Diarios de Misiones

La pesadilla americana

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En menos de 24 horas, Donald Trump viajó de Florida a Nueva York, se presentó en tribunales, escuchó las acusaciones en su contra, se declaró no culpable, retornó a Florida y dio una conferencia de prensa. La vorágine estadounidense hecha persona.

Se acumularon más de 30 casos en contra del empresario y líder republicano, entre ellos soborno, extorsión y falsificación de documentos. De esta manera, Trump se transformó en el primer ex máximo mandatario de la historia de EEUU que afronta cargos penales. Más allá de lo que pueda representar esto, podría posicionarse como la punta del iceberg de uno de los casos mediáticos más shockeante de la historia reciente de su país.

Sin embargo, más allá del efecto rimbombante provocado en los medios de comunicación, esto evidencia una grieta mucho más profunda. Es el caso Trump, hay un mensaje importante del proceso de descomposición política de Estados Unidos. Esto no quiere decir que el ex presidente no sea culpable de todo lo previamente dicho, pero si muestra a viva voz que la disparidad ideológica entre republicano y demócratas, pasó a un nivel más profundo, inclusive rememorando gran parte de la moralidad clásica de las sociedades históricas. Una lucha entre el bien y el mal en donde prevalece el relato ante los hechos.

Trump, por su parte, aclara que es perseguido judicialmente y que este proceso es un arrebato ante el posicionamiento de su figura como un líder popular. El mismo no se hizo cargo de ninguno de los delitos a los cuales se lo acusó, e inclusive, previamente dejó deslizar la oportunidad de una movilización a su favor, en caso de ser arrestado. La oposición esgrime que Trump es culpable de todos estos hechos y algunos más aberrantes. Pero el mensaje de los dos, en donde la contraposición entre el bien y el mal es visible, es que el ex presidente se posiciona como una suerte de mesías salvador y su contraparte lo denota como una especie de patricio pervertido, malintencionado y casi como un dictador. Esa es una lectura que habla de la radicalización de las posturas.

Por otro lado, golpear a Trump es asestar un gancho contra las pretensiones conservadoras de retornar al poder en Estados Unidos. Suficiente hace Donald como para generar rechazo y acepción en la sociedad estadounidense, aunque la brújula ideológica de este país siempre tira más para la derecha. Casi como si se tratara de una maniobra política, ¿esto puede afectar a las pretensiones eleccionarias de Trump?

Recordemos que él mismo se ha postulado para volver a ser el mandamás de la Casa Blanca en el 2024. La respuesta es sí, esto puede perturbar gravemente a Trump hasta el punto de perder contra cualquier segundo de la insulsa gestión Biden. La eventual derrota trumpista no es solamente la de un partido político estadounidense, sino el principio del derrumbe de un modo de hacer política o de las figuras de los outsiders.

Es lógico que Trump es el piloto de esa nave nodriza de políticos sin carrera política con un lenguaje exacerbado, o que, en criollo, sería “vende humo”. Encolumnados en la rubia cabellera del empresario devenido en, nuevamente, candidato presidencial de Estados Unidos se encuentran sujetos como Bolsonaro, Lacalle Pou, Milei, Kast, y también sus emisarios europeos como Boris Johnson e inclusive Volodimir Zelenski, el ecuménico presidente de Ucrania en el contexto actual de guerra que vive ese país.

Del otro lado de la vereda, para los demócratas se les puede poner brava la cosa. Si, por el contrario, Trump sale ileso de esta situación judicial, solamente pueden acrecentar aún más al monstruo. Es decir, que gane aún más terreno, más seguidores y que se transforme en el poseedor de la espada de Excalibur de la Casa Blanca. De por sí tiene muchos seguidores, muchos de ellos sumamente peligrosos, desde los ya clásicos sureños que levantan sin tapujo alguno la bandera confederada hasta neonazis vestidos de seguidores de un movimiento supremacista blanco llamado “White lives matters”.

