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Comprendiendo la geoeconomía en un mundo volátil

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Por C. Clayton, M. Maggiori y Jesse Schreger / F&D FMI – A lo largo de la historia, naciones poderosas han utilizado el poder económico para doblegar a otros a su voluntad. La dinastía bancaria Medici de Florencia moldeó la política renacentista con su dominio financiero, y la Gran Bretaña imperial utilizó el dominio comercial para unir su imperio y ejercer poder en todo el mundo. Hoy en día, Estados Unidos congela el acceso a los mercados financieros o insta a sus aliados a imponer controles de exportación sobre tecnologías esenciales, y China amenaza con restricciones a tierras raras para ampliar su influencia. Estos son ejemplos de geoeconomía, o el uso de relaciones financieras y comerciales para lograr objetivos geopolíticos y económicos.

Con el reciente aumento de la competencia entre grandes potencias y el uso creciente de aranceles, sanciones y controles de exportación, comprender la geoeconomía se ha vuelto esencial para los responsables políticos que navegan en un mundo cada vez más volátil. El uso del poder geoeconómico puede aumentar la cooperación y la prosperidad, pero también puede causar fragmentación y desintegración. Es importante comprender tanto su potencial como sus inconvenientes.

El estudio académico de geoeconomía se sitúa principalmente en 1945, cuando el economista Albert Hirschman publicó National Power and the Structure of Foreign Trade. En él, examina cómo la Alemania nazi había estructurado su economía para maximizar la influencia sobre sus vecinos durante el periodo de entreguerras. Rechazó la visión ingenua de que, porque el comercio es voluntario y mutuamente beneficioso, es geopolíticamente inofensivo. Los beneficios pueden ser mutuos, argumenta Hirschman, sin ser simétricos. Y la asimetría es cómo se acumula el poder.

Desde la época de Hirschman, los economistas han dejado el estudio de las dinámicas de poder globales en gran medida a politólogos e historiadores, quienes han liderado el desarrollo de esta área de investigación. Aunque casi todos los estudiantes de economía se encuentran con el Índice Herfindahl-Hirschman, pocos saben que fue inventado para medir el poder económico de las naciones, no de las empresas. Quizá existía la sensación de que el orden mundial de posguerra hacía obsoletas esas preocupaciones.

Ahora, ante la creciente competencia entre grandes potencias, la geoeconomía se ha vuelto imposible de ignorar, y los economistas disponen de nuevas herramientas, incluyendo el análisis de redes y la macro, el comercio y la teoría de juegos moderna. Nuestra propia agenda de investigación pretende proporcionar un marco de modelización económica para la geoeconomía. El objetivo no es solo la claridad teórica sobre las fuentes y canales de poder, sino también la capacidad de llevar modelos a los datos y disciplinar los contrafactuales de política.

Poder geoeconómico

¿Cómo construyen los países el poder geoeconómico? Supongamos que el País A suministra bienes intermedios al País B. Podría amenazar con retener esos bienes si el País B no cumple con su demanda. Si los bienes intermedios son lo suficientemente importantes, y si es lo suficientemente difícil conseguirlos en otro lugar, de modo que el País B estaría mejor accediendo a la demanda del País A que enfrentándose a la realización de su amenaza, entonces el País B cumpliría.

Las amenazas de retener solo una entrada pueden funcionar; Sin embargo, las amenazas son más poderosas cuando el país imponente controla múltiples relaciones económicas. Un país que controla muchos insumos relacionados, como bienes intermedios y capital extranjero, ejerce mayor poder porque puede infligir mayores pérdidas al país objetivo. Por eso países como Estados Unidos y China suelen ser llamados hegemones. Un hegemón utiliza estas amenazas conjuntas para ejercer poder sobre empresas y gobiernos de su red y pedirles que tomen medidas costosas. Estas acciones pueden adoptar la forma de transferencias monetarias, cambios en los margen de precios y recargos sobre préstamos, pero también acciones políticas como restricciones comerciales (por ejemplo, aranceles y cuotas) o concesiones políticas.

Consideremos cómo China ha estructurado su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Pekín proporciona a las economías en desarrollo acuerdos en paquete que combinan préstamos, proyectos de infraestructuras y acceso a bienes manufacturados. Si un país prestatario incumple, corre el riesgo de perder todas estas relaciones simultáneamente. Esta agrupación aumenta el poder geoeconómico de China. A cambio, Pekín podría exigir concesiones políticas, como una alineación más estrecha en cuestiones geopolíticas clave.

A los hegemones se suma su capacidad para influir en países fuera de su red, remodelando el equilibrio mundial para consolidar más poder. Por ejemplo, cuando Estados Unidos presionó a gobiernos y empresas europeas para que dejaran de usar la tecnología 5G de Huawei, los llamados efectos de red amplificaron el impacto. Dado que el valor de una red de telecomunicaciones aumenta cuanto más se adopta, lograr que algunos países rechazaran Huawei hizo que la tecnología fuera menos atractiva para otros, incluidos países a los que Estados Unidos no podía presionar directamente.

Puntos de estrangulamiento y dependencias

Los insumos se llaman puntos de estrangulamiento, o dependencias críticas, si el hegemón controla una cuota de mercado dominante de los insumos en la economía objetivo y es difícil encontrar alternativas a los insumos del hegemón. Por ejemplo, Estados Unidos y sus aliados controlan una cuota abrumadora de los servicios financieros globales, que en muchos países supera el 80 a 90 por ciento. Los sistemas de pago, la infraestructura de liquidación y los préstamos denominados en dólares son insumos básicos en una economía funcional. La falta de alternativas viables a la infraestructura financiera estadounidense otorga al país un considerable poder geoeconómico. Recientemente, ha ejercido este poder imponiendo sanciones financieras integrales a Irán y Rusia, presionando a HSBC para que divulgue transacciones vinculadas a Huawei y cortando el acceso de los bancos rusos al sistema de mensajería SWIFT para transacciones financieras internacionales.

