CAMBIO CLIMÁTICO

Malas noticias: La atmósfera no estaría siguiendo las encuestas

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Dado que se acaban de conocer los resultados de las mediciones de la temperatura global del 2025, esta publicación se trata básicamente de una actualización de la nota ¿Qué tan grande es el aumento de la temperatura? ¿Es para preocuparse?” de marzo de 2025.

En dicha nota hago un repaso sobre lo que ha ocurrido con las temperaturas globales del planeta a lo largo de un período, en términos climáticos, relativamente “corto”, los últimos 2000 años.

Luego, esa nota es continuada por otras que abarcan períodos mucho mayores y que nos ayudan a poner en perspectiva histórica lo que representa el actual aumento de las temperaturas.

Como lo he dicho en algunos artículos anteriores, en la medida en que exista nueva información disponible sobre los temas ya publicados, procuraré mantener actualizadas las notas e introducir y comentar las correcciones que pudiesen ser necesarias.

En síntesis, los datos de la temperatura global 2025 confirman la tendencia a la suba y colocan a los últimos tres años como los más cálidos de los que se tenga registro.

De las diversas agencias que siguen estas mediciones, suelo tomar como referencia a las publicaciones de la NASA, así que vamos con sus nuevos datos.

La NASA publica datos de la temperatura global en 2025

De acuerdo a los registros de esta agencia, la temperatura global de la superficie terrestre en 2025 fue un poco más cálida que en 2023, pero, dentro de los márgenes de error, ambos años están prácticamente empatados. Desde que comenzaron los registros en 1880, 2024 sigue siendo el año más caluroso.

Las temperaturas globales en 2025 fueron más frías que en 2024, con temperaturas promedio de 1,19 °C por encima del promedio para el período de 1951 a 1980.

El análisis del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA incluye datos de la temperatura del aire obtenidos por más de 25.000 estaciones meteorológicas en todo el mundo, así como por instrumentos a bordo de barcos y boyas que miden la temperatura de la superficie del mar, y estaciones de investigación en la Antártida. Los datos son analizados utilizando métodos que toman en cuenta la distribución cambiante de las estaciones de medición de temperatura y los efectos del calentamiento urbano que podrían sesgar los cálculos.

Además, análisis independientes realizados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), la plataforma Berkeley Earth, el Centro Hadley (que forma parte del servicio meteorológico nacional del Reino Unido) y los Servicios Climáticos Copernicus de Europa han concluido que la temperatura global de la superficie para 2025 ha sido la tercera más calurosa que se haya registrado. Estos científicos utilizan gran parte de los mismos datos de temperatura en sus análisis, pero emplean diferentes metodologías y modelos; todos ellos muestran la misma tendencia al calentamiento continuo.

El conjunto completo de datos de la NASA sobre las temperaturas de la superficie global, así como los detalles de cómo los científicos de la NASA llevaron a cabo el análisis, están disponibles públicamente en este sitio.

Este gráfico, por lo tanto, es el que actualiza al publicado en la nota ya referida.

Índice de temperatura tierra-océano, desde 1880 hasta la actualidad, con un período base de 1951 a 1980 (el cero de referencia). La línea negra continua representa la media anual global y la línea roja continua representa el suavizado Lowess de cinco años. El sombreado gris representa la incertidumbre anual total (LSAT-Land Surface Atmospheric Temperature y SST-Sea Surface Temperature) con un intervalo de confianza del 95 % y está disponible para su descarga. Para más información sobre el modelo de incertidumbre actualizado, consulte: Lenssen et al. (2019). Fuente: Goddard Institute for Space Studies.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirma que 2025 fue uno de los años más cálidos jamás registrados

Según el comunicado de la OMM (14/1/2026), la temperatura media mundial en superficie superó en 1,44 °C (con un margen de incertidumbre de ±0,13 °C) el promedio del período 1850-1900, según el análisis consolidado de ocho conjuntos de datos efectuado por la OMM. En dos de esos conjuntos de datos, 2025 es el segundo año más cálido de los 176 años contabilizados, y en los otros seis es el tercer año más cálido del registro.

Los últimos tres años, de 2023 a 2025, son los tres años más cálidos en los ocho conjuntos de datos. Para el trienio 2023-2025, el aumento medio consolidado de la temperatura respecto a los niveles preindustriales es de 1,48 °C (con un margen de incertidumbre de ±0,13 °C). Los últimos 11 años, de 2015 a 2025, son los 11 años más cálidos en los ocho conjuntos de datos.