El solo hecho de imaginarse en como se puede multiplicar eso si Trump sale fortificado es terrorífico, porque, así como se comentó que el efecto de su caída puede ser el principio del fin de los modelos de políticos outsiders, su afianzamiento solo puede dar más fuerza, ipso facto, reversionar a sus laderos en otras zonas del mundo.

La política es como un tablero donde se mueven piezas, con un efecto que va de lo macro a lo micro. Hoy, el caso Trump es bisagra para las nuevas derechas del mundo. Acá se juega mucho más que la simple parada del Partido Republicano, o del desenlace de los denunciantes del caso del ex presidente. Dirigentes derechistas de todas partes del mundo se encuentran agazapados para ver que sucede con esto, hasta donde puede llegar la tendencia y también delineando acciones conjuntas para evitar ese golpe a sus partidos en sus países.

Empero, esto no significa que la izquierda gane terreno, ni mucho menos, sino que una derecha mucho más flexible es la que desea el derrumbe de los líderes outsiders, para ocupar esa banca política que los determine en el arco de las tomas de decisiones de un país. Lejos del contexto de la Guerra Fría, esto no es izquierda vs derecha, esto es derecha outsider vs derecha liberal. En esta puja, cuasi sin sentido, se encuentra un mundo en guerra, sumido en una crisis económica galopante, pagando los platos rotos de las peleas de hombres trajeados sin afán de realizar el bien común.

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China necesita adoptar políticas verdes en nuevos proyectos

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Escribe Rebecca Ray en Dialogo Chino – El giro de China hacia la energía verde en América Latina es una buena noticia. Pero el “cómo” es tan importante como el “qué”

Con la noticia de que Honduras ha establecido relaciones diplomáticas con China — y de que esta a su vez aceptó financiar la ampliación del complejo hidroeléctrico hondureño de Patuca — es momento para reflexionar sobre el cambio en la financiación china para el desarrollo de América Latina y el Caribe. 

¿China volverá a su papel anterior a la pandemia como principal financiador de estatales petroleras como la brasileña Petrobras? ¿O cumplirá su compromiso de promover la energía verde en el extranjero? Y lo que es igual de importante, ¿los acreedores chinos pondrán en práctica las nuevas políticas verdes de Beijing para la gestión de sus inversiones en el extranjero?

Al considerar los préstamos de China en América Latina y el Caribe, dos grandes instituciones financieras de desarrollo ocupan un lugar central: el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China. Hace una década, el apoyo de estas instituciones a la región alcanzó niveles que rivalizaban con las del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, pero durante la pandemia de Covid-19 esa financiación se redujo a cero

Dos años después, la financiación china a América Latina y el Caribe está resurgiendo y posiblemente cambiando hacia nuevos sectores. Mientras que los primeros préstamos chinos se concentraban en grandes montos y líneas de crédito para petroleras, la nueva financiación en curso está enfocada en préstamos más cortos y centrados en proyectos específicos.

No cabe duda de que es alentador que los préstamos chinos para América Latina y el Caribe se alejen de los combustibles fósiles y caminen hacia sectores más preocupados con el clima. Ya se fueron los años de las líneas de crédito de diez dígitos para las compañías petroleras. En su lugar están surgiendo proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático. De hecho, dos de los tres nuevos compromisos de financiación anunciados por China en 2022 se refieren a la adaptación al clima: son proyectos para reforzar las carreteras costeras en Barbados y Guyana. Mientras tanto, los préstamos que se están negociando este año incluyen la ampliación de dos grandes proyectos de energías renovables: el parque solar de Cauchari, en el norte de Argentina, y el complejo hidroeléctrico de Patuca, en Honduras. 

Sin embargo, para que lo “barato” salga “bueno y bonito”, los proyectos financiados por China también tendrán que tener en cuenta los riesgos medioambientales y sociales locales, además de los globales. En otras palabras, cómo se planifican y gestionan los proyectos es tan importante para la sostenibilidad como qué tipo de proyecto se planifica. 

