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La deuda pública misionera está en su punto más bajo del último quinquenio

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Ya a finales del 2019, cuando el gobierno nacional del ex presidente Macri comenzaba a despedirse del poder, comenzó a tomar más fuerza el problema de la deuda. De hecho, el punto central de la problemática fue el reperfilamiento de deuda que estableció el ex mandatario durante los últimos meses de su gestión. 

 

Ante ello, el 2020 se inició con la deuda pública como uno de los pilares centrales a resolver, particularmente en la negociación de tenedores de bonos y títulos argentinos en el exterior. Antes de poder llegar a una solución, vino la pandemia: cachetazo para las arcas públicas en sus primeros meses, pero la negociación siguió en pie y, tras largos meses de negociaciones, el ministro Martín Guzmán logró cerrar el acuerdo. 

 

En medio de todo ello, comenzó un segundo problema relativo a la deuda pública: el pasivo de las provincias, donde una buena parte de la explicación del problema que atravesaban correspondía a lo sucedido algunos pocos años antes. 

 

Todos recordaremos que la primera medida fuerte del gobierno de Macri tras asumir, fue el arreglo con los holdouts (famosos en la Argentina por ser llamados fondos buitres), efectivizando el pago de deuda reclamada, lo que posibilitó una fuerte apertura del crédito extranjero para el país. En ese contexto, las provincias se sumaron a este envión, colocando títulos de deuda en el exterior, regidas bajo leyes de Nueva York y, por supuesto, en dólares, durante 2016 y 2017. 

 

Algunas provincias tuvieron condiciones algo más favorables en función de su propio historial crediticio y de factores endógenos (si la deuda está garantizada por regalías, por ejemplo), y otras tuvieron posibilidad de acceder a crédito algo más caro, pero que, en la proyección estimada de crecimiento para esos años, más el supuesto de equilibrio y estabilidad cambiaria, generaba la expectativa de solvencia.

 

¿Qué vino luego de esto? Corrida cambiaria del 2018, que disparó el valor del dólar, inicio de recesión, freno de la actividad, caída en recaudación, y casi dos años después, pandemia, que fue la trompada final a cajas provinciales que, en su gran mayoría, traían un fuerte stress. 

 

Todo esto generó que sean las provincias las que inicien sus propios procesos de negociación con tenedores de sus títulos para reestructurar los mismos: un proceso similar al realizado por la Nación, pero con las provincias ahora como protagonistas. 

 

Doce fueron las provincias que iniciaron este camino, y cuatro lo hicieron en una situación de default. De ese total, diez ya lograron cerrar sus acuerdos (Mendoza, Jujuy, Salta, Entre Ríos, Córdoba, Chubut, Neuquén, Río Negro, Chaco y Buenos Aires – que tuvo la negociación más tensa y larga, cerrada apenas días atrás); una está a días de culminar el proceso formal de cierre de acuerdo (La Rioja); y otra aún continúa negociando, pero lo hace pagando normalmente sus servicios de deuda, evitando así todo tipo de conflicto en el medio de los diálogos (Tierra del Fuego)

 

Naturalmente, iniciar un proceso de reestructuración de títulos de deuda en moneda extranjera pone de manifiesto un problema de caja y de flujo de pago, y detrás de ello se esconden dos cosas: la posibilidad de insolvencia, pero también, y quizás lo más relevante en este contexto, la priorización de recursos de la gestión provincial, que debe destinar una importante masa (dependiendo el caso) de recursos para cumplir sus compromisos.

 

El repaso de esta historia tiene un sentido: en el listado de provincias que reestructuraron (o en están aún en proceso) no se observa a Misiones. Primer punto a favor para la provincia: no solo no debió reestructurar deuda, sino que ni siquiera tiene títulos extranjeros en dólares. Por ende, no sufrió ni la corrida cambiaria ni los altos volúmenes de pago por servicios de deuda que tenían otros distritos

 

Pero la situación es aún más auspiciante para Misiones cuando analizamos el stock de deuda de la provincia: si observamos los datos del período 2017 – 2021, actualmente Misiones está en su nivel más bajo de deuda pública al medirlo en moneda constante. 