Sin embargo, hay un inconveniente. La relación entre el control de un sector y el poder geoeconómico no es lineal; más bien, el poder aumenta desproporcionadamente a medida que un hegemón se acerca al control total. La diferencia entre controlar el 95 por ciento y el 85 por ciento de una entrada es desproporcionadamente grande. Con un 95 por ciento, una economía objetivo tiene casi ninguna alternativa viable y debe aceptar los términos que el hegemón exija. Con un 85 por ciento, hay suficiente alternativa para dar opciones significativas al objetivo, y la influencia del hegemón se disipa rápidamente.

Los responsables políticos estadounidenses suelen sentirse tranquilos con el hecho de que el dólar sigue siendo dominante y las alternativas chinas al sistema financiero occidental siguen siendo marginales. Según métricas estándar, China representa una pequeña fracción de los servicios financieros globales. El argumento es que, incluso si China proporcionara el 10 por ciento de los servicios financieros básicos mundiales, eso palidecería en comparación con el dominio estadounidense.

Este razonamiento es correcto respecto a las cuotas de mercado pero erróneo respecto al poder. Hay una diferencia entre relevancia macroeconómica y relevancia geoeconómica. Para una economía de tamaño medio, la existencia de un proveedor alternativo con incluso un 10 por ciento de cuota de mercado es suficiente para resistir gran parte de la coerción que puede ejercer una potencia dominante. Una parte desproporcionada de las pérdidas para el suministro eléctrico estadounidense provendría de una alternativa china que pasaría del 1 por ciento al 10 por ciento, con nuevas ganancias del mercado chino provocando una dilución progresiva menor del poder para Estados Unidos.

La preparación de Rusia para las sanciones occidentales ilustra esta dinámica. Tras su invasión de Crimea en 2014, Rusia intentó reducir su dependencia de la coalición liderada por Estados Unidos, desarrollando aún más su sistema de pagos doméstico y conectándose con sistemas basados en China. En consecuencia, el poder financiero de la coalición liderada por Estados Unidos sobre Rusia se redujo considerablemente. Esta preparación ayuda a explicar el efecto algo atenuado de las amplias sanciones financieras impuestas tras 2022: Rusia ya había construido suficiente alternativa para mitigar el filo del arma.

China e India siguen el ejemplo de Rusia y construyen sistemas alternativos de pago y liquidación. Cierto es que es poco probable que sustituyan la arquitectura centrada en el dólar. Sin embargo, la cuestión no es si un sistema alternativo puede rivalizar con el dólar en todos sus usos, sino si puede ser lo suficientemente viable como para disminuir significativamente la influencia estadounidense en el margen. Los mercados emergentes no están solos. Los países de la zona euro están impulsando una moneda digital con la esperanza de obtener mayor soberanía monetaria y reducir la dependencia de la infraestructura financiera estadounidense.

Riesgos de fragmentación

Nuestro trabajo muestra que existe un equilibrio entre las ganancias del comercio y la seguridad económica. Los mismos mecanismos que son los fundamentos clásicos de las ganancias del comercio —economías de escala y especialización— también generan dependencia económica. Las alternativas internas que los países no desarrollaron son pobres sustitutos de insumos dominantes a nivel mundial, como la manufactura china o los servicios financieros y la tecnología estadounidenses. Esta falta de alternativas deja a los países expuestos a la coacción. A medida que la economía global depende cada vez más de bienes y servicios que tienen complementarietad estratégica y economías de escala, es probable que estos mecanismos aumenten su importancia. Esto se aplica a los sistemas de pago, pero también a las tecnologías de la información y la inteligencia artificial.

A medida que el poder geoeconómico ha cobrado protagonismo en las relaciones internacionales, los hegemones quieren hiperglobalizar el sistema para aumentar la dependencia de los demás de lo que controlan, mientras que los países que dependen en gran medida de los hegemones han comenzado a adoptar políticas anti-coacción para reducir su vulnerabilidad a la presión. La arquitectura financiera alternativa china es un ejemplo; otro es la Estrategia Europea de Seguridad Económica de la Comisión Europea, explícitamente destinada a contrarrestar la instrumentalización de las dependencias económicas.

Estas políticas podrían ser individualmente óptimas y, como demuestra la no linealidad de los sectores de punto de estrangulamiento, probablemente serán exitosas para los países que las implementen adecuadamente. Sin embargo, en conjunto, pueden dar lugar a una dinámica colectiva preocupante. Cuando un país reduce su dependencia del sistema global, el sistema en sí se vuelve menos atractivo para otros, porque su valor a menudo depende del número y tamaño de sus participantes. Esto cambia el cálculo para otros países a favor del desacoplamiento también, provocando nuevas salidas. El resultado es una fragmentación excesiva, un mundo donde las ganancias del comercio y la integración financiera se degradan hasta un punto que deja a todos, incluido el hegemón, en peor situación.

Esta dinámica conduce a una conclusión algo sorprendente: las potencias hegemónicas pueden aumentar su propio bienestar limitando voluntaria y creíblemente su uso de la coerción. Un hegemón que se compromete a limitar sus demandas (por ejemplo, sometiéndose a las normas de organizaciones internacionales) puede disuadir a otros países de seguir costosas políticas anti-coacción. El hegemón renuncia a parte de su flexibilidad para coaccionar, pero a cambio preserva el tamaño y la atractividad de su red económica, que es la fuente de su poder.

