CAMBIO CLIMATICO

Cumbre de París sobre finanzas climáticas: ¿un salvavidas para América Latina?

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Escribe Tais Gadea Lara de Dialogo Chino – Gobiernos, especialistas y sociedad civil de la región reclamaron un incremento en los fondos climáticos y repensar la estructura de los organismos multilaterales

“Hace nueve meses nadie estaba hablando de cláusulas por desastres naturales (…) Hace nueve meses nadie hablaba sobre el desarrollo multilateral, sobre la reforma del Banco Mundial a escala (…) Hace nueve meses no estábamos preparados para discutir temas de deuda (…)”.

Las palabras de Mia Mottley, primera ministra de Barbados, pronunciadas en la reciente Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial celebrada en París, parecieron tocar la fibra sensible de su audiencia. En muchos sentidos, estaba en lo cierto.

En septiembre del año pasado, el lanzamiento de su iniciativa Bridgetown marcó un antes y un después. La iniciativa, que plantea la necesidad de discutir una reforma del sistema financiero mundial que ayude a los países más vulnerables, ha contribuido a los debates sobre el alivio de la deuda y la movilización de más fondos para políticas climáticas.

En noviembre, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP27 ―un evento en el que Mottley fue una voz destacada― el acuerdo final entre las naciones reconoció, por primera vez, la necesidad de “una transformación del sistema financiero y de sus estructuras y procesos” para cumplir los objetivos de descarbonización. Ahora, la cumbre sobre financiación climática de París, de dos días de duración y que concluyó el 23 de junio, buscó dar pasos a favor para que ello comience a ser realidad.

Organizado por el gobierno de Francia, el evento buscó dar un espacio de conversación y debate para llegar a consensos sobre cómo modificar un sistema financiero que, estructurado luego de la Segunda Guerra Mundial, hoy no está respondiendo a las crisis simultáneas de la pobreza, las deudas financieras y el cambio climático. Fue una jornada y media de reuniones bilaterales y grupos de trabajo a puertas cerradas, y mesas redondas abiertas al público.

Aunque en la cumbre se hicieron declaraciones ambiciosas, entre ellas la del presidente francés Emmanuel Macron, y se avanzó en algunas reformas, muchos observadores se sintieron decepcionados por la falta de compromisos firmes, aunque otros reconocieron un impulso de cara a la COP28 que se celebrará en Dubai a finales de este año.

¿Qué significa todo esto para una región como América Latina y el Caribe impactada por el cambio climático, en crisis económica y bajo deudas financieras, que intenta responder a otros problemas como la pobreza y la desigualdad? Aquí un resumen con lo más destacado y la voz de sus protagonistas.

¿Dónde está el dinero prometido?

La mayoría de los participantes, especialmente los de países en desarrollo, llegaron a París con una expectativa clara: tener alguna novedad ―por más mínima que fuera― de la promesa de los países desarrollados de movilizar a los países en desarrollo US$100 mil millones anuales en financiamiento climático para 2025. Es una promesa que fue realizada en 2009 y reforzada en 2015 con el Acuerdo de París, pero que aún está incumplida.

La expectativa se acrecentó con las dos semanas previas de negociaciones en Bonn, Alemania, donde el financiamiento fue el tema pujante entre un mundo desarrollado que quiere enfocar las discusiones en incrementar la ambición en mitigación ―es decir, mayor reducción de emisiones― y un mundo en desarrollo que también quiere eso, pero sabe y reclama que sólo puede hacerlo si a la par se discute el aumento de la ayuda económica.

“Delegados, ¿estamos dispuestos a hablar de los US$100 mil millones? ¿Estamos dispuestos a hablar de esto?”, expresaba enojado el jefe de delegación de Cuba Pedro Luis Pedroso Cuesta en un plenario en las negociaciones climáticas en Bonn, una reunión preparatoria para la próxima COP28. “Está tan claro que no hay intención de hablar de financiamiento”, agregó. Con ese malestar llegaron los países en vías de desarrollo a París. Con ese mismo resultado de escasa novedad se han ido también de París. 

En la cumbre en París sí se avanzó hacia otro objetivo de 100.000 millones de dólares: el compromiso adquirido en 2021 por los países ricos de redirigir parte de sus derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional (FMI) no utilizados para ayudar a los países más vulnerables.