 

Veamos de qué se trata esto. En primer lugar, cabe destacar la aclaración del motivo por el cual tomamos este período de análisis, y tiene que ver con un aspecto metodológico fundamental: el IPC. 

Recordemos que la gestión Macri impulsó una nueva serie de medición del alza de precios que tiene como base a diciembre de 2016, e incluye no solo la medición nacional sino también regional. Por ese motivo, y para utilizar una sola serie del índice de precios, particularmente la referida a la de la región del NEA, tomamos en consideración el periodo 1º trimestre 2017 como inicio del análisis, hasta el 2º trimestre 2021, que son los últimos datos disponibles. 

 

Los datos de este último período mencionado nos dicen que el stock de deuda pública de la provincia de Misiones es por un total de $12.075,2 millones: tiene un incremento del 25,4% a pesos corrientes, respecto a igual período del 2020; y en ese marco, el 64,1% del total del stock de deuda es con el Gobierno Nacional y un 34,3% en Títulos Públicos, entre otros.

 

Sin embargo, si medimos el stock de deuda pública misionera en moneda constante, como se indicó anteriormente, observamos que en este 2º trimestre 2021 Misiones tiene el stock más bajo de toda la serie analizada. Dicho de otro modo, la provincia sostuvo un proceso de desendeudamiento progresivo que permitió que hoy esté en su nivel más bajo.

 

 

 

Como frecuentemente lo indicamos, tener un bajo stock de deuda pública es una ventaja comparativa en relación a otras jurisdicciones, no solo porque no sobrecarga al gasto, sino porque, además, incluso, permite tener latente la posibilidad de salir al mercado en búsqueda de financiamiento más barato para la ejecución, por ejemplo, de alguna obra de gran magnitud. 

 

Ahora bien, la fortaleza misionera en este caso no se trata solamente de un bajo stock de deuda pública, sino de su vinculo con los ingresos y con el gasto.

 

Como primer punto, veamos el stock en relación a los ingresos de la provincia. Como el último dato disponible corresponde al segundo trimestre 2021, podemos comparar entonces cuanto pesa el stock de deuda provincial sobre el total de los ingresos de ese mismo período, respecto a años anteriores. 

 

Aquí volvemos a ver un piso: tomando los segundos trimestres del período 2017-2021, en la actualidad el stock de deuda es el de menor peso sobre los ingresos: equivale a solo el 12,1%, cuando en el 2017 era del 29,4% de los ingresos totales del período. Aquí juegan en conjunto dos factores: la baja del stock real y el fuerte incremento real de los recursos que tuvo la provincia en este período. 

 

 

En la actualidad (2º trimestre 2021) sobre un total de doce provincias que tienen datos actualizados de sus stocks de deuda, Misiones tiene la segunda proporción stock/ingresos de todo el país, solo por encima de Formosa. Esto pone una vez más de manifiesto la situación beneficiosa en este punto particular que tiene Misiones respecto a otras jurisdicciones, que parte de la propia administración y gestión de los pasivos. 

 

 

El segundo punto fundamental de la relación del stock con otras variables, es al observar los servicios de deuda (es decir, los pagos) en relación al gasto de la provincia. Considerando nuevamente los segundos trimestres para el período 2017-2021, en la actualidad el peso del pago de servicios de deuda se encuentra en su piso, cuando se lo relaciona con el gasto total: representan apenas el 0,4% del gasto total misionero. 

 

En este punto, cabe destacar que en todo el período analizado el peso de los servicios de deuda ha sido históricamente bajos, sin llegar en ningún caso al punto porcentual. Esto se trata de un dato fundamental importancia: a menor carga de pago de deuda, se direcciona el gasto hacia otras prioridades de la gestión de gobierno que hacen al desarrollo provincial. Menos peso de la deuda, más recursos para infraestructura, innovación, demandas sociales, fomento al consumo, salarios, etc. 