“El inicio y el fin de 2025 estuvieron marcados por un episodio de La Niña y su consiguiente efecto de enfriamiento. Y, aun así, fue uno de los años más cálidos de los que se tiene constancia a escala mundial a raíz de la acumulación de gases de efecto invernadero que retienen el calor en la atmósfera. Las altas temperaturas observadas tanto en tierra como en el océano exacerbaron los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor, las lluvias torrenciales y los ciclones tropicales de gran intensidad, lo que subraya la imperiosa necesidad de contar con sistemas de alerta temprana”, dijo la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo.

También señaló Celeste Saulo en el comunicado oficial de OMM que “el monitoreo del estado del clima que realiza la OMM, basado en una recopilación de datos mundiales colaborativa y científicamente rigurosa, es más importante que nunca porque debemos asegurarnos de que la información sobre la Tierra sea autorizada, accesible y práctica para todos”.

A diferencia de otros años, la publicación de los datos por parte de la OMM se realizó de manera coordinada con las demás fuentes proveedoras de los conjuntos de datos. De esta manera se procuró robustecer la contundencia y coincidencia en la información.

Dichos proveedores son el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) para el conjunto ERA5, el Servicio Meteorológico del Japón (JMA) para el conjunto JRA-3Q, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de los Estados Unidos de América para el conjunto GISTEMP v4, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos de América para el conjunto NOAAGlobalTemp v6, la Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office), en colaboración con la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, para el conjunto HadCRUT.5.1.0.0, y Berkeley Earth, de los Estados Unidos de América, para el conjunto homónimo. Este año, por primera vez, la OMM también ha tenido en cuenta otros dos conjuntos de datos: el Conjunto de Datos de Temperatura Dinámicamente Coherente (DCENT), del Reino Unido y los Estados Unidos de América, y el conjunto de datos Temperatura en Superficie Combinada de China (CMST).

El siguiente gráfico actualiza al que aparece en la nota ¿Qué tan grande es el aumento de la temperatura? ¿Es para preocuparse?”.

Line graph showing global mean temperature differences from 1850 to 2025, with multiple datasets, displaying a steady increase since 1900, peaking above 1.5°C around 2020.
Anomalías de la temperatura media mundial anual con respecto a la media del período 1850-1900 entre 1850 y 2025 según los ocho conjuntos de datos indicados en la leyenda. Fuente: OMM.

El año pasado, la OMM publicó este mismo gráfico en base a seis diferentes proveedores de datos; en esta ocasión lo ha hecho en base a ocho, añadiendo así mayor contundencia al resultado.

Seis de los conjuntos de datos se basan en mediciones realizadas en estaciones meteorológicas y mediante buques y boyas, que además emplean métodos estadísticos para colmar las lagunas en las series de datos. Dos de los conjuntos —ERA5 y JRA-3Q— son reanálisis que combinan observaciones pasadas, incluidos datos satelitales, con modelos para generar series temporales coherentes de múltiples variables climáticas, en particular de datos de temperatura. Los conjuntos de datos más importantes emplean metodologías ligeramente diferentes, por lo que los valores de temperatura, e incluso las clasificaciones anuales, presentan leves diferencias.

El año 2025 es el segundo más cálido en los conjuntos de datos DCENT y GISTEMP, y el tercero más cálido en los otros seis, esto es, Berkeley Earth, CMST, ERA5, HadCRUT5, JRA-3Q y NOAAGlobalTemp.

En síntesis, se ha estimado que la temperatura media mundial real en 2025 fue de 15,08 °C, aunque el margen de incertidumbre respecto a la temperatura real, de alrededor de 0,5 °C, es mucho mayor que el correspondiente a la anomalía de temperatura de 2025.

Vale recordar que la OMM, en calidad de organismo de las Naciones Unidas encargado de las cuestiones relacionadas con el tiempo, el clima y el agua, tiene por objeto proporcionar un análisis consolidado y fidedigno en apoyo de los procesos decisorios, como es el caso de la Convención sobre el Clima.

WMO chief Celeste Saulo pointed to how “this year’s record-breaking rainfall and flooding events and terrible loss of life... (had caused) heartbreak to communities on every continent.

Esto es todo en cuanto a la actualización que debía hacer. En síntesis, la tendencia a la suba de la temperatura global sigue de manera inexorable, indiferente a las opiniones irresponsables de algunos políticos. Estamos ya pisando el umbral de 1,5 °C y las tendencias vigentes en la actualidad nos conducirán a un aumento de alrededor de 2,7 °C para el final del siglo.

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COP30: Misiones y el Global Carbon Council sellaron alianza estratégica para fortalecer los mercados de carbono

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En el marco de la COP30 en Belém, Brasil, Misiones y el Global Carbon Council (GCC) firmaron un Memorando de Entendimiento que posiciona a la provincia como un actor clave en el desarrollo de mercados de carbono de alta integridad en el continente. 

