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Los interrogantes para 2018

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Como es natural, el debate público está enfocado en la evolución de las variables económicas de los próximos meses. Se mira con atención la tasa de inflación mensual, el ritmo de recuperación de la economía y la consistencia de las políticas monetaria y fiscal. Las preguntas centrales son las siguientes:

  1. ¿podrá bajar la inflación después del aumento observado en el trimestre febrero abril? Esperamos que, como consecuencia de la mayor dureza en la política monetaria y la ausencia hasta finales del año de aumentos tarifarios importantes, la inflación descienda sustancialmente, pero así y todo terminaría el año alrededor del 21%.
  2. ¿se acelerará y extenderá a más sectores la tibia recuperación que muestran los datos oficiales del primer trimestre del año? Nuestra impresión es que se consolidará la recuperación de la actividad económica pero a tasas bajas, cerrando el año alrededor de 2.5% de crecimiento, comparado con 2016.
  3. ¿se puede sostener el ritmo de expansión de las Lebacs? Las Lebacs más los Pases netos han aumentado desde finales de 2015 hasta mediados de mayo en un monto que duplica el aumento en las reservas netas del BCRA. Esa relación se mantuvo en lo que va de 2017, pero estaría mejorando en los últimos meses.

De todas maneras, es demasiado optimista concluir que una emisión de letras que compensa el efecto monetario de la compra de divisas no genera costos a la autoridad monetaria en el mediano plazo. Hay dos problemas centrales: por un lado, la compensación futura de las pérdidas por el “carry trade” que sufre la autoridad monetaria es políticamente menos viable (y probable) cuanto mayor sea la depreciación futura del tipo de cambio que se necesita para balancear la cuenta.

Además, si ese salto es importante, aún cuando el BCRA balancee su cuenta cuasifiscal, se afectará su capacidad de hacer política antiinflacionaria en el futuro, en la medida en que las negociaciones salariales y los precios tengan en cuenta la depreciación del peso; por otro lado, en la transición, el BCRA paga primero el costo cuasifiscal que supuestamente recuperará en el futuro y ello puede dar lugar a críticas y presiones que pueden limitar sus decisiones.

  1. ¿mejorarán los números fiscales luego de un primer cuatrimestre con ingresos (netos del blanqueo) aumentando menos que el gasto primario?

En el análisis de los números fiscales deben excluirse también los gastos de una sola vez asociados al pago de sentencias judiciales en el marco del programa de reparación histórica a los jubilados.

Esa información no es pública pero, depurando tanto el blanqueo como una aproximación de esos pagos, el déficit primario habría aumentando ligeramente en 2017 comparado con 2016, medido en porcentaje del PIB. En los próximos meses la comparación será con los meses del año pasado de mayor expansión del gasto, lo que ayudaría a que el cierre fiscal del año se aproxime a la meta oficial.

Hacia el futuro, la complicación aparece por las dificultades para mantener el gasto constante en términos reales porque hay partidas importantes que tienden a aumentar por encima de los precios (por ejemplo, pagos a jubilados que se indexan cada seis meses con una fórmula que refleja la variación del salario real y del empleo registrado).

El gobierno ha anunciado que pretende reducir la inflación 5 puntos en 2018 (que serían 9 puntos, si el objetivo se mantiene respecto del techo de la banda de este año) y mejorar el resultado primario en un punto del PIB. Lograr ambos objetivos requiere de esfuerzos importantes.

En la lucha contra la inflación, los ajustes de precios relativos importantes (por ejemplo, tarifas) tendrán un impacto similar al de este año. Al cronograma anunciado para energía, se sumaría el postergado aumento en el transporte. Pero además, se agrega un problema adicional que es la indexación de los contratos salariales que el propio gobierno impulsó este año para ayudar a lograr sus objetivos de corto plazo, pero complicando la política antiinflacionaria futura.

La rigidez que introduce la indexación de contratos para reducir la inflación es un problema reconocido en la literatura porque genera inercia. En materia fiscal, sin reformas estructurales será muy difícil lograr que el gasto no crezca en términos reales.

Avanzar en reformas importantes después de las elecciones de medio término no está para nada garantizado, aún dentro de la propia coalición de gobierno. Sin embargo, el exceso de gasto público debe ser corregido. Gradualmente va ganando consenso la idea de que la Argentina tiene hoy un nivel de participación del Estado en la economía que no es sostenible (entendiendo por tal, el que la sociedad está dispuesta a financiar con impuestos).