Una instalación de energía verde mal planificada puede provocar daños ecológicos considerables y conflictos sociales. El proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca en Honduras, abandonado por la empresa china Sinohydro en medio de un conflicto medioambiental, es un claro ejemplo de la importancia de la gestión de riesgos medioambientales y sociales. Además, casi la mitad de las emisiones de carbono de América Latina y el Caribe proceden de cambios en el uso del suelo, como la deforestación tropical. La gestión de los impactos ambientales en bosques y otros ecosistemas, bien como en las comunidades que esos ecosistemas sustentan, es una parte indispensable de la mitigación del cambio climático en la región.

Cumpliendo las políticas verdes

Las nuevas directrices de sostenibilidad anunciadas por Beijing, además de los compromisos ambientales en toda América Latina y el Caribe, han demostrado que los líderes globales comprenden cada vez más el papel de la gestión de riesgos medioambientales y sociales para el éxito de los proyectos — así como la protección de ecosistemas y comunidades. 

En 2021 y 2022, las nuevas orientaciones verdes del gobierno chino incluyeron cambios para inversionistas y para el sector de construcción civil, además de directrices exclusivas para que los inversionistas desarrollen mecanismos transparentes para recibir y resolver reclamos. 

También se han producido cambios significativos en América Latina y el Caribe. La región reconoce la importancia de mantener ecosistemas sanos para la vida de las comunidades indígenas y tradicionales, y han acogido los derechos de estos grupos a través de acuerdos de las Naciones Unidas y del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El Acuerdo de Escazú también representa un gran avance en el tema, ya que es un tratado regional que se compromete con la transparencia, la participación de las partes interesadas y el acceso a la justicia en cuestiones medioambientales relacionadas con el desarrollo de nuevos proyectos. 

Muchas de estas directrices y compromisos se adoptaron durante la pandemia de Covid-19, cuando la financiación de nuevos proyectos se estaba acabando. Pero ahora que los proyectos vuelven a empezar, China, América Latina y el Caribe tienen la oportunidad de renovar su relación financiera, basada ahora en principios y compromisos de desarrollo sostenible. 

En Brasil, por ejemplo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha prometido políticas medioambientales firmes en su nuevo gobierno, mientras que su homólogo chino, Xi Jinping, defiende una “civilización ecológica” como eje de desarrollo. Ambos se iban a reunir hace unos días en Beijing — un encuentro esperado por muchos en busca de señales sobre el estado de la relación de China con América Latina —, pero Lula pospuso su visita por cuestiones de salud. 

Los dos proyectos de gran escala que aún se discuten — la posible ampliación del parque solar de Cauchari y la central hidroeléctrica de Patuca — son oportunidades importantes para poner en práctica estos nuevos compromisos. Ambos proyectos tienen potencial para contribuir significativamente a la reducción de las emisiones regionales de carbono. Sin embargo, a nivel local, cada uno de ellos también tiene riesgos medioambientales y sociales a lo largo de sus etapas de operación. Las coordinaciones de los proyectos pueden anticiparse a los posibles impactos medioambientales y sociales por medio de tres categorías de territorios sensibles: áreas protegidas nacionales, tierras indígenas y hábitats críticos para la biodiversidad. Por ejemplo, el parque solar de Cauchari, en su tamaño actual, ya se encuentra dentro de los tres tipos de territorio sensible, mientras que Patuca está situada río arriba de los tres tipos de zonas — un punto crucial para cualquier represa.

No cabe duda de que los proyectos no son necesariamente imprudentes por su mera proximidad a territorios sensibles, pero su ubicación indica la necesidad de una mayor gestión medioambiental y conciencia sobre los posibles riesgos. Por supuesto, estas categorías de territorios sensibles no abarcan todos los riesgos posibles, pero sus definiciones globales permiten hacer comparaciones entre países.

Hay tres factores fundamentales para la gestión de riesgos ambientales y sociales en los proyectos de infraestructura: evaluaciones de impacto ambiental (EIAs) exhaustivas, participación significativa de las partes interesadas y compromiso de transparencia a lo largo de todo el proyecto. Si sólo estos dos proyectos chinos (el de Argentina y Honduras) se financian este año, será crucial que los bancos y contratistas chinos se aseguren de que las EIAs sean exhaustivas, que las consultas a los indígenas incluyan a comunidades locales y cercanas, y que todo el proceso sea transparente. Siguiendo estos tres pasos, las empresas chinas pueden asegurarse de que están cumpliendo las nuevas políticas verdes de financiación, construcción e inversión de China, así como los compromisos de los países latinoamericanos en virtud del Convenio 169 de la OIT y el Acuerdo de Escazú. 

