.
El principal problema es sin duda el costo de la salida. Sin un acuerdo, el Reino Unido teóricamente dejaría de pagar no sólo los 44,3 millones de euros sino también su aportación anual a los Presupuestos comunitarios en 2019 y 2020, como estaba previsto.
La posibilidad de un Brexit sin acuerdo está latente. El pasado jueves 19 de julio, la Comisión Europea encendió las alarmas para advertir a los gobiernos, empresas e individuos que deben prepararse para la posibilidad de que Reino Unido salga de la UE sin que se haya alcanzado un acuerdo. En el caso de que las negociaciones dieran frutos, se establecerá un periodo de transición hasta el 31 de diciembre de 2020, durante el cual las normas de la UE seguirán vigentes para Reino Unido, lo que dará más tiempo a las empresas, personas y gobiernos para prepararse para el nuevo tipo de relación. Por el contrario, si no hay acuerdo el Brexit se llevará adelante de forma abrupta con importantes consecuencias económicas, sociales y políticas.
Si bien desde el gobierno inglés sostienen la decisión del Brexit, la falta de acuerdo y claridad en el plan de salida está reavivando opiniones contrarias en la población y en el Parlamento. Actualmente se está abriendo un nuevo debate acerca de la posibilidad de convocar a un nuevo referéndum, impulsado por algunos legisladores como la exministra de Educación Justine Greening. No obstante, la decisión pareciera ya estar tomada.
El final de esté proceso está cerca y será con o sin acuerdo con la UE. En 2019 el Brexit pondrá fin a los 45 años de membresía del Reino Unido en este mecanismo de integración regional.
En Bruselas, definieron qué pasará con los británicos que viven en los países miembros del bloque y cuál será la factura que deberá pagar Londres
Con una factura sensiblemente inferior a lo esperado, Londres llegó esta mañana a un acuerdo con la Unión Europea (UE), que permitirá a ambas partes pasar a la segunda fase de las negociaciones que deben culminar con el divorcio entre el Reino Unido y el bloque.
Fue el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el encargado de anunciar el acuerdo en Bruselas, después de una reunión con la primera ministra británica Theresa May y su ministro del Brexit, Davis David.
Juncker reconoció que las negociaciones fueron “difíciles” para ambas partes y que el acuerdo logrado es “un compromiso”. En otras palabras, que ambas partes han hecho considerables concesiones. Theresa May aseguró, por su parte, que ese acuerdo preliminar “garantiza la ausencia de frontera dura” con Irlanda y refuerza los compromisos relativos a la integridad del Reino Unido.
El problema de la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte (parte integrante del territorio británico) era uno de los tres temas fundamentales que debían resolverse antes de poder pasar a la segunda fase de la negociación. Los otros dos puntos calientes eran la situación de los expatriados británicos en la UE y de europeos en el Reino Unido y el monto de la factura que Londres deberá pagar al bloque antes de abandonarlo.
“Los ciudadanos de la Unión que residan en el Reino Unido y los ciudadanos británicos instalados en los 27 países de la UE conservarán los mismo derechos cuando Gran Bretaña haya quitado el bloque”, afirma el acuerdo firmado este viernes.
En cuanto a la factura del divorcio, si bien el texto acordado evita dar cifras específicas, fuentes de Bruselas estiman que la misma ascenderá a unos 45.000 millones de euros. Una cifra considerablemente inferior a los 60.000 reclamados por la UE en concepto de acuerdo asumidos por el Reino Unido en su calidad de miembro del bloque. Ese monto podría -sin embargo- fluctuar para Gran Bretaña en caso de devaluación de la libra, ya que deberá ser abonado en euros.
El Consejo Europeo, que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países que permanecerán en el bloque, deberá validar el acuerdo alcanzado por la Comisión, precisa el comunicado del ejecutivo europeo, que lleva adelante las negociaciones del Brexit en nombre de la UE. Esa reunión se realizará el 14 y 15 de diciembre.
Al felicitarse por el acuerdo alcanzado, el presidente del Consejo, Donald Tusk, advirtió que “lo más difícil está por venir”.
“Todos sabemos que separarse es duro y construir una nueva relación lo es todavía más”, dijo.
En efecto, la UE y Londres deberían iniciar ahora discusiones preliminares sobre un futuro acuerdo comercial y aduanero entre ambas partes. Un proceso de una complicación extrema, que exigirá revisar miles de textos, compromisos y reglamentaciones actualmente vigentes.