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Con el riesgo país por debajo de 500 puntos, Argentina prepara el terreno para emitir deuda

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La compresión del riesgo país argentino por debajo de los 500 puntos básicos, en niveles que no se veían desde mediados de 2018, reabrió la discusión sobre el regreso gradual del Estado nacional al financiamiento internacional. Con un EMBI+ en torno a los 480 puntos y un mercado que comienza a validar rendimientos más bajos para la deuda soberana, el Gobierno evalúa capitalizar el momento a través del road show “Argentina Week”, previsto del 9 al 11 de marzo de 2026 en Nueva York, como plataforma para testear demanda y eventualmente avanzar en una emisión de bonos en dólares.

Riesgo país en mínimos de casi ocho años y mejora en los fundamentos macro

El riesgo país argentino, medido por el EMBI+ de JP Morgan, consolidó su nivel por debajo de los 500 puntos básicos, un umbral que no se perforaba desde mediados de 2018. En el último mes, el indicador acumuló una compresión cercana a los 85 puntos básicos, alcanzando el nivel más bajo en más de siete años y medio.

Detrás de esta dinámica confluyen varios factores. Por un lado, la acumulación acelerada de reservas internacionales netas por parte del Banco Central, que superaron los u$s1.080 millones desde inicios de enero, con un ritmo que ya cubre más del 10% de la meta anual implícita. Por otro, el proceso de desinflación sostenida, que contribuye a reducir la brecha cambiaria y desalienta el carry trade inverso, fortaleciendo la demanda por activos locales.

A este escenario se suma un contexto internacional más favorable, con un dólar globalmente débil y un mercado que vuelve a mostrar apetito por activos de economías emergentes, lo que redujo la aversión al riesgo y favoreció la compresión de spreads soberanos.

Como resultado, los bonos soberanos en dólares —tanto Globales como Bonares— operan con paridades que implican rendimientos efectivos del 8% al 9% anual para plazos medios y largos. Estos niveles comienzan a converger con los de países de la región como Ecuador o Uruguay en etapas de reingreso a los mercados voluntarios de deuda.

Vencimientos 2026 y la presión por volver al financiamiento externo

La mejora en los precios de los bonos no es solo una señal financiera: abre la posibilidad de una transición hacia el acceso gradual al financiamiento internacional, en un contexto donde el perfil de vencimientos comienza a exigir definiciones.

Según estimaciones oficiales y de mercado, los vencimientos en moneda extranjera de 2026 ascienden a u$s19.505 millones, excluyendo roll-over interno y ajustes derivados de canjes recientes. Si bien el pico concentrado de enero fue parcialmente gestionado mediante operaciones de corto plazo y préstamos puente de bancos internacionales por hasta u$s3.000 millones, el calendario sigue siendo exigente.

En julio, se concentran u$s4.200 millones correspondientes a Bonares y Globales 2024-2030, a lo que se suman pagos escalonados al Fondo Monetario Internacional, estimados en torno a u$s800-1.000 millones residuales post-2025, además de bonos step-up y cupones de Boden.

En este marco, analistas de Puente, como Eric Ritondale, señalaron que una compresión adicional del riesgo país hacia la zona de 400-450 puntos básicos ubicaría a la Argentina en un rango de “acceso market-friendly”, similar al que permitió a Ecuador colocar deuda en 2024-2025.

De acuerdo con proyecciones de entidades como Morgan Stanley y JP Morgan, sin refinanciamiento externo el Tesoro enfrentaría una presión significativa sobre el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y sobre las reservas, con el riesgo de recurrir nuevamente a mecanismos cuasi-fiscales o a emisión monetaria encubierta.

En ese contexto, una emisión soberana moderada en dólares, por ejemplo entre u$s3.000 y u$s5.000 millones en bonos globales a 5 o 10 años, permitiría extender el perfil de vencimientos, captar divisas sin tensionar la base monetaria, reducir la prima de riesgo implícita en los dólares financieros (MEP y CCL) y liberar espacio fiscal para sostener el superávit primario.

Argentina Week y señales del mercado: deuda firme, acciones volátiles

Aunque el Gobierno reiteró su preferencia por minimizar la dependencia de Wall Street —“trataremos que no haya deuda nueva”, según declaraciones del ministro Luis Caputo—, la magnitud de los flujos de 2026 impone un enfoque más pragmático. En ese sentido, el road show “Argentina Week”, que se realizará del 9 al 11 de marzo de 2026 en Nueva York, aparece como una instancia clave para sondear demanda real de inversores institucionales, como fondos soberanos, fondos de pensión y hedge funds.