El Global Carbon Council es el primer programa de mercado de carbono del Sur Global acreditado internacionalmente bajo el esquema CORSIA de la Organización de Aviación Civil Internacional. Su convenio con Misiones fue firmado por su presidente fundador, el doctor Yousef Alhorr, y por el secretario de Cambio Climático de Misiones, Gervasio Malagrida. . El esquema CORSIA es el programa global de compensación y reducción de carbono para la aviación internacional, creado por la OACI para estabilizar las emisiones del sector a partir de niveles de 2019. Esto obliga a las aerolíneas a compensar la huella de carbono de sus operaciones. Misiones ya tiene preacuerdos con una de las principales líneas aéreas de la región. 

La primera en comunicar públicamente el acuerdo fue Carla Sirolli, gerente de Evaluación de Proyectos del GCC y experta externa de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, quien agradeció especialmente a Silvia Elizabeth Kloster, Franco Cabrera y Cristina Goyenechea por el apoyo que permitió concretar la alianza.

El Memorando de Entendimiento establece un marco de cooperación técnico-institucional para desarrollar e implementar iniciativas de mercado de carbono en la provincia. Entre los ejes centrales del trabajo conjunto se destacan:

  • Programas de formación y talleres de alto nivel sobre estándares del GCC, registro de proyectos, procesos de emisión y desarrollo metodológico.
  • Integración de los estándares y metodologías del GCC dentro del futuro mercado doméstico de carbono de Misiones.
  • Asistencia técnica para finalizar el Marco de Política de Carbono provincial, alineado con el Artículo 6.2 del Acuerdo de París.
  • Acciones adicionales que fortalezcan la infraestructura climática y la capacidad institucional local.

Voces del acuerdo

El presidente del GCC, Yousef Alhorr, afirmó que la alianza representa “un paso significativo para avanzar en mercados de carbono de alta integridad en el Sur Global”, y destacó que el objetivo es aportar experiencia técnica, buenas prácticas internacionales y metodologías innovadoras que fortalezcan el desarrollo sostenible en la provincia.

Por su parte, Malagrida, sostuvo que el acuerdo brinda “una oportunidad única para alinear la política de carbono provincial con estándares internacionales”, y subrayó que las herramientas y capacitaciones del GCC permitirán atraer financiamiento climático y ejecutar proyectos de alta calidad. “Esta colaboración posicionará a Misiones como un referente en innovación de mercados de carbono en Argentina y la región”, afirmó.

La cooperación consolida el liderazgo de Misiones en materia ambiental dentro de Argentina y fortalece su estrategia para acceder a financiamiento climático, promover proyectos de conservación y acelerar la transición hacia una economía de bajo carbono.

El acuerdo también profundiza la articulación provincial con organizaciones internacionales, en un contexto en el que la integridad, la transparencia y la trazabilidad de los mercados de carbono se han vuelto pilares centrales para el cumplimiento del Acuerdo de París.

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Argentina presentó su nueva meta climática y bajó la ambición

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Por Juan Carlos Villalonga y Elisabeth Mohle. El lunes 3 de noviembre, el gobierno argentino presentó su nueva meta de mitigación en la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), el documento que establece los objetivos del país frente al cambio climático. En lugar de elevar la ambición, la nueva versión relaja los compromisos: el límite de emisiones pasa de 349 millones de toneladas de CO₂ equivalente —establecido en 2021— a 375 millones para 2030 y 2035. Se trata de un retroceso que contradice la ciencia, la tendencia global y, sobre todo, la oportunidad de definir un rumbo que impulse la transición verde como motor de inversión, empleo y competitividad.

Qué son las NDC y por qué importan

Las NDC son el corazón del Acuerdo de París, el pacto global adoptado en 2015 para enfrentar el cambio climático. A diferencia del acuerdo climático anterior -el Protocolo de Kioto, no impone metas desde arriba: cada país define su propio aporte y lo presenta ante la comunidad internacional. En conjunto, esos compromisos trazan el rumbo colectivo para mantener el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de los 2 °C —y, en lo posible, de 1,5 °C— respecto de los niveles preindustriales.

Cada cinco años, los países deben actualizar sus NDC y elevar su nivel de ambición. Este mecanismo de revisión progresiva es fundamental, porque incluso con los compromisos actuales el mundo sigue camino a superar los 2 °C de calentamiento. La actualización periódica busca justamente asegurar que la acción climática avance de forma sostenida, acumulativa y coherente con la ciencia.

Pero las NDC no son solo promesas: también son herramientas de planificación. En ellas se expresa la voluntad política de reducir emisiones y adaptarse al cambio climático, pero además orientan la estrategia productiva nacional, señalando las oportunidades de inversión, las prioridades de política pública y los esquemas de cooperación internacional. En definitiva, marcan la dirección de la transición hacia una economía más sostenible y competitiva. Esa dirección funciona como una señal de orden para todos los actores: empresas que deciden dónde invertir, gobiernos locales que diseñan políticas y jóvenes que eligen en qué formarse para el futuro.