Sin embargo, muchos analistas dudan de la conveniencia de iniciar ahora esa reducción, básicamente por dos razones: desde una óptica keynesiana tradicional, el ajuste del gasto complicaría la recuperación de la economía; y una reducción en el gasto estatal tendría consecuencias sociales no deseadas.

Ambos argumentos tienen problemas. La reducción del gasto va de la mano de una reducción en sus fuentes de financiamiento (impuestos, inflación o deuda). No parece haber diferencias importantes entre el “multiplicador” del gasto y el de los impuestos o la inflación. Y en el caso argentino, un menor endeudamiento externo permitiría sostener un tipo de cambio real más alto que le quitaría, al menos parcialmente, el peso que soporta el sector transable de la economía.

Además, si el gasto es ineficiente y se financia con impuestos que traban al sector más eficiente, reducirlo permite una mejora en la economía de una sola vez.

El problema se limita a la transición (similar al que se plantea cuando se abre la economía: se ve el costo de los sectores que sufren por la mayor competencia pero no las oportunidades que se abren para los exportadores castigados por los efectos de una protección desmedida). En ese marco, puede haber ineficiencias cuya corrección tenga “consenso” (por ejemplo reducir el sobre costo que genera la corrupción, aunque nótese que el efecto keynesiano sobre la actividad también se da en este caso, en la medida en que los corruptos gasten dentro del país) y otras que lucen más complejas, como mejorar la eficiencia y la focalización de todas las partidas presupuestarias, incluidas las de gasto social.

Finalmente, si la situación fiscal actual es insostenible en el mediano plazo (como han afirmado las máximas autoridades del gobierno nacional), postergar su encuadramiento generaría un problema de expectativas que puede impactar negativamente en el proceso de financiamiento externo y de inversión.

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Con vistas a su presidencia, Argentina reúne al G20 en Buenos Aires

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El jefe de Gabinete del Ministerio de Hacienda, Ariel Sigal, participó esta mañana de una reunión técnica del foro internacional G20. La misma sirve como antesala a la presidencia del foro que nuestro país ejercerá a partir de diciembre de este año y que se extenderá durante el 2018.

El encuentro, que continuará durante la jornada del miércoles, congregó a asesores y representantes de los países miembros del G20, como así también de distintos organismos internacionales. Los presentes analizaron temas de índole económico y financiero, tales como la coordinación económica entre los países miembros del foro y las reformas estructurales necesarias para promover el crecimiento sustentable e inclusivo a nivel mundial.

La reunión comenzó pasadas las 9 de la mañana con un discurso pronunciado por Ariel Sigal, en el que destacó los avances alcanzados por el Gobierno Nacional en materia macroeconómica, inclusión financiera y fortalecimiento de las instituciones.

“Desde diciembre de 2015, el gobierno argentino está trabajando para alcanzar la estabilidad macroeconómica, recuperar credibilidad, lograr un crecimiento sustentable e inclusivo y, simultáneamente, eliminar la pobreza de nuestro país. Con este objetivo, dispusimos la eliminación de los controles cambiarios, restablecimos el sistema de estadísticas a cargo del Indec y comenzamos definitivamente la lucha contra la inflación”, enfatizó el funcionario.

Y añadió: “Establecimos un programa fiscal a tres años para garantizar el equilibrio de las cuentas públicas; simultáneamente, lanzamos el plan de infraestructura más ambicioso de la historia de Argentina y seguimos invirtiendo en los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Con estas medidas esperamos que nuestro país vuelva a ser creíble y confiable al mundo”.

Por último, Sigal subrayó: “Estamos encarando con mucho entusiasmo la próxima presidencia argentina del G20 y esperamos poder seguir progresando juntos en una agenda en común”.

El encuentro entre representantes de los países miembros del G20 significa el primero de esta índole realizado en el país.

El G20 es el foro internacional que reúne a las economías más importantes del planeta. Representan el 85% del PBI mundial, el 80% del comercio internacional, dos tercios de la población mundial y el 60% de la inversión extranjera directa.
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Caputo representó a la Argentina ante el Consejo de Estabilidad Financiera en Londres

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El ministro de Finanzas, Luis Caputo, participó este jueves de la Reunión del Comité Directivo del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB por sus siglas en inglés) que se realizó en la ciudad de Londres. El objetivo de la reunión fue dar tratamiento a los diferentes aspectos financieros que se abordarán en la cumbre del G-20 en Hamburgo en julio próximo.
 