Visto así, el orden liberal de posguerra, compuesto por instituciones como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, puede entenderse no como el opuesto del poder hegemónico, sino como una de sus expresiones más sofisticadas. Estas instituciones sirven como dispositivos de compromiso: al prometer de forma creíble no explotar las posiciones dominantes de forma demasiado agresiva, Estados Unidos y otros hegemones mantienen a otras naciones dentro del mismo sistema económico. A medida que estas restricciones basadas en reglas se debilitan, si se percibe que los hegemones están dispuestos a ejercer su poder geoeconómico de forma impredecible o a erosionar sus compromisos institucionales, otros países responden racionalmente desarrollando sus propias políticas de seguridad económica y acelerando la desintegración de las redes de los hegemones.

Desafíos de medición

Aunque la claridad teórica es una base necesaria, debe conducir a implicaciones comprobables y a una guía empírica para la política. A medida que los responsables políticos mundiales se enfrentan a la incertidumbre geoeconómica, deben ofrecer orientación basada en hechos y datos interpretados a través del prisma de los modelos. Hay al menos dos formas prometedoras de incorporar la teoría existente a los datos. El primero utiliza avances en la modelización comercial y datos bilaterales para estimar cuánto sufriría un país objetivo al perder el acceso a insumos controlados por el hegemón, midiendo la importancia cuantitativa de las amenazas. La mayoría de las amenazas no son poderosas y la mayoría de las industrias no son estratégicas, ya sea porque el hegemón no las controla suficientemente o porque es fácil para el objetivo encontrar buenos sustitutos. La misma lógica puede aplicarse a los flujos de capital, además del comercio de bienes.

Un problema evidente con la medición es que las amenazas geoeconómicas más poderosas no se materializarán si los objetivos se cumplen. Los avances recientes en inteligencia artificial apuntan a una posible solución. Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) pueden utilizarse para analizar el texto de informes de analistas y llamadas de resultados sobre las corporaciones multinacionales que dominan el comercio y las finanzas mundiales. Este enfoque aborda parte del problema de la medición porque analistas y directivos de la empresa discuten acciones geoeconómicas que han sido amenazadas pero aún no tomadas. También puede medir amenazas con un detalle bastante granular. Las demandas del hegemón podrían abarcar varios dominios difíciles de especificar de antemano: No compres esto, no vendas aquello o me concedas políticamente.

En nuestro trabajo, demostramos que los LLMs pueden extraer señales sobre la presión geoeconómica hasta una empresa, instrumento y reacción específicos. Esto puede hacerse en tiempo casi real, aumentando el valor para los responsables políticos. Más concretamente, en este artículo aplicamos los LLMs a llamadas de resultados de las empresas e informes de analistas para ver cómo responden las empresas a aranceles, sanciones y controles de exportación. Y nuestros resultados fueron llamativos: la presión geoeconómica actúa efectivamente como una fuerza potente que afecta de forma medible las decisiones de las empresas sobre precios, inversión y cadenas de suministro. Las empresas chinas respondieron a los controles de exportación estadounidenses sobre semiconductores aumentando la investigación y el desarrollo nacional. Las empresas occidentales informaron en gran medida que cumplieron con las demandas estadounidenses de reducir las ventas a China de tecnologías específicas. Las empresas estadounidenses informan que se ven afectadas negativamente por los aranceles estadounidenses y que tienen la intención de subir los precios de venta mientras se enfrentan a precios más altos de insumos.

Un camino a través de la tormenta

A corto plazo, es poco probable que el mundo vuelva a la era de la globalización que precedió a la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. La competencia geoeconómica es una característica definitoria del momento actual y casi con toda seguridad de los años venideros. Sin embargo, la economía también ofrece un mensaje esperanzador. Mediante políticas estratégicas y óptimamente dirigidas, es posible evitar la fragmentación total.

Para los países que adoptan políticas anti-coacción, la diversificación dirigida en sectores clave controlados por los hegemones puede reducir drásticamente la vulnerabilidad de un país sin requerir un desacoplamiento total. El reto político es identificar los verdaderos puntos de estrangulamiento—sectores donde la dependencia es mayor y las alternativas más escasas—y concentrar allí los esfuerzos de diversificación, preservando al mismo tiempo los beneficios más amplios de la integración.

Para los hegemones, mantener el poder en un entorno global que teme la presión geoeconómica implicará comprometerse con un uso limitado del poder en interés de fomentar que los países más pequeños permanezcan en un sistema que beneficie a todos. La estrategia hegemónica más eficaz es aquella que mantiene compromisos creíbles con el comportamiento basado en reglas, que mantiene el sistema global atractivo para los participantes y reserva los instrumentos coercitivos para fines claros y limitados. Este enfoque aumenta la confianza en el compromiso del hegemón con la cooperación global y minimiza las respuestas defensivas que, en última instancia, disminuyen el poder del hegemón.

La competencia geoeconómica marcará las próximas décadas de relaciones internacionales. Los países que comprendan la no linealidad del poder, el valor de la diversificación dirigida y el principio de autocontrol navegarán este periodo con mayor éxito que aquellos que no lo entienden. El mundo no necesita fragmentarse completamente para dar seguridad económica a los países, y los hegemones no necesitan abandonar por completo su influencia para preservarla. Es un equilibrio difícil de alcanzar, pero la alternativa, una economía global fracturada donde todos acaban más pobres y menos seguros, hace que el esfuerzo merezca la pena.

Mientras las potencias globales enfrentan crecientes tensiones geopolíticas, las sanciones, los controles de exportación y los aranceles vuelven a ser herramientas de apalancamiento, marcando el resurgimiento de la geoeconomía, donde convergen la política económica y la seguridad nacional. En este pódcast, Josh Lipsky, de Atlantic Council, y Matteo Maggiori, de Stanford, hablan sobre la nueva cara de la geoeconomía y su aparentemente vengativo regreso. 

CHRISTOPHER CLAYTON, profesor adjunto de finanzas en la Escuela de Finanzas de Yale y colaborador en el Proyecto de Asignación Global de Capital

MATTEO MAGGIORI,  Profesor Moghadam Family de Finanzas en la Escuela de Negocios de Posgrado de Stanford y codirector del Proyecto de Asignación Global de Capital.