La propia directora del FMI Kristalina Georgieva describió que, de esos US$100 mil millones, 60 mil millones ya están en el fondo trabajando para los países en desarrollo y los otros 40 mil millones ya han sido comprometidos por los países más ricos.

Las fuentes de financiamiento climático

De los distintos temas debatidos en la cumbre de París, varios fueron prioritarios para los delegados de América Latina y el Caribe, como los cambios en las organizaciones multilaterales, la incorporación de nuevos actores a la mesa para movilizar financiación, el aumento del flujo de financiación climática hasta el nivel necesario y la búsqueda de métodos innovadores para responder a las crisis actuales. Entre las fuentes de financiamiento destacadas por las voces de la región figuran:

 Canje de deuda. Bajo el consenso de que ningún país debería tener que elegir entre luchar por terminar con la pobreza y actuar ante el cambio climático, en París se conversó sobre cómo empezar a aliviar las deudas financieras de los países en desarrollo para que puedan, a la par, implementar políticas climáticas.

La figura del canje de deuda por acción climática es liderada en la región por el presidente de Colombia, Gustavo Petro, presente en la cumbre en París. Petro dijo a Diálogo Chino: “El canje de deuda liberaría presupuestos para dedicarlos exclusivamente a mitigación o adaptación a la crisis climática. Sumado a escala mundial, sería un incremento de la liquidez monetaria que no iría en un incremento de precios sino a una inversión productiva hacia lo que más importa hoy que son soluciones ante la crisis climática”. Petro pidió la creación de un grupo de expertos que se dedique a estudiar la figura del canje de deuda y genere una propuesta para ser llevada a la COP28.

● El Banco Mundial. Ajay Banga, el nuevo presidente del Banco Mundial, anunció la iniciativa Cláusulas de Deuda Resilientes al Clima. Cuando un país esté ante un evento climático extremo, se pausarán sus pagos de deuda y/o se le dará mayor flexibilidad. En una primera etapa, la iniciativa será implementada con los países más vulnerables, y luego se buscará ampliar a más actores necesitados. En cuál de ambas categorías ingresarán los países de América Latina y el Caribe es aún un detalle por conocerse.

Sobre el funcionamiento del Banco Mundial y del FMI, el presidente brasileño Lula da Silva se mostró crítico durante el evento: “Lo que se creó después de la Segunda Guerra Mundial ya no funciona. Tengamos muy en claro que el Banco Mundial deja mucho que desear cuando se trata de lo que esperamos de él, que el FMI deja mucho que desear en cuanto a las expectativas de la gente frente a la institución”.

● El sector privado. En sus discursos durante la cumbre, el presidente Macron subrayó repetidamente la necesidad de movilizar y aumentar la financiación privada para el cambio climático, considerada por muchos como el punto en el que los gobiernos de los países desarrollados están poniendo el foco en las negociaciones sobre financiación. Macron dijo que “por cada dólar de dinero público que se destine a la acción climática, se tiene que destinar un dólar de dinero privado”.

El texto de conclusión de la conferencia de Paris menciona que, desde 2016 a 2019, la filantropía privada ha destinado US$42 mil millones al desarrollo. Para Mottley no es sólo una cuestión de movilizar cantidad de dinero, sino también de ver a dónde se está movilizando: “Le agradecemos a la filantropía lo que hace, pero no puede ser que pongan el dinero en lo que ellos quieren sino en lo que el mundo necesita”.

Rumbo a la COP28

El financiamiento fue el protagonista de una cumbre que en su lanzamiento iba a estar organizada por Francia y Barbados de forma conjunta, y que terminó bajo el liderazgo del país europeo. El financiamiento fue también el tema en disputa entre países en Bonn al punto tal de casi hacer peligrar el trabajo realizado durante dos semanas. Y ahora el financiamiento quizás sea el mayor desafío en la próxima COP28.

La Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial dejó un documento de 10 páginas que recopila las conclusiones abordadas y que se resumen en cuatro resultados: “ganar la batalla contra la pobreza y las vulnerabilidades” a través de, por ejemplo, nuevos métodos que suavicen las deudas financieras; “mantenerse unidos en incrementar la solidaridad internacional” para cumplir con los compromisos financieros; “proteger el planeta y los bienes comunes” con un posible futuro precio al carbono internacional; y “movilizar recursos financieros adicionales especialmente desde el sector privado”.