 

 

En definitiva, una de las grandes fortalezas misioneras desde el punto de vista fiscal es el hecho de contar prácticamente con la totalidad de su presupuesto para volcarlo a inversión y al funcionamiento del Estado, sin tener que preocuparse demasiado por el cumplimiento de pago de deuda, algo que no ocurre en todas las provincias.

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Guzmán: “Nuestro gobierno no se está endeudando en dólares”

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, asistió este jueves al Congreso de la Nación, donde presentó un informe sobre la situación de la deuda ante la Comisión Bicameral Permanente de Seguimiento y Control de la Gestión de Contratación y de Pago de la Deuda Exterior de la Nación. 

Ante los legisladores presentes, el Ministro recordó que “cuando asumimos, no solo había que restaurar la sostenibilidad de la deuda pública, también buscar condiciones para que nunca más en la Argentina padezcamos endeudamientos insostenibles que socavan las oportunidades de nuestro pueblo, que tanto daño y tanta angustia generan, que tanto dolor generan”.

Asimismo. Guzmán destacó que, entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019, “el endeudamiento en moneda extranjera creció en 100.000 millones de dólares” y que, durante este período, “no solamente creció el stock de deuda en moneda extranjera, sino que, en cuanto a la composición por moneda, aumentó significativamente la deuda en moneda extranjera y bajó la participación en moneda local. En esta línea, el Ministro cuestionó que “un expresidente y una exgobernadora que han marcado que el endeudamiento es un problema de nuestra administración, y que nos estamos endeudando más que la administración precedente”. “Sus números son incorrectos”, definió.

De esta manera, el titular de aclaró que “nuestro gobierno no se está endeudando en dólares”. “Lo que ha hecho nuestro Gobierno es financiar déficits fiscales de la magnitud que eran necesarios en el contexto de la pandemia y en nuestra propia moneda”, agregó, al tiempo que manifestó que “cuando piden que no nos financiemos en nuestra moneda, lo que se están pidiendo es un ajuste fiscal para Argentina, que destruye las capacidades productivas de nuestra economía”. 

En relación a los vencimientos que deberá afrontar la Argentina en los próximos años, Guzmán indicó que “nuestro gobierno debe resolver de la mano del Congreso una secuencia de vencimientos muy concentrados que incluye 17.800 millones de dólares de capital para el 2022 y 18.800 millones para el 2023. Además, el Ministro recordó que entre 2016 y 2018, “la administración que nos precedió pagó una comisión de 0,144%”, mientras que “nuestro gobierno pagó 0,028%, un 80% menos”.  “La ley que el Congreso aprobó (sobre pago de comisiones), estableció un tope en el monto que se puede pagar de comisión. Eso fue virtuoso porque generó una competencia entre quienes brindan esos servicios y le ahorró dólares a la Nación. Esta fue una sugerencia de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner”, destacó Guzmán.

Con respecto al préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), Guzmán cuestionó que de los 44.154 millones que se desembolsaron “todos se fueron”. La estimación que hacemos es que unos USD 21.000 millones fueron utilizados para pagar deuda insostenible y unos USD 24.000 millones financiaron la formación de activos externos”, añadió. 

En esta línea, el Ministro señaló que “tomar deuda en moneda extranjera es el mayor daño que se hace en la intrusión de la soberanía para decidir las políticas públicas” y que “cuando se toma deuda con el FMI el problema es aún mayor”. Durante su intervención Guzmán también criticó al programa acordado entre la administración anterior y el organismo al sostener que planteaba “una política fiscal contractiva, una reducción del déficit fiscal abrupta y una política monetaria contractiva, suponiendo que la causa única de la inflación era la expansión de la base monetaria”. Sin embargo, aclaró que “nada de eso sucedió, no bajó, la inflación subió más, no mejoraron las expectativas, no mejoró la economía, sino que empeoró más y además esos dólares que no se iban a utilizar se empezaron a utilizar para pagar a acreedores extranjeros”.