Si bien el Acuerdo de París y las dos primeras rondas de NDC lograron impulsar la acción climática global y reducir las proyecciones de calentamiento de cerca de 4 °C a entre 2,3 °C y 2,5 °C, la brecha sigue siendo enorme para cumplir con la meta de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C. Según el Emissions Gap Report 2025, para alcanzar ese objetivo el mundo debería reducir las emisiones globales alrededor de un 40 % para 2030 y un 55 % para 2035 respecto de los niveles de 2019. Sin embargo, con los compromisos actuales las reducciones proyectadas apenas alcanzan el 12 % y el 15 %, y las políticas hoy vigentes nos encaminan a un calentamiento de hasta 2,8 °C.

Por eso, cada nueva ronda de NDC debería elevar la ambición y acompañarse de planes de implementación más concretos y verificables, que transformen los compromisos en políticas efectivas de mitigación y adaptación.

El estado global de las NDC

A nivel mundial, la nueva ronda de compromisos —las llamadas NDC 2025, con horizonte 2035— avanza con ritmo dispar. Según el portal Climate Watch, solo 69 países —que en conjunto representan el 61 % de las emisiones globales— presentaron una nueva NDC, mientras que otros 128 (39 %) aún no actualizaron sus compromisos desde la última ronda.

El NDC Synthesis Report 2025, analizó las 64 nuevas NDC y encontró algunos avances relevantes. El 89 % incluye metas de alcance económico nacional (frente al 81 % anterior) y el 88 % fue elaborado teniendo en cuenta los resultados del Global Stocktake, el balance global que mide el progreso colectivo del Acuerdo de París. En conjunto, estas NDC implican una reducción proyectada de entre 11 % y 24 % de las emisiones respecto de 2019 y trazan una trayectoria alineada con los objetivos de neutralidad a largo plazo. Además, el informe destaca una mayor presencia de componentes de adaptación y resiliencia, incluidos en el 73 % de las nuevas contribuciones, y subraya la necesidad de cooperación internacional y financiamiento innovador para garantizar su implementación efectiva.

Yendo a los grandes emisores, el Emissions Gap Report 2025 muestra que -a fines de septiembre) solo diez miembros del G20 habían presentado nuevas metas de mitigación con horizonte 2035. Si bien todos implican reducciones respecto de los objetivos de 2030, las magnitudes varían ampliamente: desde ajustes marginales —como Canadá (-38 MtCO₂e) o Turquía (-57 MtCO₂e)— hasta recortes más significativos en economías de gran peso, como China (-961 MtCO₂e), Estados Unidos (-921 MtCO₂e) y la Unión Europea (-681 MtCO₂e). En el caso de Brasil, la nueva NDC proyecta una reducción equivalente a unos -290 MtCO₂e hacia 2035. Sin embargo, el informe advierte que, en conjunto, las nuevas metas del G20 representan una disminución insuficiente para cerrar la brecha hacia los 1,5 °C.

La nueva NDC argentina: seguir procrastinando la transición

Desde la firma del Acuerdo de París, Argentina presentó dos NDC. La última, en 2020, fijaba un tope de 349 MtCO₂e para 2030 y ratificaba la neutralidad de carbono en 2050. Aunque las políticas vigentes no alcanzaban para cumplirla, la meta en sí era una señal de compromiso y de planificación de una transición en marcha.

La NDC presentada esta semana eleva el techo a 375 MtCO₂e: son +26 Mt respecto de 2020, es decir un aumento de +7,5 %. Además, repite el mismo número para 2030 y 2035, congelando la ambición por cinco años más.

La explicación oficial refiere a que se incorporaron más áreas geográficas, más categorías de emisiones, entre otros cambios metodológicos. Sin embargo, aún si parte del ajuste fuese atribuible a metodología, no hay evidencia publicada que demuestre que 375 “equivale” a los anteriores 349. Y, en ningún caso, esos cambios justifican mantener la misma meta en 2035. Es importante ver los números para terminar de entender qué significa esta nueva meta.

La comparación con una trayectoria compatible con 2 °C es clara: para 2030 Argentina debería ubicarse en torno a 287 MtCO₂e. Con la nueva NDC, el país quedaría 88 Mt por encima (+30,7 % sobre el nivel requerido); con la meta previa, el desvío era de 62 Mt (+21,6 %). En términos de peso relativo, mantenerse cerca del 0,7 % de las emisiones globales exige objetivos del orden de 287 Mt; apuntar a 375 Mt empuja la participación hacia el 1%.