Estos resultados no son legalmente vinculantes. Serán revisados cada seis meses a través de un reporte y habrá una segunda edición de la cumbre en dos años. Mientras tanto, los observadores seguirán de cerca cómo estas conversaciones “que hace nueve meses no se daban”, pasan a acciones concretas que respondan a las necesidades de los países más afectados, entre ellos los de América Latina.

Mientras que el Caribe se está ahora viendo afectado por la tormenta tropical Bret como un anticipo de una temporada de tormentas cada vez más intensas por el cambio climático, Mottley fue contundente: “Si no actuamos hoy a escala, no estaremos a tiempo de salvar a más personas. No sólo hagamos lo correcto, sino hagámoslo en el momento correcto y por la razón correcta”.

Tais Gadea Lara periodista especializada en ambiente y cambio climático

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El BID y el FMI impulsan reformas sobre el clima y catalizar recursos del sector privado para la acción por el clima

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 El Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn, y la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, se reunieron para analizar los detalles de una colaboración más firme para respaldar reformas y catalizar recursos del sector privado en América Latina y el Caribe, dentro de los parámetros de sus respectivos mandatos.

En aras de sus objetivos de construir economía resilientes y descarbonizadas de aquí a 2050, los países de la región tienen que aumentar considerablemente las inversiones para la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos. La mayor cooperación entre las dos instituciones tiene como fin redoblar los esfuerzos conjuntos para definir y diseñar reformas y facilitar actividades de fortalecimiento de las capacidades en pro de las metas climáticas, lo que puede ayudar a atraer inversiones, en particular las de capital privado.

El FMI ya mantiene una sólida alianza con el BID en toda la región de América Latina y el Caribe, gracias a las relaciones de larga data del BID en la región y de sus conocimientos analíticos y especializados a nivel sectorial. Esta alianza se ha visto aún más reforzada mediante la colaboración en el marco del nuevo Servicio de Resiliencia y Sostenibilidad (SRS) del FMI que entró en funcionamiento en octubre de 2022. El SRS se estableció para abordar desafíos estructurales a largo plazo, como los relativos al cambio climático, para así ayudar a los países a reducir riesgos críticos desde el punto de vista macroeconómico, apuntalar la estabilidad económica y aumentar la resiliencia. Por lo tanto, las medidas de reforma en el marco del SRS respaldarán las iniciativas de mitigación y adaptación de los países. Ambas instituciones están estudiando formas de reforzar sus lazos y afianzar la colaboración, aprovechando los conocimientos especializados y la capacidad de cada una a fin de brindar el mejor apoyo posible a los países de la región. Además, están formando grupos de trabajo sobre el diseño y la implementación de soluciones de financiamiento climático a escala regional y nacional.

Al mismo tiempo, el BID está creando un mecanismo para definir, dar prioridad y preparar una nutrida lista de proyectos de infraestructura ecológicos y resilientes en todos los sectores de importancia clave. También ayudará a los gobiernos de América Latina y el Caribe en sus labores de regulación de los servicios y las instituciones. Esto forma parte de un esfuerzo conjunto con otros socios multilaterales para ayudar a los países a preparar carteras de proyectos de inversión sensibles y bien estructurados, acordes con sus planes nacionales de desarrollo.

El FMI y el BID perfeccionarán estrategias para que los países aceleren el financiamiento climático, por ejemplo, mediante reformas de políticas, apoyo al fortalecimiento de las capacidades y evaluación de mecanismos de financiamiento adaptados a fines específicos, como instrumentos de financiamiento combinado, bonos verdes y de otro tipo, incluidos posibles diseños de la estructura de un fondo regional verde. Ciñéndose a su respectivo mandato, cada institución estudiará otros aspectos complementarios entre las reformas apoyadas por el SRS y el financiamiento y las garantías del BID con el objeto de ampliar y movilizar el financiamiento para el clima tan necesario.