Finalmente, Guzmán resaltó la reconstrucción del mercado de capitales en pesos al asegurar que se convirtió en “un pilar de la política económica” que “fortalece nuestra moneda y también nos da posibilidad de ahorro y financiamiento para la inversión que necesitamos”.

El Ministro asistió al Congreso acompañado por el secretario de Finanzas, Rafael Brigo; la secretaria Legal y Administrativa, Rita Tanuz; el subsecretario de Financiamiento, Ramiro Tosi; el subsecretario de Relaciones Institucionales, Rodrigo María Ruete; el representante argentino ante el Fondo Monetario Internacional, Sergio Chodos; y la jefa de Gabinete, Melina Mallamace.

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Misiones busca financiamiento por 20 millones de dólares para dos nuevas plantas de energía solar

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Misiones presentó un proyecto de inversión para acceder a una línea de financiación por 20 millones de dólares para avanzar en la construcción de dos  nuevas plantas de energía solar. La propuesta fue dada a conocer por el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, junto a Paolo Quintana, secretario de Energía de Misiones, en una reunión virtual con representantes de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación y del Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA).

La propuesta que presentamos contempla la edificación de dos Parques Solares Fotovoltaicos (PSFV) en Posadas, uno en el predio de Silicon Misiones y otro ubicado en un predio aledaño al cruce de la Ruta Provincial N° 213 con la Ruta Nacional N°12

Ambos parques albergarían casi 14 mil paneles fotovoltáicos con una capacidad de 550 watios pico (Wp) cada uno. Aportarían al sistema energético de Posadas casi 12 mil Gigawatts hora por año y una potencia total de casi 8 megavatios pico. Como consecuencia de este incremento en la oferta eléctrica, se lograría alcanzar un ahorro de casi 3,5 millones de dólares anuales.

La solicitud de Misiones para acceder al financiamiento necesario para poder avanzar con este proyecto se respalda en el constante aumento de la demanda energética, tanto de las industrias (en un contexto de crecimiento económico) como de la familias (5,72% anual) en un escenario condicionado por las asimetrías históricas: Misiones todavía no cuenta con acceso a la red de Gas Natural, ni tampoco a recursos petroleros, como sí sucede en otras provincias argentinas.

“También pusimos mucho énfasis en destacar las características naturales de nuestra provincia, que posee condiciones excepcionales para aprovechar la energía solar, un recurso energético renovable y limpio y para el cual Misiones dispone de ventajas comparativas para desarrollar su aprovechamiento. El informe que presentamos junto al Secretario de Energía, entre otros detalles del contexto misionero, explica cómo de forma recurrente durante los últimos cinco años los picos de demanda energética se produjeron siempre durante la temporada de verano, momento del año en el cual las plantas fotovoltáicas que proponemos construir desarrollarían su máximo potencial de generación de energía (por tratarse de meses con mayor cantidad de horas solares diarias)”, señaló Safrán.

El diagnóstico preliminar acerca del potencial impacto ambiental para evaluar la viabilidad de este proyecto indica que no se vislumbran conflictos socio ambientales que impidan su ejecución. Por otra parte, entre otras ventajas técnicas, se mencionó la posibilidad de descongestionar la carga de la red de distribución, mejorar la calidad del servicio en aquellas zonas donde es más inestable y reducir la dependencia de energía generada en base a combustibles líquidos; y, en cuanto a las ventajas operativas, la accesibilidad de los predios en donde se localizarían los parques y la posibilidad de utilizar las capacidades disponibles en las redes de media tensión existentes (una condición que reduce fuertemente el gasto operativo para implementar el proyecto).

El objeto de este plan de inversión, además de contribuir estratégicamente a enriquecer la oferta de energía en la ciudad de Posadas y alrededores, es favorecer la diversificación y transformación de la matriz energética hacia recursos que, como el solar, son renovables y más limpios, lo que alienta la reducción de las emisiones de CO2 en Misiones y el mundo.