El evento, que será inaugurado por el presidente Javier Milei en el consulado argentino, contará con la participación de funcionarios centrales del gabinete económico y político, entre ellos Luis Caputo, Pablo Quirno y Federico Sturzenegger, además de referentes de Wall Street como Jamie Dimon, CEO de J.P. Morgan. Más allá del mensaje político de una “Argentina abierta”, el foro funcionará como un espacio técnico para avanzar en conversaciones preliminares sobre una eventual emisión o canje que permita refinanciar vencimientos sin generar ruido cambiario.

El comportamiento reciente del mercado respalda esa estrategia. En una jornada marcada por la volatilidad en renta variable, el S&P Merval retrocedió 0,4%, hasta 3.230.714,02 puntos básicos, con caídas destacadas en Transener (-4,4%), Cresud (-3,1%) y Edenor (-2,9%). En los ADRs, las bajas fueron lideradas por BBVA (-3,6%), Cresud (-3,1%) y Edenor (-3,4%), en un contexto de toma de ganancias y mayor cautela inversora.

En contraste, la renta fija mantuvo una tendencia positiva. Los bonos Globales avanzaron hasta 1,3%, mientras que el riesgo país cayó 2%, hasta los 484 puntos, acumulando en seis días un retroceso del 15%.

El apetito por deuda quedó reflejado también en el plano subnacional. La provincia de Córdoba colocó u$s800 millones bajo ley de Nueva York, a un rendimiento del 8,95%, con una demanda cercana a los u$s1.600 millones. Los fondos se destinarán a infraestructura y a la recompra de deuda para suavizar el perfil de vencimientos. La operación se suma a colocaciones recientes de CABA y Santa Fe, mientras otras provincias comienzan a testear el mercado de cara a los compromisos en dólares de 2026.

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El Tesoro sale a cubrir $9,4 billones con una licitación decisiva

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El Tesoro llega a la última licitación de enero con una estrategia clara y un abanico de instrumentos diseñado para cubrir un frente exigente de vencimientos. En total, se ponen en juego Lecap, Boncap, Lelink, Lecer, Boncer y Letam, con plazos que van desde marzo de 2026 hasta junio de 2028, en un intento por captar demanda a lo largo de toda la curva en pesos.

El paquete incluye nuevas Lecap con vencimiento en marzo y julio de 2026, además de una Lecap más larga a noviembre de ese año y un Boncap que extiende duration hasta enero de 2027. A esto se suma una Lelink con vencimiento en abril, instrumentos CER con cierres en julio y noviembre de 2026, más dos Boncer a junio de 2027 y 2028, junto con una Letam a agosto.

Los vencimientos brutos ascienden a $9,4 billones, aunque el análisis por acreedor permite relativizar la magnitud del esfuerzo. Cerca de $2,7 billones están en poder del FGS y otros $1,1 billones corresponden al Banco Nación, lo que reduce la presión efectiva del mercado.

Del total en manos privadas, estimado en $5,6 billones, apenas $0,6 billones corresponden a bancos privados y $0,8 billones a fondos comunes de inversión.

En el medio, el optimismo por la deuda argentina crece:

Licitación: Menor presión tras canjes y señales de mayor liquidez

El frente de vencimientos ya había sido parcialmente descomprimido. El canje de la Lelink D30E6 logró una adhesión del 59,5%, lo que permitió reducir compromisos por $3,5 billones, desde $13,0 billones a los actuales $9,4 billones.

A su vez, el Tesoro realizó un canje adicional con el BCRA, intercambiando tenencias del Boncap T30E6 por una canasta de títulos a abril y junio de 2027, en partes iguales, aunque sin montos oficiales aún difundidos.

Pese a este alivio, la licitación llega con una exigencia elevada de refinanciación. Los depósitos en pesos del Tesoro en el Banco Central se ubican en $2,3 billones, el nivel más bajo desde mayo de 2024, lo que obliga a alcanzar un roll over alto para evitar tensiones financieras.