El Presidente del BID, Ilan Goldfajn, señaló lo siguiente: “En el contexto de los llamamientos mundiales a una mayor cooperación multilateral entre las instituciones financieras internacionales, nos complace reconocer que hay complementariedades con el FMI y que estamos trabajando estrechamente para adoptar medidas concretas en América Latina y el Caribe a fin de hacer frente al cambio climático. Nos hemos comprometido a buscar maneras de seguir fortaleciendo nuestra alianza con el FMI para movilizar capital y encontrar soluciones innovadoras que permitan multiplicar el financiamiento para el clima en los países de la región”.

La Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, se expresó en los siguientes términos: “Nos complace mucho emprender este nuevo capítulo de colaboración con el BID para ayudar a los países a hacer frente al impacto del cambio climático, que constituye una amenaza para el crecimiento, el empleo y la prosperidad en toda América Latina y el Caribe. Se necesitan cuantiosos recursos, por lo que trabajar juntos es fundamental, y vemos que hay muchos aspectos complementarios entre la labor del FMI y la del BID. Confiamos en que la colaboración se estrechará aún más con el fin de respaldar a nuestros países miembros conforme hacen frente a los desafíos climáticos y de resiliencia”.

Acerca del BID

El Banco Interamericano de Desarrollo tiene como misión mejorar vidas. Fundado en 1959, el BID es una de las principales fuentes de financiamiento a largo plazo para el desarrollo económico, social e institucional de América Latina y el Caribe. El BID también realiza proyectos de investigación de vanguardia y ofrece asesoría sobre políticas, asistencia técnica y capacitación a clientes públicos y privados en toda la región.

Acerca del FMI

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es un organismo mundial integrado por 190 países que procura fomentar la cooperación monetaria internacional, afianzar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional y estimular un alto nivel de empleo y un crecimiento económico sostenible en todo el mundo, para lo cual ofrece a sus países miembros asesoramiento sobre políticas, préstamos y fortalecimiento de las capacidades. El FMI, fundado en 1945, rinde cuentas a los 190 miembros que lo integran, y que representan prácticamente la totalidad de los países del mundo.

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China mantiene su diplomacia climática pese a las tensiones con EE.UU.

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Escribe Liu Yuanling de Dialogo Chino – La creciente participación de China en los debates sobre el clima podría impulsar la agenda climática en regiones como la Unión Europea y América Latina

La pandemia del Covid-19 y las disputas vinculadas a la guerra de Ucrania han impulsado un proceso de desglobalización, es decir, un mayor aislamiento de los países. Además, las relaciones diplomáticas entre China y Estados Unidos atraviesan su peor momento en más de cuatro décadas.

Sin embargo, incluso con estas tensiones y contratiempos en las alianzas mundiales, ambos países ven las negociaciones sobre el clima como una zona neutral.

Desde la firma del Acuerdo de París en 2015, China ha intentado promover la diplomacia climática con regiones como Europa y América Latina. El tema apareció en dos declaraciones conjuntas en abril, respectivamente con Francia y Brasil, y también se ha tratado con líderes de la Comisión Europea y Emiratos Árabes Unidos. En este último caso, el portavoz fue Sultan Al Jaber, presidente de la conferencia sobre el clima COP28 de este año.

Cooperación entre grandes potencias

Los datos sobre emisiones de carbono muestran que la cooperación entre las naciones más contaminantes es clave para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. En 2021, los seis mayores emisores ―China, Estados Unidos, la Unión Europea (UE), India, Rusia y Japón― representaban en conjunto casi el 68 % de las emisiones mundiales.

China representa casi el 33% de las emisiones de CO2 del planeta, mientras que EE.UU. más del 12%. Con el 7% de la UE, los tres acaparan la mayor parte de las emisiones de carbono del mundo.

Por ello, las iniciativas de estos grandes emisores pueden tener un impacto significativo. En marzo de 2020, por ejemplo, el Parlamento Europeo aprobó una ley que ratificaba su objetivo de neutralidad de carbono, lo que tuvo un efecto positivo en varios países del bloque. La cooperación entre China y EE.UU. ha impulsado el desarrollo de políticas climáticas globales que incluso desembocaron en el Acuerdo de París.

Pero la gobernanza climática está sufriendo un momento de descrédito como consecuencia de las constantes disputas sobre el alcance de las responsabilidades entre el Norte y el Sur Global e incluso dentro de estas regiones.