Caputo asistió en su calidad de representante ante la institución por la Argentina, y expresó que “el FSB busca orientar el sistema financiero internacional cada vez más hacia el crecimiento económico”. En ese sentido agregó: “Queremos que también en Argentina el sistema financiero esté al servicio de la productividad, la modernización económica y la inclusión financiera”.

Durante el encuentro los miembros del Comité abordaron el grado de avance en las reformas del sistema financiero internacional y evaluaron sus efectos. El Consejo trató la necesidad de la transformación del sistema financiero paralelo en un sistema sólido basado en el mercado. Asimismo, se comprometieron a seguir trabajando para tratar los riesgos y las debilidades de los mercados emergentes.

El FSB es un organismo multilateral que monitorea el sistema financiero internacional para promover la estabilidad financiera por medio de la coordinación de las entidades gubernamentales, con el fin de facilitar su colaboración  para el desarrollo de políticas regulatorias y de supervisión sólidas. Asimismo, el FSB trabaja en la identificación del riesgo sistémico en el sector financiero con el objetivo de confeccionar e implementar políticas para abordar estos riesgos. Actualmente es presidido por Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, y el Secretario General del organismo es Svein Andresen.

Además, el FSB está  integrado por el Plenario, que es el órgano encargado de la toma de decisiones, un Comité de Conducción que lleva a cabo las tareas operativas entre sesiones del Plenario y tres Juntas Permanentes: de Evaluación de Vulnerabilidades (SCAV), de Cooperación para la Supervisión y Regulación (SRC) y de Implementación de los Estándares (SCSI).

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Nación refinanció Letras del Tesoro por 1.250 millones de dólares

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El Ministerio de Finanzas informa que se refinanciaron USD 1.250 millones en vencimientos de Letras del Tesoro.
Como resultado de la licitación se adjudicaron VN USD 500 millones en Letras del Tesoro a 179 días (24 de noviembre de 2017), VN USD 500 millones en Letras del Tesoro a 360 días (24 de mayo de 2018) y VN USD 500 millones en Letras del Tesoro a 452 días (24 de agosto de 2018).
El monto total de las órdenes recibidas para las Letras del Tesoro alcanzó un valor nominal de USD 5.603 millones, distribuido en USD 3.307 millones para la Letra a 179 días, USD 1.186 millones para la Letra a 360 días y USD 1.110 millones para la Letra a 452 días. Se recibieron 8.414 órdenes de compra.
De acuerdo al nuevo procedimiento, se adjudicó el total de las órdenes recibidas en el Tramo Minorista por hasta VN USD 50.000, inclusive. A las ofertas del Tramo General se les aplicó un factor de prorrateo de 12,49% para la Letra a 179 días, 41,13% para la Letra a 360 días y 44,14% para la Letra a 452 días.
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En busca de US$ 27 MM

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Analytica. El principal problema económico argentino en los últimos 50 años es la “restricción externa”. La idea es bastante simple, si el conjunto de la economía exporta 100 dólares, y no ingresa ningún otro por financiamiento externo, entonces sólo se puede importar la diferencia entre esos 100 y los dólares que tengan que usarse para pagar deuda. Teniendo en cuenta que la producción local es muy dependiente de importaciones, si no suben las exportaciones, no podrá aumentar la producción.

Actualmente, el saldo entre exportaciones, importaciones y pagos netos de intereses es deficitario en 3 puntos del producto (alrededor de U$S 15 mil millones). Esa brecha se cubre con ingresos netos de capitales, fundamentalmente por emisiones de deuda en moneda dura del sector público. Si bien el stock de deuda todavía se encuentra en niveles bajos, el ritmo de endeudamiento en dólares es una de las variables clave a monitorear. En un contexto de crecimiento, con mayor demanda de importaciones e intereses de deuda, generar las divisas para crecer requerirá de un dinamismo exportador mayor que el registrado hasta el momento. Además, si tenemos en cuenta que el tipo de cambio no acompañará en los próximos años (ver Analytico #352) otros factores de competitividad están obligados a entrar en juego para que el crecimiento sea sostenible.