Si China sienta un precedente basando sus decisiones para estos dos proyectos en sus nuevas directrices ecológicas, su giro hacia la energía verde será una poderosa fuerza para el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe.

Rebecca Ray es becaria postdoctoral de la Iniciativa de Gobernanza Económica Global del Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston

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América del Sur profundiza cooperación transfronteriza por el agua

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Dialogo Chino – La experta en aguas transfronterizas Maria Gwynn habla sobre los retos para la cooperación en medio de la crisis hídrica en la región

La reciente Conferencia de la ONU sobre el Agua fue la primera en casi 50 años. Celebrada en Nueva York entre el 22 y 24 de marzo, y copatrocinada por Tayikistán y Países Bajos, puso de relieve los retos hídricos a los que se enfrenta cada rincón del planeta. El evento concluyó con la adopción de la Agenda de Acción para el Agua, un plan de acción en el que se esbozan compromisos para proteger los recursos hídricos y buscar un futuro seguro para el agua.

Para América Latina, una región que en los últimos años ha sufrido algunas de las sequías más largas del mundo, grandes incendios forestales y olas de calor sin precedentes, además de los conflictos ambientales, no podría haber llegado en un momento más oportuno.

La acción transfronteriza y la integración regional se consideran cada vez más una necesidad para hacer frente a los retos medioambientales, como la sequía y la crisis climática. Y tal vez sean pocas las instituciones que enfrenten dichas cuestiones transfronterizas del agua como Itaipú Binacional, la empresa que explota la tercera central hidroeléctrica más grande del mundo, la represa de Itaipú, de 14.000 megavatios, situada en el río Paraná, en la frontera entre Brasil y Paraguay.

María Gwynn, miembro del consejo de administración de Itaipú

En la Conferencia de la ONU sobre el Agua, Diálogo Chino habló con María Gwynn, abogada paraguaya experta en el uso internacional de recursos compartidos, además de miembro del consejo de administración de Itaipú. Gwynn habló sobre la importancia de la conferencia, la crisis hídrica que afecta a América Latina y explicó por qué la cooperación es tan importante para la región.

Diálogo Chino: Su trabajo se ha centrado en la cooperación transfronteriza en América Latina y en Itaipú. Háblenos de los retos en estas áreas y de lo que se ha intentado conseguir en la Conferencia de la ONU sobre el Agua.

Maria Gwynn: Me sentí honrada de haber sido invitada por las Naciones Unidas como ponente principal para uno de los principales diálogos de la conferencia sobre la cooperación en materia de aguas transfronterizas. Se me brindó una gran oportunidad, como única latinoamericana en la mesa, de compartir pensamientos y una visión desde la región en un foro global.

Gran parte del desafío en América Latina se refiere a la cuestión de la “soberanía”. Algunos ven la integración como meramente opcional. Paraguay y Venezuela son los dos únicos países de la región que han firmado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho de los usos de los cursos de agua internacionales para fines distintos de la navegación, de 1997. Ninguno la ha ratificado hasta ahora, pero la importancia de la cooperación internacional para gestionar recursos naturales compartidos y evitar conflictos fue evidente en la peor crisis hídrica de la región, entre 2020 y 2021.

En la cuenca del Paraná, nos enfrentamos a tres necesidades diferentes, teniendo en cuenta los usos del río transfronterizo: la de generar energía hidroeléctrica, la de mantener los ríos navegables y la del consumo de agua.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay planteó la posibilidad de coordinar los usos de las aguas de la represa [de Itaipú]: Paraguay necesitaba agua en los ríos para navegar, pero también existía la preocupación de que los bajos niveles de agua interfirieran con la generación de energía. Al mismo tiempo, Argentina necesitaba el río para el consumo de agua. Los tres países del Paraná [Argentina, Brasil y Paraguay] tenían diferentes usos del río para satisfacer sus demandas.