No hay ejemplo más claro que la financiación del Fondo Verde para el Clima. En 2010, en la COP16 se decidió que, para ayudar a los países en desarrollo a responder al cambio climático, los países desarrollados debían aportar 30.000 millones de dólares en financiación inicial rápida para 2012, y otros 100.000 millones anuales de 2013 a 2020. Sin embargo, las definiciones de lo que se considera financiación para el clima, las estadísticas asociadas y los sistemas de información y verificación siguen siendo poco claros y a menudo controvertidos.

Según la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en 2020 los países desarrollados aportaron y movilizaron 83.300 millones de dólares para la acción climática en los países en desarrollo, mientras que el objetivo de 100.000 millones anuales podría alcanzarse este año.

La falta de liderazgo es otro gran obstáculo para la acción por el clima. La UE suele predicar con el ejemplo tanto en gobernanza como en acción climática. Pero ahora se enfrenta a un bajo crecimiento económico y a una falta de cohesión interna que le impiden alcanzar todo su potencial.

Mientras tanto, la polarizada política de Estados Unidos hace que sus actuaciones en materia climática vayan de un extremo a otro. La administración del republicano Donald Trump ha promovido el unilateralismo America-first (EE.UU. en primer lugar), rompiendo con el Acuerdo de París y destruyendo la posición de liderazgo de Estados Unidos en el desarrollo de la gobernanza climática mundial. Cuando el demócrata Joe Biden tomó el cargo en 2021, introdujo no solo legislación sino un presupuesto ambicioso de acción climática. Sin embargo, nadie puede garantizar que Trump no vuelva a ser electo.

En este contexto de conflictos y crisis constantes, el calentamiento global sigue aumentando y la ventana de oportunidad para revertir sus efectos se está cerrando.

A pesar de los obstáculos, la gobernanza climática se ha guiado por el Acuerdo de París desde 2015. Y 2021 fue un año crucial para las interacciones entre China y Estados Unidos, aunque en varios momentos estuvieran impregnadas de tensiones. Los líderes de ambos países hablaron en varias ocasiones, como en el Año Nuevo chino, en la reunión de Alaska ―cuando surgieron acusaciones mutuas― y con motivo de la declaración conjunta de Glasgow.

Pero las relaciones en general han ido en caída libre desde el inicio de la pandemia de Covid-19. Wang Jisi, profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Beijing y director del Instituto de Estudios Internacionales y Estratégicos de la misma institución, ha declarado: “Las relaciones entre China y Estados Unidos han empeorado desde la última parte de la administración Trump, con desacuerdos que se intensifican en el comercio, la tecnología, los asuntos militares y la ideología. Biden mantuvo la mayor parte de las políticas de la era Trump sobre China. Actualmente estamos a más de la mitad del primer mandato de Biden y las relaciones siguen empeorando gracias a la guerra de Ucrania, las tensiones sobre Taiwán y el desacoplamiento tecnológico de Estados Unidos”.

Las conversaciones sobre emisiones de metano, energía limpia, economía circular y acción climática urbana estaban previstas para septiembre de 2022, pero la visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., a Taiwán en agosto, a pesar de las fuertes objeciones del Gobierno chino, puso fin a los trabajos. Pero hay un rayo de esperanza: se ha informado de que el enviado estadounidense para el clima, John Kerry, va a visitar China, lo que podría reanudar la diplomacia climática entre ambos países.

Diplomacia climática multilateral

A pesar de los roces con Estados Unidos, China ha avanzado en otros frentes bilaterales y multilaterales desde la firma del Acuerdo de París.

Según datos del Ministerio de Ecología y Medioambiente sobre cooperación internacional, China ha ampliado el alcance de sus interacciones y mantenido la cooperación y los intercambios con la UE, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), las naciones africanas y el grupo BRICS formado por Brasil, Rusia, China y Sudáfrica. También ha participado en la diplomacia climática multilateral con sus vecinos, asistiendo a reuniones como el Segundo Foro sobre los Objetivos de Neutralidad de Carbono de China, Japón y la República de Corea.