JESSE SCHREGER profesor asociado en la Columbia Business School y codirector del Proyecto de Asignación Global de Capital.

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¿Qué son las materias primas?

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Por Jean-Marc Natal / F&D FMI – Las mercancías son la materia prima de la civilización: la savia vital de la economía mundial. Pero su propio nombre les hace sonar mucho más ordinarios de lo que son. Una mercancía es, por definición, algo sin una identidad distintiva. Cuando algo ha sido “mercantilizado”, carece del glamour de los bienes de consumo de marca. No hay ningún logotipo de lujo en un barril de petróleo ni en una tonelada de cobre, ni campaña de marketing detrás de un envío de trigo. Y, sin embargo, es precisamente esta naturaleza uniforme e intercambiable la que permite que las materias primas se negocien sin problemas en los mercados globales, asegurando que las personas de todo el mundo puedan acceder a las materias primas que necesitan, independientemente de dónde vivan.

Dado que las materias primas son esenciales pero distribuidas de forma desigual entre países, siempre han sido una fuente tanto de oportunidad económica como de vulnerabilidad geopolítica. Surgieron las primeras rutas comerciales de larga distancia para transportar materias primas valiosas a través de continentes: las caravanas transaharianas conectaban los yacimientos de oro y las minas de sal de África Occidental con el norte de África y Europa; las primeras redes marítimas a través del Océano Índico comerciaban especias, marfil, gemas y metales preciosos entre África Oriental, Arabia, India y el sudeste asiático. Pero esos mismos recursos también desencadenaron conflictos.

Hoy en día, las materias primas siguen desempeñando un papel muy similar: impulsan la vida diaria mientras moldean el destino económico del mundo. Su importancia vuelve a aumentar a medida que el mundo avanza hacia una energía más limpia, la expansión de la infraestructura digital y la reconstrucción de sus capacidades de defensa. Y estos cambios están generando nuevas tensiones geopolíticas. Comprender las mercancías no es solo comprender el pasado; se trata de dar sentido a los desafíos económicos y políticos definitorios de nuestro tiempo. Pero, ¿qué son las materias primas? ¿Cómo se negocian en los mercados actuales? ¿Qué impulsa sus precios, a menudo volátiles? ¿Y por qué están en el centro de los mercados financieros modernos y la geopolítica?

Duro y blando

En el nivel más básico, las materias primas son las cosas que extraemos del suelo, como el petróleo, el cobre, el hierro o el oro (materias primas duras), y las que cultivamos del suelo, como el trigo, el café, el algodón o el cacao (materias blandas). Todo lo que tocamos, comemos, vestimos o construimos comienza con estas sustancias discretas.

El teléfono que tienes en la mano, por ejemplo, contiene unos 42 minerales diferentes: cobalto congoleño, cobre peruano, mineral de hierro australiano y una cantidad vertiginosa de tierras raras, procedentes principalmente de China. Incluso la electricidad que la carga depende de materias primas: petróleo, gas, carbón y uranio, o de los minerales críticos incrustados en paneles solares y aerogeneradores.

Ya sea negociando con materias primas duras o blandas, productores y compradores siempre se han enfrentado a un desafío común: cómo afrontar precios que fluctuan mucho. Una cosecha abundante un año y una sequía al siguiente podían hacer o fracasar a un agricultor—y la misma volatilidad amenazaba a molineros, comerciantes y bancos que los financiaban.

Para poner orden en este caos, se fundó en 1848 la Junta de Comercio de Chicago (CBOT), creando el primer mercado estandarizado donde agricultores y clientes podían fijar precios con meses de antelación. Al vender a un comprador potencial un contrato de futuros—un papel que garantiza un precio determinado para una determinada cantidad de un producto concreto que se entregará en una fecha concreta—los agricultores podían asegurar un precio de entrega determinado para su producción con meses de antelación. Más allá de garantizar ingresos estables, los mercados de futuros permitieron a los agricultores contratar fácilmente préstamos para riego, semillas, fertilizantes y pesticidas, mejorando sus rendimientos y protegiendo sus cultivos.

Instituciones similares pronto siguieron en otros grandes centros comerciales: la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX) para productos energéticos y metales, la Bolsa de Metales de Londres (LME) para metales básicos, por ejemplo. Estos intercambios liberaron el comercio de materias primas de las limitaciones de los mercados físicos y, a menudo, locales. La flexibilidad de los contratos financieros globales permitió a los productores cubrir riesgos y a los compradores asegurar precios estables. De forma crucial, también permitieron a los comerciantes escalar sus operaciones: al cubrir riesgos financieros que antes limitaban su alcance, los comerciantes podían mover volúmenes cada vez mayores a través de continentes, acelerando la globalización de muchos mercados de materias primas.

Futuros y opciones

Pero se produjo un cambio notable a medida que estos mercados maduraron. El comercio giraba cada vez más en torno a barriles, bushels o lingotes, sino en torno a los contratos vinculados a ellos. Los futuros, opciones y otros derivados—originalmente diseñados como herramientas de seguros—se convirtieron en activos independientes. Atrajeron a especuladores, fondos de cobertura y, finalmente, a traders de alta frecuencia. Dado que estos instrumentos requieren solo una fracción del valor del activo subyacente como garantía, las posiciones apalancadas amplificaron tanto el riesgo como la recompensa, llevando las materias primas más al corazón de las finanzas globales. Los precios de las materias primas pueden reflejar a veces más la especulación financiera que la demanda física de los bienes subyacentes. El auge y la posterior corrección brusca en los precios del oro entre octubre y noviembre de 2025 ilustran esta dinámica de forma vívida.