Participaron de la reunión virtual, por parte de FONPLATA (Banco de Desarrollo Regional integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay), Marina Dockweiler, Especialista Ambiental; Virginia Muruzabal, Analista de Operaciones; Jessica Felez, Especialista en Proyectos; Blas Rozada Perret, Especialista en Cooperación Técnica; Ignacio Asis, Especialista en Monitoreo y Evaluación de Proyectos; y Carmen Wilka, Especialista en Gestión Financiera. Por parte de la Jefatura de Gabinete de Ministros, participaron Mauro Conti, Director Nacional de Priorización Estratégica del Financiamiento Externo; y Claudia Irazu y Guillermo Berón, asesores en la gestión de programas y proyectos públicos financiados con crédito internacional.

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Cepo de ayer, cepo de hoy: ¿hasta cuándo durarán los controles cambiarios?

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La economía argentina presenta profundos desequilibrios macroeconómicos. En gran parte de nuestra historia, la volatilidad provocó una inflación persistente y un tipo de cambio con amplios movimientos. Así, nuestra moneda sufrió una sostenida pérdida de valor, resultado de estos procesos de depreciación y suba de precios, forzando a los argentinos a refugiarse en el dólar para evitar la licuación de sus ahorros. Pero, ya que la disponibilidad del billete verde no es ilimitada, esta tendencia muy instaurada agrava los desequilibrios y perpetúa el ciclo escasez de dólares-devaluación-inflación. 

Estos movimientos cambiarios no son inocuos para la sociedad: en el corto plazo, empeoran los ingresos reales y la calidad de vida. Esta relación causal es conocida por las autoridades económicas (y políticas), que intentan, frente a presiones cambiarias, evitar el ajuste de los precios forzando un control de las cantidades. De esta manera, durante la última década, en dos de cada tres meses los argentinos tuvimos restricciones a la compra de divisas.  

No obstante, los “dos cepos” (octubre 2011 – diciembre 2015 y septiembre 2019 hasta la actualidad) fueron introducidos en dos contextos macroeconómicos bien distintos. ¿Cuáles son las diferencias? ¿Cómo evolucionó la economía en cada período? ¿Será más sencillo levantar el cepo actual que el anterior?  

¿Cómo se llegó a cada cepo? 

En 2011, Cristina Kirchner logró su reelección con más de la mitad de los votos. En esta línea, la economía venía creciendo a una tasa promedio del 8% en los dos años previos. Sin embargo, las principales variables habían empezado a mostrar algunos signos de deterioro, que complicarían el desempeño futuro. Por caso, los superávits gemelos se estaban esfumando, mientras la inflación se aceleraba. A la vez, el dólar aumentaba la mitad que el nivel general de precios y el tipo de cambio real se apreciaba: a pesar de ser competitivo todavía, en 2011 esta variable era un 24% menor al promedio 2003-2006. 

Producto del crecimiento de la actividad y el encarecimiento de nuestra en economía en dólares, los salarios reales en 2011 eran un 20% mayores al promedio del 2007-2010 (y +50% en moneda extranjera). Esto generaba que la dolarización de ahorros tuviera un peso mayor sobre la disponibilidad de divisas del Banco Central. Simultáneamente, la tasa de interés de referencia se mantuvo persistentemente por debajo de la inflación en todo el período previo a la implementación del cepo, desincentivando el ahorro en pesos. Por último, el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos (no por el saldo del comercio de bienes, sino por el de servicios y rentas) también implicaba una necesidad de financiamiento que presionaba sobre las reservas. 

En este contexto, se instaló el programa de “consulta de operaciones cambiarias” de la AFIP, dando lugar al inicio de las restricciones a la compra de divisas. Desde entonces, las regulaciones y la rigidez del control de cambios fueron in crescendo: prohibición al giro de dividendos y regalías al exterior, límites a la extracción de dólares fuera del país, interrupción de hecho a la compra de dólares, recargo por compras con tarjeta de crédito en el exterior, entre otras.  