La Declaración Conjunta China-Francia de abril contenía 51 artículos, ocho de ellos sobre cuestiones climáticas. La declaración hacía del cambio climático parte de la respuesta conjunta de ambos países a los retos de la globalización. Esto sienta una buena base para su futura diplomacia climática y, esperemos, para medidas más concretas. Por ejemplo, el artículo 36 dice:

“Francia y China tienen la intención de cooperar para resolver las dificultades de acceso a la financiación en las economías en desarrollo y emergentes, y animarlas a acelerar su transición energética y climática, apoyando al mismo tiempo el desarrollo sostenible”. China participará en la Cumbre para un Nuevo Pacto Mundial de Financiación que se celebrará en París en junio de 2023. Francia asistirá al tercer Foro de Cooperación Internacional de la Franja y la Ruta”.

En abril también se publicó la Declaración Conjunta Brasil-China sobre la Lucha contra el Cambio Climático. Algunos de los artículos son de especial interés. El artículo 5, por ejemplo, afirma:

“Estamos decididos a seguir reforzando el multilateralismo, incluso con todos nuestros socios del Grupo de los 77 y China (G77+China), con vistas a un modelo de solidaridad climática que sea colectivo, que rechace el unilateralismo y las barreras comerciales verdes, y que esté firmemente asentado en valores de solidaridad y cooperación en nuestra comunidad internacional”.

Por su parte, el Artículo 7 dice: “Instamos a los países desarrollados a que cumplan sus obligaciones incumplidas en materia de financiación de la lucha contra el cambio climático, y a que se comprometan con su nuevo objetivo colectivo cuantificado, que va mucho más allá del mínimo de 100.000 millones de dólares al año y proporciona una hoja de ruta clara para duplicar la financiación de la adaptación”.

Medidas climáticas de China, dentro y fuera del país

Evaluar con precisión la diplomacia climática de China y su futura dirección no sólo es importante para el país asiático, sino también para el proceso de gobernanza climática mundial.

China sigue siendo un país en desarrollo, con niveles desiguales de desarrollo socioeconómico, una combinación de fuentes de energía basada en el carbón y una base científica y tecnológica relativamente débil. Pero entre 2012 y 2021, su crecimiento económico fue de un promedio de 6,5%, mientras que el consumo de energía sólo aumentó un 3%. Los enormes esfuerzos realizados por China para lograr una transición hipocarbónica merecen ser vistos y valorados.

Un análisis de su actuación nacional en materia de cambio climático y de su diplomacia climática en el exterior revela que ha habido críticas y cuestionamientos, sobre todo a las disposiciones institucionales, la asignación de personal y financiación, y el enfoque de las políticas. Pero China ha seguido adoptando medidas activas, responsables y sostenibles, tanto dentro como fuera del país.

En 2022, su nueva capacidad instalada de energía eólica, solar e hidroeléctrica superó con creces la nueva capacidad instalada de carbón. Mientras tanto, la generación de energía eólica y solar alcanzó los 1,19 billones de kilovatios hora, lo que supone un aumento interanual del 21% y el suministro del 13,8% del consumo total de electricidad. El mix de generación eléctrica de China ha experimentado enormes cambios: también en 2022, la proporción de energía de carbón en la generación total de electricidad bajó del 65-70% al 58,4%, y la proporción de generación de electricidad con energías no fósiles subió al 36,2%.

Aun así, como fenómeno global, el cambio climático exige una acción conjunta. Ningún país puede afrontarlo solo.

Liu Yuanling es investigadora adjunta en el Instituto de Estudios Americanos de la Academia China de Ciencias Sociales.

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Abren la instancia participativa del plan de respuesta de Misiones al Cambio Climático

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El Plan de Respuesta de Misiones al Cambio Climático servirá como herramienta para establecer estrategias, políticas e instrumentos relativos al estudio del impacto, la vulnerabilidad y las actividades de adaptación al Cambio Climático en las distintas áreas que conforman el territorio provincial.

Para cumplir con la normativa nacional vigente el Ministerio de Cambio Climático de Misiones, llevará adelante la instancia de participación ciudadana con tres talleres que buscan que los misioneros conozcan los alcances del plan y hagan sus aportes.