Durante esta crisis del agua de 2020-21, ¿cómo se resolvieron las diferentes demandas entre los tres países? ¿Quién se sentó a la mesa?

Se constituyó una reunión intergubernamental ad hoc en la que participaron los tres gobiernos: Brasil y Paraguay, que usan la central de Itaipú, y también Argentina, que tiene un tratado aparte por estar en la parte baja del río Paraná. La reunión también incluyó a otras partes interesadas que dependen del río, como empresas y comunidades locales, en un proceso institucionalizado. Concluyó con un informe técnico que permitió calcular y medir las necesidades de cada sector. De ahí surgieron las llamadas “ventanas de agua”, una operación para que la represa abriera sus compuertas en función de esta evaluación de necesidades. Al prolongarse la crisis hídrica, este método — basado en las disposiciones de la Convención de la ONU sobre el “uso equitativo y razonable” — permitió gestionar las posibles tensiones sociales en el río.

Ante la persistencia de esos retos, ¿cree que esta cooperación continuará, o incluso se intensificará, o se trata de un caso aislado?

A medida que se agrava la crisis climática, queremos asegurarnos de que no volveremos a estar en esa situación. Una forma es aumentar la capacidad de energía renovable, a través de paneles solares, además de construir o comprar unidades de almacenamiento de energía para complementar la producción en momentos de crisis hídrica. El consejo de administración de Itaipú también ha recomendado que, en los momentos de exceso de agua, debemos aprovecharla, por ejemplo, utilizándola para producir hidrógeno verde. Cuando los presidentes de Brasil y Paraguay se reunieron recientemente en Itaipú, ésta fue una de las cosas que [el presidente brasileño] Lula destacó.

Otra manera de mitigar los efectos ambientales adversos y los impactos del cambio climático es fortalecer los ecosistemas de la región. La Reserva de la Biosfera de Itaipú es un área enorme designada por la UNESCO, y es importante mantener su salud para regular el flujo de agua, tanto de ríos terrestres como atmosféricos. Podemos implementar acciones de desarrollo sostenible en las áreas de nuestra influencia inmediata y más allá, acciones que protejan el hábitat y proporcionen importantes servicios ecosistémicos. Itaipú ha sido pionera en algunos de estos programas, y está involucrando a universidades y municipios en estos esfuerzos para que podamos ser parte de una solución integral de gestión de aguas transfronterizas.

¿No es esto una contradicción? Las grandes hidroeléctricas suelen desplazar a las poblaciones locales y tienen un historial negativo con relción a las comunidades indígenas.

Es difícil imaginar la creación de una estructura tan grande en el mundo actual. La construcción de Itaipú comenzó hace 49 años, y la mayor parte de la población y el desarrollo de la región se trasladaron después de su construcción.

Tenemos la misión de estudiar la sostenibilidad en la región, y nos centramos en la sostenibilidad socioambiental. Colaboramos estrechamente con las comunidades indígenas en acciones y actividades medioambientales de gran repercusión, como [los programas centrados en] evitar la deforestación.

Una de las principales necesidades de las comunidades indígenas es la sostenibilidad financiera. Pero si su única opción es alquilar sus tierras para la agricultura o la producción de soja, por supuesto que habrá deforestación. Un compromiso real requiere una visión que aborde estas necesidades de forma que se refuerce la conservación. Esta reforestación [llevada a cabo en los planes apoyados por Itaipú] se basa en la experiencia de las comunidades indígenas, ayuda a restaurar la flora nativa y a recuperar la biodiversidad.

También hemos ayudado a las mujeres de estas comunidades a exhibir y comercializar sus artesanías a través de exposiciones, ampliando la apreciación de sus productos culturales y permitiéndoles obtener más beneficios económicos. El año pasado, uno de los programas de Itaipú — Guaraní Sostenible — ganó el Premio ODS, concedido por la comisión responsable por el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en Paraguay, por el trabajo de Itaipú con las comunidades indígenas.