El cepo actual se introdujo en un contexto muy diferente, además que de otra manera -mediante una comunicación del Banco Central-. En 2019, la economía acumulaba casi una década de estancamiento y 2 años consecutivos en recesión (con una caída acumulada de 5%). A su vez, el tipo de cambio real era un 15% más competitivo que en octubre de 2011. Por su parte, el poder de compra de los salarios también acumulaba una caída de 17% en cuatro años. Sin embargo, el reperfilamiento de la deuda y la corrida cambiaria post-PASO en un contexto en que las reservas netas eran 40% menores a las de octubre de 2011, llevaron a las autoridades a reinstalar el control de cambios. 

¿Cuál fue la performance de la economía en ambos períodos? 

Las regulaciones a la compra y giro de divisas permiten al Banco Central restringir la demanda y administrar la asignación de la oferta, reduciendo la volatilidad en el mercado del dólar oficial. Estas medidas, al mismo tiempo, desincentivan la llegada de nuevos dólares, ya que aquellos capitales (financieros o productivos) que ingresen no podrán salir o girar sus ganancias a sus casas matrices. Lo ideal, en estos casos y dado el cepo, sería utilizar el tiempo “ganado” con las restricciones para corregir los desequilibrios que dieron origen al problema, para poder levantarlo y revertir los problemas iniciales. Ahora bien, ¿pasó esto? 

Entre el comienzo y el final de la primera de estas etapas, el tipo de cambio real siguió apreciándose hasta volverse un 34% menos competitivo. Este proceso erosionó todavía más el resultado de la cuenta corriente, que fue deficitaria en todo el período. Aunque la apreciación en los primeros dos años de este proceso coincide con la acumulada del cepo actual (13% y 14% respectivamente, como puede verse en el gráfico 1), el evento actual parte de un nivel de competitividad muy superior (+15% al comienzo), como puede observarse en segundo gráfico. A partir de la devaluación de comienzos del 2014, la apreciación cambiaria se aceleró a un ritmo mayor que en la primera mitad del cepo anterior. 

Centrándonos exclusivamente en la dinámica del tipo de cambio real y su nivel actual, parecería que el Gobierno tiene margen para repetir el proceso 2014-2015. Sin embargo, esto difícilmente podrá repetirse en adelante: como puede verse en el tercer gráfico, mientras que desde que se impuso el cepo del 2011 el Banco Central compró más de USD 9.000 millones en los primeros 24 meses de vigencia, apenas compró USD 1.000 millones en los primeros 2 años del cepo actual (ayudado por la mejora en el precio de los commodities y algunas trabas a las importaciones). Esto indica que la capacidad de maniobra de la autoridad monetaria en el mercado de cambios es menor a la de aquel entonces.   

Para peor, la inversión extranjera directa (IED) se deterioró más en el cepo actual que en el de 2011: durante el primero de estos controles de cambios cayó un 54%. Pandemia y cuarentena mediante, la IED de los últimos 12 meses es un 76% menor que la análoga de septiembre 2019 y un 44% menor que la de septiembre 2015 (la menor IED anual del cepo anterior). 

Además, el cepo segmenta el mercado de cambios, dando lugar a múltiples dólares paralelos. Esto origina brechas cambiarias (gráfico 4) que dan incentivos de hacer arbitrajes y operaciones con el exterior que muchas veces inciden de manera negativa sobre la economía. En términos reales, el dólar blue actual es mucho más alto en comparación con el del cepo anterior. A la vez, durante el cepo previo, la brecha cambiaria promedió mensualmente un 43% (77% promedio mensual de máxima), mientras que la actual ronda el 62% y llegó a alcanzar el 150% en octubre del año pasado. Un atraso del tipo de cambio oficial añadiría presiones sobre los paralelos, traccionando la brecha, algo que el equipo económico está buscando evitar mediante diversas medidas. Al mismo tiempo, con una distancia de este tamaño entre el dólar oficial y el paralelo, un Banco Central al que le cuesta acumular divisas y una inversión extranjera en mínimos, el poder de fuego como para seguir apreciando es acotado. 

Eliminar el control de cambios implica convalidar una mayor demanda de dólares oficiales, ¿podemos permitírnoslo?  