El ministro de Cambio Climático, Gervasio Malagrida indicó que los talleres comenzarán el próximo 23 de junio en Posadas, luego seguirá el 30 de junio en Puerto Iguazú y el 6 de julio en San Vicente. Las inscripciones son online en la página web del ministerio y pueden acceder a más información a través de las redes sociales del ministerio.

Silvia Kloster, subsecretaria de Gestión, Desarrollo Sostenible e Innovación, explicó que en esta etapa se busca la interacción con sectores del Gobierno, ONG, académico y ciudadano. La idea es tener un proyecto sólido a fin de año, con metas en cada sector. Indicó que esperan hacer una devolución a los participantes de forma virtual y luego para octubre o noviembre presentar el plan al Gobierno Nacional. Que luego de aprobarlo debe pasar al Ejecutivo provincial, que debe hacerlo operativo.

Para la elaboración del plan, se concretaron diversas mesas sectoriales, para escuchar y reconocer las problemáticas en cada sector: productivo, industrial, forestal, transporte, energía, infraestructura y salud.

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Cómo abordar el cambio climático a través de un desarrollo urbano verde, resiliente e inclusivo

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El poder transformador de las ciudades: abordar el cambio climático a través de un desarrollo urbano verde, resiliente e inclusivo

Escriben Bernice Van Bronkhorst, Mark Roberts y Megha Mukim – Entre 1970 y 2021, la cantidad de personas que vivían en las ciudades aumentó de 1190 millones a 4460 millones, y la temperatura de la superficie de la Tierra se incrementó 1,19 °C por encima de los niveles preindustriales. Las ciudades, como motores de la prosperidad, han sido una de las principales causas del cambio climático. En el nuevo informe del Banco Mundial Prosperar: Hacer que las ciudades sean verdes, resilientes e inclusivas en un clima cambiante (PDF, en inglés) se sugiere que las ciudades son una de las claves para solucionar la crisis climática. Para 2050 serán el hogar de casi el 70 % de la población mundial. 

En el informe se analiza una muestra de más de 10 000 ciudades para evaluar cuán ecológicas, resilientes e inclusivas son, y examinar la interrelación bidireccional que existe entre estas y el cambio climático. A partir de este análisis, se proporciona a los encargados de la formulación de políticas una guía sobre cómo ayudar a sus ciudades a ser más verdes, resilientes e inclusivas —en otras palabras, sobre cómo ayudarlas a prosperar— en un clima cambiante.

El estado de nuestras ciudades: verdor, resiliencia e inclusión

Las ciudades de los países de ingreso alto y mediano alto han contribuido en gran medida al cambio climático.  Globalmente, alrededor del 70 % de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, la mayor parte de las cuales son emisiones de dióxido de carbono (CO) fósil, proviene de las ciudades. Sin embargo, en 2015 las ciudades de los países con ingresos más bajos representaron solo alrededor del 14 % de todas las emisiones de CO2 urbanas a nivel mundial. El desafío para estas ciudades consiste en cómo desarrollarse sin seguir las trayectorias históricas de emisiones que registran las ciudades de los países con ingresos más altos. Lograr cero emisiones netas a nivel mundial para 2050 depende de que se aborde este problema.

Las ciudades de los países de ingreso bajo y mediano bajo enfrentan los mayores peligros relacionados con el cambio climático que se anticipan.  La exposición a peligros clave proyectada para 2030-40 en estas ciudades, como inundaciones, estrés térmico, ciclones tropicales, aumento del nivel del mar, estrés hídrico e incendios forestales, es considerablemente mayor que la proyectada para el mismo período en las ciudades de los países con ingresos más altos. Además, estas ciudades son menos resilientes a las perturbaciones y tensiones cada vez más frecuentes relacionadas con el cambio climático, ya que experimentan impactos económicos más graves de los fenómenos meteorológicos extremos.

Por ejemplo, cuando se producen fenómenos meteorológicos extremos, las personas que viven en el campo a menudo buscan refugio en las ciudades. Las sequías prolongadas en las zonas rurales dan lugar a una expansión más rápida de las zonas urbanas. Los nuevos asentamientos suelen ser informales y establecerse en las afueras de las ciudades, y en llanuras aluviales urbanas con acceso limitado a los servicios.