En el siguiente gráfico se ve con claridad por dónde debería ir la trayectoria y por dónde se ubica la NDC presentada:

Fuente: Elaboración propia. Nota: línea verde: emisiones históricas; línea roja: NDC 2021 con meta 2030 y trayectoria net zero; línea azul discontinua: meta intermedia indicativa (NDC 2020); punto amarillo: meta 2035 consistente con trayectoria net zero (significa 36% de reducción respecto 2022); puntos naranjas: metas 2030 y 2035 según NDC 2025.

Así y todo no hay plan de transición

Más allá del objetivo anunciado, el problema central sigue siendo la ausencia de un plan de transición. Las NDC solo tienen sentido si se traducen en políticas concretas, con presupuestos definidos, responsabilidades institucionales claras y mecanismos de seguimiento que permitan medir avances y corregir desvíos. Sin eso, se reducen a declaraciones de buena voluntad sin capacidad transformadora.

Argentina no partía de cero: contaba con un ministerio con capacidades técnicas, representación activa en los foros internacionales y programas en marcha para fortalecer la política ambiental. Pero en poco tiempo el gobierno desmanteló esas capacidades, recortó políticas, bloqueó el acceso a financiamiento internacional y hasta borró el cambio climático del discurso oficial.

Ahora que parece haber reconocido su existencia —y la necesidad de mantenerse dentro de la conversación global—, debería formular una hoja de ruta clara que explique cómo piensa cumplir siquiera esta meta menos ambiciosa.

Porque ya no hablamos solo de un problema ambiental —que de por sí sería suficientemente grave—, sino de un problema económico y productivo. El cambio climático afecta de manera directa a la economía: lo mostró la última sequía, con pérdidas millonarias en el agro, y lo anticipa la transición tecnológica global, que pone en riesgo sectores clave como el automotriz si el país no se adapta.

El mundo avanza; no tenemos nada para ganar por seguir quedando atrás.

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El cambio climático cae en las prioridades globales

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En el marco de su Asamblea General en Panamá, el Forest Stewardship Council (FSC) presentó los resultados de la Encuesta Global de Opinión de Consumidores 2025, elaborada por IPSOS en 50 países con más de 40.000 participantes.
El estudio muestra un giro en la percepción pública: mientras las guerras y conflictos (52%) se posicionan como la principal inquietud global, el cambio climático retrocede al 31%, marcando una brecha de 21 puntos entre ambos temas.

Si se observan solo los 32 países encuestados en 2022 y 2025, la distancia aumentó de 12 a 16 puntos, evidenciando un declive sostenido en la prioridad otorgada a la crisis climática.

Latinoamérica exhibe una de las mayores dispersiónes regionales.
Mientras México lidera con 42% de preocupación, Bolivia apenas alcanza el 17%, una diferencia de 25 puntos, la más amplia del mundo.

Solo Brasil y México incrementaron su nivel de inquietud respecto de 2022. En el caso brasileño, la preocupación casi se duplicó (de 18% a 33%), convirtiéndose en el país con mayor crecimiento global.
En contraste, otros mercados regionales mostraron descensos:

  • Argentina: 26% → 21%
  • Colombia: 29% → 25%
  • Chile: 30% → 26%
  • Perú: 27% → 26%
  • “No es apatía, sino una señal de pragmatismo. Cuando las personas perciben riesgos forestales concretos —incendios, estrés hídrico o pérdida de biodiversidad— responden. El desafío es hacer que la acción climática sea tangible”, explicó Subhra Bhattacharjee, Directora General del FSC.

Los bosques, epicentro de la percepción climática

La encuesta confirma que los bosques son el lugar donde los latinoamericanos sienten más directamente el cambio climático.
La tala ilegal (25%) es la principal preocupación ambiental en la región, seguida por incendios forestales y deforestación.
Ninguna otra región del mundo prioriza estos temas con la misma intensidad.

“Las comunidades están más seguras cuando las cadenas de suministro premian las buenas prácticas”, añadió Bhattacharjee. “Comprar a operaciones verificadas y libres de deforestación protege tanto a la gente como a los bosques”.

Pese a la caída en la preocupación declarada, el comportamiento de compra mantiene un fuerte componente ambiental.
En 29 mercados, el 72% de los consumidores prefiere productos que no dañen plantas ni animales.

Además, el reconocimiento del sello FSC está asociado a mayores niveles de confianza en las marcas.
En México (89%), Brasil (86%) y Chile (83%), los consumidores muestran una confianza superior al promedio global (72%) en productos con certificación FSC, lo que los convierte en mercados clave para la sustentabilidad corporativa.