Los dólares que necesita la economía real para funcionar hoy son menores que los que demandaba durante el cepo anterior. La actividad es menor, de modo que las importaciones también lo son, a la par que los salarios en dólares se derrumbaron 45% en relación con 2015, reduciendo la capacidad de ahorro y su poder de compra. Más aún, la mejora de las exportaciones y la disminución del turismo -al menos en el corto plazo- provocarán que la cuenta corriente sea superavitaria este año.  

Sin embargo, las aristas financieras revierten este superávit. A diferencia de ese momento, el Sector Público Nacional se encuentra fuertemente endeudado, y requerirá muchas divisas para el pago de obligaciones en los próximos años. Mientras que a fines de 2015 la deuda en moneda extranjera representaba dos años de exportaciones, al término de 2020 implica casi cuatro. Para peor, mientras que a fines de 2015 había un total de vencimientos programados en dólares por USD 12.000 millones para el año siguiente, actualmente se espera que estos pagos superen los USD 31.000 millones en 2022. Y estas obligaciones deberán afrontarse sin acceso al mercado internacional de capitales, al menos mientras que el riesgo país siga en niveles tan elevados. Por último, la ausencia de rendimientos reales positivos en pesos (únicamente alcanzables con plazos fijos UVA o instrumentos en CER, sin acceso masivo del público) y la perspectiva de que la inflación seguirá elevada en los próximos años dificultan pensar en que la demanda de dólares por motivos de ahorro ceda.  

Por último, pero no menos importante, liberar el acceso al mercado de cambios podría llevar al dólar a valores muy elevados, que a priori no parecen necesarios en materia de competitividad. En conclusión, difícilmente las autoridades convaliden una devaluación contractiva cuando los dólares se requieren para el pago de la deuda. Por lo tanto, el control de cambios habría llegado para quedarse algunos años más. ¿Se aprovechará esta vez para corregir los desequilibrios de fondo o se perderá otra oportunidad? 

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Dólar: el Banco Central refuerza los controles cambiarios

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El Banco Central extendió el límite que tienen las empresas para la Formación de Activos Externos al grupo de control accionario y a las operaciones de canje de títulos públicos locales contra bonos externos en la medida que se utilizan para la liquidación en moneda extranjera. Al limitar las operaciones en el mercado de Contado con Liquidación (CCL) busca evitar que se amplíe la brecha cambiaria y así restarle presión a la cotización oficial. Desde la autoridad monetaria aclararon que la medida está dirigida exclusivamente a grupos económicos y no afecta a las personas.

La norma A7327 establece que las entidades financieras deberán requerir una declaración jurada de las empresas que acceden al mercado de cambios donde expliciten que 90 días antes y 90 días corridos después de la operación no han concertado ventas en el país de títulos valores con liquidación en moneda extranjera o canjes de títulos valores por otros activos externos o transferencias de los mismos a entidades depositarias del exterior.

La declaración jurada debe incluir el detalle de las personas humanas o jurídicas que ejercen una relación de control directo, a quienes también les alcanza la limitación de realizar operaciones o canje de títulos con liquidación en moneda extranjera. Las entidades financieras deberán requerir esta Declaración Jurada con las operaciones que se cursen a partir de la apertura del mercado de este lunes. Con el fin de facilitar la implementación y para evitar demoras en las operaciones que se cursan por el mercado de cambios, la medida fue comunicada a las entidades con 48 horas de anticipación y por eso la novedad se filtró durante el fin de semana.

El Central busca evitar dos maniobras con esta nueva medida:

A) la norma establecía que si un CUIT iba al CCL no podía ir al Mercado Único y Libre de Cambios, pero algunos iban al CCL con el holding controlante y al MULC con el otro CUIT, de esa manera eludian la restricción. Ahora si la firma contolante hace CCL, arrastra a la controlada.

B) en otros casos se detectó que en vez de hacer el CCL tradicional, que es vender los títulos públicos contra dólares, efectuaban un canje entre títulos públicos locales y bonos americanos y luego vendían estos contra cable. Ahora se cierra el camino a ese canje.

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