Los precios de las materias primas son notoriamente volátiles por razones que van mucho más allá de las acciones de los especuladores. En el lado de la oferta, la producción suele tardar en ajustarse: perforar pozos, excavar minas y sembrar cultivos requieren tiempo, capital y décadas de planificación. En el lado de la demanda, los compradores no pueden sustituir fácilmente una materia prima por otra. Las fábricas no pueden rediseñar las líneas de producción de la noche a la mañana, las refinerías solo procesan ciertos grados de crudo, y las cadenas de suministro globales no se redirigen con solo pulsar un interruptor. Como resultado, cuando la demanda global cambia o cuando choques geopolíticos, climáticos o logísticos interrumpen la oferta, los precios tienden a moverse rápidamente y considerablemente.

La historia reciente ofrece innumerables ejemplos. Cuando China entró en el sistema comercial global y comenzó su auge de infraestructuras a principios de los 2000, la demanda aumentó tan bruscamente en tantos sectores que los precios del petróleo, los metales y las materias primas agrícolas se dispararon juntos, produciendo el llamado superciclo de materias primas. Pero cuando los choques se limitan a un solo insumo, los precios pueden moverse en direcciones opuestas, incluso dentro del mismo sector.

Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, los confinamientos en China provocaron el colapso de la demanda de acero. Sin embargo, los precios del mineral de hierro, del que se obtiene el acero, siguieron subiendo. Esto se debió a que las principales minas de África y Brasil o bien cerraron o ralentizaron la producción al mismo tiempo, estrechando la oferta justo cuando la demanda se debilitaba. Por eso es tan difícil prever los precios de las materias primas. No basta con seguir la economía global. La predicción requiere comprender claramente la dinámica distintiva de cada mercado con todas sus peculiaridades.

Fracturas geopolíticas

Los mercados de materias primas están profundamente entrelazados con la geopolítica. Y esta relación no es nueva: los imperios luchaban por oro, plata, azúcar y especias; y las flotas navales forzaban el acceso a caucho, petróleo y otros suministros estratégicos. Durante la época colonial, la competencia por las materias primas moldeó el propio mapa: a menudo se tallaban fronteras alrededor de cuencas de recursos. Muchas de las fronteras nacionales y estructuras económicas actuales siguen reflejando estos legados impulsados por las materias primas.

Hoy en día, la creciente dependencia mundial de las materias primas críticas —las esenciales para la industria de defensa, la transición energética y las tecnologías digitales para impulsar la inteligencia artificial— ha creado un nuevo conjunto de líneas de fractura geopolíticas. El litio, el cobalto y las tierras raras hoy tienen la misma importancia estratégica que el petróleo y el acero tuvieron en su día. Los países ricos en estos materiales están ganando influencia; quienes no los tienen compiten por asegurar un acceso a largo plazo mediante alianzas, acuerdos de inversión y cadenas de suministro rediseñadas. Los controles de exportación, las sanciones y la “relocalización” se dirigen cada vez más a los minerales que definirán la futura fortaleza militar, industrial y tecnológica.

Centralidad duradera

Desde antiguas caravanas hasta intercambios modernos de derivados, desde conquistas coloniales hasta la actual carrera por minerales críticos, las materias primas siempre han estado en la intersección entre economía, política y tecnología. Son los pilares más antiguos de la actividad humana, pero siguen siendo indispensables para los sectores más avanzados de la economía global. A medida que la transición energética se acelera, la digitalización se profundiza y la rivalidad geopolítica se intensifica, el papel de las materias primas se volverá cada vez más central. Su control moldeó la economía global del pasado, y podría influir en el orden global del futuro.

JEAN-MARC NATAL es jefe de la Unidad de Materias Primas del FMI.

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Salarios en reestructuración

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Por Juan Luis Bour / FIEL – Tras recuperarse al 4.4% en 2025, en 2026 la economía volverá a crecer muy probablemente entre 2.5 y 3%, pero aun así no será este un año “de despegue” para los salarios formales. En cambio, es un periodo de fuertes modificaciones en salarios relativos. Hay más de un factor para ello, tal como analizamos en la nota editorial de este mes, pero más que proyectar tendencias veamos que nos dicen los datos mismos. El Cuadro 1 ofrece una mirada rápida sobre la evolución salarial y de jubilaciones reciente.

Con base 100 en noviembre de 2023 los datos muestran que los salarios “normales” del sector privado medidos a través del RIPTE, que cayeron durante los primeros meses de la actual gestión, se recuperaron hasta ubicarse 1% arriba del dato base que -para tener en cuenta- estaba 7.5% abajo del promedio móvil de los 12 meses previos. Si la medición es con el IVS, un índice que capta mejor la totalidad de ingresos salariales, el resultado es que a marzo de este 2026 los ingresos reales de los asalariados formales en el sector privado se mantienen por debajo de la base de noviembre (no así si se toma el dato de diciembre, con el “fogonazo” inflacionario de ese mes). Para ambos índices, además, se observa una caída de los ingresos reales en el primer trimestre de este año (última columna).

El resto de los ingresos laborales tiene evolución conocida: caen los salarios públicos respecto de la base, pero se estabilizaron en este primer trimestre de 2026. Los ingresos informales muestran un sostenido ascenso, que ubica el último dato 74% por arriba de noviembre de 2023 y más de 100% real por sobre diciembre de ese año. Este crecimiento acelerado de los ingresos informales responde a varios factores que conviene tener en cuenta. Por un lado, el retraso en la recolección de los datos en el caso de ingresos informales a través de la EPH sobreestima las caídas en términos reales cuando la inflación se acelera y también sobreestima la recuperación cuando la inflación se frena. En segundo lugar, la medición misma de ingresos por declaración de los agentes tiene menor precisión que la que surge de registros, lo que vale para la EPH tanto para ingresos formales como informales, pero la variabilidad mayor de estos últimos ingresos reduce la confiabilidad del dato. En tercer lugar, el empleo en los últimos tres años creció básicamente de la mano de los trabajadores independientes e informales: entre el cuarto trimestre de 2022 y el cuarto de 2025, los puestos de trabajo ocupados totales crecieron 833 mil, pero mientras la cantidad de asalariados registraron no se movió (cayó en 5 mil), todo el aumento fue de no asalariados (673 mil) y de asalariados informales (144 mil). Esta “explosión” de crecimiento básicamente informal determina cambios en la composición de este grupo que pueden haber incidido en la definición de “ingreso medio informal” representativo. O sea que estamos tratando de medir algo que se transforma aceleradamente (respecto del grupo de asalariados formales que se estanca), y por lo tanto las características del grupo (promedio de ingresos en particular) pueden variar.