“La gente vota con su billetera. Quieren opciones sostenibles y premian a las marcas que pueden demostrar su impacto”, destacó Helen Chepkemoi Too, Directora Senior de Mercados del FSC.

Panorama global: descenso generalizado

  • Europa: caída de entre 6 y 10 puntos en Francia, Dinamarca, España, Reino Unido y Alemania, en un contexto de políticas climáticas ambiciosas pero bajo compromiso ciudadano.
  • Canadá: disminuye la preocupación climática, aunque los incendios forestales (46%) dominan los temores ambientales.
  • Kenia: baja de 42% a 30% (-12 puntos).
  • Japón: uno de los pocos casos contracorriente, con un aumento de 9 puntos (29% → 38%).

Riesgo de despriorización

El informe del FSC advierte que las guerras, las pandemias y la inflación están desplazando la conciencia climática tanto en la opinión pública como en la agenda política.
Sin embargo, la mayoría de los encuestados espera que las empresas aseguren cadenas de suministro libres de deforestación y productos que no contribuyan a la pérdida de biodiversidad.

Por ello, el FSC llama a integrar la acción ambiental con la seguridad social y económica, para evitar que las soluciones climáticas pierdan impulso frente a las crisis inmediatas.

📊 Metodología

Encuesta Global de Opinión de Consumidores FSC x IPSOS 2025:

  • Muestra: 40.000 personas
  • Cobertura: 50 países
  • Comparación histórica: 32 países entre 2022 y 2025
  • Fuente: Forest Stewardship Council (FSC)
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El cambio climático convierte a Uruguay en productor de yerba

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Ramiro Barreiro (Dialogue Earth). Hay una leyenda guaraní que cuenta la historia de un joven indígena que se adentra en la selva del Chaco, equipado con un trozo de tacuara -un tipo de caña de bambú- y una calabaza conocida como “mati” en su idioma. Después de perder el rumbo y toda esperanza, sus provisiones resultan ser una bendición cuando encuentra las hojas de una planta que, una vez mezcladas con agua y sorbidas desde su calabaza, le devuelven el ánimo y le dan energía para continuar.

Hoy en día, esta hojade la planta Ilex paraguariensis o yerba mate, una vez tostada, secada, molida y preparada, es la infusión favorita de Sudamérica.

Argentinos, uruguayos, paraguayos y brasileños consumen distintos tipos de yerba según los diferentes tipos de canchada, como se le llama a la molienda. La yerba argentina y paraguaya es gruesa e incluye partes de las ramas del árbol, “el palo”; la que consumen en Uruguay, en cambio, es fina y, por consiguiente, tiene más polvo; y en Brasil la yerba es casi un polvo verde. Pese a las diferencias, todos son cultores de esta bebida, y en estos países el mate es un clásico para el trabajo en equipo, en jornadas de trabajo o estudio, charlas cruciales y también banales, y como presentación ante extranjeros, que suelen acceder a probar este extraño brebaje verde con desconfianza.

Su gran popularidad también contribuye a impulsar una industria que genera más de 2.000 millones de dólares al año. Más allá de la infusión tradicional, la yerba mate se utiliza cada vez más en bebidas energéticas, cosméticos, barritas de cereales, helados y vermú, entre otros productos.

Sin embargo, a medida que los efectos del cambio climático traen consigo desafíos y transformaciones en la agricultura en este rincón de América del Sur, el panorama de la producción de yerba mate, actualmente dividida entre Argentina, el sur de Brasil y Paraguay, también podría estar a punto de cambiar.

En 2023, Argentina fue el principal productor de yerba mate con 982.000 toneladas, seguido de Brasil (736.000 toneladas) y Paraguay (160.000 toneladas), según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Uruguay, por su parte, nunca ha cultivado la planta en grandes volúmenes, pero la sed de sus 3,4 millones de habitantes por esta bebida lo convierte en el mayor consumidor per cápita, con aproximadamente 10 kg por ciudadano al año, demanda que se cubre con importaciones de sus vecinos.

Un estudio realizado en 2024 por científicos brasileños advirtió que esa realidad puede cambiar, y que las áreas favorables para los cultivos de yerba mate se reducirán en Paraguay y Brasil y se mantendrán estables o hasta aumentarán en Uruguay, por efectos del cambio climático, lo que podría desarrollar esa nueva industria.

El informe presenta cuatro posibles escenarios de cambio climático con diferentes grados de optimismo en cuanto a la magnitud de la reducción de las emisiones globales de gases de efecto invernadero durante cuatro periodos de 20 años, desde 2020 hasta 2100.

En todos los escenarios posibles proyectados por los investigadores, a medida que pasan los periodos, las zonas cultivables parecen desplazarse a lo largo de los cuatro países, desde el noreste hacia el suroeste.