La entrevistada deja constancia que todos los puntos de vista aquí expresados reflejan opiniones personales; no constituyen una posición oficial ni compromisos en nombre de Itaipú Binacional.

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Cuatro consecuencias del cambio climático para la salud en Sudamérica

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Escribe Flávia Milhorance de Dialogo Chino – Nuevo informe presenta el panorama más completo sobre el impacto del calentamiento global para la salud en la región

Las temperaturas están aumentando en toda América del Sur debido al cambio climático: se han reducido lluvias en varios países, los glaciares en la Cordillera de los Andes se derriten rápidamente y el nivel del mar sube en las costas del Pacífico y del Atlántico.

El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, así como los daños que causan a los ecosistemas sudamericanos, son bastante difundidos, pero quizás sus repercusiones en la salud de las personas no sean tan conocidas. Según un nuevo informe, los efectos del cambio climático en el cuerpo humano van de lo agudo a lo crónico, y las respuestas de los gobiernos regionales a estos riesgos han sido muy tímidas hasta ahora.

El informe de 2022 sobre salud y cambio climático en América del Sur fue publicado el 28 de marzo por The Lancet Countdown, un grupo independiente de expertos que estudia los vínculos entre la salud pública y el clima. El documento explora algunos de los principales riesgos en temas de salud en la región y cómo enfrentarlos. “El cambio climático está afectando la salud de los sudamericanos, por lo que es hora de tomar medidas inmediatas”, afirmó Stella Hartinger, principal autora del informe.

A seguir examinamos cuatro de las principales conclusiones del estudio.

1. Olas de calor provocan más muertes de personas vulnerables

La exposición al calor extremo aumenta el riesgo de muerte por todas las causas, sobre todo por problemas cardiovasculares, cerebrovasculares y respiratorias. Los recién nacidos y las personas mayores de 65 años son los más vulnerables. “Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, por lo que constituyen un peligro para la salud y la supervivencia de estos grupos etarios”, afirma la chilena Yasna Palmeiro-Silva, otra de las autoras del informe.

La Organización Meteorológica Mundial ha registrado un aumento de las temperaturas en todos los países sudamericanos, con olas de calor excepcionalmente intensas y prolongadas en Colombia, el centro y noreste de Brasil, el centro de Chile y el centro y sur de Argentina.

El informe de The Lancet estimó que las muertes relacionadas con el calor en América del Sur aumentaron un 160% entre 2017 y 2021 en comparación con 2000-2004, siendo Brasil, Argentina, Colombia y Venezuela los más afectados.

Venezuela no se encuentra entre los países sudamericanos con mayor aumento de temperatura, pero su población tiene una edad promedio más avanzada que la de muchos otros países de la región. Además, el 80% de sus ancianos viven en la pobreza, lo que aumenta los riesgos del calor extremo y dificulta aún más la adaptación.

2. Incendios forestales causan problemas agudos y muertes

Los incendios forestales pueden causar graves daños físicos, como quemaduras, o hasta muerte por inhalación de humo. Pero en otros casos también puede haber problemas de salud a largo plazo. Según un estudio publicado por The Journal of Climate Change and Health, la exposición a partículas finas y sustancias químicas procedentes de los incendios forestales puede aumentar el riesgo de cáncer de todo tipo.

El nuevo estudio de The Lancet mostró que la exposición a los peligros “muy elevados” o “extremadamente elevados” de incendios forestales — así como sus riesgos para la salud humana — ha aumentado en nueve de los 12 países sudamericanos analizados. Los sudamericanos estuvieron un promedio de siete días al año más expuestos a esos riesgos entre 2018 y 2021 en comparación con 2001 a 2004 — un aumento del 35%. Argentina y Chile se enfrentaron a los riesgos más elevados relacionados con incendios forestales en América del Sur.

La actividad humana es la principal causa de los incendios forestales en la mayoría de los biomas sudamericanos, con excepción del Cerrado brasileño, donde forman parte de la dinámica natural del ecosistema. Pero el cambio climático también puede facilitar las condiciones para el inicio y la propagación de estos incendios, a través del aumento de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones y la humedad.