Con dudas sobre la evolución futura del ingreso medio informal por lo antes anotado, para el resto de ingresos laborales es más clara y menos promisoria. A favor de una recuperación en términos reales jugará una baja persistente de la inflación, dependiendo de su magnitud. Dado que venimos de tasas en torno de 3%, cabe esperar que las variaciones sean al menos neutras cuando la inflación perfore el 2% mensual. En salarios privados formales, la estrategia oficial de homologar acuerdos colectivos con pauta inferior a la inflación seguramente persistirá durante 2026 y 2027, lo que no impide que los salarios efectivos (medidos por IVS y RIPTE) se acerquen o superen en algún mes la tasa de inflación.

Un informe de la Secretaría de Trabajo muestra que, con base en noviembre de 2023, el salario de convenio promedio se ubicaba en marzo 6% por debajo de su base, mientras que el salario promedio del SIPA se encontraba 3% por sobre la base (la variación usando el promedio del SIPA difiere, como se ve, de los datos del Cuadro 1). La diferencia de 9 puntos entre los salarios efectivos y de convenio ha venido creciendo en los últimos 6 meses. Un cuadro elaborado por la misma Secretaría con datos desde diciembre de 2012 muestra que, para el periodo que va hasta fines de 2020, la remuneración de convenio estuvo por encima de la remuneración efectiva promedio (en términos reales, respecto de la base). Desde allí en más, la remuneración de convenio evolucionó por debajo de los salarios efectivos, y esta diferencia se hizo máxima en la actual Administración y en particular en los últimos 6 a 9 meses.

En un ambiente de una economía más abierta y que enfrenta la necesidad de importantes reestructuraciones, la estrategia oficial de evitar la indexación de los salarios de convenio es la más apropiada para preservar el empleo (es decir, para evitar que las empresas que necesitan reestructurar no se vean forzadas por aumentos insostenibles de costos laborales) y facilitar cambios de salarios relativos entre sectores y entre empresas. Es inevitable que esta situación lleve a un crecimiento de la dispersión salarial que ya está ocurriendo en múltiples dimensiones: a nivel sectorial, regional, y también intrasectorial e intraempresa.

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Luz verde del FMI para el programa fiscal

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Por Isidro Guardarucci / FIELUn abril en positivo. El Sector Público Nacional No Financiero volvió a cerrar abril con superávit primario y financiero. El dato no es menor. En una economía que hasta hace 2 años estaba acostumbrada a que el déficit sea la norma y el equilibrio la excepción, la persistencia de resultados positivos sigue siendo una buena noticia. Más aún, en un contexto donde el ancla fiscal ocupa un lugar central en el programa económico y en la relación con el FMI.

No obstante, mirar sólo el signo del resultado puede llevar a una lectura incompleta. El acumulado del primer cuatrimestre muestra una foto algo menos holgada que la del año pasado. Cuando se compara enero-abril de 2026 con el mismo período de 2025, medido a precios constantes, el resultado primario cae alrededor de 12%, pero si se netean ingresos extraordinarios (en línea con la medición que realiza el FMI para sus metas), la merma real es de casi 27%. Es decir, la caja sigue cerrando, pero con márgenes menores.

Ejecución acumulada enero-abril ($ millones de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Mecon

La explicación es sencilla: aun cuando la consolidación del gasto continúa, los ingresos caen relativamente más. Los recursos totales muestran una baja real superior al 4%, mientras que los ingresos tributarios retroceden alrededor de 7%. Del otro lado, el gasto primario también se contrae, aunque a un ritmo menor, cercano al 3%.

El detalle del primer cuatrimestre

La debilidad de los ingresos tributarios es evidente en el primer cuatrimestre. La caída no descansa en un único componente, sino que se distribuye entre varios pilares de la estructura tributaria nacional. Cabe mencionar que, a diferencia de años pasados, cuando la alta inflación y consecuente licuación de algunas partidas daban aire a la caja, el escenario actual exige que la recaudación acompañe por cantidades y no sólo por nominalidad. Si eso no ocurre, el equilibrio fiscal depende cada vez más de la administración del gasto.

Para estos resultados, pesa la caída de los Derechos de Exportación, afectada por cambios en alícuotas y por la propia dinámica del tipo de cambio. A esto se suman bajas en aportes y contribuciones. Estos dos recursos concentran el 33% y 21% de la baja total de ingresos tributarios, respectivamente. En esta línea, el IVA vuelve a aparecer entre los tributos que más explican la merma. Esta señal es relevante porque se trata de un impuesto muy asociado a la dinámica del consumo y la actividad interna. No obstante, debe tenerse presente que mientras la recaudación a abril muestra una reducción real de 8,4%, la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos cayó menos del 3% cuando se mira el conjunto de las provincias. Si bien la base imponible de este presenta diferencias con el tributo al consumo nacional, es también reconocido como un indicador de la actividad y refleja un panorama distinto.

Por el lado del gasto, el primer cuatrimestre muestra que la disciplina fiscal sigue a la orden del día. Así, los gastos de funcionamiento no salarial se reducen de forma importante, al igual que las transferencias corrientes a provincias. También se observa una baja real en remuneraciones y en el resto de prestaciones sociales. Estos rubros siguen siendo parte relevante del esfuerzo fiscal.