Sin embargo, el contexto luce más favorable que en licitaciones previas. Las señales de liquidez son claras y reducen el riesgo de un nuevo endurecimiento del llamado Punto Anker. La caución a un día cerró en 24,5% en promedio ponderado, muy lejos de los niveles superiores al 40% que se habían observado en la antesala de la licitación anterior.

Este dato refleja un mercado menos estresado y con mayor disponibilidad de pesos para absorber deuda.

Preferencias claras en la curva y apuesta al CER

Dentro del menú ofrecido, el foco del mercado se concentra en algunos instrumentos puntuales. Se destacan la nueva Lecer con vencimiento en julio de 2026, el Boncap T15E7 y el Boncer TZX28, que combina mayor duration con una tasa real atractiva.

En el tramo corto, la preferencia sigue inclinándose hacia los títulos ajustados por CER, en un contexto donde los indicadores de alta frecuencia vienen mostrando una inflación algo más elevada.

Este escenario es consistente con la expectativa de una inflación transitoriamente más alta durante el primer trimestre de 2026, lo que refuerza el atractivo de los instrumentos indexados.

Al mismo tiempo, la estacionalidad juega en contra de la demanda de dinero, abriendo una ventana para extender plazos en carteras de renta fija en pesos. En ese marco, el T15E7 aparece bien posicionado, ya que los breakevens de inflación en los tramos largos de la curva descuentan un escenario demasiado pesimista. Algo similar ocurre con el TZX28, que rinde en torno a CER más 8,8%, un nivel que habilita apostar a una compresión de tasas reales mientras se captura el carry de una inflación todavía elevada.

Un cierre de mes sin sobresaltos a la vista

Con un menú amplio, mayor liquidez sistémica y una porción relevante de los vencimientos en manos de organismos públicos, el escenario base apunta a una refinanciación completa de los compromisos.

La licitación de mañana aparece menos condicionada por tensiones financieras y más enfocada en la señal que deje sobre la curva en pesos, en un mercado que empieza a mirar con mayor atención la duración y el rendimiento real de los instrumentos ofrecidos.

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La valoración del desempeño del Gobierno inicia el año relativamente estable

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Para la consultora Ecolatina en materia de evaluación de desempeño del Gobierno, el inicio de 2026 no trajo grandes cambios respecto de lo observado en diciembre pasado. La imagen de gobierno muestra que el proceso de recuperación post electoral se obturó, pero al mismo tiempo se observa una composición relativamente estable. La imagen positiva retrocedió levemente (algo más de un punto) hasta ubicarse en el 39,0%, mientras que en la vereda opuesta, la imagen negativa se mantiene estable con un 55,9% de los consultados valorando negativamente el desempeño oficial. Así, la brecha se mantiene con un diferencial negativo de casi 17 p.p.

En términos comparativos, la valoración del gobierno de Javier Milei de enero termina quedando ligeramente por encima del nivel mostrado por la gestión de Mauricio Macri en 2018. De este modo, al cumplirse 25 meses de gestión, el nivel de aprobación actual (39,0%) queda un punto por encima del nivel de aprobación que ostentaba la administración de Mauricio Macri en enero de 2018 (38,0%).

Lejos del deterioro acelerado que sufrió la gestión de Alberto Fernández -a esta misma altura apenas retenía un 23,4% de apoyo-, el gobierno libertario parece estabilizarse en métricas similares a las de Cambiemos. Sin embargo, la trayectoria del desempeño del gobierno de Macri comenzará en un par de meses a mostrar un deterioro marcado producto de la crisis cambiaria que se inició en abril-mayo de 2018. Habrá que ver
si el Gobierno de Milei puede romper con esa maldición del 3er. año de las últimas 3 gestiones.

En materia de desaprobación, Milei muestra niveles de rechazo más altos que los que enfrentaba Macri en enero de 2018. Mientras el actual mandatario convive con un 55,9% de imagen negativa, el líder del PRO se movía por entonces en un rango inferior (cercano al 40-45%). Lo que se consolida como el verdadero rasgo de época es la polarización extrema y la desaparición de los grises: a diferencia del ciclo de Macri —donde la valoración ‘Regular’ actuaba como un amortiguador social importante—, en la era Milei ese segmento es estadísticamente irrelevante (4,8%).