Los biomas de la Amazonía, el Pantanal y el Chaco han sido especialmente vulnerables a los incendios provocados por humanos, lo que ha provocado una gran pérdida de bosques y biodiversidad. Este proceso reduce la captura de carbono y agrava el cambio climático, además de empeorar los riesgos a la salud.

3. Temperaturas más elevadas contribuyen a la propagación de enfermedades infecciosas

El calentamiento global está ampliando el alcance de varias enfermedades infecciosas, entre ellas el dengue. La enfermedad es endémica en Sudamérica, tiene un gran potencial de contaminación y suele ocurrir en ciclos epidémicos, según el informe de The Lancet. Las altas temperaturas, las lluvias y la humedad — condiciones cada vez más intensas en algunas partes de la región — contribuyen para la transmisión del dengue. La urbanización y el flujo de personas también tienen pueden gran influencia en su propagación.

La incidencia y gravedad del dengue aumentaron sustancialmente en los últimos 30 años en la región, según los científicos de The Lancet, que usaron un indicador de “influencia climática” para la transmisión de la enfermedad desde la década de 1950. Los autores demostraron un aumento constante del dengue en todos los países en los que hay el mosquito Aedes aegypti, excepto en Argentina y Surinam.

En toda la región, la influencia climática para la transmisión del dengue aumentó un 35% entre 2012 y 2021, en comparación con 1951-1960. A medida que aumenta el rango y la frecuencia de las condiciones ideales para la transmisión, “es urgente que los sistemas de salud de América del Sur fortalezcan sus capacidades para hacer frente a este desafío”, dijo Andrés Lescano, otro colaborador del informe.

4. El cambio climático afecta a la producción de alimentos

El cambio climático puede interferir en el crecimiento, aprovechamiento y contenido nutricional de varios alimentos, como el trigo, el arroz, el maíz y la soja. Eso causa pérdidas económicas considerables para productores y gobierno, pero además aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria y sus consecuencias para la salud.

Las largas sequías y el aumento de las temperaturas ya dejaron marcas en la agricultura sudamericana. Los productores de Brasil y Argentina, principalmente, han sufrido pérdidas de producción que han afectado tanto a las exportaciones como al consumo interno.

En los últimos años, la región también ha visto un aumento de la inseguridad alimentaria, impulsada por la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos. También influyen los conflictos políticos, las recesiones económicas, la pandemia del Covid-19 e incluso la guerra de Ucrania.

Según el informe sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, publicado por las Naciones Unidas, por lo menos 117,3 millones de personas en América Latina — el 21% de la población de la región — no tuvieron acceso a suficientes alimentos en 2020.

“El cambio climático ejercerá una presión adicional sobre los sistemas alimentarios”, afirma el informe de The Lancet, destacando como amenazas para la producción las sequías más intensas y prolongadas, los fenómenos meteorológicos extremos, el aumento de las temperaturas, el incremento de CO2 en la atmósfera y el acortamiento de los ciclos de producción agrícola. En resumen, alertan para “una grave amenaza para la seguridad alimentaria de la región” y, por tanto, para la salud de sus habitantes.

Flávia Milhorance es editora de Diálogo Chino para Brasil, con sede en Rio de Janeiro

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La invasión de Rusia a Ucrania y la crisis del costo de vida empañan las perspectivas de crecimiento en las economías emergentes de Europa y Asia Central

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Es probable que la actividad económica en la región de Europa y Asia Central siga siendo moderada este año debido a las continuas consecuencias de la invasión rusa de Ucrania, la persistente inflación alta y las condiciones financieras más estrictas, dice la Actualización económica del Banco Mundial para la región.

Ahora se espera que la producción regional crezca un 1,4% en 2023, sustancialmente mejor que el 0,1% anticipado anteriormente. La actividad económica positiva, aunque profundamente deprimida, en 2023 refleja una contracción más suave de la economía de Rusia y una mejora en las perspectivas de Ucrania. Se espera que el crecimiento regional aumente a un promedio de 2,7 % durante 2024-25 a medida que la inflación disminuya, la demanda interna se recupere y el entorno externo mejore.