No obstante, hay otros componentes que muestran una dinámica distinta. Las jubilaciones y pensiones contributivas vuelven a crecer en términos reales, algo esperable luego de la recomposición parcial del poder adquisitivo respecto de los momentos más duros del ajuste inicial. Los subsidios económicos también crecen en la comparación interanual del acumulado, impulsados especialmente por energía. Este punto merece atención, no tanto porque el nivel actual vuelva a los registros del pasado, sino porque se trata de una partida con una larga historia de desbordes fiscales.

La inversión pública nacional, por su parte, ya no muestra el mismo ritmo de caída que en etapas anteriores. El mes de abril mostró un cambió fuerte en la tendencia. Sólo en ese mes se registraron erogaciones equivalentes al 80% del acumulado en el primer trimestre entero.

La lectura de fondo es que la consolidación fiscal entra en una fase distinta. En 2024, una parte importante del ajuste descansó en la licuación inicial del gasto y en el shock de corrección de partidas. En 2025, el superávit se sostuvo con menor holgura, pero todavía apoyado en recortes muy fuertes en subsidios, inversión pública y transferencias. En 2026, el resultado exige una política fiscal más fina. Y acá, el pasado importa. El gobierno argentino ha mostrado en reiteradas ocasiones su voluntad por cumplir con los objetivos fiscales y no hay motivos para creer que 2026 será una excepción a esta dinámica (menos aún en un año que no presenta elecciones en agenda).

Revisión del FMI: programa fiscal aprobado y un futuro previsible

La segunda revisión del acuerdo con el FMI dejó una señal favorable para el gobierno: el programa sigue en pie y la política fiscal continúa siendo reconocida como un pilar del proceso de estabilización. Como era esperable, los nuevos desafíos incluyen avanzar calidad del ajuste, la sostenibilidad y la coordinación con el resto del programa macroeconómico.

En cuanto al pasado reciente, el Fondo destacó el desempeño fiscal, pero también manifestó que el efecto del registro de los intereses capitalizados debajo de la línea totalizó en 2025 un punto del PIB. De modo que, con esto, el balance global (incluyendo intereses) pasaría de un 0,2% positivo a 0,8% negativo. Además, esta revisión confirmó una reducción de la meta de superávit primario para este año la cual pasó de 2,2% del producto a 1,4%, el mismo nivel que el último ejercicio. Esto vuelve al objetivo actual desafiante pero muy razonablemente cumplible. Así, el objetivo de 2,2% quedó mencionado, pero como una meta en el mediano plazo y no como una condición para 2026.

A su vez, la institución volvió a manifestarse a favor de un esquema tributario más eficiente y equitativo (menos impuesto al cheque y retenciones, sumadas a una política de reducción de exenciones y tratamientos especiales). Ninguna novedad; no sería un reporte del FMI si no tuviese este pedido. En la misma categoría se incluye la idea de mejorar la focalización del gasto, especialmente en materia de subsidios. Más relevante (aunque tampoco muy novedoso) es la ratificación de la necesidad de presentar una reforma previsional. No obstante, la fecha fijada para tal evento es diciembre de 2027. Es decir, exactamente después de la renovación del mandato presidencial. Sea este gobierno u otro, esto refleja la intención deliberada de sacar de la agenda electoral el tema y postergarlo para una gestión políticamente renovada.

En resumen: aprobación, una meta menos ambiciosa para este año y el decálogo de buenas prácticas habitual.

El desafío que viene

El gobierno todavía conserva el activo más importante de su programa económico: la convicción fiscal. La pregunta para los próximos meses es si será suficiente para sostener el superávit mientras se espera que el ciclo económico (iniciado en sectores como el agro, las actividades extractivas y financieras) permee al resto de la economía y recaudación. La caja sigue cerrando. Pero, a diferencia del comienzo del ajuste, ahora cada peso cuesta más. Con menos presión del lado del Fondo y sin elecciones este año, no hay motivos para pensar que se incumplirá con los objetivos de este año. 

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Asamblea ambiental insta a una financiación que provoque una inflexión en la defensa de la naturaleza

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Por Cecilia Russel / IPS Noticias – «Aunque las presiones sobre los presupuestos públicos son cada vez mayores y las tensiones geopolíticas van en aumento, puede resultar tentador considerar la financiación medioambiental como algo opcional. No lo es», declaró este viernes 5 Claude Gascon, director ejecutivo interino del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), durante la clausura de su Octava Asamblea, celebrada en  del FMAM celebrada en  Samarcanda, en Uzbekistán.

Para los países del Sur en desarrollo, los países menos adelantados, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países frágiles y vulnerables, la ayuda al desarrollo exterior es la piedra angular para defender su biodiversidad.

«Porque lo que está en juego no es solo un conjunto de objetivos internacionales. Lo que está en juego es la calidad de vida futura en este planeta. Lo que está en juego es si los niños heredarán ríos que sigan fluyendo limpios, bosques que sigan en pie, costas que sigan protegiendo a las comunidades y economías que puedan prosperar sin destruir los sistemas naturales de los que depende toda prosperidad»., dijo Gascon.

El presidente de la Asamblea, Aziz Abdukhakimov, asesor del presidente de Uzbekistán en materia de medio ambiente y presidente del Comité Nacional de Ecología y Cambio Climático, señaló que la asamblea resultó «especialmente productiva», con más de 50 encuentros paralelos, reuniones bilaterales e intercambios informales.

«El Consejo del FMAM revisó y mejoró decisiones clave, incluidas las orientaciones de programación del FMAM-9″, la novena reposición del Fondo, afirmó, al tiempo que acogió con satisfacción el fuerte énfasis en la programación integrada, la financiación innovadora y la participación inclusiva, incluido el objetivo de destinar al menos 20 % de los recursos del FMAM-9 a los pueblos indígenas y las comunidades locales.