Como forma de testear la sostenibilidad planteamos el siguiente ejercicio de simulación: supongamos que la economía crece en torno a su producto potencial, en torno a 3% anual, con un tipo de cambio real y precios internacionales estables. Además, los requerimientos de importaciones se mantienen dentro del promedio histórico: cada punto de crecimiento de la actividad requiere de un alza de 3% de las importaciones, por lo que las compras al exterior treparán a un ritmo de 9% anual. Por último, supongamos que el gobierno cumple las metas en materia fiscal y el ratio de deuda externa/ producto se estabilizaría en  torno a 43% del PIB en 2019. En ese marco, para que la economía tenga capacidad de pago de los intereses que devenga esa deuda y la mayor demanda de importaciones producto del crecimiento, las exportaciones de bienes y servicios deberán saltar U$S 26,6 MM (37,7%), un nivel similar al alcanzado en 2011 (record histórico).

¿Cómo obtener alcanzar el salto exportador? La primera respuesta sería una mejora en la competitividad. Sin embargo, la dimensión cambiaria y fiscal de la misma se encuentran comprometidas debido a la estrategia macroeconómica del Gobierno. Las devaluaciones de 2014 y 2016 demuestran que las correcciones cambiarias suelen generar ganancias de competitividad transitorias y asociadas a episodios de elevada volatilidad, tanto nominal como real. Por lo tanto resulta una herramienta inapropiada para obtener la sostenibilidad externa. A su vez, la estrategia fiscal gradual hace inviable una agresiva quita de impuestos al comercio exterior como la que debería estar asociada a una corrección significativa del tipo de cambio real efectivo (después de impuestos).

¿Existen otras formas de mejorar la competitividad externa? El informe de Competitividad global que elabora el World Economic Forum registra 12 pilares sobre los cuales se construye la competitividad entre los que se destacan “Instituciones” y “Entorno Macroeconómico” cómo así también “Infraestructura” y “Eficiencia del Mercado de Trabajo”. La Argentina se posiciona 104 sobre 140 países relevados, cuando sus pares de la región se ubican en torno al 30 (Chile) u 50 (Méjico).

De los 12 pilares, la Argentina se encuentra muy rezagada contra sus pares en 6 dimensiones:

1) entorno macroeconómico,

2) Infraestructura,

3) calidad institucional,

4) actualización tecnológica,

5) desarrollo del sistema financiero

6) eficiencia en el mercado de bienes y

7) eficiencia en el mercado de trabajo.

Algunas de las principales políticas del gobierno apuntan a corregir este atraso relativo. Desde el Ministerio de Producción se ha avanzado con programas de reconversión productiva y de financiamiento que apuntan a mejorar la actualización tecnológica y lograr mayores grados de eficiencia en ramas de la producción rezagadas de la competencia internacional. Asimismo, los acuerdos sectoriales entre sindicatos, los representantes patronales y el Gobierno son la base para alinear incentivos y lograr crecimiento con equidad que mejore las condiciones de todas las partes.

Aunque con costos, el combate a la inflación reduce la volatilidad macroeconómica y la incertidumbre, dando lugar al desarrollo de un mercado financiero que canaliza el ahorro interno hacia la inversión a la vez que extiende el horizonte de planificación de las empresas y las familias.

En materia laboral, también hay avances aunque acotados, programas como el empalme y empleo joven dan incentivos a la contratación de mano de obra. Sin embargo, los niveles de litigiosidad laboral e impuestos al trabajo siguen siendo muy superiores a los de otros países de Sudamérica.

El principal obstáculo de la agenda de la competitividad está en los plazos, el sendero que se trazó el gobierno es el correcto pero el margen de maniobra es acotado. Corregir los retrasos en materia institucional, regulatoria y de infraestructura requiere de mucho tiempo. En el caso de la inflación de 4 años, pero en infraestructura al menos 8 por citar sólo un par de ejemplos.

El salto exportador necesita que el gobierno logre avances en materia de competitividad a una velocidad mayor. Si no se logra mejorar sustancialmente la eficiencia de la economía doméstica,  no se podrá sostener un ritmo de crecimiento que permita generar empleo y reducir la pobreza, la vara con que el gobierno pidió ser evaluado.

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