Para comienzos del próximo siglo, y en el peor escenario posible, Uruguay, al sur del departamento Río Negro, quedaría dentro de un selecto grupo favorable para el cultivo de yerba mate, junto a una pequeña porción de la provincia de Buenos Aires en Argentina, y zonas más pequeñas aún en Rio Grande do Sul y Santa Catarina en Brasil.

En la actualidad Argentina lidera el podio de superficies cultivadas con yerba mate, con más de 230.000 hectáreas; le sigue Brasil, que cuenta con 85.000 hectáreas cultivadas de yerba mate —sin contar la recolección silvestre—; por último, Paraguay con unas 40.000 hectáreas. Uruguay posee producción, de momento, artesanal, por lo que no existen registros estadísticos.

“Este escenario sugiere que Uruguay podría consolidarse como un centro estratégico para el cultivo de yerba mate en las próximas décadas, especialmente si invierte en tecnologías adaptativas y políticas de fomento a la producción. Sin embargo, es importante destacar que este potencial está fuertemente condicionado por el grado de calentamiento global”, advierte a Dialogue Earth Guilherme Botega, del Instituto Federal de Mato Grosso do Sul, uno de los investigadores.

En medio de estos posibles cambios, Dialogue Earth visitó a pequeños productores de yerba mate que actualmente trabajan en Uruguay y habló con figuras de la industria en Argentina que evalúan la resiliencia de su producción, tras haber sido testigos de los efectos del cambio climático.

El proyecto de Ambá

La jornada arranca temprano en las sierras de Rocha -a unos 300 metros sobre el nivel del mar- donde la blanca bruma se hace más densa por el aporte de un fogón preparado para sapecar unos 30 kilos de hojas de yerba mate.

Sapecar significa “abrir los ojos” en guaraní, y en términos técnicos, sirve para reventar los estomas, las estructuras por dónde respira la planta, en un primer proceso de deshidratación, que se completa en el secado.

workers pack tea into large sacks at a plantation
Empleados empaquetan yerba mate en grandes bolsas en una plantación de Misiones, Argentina. El país es actualmente el líder en superficie cultivada de yerba mate, mientras que los proyectos en Uruguay son en su mayoría de pequeña escala (Imagen: Jason Rothe / Alamy)

El tostado se lleva a cabo en un proyecto dirigido por Ambá, una organización sin fines de lucro dedicada a la restauración de la naturaleza y los ecosistemas. En su centro de regeneración en el este uruguayo ya registraron un millar de árboles de ilex paraguariensis en dos campos de poco más de siete hectáreas. Se trata de árboles que crecen en forma silvestre entre las quebradas, protegidas por una mata de bosque nativo.

Ambá significa “el propósito más alto” en guaraní. La organización plantea que el vínculo emocional del ser humano con la naturaleza está dañado, y se han decidido a cambiar esa realidad restaurando ecosistemas como base para el desarrollo de las comunidades locales y las economías regenerativas.

La yerba mate que se ha integrado en sus paisajes puede que sea solo para su propio consumo, pero no son los únicos que muestran las posibilidades de este cultivo artesanal. Los campos privados y el cultivo de yerba a pequeña escala son cada vez más numerosos. Entre los productores más conocidos se encuentran el vivero I Porá, en el departamento de Maldonado, en el sur del país, y Quebrada de los Cuervos, en el departamento de Treinta y Tres, dirigido por Alberto Demichelli, a quien se considera “pionero” en la reintroducción de la especie en el país.

Los árboles de Ambá en Rocha crecen a su antojo, gracias a las aves que comen sus semillas rojas —parecidas a las del café—, y que luego de un proceso de escarificación en el tracto digestivo, son dispersadas con la deposición.

“Haciendo la cosecha de hojas en un campo, sin querer, el dueño nos dijo que vio un árbol nuevo. Nos llevó a ver ese árbol y caminando por la zona encontramos diez más que no habíamos contado. Eso es dispersión pura de la semilla”, cuenta Talía Zamboni, coordinadora de Restauración Ecológica de Ambá.

El grupo organiza actividades abiertas a la comunidad, en las se circundan los distintos senderos serranos y se realiza parte del proceso que convierte a las hojas en yerba y, como es de prever, todo sucede al ritmo del mate.

Una historia de silvicultura y ganadería

Su cultivo a gran escala ha hecho creer al público que la yerba mate es un arbusto, pero en estado silvestre es un árbol que puede alcanzar alturas de entre 10 y 30 metros, con troncos de hasta 80 centímetros de diámetro, por lo que se poda para facilitar la recolección de las ramas.