Afirmó que el mensaje del presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, de que su país se convertirá en un país donante reflejaba el «compromiso del país con la sostenibilidad medioambiental».

«Esto demuestra nuestra disposición no solo a beneficiarnos de la cooperación, sino también a contribuir a las relaciones medioambientales globales», dijo Abdukhakimov.

Poco antes, en una mesa redonda de alto nivel,  Rosina Bierbaum, presidenta del Panel Asesor Científico y Técnico (STAP) del FMAM, recordó a la Asamblea que, si bien la mitad del producto interno bruto (PIB) mundial depende de la naturaleza, existe un «déficit de financiación de la biodiversidad de 700 millones de dólares al año».

Sin embargo, señaló, un análisis de la internacional consultora McKinsey confirma que la implementación de los objetivos de biodiversidad «30 para 2030», destinados a conservar de manera efectiva al menos 30 % de la superficie terrestre y los océanos del planeta para 2030, generará importantes beneficios en materia de conservación y objetivos socioeconómicos, y sacará a la gente de la pobreza.

Aunque el debate sobre la financiación se producía en un momento difícil, Kenneth Lay, director general sénior de la estadounidense firma de inversión RockCreek y extesorero del Banco Mundial, señaló que la buena noticia era que el sector privado podía ayudar a abordar los problemas.

Al detallar cómo el fondo común de ahorro mundial ha crecido de forma espectacular «impulsado por 15 años de mercados excepcionales», señaló que había billones (millones de millones) de dólares disponibles en fondos de pensiones y fondos soberanos, reservas del sector asegurador y otros, y que estos fondos podrían destinarse a invertir en la naturaleza, pero «los propietarios de los activos no estaban presentes».

Lay sugirió que el FMAM convocara a los responsables de los bancos centrales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los reguladores de valores, entre otros, y se asegurara de que «invertir en la naturaleza sea tan natural como invertir en infraestructuras». Asegurarse de que invertir en la naturaleza sea tan natural como invertir en infraestructuras.

Valerie Hickey, directora de Medio Ambiente del Grupo del Banco Mundial, afirmó que el FMAM tenía un papel que desempeñar en la creación de una normativa propicia y una previsibilidad de las políticas para ayudar al sector privado a gestionar el riesgo.

Para ello, consideró, hay que centrarse en lo que denominó la combinación «Goldilocks (crecimiento constante)» de financiación concesional y comercial para amortiguar los fracasos de las inversiones, al tiempo que se garantiza que la inversión tenga rentabilidad comercial y sea lo suficientemente sólida desde el punto de vista financiero como para movilizar capital privado que genere «resultados medioambientales cuantificables».

También hubo advertencias.

Líderes y delegados de gobierno, de Uzbekistán y del FMAM posan para la foto de familia al concluir la octava Asamblea del FMAM en la ciudad uzbeca de Samarcanda. Imagen: Stella Paul / IPS

Rachel Kyte, representante especial para el clima del Reino Unido, advirtió de que un estudio revelaba que su país era «altamente vulnerable al colapso de los ecosistemas».

«¿Qué significa eso? Significa que, para una familia británica, su capacidad para llenar el carrito del supermercado con lo necesario para mantener sanos a sus hijos está totalmente ligada a la integridad de la cuenca del Congo. Y que, si algo llegara a amenazarla aún más, habría implicaciones para la seguridad y la defensa», agregó.

Implicar a las comunidades locales y a los pueblos indígenas a través de soluciones centradas en las personas, inclusivas y económicamente viables era clave, afirmó Joyelle Clarke, ministra de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente, Acción Climática y Empoderamiento de la Ciudadanía de San Cristóbal y Nieves. Explicó cómo el mercado del carbono azul estaba infravalorado y a menudo resultaba difícil de comprender.

Clarke puso como ejemplo un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco que conserva tortugas, en una zona donde la dieta de la comunidad pesquera incluía este animal. Al ofrecer oportunidades laborales alternativas en la industria turística, se logró obtener el apoyo de la comunidad para el sitio.

Gascon, el líder del FMAM, recordó a la plenaria conclusiva de la octava Asamblea que el medioambiente no era una «cuestión secundaria».

«En primer lugar, debemos defender y reforzar la ayuda pública al desarrollo para los países… Por lo tanto, la continuidad de la AOD (ayuda oficial al dsarrollo) pública no es solo un compromiso moral. Es una inversión en la estabilidad global, en la seguridad humana y en el futuro compartido de todas las naciones», remarcó.

A continuación, afirmó que «los países deben armonizar sus políticas nacionales con los resultados medioambientales que persiguen. No podemos decir que estamos comprometidos con la sostenibilidad mientras seguimos premiando la destrucción de los ecosistemas, el uso excesivo de los recursos naturales o la contaminación del aire, la tierra y el agua».

En tercer lugar,dijo,  el FMAM debería liberar todo el potencial del capital privado y garantizar que el sector privado se convierta «no solo en una fuente de financiación, sino en un verdadero socio en la gobernanza y la consecución de resultados medioambientales a escala mundial».

Y, por último, se necesitaban «el compromiso de todo el gabinete y la participación de toda la sociedad» para alcanzar los objetivos medioambientales.

«Necesitamos liderazgo nacional, pero también necesitamos implicación local. Eso significa escuchar y trabajar con las comunidades, los pueblos indígenas, las mujeres, los jóvenes, la sociedad civil, los científicos, las autoridades locales, los agricultores, los trabajadores y los empresarios. Significa reconocer que las soluciones duraderas no se imponen, sino que se construyen juntos, planteó Gascon.

Por último, el director ejecutivo interino del FMAM afirmó que el impulso final hacia 2030 «debe ser más que una cuenta atrás. Debe ser un punto de inflexión».

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