Un fuerte aumento de los precios al consumidor, en particular de los alimentos y la energía, provocó que la inflación anual media se disparara al 15,9 % a finales de 2022 en los mercados emergentes y las economías en desarrollo (EMDE) de Europa y Asia Central, la más alta en más de 20 años, y el más alto entre todas las regiones en desarrollo del mundo. La inflación promedió menos del 4 % en las EMED de Europa y Asia Central antes de que comenzara a aumentar en 2021.

El panorama sigue siendo muy incierto. El crecimiento en 2023 puede ser más débil si la guerra causada por la invasión rusa de Ucrania se intensifica aún más, los precios de los alimentos y la energía continúan aumentando, las alzas de las tasas de interés se aceleran a nivel mundial o en la región, o si hay una reversión repentina de los flujos de capital a la región. Los desarrollos bancarios actuales en algunas economías avanzadas podrían tener repercusiones en el crecimiento.

Se prevé que la economía de Ucrania crezca un 0,5% este año, luego de una asombrosa contracción del 29,2% en 2022, el año de la invasión rusa del país. Si bien el costo económico sufrido por Ucrania como resultado de la invasión es enorme, la reapertura de los puertos del Mar Negro de Ucrania y la reanudación del comercio de granos, así como el apoyo sustancial de los donantes, están ayudando a respaldar la actividad económica este año. Según estimaciones recientes del Banco Mundial, el costo de la reconstrucción y recuperación en Ucrania ahora ha aumentado a $ 411 mil millones, que es más del doble del tamaño de la economía de Ucrania antes de la guerra en 2021.

Türkiye experimentó dos terremotos devastadores el 6 de febrero de 2023, que resultaron en daños directos de aproximadamente $ 34,2 mil millones, o el 4% por ciento del PIB del país en 2021, según estimaciones del Banco Mundial. Los costos reales para satisfacer la gama completa de necesidades de recuperación y reconstrucción podrían ser el doble de los daños directos. Al incorporar el impacto de los terremotos recientes, se proyecta un crecimiento del 3,2 % en 2023, aumentando a un promedio de 4,2 % durante 2024-25, respaldado por el apoyo del gobierno a los hogares y la inversión en medio de los esfuerzos de reconstrucción en curso.

En un contexto de crecimiento lento y alta inflación, el informe incluye un capítulo especial sobre la crisis del costo de vida, que examina el impacto de la alta inflación en el nivel de vida de las personas en la región.

“La inflación erosiona los ingresos reales de las personas, y la alta inflación afecta a los más pobres mucho más que a los segmentos más ricos de la población”, dijo Ivailo Izvorski, economista jefe del Banco Mundial para la región de Europa y Asia Central . “Para proteger mejor a los grupos vulnerables y promover el crecimiento económico, las políticas deben tener en cuenta los diferentes impactos de la inflación en los diferentes niveles de ingresos y utilizar indicadores más precisos para medir el costo real de los precios altos para los más pobres”.

Los gobiernos de toda la región respondieron a la crisis del costo de vida con asistencia social y subsidios, estos últimos implicaron moratorias en los aumentos de precios de la energía, tarifas reducidas de transporte público y topes en los precios de la electricidad y el gas natural para hogares y empresas.

El análisis del informe, sin embargo, revela la carga desigual de la crisis del costo de vida. Encuentra que la inflación fue 2 puntos porcentuales más alta para el 10% más pobre de la población en comparación con el 10% más rico. Esta diferencia superó los 5 puntos porcentuales en algunos países de la región, incluidos Moldavia, Montenegro y Macedonia del Norte.

Es probable que las políticas que no toman en cuenta las diferentes tasas de inflación que enfrentan los hogares brinden un apoyo inadecuado a los grupos vulnerables y pueden terminar siendo ineficientes y menos efectivas, señala el informe. Recomienda ir más allá del índice de precios al consumidor (IPC) estándar para medir la inflación a fin de capturar con mayor precisión el costo de vida real de los más pobres. Esto es esencial para diseñar mejores políticas de crecimiento y alivio de la pobreza.

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