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Arbustos de yerba mate plantados en una granja finca en Brasil. En estado silvestre, los arbustos se convierten en árboles que pueden alcanzar alturas de entre 10 y 30 metros, pero en las plantaciones se podan para facilitar la recolección de las ramas (Imagen: Adilson Sochodolak / Alamy)

La especie se desarrolla mejor en regiones con una temperatura media anual de entre 15 y 25 °C, siendo la óptima de 20 a 23 °C, y una precipitación anual superior a 1.200 mm. Además, es reacia a la luz solar directa.

Otro de los pioneros en Uruguay es el ingeniero agrónomo Raúl Nin, quien vio por primera vez un árbol de yerba mate en 1964, en el departamento de Tacuarembó, y se ha vuelto referencia y proveedor de árboles.

Cientos de plantines esperan crecer en su vivero Ca’aguigua —“morador del bosque” en guaraní—, un espacio de 1.600 metros cuadrados a menos de un kilómetro del mar de la ciudad costera de La Paloma, con más de 200 especies nativas.

Nin cuenta que hay productores que le solicitan cientos de plantas y reseña que ha pasado con los árboles de yerba mate que crecían en el Uruguay a mediados del siglo XX.

“En la Segunda Guerra Mundial no quedó un monte en pie en Uruguay porque no había petróleo y hubo que traer la línea férrea desde Paraguay para sacar el carbón. Luego llegó el negocio forestal, o sea, se perdió la producción en masa por decisiones políticas y por necesidad de la época”, relata.

La silvicultura se ha convertido en una importante actividad económica y un sector exportador para Uruguay, con aproximadamente el 6% de su superficie dedicada a monocultivos de eucalipto y pino, lo que genera preocupación por el impacto ambiental.

dos vacas en una pastura
Ganado Angus en la finca Rincón del Sauce, en el departamento de Florida, en el sur de Uruguay. Los árboles de yerba mate del país desaparecieron debido a factores como el auge de la ganadería, tanto por el uso de la tierra como por el gusto de las vacas por las hojas amargas de yerba, señala el ingeniero agrícola Raúl Nin (Imagen: Pablo Bielli / Dialogue Earth)

Nin agrega otros factores: el reemplazo de nativas por exóticas y el auge de la ganadería, tanto por el uso de la tierra como por debilidad que tienen las vacas por las amargas hojas de yerba mate.

Regeneración

Así como Nin y Ambá en Uruguay están tratando de demostrar el potencial de la producción de yerba mate a pequeña escala para integrarse a los ecosistemas locales, los productores a gran escala, como los de Argentina, también se ven obligados a tener en cuenta los cambios ambientales y la necesidad de adoptar enfoques diferentes.

“Necesitamos volver a generar sistemas productivos que se parezcan a sus ambientes naturales”, plantea la subgerente del área técnica del Instituto argentino de la Yerba Mate (INYM), Verónica Scalerandi.

La ingeniera agrónoma reconoce que el informe de sus colegas brasileños “invita a tomar conciencia” y advierte que ya ha visto algunos avances de lo que plantea en las últimas sequías de 2021-2022.

“Los efectos de las precipitaciones no son solamente que llueva 1.200 milímetros de promedio [en las zonas de cultivo de yerba mate de Argentina], sino que el cambio climático lo que está haciendo es que estas precipitaciones se concentren, y además se conjuga con algo que el informe no tiene, que es que nuestros suelos están altamente degradados, y que la precipitación llegue a las raíces de las plantas no depende de la cantidad de agua que cae, sino de las condiciones físicas de nuestros suelos”, afirma. 

Un informe del INYM al que Dialogue Earth tuvo acceso relevó condiciones físico-químicas de los suelos yerbateros argentinos que demuestra que cerca del 80% están en condiciones malas de calidad física, por laboreo, sobrelaboreo, compactación, y falta de cobertura, lo que implica que menos del 60% de las precipitaciones efectivamente lleguen a las raíces de las plantas.

“Tenemos promedios de producción muy bajos que evidencian que hay cultivos que están muy degradados y produciendo muy poquito, pero uno va a veces a un campo, a un productor que maneja las cosas bien y tiene rendimientos altos”, dice Scalerandi.

La especialista es, no obstante, optimista. “La yerba mate es la oportunidad para nuestra ecoregión, que es el relicto de selva paranaense, porque es un cultivo nativo que le gusta la sombra, que se lleva muy bien con la cobertura arbórea y que se puede cultivar haciendo un manejo eficiente de las coberturas espontáneas y naturales de los suelos, lo que otros llaman malezas”, sostiene.

La representante del INYM considera que la sostenibilidad del sector no se logrará únicamente aumentando la producción, sino que la verdadera oportunidad frente al cambio climático reside en desarrollar sistemas más resilientes y priorizar la protección del suelo, que considera el único factor capaz de garantizar la producción a largo plazo.

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