El desempleo lidera el ranking de preocupaciones por tercer mes consecutivo

La matriz de preocupaciones ciudadanas confirma el cambio de demandas que ya se insinuó durante 2025: la inflación ha dejado de ser el principal motor del malestar social. Con un 13,8% de las menciones, la suba de precios ha caído al tercer lugar, un mínimo histórico para la última década. Sin embargo, el alivio en los precios ha sido reemplazado por otra preocupación económica: el Desempleo. Con el 34,1%, el temor a la falta de
empleo -o a la pérdida del mismo- se consolida como la preocupación más excluyente de los argentinos al inicio de 2026. Este desplazamiento del eje de demandas -de los precios a los ingresos- plantea nuevos desafíos de gestión, ya que la demanda social parece estar mutando de la estabilidad monetaria a la reactivación económica. En segundo término, la Corrupción (26,5%) se mantiene firme como una preocupación estructural.

El dato curioso en relación a la preocupación por el desempleo es que es compartido por los dos principales bloques de votantes, los de La Libertad Avanza y los de Fuerza Patria. En ambos casos, las menciones a esa preocupación superan el 30% del total, siendo que es algo más elevada entre los votantes de Fuerza Patria (35,3%) que entre los de La Libertad Avanza (32,6%). Y solo porque a los de Fuerza Patria les preocupa hoy más la Corrupción que el desempleo, esta última preocupación no lidera ambos segmentos. La tendencia de la preocupación por el desempleo es creciente, y seguramente está asociado al desempeño económico, que ha venido mostrando en los últimos meses un estancamiento, según los datos del EMAE que publica el Indec.

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Moody’s advierte que el ajuste macro limitará el impacto del acuerdo Mercosur–UE en Argentina

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El proceso de ajuste macroeconómico que atraviesa la Argentina reducirá el impacto positivo del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea sobre las cuentas externas y la posición soberana del país. Así lo evaluó la calificadora de riesgo Moody’s, que, si bien reconoce un fortalecimiento de los vínculos comerciales y de inversión, subraya que los beneficios serán acotados en el corto plazo por la fragilidad macroeconómica y la fuerte demanda de importaciones durante la transición económica.

La advertencia fue incluida en un informe en el que la agencia analizó las implicancias del cierre de las negociaciones del acuerdo Mercosur–UE, un proceso que se extendió por más de 20 años, y que aún enfrenta obstáculos políticos y legales para su implementación plena. En el caso argentino, Moody’s puso el foco en la combinación entre ajuste macroeconómico, presión sobre las reservas y debilidad de las cuentas externas.

Ajuste macroeconómico y cuentas externas: un límite al impacto soberano

Según Moody’s, “los beneficios soberanos serán más acotados, ya que el país atraviesa un proceso de ajuste macroeconómico”, lo que condiciona el impacto inmediato del acuerdo sobre la economía argentina. En particular, la calificadora advirtió que la fuerte demanda de importaciones prevista durante la etapa de transición económica restringirá el efecto positivo que el tratado podría tener sobre las cuentas externas y las reservas de divisas.

En su análisis, la agencia señaló que, aun cuando el acuerdo con la Unión Europea pueda mejorar el acceso a mercados y favorecer la inserción comercial, los efectos de alivio sobre las debilitadas cuentas externas serán limitados. Este escenario reduce, a su vez, la capacidad del acuerdo para traducirse rápidamente en una mejora de la calificación crediticia soberana.

Moody’s remarcó que la coyuntura interna argentina actúa como un factor de contención sobre los beneficios potenciales del tratado. La necesidad de sostener importaciones en un contexto de transición económica atenúa el impacto positivo que podría derivarse de una mayor apertura comercial y de un eventual aumento de las exportaciones hacia la UE.

Comercio e inversión: un impulso de mediano plazo, con restricciones

A pesar de estas limitaciones, la calificadora reconoció que el acuerdo “fortalecerá los vínculos comerciales y de inversión con la UE, mejorando el desempeño exportador y el ingreso de divisas”. Desde esta perspectiva, el tratado representa una oportunidad estructural para la Argentina y el Mercosur en términos de diversificación de mercados y mejora del perfil exportador.

Sin embargo, Moody’s aclaró que la fragilidad de los indicadores macroeconómicos actuales frena mejoras inmediatas para el Estado argentino. En otras palabras, el impacto positivo del acuerdo se proyecta más hacia el mediano y largo plazo, mientras que en el corto plazo prevalecen las tensiones propias del proceso de ajuste.