Las ciudades de los países de ingreso bajo y mediano son menos verdes en lo que respecta a la contaminación atmosférica. En promedio, las concentraciones de PM2,5 (material particulado de 2,5 micrones o menos de diámetro) fueron más bajas en las ciudades de los países de ingreso alto que en las ciudades de los países con ingresos más bajos. Y las emisiones de PM2,5 que se registran en los sectores residencial y de transporte de una ciudad —sectores en los que la planificación y las políticas urbanas pueden influir más directamente— tienden a aumentar con su población.

Mejorar la calidad del aire a través de iniciativas de políticas puede ayudar a las ciudades a mitigar el cambio climático y adaptarse a sus efectos.  Muchas de las actividades que contribuyen a la mala calidad del aire urbano, como las actividades industriales y la circulación de vehículos, también agravan el cambio climático. Por consiguiente, se puede afirmar que en las ciudades de todo el mundo existe una fuerte correlación positiva entre las emisiones de CO2 y PM2,5 en los sectores residencial y de transporte.

La falta de inclusión contribuye a la falta de resiliencia de las ciudades en los países de ingreso bajo y mediano bajo. Esta carencia de resiliencia puede explicarse por las mayores tasas de pobreza y los menores niveles de acceso a servicios básicos, como salud y educación; abastecimiento de agua y electricidad; gestión de desechos sólidos; servicios digitales y financieros, y servicios de rescate de emergencia.

El desarrollo urbano compacto se asocia con menores emisiones de CO2 y de PM2,5 en los sectores residencial y de transporte. Esto sugiere que las políticas locales relacionadas con la expansión urbana pueden ser eficaces tanto para mejorar la calidad del aire como para mitigar el cambio climático. Las ciudades que se desarrollan verticalmente consumen menos tierra, albergan a más personas y son más prósperas. En las ciudades de todo el mundo, la duplicación de la altura total de una ciudad genera un aumento a largo plazo de su población de aproximadamente un 16 % y una reducción de su superficie del 19 % con respecto a otras ciudades. Estos resultados van acompañados de un aumento del 4 % en la intensidad de las luces nocturnas de la ciudad, lo que sugiere un aumento de la prosperidad.

Una guía de políticas para ayudar a las ciudades a prosperar

Una ciudad próspera es una ciudad verde, resiliente e inclusiva frente a un clima cambiante.  En el informe se destaca que para materializar esta visión se requiere responder tres preguntas fundamentales: ¿Cuáles son los instrumentos de políticas con los que se cuenta? ¿Quién maneja estos instrumentos? ¿Cómo se pueden priorizar y secuenciar las decisiones en materia de políticas basadas en estos instrumentos para lograr una implementación eficaz?

  • CUÁLES: Las opciones de políticas adoptan la forma de cinco elementos: información, incentivos, seguros, integración e inversiones. Estos instrumentos suelen ser complementarios, conduciendo a mayores impactos cuando se implementan en conjunto.
  • QUIÉN: Dado que las tensiones urbanas “tradicionales” interactúan con las tensiones relacionadas con el cambio climático para determinar los resultados, los Gobiernos locales están bien posicionados para impulsar la acción climática. Las ciudades, en colaboración con los Gobiernos nacionales, el sector privado y la sociedad civil, tienen a su disposición una herramienta importante para influir en las políticas.
  • CÓMO: Para garantizar que sus ciudades prosperen, los encargados de la formulación de políticas deberán alternar entre opciones normativas basadas en los cinco elementos mencionados. La combinación de las intervenciones, su secuenciación y la priorización de los resultados variarán en función de las características de las ciudades, entre ellas, el tamaño y los niveles de riesgo y de desarrollo.

Las ciudades tienen el potencial para abordar el cambio climático y adaptarse a él. Al centrarnos en lograr que las ciudades sean más verdes, resilientes e inclusivas, podemos transformar nuestros entornos urbanos y asegurar un futuro próspero para todos. Lea el informe completo y sus recomendaciones sobre políticas en este archivo (i).

Bernice Van Bronkhorst Directora global, Práctica Global de Desarrollo Urbano, Gestión de Riesgos, Resiliencia y Tierras

Mark Roberts Economista sénior especializado en Asuntos Urbanos, Banco Mundial

Megha Mukim Economista sénior, Práctica Global de Desarrollo Social, Urbano y Rural, y Resiliencia

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