El informe subrayó que, a nivel regional, el acuerdo es evaluado de manera positiva para la calidad crediticia de los soberanos del Mercosur, ya que amplía el acceso a mercados y apoya la diversificación comercial. No obstante, los beneficios iniciales aparecen diluidos por factores políticos y macroeconómicos.

Ratificación en pausa y debate ambiental en Europa

Moody’s también advirtió que los beneficios a corto plazo del acuerdo están condicionados por los desafíos políticos en ambas regiones y por el prolongado proceso de ratificación que aún debe atravesar el tratado. En este sentido, la implementación se encuentra actualmente pausada tras la decisión del Parlamento Europeo, el 21 de enero, de solicitar una revisión de legalidad al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Esa instancia deberá evaluar si el acuerdo restringe la capacidad de Europa para fijar políticas ambientales y de protección al consumidor, en un contexto donde el cumplimiento del Acuerdo de París ocupa un lugar central en el debate político y regulatorio europeo.

Este escenario agrega incertidumbre sobre los plazos efectivos de entrada en vigor del tratado y refuerza la lectura de Moody’s respecto de que, más allá del potencial estructural del acuerdo Mercosur–UE, los beneficios concretos para la Argentina serán graduales y estarán condicionados por el desempeño macroeconómico interno y el marco institucional internacional.

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La deuda de las familias con billeteras virtuales marca un récord y se acelera la mora

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El endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó a fines de 2025 un nivel récord: los compromisos asumidos con bancos y fintech ya equivalen al 140% de los ingresos mensuales, reflejando un fuerte deterioro en la capacidad de pago y una creciente dependencia del crédito, en especial del segmento no bancario.

El fenómeno está impulsado por la expansión de los préstamos otorgados por billeteras virtuales y otras entidades financieras no tradicionales, que crecieron con fuerza en un contexto de ingresos reales presionados y mayores dificultades para cubrir gastos corrientes.

De acuerdo con estimaciones de EcoGo, la mora en los créditos no bancarios trepó al 21,4% en noviembre, mientras que los préstamos irrecuperables alcanzaron el 6,4%, más del doble que un año atrás. Sobre un stock total de $12,6 billones prestados, unos $2,7 billones presentan problemas de repago, y $810.000 millones ya son considerados incobrables.

Los datos muestran un cambio estructural en el perfil del endeudamiento familiar: crece el peso del crédito de corto plazo, con tasas más elevadas y menor regulación, al tiempo que se agrava la fragilidad financiera de los hogares. El aumento de la mora anticipa un escenario de mayor estrés crediticio, con impacto directo tanto en el consumo como en la estabilidad del sistema financiero no bancario.

El salto de la mora en billeteras virtuales y entidades no bancarias no implica hoy un riesgo sistémico bancario, pero sí un foco de inestabilidad creciente en el segmento fintech. La concentración de créditos de corto plazo, con scoring más laxo y tasas elevadas, aumenta la probabilidad de eventos de iliquidez y de ajustes abruptos en la oferta de crédito.

Con una deuda equivalente al 140% del ingreso mensual, los hogares destinan cada vez más recursos a refinanciar pasivos y menos al gasto corriente. El resultado es un consumo defensivo, más volcado a cuotas cortas y adelantos de efectivo, con impacto negativo sobre sectores sensibles como comercio, servicios y bienes durables.

Aunque la desaceleración inflacionaria alivió parcialmente las tasas reales en el sistema bancario, el crédito no bancario sigue operando con tasas efectivas muy altas, incluso en términos reales. Esto consolida una trampa de endeudamiento: más crédito para cubrir gastos básicos, mayor mora y refinanciaciones cada vez más costosas.

El crecimiento de los créditos incobrables (6,4%) funciona como un leading indicator de estrés financiero en los hogares. Si la dinámica persiste, el ajuste no vendrá solo por precios o tasas, sino por restricción del crédito, afectando consumo, actividad y recaudación.

El endeudamiento familiar dejó de ser un puente de consumo y pasó a ser un amortiguador social frágil, con costos crecientes. Sin mejora sostenida de ingresos reales, el crédito fintech corre el riesgo de transformarse de motor de inclusión financiera en amplificador del ciclo recesivo.

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